martes, 3 de marzo de 2026

LA GUERRA MEDIÁTICA CONTRA IRÁN


No deja de sorprender la capacidad de nuestros "democráticos" medios de arrodillarse ante el hegemón mundial, así como de allanarle el camino para que cometa los crímenes más execrables. Primero hemos visto cómo nuestros periodistas disfrazaban de "revuelta popular" la enésima revolución de color en Irán, llevada a cabo por el Mossad y la CIA. Debe ser que no han tenido bastante con empujar al pueblo ucraniano a una guerra con Rusia tras la mascarada del Euromaidán, guerra que ya se ha cobrado casi 2 millones de combatientes muertos en el bando ucraniano, por no hablar del riesgo de confrontación nuclear, que sigue estando muy presente. Ahora, finalmente, tras varios amagos, los anglosionistas se han lanzado a hacer lo que mejor saben hacer: masacrar a bombazos a un país debilitado por las sanciones, el terrorismo y los golpes de estado dirigidos desde Washington. Y tras de ellos nuestros mass media blanqueando sus matanzas, como de costumbre.

Nada tiene de extraño que las emisoras y periódicos conservadores se alineen con Israel. La derecha patria tiene la cobarde costumbre de ponerse del lado del más fuerte y del más asesino. Antaño, saludaban a la romana y daban vivas a Franco y Hitler y deseaban la muerte a comunistas y judíos. Hoy día son lacayos del imperio gringo, que arrebató a España ese imperio patrio por el que tanto llora nuestra fachosfera (la misma que se queja de la "leyenda negra" anti hispánica esparcida por los anglosajones); pero también aplauden a los sionistas aliados de los yankees olvidando su pasado (o el de sus ancestros) furibundamente antisemita. Deber ser que los judíos son buenos cuando, usados como proxy por los EEUU, persiguen a los palestinos. Ya sabemos que España también tiene un largo pasado anti islámico además de anti judío.

Sin embargo, lo sorprendente es cómo esos medios que se dan ínfulas de izquierdistas o antifascistas hacen el juego de la manera más servil al imperio y a su perro de presa israelí. Un ejemplo palmario es la Sexta TV, una cadena de televisión infestada de NAFOs (agentes de la propaganda OTAN) y contratistas militares que practica la falsa equidistancia que nos asegura ,que la masacre en Gaza es cosa de Netanyahu o de Trump, nunca de EEUU e Israel. Además nos propone cínicamente la solución de los dos estados en Palestina cuando ya se sabe que es una tapadera que ha usado el sionismo durante décadas para perpetuar su genocidio. Por otra parte, estos días en los que Irán venga a su mártir Jameneí bombardeando Israel, Antonio G. Ferreras y sus cánidos amaestrados solo muestran cómo caen las bombas sobre Teherán censurando las imágenes de caos y pánico en la sociedad sionista (más acostumbrada a dar golpes que recibirlos). Eso por no hablar de los expertos en temas militares que unánimemente opinan que el ejército de Irán se va a derrumbar en dos días. Estos son los mismos que nos decían hace cuatro años que el ejército ruso que combate a la OTAN y al ucronazismo funcionaba con chips de lavadoras o se desplazaba en burro. Pero lo más sangrante es el caso de la televisión estatal, la que pagamos el pueblo trabajador con nuestros impuestos, a saber, TVE. Esta, especialmente en el infame canal de noticias 24 horas, se dedica a llevar a opinar como expertos a opositores iraníes de organismos pagados por las potencias agresoras y que llevan años sin pisar Irán. Alguno de ellos son partidarios de la restauración de la corrupta dinastía de los Pahlavi, que primero se alió con Hitler y luego con la CIA y el MI6 para saquear y masacrar a su propio pueblo, dinastía que nadie apoya en el Irán actual. Es vergonzoso que una cadena pública, que en teoría representa a toda la ciudadanía y que, por tanto, debería dar voz a todas las partes del conflicto, solo nos esté mostrando la versión de los agresores y sus esbirros. Y todo ello mientras que el gobierno que controla el ente público, el gobierno más progresista de nuestra historia (según ellos), dice no estar ni con Trump ni con los ayatolas. Una demostración más de que la equidistancia en un caso como el que nos ocupa es una absoluta y cómplice mentira.