martes, 6 de enero de 2026

PEPE ESCOBAR: LA INTERVENCIÓN EN VENEZUELA ES UNA OPERACIÓN DE SALVAMENTO DEL PETRODÓLAR

Pepe Escobar

Observatorio de la crisis, 05/01/2026


Esta mañana el humo se está alzando desde Caracas. Y no es el humo de las refinerías petroleras, es el humo de las bombas estadounidenses que acaban de cambiar para siempre el equilibrio geopolítico del planeta. Estamos presenciando el momento más crítico desde el fin de la Guerra Fría. 

Las decisiones que se toman en Washington en estas próximas horas determinarán si Estados Unidos puede mantener su hegemonía por algunas décadas más o si acabamos de ver el acelerador definitivo de la transición hacia el mundo multipolar. 

Lo que está ocurriendo en Venezuela en estas últimas 72 horas no es simplemente una operación militar más. Es el último acto desesperado de un imperio en decadencia que ha decidido apostar todo a una sola carta, controlar las reservas de petróleo más grandes del mundo antes de que el sistema Petrodólar colapse definitivamente. 

La operación militar estadounidense contra Venezuela que Trump ha bautizado como Absolute Resolve no es lo que parece en la superficie. Mientras los medios occidentales hablan de narcotráfico y democracia, la realidad es mucho más brutal y calculadora. Estados Unidos está librando su última batalla por el corazón energético de América y cada barril de petróleo venezolano que fluye hacia China es un clavo más en el ataque de la hegemonía estadounidense. 

¿Por qué Venezuela? ¿Por qué ahora y por qué Trump está arriesgando una confrontación con China y Rusia por un país que Washington ha intentado derrocar durante más de dos décadas sin éxito? 

La respuesta está en los números que nadie quiere mencionar, en los contratos que nadie quiere discutir y en la realidad geoeconómica que está redefiniendo el planeta. Venezuela posee las reservas de petróleo probadas más grandes del mundo, 303.8.000 millones de barriles. Para poner esto en perspectiva, esto es más petróleo que Arabia, Arabia Saudita, Rusia, Canadá e Irak combinados, pero aquí viene la parte que mantiene despierto a Washington. 

El 76% de la producción petrolera venezolana actualmente está siendo comprada por China, no por Estados Unidos. Lo que hace aún más preocupante esta situación para los estrategas estadounidenses es que el petróleo venezolano no es cualquier petróleo. 

Su ubicación geográfica permite que llegue a China en 35 días por el canal de Panamá, mientras que el petróleo del Medio Oriente tarda 45 días y debe pasar por el estrecho de Malaca que Estados Unidos puede bloquear en cualquier momento. Venezuela le da a China seguridad energética en el hemisferio occidental. 

Justo en el patio trasero estadounidense, Beijing no solo está comprando el petróleo venezolano, está financiando toda la infraestructura para extraerlo, refinarlo y transportarlo. Los chinos han invertido más de 67.000 millones de dólares en el sector energético venezolano desde 2007 y cada dólar de esa inversión está denominado en yuanes, no en dólares. 

Estas inversiones chinas no son préstamos tradicionales como los que ofrece el Fondo Monetario Internacional. Son acuerdos de intercambio de recursos por infraestructura. China construye carreteras, puertos, refinerías y sistemas de telecomunicaciones a cambio de suministros garantizados de petróleo a precios preferenciales. 

Es un modelo completamente diferente al de extracción neocolonial que ha caracterizado las relaciones Estados Unidos América Latina durante dos siglos. Pero la historia se vuelve aún más fascinante cuando entendemos que no se trata solo de petróleo. 

Venezuela también posee las segundas reservas de oro más grandes de América Latina y desde 2018 cada onza de oro venezolano que venta del país va directamente a China, pagada en yuanes como parte de los acuerdos de swap de monedas entre Caracas y Beijing. Aquí es donde la narrativa estadounidense del narcotráfico se desmorona completamente. 

El verdadero crimen de Venezuela no son las drogas que supuestamente envían a Estados Unidos. Drogas que, por cierto, en su mayoría llegan desde Colombia, aliado estratégico de Washington. El verdadero crimen de Venezuela es estar construyendo un sistema económico completamente independiente del dólar estadounidense. Esto nos lleva al punto de que nadie en los medios occidentales quiere tocar. 

La operación militar estadounidense en Venezuela es fundamentalmente una operación de salvamento del petrodólar. Trump lo sabe, Maduro lo sabe, Putin lo sabe y Xi JinPing definitivamente lo sabe. El sistema Petrodólar, establecido por Henry Kissinger en 1973, requiere que todo el petróleo del mundo se comercialice en dólares estadounidenses. Esta es la base del poder financiero global de Estados Unidos. 

Pero Venezuela junto con Rusia, Irán y cada vez más países BRICS Plus está comerciando petróleo en monedas nacionales, principalmente el yuan chino. Este sistema petrodólar le permite a Estados Unidos imprimir dólares infinitamente sin sufrir inflación porque hay una demanda global constante de dólares para comprar energía. 

Sin embargo, cuando países con grandes reservas energéticas comienzan a aceptar otras monedas, la demanda de dólares disminuye y la capacidad estadounidense de financiar su déficit comercial y militar se erosiona rápidamente. Venezuela representa el 18% de las reservas probadas de petróleo del mundo operando fuera del sistema dólar. Es una hemorragia que Washington no puede permitir. 

Cuando Trump dice que Venezuela está robando petróleo estadounidense, está revelando una mentalidad imperial que considera que todos los recursos energéticos del mundo le pertenecen naturalmente a Estados Unidos. 

Pero la realidad es que Venezuela está simplemente eligiendo a sus socios comerciales y esos socios no están en Washington, están en Beijing y Moscú. En los últimos 5 años Venezuela ha estado sistemáticamente repatriando todo su oro desde Londres y Nueva York hacia China y Uganda. Este no es un movimiento aleatorio, es una preparación para lo que está ocurriendo ahora. 

Venezuela sabía que eventualmente Estados Unidos tomaría medidas militares directas porque Venezuela representa una amenaza existencial para el sistema monetario estadounidense. Un país con las reservas de petróleo más grandes del mundo, operando completamente fuera del sistema dólar, es como una bomba de neutrones para la hegemonía financiera estadounidense. 

La respuesta china ha sido extremadamente estratégica y silenciosa. Mientras Trump despliega portaaviones y bombardea muelles en la Guaira, China está cerrando acuerdos energéticos alternativos con Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos e Irán. Beijing entiende que Venezuela es solo el primer dominó en una guerra energética más amplia. 

Los analistas occidentales están subestimando completamente la velocidad con la que China puede reconfigurar los mercados energéticos globales. En las últimas 48 horas, mientras las bombas caían en Caracas, Beijing ha firmado contratos preliminares para importar gas natural licuado de Qatar, pagado en yuanes, acuerdos de refinamiento conjunto con Kuwait y lo más significativo, ha acelerado las conversaciones con Arabia Saudita para establecer un hub energético en el Golfo Pérsico que operaría completamente en monedas no occidentales. 

La ironía suprema de toda esta crisis es que la agresión militar estadounidense contra Venezuela está acelerando exactamente lo que Washington quiere prevenir, la desdolarización global. Cada bomba que cae en suelo venezolano envía un mensaje claro a todos los países del sur global. Si tienes recursos que Washington considera estratégicos, eres un objetivo. 

Brasil, que comparte una frontera de 2.200 kilómetros con Venezuela, ha respondido con una declaración que pocos medios occidentales han reportado. Brasilia ha anunciado que cualquier expansión de operaciones militares estadounidenses hacia territorio brasileño será considerada un acto de agresión. Argentina, se mantiene en silencio, pero sus generales están nerviosos. 

La reacción más interesante viene de Colombia. Bogotá apoya oficialmente la operación estadounidense, pero extraoficialmente Colombia está acelerando sus conversaciones para unirse a BRICS Plus. ¿Por qué? Porque Colombia entiende que si Estados Unidos puede bombardear a Venezuela por su petróleo, puede bombardear a Colombia por su oro, su carbón o cualquier otro recurso que Washington considere estratégico. 

La verdadera batalla no se está librando en los muelles de la Guaira o en los campos petroleros del Orinoco. Se está librando en los mercados financieros globales, en las cámaras de compensación de Shangai, en los bancos centrales de Riad y Teherán . Rusia ha respondido a la operación estadounidense de una manera que pocos analistas occidentales entienden. 

Moscú no está enviando tropas a Venezuela aún, pero está haciendo algo mucho más devastador para los intereses estadounidenses. Está acelerando la integración del comercio energético ruso, chino, iraní, venezolano, en una sola plataforma de liquidación denominada yuanes. 

Esta plataforma que Beijing y Moscú han estado desarrollada en secreto durante 3 años permitiría que todo el comercio energético entre estos países se realice sin tocar el sistema bancario occidental. No más Swift, no más dólares, no más bancos estadounidenses como intermediarios. Irán ya está probando esta plataforma con sus exportaciones de petróleo a China. Venezuela estaba a punto de integrarse completamente cuando comenzó la operación militar estadounidense. 

Putin entiende que la mejor manera de responder a la agresión estadounidense no es con más violencia, sino acelerando el sistema financiero que hará irrelevante la violencia estadounidense. 

La pregunta que todos en Washington deberían estar haciendo, pero que nadie quiere hacer es esto. ¿Qué pasará cuando Arabia Saudí se integre a esta plataforma? Porque los Saudíes ya han comenzado conversaciones exploratorias. Si Riad decide comerciar petróleo en yuanes a través de esta plataforma ruso-china, el sistema petrodólar colapsa de la noche a la mañana. 

Trump habla de proteger el petróleo venezolano para Estados Unidos, pero está ignorando una realidad fundamental. Venezuela ya no necesita Estados Unidos. China está comprando toda la producción venezolana. Rusia está proporcionando la tecnología militar y energética e Irán está compartiendo su experiencia en resistencia a las sanciones estadounidenses. 

La operación militar estadounidense en Venezuela está revelando algo que pocos en Washington quieren admitir. Estados Unidos ya no tiene la capacidad económica para competir con China en América Latina. Beijing puede ofrecer inversión real en infraestructura, tecnología y comercio a largo plazo. Washington solo puede ofrecer amenazas militares y sanciones. 

Esta es la razón por la cual la operación Absolute Resolve está destinada a fracasar estratégicamente, incluso si tiene éxito tácticamente. Trump puede derrocar a Maduro, puede instalar un gobierno títere en Caracas, puede incluso controlar temporalmente los campos petroleros venezolanos, pero no puede cambiar la realidad que China es ahora el socio comercial más importante de América Latina. 

Y esa realidad no va a cambiar con bombardeos. Los chinos están jugando una partida completamente diferente. Mientras Estados Unidos gasta billones de dólares en operaciones militares para controlar recursos energéticos, China está construyendo la infraestructura para hacer irrelevante esa dependencia. 

Beijing está invirtiendo masivamente en energías renovables, en tecnología de almacenamiento de energía, en redes eléctricas inteligentes que pueden funcionar con múltiples fuentes de energía. 

La estrategia China a largo plazo no es simplemente reemplazar a Estados Unidos como hegemón global, es crear un sistema multipolar donde ningún país pueda monopolizar los recursos energéticos globales como Estados Unidos lo ha hecho durante los últimos 50 años. Venezuela es crucial para esta estrategia china porque proporciona la base energética para todo el proyecto de la franja y la ruta en América Latina. 

Los puertos que China está construyendo en Perú, las carreteras que está financiando en Ecuador, los ferrocarriles que está planificando en Brasil, todo esto requiere un suministro seguro y estable de energía que no pueda ser interrumpido por sanciones estadounidenses. Maduro entiende perfectamente su papel en este gran juego. 

Venezuela no está simplemente resistiendo a la agresión estadounidense, está ayudando a construir la infraestructura del mundo post hegemónico . Cada tanque de petróleo venezolano que llega a China es una inversión en un futuro donde Washington no puede dictar quién comercia con quién. 

La respuesta rusa a la crisis venezolana está siendo igualmente calculada. Moscú no está enviando al almirante Kutnesov al Caribe para confrontar a la flota estadounidense. Putin está haciendo algo mucho más inteligente. Está acelerando la entrega de sistemas de defensa aérea S400 y misiles hipersónicos Quinzal a Venezuela. 

Estos sistemas se convertirán a Venezuela en prácticamente inexpugnables para ataques aéreos estadounidenses futuros. Pero más importante, envíen un mensaje claro a todos los países del sur global. Si se alían con Rusia y China, recibirán la protección militar necesaria para resistir la coerción estadounidense . 

El verdadero genio de la estrategia ruso china es que no requiere confrontación directa con Estados Unidos, simplemente requiere hacer que la coerción militar estadounidense sea demasiado costosa y arriesgada para ser sostenible. 

Si Estados Unidos tiene que bombardear un país diferente, cada vez que ese país elige comerciar con China, el imperio estadounidense se agotará económicamente en pocos años. Trump está caminando directamente hacia esta trampa. Cada escalada militar en Venezuela requiere más recursos que Estados Unidos ya no puede costear. 

La guerra en Ucrania ha demostrado que Washington no puede ni siquiera mantener el suministro de artillería para un solo conflicto próximo y ahora está abriendo un segundo frente en América Latina. La economía estadounidense simplemente no puede sostener operaciones militares simultáneas en Europa del Este, el Caribe, el Golfo Pérsico y potencialmente el estrecho de Taiwán. China y Rusia lo saben y están coordinando sus respuestas para forzar exactamente esta situación de sobrecarga militar estadounidense. 

La parte más importante de toda esta crisis es como está revelando las contradicciones internas del propio sistema estadounidense. Trump necesita el apoyo del complejo militar industrial para sus operaciones en Venezuela, pero ese mismo complejo militar industrial es cada vez más dependiente de materias primas chinas para fabricar armas estadounidenses. 

Las tierras raras necesarias para los sistemas de guía de tierras de misiles, los componentes electrónicos para los sistemas de comunicación militar, incluso los metales para las aleaciones de los aviones de combate. Una parte significativa de estos materiales viene de China o de países aliados con China. 

Estados Unidos está literalmente dependiendo de sus adversarios para construir las armas que planea usar contra sus adversarios. Más irónico aún, los sistemas de propulsión naval estadounidenses dependen de minerales extraídos en África por compañías chinas. 

Los semiconductores avanzados para sistemas de guerra electrónica requieren litio boliviano que China controla a través de joint ventures y los componentes para sistemas de defensa antimisiles incluyen elementos que solo se procesan en instalaciones chinas o rusas. Esta dependencia explica por qué la respuesta china a la operación venezolana ha sido tan medida. 

Beijing no necesita confrontar directamente a Estados Unidos, simplemente necesita esperar hasta que Washington se dé cuenta de que está luchando con armas hechas con materiales chinos. Aquí llegamos al punto central de toda esta crisis. 

La operación militar estadounidense en Venezuela no es realmente sobre Venezuela, es para prevenir el surgimiento de un sistema económico global que no depende de Estados Unidos. Pero ese sistema ya está emergiendo. Y bombardear Venezuela no va a detenerlo. 

El mundo multipolar no es una teoría o una aspiración, es una realidad que se está desarrollándose en tiempo real. El BRICS Plus representa ahora más del 40% de la población mundial y más del 35% del PIB global. Estas cifras van a aumentar dramáticamente cuando Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos e Irán se integran completamente al sistema financiero BRICS Plus. 

Venezuela es importante porque representa la transición del mundo unipolar al multipolar. Un país con recursos enormes, eligiendo libremente sus socios comerciales, desarrollando su economía en cooperación con múltiples potencias, resistiendo exitosamente la coerción de la única superpotencia. Este es el futuro y ninguna cantidad de bombardeos lo va a cambiar. 

La ironía final de la operación Absolute Resolve es que está resolviendo absolutamente lo contrario de lo que pretende resolver. En lugar de restaurar la hegemonía estadounidense en América Latina, está acelerando la integración de América Latina con el bloque euroasiático liderado por China y Rusia. 

Brasil está acelerando sus conversaciones para una mayor integración comercial con China. Argentina está reconsiderando su alineación con Estados Unidos. Incluso México está explorando silenciosamente opciones para reducir su dependencia del mercado estadounidense. Trump está logrando lo que décadas de diplomacia china no pudieron lograr. Unificar América Latina contra la hegemonía estadounidense. 

Desde este café en París, mientras termino mi último sorbo de café etíope, la pregunta que queda flotando en el aire no es si Estados Unidos puede ganar en Venezuela. La pregunta es, ¿cuánto tiempo puede Washington sostener una estrategia que está acelerando su propia irrelevancia geopolítica? La verdadera tragedia de la operación Absolute Resolve es que está resolviendo exactamente lo opuesto a lo que pretende resolver. 

En lugar de restaurar el prestigio estadounidense, está demostrando al mundo que Estados Unidos ya solo puede relacionarse con sus vecinos a través de la violencia. En lugar de fortalecer el dólar, está acelerando la búsqueda global de alternativas. 

En lugar de aislar a China, está empujando a más países hacia la órbita china. Los historiadores del futuro marcarán la operación militar estadounidense en Venezuela como el momento en que la hegemonía unipolar se suicidó públicamente, no por las bombas que cayeron en Caracas, sino por la demostración de que el imperio ya no tenía instrumentos de poder más allá de la fuerza bruta. 

El petróleo y la sangre que están fluyendo en Venezuela hoy no son el final de una historia, son el principio de una nueva era donde ningún imperio puede monopolizar los recursos del mundo, donde los países pueden elegir libremente sus alianzas y donde la multipolaridad no es una aspiración, sino una realidad irresistible. 

La última batalla por el corazón de América está ocurriendo ahora, pero no se está librando donde Washington cree que se está librando. Se está librando en los bancos centrales de Beijín y Moscú, en los ministerios de energía de Riad y Teherán, en las mentes de líderes de todo el sur global que están observando como un imperio desesperado recurrir a la violencia cuando la economía y la diplomacia ya no funcionan. 

Estados Unidos puede ganar batallas, pero China y Rusia están ganando la guerra. Y esa guerra no se trata de territorio o ideología, se trata del futuro del poder en un mundo donde el poder ya no puede ser monopolizado por una sola nación sin importar cuán poderosa haya sido una vez. 

La historia está siendo escrita en tiempo real y Venezuela es simplemente el primer capítulo de una historia mucho más grande, la historia de cómo el mundo aprendió a vivir sin un hegemón único y cómo ese aprendizaje comenzó con sangre y petróleo en las costas del Caribe.

EL GRAN PADRINO DEL NARCOTERRORISMO LATINOAMERICANO: MARCO RUBIO

mpr21, 06/01/2026


Cuando era adolescente, Marco Rubio se ganaba un dinero extra trabajando para su difunto cuñado Orlando Cicilia, que importaba y vendía animales exóticos como fachada para el tráfico de cocaína y marihuana. Más tarde, cuando el capo Mario Tabraue se convirtió en protagonista de la serie documental Tiger King, se rumoreó que la cocaína se introducía en cuerpos de víboras y boas constrictoras.

“Traficaba para mantener mi hábito animal”, declaró Tabraue con humildad a los documentalistas de Netflix sobre la red de narcotráfico que importó y distribuyó drogas entre 1976 y 1987. Según la biografía de Marco Rubio, escrita por Manuel Roig-Franzia en 2012, Rubio era el encargado de construir las jaulas.

El actual secretario de Estado jura que no sabe nada de las drogas. Solo tenía 16 años, pero uno de los coacusados ​​de Cicilia tenía solo 16 años cuando Tabraue le ordenó asesinar a su exesposa para evitar que revelara a la policía lo que habían hecho con el cuerpo de otro hombre al que habían asesinado el año anterior.

Cuando en 2011 Univisión reveló la historia de sus vínculos con el negocio de Cicilia, Rubio le declaró la guerra a la cadena, primero enviando a representantes como Ana Navarro para presionar a los ejecutivos para que archivaran la noticia, y luego convenciendo a una multitud de políticos republicanos para que boicotearan el debate porque la cadena había intentado usar la información sobre su cuñado como “chantaje” para “extorsionarlo” con una entrevista.

Al año siguiente, en sus memorias Rubio presentó a Cicilia como un hombre piadoso. La casa donde Cicilia cortaba y almacenaba la cocaína en cartones vacíos de cigarrillos fue un santuario que mantenía unida a la familia durante los años difíciles. Cicilia le pagaba suficiente dinero al joven Rubio para limpiar jaulas de animales y bañar a sus siete perros samoyedos. El día en que la policía se llevó esposado a Cicilia de la casa donde había vivido, la familia quedó atónita.

El mentiroso más grande de la camarilla de Trump

Hoy Marco Rubio es el mentiroso más grande del gobierno de Trump, pero sus índices de aprobación son los más altos del Partido Republicano, a pesar de ser el artífice de la política más cínica de Trump: el plan para nombrar a los jefes de cárteles de la droga y a sus compinches al frente de los gobiernos de los países latinoamericanos, en nombre de la lucha coEl gran padrino del narcoterrorismo latinoamericano: Marco Rubio

Cuando era adolescente, Marco Rubio se ganaba un dinero extra trabajando para su difunto cuñado Orlando Cicilia, que importaba y vendía animales exóticos como fachada para el tráfico de cocaína y marihuana. Más tarde, cuando el capo Mario Tabraue se convirtió en protagonista de la serie documental Tiger King, se rumoreó que la cocaína se introducía en cuerpos de víboras y boas constrictoras.

“Traficaba para mantener mi hábito animal”, declaró Tabraue con humildad a los documentalistas de Netflix sobre la red de narcotráfico que importó y distribuyó drogas entre 1976 y 1987. Según la biografía de Marco Rubio, escrita por Manuel Roig-Franzia en 2012, Rubio era el encargado de construir las jaulas.

El actual secretario de Estado jura que no sabe nada de las drogas. Solo tenía 16 años, pero uno de los coacusados ​​de Cicilia tenía solo 16 años cuando Tabraue le ordenó asesinar a su exesposa para evitar que revelara a la policía lo que habían hecho con el cuerpo de otro hombre al que habían asesinado el año anterior.

Cuando en 2011 Univisión reveló la historia de sus vínculos con el negocio de Cicilia, Rubio le declaró la guerra a la cadena, primero enviando a representantes como Ana Navarro para presionar a los ejecutivos para que archivaran la noticia, y luego convenciendo a una multitud de políticos republicanos para que boicotearan el debate porque la cadena había intentado usar la información sobre su cuñado como “chantaje” para “extorsionarlo” con una entrevista.

Al año siguiente, en sus memorias Rubio presentó a Cicilia como un hombre piadoso. La casa donde Cicilia cortaba y almacenaba la cocaína en cartones vacíos de cigarrillos fue un santuario que mantenía unida a la familia durante los años difíciles. Cicilia le pagaba suficiente dinero al joven Rubio para limpiar jaulas de animales y bañar a sus siete perros samoyedos. El día en que la policía se llevó esposado a Cicilia de la casa donde había vivido, la familia quedó atónita.

El mentiroso más grande de la camarilla de Trump

Hoy Marco Rubio es el mentiroso más grande del gobierno de Trump, pero sus índices de aprobación son los más altos del Partido Republicano, a pesar de ser el artífice de la política más cínica de Trump: el plan para nombrar a los jefes de cárteles de la droga y a sus compinches al frente de los gobiernos de los países latinoamericanos, en nombre de la lucha contra las drogas.

En septiembre Rubio elogió al presidente ecuatoriano Daniel Noboa, quien encabeza un país cuya tasa de homicidios se ha multiplicado por ocho desde 2016, como un “socio increíblemente dispuesto” que “ha hecho más en los últimos dos años para combatir a los narcoterroristas y las amenazas a la seguridad y la estabilidad de Ecuador que cualquier gobierno anterior”. Tan solo cinco meses antes, una investigación reveló que entre 2020 y 2022 el negocio frutero familiar de Noboa había introducido 700 kilos de cocaína en Europa en cajas de plátanos. Rubio ha promovido incansablemente la causa del narcotraficante convicto (y, lamentablemente, recién indultado) Juan Orlando Hernández. En 2018 elogió públicamente a Hernández, entonces presidente de Honduras, por combatir al narcotráfico (y apoyar a Israel), tan solo siete meses antes de que su hermano fuera acusado de introducir 158 toneladas de cocaína en contenedores con el sello “TH”, en honor a Tony Hernández.

Rubio ha elogiado la lucha contra el crimen de los jóvenes autócratas salvadoreños y argentinos Nayib Bukele y Javier Milei, a pesar de la alianza del primero con la MS-13 y los diversos escándalos de tráfico de cocaína en Miami que envolvieron a su partido político el otoño pasado, así como la férrea devoción de ambos dirigentes por el método predilecto de lavado de dinero de los cárteles de la droga. Rubio ha sido uno de los mayores apoyos en Washington al recién elegido presidente chileno José Antonio Kast, hijo de un criminal de guerra nazi, quien ha dedicado toda su carrera política a ensalzar, encubrir y prometer la restauración del brutal régimen de Augusto Pinochet, quien ordenó personalmente al ejército chileno construir un laboratorio de cocaína, consolidó el narcotráfico dentro de su policía secreta y “desapareció” a conspiradores clave como el químico de su policía secreta, Eugenio Berrios. Durante al menos una década, Rubio ha elogiado, diseñado estrategias y condenado con saña las numerosas investigaciones criminales contra el expresidente colombiano Álvaro Uribe, a quien algunos describen como una especie de figura kissingeriana para el exsenador de Florida. Un análisis del Pentágono de 1991 describió a Uribe, a quien Rubio califica como una especie de guerrero paradigmático de la droga, como uno de los 100 narcoterroristas colombianos más importantes, amigo íntimo de Pablo Escobar y una figura política que colaboraba con el cártel de Medellín en las altas esferas gubernamentales.

Esto nos lleva a la actual campaña de terrorismo de Estado de Rubio contra Venezuela y los pescadores que emana de allí, bajo el pretexto de que Maduro dirige el llamado “Cartel de los Soles”, que ha inundado Estados Unidos con cocaína barata. La endeblez del argumento se ve subrayada por las diminutas embarcaciones que el SOCOM, el Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos, ha elegido para atacar con drones.

El apoyo de la CIA al narcotráfico

Durante décadas la mal llamada “guerra contra las drogas” ha sido una tapadera para que la CIA apoye a los narcotraficantes. Esto es especialmente cierto en Venezuela. Investigadores del Servicio de Aduanas que indagaron sobre una incautación de 450 kilos de cocaína en el país en 1990 descubrieron que la CIA dirigía una empresa conjunta con generales de alto rango para introducir cocaína con el supuesto objetivo de infiltrarse en los cárteles colombianos. La empresa se conocía como “Cártel de los Soles”, y el propio Times informó que había logrado introducir toneladas de cocaína de contrabando en Estados Unidos , hasta que Hugo Chávez encarceló al general que encabezaba el cártel y expulsó a la DEA de Venezuela. A partir de ese momento, se puso de moda financiar sabotajes industriales, golpes militares y, en última instancia, proyectos de atentados terroristas, bajo la premisa de que Venezuela era un “narcoestado”.

El laberíntico escándalo conocido como “Irán-Contra” se comenzó a desentrañar en 1986, cuando la Fuerza Aérea de Nicaragua lanzó un misil contra un avión de carga Fairchild. Mientras el fuselaje, repleto de lanzagranadas, AK-47 y municiones, dos pilotos y un operador de radio, se precipitaba a tierra, un solitario hombre de Wisconsin descendió en paracaídas intacto y admitió trabajar para un proyecto de la CIA con un tal “Max Gómez”, que resultó ser Félix Rodríguez, uno de los antiguos camaradas de Guillermo, el padre de Mario Tabraue, del Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR), un colectivo anticomunista encabezado por el médico Manuel Artime, que dirigió la invasión de Bahía de Cochinos y varios ataques terroristas y operaciones de sabotaje posteriores en Cuba durante años.

El avión pertenecía a Barry Seal, un piloto de las fuerzas especiales convertido en traficante de cocaína, quien acababa de ser asesinado por sicarios del cártel. Tras ser condenado por contrabando de metacualona, ​​Seal permitió que la CIA instalara cámaras ocultas en el avión y emprendió una operación encubierta para incriminar al gobierno sandinista de Nicaragua por narcotráfico. Para ello capturó imágenes de Pablo Escobar metiendo cocaína en bolsas de lona en Managua junto a un alto funcionario de un general sandinista. Las imágenes se convirtieron en el argumento para pedir más de fondos al gobierno de Reagan para financiar un cambio de régimen en el país centroamericano. “Sé que todos los padres estadounidenses preocupados por el problema de las drogas se indignarán al saber que altos funcionarios del gobierno nicaragüense están profundamente involucrados en el narcotráfico”, declaró Reagan en un discurso televisado en 1986. “Parece que no hay delito al que los sandinistas no se inclinen”. Pero el “funcionario sandinista” resultó ser un exmiembro de la embajada estadounidense, y Seal era un veterano agente de la CIA que también participó en Bahía de Cochinos e incluso fue fotografiado en 1963 con el mismo Félix Rodríguez, quien más tarde se convertiría en su contacto en la central de espionaje. Tres funcionarios involucrados en la investigación del truculento asesinato de Kiki Camarena, agente de la DEA radicado en México, en 1985, han afirmado repetidamente que Rodríguez ordenó el asesinato después de que el agente descubriera pruebas que revelaban el alcance de la colaboración de la central de espionaje con los cárteles mexicanos.

A partir de 1964 el MRR se apoderó del hampa latinoamericana chantajeando a Manuel Artime. La CIA obtuvo fotos pornográficas de su esposa lesbiana, quien había sido amante de Fulgencio Batista y del exdictador venezolano Marcos Pérez Jiménez. Por esas mismas fechas, el MRR mató accidentalmente a tres marineros españoles en las costas de Cuba. Para contener las consecuencias, le recomendaron a Artime pasar más tiempo en Managua, donde la dictadura de Somoza podía impulsar sus proyectos con mayor libertad. Pero Artime pronto fue noticia por un escándalo diferente: una joven inmigrante cubana de Nueva Jersey, cuyo esposo había sido reclutado para uno de sus campos de entrenamiento centroamericanos, había recibido una carta anónima en la que se le informaba que Artime había contratado pistoleros para asesinar a su marido porque “no aprobaba las actividades inmorales en los campos; entre ellas, el contrabando de licor que tuvo lugar en el barco de Artime, en connivencia con un dirigente del gobierno nicaragüense”.

De Bahía Cochinos a la Operación Cóndor

Casi al mismo tiempo, los funcionarios de aduanas costarricenses descubrieron un avión abandonado lleno de whisky de contrabando y ropa de mujer por valor de decenas de miles de dólares en la selva, cerca de lo que parecía ser un campamento guerrillero no autorizado. Un soplón del FBI advirtió que los dirigentes del exilio cubano afirmaban que Artime y el MRR se ganaban la vida con las actividades contrarrevolucionarias; se dedicaban al contrabando en lugar de a la guerra anticomunista y malversaban fondos destinados a la desestablización. Los hombres de Artime regresaban desencantados de centroamérica, o con grandes sumas de dinero obtenidas mediante actividades ilegales.

En aquellos años Guillermo Tabraue era el “pagador” del MRR, y pronto se aclararía a qué bando pertenecía. En 1970 la Oficina de Narcóticos y Drogas Peligrosas llevó a cabo una redada relámpago en siete ciudades, a la que denominaron la “mayor redada de narcotraficantes importantes” de la historia. Ninguno de los 150 hombres detenidos era un “miembro conocido del crimen organizado”, dijeron, aunque no mencionaron que la mayoría, hasta un 70 por cien, pertenecía a la organización de veteranos de Bahía de Cochinos de Artime. Tan solo dos años después la fiscalía abrió una investigación sobre la joyería de Tabraue tras descubrir que había regalado unos gemelos a un juez que había reducido las condenas de dos jóvenes condenados por vagancia y que había vendido diversos artículos al jefe de la policía.

Al año siguiente, Artime reclutó a Ramón Milián Rodríguez, un genio de la contabilidad de 23 años, quien llegaría a ser el contable principal del cártel de Medellín y confidente cercano de Noriega, para que blanqueara dinero en bancos nicaragüenses y así financiar la defensa legal de cuatro exalumnos de Bahía de Cochinos que habían participado en el robo de Watergate.

En 1972 la CIA ofreció asignar un equipo de sus propios especialistas en operaciones encubiertas para ayudar al FBI a vigilar sus antiguos lacayos, garantizando al mismo tiempo que las investigaciones sobre drogas no entraran en conflicto con las preocupaciones de “seguridad nacional”. La BNDD creó una sofisticada base de datos llamada Red de Inteligencia Encubierta de la Oficina de Narcóticos (posteriormente rebautizada como DEACON cuando la Oficina fue absorbida por la DEA) y contrató a Tabraue como su primer recluta importante para fortalecer su red de inteligencia. La CIA le pagó a Tabraue 1.400 dólares mensuales durante la década de los setenta por su información sobre narcotraficantes rivales.

Los narcotraficantes aliados a la CIA recibían protección, asistencia o reclutamiento como buenos lacayos, mientras que los narcotraficantes que traicionaban a la central de espionaje eran enjuiciados o descartados. Los procesos judiciales eran una prioridad baja y el equipo de DEACON no aportó ninguna prueba admisible a los procesos de la DEA por drogas en la década de los setenta. Como lamentó el exfuncionario de la DEA Dennis Dayle en 1986, “en mis 30 años de experiencia con la DEA y agencias afines, los principales objetivos de mis investigaciones casi invariablemente resultaron ser empleados de la CIA”. Los ingresos del narcotráfico financiaban atentados terroristas, asesinatos e infiltraciones que, posiblemente, intensificaron el clima de miedo, desconfianza y desesperanza que facilitó la represión contra la izquierda.

En 1975 los veteranos de Bahía de Cochinos estuvieron involucrados en casi la mitad de los atentados terroristas ocurridos, aunque eligieron sus batallas con sabiduría. Durante la investigación del Watergate, Artime testificó que E. Howard Hunt, agente de la CIA convertido en agente de Nixon, lo había reclutado para asesinar al dirigente panameño Omar Torrijos porque el gobierno de Nixon estaba muy preocupado por la filtración del flujo de narcóticos hacia Estados Unidos a través de Panamá.

El Plan Cóndor marcó la pauta de la época: un programa continental clandestino iniciado oficialmente en 1975 por Augusto Pinochet y la junta argentina y revelado solo dos décadas después con el descubrimiento de un “archivo terrorista” paraguayo de alto secreto, para desplegar escuadrones de la muerte financiados con cocaína con el fin de hacer desaparecer a militantes de izquierda, disidentes, denunciantes y demás personas incómodas de Sudamérica. Pero el verdadero origen de la Operación Cóndor fue la operación de 1967, supervisada por el omnipresente Félix Rodríguez y otro veterano del MRR, para cazar y ejecutar al Che Guevara. Es necesario defender la política occidental donde sea necesario. Por lo tanto, es necesario actuar contra quienes podrían convertirse en una segunda Cuba y colaborar con Estados Unidos directa o indirectamente.

El Plan Cóndor en México

Casi al mismo tiempo y bajo el mismo nombre, una colaboración oficial de la DEA estadounidense, el ejército mexicano y la policía mexicana erradicó miles de hectáreas de plantas de amapola y marihuana, devastando a muchos pequeños agricultores y desatando una epidemia de asesinatos y violencia que persiste hasta nuestros días. El verdadero propósito del Plan Cóndor mexicano era erradicar a la izquierda populista, básicamente criminalizando la agricultura a pequeña escala, mientras reorganizaba y centralizaba el ejército mexicano en beneficio de un puñado de actores dominantes; en otras palabras, servir a una agenda oculta casi idéntica a la de su homónimo. Cuando Marco Rubio difama la eficacia de la interdicción y otros enfoques tradicionales de aplicación de la ley para mitigar el narcotráfico en favor de operaciones “militares”, contradice todas las evaluaciones empíricas existentes sobre la eficacia de la guerra contra las drogas; sí, pero también anhela una especie de licencia general de la Guerra Fría para emprender una guerra sucia en nombre de un objetivo mayor.

El gobierno de Trump ha prometido 40.000 millones de dólares para estabilizar el peso argentino, pero el dinero se esfumará si el partido de Milei pierde la mayoría en las elecciones. A principios de diciembre, el veterano agente de la CIA Bob Sensi fue acusado de conspiración para cometer “narcoterrorismo” junto con un exfuncionario de alto rango de la DEA por lavar 750.000 dólares y comprar lanzagranadas y drones comerciales con capacidad para transportar seis kilogramos de C-4 para un soplón del gobierno que se hizo pasar por miembro de un cártel mexicano. El dúo aconsejó al soplón que “creara la percepción de que estaban trasladando operaciones de fentanilo de México a Colombia para desviar la atención de México” y hacia el gobierno de Petro. El plan se puso en marcha pocas semanas después de las elecciones de noviembre de 2024.

Una autobiografía titulada “America at Night”, escrita por Larry Kolb, también de la CIA, describe al blanqueador de dinero como un astuto intermediario que le fue presentado personalmente por George H.W. Bush en 1985 y que informaba directamente al entonces director de la CIA, Bill Casey. Entonces Sensi estaba involucrado en los canales secretos de Irán-Contra en Oriente Medio, donde espías y colaboradores informales se reunían clandestinamente con funcionarios de Hezbollah e Irán para negociar rescates secretos por varios rehenes. Sin embargo, fue acusado de desviar fondos de un trabajo encubierto en Kuwait Airways y, según el libro, desde entonces busca venganza. Un ex oficial de inteligencia comentó que los problemas legales actuales de Sensi no durarían mucho, ya que el gobierno de Trump lo considera útil, como lo han hecho los gobiernos anteriores con la mayoría de los principales protagonistas del caso Irán-Contra que lograron salir con vida a principios de la década de los noventa.

La DEA dirige una fábrica de cocaína en Bolivia

La familia Tabraue, que en la década de los setenta pertenecía a una vasta organización de narcotráfico asociada con José Medardo Alvero Cruz, peluquero y veterano del MRR, conductor de Rolls-Royce. Cuando Cruz y un grupo de colaboradores de los Tabraue fueron detenidos en 1979, un grupo de veteranos de Bahía de Cochinos se involucró en el primer gran éxito de la Operación Cóndor en la década de los ochenta, el “golpe de la cocaína” en Bolivia. En él, el criminal de guerra nazi Klaus Barbie y el gurú de operaciones sicológicas argentino, entrenado en Israel y convertido en traficante de cocaína, Alfredo Mario Mingolla, colaboraron en las semanas posteriores a la elección de un candidato presidencial de izquierda para instaurar uno de los narcoestdos más descarados del mundo. Mientras una junta militar se apresuraba a liberar a narcotraficantes de la cárcel e incluso a abrir una fábrica de cocaína que el jefe más destacado del cártel del país afirmaba estar “controlada por la DEA”, los narcotraficantes se apresuraron a colaborar con el nuevo régimen, en un ciclo que se repitió al año siguiente con la repentina muerte de Torrijos y la llegada al gobierno de Noriega, un narcotraficante afín.tra las drogas.

En septiembre Rubio elogió al presidente ecuatoriano Daniel Noboa, quien encabeza un país cuya tasa de homicidios se ha multiplicado por ocho desde 2016, como un “socio increíblemente dispuesto” que “ha hecho más en los últimos dos años para combatir a los narcoterroristas y las amenazas a la seguridad y la estabilidad de Ecuador que cualquier gobierno anterior”. Tan solo cinco meses antes, una investigación reveló que entre 2020 y 2022 el negocio frutero familiar de Noboa había introducido 700 kilos de cocaína en Europa en cajas de plátanos. Rubio ha promovido incansablemente la causa del narcotraficante convicto (y, lamentablemente, recién indultado) Juan Orlando Hernández. En 2018 elogió públicamente a Hernández, entonces presidente de Honduras, por combatir al narcotráfico (y apoyar a Israel), tan solo siete meses antes de que su hermano fuera acusado de introducir 158 toneladas de cocaína en contenedores con el sello “TH”, en honor a Tony Hernández.

Rubio ha elogiado la lucha contra el crimen de los jóvenes autócratas salvadoreños y argentinos Nayib Bukele y Javier Milei, a pesar de la alianza del primero con la MS-13 y los diversos escándalos de tráfico de cocaína en Miami que envolvieron a su partido político el otoño pasado, así como la férrea devoción de ambos dirigentes por el método predilecto de lavado de dinero de los cárteles de la droga. Rubio ha sido uno de los mayores apoyos en Washington al recién elegido presidente chileno José Antonio Kast, hijo de un criminal de guerra nazi, quien ha dedicado toda su carrera política a ensalzar, encubrir y prometer la restauración del brutal régimen de Augusto Pinochet, quien ordenó personalmente al ejército chileno construir un laboratorio de cocaína, consolidó el narcotráfico dentro de su policía secreta y “desapareció” a conspiradores clave como el químico de su policía secreta, Eugenio Berrios. Durante al menos una década, Rubio ha elogiado, diseñado estrategias y condenado con saña las numerosas investigaciones criminales contra el expresidente colombiano Álvaro Uribe, a quien algunos describen como una especie de figura kissingeriana para el exsenador de Florida. Un análisis del Pentágono de 1991 describió a Uribe, a quien Rubio califica como una especie de guerrero paradigmático de la droga, como uno de los 100 narcoterroristas colombianos más importantes, amigo íntimo de Pablo Escobar y una figura política que colaboraba con el cártel de Medellín en las altas esferas gubernamentales.

Esto nos lleva a la actual campaña de terrorismo de Estado de Rubio contra Venezuela y los pescadores que emana de allí, bajo el pretexto de que Maduro dirige el llamado “Cartel de los Soles”, que ha inundado Estados Unidos con cocaína barata. La endeblez del argumento se ve subrayada por las diminutas embarcaciones que el SOCOM, el Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos, ha elegido para atacar con drones.

El apoyo de la CIA al narcotráfico

Durante décadas la mal llamada “guerra contra las drogas” ha sido una tapadera para que la CIA apoye a los narcotraficantes. Esto es especialmente cierto en Venezuela. Investigadores del Servicio de Aduanas que indagaron sobre una incautación de 450 kilos de cocaína en el país en 1990 descubrieron que la CIA dirigía una empresa conjunta con generales de alto rango para introducir cocaína con el supuesto objetivo de infiltrarse en los cárteles colombianos. La empresa se conocía como “Cártel de los Soles”, y el propio Times informó que había logrado introducir toneladas de cocaína de contrabando en Estados Unidos , hasta que Hugo Chávez encarceló al general que encabezaba el cártel y expulsó a la DEA de Venezuela. A partir de ese momento, se puso de moda financiar sabotajes industriales, golpes militares y, en última instancia, proyectos de atentados terroristas, bajo la premisa de que Venezuela era un “narcoestado”.

El laberíntico escándalo conocido como “Irán-Contra” se comenzó a desentrañar en 1986, cuando la Fuerza Aérea de Nicaragua lanzó un misil contra un avión de carga Fairchild. Mientras el fuselaje, repleto de lanzagranadas, AK-47 y municiones, dos pilotos y un operador de radio, se precipitaba a tierra, un solitario hombre de Wisconsin descendió en paracaídas intacto y admitió trabajar para un proyecto de la CIA con un tal “Max Gómez”, que resultó ser Félix Rodríguez, uno de los antiguos camaradas de Guillermo, el padre de Mario Tabraue, del Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR), un colectivo anticomunista encabezado por el médico Manuel Artime, que dirigió la invasión de Bahía de Cochinos y varios ataques terroristas y operaciones de sabotaje posteriores en Cuba durante años.

El avión pertenecía a Barry Seal, un piloto de las fuerzas especiales convertido en traficante de cocaína, quien acababa de ser asesinado por sicarios del cártel. Tras ser condenado por contrabando de metacualona, ​​Seal permitió que la CIA instalara cámaras ocultas en el avión y emprendió una operación encubierta para incriminar al gobierno sandinista de Nicaragua por narcotráfico. Para ello capturó imágenes de Pablo Escobar metiendo cocaína en bolsas de lona en Managua junto a un alto funcionario de un general sandinista. Las imágenes se convirtieron en el argumento para pedir más de fondos al gobierno de Reagan para financiar un cambio de régimen en el país centroamericano. “Sé que todos los padres estadounidenses preocupados por el problema de las drogas se indignarán al saber que altos funcionarios del gobierno nicaragüense están profundamente involucrados en el narcotráfico”, declaró Reagan en un discurso televisado en 1986. “Parece que no hay delito al que los sandinistas no se inclinen”. Pero el “funcionario sandinista” resultó ser un exmiembro de la embajada estadounidense, y Seal era un veterano agente de la CIA que también participó en Bahía de Cochinos e incluso fue fotografiado en 1963 con el mismo Félix Rodríguez, quien más tarde se convertiría en su contacto en la central de espionaje. Tres funcionarios involucrados en la investigación del truculento asesinato de Kiki Camarena, agente de la DEA radicado en México, en 1985, han afirmado repetidamente que Rodríguez ordenó el asesinato después de que el agente descubriera pruebas que revelaban el alcance de la colaboración de la central de espionaje con los cárteles mexicanos.

A partir de 1964 el MRR se apoderó del hampa latinoamericana chantajeando a Manuel Artime. La CIA obtuvo fotos pornográficas de su esposa lesbiana, quien había sido amante de Fulgencio Batista y del exdictador venezolano Marcos Pérez Jiménez. Por esas mismas fechas, el MRR mató accidentalmente a tres marineros españoles en las costas de Cuba. Para contener las consecuencias, le recomendaron a Artime pasar más tiempo en Managua, donde la dictadura de Somoza podía impulsar sus proyectos con mayor libertad. Pero Artime pronto fue noticia por un escándalo diferente: una joven inmigrante cubana de Nueva Jersey, cuyo esposo había sido reclutado para uno de sus campos de entrenamiento centroamericanos, había recibido una carta anónima en la que se le informaba que Artime había contratado pistoleros para asesinar a su marido porque “no aprobaba las actividades inmorales en los campos; entre ellas, el contrabando de licor que tuvo lugar en el barco de Artime, en connivencia con un dirigente del gobierno nicaragüense”.

De Bahía Cochinos a la Operación Cóndor

Casi al mismo tiempo, los funcionarios de aduanas costarricenses descubrieron un avión abandonado lleno de whisky de contrabando y ropa de mujer por valor de decenas de miles de dólares en la selva, cerca de lo que parecía ser un campamento guerrillero no autorizado. Un soplón del FBI advirtió que los dirigentes del exilio cubano afirmaban que Artime y el MRR se ganaban la vida con las actividades contrarrevolucionarias; se dedicaban al contrabando en lugar de a la guerra anticomunista y malversaban fondos destinados a la desestablización. Los hombres de Artime regresaban desencantados de centroamérica, o con grandes sumas de dinero obtenidas mediante actividades ilegales.

En aquellos años Guillermo Tabraue era el “pagador” del MRR, y pronto se aclararía a qué bando pertenecía. En 1970 la Oficina de Narcóticos y Drogas Peligrosas llevó a cabo una redada relámpago en siete ciudades, a la que denominaron la “mayor redada de narcotraficantes importantes” de la historia. Ninguno de los 150 hombres detenidos era un “miembro conocido del crimen organizado”, dijeron, aunque no mencionaron que la mayoría, hasta un 70 por cien, pertenecía a la organización de veteranos de Bahía de Cochinos de Artime. Tan solo dos años después la fiscalía abrió una investigación sobre la joyería de Tabraue tras descubrir que había regalado unos gemelos a un juez que había reducido las condenas de dos jóvenes condenados por vagancia y que había vendido diversos artículos al jefe de la policía.

Al año siguiente, Artime reclutó a Ramón Milián Rodríguez, un genio de la contabilidad de 23 años, quien llegaría a ser el contable principal del cártel de Medellín y confidente cercano de Noriega, para que blanqueara dinero en bancos nicaragüenses y así financiar la defensa legal de cuatro exalumnos de Bahía de Cochinos que habían participado en el robo de Watergate.

En 1972 la CIA ofreció asignar un equipo de sus propios especialistas en operaciones encubiertas para ayudar al FBI a vigilar sus antiguos lacayos, garantizando al mismo tiempo que las investigaciones sobre drogas no entraran en conflicto con las preocupaciones de “seguridad nacional”. La BNDD creó una sofisticada base de datos llamada Red de Inteligencia Encubierta de la Oficina de Narcóticos (posteriormente rebautizada como DEACON cuando la Oficina fue absorbida por la DEA) y contrató a Tabraue como su primer recluta importante para fortalecer su red de inteligencia. La CIA le pagó a Tabraue 1.400 dólares mensuales durante la década de los setenta por su información sobre narcotraficantes rivales.

Los narcotraficantes aliados a la CIA recibían protección, asistencia o reclutamiento como buenos lacayos, mientras que los narcotraficantes que traicionaban a la central de espionaje eran enjuiciados o descartados. Los procesos judiciales eran una prioridad baja y el equipo de DEACON no aportó ninguna prueba admisible a los procesos de la DEA por drogas en la década de los setenta. Como lamentó el exfuncionario de la DEA Dennis Dayle en 1986, “en mis 30 años de experiencia con la DEA y agencias afines, los principales objetivos de mis investigaciones casi invariablemente resultaron ser empleados de la CIA”. Los ingresos del narcotráfico financiaban atentados terroristas, asesinatos e infiltraciones que, posiblemente, intensificaron el clima de miedo, desconfianza y desesperanza que facilitó la represión contra la izquierda.

En 1975 los veteranos de Bahía de Cochinos estuvieron involucrados en casi la mitad de los atentados terroristas ocurridos, aunque eligieron sus batallas con sabiduría. Durante la investigación del Watergate, Artime testificó que E. Howard Hunt, agente de la CIA convertido en agente de Nixon, lo había reclutado para asesinar al dirigente panameño Omar Torrijos porque el gobierno de Nixon estaba muy preocupado por la filtración del flujo de narcóticos hacia Estados Unidos a través de Panamá.

El Plan Cóndor marcó la pauta de la época: un programa continental clandestino iniciado oficialmente en 1975 por Augusto Pinochet y la junta argentina y revelado solo dos décadas después con el descubrimiento de un “archivo terrorista” paraguayo de alto secreto, para desplegar escuadrones de la muerte financiados con cocaína con el fin de hacer desaparecer a militantes de izquierda, disidentes, denunciantes y demás personas incómodas de Sudamérica. Pero el verdadero origen de la Operación Cóndor fue la operación de 1967, supervisada por el omnipresente Félix Rodríguez y otro veterano del MRR, para cazar y ejecutar al Che Guevara. Es necesario defender la política occidental donde sea necesario. Por lo tanto, es necesario actuar contra quienes podrían convertirse en una segunda Cuba y colaborar con Estados Unidos directa o indirectamente.

El Plan Cóndor en México

Casi al mismo tiempo y bajo el mismo nombre, una colaboración oficial de la DEA estadounidense, el ejército mexicano y la policía mexicana erradicó miles de hectáreas de plantas de amapola y marihuana, devastando a muchos pequeños agricultores y desatando una epidemia de asesinatos y violencia que persiste hasta nuestros días. El verdadero propósito del Plan Cóndor mexicano era erradicar a la izquierda populista, básicamente criminalizando la agricultura a pequeña escala, mientras reorganizaba y centralizaba el ejército mexicano en beneficio de un puñado de actores dominantes; en otras palabras, servir a una agenda oculta casi idéntica a la de su homónimo. Cuando Marco Rubio difama la eficacia de la interdicción y otros enfoques tradicionales de aplicación de la ley para mitigar el narcotráfico en favor de operaciones “militares”, contradice todas las evaluaciones empíricas existentes sobre la eficacia de la guerra contra las drogas; sí, pero también anhela una especie de licencia general de la Guerra Fría para emprender una guerra sucia en nombre de un objetivo mayor.

El gobierno de Trump ha prometido 40.000 millones de dólares para estabilizar el peso argentino, pero el dinero se esfumará si el partido de Milei pierde la mayoría en las elecciones. A principios de diciembre, el veterano agente de la CIA Bob Sensi fue acusado de conspiración para cometer “narcoterrorismo” junto con un exfuncionario de alto rango de la DEA por lavar 750.000 dólares y comprar lanzagranadas y drones comerciales con capacidad para transportar seis kilogramos de C-4 para un soplón del gobierno que se hizo pasar por miembro de un cártel mexicano. El dúo aconsejó al soplón que “creara la percepción de que estaban trasladando operaciones de fentanilo de México a Colombia para desviar la atención de México” y hacia el gobierno de Petro. El plan se puso en marcha pocas semanas después de las elecciones de noviembre de 2024.

Una autobiografía titulada “America at Night”, escrita por Larry Kolb, también de la CIA, describe al blanqueador de dinero como un astuto intermediario que le fue presentado personalmente por George H.W. Bush en 1985 y que informaba directamente al entonces director de la CIA, Bill Casey. Entonces Sensi estaba involucrado en los canales secretos de Irán-Contra en Oriente Medio, donde espías y colaboradores informales se reunían clandestinamente con funcionarios de Hezbollah e Irán para negociar rescates secretos por varios rehenes. Sin embargo, fue acusado de desviar fondos de un trabajo encubierto en Kuwait Airways y, según el libro, desde entonces busca venganza. Un ex oficial de inteligencia comentó que los problemas legales actuales de Sensi no durarían mucho, ya que el gobierno de Trump lo considera útil, como lo han hecho los gobiernos anteriores con la mayoría de los principales protagonistas del caso Irán-Contra que lograron salir con vida a principios de la década de los noventa.

La DEA dirige una fábrica de cocaína en Bolivia

La familia Tabraue, que en la década de los setenta pertenecía a una vasta organización de narcotráfico asociada con José Medardo Alvero Cruz, peluquero y veterano del MRR, conductor de Rolls-Royce. Cuando Cruz y un grupo de colaboradores de los Tabraue fueron detenidos en 1979, un grupo de veteranos de Bahía de Cochinos se involucró en el primer gran éxito de la Operación Cóndor en la década de los ochenta, el “golpe de la cocaína” en Bolivia. En él, el criminal de guerra nazi Klaus Barbie y el gurú de operaciones sicológicas argentino, entrenado en Israel y convertido en traficante de cocaína, Alfredo Mario Mingolla, colaboraron en las semanas posteriores a la elección de un candidato presidencial de izquierda para instaurar uno de los narcoestdos más descarados del mundo. Mientras una junta militar se apresuraba a liberar a narcotraficantes de la cárcel e incluso a abrir una fábrica de cocaína que el jefe más destacado del cártel del país afirmaba estar “controlada por la DEA”, los narcotraficantes se apresuraron a colaborar con el nuevo régimen, en un ciclo que se repitió al año siguiente con la repentina muerte de Torrijos y la llegada al gobierno de Noriega, un narcotraficante afín.

EN VENEZUELA, COMO EN ESPAÑA

Juan Manuel de Prada

ABC, 04/01/2026

Trump no hace sino aplicar a Venezuela el modelo que en su día Kissinger aplicó en España

RESULTAN grimosas esas condenas progres a la agresión de Estados Unidos en Venezuela que empiezan subrayando el autoritarismo de Maduro, o sus violaciones de los «derechos humanos», o no sé cuántas zarandajas más. Aunque Maduro hubiese sido Francisco de Asís revivido, Estados Unidos habría cometido la misma tropelía: pues le importa un comino que los regímenes políticos de las naciones que desea someter y despojar sean autoritarios, con tal de que asuman el papel lacayuno que les ha asignado. Así que esos progres que sueltan el sermoncito censorio preliminar sobre Maduro son agentes encubiertos al servicio del imperialismo yanqui, mucho más alevosos que los cantamañanas derechoides que aplauden la agresión.

Habría que empezar recordando que el derecho internacional, en un mundo dominado por el anglosionismo, es una rama de la literatura fantástica, a diferencia de sus predecesores (que enviaban sus agresiones en farol las retóricas aparentemente respetuosas del derecho internacional). Trump no se anda con paños calientes y declara sin ambages que desea apropiarse del petróleo y los recursos naturales venezolanos. Ciertamente, para justificar el secuestro de Maduro los yanquis han montado el «relato» del «narcoterrorismo», como en otra ocasión montaron el «relato» de las «armas de destrucción masiva»; pues, como nos enseñó cierto maestro de la propaganda, cualquier intoxicación que se precise debe adaptar su nivel a sus destinatarios más imbéciles. Pero, fuera de estas concesiones a los imbéciles, debemos agradecer a Trump su avaricia tíburon empresarial, sus modales zafios, su descarnada franqueza, que hacen más patentes los propósitos rapaces de Estados Unidos.

A los derechoides que aplauden una acción tan vil como en su día lo fueron la voladura del Maine o el ataque de Dewey a la flota española en Cavite les ha desconcertado que Trump se dirigiera con palabras respetuosas a Delcy y que, en cambio, se refiriese con displicencia a esa señora que le quitó el premio instituido por el inventor de la dinamita. Pero Trump no hace sino aplicar a Venezuela el modelo que en su día Kissinger aplicó en España. Primeramente, se deshacen del gobernante que impide o dificulta la «transición» que han diseñado (Carrero Blanco en España, Maduro en Venezuela); y a continuación promueven una «transición» tutelada con los traidores del viejo régimen, a los que añaden en contubernio o zurriburri una «oposición» de gentes al servicio del tío Sam que ofrecen una imagen fresca y renovadora. En España se hizo condenando a la irrelevancia a estantiguos como Carrillo, incluso a Nicolás Redondo, y encumbrando a Felipe González, que era el mancebo predilecto de la CIA. Y ahora en Venezuela Trump se quita de encima a la estantigua nobelera, para propiciar un acuerdo entre traidores del viejo régimen y postulantes cipayos que no estén quemados y puedan engañar lo mismo a progres que a derechoides ingenuos.