martes, 28 de julio de 2026

MÉTODOS DE MANIPULACIÓN DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Michael Parenti

El sudamericano, 25/03/2026


A quienes poseen y trabajan para los principales medios de comunicación les gusta pensar que nos proporcionan una cobertura equilibrada y comentarios objetivos. Los periodistas y editores afirman que ocasionalmente se producen inexactitudes en la cobertura de las noticias debido a errores inocentes y problemas cotidianos de producción, como la presión de los plazos de entrega, las restricciones presupuestarias y la dificultad de reducir una historia compleja a un informe conciso. Además, ningún sistema de comunicación puede aspirar a informar de todo, por lo que la selectividad es inevitable.

Sin duda, esas presiones y problemas existen y se pueden cometer errores involuntarios, pero ¿explican realmente el funcionamiento general de los medios de comunicación? Es cierto que la prensa debe ser selectiva, pero ¿qué principio de selectividad se aplica? El sesgo de los medios de comunicación no suele producirse de forma aleatoria, sino que se mueve en direcciones más o menos coherentes, favoreciendo a la clase dirigente en detrimento de los trabajadores, a las empresas en perjuicio de sus críticos, a los blancos acomodados frente a las minorías con bajos ingresos, a la burocracia frente a los movimientos de protesta, a la privatización y las «reformas» del libre mercado frente al desarrollo del sector público, al dominio estadounidense sobre el Tercer Mundo frente al cambio social revolucionario o populista, y a los comentaristas y columnistas conservadores frente a los progresistas o revolucionarios.

SUPRESIÓN POR OMISIÓN

Algunos críticos se quejan de que la prensa es sensacionalista e intrusiva. De hecho, el modus operandi básico de los medios de comunicación es evasivo más que invasivo. Más común que el sensacionalismo es la evasión calculada. Las historias verdaderamente sensacionales (a diferencia de las sensacionalistas) tienden a ser minimizadas o completamente evitadas, incluso aquellas de gran importancia. Oímos hablar de la represión política perpetrada por naciones oficialmente designadas como «parias», pero la información sobre las masacres y los asesinatos cometidos por escuadrones de la muerte patrocinados por Estados Unidos en el Tercer Mundo suele negarse a la opinión pública.

En 1965, el ejército indonesio –asesorado, equipado, entrenado y financiado por el ejército estadounidense y la CIA– derrocó al presidente Achmed Sukarno y masacró al Partido Comunista Indonesio y a sus diversos aliados, matando a medio millón de personas (algunas estimaciones llegan hasta el millón) en lo que fue el mayor acto de asesinato político en masa desde el Holocausto. Los generales también destruyeron cientos de clínicas, bibliotecas, escuelas y centros comunitarios que habían sido establecidos por los comunistas. Era una historia sensacional donde las haya, pero tuvieron que pasar tres meses antes de que se mencionara de pasada en la revista “Time” y otro mes más antes de que se publicara en el “New York Times”, acompañada de un editorial que, de hecho, elogiaba al ejército indonesio por «desempeñar correctamente su papel con la máxima cautela» [1].

A lo largo de cuarenta años, la CIA se involucró con narcotraficantes en Italia, Francia, Córcega, Indochina, Afganistán y América Central y del Sur. Gran parte de esta actividad fue objeto de una amplia investigación del Congreso, llevada a cabo por el comité del senador Church y el comité del congresista Pike en la década de 1970, y por el comité del senador Kerry a finales de la década de 1980. Pero los principales medios de comunicación corporativos parecen no haber oído hablar de esta historia verdaderamente sensacional.

ATACAR Y DESTRUIR EL OBJETIVO

Cuando la omisión resulta ser un modo insuficiente de censura y una historia comienza a llegar de alguna manera a un público más amplio, la prensa pasa de la evasión ingeniosa al ataque frontal con el fin de desacreditar la historia.

En agosto de 1996, el “San Jose Mercury News” publicó una serie de artículos en profundidad del reportero de investigación Gary Webb, ganador del premio Pulitzer, sobre los envíos de crack de Irán-Contra desde Centroamérica que inundaban el este de Los Ángeles. Los artículos se basaban en una investigación que duró un año. Como era de esperar, los principales medios de comunicación ignoraron en su mayoría la revelación. Pero la serie del “Mercury News” fue recogida por algunos periódicos locales y regionales, y se difundió por todo el mundo a través de Internet, complementada con abundantes documentos y declaraciones pertinentes que respaldaban las acusaciones contra la CIA. Las comunidades afroamericanas, afectadas por la epidemia de crack, se rebelaron y quisieron saber más. La historia se volvió difícil de ignorar.

Así que los principales medios de comunicación pasaron a la ofensiva total. Artículos difamatorios en el “Washington Post” y el “New York Times”, así como en las cadenas de televisión y la PBS, nos aseguraban que no había pruebas de la participación de la CIA, que la serie de “Mercury News” de Gary Webb era «mal periodismo» y que Webb estaba jugando de forma irresponsable con la credulidad del público y su manía conspirativa. En efecto, los principales medios de comunicación exoneraron a la CIA de cualquier participación en el tráfico de drogas. El “Mercury News” cedió a la presión y repudió su propia serie. Webb fue degradado y enviado a cubrir noticias suburbanas. Pronto renunció al trabajo. El verdadero error de Webb no fue escribir falsedades, sino aventurarse demasiado en la verdad.

Cabe mencionar que tanto la CIA como el Departamento de Justicia llevaron a cabo investigaciones internas que, tardíamente, corroboraron las conclusiones de Webb, concretamente que existían vínculos entre la CIA y los narcotraficantes y que el Gobierno estadounidense se ocupaba del tráfico de drogas principalmente haciendo la vista gorda [2].

ETIQUETADO

Como todos los propagandistas, los medios de comunicación convencionales tratan de prefigurar nuestra percepción de un tema con una etiqueta positiva o negativa incluso antes de que se diga nada sustancial sobre el tema en cuestión. La función del etiquetado es adelantarse a la información y el análisis sustantivos. Algunas etiquetas positivas son: «estabilidad», «el firme liderazgo del presidente», «una defensa sólida» y «una economía saludable». De hecho, no muchos estadounidenses querrían inestabilidad, un liderazgo presidencial vacilante, una defensa débil y una economía enferma. La etiqueta define el tema sin tener que abordar realidades concretas que podrían llevarnos a una conclusión diferente.

Algunas etiquetas negativas comunes son: «guerrilleros izquierdistas», «terroristas islámicos», «teoría de la conspiración», «pandillas urbanas» y «antiamericanos» (esta última aplicada a grupos o líderes nacionales o extranjeros que critican la política de la Casa Blanca). Estas etiquetas rara vez se tratan dentro de un contexto más amplio de relaciones y cuestiones sociales. Algunas etiquetas que los principales medios de comunicación no suelen emplear son «poder de clase», «lucha de clases» e «imperialismo estadounidense».

Una etiqueta favorita que utilizan habitualmente los responsables políticos y que repiten fielmente los periodistas y comentaristas de los medios de comunicación es «reformas», cuyo significado se invierte, aplicándose a cualquier política dedicada a deshacer las reformas populares que se han logrado tras décadas de lucha. Así, la eliminación de los programas de ayuda a las familias se etiqueta como «reforma de la asistencia social». Las «reformas» en Europa del Este –en Yugoslavia, por ejemplo– han significado el desmantelamiento de la economía pública, su privatización a precios de ganga, con un aumento dramático del desempleo y el sufrimiento humano. Las «reformas del FMI» son un eufemismo para referirse al mismo tipo de recortes dolorosos en todo el Tercer Mundo. Como alguien señaló una vez, las «reformas» no son la solución, son el problema.

El «mercado libre» y el «libre comercio» son otras etiquetas favoritas que quienes las promueven dejan en gran medida sin examinar. Los críticos sostienen que las políticas de libre mercado y libre comercio socavan a los productores locales, dependen en gran medida de los subsidios estatales a las empresas multinacionales, destruyen los servicios del sector público y crean mayores brechas entre las naciones ricas y pobres y entre los pocos ricos y los muchos desfavorecidos en cada nación. Los principales medios de comunicación rara vez, o nunca, tienen en cuenta estos argumentos.

Una etiqueta negativa muy utilizada por los medios de comunicación es «línea dura». Cualquiera que se resista a las «reformas» del libre mercado, ya sea en Bielorrusia, Italia, Perú o Yugoslavia, es tildado de «línea dura». Un artículo del “New York Times” utilizó las expresiones «línea dura» y «líneadurista» once veces para describir a los líderes serbios de Bosnia que se opusieron a los intentos de las fuerzas de la OTAN, apoyadas por Estados Unidos, de cerrar la emisora de radio «serbia de Bosnia de línea dura». La emisora era el único medio de comunicación de toda Bosnia que ofrecía una perspectiva crítica de la intervención militar occidental y los bombardeos de la OTAN en Yugoslavia. El silenciamiento de esta única voz disidente que quedaba fue descrito por el “Times” como «un paso hacia una cobertura informativa responsable en Bosnia». Hacia el final del artículo se mencionaba «la aparente ironía» de utilizar soldados extranjeros para «silenciar las emisiones con el fin de fomentar la libertad de expresión». Las tropas de la OTAN que llevaron a cabo esta tarea fueron identificadas con la etiqueta positiva de «fuerzas de paz» [3]. No es casualidad que etiquetas como «línea dura» rara vez sean objeto de una definición precisa. La eficacia de una etiqueta radica en que propaga una imagen evocadora pero indefinida, carente de un contenido específico que pueda someterse a la prueba de la evidencia.

DÁNDOLO POR SENTADO

Con frecuencia, los medios de comunicación aceptan como un hecho la posición política que debe ser examinada críticamente. Cada vez que la Casa Blanca propone un aumento del gasto militar, la prensa se limita a debatir si estamos haciendo lo suficiente para mantener la superioridad militar global de Estados Unidos. Se presta poca o ninguna atención a quienes se oponen vehementemente al gigantesco presupuesto de defensa. La mayoría de los expertos y periodistas dan por sentado que las fuerzas estadounidenses deben desplegarse por todo el mundo, deben mantener la supremacía militar a toda costa y deben gastar cientos de miles de millones de dólares cada año para ello.

Lo mismo ocurre con los debates sobre la «reforma» de la Seguridad Social. Los medios de comunicación dan por sentada la afirmación, altamente dudosa, de que existe un grave problema con la Seguridad Social, que el programa será insolvente dentro de veinte, treinta o cuarenta años y que, por lo tanto, necesita una reforma drástica ahora mismo. Los enemigos de la Seguridad Social llevan unas tres décadas prediciendo su colapso financiero, mientras que el programa ha seguido generando enormes superávits que acaban en el presupuesto general para ser gastados en otras cosas. Un pequeño aumento del límite máximo de impuestos del programa cubriría cualquier aumento de la demanda cuando los ‘baby boomers’ empiecen a jubilarse. Este punto se tiene relativamente poco en cuenta.

La Seguridad Social es un servicio social triple: además de las pensiones de jubilación, proporciona un seguro de supervivencia (hasta los 18 años) a los hijos de familias que han perdido a su sostén económico, y ofrece asistencia por discapacidad a personas en edad prejubilatoria que están incapacitadas por lesiones graves o enfermedades prolongadas. Pero por la cobertura de la prensa nunca se sabría esto, y la mayoría de los estadounidenses no lo saben.

TRANSMISIÓN DEL VALOR NOMINAL

Muchas etiquetas no son creadas por los medios de comunicación, sino por las autoridades oficiales. Los líderes gubernamentales y empresariales estadounidenses hablan con aprobación del «liderazgo mundial de Estados Unidos», los «intereses estadounidenses», la «seguridad nacional», los «mercados libres» y la «globalización». Los medios de comunicación transmiten acríticamente estas imágenes oficiales sin ningún comentario crítico apreciable sobre su contenido real. La transmisión del valor nominal ha caracterizado la actuación de la prensa en muchos ámbitos de la política interior y exterior, lo que le ha valido apodos despectivos como «taquígrafo del poder» y «portavoz de las autoridades».

Cuando se les cuestiona al respecto, los periodistas responden que no pueden introducir sus opiniones críticas personales en sus informes. En realidad, nadie les pide que lo hagan. Mi crítica es que ya lo hacen, y rara vez se dan cuenta. Sus percepciones ideológicas convencionales suelen coincidir con las de sus jefes y otras autoridades. Esta uniformidad de sesgos se percibe como «objetividad».

REPETICIÓN Y NORMALIZACIÓN

En 2005, el presidente Bush Jr. explicó su método de exposición: «Verás, en mi trabajo hay que repetir las cosas una y otra vez para que la verdad cale, para catapultar la propaganda» [4]. De hecho, una opinión que se repite con suficiente frecuencia tiene más posibilidades de ser aceptada que las ideas contrarias que rara vez se escuchan. La repetición ayuda a crear legitimidad. Antes del ataque a Yugoslavia, varias fuentes de noticias publicaron informes sin fundamento sobre matanzas masivas. Debido a la escasez de pruebas y a la falta de fiabilidad de los informes, la palabra «genocidio» apareció al principio en estas noticias de forma esporádica y entre comillas, lo que indicaba que se estaba utilizando de forma provisional un término tan amplio y sensacionalista. Pero una vez que la expresión se popularizó, y tras su uso repetido, las comillas desaparecieron y se habló de genocidio, casi sin excepción atribuido a los serbios, y mediante la repetición se estableció como un hecho indiscutible, impermeable a las pruebas contrarias. De hecho, las pruebas pasaron a ser bastante irrelevantes y siguen siéndolo hasta el día de hoy [5].

Los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 contra el World Trade Center y el Pentágono, que causaron la pérdida de casi 3000 vidas, fueron calificados como «una guerra» varias veces ese mismo día por el presentador de la NBC Tom Brokaw. Brokaw exclamó lo que ningún político se había atrevido a decir aún: «¡Esto es la guerra!». Otros comentaristas y expertos anunciaron rápidamente que los estadounidenses iban a tener que renunciar a una buena parte de su libertad para tener más seguridad, un tema que fue retomado poco después por los responsables políticos. Así es como los portavoces de los medios de comunicación allanan el terreno sobre el que pueden aventurarse los líderes políticos.

A lo largo del otoño de 2002, se desató una controversia en el país y en todo el mundo sobre si Estados Unidos tenía derecho a invadir Irak. Mientras tanto, los medios de comunicación estadounidenses normalizaron la idea de la guerra mediante la repetida difusión de informes sobre los preparativos militares que se estaban llevando a cabo. «Si entramos en guerra», decían los locutores, «este es el tipo de misiles que se utilizarán con una precisión letal» (acompañado de imágenes de un misil alcanzando su objetivo). Día tras día, el público recibía noticias sobre la movilización de reservistas, la salida de flotas al mar, la puesta en alerta de escuadrones de ataque aéreo, las maniobras de las tropas en el desierto de Kuwait y el establecimiento de líneas de suministro militar en Oriente Medio. La cobertura informativa sobre la preparación militar, tal y como se presentaba, hacía que la guerra pareciera más probable y aceptable.

DESPRECIO POR EL CONTENIDO

Los medios de comunicación corporativos dan mucha importancia a los acontecimientos superficiales, al estilo y al proceso, y menos a las cuestiones de fondo. Las crónicas de las huelgas importantes –en las raras ocasiones en que la prensa se ocupa de las luchas laborales– nos informan de que las negociaciones están estancadas, cuánto tiempo ha durado la huelga y qué altercados se han producido en los piquetes. Por lo general, se omite cualquier referencia al contenido del conflicto, las quejas reales que llevan a los trabajadores a recurrir de manera reacia a la última medida posible, como una huelga, tales como recortes salariales y de prestaciones, pérdida de antigüedad, cuestiones de seguridad o la falta de voluntad de la gerencia para renovar los contratos.

Los especialistas en medios de comunicación a veces hablan de la «visión más amplia». De hecho, su capacidad o disposición para vincular los acontecimientos y cuestiones inmediatos con relaciones sociales más amplias es casi inexistente, y sus jefes tampoco tolerarían un análisis más amplio. En cambio, nos ofrecen habitualmente una visión más reducida, lo que les permite menospreciar el contenido y mantenerse dentro de unos límites políticamente seguros. Así, las numerosas manifestaciones contra los acuerdos internacionales de libre comercio, empezando por el TLCAN y el GATT, se informan, en el mejor de los casos, como enfrentamientos entre manifestantes y policía, sin apenas referirse a las cuestiones de soberanía democrática y al poder de las empresas y sin rendir cuentas a los manifestantes.

FALSO EQUILIBRIO

De acuerdo con los cánones del buen periodismo, se supone que la prensa debe recurrir a fuentes contrapuestas para obtener ambos lados de una cuestión. De hecho, rara vez se concede la misma importancia a ambos lados. Un estudio reveló que, entre 1997 y 2005, los invitados conservadores a los programas de opinión de las cadenas de televisión superaban en número a los liberales, normalmente en una proporción de tres a uno, mientras que los radicales de izquierda eran tan escasos que ni siquiera se podían contar [6].En resumen, «ambos lados de una historia» no suelen ser todos los lados. Toda la porción progresista y radical de izquierda del espectro de opiniones ha sido amputada del cuerpo político visible.

El falso equilibrio quedó patente en un reportaje de la BBC que hablaba de «una historia de violencia entre las fuerzas indonesias y las guerrillas timorenses», sin mencionar que estas últimas luchaban por sus vidas contra una fuerza invasora indonesia que había masacrado a unos 200 000 timorenses. En cambio, la invasión genocida de Timor Oriental se presentó como una lucha por rencores, con «muertes en ambos bandos» [7]. Las guerras apoyadas por Estados Unidos en Guatemala y El Salvador durante la década de 1980 se trataron a menudo con ese mismo tipo de falso equilibrio. Tanto los que quemaban aldeas como los que veían cómo quemaban sus aldeas eran descritos como igualmente implicados en un sangriento conflicto. Aunque dan la apariencia de ser objetivos y equilibrados, estos reportajes neutralizan falsamente el tema que tratan y, por lo tanto, distorsionan la cuestión.

EVITAR EL SEGUIMIENTO

Cuando se enfrentan a una respuesta inesperadamente disidente, los presentadores de los medios de comunicación cambian rápidamente de tema, interrumpen para emitir un anuncio publicitario o insertan un anuncio identificativo: «Estamos hablando con [quien sea]». El objetivo es evitar profundizar en un tema políticamente prohibido, por mucho que el comentario inoportuno parezca requerir una pregunta de seguimiento. Una presentadora de la BBC se entusiasmó: «Navidad en Cuba: ¡por primera vez en casi cuarenta años, los cubanos pudieron celebrar la Navidad e ir a la iglesia!». A continuación, se conectó con el corresponsal de la BBC en La Habana, quien observó: «Una multitud de dos mil personas se ha reunido en la catedral para la misa de medianoche. Todo es bastante discreto, muy parecido al año pasado». ¿Muy parecido al año pasado? Aquí había algo que requería una aclaración. En cambio, la presentadora pasó rápidamente a otro comentario cargado de significado: «¿Podemos esperar un aumento de la libertad con la visita del Papa?».

El presentador del programa de entrevistas de la PBS Charlie Rose preguntó una vez a un invitado, cuyo nombre no escuché, si Castro estaba amargado por «el fracaso histórico del comunismo». «No, respondió el invitado», «Castro está orgulloso de lo que cree que el comunismo ha hecho por Cuba: avances en la sanidad y la educación, pleno empleo y la eliminación de los peores aspectos de la pobreza.» Rose lo miró con una mirada hostil y luego se volvió hacia otro invitado para preguntarle: «¿Qué impacto tendrá la visita del Papa en Cuba?». Rose ignoró al invitado descarriado durante el resto del programa [8]. Evitar el seguimiento es una forma de control de daños.

ENCUADRE

La propaganda más eficaz se basa en el encuadre más que en la falsedad. Al tergiversar la verdad en lugar de distorsionarla, utilizando el énfasis y otros adornos auxiliares, los comunicadores pueden crear la impresión deseada sin recurrir a la defensa explícita y sin alejarse demasiado de la apariencia de objetividad. El encuadre se logra mediante la forma en que se presenta la noticia, la cantidad de exposición, la ubicación (en primera plana o en el interior, en el párrafo inicial o en el último), el tono de la presentación (comprensivo o despectivo), los titulares y las fotografías y, en el caso de los medios de comunicación audiovisuales, los efectos visuales y auditivos que la acompañan y su ubicación (noticia principal al comienzo de la hora).

Los presentadores de noticias utilizan su propia persona como adorno auxiliar. Cultivan una forma de expresarse fluida y tratan de transmitir una impresión de distanciamiento que los sitúa por encima de la agitación y el tumulto de los temas que tratan. Los comentaristas de televisión y los editorialistas y columnistas de los periódicos adoptan un tono de sabiduría destinado a fomentar la credibilidad y un aura de certeza, o lo que podría denominarse «ignorancia autoritaria», tal y como se expresa en comentarios como «¿Cómo terminará esta situación? Solo el tiempo lo dirá» o «Nadie puede decirlo con certeza». Las obviedades trilladas se hacen pasar por verdades penetrantes. Los presentadores de noticias aprenden a formular frases como «El lanzamiento espacial se llevará a cabo según lo previsto si no surgen problemas inesperados», «A menos que el Congreso actúe pronto, es probable que este proyecto de ley no prospere» y «Debido al mayor interés de los votantes, se espera que la participación en las elecciones sea mayor de lo habitual».

LAS COSAS SIMPLEMENTE SUCEDEN

Si creemos en los medios de comunicación, las cosas simplemente suceden. Se informan muchas cosas, pero pocas se explican. Se habla poco sobre cómo se organiza el orden social y con qué fines. En cambio, se nos deja ver el mundo como lo ven los comentaristas de los medios dominantes, como una sucesión de acontecimientos y personalidades impulsados por la casualidad, las circunstancias, las conveniencias pasajeras, las intenciones confusas, las operaciones fallidas y la ambición individual, rara vez como un mundo influenciado por poderosos intereses de clase. La voz pasiva y el sujeto impersonal son construcciones retóricas esenciales para este modo de evasión. Así, leemos o escuchamos que «estallaron los combates en la región», o «muchas personas murieron en los disturbios», o «la hambruna va en aumento». Las recesiones parecen ocurrir como un fenómeno natural («nuestra economía está en recesión»), sin tener mucho que ver con la política monetaria y las contradicciones entre el aumento de la productividad y la disminución del poder adquisitivo.

La «globalización» es una de esas cosas que la prensa presenta como un desarrollo natural (pero indefinido). De hecho, la globalización es una política premeditada que persiguen los intereses de las corporaciones transnacionales en todo el mundo para obtener un control indisputable de los mercados. Los acuerdos de «libre comercio» establecen consejos comerciales internacionales que no son elegidos por nadie, operan en secreto sin restricciones por conflicto de intereses y disfrutan del poder de anular prácticamente todas las leyes laborales, de consumo y medioambientales, así como todas las regulaciones de servicio público de los países signatarios. La globalización establece la supremacía de los derechos de propiedad sobre todos los demás derechos. Lo que estamos viviendo con el GATT, el TLCAN, el ALCA, el AGCS y la OMC [9] es una desglobalización, una mayor concentración del poder político-económico en manos de una clase inversora internacional, un golpe de Estado global que despoja a los pueblos del mundo de cualquier protección democrática.

Los problemas sociales rara vez se asocian con las fuerzas político-económicas que los crean. Se nos enseña a reprimir nuestro propio pensamiento crítico y a no preguntarnos por qué las cosas suceden como suceden. Imaginemos que intentáramos algo diferente. Supongamos que informamos de que las duras condiciones laborales que existen en tantos países cuentan generalmente con el respaldo de los militares de esos países. Supongamos además que cruzamos otra línea y señalamos que estas fuerzas militares cuentan con el pleno apoyo y la financiación del Estado de seguridad nacional de los Estados Unidos. Supongamos entonces que cruzamos esa línea tan seria y, en lugar de limitarnos a lamentar este hecho, nos preguntamos también por qué los sucesivos gobiernos estadounidenses se han involucrado en tales actividades en todo el mundo. Supongamos que llegamos a la conclusión de que todo este fenómeno es coherente con el compromiso de hacer del mundo un lugar seguro para el capitalismo corporativo de libre mercado, a juzgar por los tipos de países a los que se ayuda y los que se atacan. Es casi seguro que un análisis de este tipo no tendría difusión alguna, salvo en unas pocas publicaciones selectas de carácter radical. Hemos cruzado demasiadas líneas, yendo más allá de los parámetros del discurso admisible. Como intentamos explicar la situación concreta (las malas condiciones laborales) en términos de un conjunto más amplio de relaciones sociales (el poder de las corporaciones transnacionales), nuestra presentación sería rechazada de plano como «teoría de la conspiración», o «marxista», «paranoica», «cínica» o cualquier otra etiqueta negativa que impida el pensamiento crítico y el análisis de las pruebas evidentes.

En resumen, el desempeño diario de los medios de comunicación bajo lo que se denomina «capitalismo democrático» no es un fracaso, sino un éxito hábilmente evasivo. A menudo oímos que la prensa «se equivocó» o «falló» en tal o cual noticia. De hecho, los medios de comunicación hacen muy bien su trabajo. Los profesionales de los medios tienen una entrenada incapacidad para ver toda la verdad.

Una vez que comprendemos esto, pasamos de una queja liberal sobre el desempeño descuidado de la prensa a un análisis radical de cómo los periodistas y editores mantienen el paradigma dominante con mucha habilidad y, a menudo, con la mayor sinceridad, habiendo interiorizado las concepciones e imaginarios de la ortodoxia imperante. Cabe recordar la observación de Upton Sinclair: «Es difícil hacer que un hombre entienda algo cuando su salario depende de que no lo entienda».

NOTAS:

1. “New York Times”, 5 de abril de 1966.

2 Véase Gary Webb, Dark Alliance: The CIA, the Contras, and the Crack Cocaine Explosion (Seven Stories, 1998)

3 “New York Times”, 21 de octubre de 1997.

4 Citado en A. Goodman y D. Goodman, «The War on Truth» (La guerra contra la verdad), towardfreedom.com, 20 de septiembre de 2006.

6 “Informe” de MediaMatters.org, 15 de febrero de 2006.

7 “Informe” de BBC World Service, 11 de diciembre de 1997.

8 “Charlie Rose Show”, NPR, 22 de enero de 1998.

9 Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (AGCS), Organización Mundial del Comercio (OMC).

Extraído de Contrary Notions: the Michael Parenti reader, pp. 20-30. City Lights Books, 2007. San Francisco, CA.


miércoles, 22 de julio de 2026

TELESÁNCHEZ Y SU ACOSO Y DERRIBO A CUBA

Una vez conseguido corromper a buena parte de la cúpula chavista en Venezuela (de eso iban las intrigas de Zapatero en Caracas), el PSOE y su brazo mediático RTVE se han centrado en machacar con sus fake news, sus historias truculentas y su propaganda de "fascismo blando" al resistente gobierno de Cuba. Ya en enero usó el caballito de Troya del feminismo y, bajo la excusa de que el régimen comunista de Cuba maltrataba a las mujeres, caldeó el ambiente para que EEUU interviniera para derrocar el "régimen". Curioso proceder el del gobierno de Pedro Sánchez, quien supuestamente se la tiene jurada a Trump. Para ello RTVE contó con (¡cómo no!) la inestimable ayuda de Amnistía Internacional, esa multinacional del intervencionismo humanitario [1]. Pues bien, ahora Telesánchez ha recurrido al viejo truco del opositor hecho desaparecer por el malvado régimen con el disidente cubano Luis Manuel Otero Alcántara. Así, en una noticia colgada en la web de RTVE el pasado 11 de julio, se nos informaba que este disidente había desaparecido misteriosamente, insinuando que el gobierno cubano lo había asesinado. Aquí el apoyo de Amnistía Internacional también fue clave para ayudar al ente público a llegar a dicha conclusión sin consultar ninguna otra fuente (pero ¿no era RTVE la que nos advertía contra las fake news y nos aconsejaba contrastar siempre la información?)



Posteriormente, el 19 de julio RTVE nos informa de un hecho milagroso: el tal Luis Manuel Otero aparece vivo en Miami, rodeado de un montón de hinchas de la gusanera cubana, envuelto en una gigantesca bandera de Cuba, con un gorro de lana (¡en pleno verano!) estilo Rambo. Nada nuevo: este tipo de milagros ya los hemos visto en Venezuela, en Rusia, en Irán, en China, en Nicaragua... Casualmente en todos los países que no besan el trasero a EE.UU. Y por cierto, sin ninguna disculpa por parte del ente público por difundir fake news basadas en rumores sin confirmar. Esto no habría sido tan escandaloso en Antena 3, una cadena privada de orientación derechista; pero RTVE, que en manos del PSOE tanto nos advierte del ascenso del fascismo de Vox y que se permite llamar "facha" a Putin (el presidente de uno de los países más solidarios con Cuba), tiene delito. Tiene delito porque, aparte de manipularnos usando el dinero de todos, el movimiento al que pertenece el tal Otero, es un movimiento de extrema derecha. En efecto, el Movimiento San Isidro (el nombre ya dice mucho) al que pertenece Otero, es un movimiento calificado por fuentes pro yanquis como ultraconservador y anticomunista [2] y está presidido por José Daniel Ferrer, dirigente de la Unión Patriótica de Cuba, escindido del católico y reaccionario Movimiento Cristiano de Liberación, individuo que ha participado en varios intentos de revolución de color en Cuba y que ha recibido el premio Libertad Truman-Reagan de la Fundación Victims of Communism Memorial y otro de la NED (pantalla de la CIA), así como el apoyo de la mayoría del Parlamento Europeo [3]. De Luis Manuel Otero, por su parte, nos dice Wikipedia que es un artista visual cuya especialidad es la performance. Ya lo creo que sí.


NOTAS:

[1] https://www.rtve.es/play/audios/cinco-continentes/cinco-continentes-cuba-violencia-institucional-contra-mujeres-defensoras-derechos-humanos/16835039/

[2] https://es.wikipedia.org/wiki/Movimiento_San_Isidro

[3] https://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Daniel_Ferrer

martes, 21 de julio de 2026

AL MENOS 5 MUERTOS EN ATAQUE UCRANIANO A UN AUTOBÚS EN LA REGIÓN RUSA DE BÉLGOROD

swissinfo.ch, 20 julio 2026

[Es un goteo diario de civiles rusos muertos a manos del régimen de Kiev. Y todo ello sufragado con el dinero de nuestros impuestos.]

Moscú, 20 jul (EFE).- Al menos cinco personas murieron y otras 23 resultaron heridas en un ataque ucraniano con dron a un autobús de pasajeros en la región fronteriza de Bélgorod, informaron hoy las autoridades rusas.

«Según datos preliminares, cinco civiles, entre ellos un menor, murieron en el ataque», escribió en redes sociales el gobernador de Bélgorod, Alexandr Shuváev.

Agregó que se trata de cuatro mujeres y un niño.

En cuanto a los heridos, Shuváev informó que tres de ellos se encuentran en estado grave.

Previamente, las autoridades informaron de dos muertos en la región de Bélgorod a consecuencia de los ataques nocturnos de Kiev.

LOS SATÉLITES CHINOS AFINAN LA PUNTERÍA DE LOS MISILES IRANÍES

 mpr21, 21/07/2026

Durante la guerra de 12 días de junio del año pasado, los misiles y drones iraníes se enfrentaron a la sofisticada guerra electrónica israelí y estadounidense. Las pantallas de GPS interrumpieron repetidamente sus sistemas de guía, lo que limitó su efectividad.

A principios de este año la situación cambió completamente. Los ataques de precisión de Irán comenzaron a atravesar las defensas antiaéreas avanzadas, alcanzando objetivos de alto valor en todo el Golfo con una precisión sorprendente.

Irán había abandonado el GPS por el sistema de navegación por satélite Beidou de China. Sin saberlo Estados Unidos proporcionó a Irán la solucón que necesitaba.

La historia comienza en 1993 cuando un solo buque portacontenedores chino, el Yinhe, que navegaba hacia Irán, fue acusado por la CIA de transportar productos químicos para la producción de armas.

Por presiones de Estados Unidos, los puertos de Oriente Medio se negaron a admitir la entrada del barco, que quedó varado en el Océano Índico. Estados Unidos no solo presionó a sus secuaces, sino que desactivó el acceso GPS del buque, lo que la obligó a permanecer anclado durante semanas, hasta que finalmente una inspección de Arabia Saudí liberó el buque. China no recibió disculpas ni indemnizaciones.

Perder un cargamento en medio del océano debido a la dependencia de un sistema controlado por un adversario extranjero, se convirtió en una lección fundamental para China. Aceleró el desarrollo de una red independiente de navegación por satélite: Beidou.

Hacia 2020 Beidou tenía docenas de satélites en órbita, muchas más estaciones terrestres (especialmente en países en desarrollo) y una precisión superior en muchas regiones en comparación con GPS. Hoy en día, Beidou supera al GPS en cobertura y precisión en aproximadamente 165 países, ofreciendo una alternativa que no puede ser unilateralmente obstaculizada por las potencias occidentales.

Después de que la guerra del año pasado expusiera la vulnerabilidad de los sistemas dependientes de GPS, Irán se movió. A finales del año pasado, integró Beidou en sus arsenales de misiles y drones. Los informes de marzo de este año ya destacaron una mejora importante: las municiones iraníes evadieron las contramedidas electrónicas que habían funcionado meses antes.

La actualización ha contribuido significativamente a la capacidad de Irán para penetrar en las defensas estadounidenses en los países del Golfo y ha mejorado drásticamente su posibilidad de atacar objetivos críticos, lo que ha socavado la confianza en las garantías de seguridad de Estados Unidos en el Golfo.

La decisión de Estados Unidos de utilizar el GPS como arma en 1993 ha fracasado estrepitosamente, prueba de que la humillación de China inspiró un salto tecnológico que ahora le da a sus aliados una ventaja estratégica sobre Estados Unidos.

Larry Johnson https://sonar21.com/chinas-beidou-satellite-system-is-a-game-changer-in-irans-war-with-the-us/


lunes, 20 de julio de 2026

EL GRAN DESPOJO DEL BIENESTAR Y LA ARQUITECTURA DEL CUARTEL EUROPEO

Alejandro Marcó del Pont
Nueva Revolución, 07/07/2026

En algún lugar de la memoria colectiva europea, entre el polvo de los archivos y las fotografías sepia, permanece la imagen de aquella sala cargada de humo en Berlín, el 20 de febrero de 1933. Veinticuatro hombres, los barones del acero, la química y la banca teutona, la elite alemana se sentaban frente a un cabo bohemio de bigote ridículo para entregarle las llaves del Reich.

Éric Vuillard, en su escalofriante crónica de El orden del día, reconstruyó aquella escena con la precisión de un forense, dejándonos la lección más amarga de la historia económica del siglo XX. Las catástrofes no las provocan los locos, sino los hombres respetables que firman los cheques. Pero hay una verdad aún más oscura que subyace en aquella reunión, una que los historiadores oficiales suelen omitir en sus eufemismos. Aquellos veinticuatro caballeros no solo traicionaron a la democracia de Weimar; iniciaron el mayor ejercicio de despojo, expoliación y sumisión de las clases trabajadoras que Europa hubiera conocido.

Hay similitudes entre el periodo de entreguerras (1918-1939) y la situación actual con las élites europeas. El paralelismo es llamativo, aunque no exactos, la historia no se repite idénticamente, pero rima. En ambos casos, las élites económicas, políticas e intelectuales europeas percibieron una amenaza existencial a su orden liberal/capitalista y responden con estrategias de contención, rearme ideológico y apoyo selectivo a fuerzas «defensoras» del statu quo, a menudo con un giro hacia posiciones más derechistas.

De la lectura se desprende que las élites europeas quieren tres cosas al mismo tiempo: contener a Rusia, reconstruir el poder geopolítico europeo y descargar el costo de la crisis sobre el trabajo y el bienestar social. El problema es que esas tres metas chocan entre sí,: la militarización exige gasto público; la competitividad demanda salarios más bajos y ajustes, y la cohesión política se debilita cuando la población percibe que paga el precio de una estrategia diseñada desde arriba.

Para comprender la magnitud de este despojo, hay que mirar sin anestesia lo que ocurre en el corazón industrial de Europa. El motor de Europa se está apagando, y esto no es un misterio, sino el resultado de la ruptura del modelo de negocios alemán (gas ruso barato + manufactura de alta calidad + exportación a China). Recientemente, a finales de junio de 2026, se anunció que Volkswagen planea cerrar cuatro plantas en Alemania y despedir a 100.000 trabajadores en todo el mundo. El colapso del modelo alemán no es un accidente, es una reestructuración de clase planificada.

Esto refleja una desindustrialización acelerada donde los costes energéticos y las regulaciones verdes destruyen el tejido industrial tradicional. La vieja burguesía industrial europea está sufriendo, pero esto abre la puerta a que los capitales financieros y los fondos de inversión (muchos de ellos estadounidenses o vinculados a las grandes gestoras de activos) adquieran activos europeos a precios de remate, reconfigurando la propiedad de la industria hacia un modelo más financiero y menos productivo.

El capital financiero no necesita fábricas en el Ruhr; necesita bonos verdes, derivados de carbono, algoritmos de gestión de datos y activos comprados a precio de saldo. El despojo consiste en transferir la riqueza pública y productiva a los balances privados de los fondos de inversión, dejando a la ciudadanía con las migajas de una economía de servicios precarizados.

Mientras Alemania es vaciada de su poderío productivo, Londres y París arden en un caos político que sirve como la cortina de humo perfecta para esta operación. El desastre político del Reino Unido, atrapado en la trampa del Brexit y en una sucesión de gobiernos débiles, la fragmentación de Francia, con la extrema derecha acechando el Eliseo y una izquierda irreconciliable, son presentados por los medios hegemónicos como la crisis de la democracia. Nada más lejos de la realidad. Este caos es la condición de posibilidad para el verdadero objetivo de las elites. La construcción del Estado de la Vigilancia.

En la cúspide de esta arquitectura del despojo se erigen tres pilares fundamentales que operan en perfecta simbiosis para garantizar que la riqueza fluya hacia arriba y el control se imponga hacia abajo. El primero de estos pilares es la ingeniería ideológica y moral representada por George Soros y su red de Fundaciones por una Sociedad Abierta. Soros no es un simple filántropo; es el jefe de inteligencia ideológica de las elites transnacionales. Su función en esta transición del bienestar a la vigilancia es crucial: reemplazar la soberanía popular por una red de ONG, think tanks y activismo legal que dicta los límites de lo pensable.

Las Open Society Foundations no buscan el bienestar material de las clases bajas; buscan la sumisión ideológica. Financian la «sociedad civil» que exige la apertura de fronteras (para garantizar un flujo de mano de obra barata y precaria que presione los salarios a la baja) y que, al mismo tiempo, exige la censura de cualquier discurso que desafíe el consenso tecnocrático de Bruselas. Soros provee el marco moral que justifica el Estado de la Vigilancia, bajo la premisa de proteger la «democracia liberal» y los «derechos humanos», se legitima la persecución legal, financiera y mediática de cualquier disidencia. Es la vigilancia del pensamiento, la policía de la moralidad que asegura que las masas empobrecidas no culpen al sistema financiero, sino a los chivos expiatorios de turno.

El segundo pilar es la banca de la reestructuración y el parasitismo financiero, encarnado históricamente por la dinastía Rothschild y, hoy, por la red de bancos de inversión y gestoras de activos globales. Si el Estado del Bienestar se financiaba con los impuestos al trabajo y a la producción nacional, el nuevo Estado de la Vigilancia y el Cuartel se financia con deuda. Aquí es donde se consuma el gran despojo económico. Las elites financieras utilizan las crisis que ellas mismas provocan o exacerban para rescatar a los Estados no con dinero gratuito, sino con deuda impagable. A cambio de esta deuda, los Estados europeos están obligados a hipotecar sus infraestructuras públicas, sus sistemas de pensiones y sus recursos naturales.

Rothschild & Co y sus pares asesoran la privatización silenciosa de lo que queda del patrimonio público. Cada vez que un Estado europeo necesita emitir deuda para mantener a flote su maltrecho sistema de salud o para financiar el déficit energético, los fondos de inversión globales compran esa deuda, exigiendo a cambio «reformas estructurales», es decir, recortes en el gasto social, aumento de la edad de jubilación y flexibilización laboral. El despojo es la financiarización de la vida misma: el capital financiero se alimenta de la sangre del Estado social, absorbiendo la riqueza de las generaciones presentes y futuras para inyectarla en los mercados de activos globales.

El tercer pilar, y quizás el más visible en su brutalidad, es el complejo militar-industrial europeo. La provocación y el enquistamiento del conflicto con Rusia no son un error de cálculo diplomático; son la gallina de los huevos de oro del nuevo modelo de acumulación. El Estado del Bienestar gastaba dinero en construir hospitales, escuelas y redes de transporte, bienes que mejoraban la vida de la población y fortalecían su capacidad de organización.

El Estado del Cuartel gasta ese mismo dinero en comprar drones, misiles y sistemas de vigilancia a corporaciones privadas como Rheinmetall, BAE Systems o Thales. Este es el secreto a voces de las elites europeas. La guerra y la amenaza de guerra son el único keynesianismo que les queda. Ante la imposibilidad de generar crecimiento real en una economía desindustrializada y envejecida, la única forma de inyectar dinero público en la economía sin que la población lo reclame en forma de bienestar social es a través del gasto militar.

Las elites europeas necesitan a Rusia como el enemigo existencial para justificar el aumento exponencial de los presupuestos de defensa. Este gasto público es una trasferencia directa de riqueza de los contribuyentes europeos a los accionistas del complejo militar-industrial. Es el despojo definitivo: obligar a una clase media empobrecida a pagar con sus impuestos los dividendos de las empresas que fabrican las armas que amenazan su propia seguridad.

Y conectando, orquestando y beneficiándose de estos tres pilares se encuentra el gran depredador, la entidad que ha trascendido la mera influencia para convertirse en el verdadero soberano de Europa, BlackRock. Larry Fink y su fondo de catorce billones de dólares no son un actor más en el mercado; son la encarnación del feudalismo financiero global. BlackRock es el dueño de la sustitución del Estado del Bienestar por el Estado de la Vigilancia y el Cuartel porque BlackRock es accionista mayoritario de todo lo que compone este nuevo sistema.

Poseen las acciones de las empresas de energía que estrangulan a la industria alemana; poseen la deuda de los Estados francés y británico que los obliga a recortar los servicios públicos; poseen las empresas tecnológicas que proveen los algoritmos de vigilancia y censura, y, por supuesto, son los principales accionistas de Rheinmetall y de las grandes corporaciones de defensa.

BlackRock no tiene patria, no tiene lealtad a la constitución de ningún Estado europeo y no rinde cuentas ante ningún electorado. Para BlackRock, la «transición verde» no es una necesidad ecológica, es un mecanismo para crear nuevos mercados de activos financieros y destruir la vieja industria que exige derechos laborales. Para BlackRock, la guerra en Ucrania no es una tragedia humanitaria, es una oportunidad para lanzar Exchange Traded Fun (ETFs), o fondo cotizado de defensa europea y capitalizar el miedo. BlackRock es el nuevo Krupp, el nuevo Siemens, el nuevo IG Farben, pero multiplicado por mil y liberado de cualquier atadura territorial.

Las elites europeas ante la pregunta de si son parte del desastre o los ganadores, la hipótesis y el concepto de «capitalismo de crisis» sugiere que la facción tecnocrática, financiera y verde está ganando. La teoría de las elites sugiere que están utilizando la crisis para consolidar el poder supranacional de la Unión Europea y evolucionar su marco legal hacia una mayor centralización.

Si aplicamos a esta Europa, la de 2026, el marco analítico que Ian Kershaw desarrolló en su magistral “Descenso a los infiernos”, el paralelismo no es solo perturbador, es revelador de la intencionalidad de las elites. Kershaw identificó cuatro motores que empujaron a Europa al abismo entre 1914 y 1949: las tensiones nacionalistas, las disputas territoriales, los conflictos de clase y las crisis del capitalismo. Pero su gran lección es cómo las elites conservadoras y financieras utilizaron estos motores para justificar la destrucción de la democracia y los derechos sociales.

En los años treinta, el pánico sistémico de las elites ante el comunismo y la revolución obrera las llevó a apoyar, financiar y armar a los movimientos fascistas. Necesitaban un leviatán que aplastara a los sindicatos, eliminara el derecho a huelga y sometiera a la clase trabajadora a la disciplina de la economía de guerra. El fascismo no fue un accidente histérico de las masas; fue la solución de emergencia de las elites para salvar el capital mediante el terror de Estado.

Al igual que en el periodo de entreguerras, las elites actuales están dispuestas a sacrificar la democracia liberal, el bienestar social y la paz para garantizar la seguridad del capital y su propia supervivencia en la cúspide de la pirámide. Utilizan la amenaza de Rusia y China como el nuevo «peligro bolchevique», un chivo expiatorio geopolítico que les permite imponer medidas de austeridad, recortar libertades civiles y desviar el presupuesto público hacia el aparato de seguridad. El enemigo externo es la coartada perfecta para el despojo interno.

El despojo se ha vuelto invisible, automatizado y aceptado como «sentido común» por una población que ha sido educada para temer más al «discurso de odio» o a la «desinformación» que, a la pobreza, a la guerra o a la pérdida de su soberanía. Las elites han logrado que los propios ciudadanos se vigilen, se delaten y se autocensuren, externalizando la función de la policía política a la propia sociedad civil, esa misma que Soros y sus ONG han meticulosamente adiestrado en la pureza moral y la obediencia tecnocrática.

Al destruir el Estado del Bienestar, las elites europeas han eliminado el colchón de contención social. Han sustituido la esperanza por el miedo, y el miedo, cuando se acumula durante demasiado tiempo en una población acorralada, no genera sumisión; genera una presión explosiva. El despojo tiene un límite físico. Cuando la clase media europea ya no pueda pagar la calefacción, cuando los trabajadores de las ciudades desindustrializadas no tengan nada que perder, cuando la realidad material de la pobreza y la guerra llame a sus puertas, ninguna ley de «desinformación» y ningún algoritmo de vigilancia podrá contener la furia de una sociedad a la que se le ha robado el futuro.

La historia, como Kershaw demostró y como Vuillard noveló, suele castigar esa arrogancia. Las catástrofes históricas rara vez son causadas por monstruos sádicos al principio; son causadas por elites conservadoras, banqueros y tecnócratas que creen que pueden gestionar el caos para proteger sus privilegios. Las elites europeas actuales, al financiar la guerra contra Rusia y permitir la desindustrialización de Alemania, están caminando por el mismo precipicio, convencidas de que su ingeniería financiera y militar las salvará.

Pero los nuevos veinticuatro caballeros, los Soros, los Rothschild, los Fink, los Von der Leyen, los Macron, no han aprendido la lección de sus predecesores. Creen que esta vez será diferente. Creen que el monstruo les obedecerá. La historia, terca y repetitiva, les recordará que los monstruos nunca obedecen a quienes los financian. Europa, una vez más, desciende a los infiernos. Y esta vez no habrá un 1945 que la rescate de sí misma.

sábado, 20 de junio de 2026

NIÑA DE 8 AÑOS MUERE EN ATAQUE DE DRON UCRANIANO CERCA DE MOSCÚ

Visionrdn.com, 19/06/2026

La madrugada de este jueves, múltiples drones ucranianos atacaron la capital rusa y sus alrededores, y causaron víctimas y daños materiales en infraestructuras civiles.

Una menor de ocho años murió en el municipio de Zhukovksi, provincia de Moscú, durante el ataque masivo de drones lanzado este jueves por Ucrania, informaron las autoridades locales.

«Lamentablemente, a causa del ataque con drones en Zhukovski ayer, una niña de 8 años falleció durante el incendio que se originó [a raíz del impacto].

En el momento de los hechos, se encontraba en casa con su abuela, quien salió ilesa», detalló el gobernador Andréi Vorobiov.

El funcionario precisó que 18 edificios residenciales resultaron afectados por el masivo ataque en las afueras de Moscú.

Durante la noche del 17 al 18 de junio, Ucrania lanzó cientos de drones contra Moscú, lo que dejó al menos 17 heridos, además de este fallecimiento confirmado, y causó daños materiales en infraestructuras civiles. Según el alcalde de la capital rusa,

Serguéi Sobianin, los sistemas de defensa antiaérea derribaron al menos 194 vehículos aéreos no tripulados.

En las redes sociales circulan videos que muestran momentos de impacto de drones ucranianos contra edificios y objetivos civiles.


RUSIA DENUNCIA ATAQUE MORTAL UCRANIANO A AUTOBÚS CON EQUIPO INFANTIL DE FÚTBOL BIELORRUSO

SWI, 17/06/2026

Moscú, 17 jun (EFE).- Las autoridades rusas denunciaron este miércoles un ataque ucraniano con dron contra un autobús en el que viajaban miembros del equipo infantil de fútbol de Bielorrusia, que dejó al menos un muerto y varios heridos.

El ataque tuvo lugar en la región rusa de Briansk, fronteriza con Ucrania.

«Terroristas ucranianos atacaron un autobús que transportaba a un equipo de fútbol infantil bielorruso», escribió en su canal de Telegram el gobernador de Briansk, Yegor Kovalchuk.

Agregó que los pasajeros del autobús provenían de la ciudad bielorrusa de Gomel y se dirigían al balneario ruso de Guelendzhik, en el mar Negro.

«Una mujer que acompañaba al equipo murió en el ataque», dijo el gobernador.

Según fuentes oficiales, el ataque causó al menos seis heridos, cuatro de ellos menores.

El Ministerio de Exteriores de Rusia denunció el suceso y aseguró que se trata de «otro atentado de Kiev» que ha puesto en marcha una «caza de civiles» del bando enemigo.

También Exteriores bielorruso condenó el ataque y exigió explicaciones exhaustivas a la parte ucraniana sobre lo ocurrido.

«Lo valoramos como otro acto terrorista más contra la población civil», indica la nota de la Cancillería bielorrusa.

Mientras, en la Federación de Fútbol de Bielorrusia afirmaron que la FIFA y la UEFA ya fueron informadas sobre le incidente. EFE