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viernes, 7 de marzo de 2025

CÓMO LA CIA USÓ “1984″ Y TEXTOS DE HANNAH ARENDT Y ALBERT CAMUS PARA DEBILITAR A LA UNIÓN SOVIÉTICA

Infobae, 05/03/2025


“The CIA Book Club” de Charlie English revela cómo la agencia estadounidense financió el contrabando de libros prohibidos hacia el bloque comunista, una operación secreta en plena Guerra Fría

En plena Guerra Fría, la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA, por sus siglas en inglés) desplegó un arma inesperada contra los regímenes comunistas: los libros. Durante 35 años, la CIA financió y organizó el contrabando de literatura prohibida en los países del bloque soviético, con el objetivo de minar la hegemonía ideológica del socialismo. Entre las obras que cruzaron clandestinamente la Cortina de Hierro se encontraban 1984 de George Orwell, ensayos de Hannah Arendt y Albert Camus, y copias del Manchester Guardian Weekly. La operación, que costaba entre dos y cuatro millones de dólares anuales, se convirtió en una de las estrategias de propaganda más efectivas de la época, al punto de ser considerada un factor que contribuyó al colapso de varios regímenes de Europa del Este.

Charlie English, en su libro The CIA Book Club: The Best-Kept Secret of the Cold War (El Club de Lectura de la CIA: El secreto mejor guardado de la Guerra Fría), reconstruye esta red secreta de distribución literaria y su impacto en la resistencia polaca contra el comunismo. Su investigación detalla cómo los envíos de libros y material de impresión ayudaron a Solidarnosc, el movimiento sindical y opositor que desafió el dominio soviético en Polonia.

Leer los libros, lejos de ser un acto de disidencia intelectual, se convirtieron en herramientas de lucha política. “Después de leer, tu columna vertebral se enderezaba”, dijo Adam Michnik, uno de los líderes del movimiento, quien pasó buena parte de los años 80 en prisión por su activismo.

Un contrabando literario sofisticado

El tráfico de libros impulsado por la CIA adoptó múltiples métodos para burlar los controles comunistas. Los ejemplares eran ocultados en valijas de turistas, lanzados en globos aerostáticos o escondidos en compartimentos secretos de camiones. Incluso un pañal de bebé sirvió para ingresar clandestinamente Archipiélago Gulag, la obra de Aleksandr Solzhenitsyn que denunciaba el sistema de prisiones soviético.

Uno de los episodios más reveladores ocurrió en marzo de 1984, cuando la aduana polaca detuvo un camión que había llegado en un ferry nocturno desde Copenhague hasta el puerto de Świnoujście. Al inspeccionarlo, los oficiales descubrieron que su interior era más pequeño de lo que parecía. Rompieron una pared falsa y encontraron 800 libros, imprentas clandestinas y transmisores de radio. “¡Mierda! ¡Propaganda reaccionaria!”, exclamó uno de los agentes al ver el contenido.

El destinatario de ese cargamento era Solidarnosc, el movimiento que había sido proscrito por el general Wojciech Jaruzelski en 1981. La represión del gobierno polaco no impidió que la organización continuara operando en la clandestinidad, apoyada por una red de editores, periodistas y activistas que se jugaron la vida para mantener viva la circulación de ideas prohibidas.

Solidarnosc y la lucha por la palabra escrita

El editor polaco Mirosław Chojecki, a quien English describe como “el ministro de contrabando de Solidarnosc”, fue una de las figuras clave en la red de distribución de libros. Detenido más de 40 veces por la policía secreta, logró escapar a Francia en 1981, desde donde continuó editando material para el movimiento. Organizó rutas de contrabando desde Estocolmo, París y Turín para abastecer a la oposición polaca con literatura crítica del régimen.

Cuando en 1980 estallaron las huelgas en el astillero Lenin de Gdańsk, las autoridades cortaron las líneas telefónicas para aislar a los trabajadores. Chojecki, desde la clandestinidad, publicó boletines informativos que permitieron coordinar la protesta. El gobierno cedió y reconoció legalmente a Solidarnosc. Sin embargo, la presión de Moscú forzó a Jaruzelski a decretar la ley marcial en diciembre de 1981. Miles de dirigentes opositores fueron encarcelados, pero la red de distribución de libros siguió funcionando.

El proyecto tenía un nombre en clave: QRHELPFUL. Los registros oficiales de la CIA sobre esta operación aún permanecen clasificados, pero algunas figuras políticas de la época expresaron su respaldo. El expresidente Jimmy Carter y su asesor de seguridad nacional, Zbigniew Brzezinski, de origen polaco, apoyaron el esfuerzo clandestino.

El impacto de la circulación de ideas fue profundo. Los lectores clandestinos de Orwell y Camus comenzaron a cuestionar las narrativas oficiales de sus gobiernos. Los libros no solo informaban, sino que generaban un sentido de pertenencia a una tradición intelectual más amplia, reforzando la idea de que la disidencia no era un acto aislado, sino parte de una lucha global por los derechos humanos y la libertad.

El fin de una era

Para mediados de los años 80, la situación en Europa del Este comenzó a cambiar. A pesar de la represión, Solidarnosc sobrevivió y en 1989 logró negociar elecciones libres en Polonia, lo que marcó el inicio del fin del régimen comunista. Lo que había comenzado como una operación de contrabando literario se convirtió en un factor que contribuyó a la caída de los regímenes de Rumania, Bulgaria, Checoslovaquia y Hungría.

English, en The CIA Book Club, ofrece una visión fascinante de este episodio poco conocido de la Guerra Fría. Sin embargo, deja algunas preguntas sin respuesta. ¿Quién decidió incluir ciertos libros en la lista de títulos a distribuir? ¿Cómo reaccionaban los lectores clandestinos al encontrarse con una novela de Virginia Woolf o un policial de Agatha Christie?

Más allá de estos interrogantes, la historia es clara en un punto: en una época de censura y represión, los libros fueron más que simples objetos de papel y tinta. Fueron armas silenciosas que ayudaron a cambiar el curso de la historia. 

miércoles, 26 de julio de 2023

LA DESPENALIZACIÓN DE LA HOMOSEXUALIDAD EN LA URSS: UN HITO EN LA HISTORIA DE LA LIBERACIÓN SEXUAL

Rodrigo López

Pablo Herón

La izquierda Diario, 09/06/2017

[De esto no nos hablarán nunca en "la Secta" o en "El Diario.Soros"]



La Unión Soviética fue el primer país que cumplió con el principal clamor de los osados activistas homosexuales a inicios del siglo XX, la despenalización de la sodomía.

A inicios de siglo XX en la mayoría de los países la homosexualidad era considerada, un acto inmoral o directamente un acto penable. Los primeros activistas del siglo XIX, surgen al calor la lucha por la despenalización de su sexualidad.

En la historia rusa fueron muchos los momentos en los que se intentó instalar el mito de una nación heterosexual y masculina, mito fundante que es común a casi todos los Estados nacionales modernos. En Rusia se combinaba con la idea de que la homosexualidad vendría a ser un producto “importado” de Europa Occidental. Argumentos similares se escucharon en los últimos años a propósito de las leyes antihomosexuales de Putin, pero que también fueron formulados en las campañas del estalinismo contra la “sodomía” en la década del ´30.

Fueron los bolcheviques en los ’20 los primeros en el mundo en cumplir con el principal clamor de los osados activistas de la época, sacando del Código Penal el “pecado” de la sodomía

La historia de la persecución contra los homosexuales en la década del ’30 en la Unión Soviética opacó un hecho histórico de magnitud: fueron los bolcheviques en los ’20 los primeros en el mundo en cumplir con el principal clamor de los osados activistas de la época, sacando del Código Penal el “pecado” de la sodomía, convirtiéndose en un ejemplo mundial para las incipientes organizaciones de gays y lesbianas que reclamaban por su derecho a vivir su sexualidad.

Antes de la revolución

Muy por el contrario de la idea de una Rusia heterosexual y masculina, la homosexualidad estaba mucho más extendida de lo que se quiso reconocer. Hacia finales del siglo XIX se puede constatar la existencia de una subcultura homosexual rusa en las principales ciudades del Imperio Zarista. Fueron Moscú y Petrogrado el escenario donde se desplegó gran parte de este proceso.

La emancipación de los siervos en 1861 y la industrialización de las décadas del ’80 y ’90, condujeron a que gran número de campesinos migren a las ciudades. Sin lazos familiares constituidos o debilitados por la distancia, pasaban a formar parte de un ambiente donde las normas sociales y morales eran menos rígidas que en las aldeas. Así empiezan definirse los límites de una comunidad homosexual, con códigos y espacios propios. Baños de encuentro, avenidas y bulevares frecuentados por homosexuales, clubes de poesía y hasta diarios íntimos de la nobleza zarista, fueron quedando en los registros que permiten reconstruir esta historia.

La sodomía fue prohibida formalmente por el Código Penal en 1835, pero en contraste con el incremento de la vigilancia policial hacia el sexo entre hombres que se dio en Francia, Inglaterra y Alemania durante el siglo XIX, el sistema judicial zarista no llevó adelante una persecución sistemática a “pederastas” o “sodomitas”. Hasta 1905 una gran parte de los juicios llevados adelante eran iniciados por denuncias de civiles y no eran el resultado de la investigación policial. Las preocupaciones de la policía estaban dirigidas al mantenimiento del orden y la decencia pública.

Con este escenario heredado del siglo pasado, la revolución ocurrida en 1905 dio pie a una mayor libertad de expresión sobre todo en el terreno de la cultura y la literatura. Si bien no surgen organizaciones en defensa de los derechos de homosexuales, aparecen figuras de estos ámbitos que reclaman contra la penalización.

La conquista de la despenalización

En la discusión del borrador del Código Penal aprobado en 1903 bajo el orden zarista, se conocen debates encabezados por liberales que tendían a exigir la despenalización de la sodomía bajo el argumento del derecho a la privacidad y la autonomía personal. Aun así, se mantuvo como un delito. No es hasta la revolución bolchevique que en 1918, a través de la liquidación del viejo Código Penal, excluye de hecho las penas de los actos de “sodomía” consentidos entre adultos. La medida se confirma en mayo de 1922 con la entrada en vigencia del nuevo Código Penal Soviético.

El hecho implicó un hito, fueron los bolcheviques quienes llevaron adelante la principal demanda por la que pugnaban los activistas más audaces y reconocidos para aquel entonces. Desde Berlín, Magnus Hirschfield era una de sus caras más visibles que ya en 1898 había solicitado la despenalización de la homosexualidad al parlamento alemán de la mano del bloque de la socialdemocracia. En esta exigencia también se encontraban sus predecesores como Karl Heinrich Ulrichs o Karl-María Kertbeny. El primero es reconocido por haber dado un discurso, un 29 de agosto de 1867, admitiendo su homosexualidad frente al Congreso de Juristas Alemanes en Múnich, protestando contra el artículo 143 del código penal prusiano. El segundo, también condenaba enérgicamente la penalización en sus escritos literarios y fue el primero en utilizar la palabra “homosexual” para describir a quienes practicaban relaciones sexuales con alguien de su mismo sexo. Término que posteriormente en 1886 es utilizado en el primer libro psiquiátrico dedicado enteramente las perversiones sexuales y que logró popularidad en la época, Psychopathia Sexualis.

La importancia de este hecho no solo radica en se conquistó la principal demanda de la época, sino también que en comparación al occidente la URSS se adelantó medio siglo. Recién en los 70’, con Stonewall como puntapié y el nacimiento del movimiento de liberación sexual signado por una juventud que a nivel internacional abrazaba las ideas de la revolución socialista, se conquista la despenalización en importantes países como Alemania Oriental en 1968, Holanda en 1971, España en 1978 y Francia en 1982.

Contradicciones de época

En la génesis de este acontecimiento se encuentra la propia realidad rusa de ese momento y el rol del partido bolchevique, que llevado al poder con el apoyo de los soviets tomó esa decisión en un momento atravesado por la primera posguerra, una gran crisis económica y la guerra civil llevada adelante por las potencias imperialistas que pretendían aplastar a la URSS.

Aun así, la realidad de las personas homosexuales continuó siendo sumamente hostil. Dos grandes lineamientos se sostuvieron durante la década del 20’ para abordar las disputas que surgieron alrededor de la cuestión. Una tenía raíz en la postura que justificó la despenalización, que recogía sus frutos de una larga tradición revolucionaria de liberación y emancipación, basada en la crítica feroz al rol de instituciones reaccionarias como la Iglesia. La segunda, se apoyaba en el peso de la moral conservadora, una idea de la sexualidad en clave reproductivista y en los desarrollos de la psiquiatría, que ubicaban a los homosexuales como elementos dañinos de la sociedad y a la homosexualidad como una psicopatología. Una visión que era generalizada, y que dio paso a que aun siendo ilegal persista la persecución y enjuiciamiento a homosexuales en los 20’.

La contradicción de la época, radicaba en que las exigencias de los homosexuales, lejos estaban de ser una problemática que llegara a un sector de masas, y mucho más aun, lejos estuvieron de ser el puntapié para que surja un movimiento real que pelease por esas demandas.

Enmarcados en la primer visión, hay ejemplos como el de Alexandra Kollontai, parte del Comité Central del Partido Bolchevique, que estando al mando del Comisariado del Pueblo para la Asistencia Pública en la década del 20’ se asoció con la Liga Mundial por la Reforma Sexual, con base en Berlín y encabezada por Magnus Hirschfeld, que la vincularía con las campañas por la emancipación homosexual en Europa Occidental. También estuvieron los esfuerzos realizados por sectores del Comisariado de la Salud, como el higienista social Grigorri Batki, quien a su vez presidía el Instituto de Higiene Social de Moscú, que sostenía: “La legislación soviética declara la absoluta no interferencia del Estado y la sociedad en las cuestiones sexuales”. Desde aquí también se vincularon con Hirschfeld en Berlín y tradujeron al ruso trabajos del alemán.


La contradicción de la época radicaba en que las exigencias de los homosexuales lejos estaban de ser una problemática que llegara a un sector de masas, y mucho más aun, lejos estuvieron de ser el puntapié para que surja un movimiento real que pelease por esas demandas. Una realidad que se complementaba con la falta tanto de conocimiento, desarrollos científicos y teóricos en el área de la sexualidad. En ese sentido, la cuestión distaba años luz del movimiento de mujeres que para ese momento tenía en su haber profundas batallas dadas con organización mediante durante el siglo XIX e inicios del XX, una política que a su vez era una oficial dentro del Partido Bolchevique.

Más adelante la contrarrevolución llevada adelante por Stalin, opuesta por el vértice a los primeros años de la URSS con Lenin y Trotsky a la cabeza, implicaría que en mayo de 1934 fuese aprobada una nueva ley que penaba la homosexualidad masculina. Así comenzó una campaña por identificar a los homosexuales como elementos “desclasados” y retóricamente se los vinculó como agentes importados por los “fascismos” de Europa Occidental, en particular Alemania. Una política criticada por figuras como Wilhelm Reich, expulsado de la sección alemana del Partido Comunista a raíz del giro en su política a partir de los 30’, que en su artículo “La Revolución Sexual” señaló a la legislación soviética como la más progresiva de la época y crítico furibundamente el retroceso conducido por el estalinismo.

“Por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres"

La despenalización de la homosexualidad en la Revolución Rusa, fue una de las tantas medidas que impartió la Unión Soviética en su camino hacia la emancipación de la humanidad de la esclavitud asalariada y cualquier tipo de opresión. En un mundo donde el capitalismo continúa usufructuando de la discriminación por orientación sexual e identidad de género para fortalecer el poder represivo de sus gobiernos y dividir a los explotados y oprimidos, así como sus luchas, es necesario retomar esta experiencia. Cuando el sistema sostiene estos valores morales buscando subyugar a la mayor parte de la sociedad en función a las ganancias de unos pocos, se vuelve imperioso levantar las banderas de una perspectiva de lucha por la libertad sexual indisolublemente ligada a la pelea revolucionaria por erradicar las cadenas de la explotación.

miércoles, 8 de marzo de 2023

VLADÍMIR ILICH LENIN: FEMINISTA DEL SIGLO XX

Oleg Yasinsky

RT, 07/03/2023

Se acerca el 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, y me acuerdo de una caricatura en una revista latinoamericana. Estaba una mujer elegante arreglándose las uñas y le grita a su empleada doméstica: "¡María!, tráeme el abrigo, me estoy atrasando para la marcha feminista".

La marea feminista del mundo occidental, a través de la mayoría de sus voceros, nos habla de "lo revolucionario" de su movimiento y del "nuevo paradigma" que transciende las diferencias culturales y sociales de "estas generaciones". Incluso algunos se han apresurado a decir que es la "única revolución verdadera" del último siglo. Pero ante cualquier duda (sin ser ni siquiera una crítica), algún cuestionamiento o pregunta imprudente, de inmediato se repelen con acusaciones y las condenas más duras. Lo más suave que dirán es que estas críticas provienen de los conservadores, defensores del patriarcado y del machismo cavernícola. Así uno fácilmente cae en la peor paranoia y empieza a pensar que la desaparición de las redes sociales de aquella caricatura recién descrita, no es resultado de mi simple incapacidad de encontrarla, sino parte de un plan conspiratorio (uno más de tantos ya comprobados).

Antes de seguir, quiero aclarar que en gran parte del mundo sigue existiendo una brutal discriminación hacia las mujeres. También hay muchas otras: la de los pueblos originarios, la de los jóvenes y la de los ancianos, la de las minorías sexuales, etc. Y claro que la lucha contra estas discriminaciones y todo tipo de desigualdades e injusticias es justa, necesaria y merece todo nuestro apoyo.

¿Pero qué pasa cuando las justas luchas son secuestradas, tergiversadas, recicladas y difundidas por el poder, desactivando su parte más revolucionaria y haciéndolas útiles para el sistema con el objetivo de desviarnos hacia el lado que a este le conviene?

La causa actual de las relaciones económicas y culturales basadas en la discriminación y desigualdad, no es un abstracto "patriarcado" o "machismo", como suele presentarse el problema, sino el sistema capitalista neoliberal.

La conocida feminista y filósofa estadounidense Nancy Fraser en su artículo del 14 de octubre de 2013, publicado en The Guardian, bajo el título 'De cómo cierto feminismo se convirtió en criada del capitalismo y la manera de rectificarlo', definió este problema así: "Para mí, el feminismo no es simplemente un asunto de poner a un puñado de mujeres individuales en puestos de poder y privilegio dentro de la actual jerarquía social. Es ir más allá y superar estas jerarquías. Esto requiere desafiar las fuentes estructurales de la dominación de género en la sociedad capitalista, sobre todo, la institucionalización de supuestamente dos tipos de trabajo: por un lado, aquel llamado 'trabajo productivo', históricamente asociado con los hombres y remunerado a través de salarios y por el otro lado, 'las actividades de cuidar', habitualmente no remuneradas y aún ejecutadas principalmente por mujeres... No puede haber emancipación de la mujer mientras estas estructuras se mantengan intactas".

Estas lúcidas y valientes palabras nos hacen retroceder en la historia hacia otro momento de esta misma lucha. Varias personas que hoy se llaman 'feministas' se sorprenderían mucho si se enteraran que sus justas exigencias de hoy, se hicieron realidad, y con creces, hace un siglo en la lejana Rusia.

Los primeros decretos de la Revolución socialista rusa fueron sobre el matrimonio civil y el divorcio, aparte de reducir la jornada laboral a 8 horas. Se prohibió el trabajo nocturno de mujeres y varones menores de 16 años, el trabajo subterráneo de mujeres y de adolescentes de ambos sexos menores de 18 años y las horas extras laborales para todas las mujeres y varones menores de 18 años. En diciembre de 1918 se dictó una ley, garantizando que las trabajadoras tenían derecho a una licencia por maternidad de 112 días, 8 semanas antes y 8 semanas después del parto, percibiendo su salario completo, y aparte de eso, una garantía que a toda trabajadora madre de un hijo lactante se le debía otorgar cada 3 horas un reposo de 30 minutos para amamantar a su bebé. Además, para todo el periodo de lactancia a cada trabajadora se le otorgaba un subsidio adicional mensual durante todo el período de lactancia, y también después de haber dado a luz se le entregaba una subvención especial equivalente al salario de una quincena, para la ropa y otros gastos del bebé. Hace exactamente 100 años, en 1923, la Unión Soviética fue el primer Estado en la historia que aprobó una legislación contra el acoso sexual de las mujeres: conllevaba una pena de encarcelamiento de hasta 5 años para quien, aprovechándose de la dependencia material o profesional de esta, la obligara o presionara a satisfacer sus deseos sexuales.

El 6 de noviembre de 1919 en su artículo 'El poder soviético y la posición de la mujer', Lenin escribió, "…La posición de la mujer pone en evidencia del modo más palpable la diferencia entre la democracia burguesa y la democracia socialista, y da una excelente respuesta al problema planteado… la mujer jamás ha tenido derechos completamente iguales a los de los hombres, en ningún lugar del mundo, en ninguno de los países más avanzados. Y ello, a pesar de que han trascurrido más de 125 años desde la gran Revolución (democraticoburguesa) francesa... La democracia burguesa es la democracia de las frases pomposas, de las palabras solemnes, de las promesas liberales, de las consignas grandilocuentes sobre libertad e igualdad, pero en la práctica, todo esto oculta la falta de libertad y la desigualdad de la mujer, la falta de libertad y la desigualdad de los trabajadores y explotados… No puede existir, no existe, ni existirá jamás 'igualdad' entre opresores y oprimidos, entre explotadores y explotados. No puede existir, no existe, ni existirá jamás verdadera 'libertad' mientras las mujeres se hallen trabadas por los privilegios legales de los hombres, mientras los obreros no se liberen del yugo del capital, mientras los campesinos trabajadores no se liberen del yugo del capitalista, del terrateniente y del comerciante". Y el 8 de marzo de 1921 escribió en el Pravda: "…Porque, bajo el capitalismo, la mitad femenina del género humano está doblemente oprimida... La obrera y la campesina son oprimidas por el capital, y, además, incluso en las repúblicas burguesas más democráticas no tienen plenitud de derechos, ya que la ley les niega la igualdad con el hombre. Esto, en primer lugar, y, en segundo lugar, lo más importante, permanecen en la 'esclavitud casera', son 'esclavas del hogar', viven agobiadas por la labor más mezquina, más ingrata, más dura y más embrutecedora: la de la cocina y, en general, la de la economía doméstica familiar individual".

La revolución bolchevique soviética corta las raíces de la opresión y de la desigualdad de la mujer tan profundamente como no osó cortarlas jamás un solo partido ni una sola revolución en el mundo... Esto constituye tan solo el primer paso hacia la emancipación de la mujer... Pero ninguna república burguesa, aún la más democrática, se atrevió jamás a dar ni siquiera este primer paso. No se atrevió por temor ante la sacrosanta "propiedad privada".

En la prensa feminista actual, las pocas menciones de la Revolución bolchevique y de Lenin, suelen estar enmarcadas en el cliché anticomunista acostumbrado, rodeado de chismes sobre el machismo ruso, la brutalidad obrera y la ignorancia campesina, desconociendo completamente la historia de antes y de después de la Revolución de Octubre, mucho más la idiosincrasia del pueblo ruso. De otra forma, cómo se explica que en la Unión Soviética de principios del siglo XX, las mujeres tuvieran más derechos y más educación que en cualquier país del primer mundo de entonces; que la primera mujer en el espacio haya sido la soviética obrera textil Valentina Tereshkova; que hasta el día de hoy, en Rusia existan leyes que protegen la maternidad, a la mujer trabajadora, mucho más que en cualquier sociedad occidental actual; que las relaciones de respeto mutuo entre hombres y mujeres, sean parte de la cultura soviética arraigada, mantenidas aún décadas después de la desaparición de la URSS.

Esa caricatura que pinta una parte del feminismo occidental, con la imagen del macho opresor o de bestia patriarcal, parece ser más de un guion para una película de la guerra de los sexos, que una comprensión de que los modelos de nuestra conducta son condicionados por las relaciones de producción y el contexto histórico.

Si miramos nuestro pasado entenderemos que la liberación de la mujer es inseparable del proceso de liberación de la humanidad, que es imposible sin un cambio profundo del modelo económico-social que nos divide y manipula.

¡Feliz 8 de marzo, queridas lectoras!

sábado, 3 de septiembre de 2022

MUERTE DEL LIQUIDADOR GORBACHOV

Georges Gastaud

Investig'action, 31/08/2022 



Mijail Gorbachov murió el martes en Rusia a la edad de 91 años. Autor del "Nuevo desafío leninista", Georges Gastaud vuelve sobre la muerte del último líder soviético. En Occidente, muchos saludan el humanismo y la valentía del hombre que había intentado democratizar la URSS y que había puesto fin a la guerra fría. Lo que también le había valido el Premio Nobel de la Paz en 1990. Pero para Georges Gastaud, no podemos prescindir de un repaso a las grandes reformas emprendidas por Gorbachov. Treinta años después, está claro que el capitalismo ha ganado en toda la línea y que la guerra fría se ha vuelto caliente. “¡Más que nunca, lucha por el socialismo y la paz mundial bajo la bandera proletaria del marxismo-leninismo! », llama a Gastaud. (IGA)

La muerte de cualquier ser humano nos recuerda a todos la tragedia de nuestra condición, y desde este aspecto, la desaparición de MS Gorbachov nos recuerda esta triste verdad.

Sin embargo, como militantes del comunismo, la paz, la solidaridad antiimperialista, la soberanía de los pueblos y el progreso social, dejaremos que la gran, mediana y pequeña burguesía, la socialdemocracia contrarrevolucionaria, los seudosindicalistas subyugados a la UE, los La "izquierda" subyugada a la OTAN y todos los falsos revolucionarios del mundo entero pretenden enlutar a este pobre personaje: la historia dirá quién merece prevalecer, en la siniestra herencia política de Gorbachov, su felonía desinhibida o su desmesura sin límites, si no... ambas. al mismo tiempo.

Ciertamente no estamos entre los que consideran que todo iba bien en la URSS y en el campo socialista antes de que la camarilla liquidadora de "Gorby", Shevarnadze y otros Yakovlev tomaran el control en Moscú. Desgraciadamente, los fenómenos negativos se venían desarrollando desde hacía mucho tiempo en la URSS y, en muchos puntos, la aplicación de los principios del socialismo y del leninismo que habían permitido a la URSS derrotar a Hitler y convertirse en la segunda potencia industrial y científica del mundo, dejaba mucho que desear. Queda el hecho de que, mientras ondeaba sobre el Kremlin la bandera roja estampada con los emblemas obrero y campesino, los soviéticos vivieron sin miedo al desempleo, a la miseria y al mañana, el capitalismo-imperialismo mundial estaba atemorizado, los pueblos en lucha, desde Vietnam a Angola recibieron apoyo fraterno, el equilibrio de poder entre Capital y Trabajo, entre fascismo y antifascismo permitió a los trabajadores occidentales disfrutar de importantes logros, los derechos de las mujeres avanzaron poco a poco en el mundo, Francia aún no se había convertido por completo en la alfombra de Berlín y Washington. En cuanto a la esperanza de un mundo nuevo libre de explotación, inspiró la acción de millones de hombres y mujeres en todo el mundo.

Sin embargo, bajo el pretexto de "privilegiar los valores universales de la humanidad sobre los intereses de clase del proletariado" (tal era el llamado "nuevo pensamiento político" de Gorbachov, esta forma acabada del revisionismo moderno), Gorbachov y su camarilla capitularon en campaña abierta por todos los terrenos, no sólo militar, sino político e ideológico, ante el chantaje anticomunista y criminal de exterminio de la humanidad de Reagan, Thatcher y Kohl, cobardemente seguidos en este camino de muerte por los socialimperialistas Mitterrand. Es este chantaje sin precedentes expresado por la horrible consigna de la reacción internacional "¡Mejor muertos que rojos!", un chantaje que Nixon resumió cínicamente así: “los líderes rusos deben saber que tendrán la guerra si no cambian su sistema comunista”. Y fue en 1984 cuando culminó, por iniciativa de los líderes euroatlantistas, la crisis de los euromisiles: consistió en poner a Moscú a 5 minutos de los disparos de los Pershing II colocados por Washington en Alemania, Holanda e Italia. Yuri Andropov y Konstantin Chernenko, los últimos líderes comunistas de la URSS y el PCUS, todavía tomaron fuertes represalias contra este chantaje consistente en tomar a la humanidad como rehén nuclear en un intento de destruir el socialismo existente y consolidar la hegemonía estadounidense que había hecho temblar la histórica victoria de Vietnam menos de diez años antes…

Explotando este clima global explosivo para dejar de lado a sus rivales y obtener altas responsabilidades en Moscú, el clan Gorbachov, ¡que desde entonces ha exhibido su determinación no reconocida y desde hace tiempo de destruir el sistema socialista! – cedió en toda su línea a las demandas americanas de la época al pretender cambiar las relaciones socialistas de producción heredadas de octubre de 1917 por la “convergencia” Este-Oeste. Ahora bien, este trueque del tipo neo-Munich sólo puede ser un enorme engaño, tanto el capitalismo es sinónimo de guerra, ya que el imperialismo contemporáneo es más fascista y porque, en una palabra, la causa del socialismo-comunismo es inseparable de la de la paz y la emancipación humana. Luego vimos a Gorbachov y Bush padre reunirse en un barco de guerra frente a soviéticos y de los pueblos del mundo, el abyecto pacto contrarrevolucionario que, a cambio de quién sabe qué arreglos entre los halcones norteamericanos y los dirigentes de la futura Rusia antibolchevique, pasó por la traición a los comunistas de la RDA, por el desmantelamiento unilateral del Tratado de Varsovia, por el abandono de los países socialistas europeos a la UE desafiando los enormes sacrificios hechos por el Ejército Rojo, por un golpe de estado coorganizado en Bucarest por el CIA y KGB, por el abierto abandono del leninismo al congreso final de un PCUS totalmente dividido, desmoralizado y desorientado. Cómo no mencionar los siniestros Acuerdos de Munich (1938) donde ya, los líderes capitalistas franceses e ingleses habían afirmado "apaciguar" a Hitler cediendo ante él en todos los terrenos y de donde habían dibujado el deslumbrante apóstrofe de Churchill: "Tuviste que elegir entre la guerra y la deshonra, has elegido la deshonra y tendrás ¡la guerra! ¡la guerra!" …Quién no ve hoy, como ya decíamos en su momento, que la Rusia “poscomunista” legada por Gorbachov y por su enemigo hermano Yeltsin no trocó socialismo por paz: al contrario la vergonzosa contrarrevolución regateadora acordada por Gorbachov no ha hecho más que aumentar el peligro de guerra imperialista contra el pueblo ruso y todos los pueblos! 

No contento con ceder ante los capitalistas sin ningún quid pro quo geopolítico serio (a cambio de vender la RDA socialista a la RFA capitalista, Gorbachov ni siquiera le exigió a Bush que la reiterada promesa verbal de los estadounidenses de no extender la OTAN al Este de la RFA "unificada" está escrita en un tratado en buena y debida forma: ¡vemos el resultado hoy!), Gorbachov nunca dejó de confundir a los trabajadores de la URSS y del mundo entero. ¿No presentó como "reaccionarios" a los que, en el PCUS, querían salvar el socialismo, y como líder de la "izquierda progresista" al borracho thatcherista Yeltsin que quería repartir la URSS, separar a los rusos de los demás pueblos de la URSS, restaurar completamente el capitalismo, prohibir el PCUS (en nombre del anti-totalitarismo y el "pluralismo",

“Reconocéis el árbol por sus frutos” está escrito, de forma muy materialista, en los Evangelios. Pues bien, los frutos de la hipertraición de Gorbachov y de la contrarrevolución mundial provocada por la llamada perestroika, los vemos hoy donde el gran capital impone su lógica a un número muy grande de países, donde el culto a todos- Las ganancias dan como resultado perturbaciones ambientales aterradoras, donde el pueblo ruso está más amenazado que nunca por la OTAN, donde la UE se transforma en un imperio supranacional que pisotea los derechos sociales y empuja a la conflagración este-oeste, donde los derechos de las mujeres son amenazados desde los Estados Unidos hasta estados bajo la dictadura fundamentalista (empezando por este Afganistán que Gorbachov abandonó a los talibanes y sus patrocinadores de la CIA), donde pueblos enteros (Palestina, Irak, Libia, Siria, Sudán, Venezuela…) son literalmente torturados o sitiados, donde la UE criminaliza a los partidos comunistas de Europa del este mientras se alía con el régimen pro-nazi en Kiev. Y donde la socialdemocracia europea, después de haber ayudado al imperialismo a derrotar la revolución, se convierte casi en todas partes en el secuaz de las contrarreformas y del exceso de armamento de la OTAN: en resumen, el balance histórico del gorbachovismo es la "reacción en toda la línea", como hubiera dicho Lenin... 

Afortunadamente, treinta años después de esta inigualable traición (¡porque hasta Judas Iscariote se supone que se ahorcó después de haber entregado a su Maestro, mientras que Gorbachov, hiperdespreciado por el 95% de los rusos, se ha convertido en una estrella occidental!), el capitalismo-imperialismo-hegemonismo es mucho menos triunfante que en 1991. Frente a él están los BRICS, estos grandes estados con diversas orientaciones que ya no soportan la hegemonía del Tío Sam, su moneda mono global y su Armada devastadora. Inmensas huelgas vuelven a sacudir al mundo, desde India, donde bosques de banderas rojas invaden periódicamente Delhi, hasta Gran Bretaña donde el proletariado, tras haber impuesto el Brexit, pasa a la ofensiva para luchar contra los capitalistas ingleses. En breve, ya en 1989, oponiéndose indirectamente a Gorbachov y su deletéreo "nuevo pensamiento", Fidel Castro declaraba a los cubanos que  "existe la paz de los ricos y la paz de los pobres, la democracia de los ricos y la democracia de los pobres".: claramente, no debemos oponer, como el capitulador Gorbachov, los llamados “valores universales de la humanidad” a la lucha de clases por una sociedad sin clases que finalmente permita la fraternidad universal. ¡La URSS y el PCUS de la era de Gorbachov murieron por haber olvidado este núcleo duro del marxismo-leninismo, mientras que Cuba, que se mantuvo firme al respecto, se mantiene en pie! Corresponde a todos recordar esto y comprender que el futuro de la humanidad pasa por el socialismo, por el comunismo y por la construcción o reconstrucción en todas partes de poderosos partidos leninistas. Y sobre todo, por el rechazo categórico a quienes esconden su traición a su clase ya su país bajo el oropel de una falsa “innovación”.

jueves, 6 de junio de 2019

OPERACIÓN BAGRATIÓN, EL DÍA D SOVIÉTICO QUE VERDADERAMENTE DESTRUYÓ A HITLER Y QUE HA SIDO SILENCIADO

Daniel Bellaco
Digital Sevilla, 06/06/2019



Hoy muchos medios del mainstream mentirán diciendo que el Desembarco de Normandía fue la batalla clave de la victoria aliada sobre Hitler tergiversando la Historia en aras de dar valor a EEUU y Reino Unido, países símbolo del ultraliberalismo y buques insignia de la OTAN. Se ha ocultado la operación que por aquellas fechas puso en jaque a la Alemania nazi que realizó el Ejército Rojo, el que verdaderamente destruyó a Hitler.

La apertura de un segundo frente en Francia, se retrasó y sólo se hizo ante el temor de que la URSS acabara conquistando toda Europa.

Tras la tremenda derrota de la Alemania nazi en Stalingrado y el duro varapalo recibido en Kursk, el régimen de Hitler seguía siendo una amenaza para la URSS y seguía controlando gran parte de su territorio.

El mando soviético decidió en la primavera de 1944 dar un golpe mortal en el Frente del Este, donde Alemania perdió el 80% de sus tropas en la guerra. El nombre elegido fue Operación Bagratión (en honor a un príncipe ruso que había luchado contra Napoleón). Tendría lugar el 22 de junio, justo 3 años después de que la Alemania nazi invadiera la URSS causando millones de muertos, la gran mayoría civiles.

Stalin decidió sorprender a Hitler atacando en Bielorrusia a través de ríos, pantanos y bosques, algo casi imposible. Allí estaba el Grupo de Ejército Centro Alemán, si este caía se acorralaba el Grupo Ejército Norte en las Repúblicas bálticas y se amenazaba seriamente al Grupo Ejército Sur en Ucrania. En resumen, un golpe decisivo en la guerra que significaría poner a las tropas soviéticas en la frontera alemana.

El alto mando soviético destinó 2,3 millones de soldados, 5.800 tanques y 7.000 aviones para el combate, agrupados en 200 divisiones. Los nazis tenían 400.000 soldados así como centenares de tanques y aviones.

Toda esa masa fue ocultada, en la mayor operación de camuflaje y desinformación de la historia. Se usaron enormes movimientos de tropas y tanques para despistar, convoyes nocturnos que viajan sin luces y órdenes dadas verbalmente o por escrito con mucho tiempo de antelación para que no fueran detectadas por los espías enemigos.

El 23 de junio se lanza la ofensiva avanzando en profundidad tras tremendos bombardeos que provocan la desbandada nazi y la captura de miles de soldados alemanes que quedan aislados.

Un ataque soviético hacia Lituania consigue reconquistar los países bálticos y gracias a los partisanos polacos conquistan además Varsovia en agosto.

El 29 de este mes, finaliza la operación ante el riesgo de sobreextender las líneas de batallas y de suministro.

Bagratión supuso el hundimiento del III Reich consiguiendo causar al Ejército alemán 350.000 bajas entre muertos, heridos y capturados, más que Stalingrado y Normandía juntas.

Tanto en número como en consecuencias, fue la batalla más decisiva de la II Guerra Mundial, mucho más que el Desembarco de Normandía.

En la Operación Bagratión, Alemania envío el 75% de sus fuerzas militares contra el 25% del Desembarco de Normandía. Si los soviéticos no hubiesen realizado esta ofensiva, Francia no hubiese sido liberada y la historia habría cambiado.

Esta derrota costó al III Reich 1000 tanques y 2000 vehículos de todo tipo. Las bajas alemanas se estimaron en 60 000 muertos, 230 000 heridos y unos 116 000 prisioneros.

Fue con mucho la mayor victoria en términos numéricos para los aliados, reconquistando la URSS una inmensa extensión de territorio en 2 meses, recuperando prácticamente todas las áreas controladas por la URSS antes de la invasión alemana y colocándose a pocos kilómetros de Berlín.

Las mayores pérdidas sufridas hasta entonces por la Wehrmacht eran las bajas sufridas durante los 155 días de la ofensiva en Stalingrado, pero la Operación Bagratión les causó un número de bajas mucho mayor en tan solo 58 días. La ofensiva del Ejército Rojo aisló además al Grupo de Ejércitos Norte del Grupo de Ejércitos Sur, obligando a este último a retirarse prontamente del territorio soviético situado en los límites entre Ucrania y Rumanía, a fin de evitar ser cercado masivamente. Este hecho causó, indirectamente, que Rumanía y Bulgaria abandonaran su alianza con el Tercer Reich en agosto y septiembre de 1944, respectivamente, facilitando la penetración de la URSS en los Balcanes.

En el Desembarco de Normandía y en la invasión de Italia los Aliados se enfrentaron a solo un 25% de la fuerza total de unidades de la Wehrmacht disponibles en Europa; el 75% restante de las fuerzas germanas se encontraba combatiendo al Ejército Rojo en algún lugar del terrorífico Frente del Este.

Comparada con las cifras de la Operación Bagratión, la invasión de Normandía fue un teatro numéricamente inferior donde ambos bandos emplearon mucho menos hombres y recursos que en la Operación Bagratión, la cual ratificó que en el Frente Oriental de la Segunda Guerra Mundial, Alemania había perdido ya ante la URSS, país que después de años de sufrimiento y millones de muertos logró vencer a la maquinaria nazi.