lunes, 31 de enero de 2022

PEDRO BAÑOS: «NO NOS DEJEMOS ARRASTRAR A UNA GUERRA POR INTERESES ANGLOSAJONES"

 Cristina  Fanjul

Diario de León, 30/01/2022

Habla sin dejar de argumentar  y va y viene desde el pasado hasta el presente para mostrar el cartón piedra de los decorados con los que la propaganda del poder mundial tratan de confundirnos. Siempre en el ojo del huracán, su carrera y experiencia militar le aportan los conocimientos y capacidad crítica para explicar los grandes secretos de la geoestrategia mundial.



—¿Pinta algo Europa en el mundo? Lo digo por las irónicas palabras con las que Serguéi Lavrov despachó el papel de la UE en Ucrania.

—La situación de Europa es complicada. Hemos perdido mucho peso en el mundo. En el año 2000 el peso de nuestro PIB en el mundo era el 25%. Ahora, hemos bajado hasta el 17%, por debajo de China y se estima que, si continuamos en esta dinámica, probablemente en menos de diez años no suponga más del 9% de todo el PIB mundial. Y la pregunta que hay que hacerse ya es cómo vamos a sostener un sistema social tan tremendamente generoso. Piense que poco más de 500 millones de personas gastan el 50% de todos los beneficios sociales del mundo.  Además, Europa tiene una población envejecida con una juventud desencantada, incluso de la democracia, porque se siente estafada. Y, por último, en la UE hay una gran disparidad de criterio. Podemos pensar en Polonia o en Hungría, que están cerca de Rusia desde el punto de vista ideológico y en contra del mundo ultraliberal. 


—No son los únicos ¿verdad?

—No. Macron lleva diciendo desde que llegó al poder que la solución para Europa es acercarse a Rusia. Ahora, sin embargo, hay dudas con Alemania. Mientras gobernó Merkel, Alemania estuvo muy cerca de Rusia. Merkel nació en la RDA y Putin estuvo como agente de la KGB en Dresde. Ahora, los verdes están muy enfrentados a Rusia. 

 

—¿Es posible la creación de un ejército europeo o es una aspiración imposible?

—Para ello deberíamos convertirnos en un supraestado, que ya se intentó y que fracasó porque Francia y Holanda se opusieron. Además,  habría que responder a la pregunta de si tenemos un enemigo existencial, que no es el caso. Por otro lado, la disparidad de medios que aportaría cada país es inmensa, así como la propia mentalidad de los pueblos. Si mañana entramos en una guerra con Rusia, ¿Qué gobiernos aguantarían la llegada masiva de féretros a su país? Si llegan 500 muertos a España, el Gobierno cae. Y, por último ¿Quién mandaría ese ejército? ¿Francia? Mire lo que ha pasado en el Sahel. Ahora, dicho todo esto, es el momento de reinventarnos y fortalecernos. 

 

—¿Cuál es el horizonte en Ucrania? ¿Rusia intentará algún tipo de movimiento militar?

—La pregunta que hay que hacer es si a Rusia le interesa una guerra. Claramente, no. ¿Anexionarse  Donbass? Pero si sus ciudadanos ya son rusos de facto, ¿Para qué serviría entrar allí militarmente? Además, digan lo que digan, en Rusia no hay movilización. Cien mil soldados no es nada, no te permite invadir un territorio como Ucrania. Cuando planeas un ataque, necesitas una cadena logística que no está preposicionada y que ya se habría visto: armamento y munición, combustible... Creo que es más un gesto que una amenaza.


—¿Y con misiles?

—Un ataque con misiles para bombardear Kiev, que es lo que hizo la Otan con Belgrado, provocaría una reacción de Ucrania para rebajar la carga en la capital. También podría ser que Rusia bombardeara como paso previo a la invasión terrestre, pero entonces ya hablaríamos de otra cosa.


—El Kremlin se queja de que la Otan está siendo demasiado voraz en países que fueron parte de la URSS. De hecho, Serguéi Lavrov decía esta semana que Occidente intenta imponer sus propias reglas a la comunidad internacional.

—Durante la Guerra Fría, el mundo se lo reparten dos potencias con ideologías muy diferentes: Estados Unidos, que intenta esparcir la democracia como sistema político y la Unión Soviética, con los principios comunistas. Tenemos un enfrentamiento geopolítico y geoeconómico de ambiciones de dominio mundial. En 1991 desaparece la URSS por un sistema económico fracasado, la pérdida de la guerra de Afganistán, y la guerra de las galaxias de Reagan cuyo ritmo la URSS no puede seguir. Hubo además una involución de los oligarcas soviéticas que creyeron que tendrían más poder tras la caída. Estados Unidos se convierte en una potencia única, sin competencia, algo que no había ocurrido nunca.


—Y desaparece el Pacto de Varsovia

—Si. Rusia queda desmontada, sin dinero para pagar al Ejército, con militares que se pasan a otros países, venden hasta el carburante, el caos social es mayúsculo por el fin de las ayudas sociales y Boris Yelstsin se convierte en un títere de Estados Unidos.  En 1997 llega a un acuerdo con la Otan en el que se entrega al mundo occidental. 


—Parecía el final de la historia, como auguró dijo Fukuyama.

—En aquel momento, China era un país despreciable desde el punto de vista económico y con unas carencias brutales. 600 millones de sus habitantes vivía bajo el umbral de la pobreza. Estados Unidos aprovecha para poner 800 bases en casi 60 países y garantizar su propia seguridad. La Otan pasa de 16 países miembros a 30 e ingresar en la Alianza Atlántica tiene muchas ventajas económicas para Estados Unidos porque los países tienen que estandarizar todo su armamento, hasta la última bala de la fusilería, las comunicaciones... en fin.


—¿Cuál es en realidad el papel de la Otan en el mundo actual?

—Es el instrumento geopolítico de Estados Unidos. China, en 20 años, de la noche a la mañana y de manera sorprendente, se convierte en una superpotencia porque la pelea que mantienen es económica y geopolítica. El poder de Estados Unidos unipolar ha desaparecido. China es un rival geopolítico y geoeconómico. Mientras, el PIB de Rusia está entre Italia y España, pero sigue siendo una potencia nuclear y quiere ser respetada. 


—¿Qué importancia tiene Ucrania en todo este juego geopolítico?

—Ucrania se encuentra entre la espada y la pared. En 1991, como parte de la URSS, era la república soviética más rica. Es un país muy interesante, el granero de Europa, uno e los principales exportadores de cereales del mundo. Las tierras negras de Ucrania son las más fértiles del mundo y tiene muchos yacimientos de minerales estratégicos. Sin embargo, a partir de 1991, cuando se independiza de Rusia es depredado por oligarcas nacionalistas que aprovechan para vender todo, incluso grandes industrias de la época soviética. Ucrania es ahora el país más pobre de Europa. Tanto, que no supera los 27 millones de habitantes por la fuga masiva de sus ciudadanos. Han salido más de diez millones de personas porque el país está dominado por oligarcas nacionalistas amparados por Occidente. 


—¿Por qué razón la Otan quiere atraerlo a su zona de influencia?

—Durante muchos años, se ha tratado de atraer a Ucrania a la OTAN con el cebo de Europa, pero siempre ha generado muchos problemas. Piense, por ejemplo, en las revueltas del Maidán de 2013, donde se cometen todo tipo de atrocidades por ambas partes, en las matanzas en Mariupol... Es importante tener en cuenta que Rusia nace en la Rus de Kiev en 1199, o sea que siempre ha sido parte de ellos. El 85% de la población de Ucrania habla ruso. Hay una parte del país que es étnicamente ruso, como Donbass y Crimea, pero hay más.


—¿Podría trazar un esquema de lo que ocurre en esas dos zonas?

—El Donbás, la parte más próxima a Rusia, reivindicó desde siempre más autonomía dentro de un sistema federal, pero a partir de 2014,  Ucrania comienza a atacarles, incluso con fósforo blanco, prohibido por los convenios internacionales. En cuanto a Crimea, hay que tener en cuenta que siempre fue rusa hasta que 1954, Kruchev, que era ucraniano, se la regala a Ucrania. 


—Ucrania siempre fue la más rusa de todas las repúblicas de la URSS.

—Desde luego. Fíjese que todos los secretarios del PCUS fueron ucranianos o de origen ucraniano, menos Stalin.


—En Crimea hubo unas elecciones que no han sido reconocidas por la comunidad internacional...

—Así es. En ese momento, Rusia rompe relaciones con la Otan y comienzan a imponerle sanciones económicas.  El Kremlin la ocupa en febrero de 2014 y hace un referéndum en marzo en el que el 90% vota a favor de anexionarse voluntariamente a Rusia. En Crimea, todo se desencadena porque Moscú necesita tener puertos en mares cálidos. En 1997, Rusia y Ucrania llegan a un acuerdo por el que Moscú se compromete a pagar cien millones de dólares al año por el alquiler de la base. El nivel de Crimea era mucho más alto que el del resto de Ucrania. El paro era la mitad.


—¿Cuál es la situación de Donetsk y Lugansk?

—Al tiempo de la crisis de Crimea, Ucrania cerca la zona de Donbás y Rusia ofrece el pasaporte ruso a todos los que viven en esa parte de Ucrania, con lo que, de facto, se convierte en parte de Rusia.

 

—¿Rusia no quiere una democracia junto a su frontera?

—Eso es totalmente falso. Si vamos a los índices de democracia que publica cada año la Unidad de Inteligencia de The Economist, que divide los países entre democracias plenas, democracias imperfectas, regímenes híbridos y regímenes autoritarios, Ucrania ni siquiera es considerada democracia imperfecta. Aquí, el juego de la guerra de la narrativa nos está presentando Ucrania como si fuera un país maravilloso y no es así en absoluto. No tiene nada más que ver a su presidente, Zelesnki, un humorista que tenía un programa de televisión en el que criticaba la corrupción y que se ha convertido en lo mismo.


—¿Entonces?

—Entonces, llega un momento en el que Rusia dice: hasta aquí hemos llegado porque la Rusia de ahora no es la de Boris Yeltsin. Putin le ha ganado la guerra a Estados Unidos en Siria, que no se nos debe olvidar, y aprovecha un momento de debilidad de Estados Unidos, con una imagen muy deteriorada tras la salida nefasta de Afganistán. Cuando decimos que Estados Unidos busca la democracia en Ucrania, es totalmente falso. El propio Biden dijo que no lo quería en Afganistán, ni en Irak, ni en Libia. Obama no cumplió ni una de sus promesas, ni tampoco lo hará Biden. Lo único que hizo Obama fue promocionar el fraking para convertirse en el primer productor de gas del mundo.


—Al final, todo empieza y termina en el dominio comercial. 

—Es que, lo que no se dice es que Estados Unidos es que no quiere que Rusia nos venda el gas porque quiere vendérnoslo él en forma de gas natural liquado, que es mucho más caro. Lo que pasa que la manipulación es de tal dimensión que es fácil engañarnos. Rusia piensa que está en un momento de fuerza. Quiere que la Otan se comprometa por escrito a no ampliar su  radio de acción, ni a Georgia ni a Ucrania. Pero esto es un clásico: cuando vas a negociar quieres presentarte en una postura de fuerza.


—De ahí los cien mil soldados en la frontera...

—Claro.


—¿Y cuál es el papel de Europa?

—Europa no pinta nada. Se han reunido el ministro de Exteriores ruso —probablemente el diplomático más astuto y con más experiencia del mundo. No olvidemos que aprendió de Andrei Gromiko— y Blinken. ¿Recuerda las caras? Uno, sin dejar de sonreir y el otro, descompuesto. Tratar de meter el dedo en el ojo del oso ruso es un error. Siempre te morderá. Ya decía Luswitch que a Rusia sólo se le vencía fomentando una rebelión interna.


—¿Cómo lo ven los ciudadanos rusos?

—El pueblo ruso es tremendamente nacionalista. A pesar de todo, más del 80% de los rusos, incluso los que viven fuera, apoyan a Putin. Sin embargo, Estados Unidos está muy dividido. ¿Cómo está la situación económica de Estados Unidos? Biden no sabe ya de donde sacar el dinero y tiene una inflación del 7%. Además, la pandemia del coronavirus le afecta muchísimo y sufre una subida del 40% en el precio de los combustibles. No olvide que para los americanos el coche es su vida. Ahora, llegan las elecciones de medio término y los demócratas pueden perderlo todo. La popularidad de Biden está por los suelos y la vicepresidenta, desaparecida. No sería la primera vez que para salvar la cara, Estados Unidos nos mete en una guerra. Ya lo tuvimos con Clinton y el caso Lewinsky.


—¿Entonces ve probable una guerra?

—El gran problema es quién está dispuesto a comprometerse. Para Rusia es fácil hacerlo, siempre lo hace con sus aliados. Nos dicen que si cedemos con Ucrania, mañana Rusia tratará de hacer lo mismo con Finlandia, Suecia o Polonia. Es demencial. Rusia quiere lo que quiere. Tenemos un gran desconocimiento de la geopolítica mundial y por eso se hacen reflexiones disparatadas.


—¿Cederá Estados Unidos?

—Estados Unidos tampoco puede ceder tras el desprestigio de Afganistán... Washington está abandonando a todos sus aliados y esto es algo muy importante porque cuando tú negocias con un país le vendes lealtad. Rusia siempre vende lealtad, pero Estados Unidos te deja atrás cuando la cosa se pone mal. Tenemos el caso de Ben Ali en Túnez, de Mubarak en Egipto, de Ghani, en Afganistán... Si ahora resulta que también deja tirada a Ucrania... Sin embargo, lo que Rusia demostró en Siria es que defiende a sus aliados en la paz y en la guerra y si hace falta mandar tropas, se mandan. Rusia ha experimentado en Siria 200 nuevas armas en un escenario de guerra. 


—¿Soportaría Estados Unidos una guerra?

—Un periódico estadounidense de Bloomberg  publicó una encuesta y los que más dispuestos estaban a ir a la guerra eran los que no sabían situar Ucrania en el mapa. ¿Quién cede? Esa carta que Rusia le ha pedido a Estados Unidos y para la que le ha dado una semana de plazo, le dice que quiere que la haga pública, porque no quieren que les pase como a Gorvachov, que dijo que le habían garantizado que la Otan no se iba  a aumentar una vez que se desmontara el Pacto de Varsovia. Rusia quiere luz y taquígrafos.


—¿Y Ucrania no tiene nada que decir?

—Hablan del derecho soberano de un país a ingresar en donde le de la gana, en este caso en la Otan. Esto te lo venden como un gran mantra. Y yo le pregunto: si mañana México quisiera entrar en la alianza de seguridad de Rusia, la FSPO, la organización del tratado de Seguridad Colectiva, en el que están todos los países de Asia central más Armenia y motivo por el que Rusia acudió a ayudar a Kazagistán, para defenderse de Estados Unidos ¿Estados Unidos lo permitiría? Obviamente, no. ¿Qué pasó en Cuba en 1962? Como estado soberano, tenía todo el derecho a poner misiles nucleares en su territorio, pero Estados Unidos lo impidió. El mundo es mucho más complicado de explicar. Ojalá todos los países pudieran hacer lo que quisieran. 


—¿Hay más claves que se nos escapan?

—Verá. Aquí, lo que no nos han contado es que para que un país ingrese en el Otan tiene que haber unanimidad de todos los integrantes. Ahora mismo, Hungría, Croacia, no quieren. Esto es un club y los clubes deciden si te admiten o no. Además, cuando un nuevo país ingresa en una estructura de seguridad es para aportar más seguridad, no para crear inseguridad e inestabilidad. ¿Y si mañana Rusia manda armamento nuclear a Cuba y a Venezuela? Hay poca gente que sepa que Estados Unidos tiene armamento nuclear en cuatro países europeos: Bélgica, Holanda, Alemania y Turquía y lo que teme Rusia es que eso también pase con Ucrania. Esto es un juego complicado y nos fijamos en los flecos, pero hay que ir a la raíz del problema, cuestiones geopolíticas de primer nivel.


—¿Ha cambiado la relación de Rusia con Estados Unidos tras la victoria de Biden?

—Rusia tiene básicamente dos enemigos: el mundo anglosajón: Estados Unidos, Reino Unido, Australia, Canadá y Nueva Zelanda, lo que se llama los Cinco Ojos, la inteligencia que conforman estos cinco países, y por el otro, todos los que propugnan, alimentan y financian un mundo ultraliberal. Por eso, Donald Trump  y Vladimir Putin se llevaban bien, porque tenían el mismo pensamiento conservador: la vuelta a los valores tradicionales, la familia o la religión. El problema es que muchas de las manifestaciones que leemos de periodistas, analistas o consultores proceden de este mundo ultraliberal. Se mezclan las dos cosas. Por eso dicen que la ultraderecha apoya a Putin.


—¿Qué papel juega China en todo esto?

—En las últimas declaraciones, Xi Jinping dice que está de acuerdo con las reivindicaciones de Rusia, que las entiende, pero no le ha ofrecido un apoyo abierto porque este enfrentamiento le viene muy bien. El mundo es un estado de comparación y cuanto más débiles sean los demás, más fuerte serás tú. Además, China teme que si se posiciona abiertamente junto a Rusia, pierda el mercado europeo o le perjudique a la hora de vender a Europa. Las declaraciones son ambiguas y luego, está el rumor, completamente falso, de que Putin quiere hacer era hacer coincidir la guerra con los juegos olímpicos. Hay desinformación por ambas partes porque es parte de la narrativa, pero Rusia tiene menos capacidad para transmitir su relato. Aquí se emite RT en español, pero no lo ve ni siquiera un 0,05%. Vivimos de las noticias que nos llegan del mundo anglosajón. Antes de que comiencen las hostilidades, llega el momento de demonizar a tu contrincante para convencer a la población de la necesidad de atacarle para que sea la población la que quiera atacar. Pasó con Sadam Hussein, al que se dio la Legión de Honor de Francia. No era un santo, pero se le demonizó. Lo mismo pasó con Gadaffi. 


—Rusia trabaja también con la desinformación y la propaganda. Ahí están las acusaciones del 1-O catalán.

—Hay tres montajes: Rusia participó activamente en la elección de Trump, en el Brexit y en el referéndum catalán. En ninguna de las tres se ha podido demostrar nada. Cierto es que la primera no sería extraña porque hay que recordar que Putin y Hillary Clinton se llevaban fatal. Clinton odiaba a Putin y quería establecer una zona de exclusión aérea en Siria, lo que de facto supone una guerra con Rusia. Pero es que ese choque, no sólo es geopolítico sino ideológico. Afortunadamente ganó Trump porque durante cuatro años hubo estabilidad y seguridad, cosa que se acabó al llegar Biden.


—¿Y el Brexit?

—El Reino Unido no quería la llegada masiva de inmigrantes y estaba cansado de la hiperburocracia lenta de la UE. Lo que quería era hacer lo que ha hecho siempre: seguir manipulando el continente desde fuera. Seguirá pactando de manera bilateral con los países que le interesen.


—Es uno de los países más beligerantes en la crisis de Ucrania.

—Es que, el Reino Unido ha creado una relación con Ucrania y con Polonia porque se considera el garante del equilibrio del poder en Europa desde hace siglos. Recordemos que pagaba a los rebeldes holandeses para luchar contra España en los Tercios de Flandes. Lo hizo frente a Napoleón y en las dos guerras para que no hubiera ningún poder que dominara el continente.


—¿Y en Cataluña?

—A pesar de toda la información ultraliberal que ha habido en este sentido, pagada para que fabriquen estas noticias, no se ha demostrado nada. ¿Que pasó por allí algún espía ruso? Claro, porque Cataluña es muy interesante para muchos países. Es el ejemplo de lo que puede pasar en el norte del Cáucaso. Es parte del montaje. Rusia no es una hermanita de la caridad, claro. Yo, cuando hablo, digo que no nos dejemos arrastrar a una guerra en Europa por intereses anglosajones principalmente. El problema es que en Europa seguimos encadenados a los intereses económicos y militares de Estados Unidos. Esa es la realidad desde la SGM. Lo que tenemos que pensar es en los intereses españoles.


—Intereses que perdemos frente a Marruecos.

—Nuestro problema es que somos muy generosos, incluso Quijotes en el ámbito internacional. Somos el único país que ha participado en todas las misiones europeas, el único, y sin pedir nada a cambio. Nos pasa como en las relaciones bilaterales, que tendríamos que ser más exigentes. Además, no tenemos una política internacional clara que se mantenga en el tiempo. Por contra,  no tenemos más enemigos en el mundo que aquellos que nos crean y, muchas veces por ingenuidad, y somos bien recibidos en cualquier sitio. Con Marruecos lo tenemos complicado porque ha conseguido apoyos diplomáticos de los que nosotros carecemos. Ahora mismo le apoyan China, Estados Unidos, Israel, Francia, Inglaterra, y Alemania, que finalmente ha cedido y nosotros tendremos que reconocer el Sáhara occidental como suyo. Eso es muy preocupante. Marruecos tiene una influencia cada vez mayor en muchos países africanos y va a convertir el Sáhara en un vergel, lo que nos va a perjudicar muchísimo a todos los niveles., en la agricultura, servicio logístico a buques, en turismo... Ya hay una docena de países interesados en invertir en el Sáhara.. Han sido más astutos que nosotros. No hay nada más canalla que el mundo internacional. Es puro interés egoísta y lo demás no importa. Lo que tenemos que entender es que debemos defender nuestros intereses.