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domingo, 10 de junio de 2012

(RETROSPECTIVA:) POLICÍAS Y FORENSES ESPAÑOLES NO HALLAN PRUEBAS DE GENOCIDIO AL NORTE DE KOSOVO

Pablo Ordaz
El País,23/09/1999

[Ésta fue una auténtica noticia-bomba si tenemos en cuenta que El País era uno de los medios más anti-serbios de la época. Bien es verdad que el resto de medios apenas se hizo eco del informe de los forenses y que el propio El País enterró esta pequeña noticia en las páginas interiores del diario y le adjudicó una foto que redundaba en la culpabilidad de los serbios (y por tanto contraria al contenido de la noticia) y que además al día siguiente siguió hablando alegremente del genocidio perpetrado por los serbios como si el informe nunca hubiera existido. Pero es que nuestros medios son así de desvergonzados.]




Crímenes de guerra, sí; genocidio, no. Así de tajante se mostró ayer el equipo de expertos españoles -formado por funcionarios de la policía científica y forenses civiles- que acaba de volver de Istok, la zona al norte de Kosovo bajo control de la Legión. Los 187 cadáveres encontrados y analizados en nueve aldeas estaban enterrados en fosas individuales, orientadas la mayoría hacia La Meca -para respetar las creencias religiosas de los albanokosovares- y sin señales de tortura. "No había ninguna fosa común... A lo mejor los serbios no son tan malos como nos los han pintado", reflexionó el forense Emilio Pérez Pujol.

No fue su única ironía. También cuestionó las sucesivas cifras que vienen ofreciendo "los aliados" sobre la tragedia de Kosovo: "Yo voy leyendo los datos de la ONU", dijo Pérez Pujol, director del Instituto Anatómico Forense de Cartagena, "y empezaron con 44.000 muertos, luego bajaron a 22.000 y ahora van por 11.000. ¡Ya tengo ganas de ver al final cuántos hubo realmente...!". La misión española, que deberá elevar ahora un informe al Tribunal Penal Internacional de La Haya, partió desde Madrid a principios del mes de agosto con la sensación de que se encaminaba al infierno. "Nos dijeron que íbamos a la peor zona de Kosovo, que nos preparáramos para practicar más de 2.000 autopsias, que tendríamos trabajo hasta finales de noviembre; el resultado es bien distinto: sólo encontramos 187 cadáveres y ya estamos de vuelta", explicó de forma muy gráfica el inspector jefe Juan López Palafox, responsable de la sección de Antropología de la Policía Científica.

Tanto el forense como el policía apelaron a su experiencia en Ruanda para asegurar que lo ocurrido en Kosovo -al menos en la parte encomendada al destacamento español- no se puede calificar de genocidio. "En la ex Yugoslavia", dijo López Palafox, "se han producido crímenes, algunos sin duda horribles, pero derivados de una guerra; en Ruanda vimos 450 cuerpos de mujeres y niños, unos sobre otros, en una iglesia, todos con el cráneo abierto". El inspector jefe añadió que en Kosovo, por el contrario, se han encontrado muchos cadáveres aislados: "Da la sensación de que los serbios daban opción a las familias para que abandonaran el hogar. Si algún miembro del clan, por las razones que fuera, decidía quedarse, al regresar se lo encontraban muerto, de un tiro o de cualquier otra forma". Uno de los cometidos de la misión española era aportar luz sobre lo sucedido en la prisión de Istok, bombardeada a finales de mayo por los aviones de la OTAN. El equipo dirigido por López Palafox y Pérez Pujol tenía que desvelar la siguiente incógnita: ¿quién mató a los más de 100 reclusos, las bombas de la OTAN o los disparos de los soldados serbios? La respuesta, según los primeros estudios, es compleja. Algunos de los cadáveres analizados tienen restos de metralla y, por tanto, parece claro que perecieron bajo el bombardeo, pero otros murieron de disparos limpios, quizá de ráfagas de metralleta. La tesis más ajustada es que, tras el bombardeo, los presos supervivientes intentaron huir y fueron tiroteados por los guardianes serbios.

sábado, 5 de noviembre de 2011

(RETROSPECTIVA:) RUMANÍA: UN GOLPE MEDIÁTICO

Extraído de Amor y Rabia, nº 59, junio/julio 2000


Diario 16, 22/11/1999, p. 24


En diciembre de 1989 los medios de comunicación del "mundo libre" daban cuenta de una revolución popular en Rumania contra el "ogro" comunista Nicolae Ceausescu cuya ejecución fue mostrada en la TV para regocijo todos los "demócratas". No fue el único cadáver que se exhibió: una hilera de supuestos civiles inocentes asesinados por la policía del régimen fueron expuestos en la ciudad de Timisoara ante los ojos de millones de televidentes. Era la prueba de que todas las utopías revolucionarias (no sólo el marxismo) desembocaban en la tiranía y el terror. Sin embargo, días más tarde el nada revolucionario New York Times desevelaba que la supuesta matanza de Timisoara había sido un fraude, pues los muertos filmados por los intrépidos periodistas occidentales habían sido sacados de un depósito de cadáveres y colocados uno junto a otro; procedían de víctimas de enfermedas o de accidentes, no de represión policial. Según escribió el periodista Juan Ramírez en su artículo "La muerte de la libertad de expresión" para la publicación contrainformativa El Otro País(nº de julio-agosto de 1999, p. 18-21), uno de los difusores del bulo fue el corresponsal español Arturo Pérez Reverte. Diez años más tarde, un histororiador rumano publica el resultado de unas investigaciones en que demuestra que la caída de Ceausescu en 1989 no fue una revolución sino un golpe de estado urdido por el sector procapitalista de la burocracia comunista aliada con occidente y sus "democráticos media". Para ello se valieron de un grupo terrorista "fantasma" entrenado por la CIA, cuya misión era atentar contra la población haciéndose pasar por la policía de Ceausescu. Curiosamente, el ejército rumano, fiel a los conspiradores, ni mató ni hizo prisionero a ninguno de los supuestos "agentes de Ceausescu" (!). Nuestros periodistas hablaron de 60.000 muertos, pero según dicho historiador, las víctimas fueron 1.104, de los cuales la mayoría murieron cuando Ceausescu estaba ya fuera de combate o incluso muerto (Diario 16, 22/11/1999, p. 24). Hoy día el nivel de vida de los rumanos ha descendido a niveles desconocidos desde hacía varias décadas gracias a la nueva élite burguesa creada tras el golpe de diciembre de 1989, a quienes incluso el escritor derechista Vargas Llosa ha criticado duramente por expresar su admiración por la antigua Guardia de Hierro (nazis rumanos contra los que, precisamente, luchó Ceausescu). No es extraño pues que hoy día según reconoce El País del 19/11/1999 (p. 4), sea el mismísimo Ceausescu el líder político más valorado por los rumanos.




El País, 19/11/1999, p. 4