martes, 3 de marzo de 2026
IRÁN: SIN COLAPSO SISTÉMICO, SIN REBELIÓN POPULAR Y SIN INTENCIÓN PROPICIATORIA DE GUERRA MUNDIAL
Geopolítica rugiente, 03/03/2026
La visión simplista llevó a un número de formuladores e implementadores del enfoque antiiraní a creer que, con la eliminación física del último líder supremo de Irán, Alí Jameneí, se produciría automáticamente la caída del sistema de poder imperante en dicha nación y que el pueblo, por arte de magia, o por videos de Tiktok y X hechos por iraníes liberales con doble ciudadanía, adoptaría una reacción levantisca.
La obsesión por cumplir aquí y ahora los objetivos existenciales -confesos y no confesos-, por los actuales decisores de Tel Aviv y Washington, enturbia su entendimiento, específicamente, el de Trump.
Después de los sucesos del mes de enero, los organismos de seguridad iraníes plantearon disposiciones para impedir que cualquier maniobra de impulso de manifestaciones sociales o separatismos geográficos prosperaran para desunir el país y destruir al sistema.
Por ello, el sábado 28 de febrero, estaban listos para controlar las calles y contener la ofensiva de grupos separatistas, infiltrándose en los ámbitos de protesta, controlando sus comunicaciones internas y acumulando personal y equipamiento armamentístico en las áreas de los separatistas. Aparte, de que los agentes del orden se vistieron de civil y pululaban en las grandes ciudades de la nación.
El Trump de este mes de marzo es una figura que, junto con el declive de su biología personal, está acabando con su construcción de relaciones públicas e histórica de una década y está acumulando el pitorreo de los integrantes sensatos y prudentes del orden global.
Trump no se está hundiendo en el pantano globalista, se está autolesionando severa y geopolíticamente, mientras aumentan las suspicacias sobre una posible sustitución por J.D. Vance, vicepresidente, que tiene diferencias clánicas y de perspectivas con el dúo Rubio-Ratcliffe y ante quien el jefe de la diplomacia omaní procuró influir, con información veraz y una argumentación coherente, para paralizar la operación bélica.
Los primeros tres días de guerra contra Irán dejan la impresión de que el Pentágono tiene un cierto desorden respecto a un plan consistente y que, por más fuerza temible que posea, los iraníes actúan sólidamente con una administración de guerra firme y con estándares que fueron prefijados por Jameneí que había preparado la humillación histórica para los Estados Unidos y su consiguiente expulsión regional.
A pesar de que circuló, durante el primer lunes de marzo, que el centro militar estadounidense daría, entre los días 3, 4 y 5 de marzo, un golpe mortífero y de proporciones diluviales contra la fortaleza militar de Irán, achicando esencialmente su capacidad de producir daños, algunos analistas que siguen muy de cerca, y minuto a minuto, los desarrollos del panorama completo, ignoraron tal material promocional.
Por estas horas se está aceptando, aunque débilmente, que la Inteligencia Artificial, utilizada por el Pentágono para asesinar a Jamení, funcionarios militares, civiles y arrodillar a los iraníes, no fue tan exacta como absurdamente la promovieron durante el fin de semana pasado.
Quienes crean que el Pentágono y Trump reconocerán públicamente la cantidad real de bajas estadounidenses que están teniendo, ven mucho Hollywood.
Quienes crean que Israel admitirá abiertamente que Irán logró incapacitar algunas herramientas militares israelíes, leen mucho la Biblia al revés.
Quienes, en el campo iraní, dirigen la guerra -y con ellos, los otros sectores que los apoyan- tienen lo vital de lo que carece el liderazgo estadounidense: la convicción ideológica basada en lo sobrenatural y que es deshonroso y hasta una blasfemia -sostienen ellos- rendirse ante lo que ellos llaman Gran Satán.
No obstante, ello no conlleva que Ari Larijani y los grupos que hoy gestionan la guerra -por orden espiritual y ejecutiva dada por Jameneí- estén dispuestos a hacer del mundo un infierno o que el mundo entre en una tercera o centésima guerra mundial.
Y Trump tampoco quiere personalmente una guerra mundial.
En cambio, sí la quieren quienes lo impulsaron a matar a Jameneí, creyendo que con el evento de guerra mundial (o regional) ellos saldrían indemnes o tendrán un bajo costo.
Bajo este marco, Netanyahu quiere adelantar, para junio o antes, las elecciones israelíes para ser reelegido, mientras Donald seguirá lidiando para no perder las elecciones de medio término, confiando en las estimaciones que indican que los ataques iraníes disminuirán en estos días.
Pero hasta ambas elecciones, pueden suceder, o no, muchas cosas.
No todo está escrito ni tampoco todo puede evitarse. Son sucesos de alto voltaje y el ritmo de velocidad lo dictan los protagonistas y no los analistas porque, tal y como lo señalamos el 24 de septiembre de 2025, cuando dijimos que la guerra en curso podría posponerse, debido a los esfuerzos interactivos de un conjunto de actores, pero también indicamos que: A la vez, también se acepta que todo puede adelantarse en los próximos cinco meses. Desde dicho artículo al presente, pasaron los sucesos de enero y el inicio de la guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel en, exactamente, 157 días, o un poco más que cinco meses.
LA GUERRA MEDIÁTICA CONTRA IRÁN
No deja de sorprender la capacidad de nuestros "democráticos" medios de arrodillarse ante el hegemón mundial, así como de allanarle el camino para que cometa los crímenes más execrables. Primero hemos visto cómo nuestros periodistas disfrazaban de "revuelta popular" la enésima revolución de color en Irán, llevada a cabo por el Mossad y la CIA. Debe ser que no han tenido bastante con empujar al pueblo ucraniano a una guerra con Rusia tras la mascarada del Euromaidán, guerra que ya se ha cobrado casi 2 millones de combatientes muertos en el bando ucraniano, por no hablar del riesgo de confrontación nuclear, que sigue estando muy presente. Ahora, finalmente, tras varios amagos, los anglosionistas se han lanzado a hacer lo que mejor saben hacer: masacrar a bombazos a un país debilitado por las sanciones, el terrorismo y los golpes de estado dirigidos desde Washington. Y tras de ellos nuestros mass media blanqueando sus matanzas, como de costumbre.
Nada tiene de extraño que las emisoras y periódicos conservadores se alineen con Israel. La derecha patria tiene la cobarde costumbre de ponerse del lado del más fuerte y del más asesino. Antaño, saludaban a la romana y daban vivas a Franco y Hitler y deseaban la muerte a comunistas y judíos. Hoy día son lacayos del imperio gringo, que arrebató a España ese imperio patrio por el que tanto llora nuestra fachosfera (la misma que se queja de la "leyenda negra" anti hispánica esparcida por los anglosajones); pero también aplauden a los sionistas aliados de los yankees olvidando su pasado (o el de sus ancestros) furibundamente antisemita. Deber ser que los judíos son buenos cuando, usados como proxy por los EEUU, persiguen a los palestinos. Ya sabemos que España también tiene un largo pasado anti islámico además de anti judío.
Sin embargo, lo sorprendente es cómo esos medios que se dan ínfulas de izquierdistas o antifascistas hacen el juego de la manera más servil al imperio y a su perro de presa israelí. Un ejemplo palmario es la Sexta TV, una cadena de televisión infestada de NAFOs (agentes de la propaganda OTAN) y contratistas militares que practica la falsa equidistancia que nos asegura ,que la masacre en Gaza es cosa de Netanyahu o de Trump, nunca de EEUU e Israel. Además nos propone cínicamente la solución de los dos estados en Palestina cuando ya se sabe que es una tapadera que ha usado el sionismo durante décadas para perpetuar su genocidio. Por otra parte, estos días en los que Irán venga a su mártir Jameneí bombardeando Israel, Antonio G. Ferreras y sus cánidos amaestrados solo muestran cómo caen las bombas sobre Teherán censurando las imágenes de caos y pánico en la sociedad sionista (más acostumbrada a dar golpes que recibirlos). Eso por no hablar de los expertos en temas militares que unánimemente opinan que el ejército de Irán se va a derrumbar en dos días. Estos son los mismos que nos decían hace cuatro años que el ejército ruso que combate a la OTAN y al ucronazismo funcionaba con chips de lavadoras o se desplazaba en burro. Pero lo más sangrante es el caso de la televisión estatal, la que pagamos el pueblo trabajador con nuestros impuestos, a saber, TVE. Esta, especialmente en el infame canal de noticias 24 horas, se dedica a llevar a opinar como expertos a opositores iraníes de organismos pagados por las potencias agresoras y que llevan años sin pisar Irán. Alguno de ellos son partidarios de la restauración de la corrupta dinastía de los Pahlavi, que primero se alió con Hitler y luego con la CIA y el MI6 para saquear y masacrar a su propio pueblo, dinastía que nadie apoya en el Irán actual. Es vergonzoso que una cadena pública, que en teoría representa a toda la ciudadanía y que, por tanto, debería dar voz a todas las partes del conflicto, solo nos esté mostrando la versión de los agresores y sus esbirros. Y todo ello mientras que el gobierno que controla el ente público, el gobierno más progresista de nuestra historia (según ellos), dice no estar ni con Trump ni con los ayatolas. Una demostración más de que la equidistancia en un caso como el que nos ocupa es una absoluta y cómplice mentira.


