sábado, 11 de abril de 2026

EN LA LUCHA CONTRA EL IMPERIALISMO, IRÁN HA GANADO EL PRIMER ASALTO

Bruno Guigue
mpr21, 11/04/2026

Que la principal contradicción de nuestro tiempo es la contradicción entre imperialismo y antiimperialismo, que hoy se expresa, con increíble violencia, a través de la agresión criminal contra el Líbano, que explotó durante 40 días con el feroz ataque contra Irán, es obvio. Pero como todas las contradicciones, desarrolla sus efectos de formas inesperadas y su exasperación en la lucha a veces reserva muchas sorpresas.

Hay que decir que, inicialmente, la asociación criminal entre los depredadores de Washington y los genocidas de Tel Aviv creía que tenía los medios para ganar. Estos belicistas se consideraban la fuerza dominante y, a sus ojos, Irán sólo representaba el aspecto secundario de la contradicción principal. Este país en desarrollo les parecía una potencia regional frágil y desparasitada, que no resistiría los golpes de la cibernética militar: sería derrotada por el aparato militar imperialista, tal era su convicción, al final de un rápido choque y devastador.

Sin embargo, el curso de los acontecimientos infligió a esa pretensión narcisista la terrible herida del principio de la realidad, y lo que se consideraba el aspecto principal de la contradicción (el imperialismo) podría reducirse al rango de aspecto secundario. Inesperadamente, la notable resistencia de Irán ante la ofensiva militar israelí-estadounidense demostró que este país soberano, fuerte en su inquebrantable determinación y preparada desde hace tiempo para esta prueba de fuerza, tenía los medios suficientes para oponer una resistencia a largo plazo a la agresión imperialista.

Ahora conocemos las razones de esta inversión imprevista del equilibrio de poder. Primero, un equilibrio de fuerzas políticas: contrariamente a lo que creían los belicistas de Washington y Tel Aviv, las contradicciones internas de la sociedad iraní, lejos de alcanzar una etapa paroxística bajo el efecto de la agresión extranjera, han sido cauterizadas por esa insoportable negación de la soberanía nacional iraní que representaron los frenéticos bombardeos del agresor. Amenazada por su existencia, herida por su orgullo nacional, la República Islámica del Irán demostró ser mucho más sólida políticamente de lo que sus enemigos imaginaban, y la Quinta Columna permaneció ausente.

Por el contrario, el campo imperialista sufrió y todavía sufre múltiples contradicciones, ya que está claro que Estados Unidos, la entidad sionista y las petromonarquías del Golfo persiguen agendas diferentes. Incluso entre Washington y Tel Aviv, a pesar de ser compinches en agresiones militares y cómplices en crímenes masivos, estallaron contradicciones cuando Trump decidió aceptar un alto el fuego el 9 de abril, en condiciones que sugieren que esta decisión se tomó en contra del deseo israelí de continuar la agresión. Que la entidad atacara inmediata y cobardemente a Líbano el primer día de la implementación del alto el fuego no es una coincidencia.

Porque en germen, en la relación entre los dos países, había una cierta divergencia en cuanto a los objetivos y la conducción de la guerra: si el jactancioso hiperimperialismo de Trump se convirtió en el celoso auxiliar del expansionismo supremacista de Netanyahu, era el momento de una guerra de 40 días, pero tal vez no hasta el fin de los tiempos. Seguro que la agenda apocalíptica de los genocidas de Tel Aviv excede con creces el calendario electoral de Trump, lo cual sería una buena noticia y también nos diría, de paso, cuál es el más loco de los dos.

Basta leer la prensa israelí para darse cuenta de que Washington ha hecho una pausa en el alineamiento pavloviano con los delirios del colonialismo israelí. El desencadenamiento de la violencia contra Líbano, desde ese punto de vista, es un acto de pura venganza y, por tanto, una admisión de debilidad estratégica.

Podríamos hacer un análisis comparable de las contradicciones que atravesaron las relaciones entre Estados Unidos y las petromonarquías durante este conflicto. Los regímenes árabes de la región no tenían ningún interés en continuar una guerra que no querían, que perturba la acumulación capitalista de su economía rentista y que resulta en el filtrado draconiano del paso de barcos en el Estrecho de Ormuz por parte de los iraníes.

¿Falta de anticipación por parte de los estrategas de Washington? El arma económica, sin embargo, fue utilizada por los iraníes como habían anunciado, si sus adversarios alguna vez quisieran llevar a cabo una agresión. En esta asimetría que se opone a una potencia media y a un imperio dotado de medios colosales, el arma económica más eficaz claramente no estaba en el lado americano, sino en el lado iraní. Revirtiendo los términos de la principal contradicción, la asimetría del conflicto a nivel militar equivalía a una asimetría inversa a nivel económico.

Sin embargo, la correlación de fuerzas era tanto más favorable para Irán cuanto que su propia estrategia militar tenía perfectamente en cuenta la desproporción de recursos. Apostando casi exclusivamente por su capacidad de respuesta balística, Teherán podía utilizar todas las palancas de una región potencia con alto potencial científico y técnico, un complejo militar-industrial endógeno capacidad de producción de misiles y drones de bajo costo, y geografía propicia para proteger sus vitales instalaciones militares.

Este nudo insospechado de fuerzas chocó con la ambición estadounidense de imponer la capitulación de Irán al final de una guerra corta y decisiva. Al acentuar las contradicciones secundarias del campo imperialista, sin olvidar las contradicciones internas de la clase dominante y el pueblo estadounidense, la estrategia iraní claramente ha sumado puntos.

Todavía es demasiado pronto para decir que Irán ganó la guerra, pero lo cierto es que ganó la primera vuelta, que extrañamente se parece, considerando todo, a la Guerra de los 12 Días, en junio del año pasado, que terminó con una retirada del dúo imperialista. El resultado momentáneo del conflicto muestra que una potencia regional que ha sufrido sanciones occidentales durante 20 años puede defenderse de los agresores que imaginaron que podrían derrotarlo rápidamente.

Por eso esta guerra tiene una dimensión altamente simbólica: es una guerra de liberación, anticolonial y antiimperialista. Es una guerra defensiva librada por un país soberano contra un imperio depredador que ha jurado su perdición. También es una lucha legítima contra un ectoplasma colonial y genocida. La exhibición que ha realizado desde hace 40 días reitera la de Dien Bien Phu en 1954, o la de la victoria del pueblo argelino en 1962. Da testimonio de la capacidad de resistencia de los pueblos que supieron repeler el imperialismo imponiéndole un terreno de lucha del que es incapaz de salir victorioso. Irán ha sufrido terribles golpes, su población civil ha pagado el alto precio de una guerra de agresión, pero el Estado iraní sigue en pie, coronado por esta victoria de los débiles sobre los fuertes que sigue siendo la victoria característica sobre el imperialismo. y colonialismo.

Fuente original: https://www.facebook.com/bruno.guigue.10/posts/pfbid0yCFTAvFA4fUxvQGfjXjARUt6WhpaAjuLRLir6A7NHifHPSvrv8fw27G6VyNPjhBpl

miércoles, 8 de abril de 2026

AHORA ESTÁ CLARO: EL PETRÓLEO ESTÁ AQUÍ PARA QUEDARSE

 

La crisis energética provocada por el cierre del Estrecho de Ormuz por parte de Irán ha demostrado que la idea de la no dependencia del petróleo y la transición energética (Agenda 2030) es un engaño. Amparándose en un “discurso de la escasez” de corte malthusiano (nada nuevo: ya se anunció hace décadas el fin del carbón, los nitratos, el suelo cultivable, etc.) el capitalismo global a través de sus palmeros, los ecologistas subvencionados y las ONGs, nos había hecho creer desde el año 73 (¡hace más de medio siglo!) que el petróleo y el gas se estaban acabando y que había que hacer una transición hacia una economía “verde” basada en energías renovables. Es curioso que las mismas fuerzas que impusieron un modelo de desarrollo capitalista basado en el uso de hidrocarburos sean las mismas que ahora nos dicen que el petróleo, el gas y el carbón son inventos del demonio, justo cuando el Sur Global (liderado por Irán) se ha puesto en pie para decir al Norte Imperial que no van a permitir más el saqueo neocolonial de sus recursos.

El cierre de Ormuz a la coalición de países aliados con el hegemón americano ha causado una crisis económica comparable a la crisis del petróleo de 1973. Y ello es la prueba de que el petróleo y el gas siguen siendo esenciales para nuestras economías porque los hidrocarburos están aquí para quedarse. Para empezar, el cierre del estrecho ha producido el desabastecimiento de estaciones de servicio por todo el mundo y que por tanto la gente no pueda desplazarse. Los pro capitalistas se reían de las consecuencias del desbastador embargo de EEUU contra Cuba, pero Irán es quien ríe el último y, por tanto, quien ríe mejor. La idea de la UE de sustituir el transporte que funciona con hidrocarburos por vehículos eléctricos ha sido un fracaso y muchos países y empresas están volviendo al motor de combustión [1], ya que entre otras cosas esa electricidad sale en gran parte de quemar hidrocarburos en centrales eléctricas. Lo que es más, hay grandes medios de transporte como el avión o el barco para los que la electrificación es inviable y tras la subida del petróleo han tenido que subir los precios del billete de manera exorbitada, siendo estos precios prohibitivos para la mayoría de la población. Asimismo, hay una serie de materiales como el plástico o las fibras sintéticas que se usan de manera masiva por su barata producción en sectores clave como la sanidad de los que es muy difícil prescindir (piénsese en las mascarillas, viales, respiradores, jeringuillas desechables, etc.) Por otra parte, está el problema de los fertilizantes, que usan compuestos químicos como la urea o el fosfato de amonio que derivan del petróleo [2]. El problema es muy serio ya que, sin los fertilizantes, las cosechas peligran, lo que podría causar hambrunas de proporciones bíblicas. Además, del gas natural se extrae helio, un recurso estratégico usado en medicina (en las resonancias magnéticas, por ejemplo) y en la industria (en la fabricación de chips, semiconductores, en la IA y en la industria aeroespacial) [3]. Por último, hay que recordar que el prescindir de la electricidad producida por la quema de hidrocarburos en la red eléctrica de un país puede producir apagones. Esto ya lo sufrimos en España hace un año. Y si alguien cree que esta afirmación es un bulo de la extrema derecha (como dice la Sexta TV y otros medios afines al poder blando americano) que examine la situación de Cuba, donde la red eléctrica no ha podido funcionar con energías renovables y ha tenido que recibir urgentemente petróleo de Rusia [3].

En definitiva, la idea de que es posible vivir sin petróleo es falsa (a no ser que se pretenda volver a la Edad Media.) Esta es una falsedad inventada por las élites anglosionistas para, por una parte, quebrar la economía de países rivales del Norte Imperial que no cuentan con dicho recurso (como los que componen la UE) y, por otra, para hundir las economías de países del Sur Global que dependen de la extracción de petróleo (como Venezuela o Irán). Para ello, han usado una caterva de ecologistas de postín y ONGs a sueldo de la USAID que han tomado con su discurso del “fin del petróleo” los medios de comunicación, las instituciones e incluso el tejido asociativo, para pavimentar así el camino hacia este gran engaño neomalthusiano llamado Agenda 2030. No es el fin del petróleo, es el principio del fin del saqueo al Sur Global tras la gesta antiimperialista realizada por Irán.


NOTAS:

[1] https://www.abc.es/motor/economia/motor-combustion-resurge-frente-incertidumbre-electrica-20260218100100-nt.html

[2] https://www.revistacampo.es/fertilizacion-2/la-guerra-en-oriente-medio-puede-llevar-al-desabastecimiento-de-fertilizantes-en-espana/

[3] https://www.finanzas.com/mercados/helio-crisis-ia-estrecho-ormuz.htm

[4] https://elpais.com/america/2026-03-30/paneles-solares-la-apuesta-de-cuba-ante-la-falta-de-combustible-es-el-negocio-del-momento.html

martes, 7 de abril de 2026

EL AGUA AL LÍMITE: EL FRENTE DE LA DESALINIZACIÓN EN EL GOLFO, EN UNA GUERRA QUE SE EXTIENDE

Geopolítica rugiente, 03/04/2026

En una región que se sustenta en el agua gestionada, es posible que la próxima escalada no afecte al petróleo, sino a los sistemas que hacen posible la vida

La seguridad hídrica del Golfo Pérsico se enfrenta ahora a una prueba existencial, ya que las plantas desalinizadoras pasan de ser pilares del desarrollo a convertirse en objetivos militares estratégicos, lo que pone en un riesgo sin precedentes la continuidad de la vida urbana y los flujos de inversión en toda la región.

La dependencia estructural de los Estados del Golfo respecto a la desalinización del agua de mar para su seguridad hídrica pone de manifiesto una vulnerabilidad crítica ante la agresión en curso de Estados Unidos e Israel contra Irán, iniciada a finales del pasado mes de febrero.

A medida que los bombardeos recíprocos se intensifican y persisten, crece la preocupación de que el enfoque estratégico de las partes beligerantes se desplace más allá de las instalaciones militares y la infraestructura energética convencional hacia la propia costa.

Los indicadores económicos muestran que cualquier interrupción en las plantas desalinizadoras amenaza la continuidad de los centros urbanos y la actividad industrial en una región totalmente desprovista de recursos hídricos naturales renovables.

Una región diseñada contra sus propios límites

El Golfo Pérsico alberga el mayor mercado de desalinización del mundo, con aproximadamente 3.401 plantas en funcionamiento, que abarcan grandes instalaciones, sistemas de ósmosis inversa de mediana escala y unidades integradas en complejos industriales.

En conjunto, producen más de 22 millones de metros cúbicos diarios, lo que representa casi un tercio de la producción mundial. La dependencia es casi total: Catar depende de la desalinización para el 99 % de su agua, Baréin y Kuwait para el 90 %, Omán para el 86 % y los Emiratos Árabes Unidos para el 42 %. Arabia Saudí depende de la desalinización para alrededor del 70 % de su suministro a grandes ciudades como Riad y Yeda.

Estas plantas se agrupan a lo largo de las costas, dentro del alcance de los misiles y drones iraníes, lo que vincula la seguridad nacional del Golfo directamente a la supervivencia de estas instalaciones. Perderlas paralizaría ciudades enteras.

Ciudades como Dubái y Doha dependen de un suministro ininterrumpido de agua para mantener los sistemas de refrigeración de los centros de datos y los vastos complejos comerciales. Una interrupción que durara más de 48 horas provocaría consecuencias económicas y sociales que superarían con creces la capacidad de los sistemas locales de gestión de crisis.

Cuando el agua se convierte en un campo de batalla

La mayoría de las instalaciones de desalinización del Golfo funcionan mediante sistemas de producción lineales, en los que un daño en una sola etapa —bombas de alta presión o unidades de membrana— detiene todo el proceso.

Los informes de la primera semana de la agresión señalaban daños en la planta de Fujairah, en los Emiratos Árabes Unidos, y en la planta de Doha Oeste, en Kuwait, causados por restos de misiles interceptores. Teherán acusó a Washington de atacar una instalación en la isla de Qeshm, mientras que Manama culpó a Irán de atacar una planta de Baréin. Estos incidentes indican un posible cambio hacia el ataque a las infraestructuras que sustentan la vida civil, lo que eleva el coste de la guerra en todos los frentes.

Estas instalaciones son intrínsecamente difíciles de defender. Su escala, exposición y dependencia de la toma directa de agua de mar limitan las opciones de fortificación. Protegerse exige amplios recursos de defensa aérea, lo que agota las reservas de misiles interceptores en lo que se perfila como una prolongada guerra de desgaste. Un solo dron que penetre en una unidad de control central podría inutilizar una planta que abastece a un millón de personas durante semanas.

Energía y agua: un único punto de fallo

Alrededor del 75 % de las plantas desalinizadoras del Golfo funcionan mediante cogeneración, lo que vincula la producción de agua directamente a la generación de electricidad. Cualquier ataque contra las redes de suministro de gas o las centrales eléctricas paralizaría la producción de agua sin afectar directamente a las unidades de desalinización.

Esta interdependencia crea una vulnerabilidad en varios niveles: un solo ataque puede dejar sin servicio tanto la electricidad como el agua simultáneamente. 

También complica la recuperación. Los transformadores destruidos en los complejos de desalinización requieren importaciones pesadas y especializadas, difíciles de conseguir ya que las rutas marítimas se ven interrumpidas o los puertos son blanco de ataques. Reiniciar las centrales térmicas tras paradas repentinas conlleva el riesgo de daños duraderos en las turbinas y calderas debido a cambios bruscos de temperatura y presión.

La desalinización en sí misma consume una enorme cantidad de energía. Cada metro cúbico requiere un aporte significativo de combustible o electricidad. A medida que el ataque estadounidense-israelí entra en su quinta semana, los sectores energéticos del Golfo se enfrentan a una presión creciente para satisfacer la demanda interna y, al mismo tiempo, mantener los compromisos de exportación. 

La guerra invisible: los frentes cibernéticos 

Las modernas plantas desalinizadoras dependen de complejos sistemas de control digital, lo que abre un campo de batalla paralelo en el ciberespacio. Irán ha demostrado una capacidad avanzada para atacar las infraestructuras de agua y energía mediante operaciones cibernéticas.

La penetración en estos sistemas permite a los atacantes detener la producción, dañar componentes internos alterando las velocidades de rotación o la presión, o manipular los niveles de tratamiento químico, lo que hace que el agua no sea apta para el consumo. 

Los ciberataques son difíciles de detectar en tiempo real y pueden paralizar las operaciones sin causar destrucción visible, lo que complica las reparaciones y agrava la confusión dentro de las estructuras de gestión de crisis. Los operadores se ven obligados a destinar enormes recursos a la ciberseguridad, pero las vulnerabilidades persisten debido a las cadenas de suministro de software y hardware integradas a nivel mundial.

Incluso una manipulación menor del software puede desencadenar desequilibrios químicos, exponiendo a la población a agua no apta para el consumo antes de que se detecte. Estos ataques no solo apuntan a la infraestructura, sino también a la confianza pública, utilizando el pánico como arma en el marco de la guerra híbrida. 

La contaminación como arma de guerra 

La naturaleza semicerrada del Golfo Pérsico lo hace altamente susceptible a una rápida contaminación ambiental. Los derrames de petróleo, ya sean deliberados o colaterales, pueden paralizar las plantas desalinizadoras al obligar al cierre de los puntos de toma para proteger las membranas sensibles.

Una repetición de lo ocurrido en 1991 —cuando Irak vertió millones de barriles de petróleo en las aguas del Golfo— devastaría los modernos sistemas de ósmosis inversa, que son mucho más sensibles a la contaminación que las antiguas plantas térmicas. 

Los ataques contra instalaciones nucleares o petroquímicas costeras iraníes también podrían provocar contaminación radiactiva o química a largo plazo, dejando inutilizables vastas zonas marinas y dañando ecosistemas esenciales para la filtración natural. El resultado sería un aumento de los costes de tratamiento y una reducción drástica de la vida útil de los equipos.

La protección de los sistemas de toma de agua requiere el despliegue constante de barreras flotantes y equipos de respuesta rápida. En tiempos de guerra, estas operaciones se enfrentan a amenazas como las minas navales o las embarcaciones cargadas de explosivos. La interrupción del complejo de Jebel Ali en Dubái, por ejemplo, cortaría el suministro de agua a un centro comercial global, lo que provocaría pérdidas diarias que se cifrarían en miles de millones de dólares.

Mercados, capital y el precio de la inseguridad hídrica

Las amenazas a la infraestructura de desalinización golpean el núcleo del modelo económico del Golfo, construido sobre la estabilidad y la previsibilidad. Las calificaciones crediticias dependen de la prestación ininterrumpida de servicios esenciales a los ciudadanos y a millones de trabajadores expatriados.

Las amenazas persistentes a los sistemas de agua elevan las primas de seguro de los activos industriales y costeros, lo que aumenta el coste de hacer negocios. Los efectos se multiplican: se paralizan grandes proyectos inmobiliarios e industriales, disminuye la inversión extranjera y los presupuestos estatales absorben la carga de las reparaciones de emergencia y las costosas alternativas en medio de la interrupción de las cadenas de suministro globales.

Los ataques repetidos acelerarían la fuga de capitales hacia entornos más estables. Las corporaciones multinacionales con sede en ciudades del Golfo reevaluarán sus planes de expansión si la disponibilidad de agua se vuelve incierta. Esto somete a una presión directa a los programas de transformación económica a largo plazo, incluida la Visión 2030 de Arabia Saudí.

Fomentar la resiliencia bajo fuego

En respuesta, los Estados del Golfo están tomando medidas para reforzar la resiliencia hídrica. Las unidades móviles de desalinización —instaladas en barcos o camiones— ofrecen un alivio temporal, aunque su producción sigue siendo limitada.

Se están llevando a cabo medidas más estratégicas. Los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí están invirtiendo en el almacenamiento en acuíferos, inyectando el excedente de agua desalinizada bajo tierra. El sistema de Abu Dabi, por ejemplo, puede abastecer hasta 90 días de demanda de emergencia. El almacenamiento subterráneo proporciona una protección que los embalses expuestos no pueden ofrecer.

Entre las soluciones más eficaces se incluyen las inversiones estratégicas de los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí en el almacenamiento de agua mediante la inyección en acuíferos del excedente de agua desalinizada. El proyecto de Abu Dabi, por ejemplo, proporciona reservas suficientes para 90 días de consumo de emergencia. Este método ofrece mayor protección que los depósitos de almacenamiento expuestos, ya que las capas geológicas protegen de forma natural las reservas.

Arabia Saudí también está impulsando la descentralización mediante la promoción de plantas desalinizadoras más pequeñas y distribuidas. Esto dispersa el riesgo, lo que hace mucho más difícil una interrupción a nivel de todo el sistema.

Otras medidas se centran en la eficiencia: reducir las pérdidas de agua en las redes y frenar el consumo en la agricultura y el paisajismo para prolongar las reservas. La interconexión regional de agua también podría surgir como una salvaguardia colectiva, permitiendo transferencias entre Estados si la infraestructura permanece intacta.

Derecho, guerra e impunidad

El derecho internacional humanitario, en particular el artículo 54 del Protocolo Adicional a los Convenios de Ginebra, clasifica las instalaciones de agua como indispensables para la supervivencia de la población civil y prohíbe atacarlas.

Sin embargo, la práctica de EE. UU. e Israel trata habitualmente dicha infraestructura como objetivos legítimos bajo el pretexto del doble uso. Esta lógica conlleva el riesgo de una escalada, ya que la represalia iraní podría situar a las plantas desalinizadoras del Golfo directamente en la línea de fuego, empujando a la región hacia una crisis humanitaria a gran escala. 

Cadenas de suministro y sistemas frágiles 

La continuación de la agresión y la interrupción de las rutas marítimas amenazan el mantenimiento rutinario de las plantas desalinizadoras del Golfo, que dependen de tecnología y componentes importados de proveedores occidentales y asiáticos.

Estas instalaciones dependen en gran medida de mano de obra especializada extranjera. El aumento de los riesgos de seguridad puede provocar la marcha del personal técnico, dejando las operaciones con falta de personal y aumentando la probabilidad de fallos. 

Los productos químicos esenciales —cloro, antiincrustantes y otros— requieren cadenas de suministro estables. Cualquier interrupción degrada la calidad del agua u obliga a cierres para proteger la infraestructura. Asegurar estos materiales se vuelve cada vez más difícil bajo un bombardeo sostenido, lo que podría obligar a recurrir al costoso transporte aéreo.

Gran parte de la red de desalinización del Golfo ya está vinculada a tecnología extranjera —a menudo israelí—, lo que integra influencia externa directamente en la infraestructura más crítica de la región.

El agua decidirá qué sobrevive 

El frente de la desalinización se erige ahora como el desafío de seguridad determinante para los Estados del Golfo. La guerra actual ha puesto de manifiesto una realidad fundamental: el poderío militar y la riqueza petrolera no pueden compensar la ausencia de seguridad hídrica.

A raíz de ello, es probable que los Estados del Golfo reformen su política hídrica, acelerando el uso de energías renovables —solar y eólica— para desvincular la desalinización de los combustibles fósiles y las redes centralizadas. 

Las trayectorias futuras apuntan hacia la desalinización con energía nuclear para la estabilidad a largo plazo, sistemas localizados para reducir la dependencia de las redes centralizadas, defensas cibernéticas y físicas ampliadas para la infraestructura hídrica, y coordinación regional para la respuesta colectiva ante crisis.

El agua —y no el petróleo— determinará en última instancia si los Estados del Golfo pueden soportar un conflicto prolongado, recuperarse de crisis sistémicas y mantener su posición dentro del orden económico mundial.

Sin ella, todo proyecto de desarrollo, toda ciudad y toda visión económica corren el riesgo de colapsar ante el primer ataque sostenido.

jueves, 26 de marzo de 2026

UNA VENGANZA POR TODOS

[Un gran vídeo hecho por Irán y difundido por el canal ruso RT. Internacionalismo en estado puro... Por cierto, censurado en muchos sitios web del occidente colectivo. A nadie le gusta que le recuerden sus crímenes.]



sábado, 21 de marzo de 2026

CONSECUENCIAS IMPREVISTAS DE LA RESISTENCIA DE IRÁN

Thierry Meyssan

Red Voltaire, 17/03/2026

La guerra contra Irán no se parece a ninguna otra. Por vez primera, los objetivos destruidos carecen de importancia. Los protagonistas se concentran ahora en las consecuencias económicas de sus acciones. Esta experiencia está revolucionando la forma de hacer la guerra y ya ha llevado el Ejército Popular de Liberación Nacional –las fuerzas armadas de la República Popular China– a revisar sus planes de batalla.

Un dron Shahed vale unos 35 000 dólares. Para derribarlo, Estados Unidos tiene que lanzar 2 misiles Patriot, que cuestan cada uno 3,3 millones de dólares. Si la defensa estadounidense “permite” que el dron Shahed alcance su blanco –sea cual sea la importancia de ese blanco– la conclusión lógica es que esa defensa es incapaz de cumplir su misión y que Estados Unidos es incapaz de proteger a sus aliados. Cada vez que lanza un dron, Irán tiene la garantía de que obliga Estados Unidos a desembolsar 6,6 millones de dólares, o sea cerca de 188 veces el costo del arma atacante.

Estados Unidos dispone del sistema antidrones Merops. Pero ese sistema de defensa antidrones está sólo en fase de pruebas, desde hace año y medio, en Ucrania. A pesar de eso, Estados Unidos lo ha puesto en servicio en las fronteras de Polonia y Rumania. Ahora, el Pentágono estadounidense ha decidido dejar a descubierto el frente oriental de la OTAN para enviar sus Merops al golfo Pérsico.

«Hemos recibido una solicitud de apoyo específico de Estados Unidos en materia de protección» contra los drones iraníes, declaró el 12 de marzo, el ucraniano Volodimir Zelenski. Varios oficiales ucranianos fueron enviados inmediatamente a la región del golfo Pérsico.

Por otro lado, hace años que Estados Unidos viene haciendo experimentos para utilizar sistemas láser en la defensa antidrones. Es una solución extremadamente económica pero todavía nadie sabe cómo utilizar un láser contra un dron, y menos aún cómo fabricar en serie ese tipo de arma. Todo indica que pasarán años antes de que el Pentágono logre utilizar ese tipo de sistema en el campo de batalla.

Mientras tanto, la reserva de misiles interceptores Patriot disminuye muy rápidamente. El Pentágono mantiene en secreto la cantidad disponible pero está dejando al descubierto todos los demás “frentes” para enviar los interceptores Patriot al Medio Oriente. Sólo se sabe que el complejo militar-industrial de Estados Unidos no puede fabricar más de 700 al año… mientras que Irán ya ha lanzado varios miles de drones Shahed.

Hasta aquí, hemos mencionado sólo la defensa contra los drones Shahed. Pero el problema que Estados Unidos e Israel están enfrentando en el plano de la defensa contra misiles de largo alcance ya no es sólo de orden financiero. Ahora se ven también ante el peligro, a muy corto plazo, de quedarse sin misiles interceptores THAAD, de los que se fabrican no más de una decena por semana [1].

En todo caso, sólo en los 2 primeros días de su guerra ilegal contra Irán, Estados Unidos gastó oficialmente 5 600 millones de dólares en municiones [2]. A esa suma, ya astronómica, hay que agregar 11 300 millones de dólares, según lo que el Pentágono reconoció oficialmente ante el Congreso el pasado 10 de marzo. El 12 de marzo, el ministerio de Salud de Irán anunció que hasta ese momento 1 444 iraníes habían muerto bajo los bombardeos [3]. Eso implica un gasto aproximado de ¡8 millones de dólares por cada vida humana! Ya estamos ante la guerra más costosa de toda la Historia.

Para establecer una comparación clara hay que saber que la nación iraní ya ha vivido dos grandes traumas. Uno es la Primera Guerra Mundial –que dejó en Irán más víctimas mortales que en Alemania y en Francia– con alrededor de 6 millones de iraníes muertos. El otro es la guerra que Irak –empujado por las potencias occidentales– impuso a la República Islámica y que costó la vida a al menos 500 000 iraníes. Eso nos dice que es muy poco probable que las cifras actuales logren doblegar a la nación iraní.

Otra innovación iraní es la respuesta militar de Teherán contra las instalaciones situadas en los territorios de sus vecinos regionales. Basándose en el derecho internacional y en las declaraciones de los dirigentes de Israel y Estados Unidos, Irán respondió atacando las bases militares estadounidenses en el golfo Pérsico y la región del Levante. No me refiero aquí a los ataques del Hezbollah libanés y del Saraya Awliya al-Dam iraquí, sino sólo a los ataques iraníes.

En carta dirigida al Consejo de Seguridad de la ONU, Irán sorprendió al recordar a las potencias occidentales el contenido de la resolución 3314 (XXIX), del 14 de diciembre de 1974 [4]. Esa resolución, adoptada, sin voto, por la Asamblea General de las Naciones Unidas, precisa el concepto de “agresión” que se menciona en la Carta de San Francisco. La prensa internacional, bajo control de los anglosajones se ha autoconvencido de que el derecho internacional prohíbe que un Estado incursione en el territorio de otro Estado y utilizó esa creencia para condenar la operación militar especial de Rusia en Ucrania. Pero Irán acaba de poner ante los ojos de todos aquella resolución “olvidada”.

Ese texto autoriza el uso de la fuerza para prestar ayuda a los «pueblos sometidos a regímenes coloniales o racistas», lo cual justifica la intervención rusa en ayuda de la repúblicas populares del Donbass (artículo 7), pero prohíbe no sólo la agresión de Israel y Estados Unidos contra Irán sino también la actitud permisiva de los terceros Estados que acogen las bases militares israelíes o estadounidenses que sirven de trampolín a la agresión contra Irán. Y también prohíbe que esos terceros Estados utilicen la fuerza contra Irán. Eso significa que Irán tiene derecho a responder militarmente en los territorios de los Estados del golfo Pérsico y del Levante.

Ahora es visible la confusión de esos Estados ante la respuesta militar de Irán, que paraliza sus economías. Esos Estados, principalmente los del golfo Pérsico, son importantes productores de petróleo y ahora buscan cómo liberarse de Israel y de Estados Unidos, que supuestamente garantizaban su seguridad pero que ahora son los causantes de sus problemas. Si esa nueva voluntad de independizarse los lleva a vender su petróleo no en dólares estadounidenses sino en otras monedas, el valor del dólar puede desmoronarse ya que no es el PIB de Estados Unidos lo que sostiene el valor del dólar sino el mercado internacional de los hidrocarburos.

Cuando Estados Unidos secuestró al presidente venezolano Nicolás Maduro, nosotros señalamos desde Red Voltaire que Washington no trataba de apropiarse las considerables reservas petroleras de Venezuela sino de garantizar que el petróleo se venda en dólares. Lo que funcionó en Venezuela podría fracasar ahora en el Medio Oriente y provocar el principio del fin para Estados Unidos.

Y lo que está sucediendo en el Medio Oriente inspira súbitamente a todos los Estados que se quejan de la dominación estadounidense, empezando por China.

China se prepara para un posible conflicto con Estados Unidos y Japón sobre la cuestión de Taiwán. Es importante recordar que Pekín no tiene ninguna intención de invadir esa isla, pero considera una agresión contra China cualquier intento de apoyar su independencia. Visto desde la perspectiva de Pekín, Chiang Kai-shek no tenía derecho a independizar Taiwán y esa isla siempre ha sido parte de China. 

El propio Koumintan, el partido heredero de Chiang Kai-shek, ve la cuestión con el mismo enfoque que Pekín. Solo el Partido Demócrata Progresista del actual presidente taiwanés Lai Ching-te, extremadamente minoritario, insiste en querer proclamar la independencia, una cuestión que se plantea únicamente porque Estados Unidos insiste en ella.

A raíz de la agresión israelí-estadounidense contra Irán y de la respuesta militar de Teherán, Pekín ve ahora que tiene derecho a responder militarmente contra las bases militares de Estados Unidos en la región Asia-Pacífico. Súbitamente, el Ejército Popular de Liberación está repensando todos sus planes [5]… y ahora redirige sus misiles, no hacia Taiwán, sino apuntando a las 24 bases militares de Estados Unidos en la región.

Mientras tanto, todos los Estados que acogen bases militares estadounidenses en sus territorios siguen con creciente preocupación los problemas que están sufriendo los países del golfo Pérsico y del Levante. Y es muy posible que acaben cuestionando la presencia militar de Estados Unidos en su suelo.

Más allá del conflicto contra Irán, ya es un hecho que el modelo de resistencia iraní se impone al análisis de todos aquellos que anticipan un conflicto militar con Estados Unidos y que ese nuevo modelo modifica fundamentalmente nuestra comprensión del equilibrio entre las potencias.

Es importante entender que Estados Unidos se ha dejado engañar por su propia propaganda. En Washington estaban convencidos de que los acontecimientos que tuvieron lugar en Irán después de la quiebra del banco Ayandeh dejaron un saldo superior a las 40 000 víctimas y que todas esas personas habían sido asesinadas por los Guardianes de la Revolución. Eso es totalmente falso. La mayoría de las víctimas son imputables a los atentados perpetrados por el Emirato Islámico (Daesh) y al pánico provocado por francotiradores apostados en lugares desde donde disparaban simultáneamente contra los manifestantes y contra la policía iraní. Además, el número real de víctimas es al menos 6 veces inferior a las cifras mencionadas.

Al mismo tiempo, en Washington se autoconvencieron de que todos los manifestantes eran “antirégimen”, creyendo que todo aquel que reclamaba el dinero que tenía depositado en el banco quebrado estaba obligatoriamente en contra del ayatollah Alí Khamenei. Esa suma de suposiciones metió en un mismo saco a quienes protestaban porque habían perdido sus ahorros, a los que protestaban contra una orientación social marcadamente religiosa y los que quieren un gobierno de corte occidental. Pero Occidente está descubriendo que es posible verse en la ruina por culpa del sistema bancario, ser hostil a los ayatolás, adorar las series de televisión estadounidenses y seguir siendo un defensor de la Patria.

Ese error de apreciación, comparable al que llevó a que Washington organizara la caída del shah Mohamed Reza Pahlevi y el regreso del imam Khomeini, desemboca hoy en la derrota militar de Estados Unidos ante Irán, y quizá hasta en la caída de Washington.

Notas:

[1] “U.S. Military Operations Against Iran: Munitions and Missile Defense”, Hannah D. Dennis y Daniel M. Gettinger, Congresionnal Research Service, 12 de marzo de 2026.

[2] “Early Iran strikes cost $5.6 billion in munitions, Pentagon estimates», Noah Robertson, The Washington Post, 9 de marzo de 2026.

[3] “US’s Hegseth claims new Iran Supreme Leader Mojtaba Khamenei injured”, Al-Jazeera, 13 de marzo de 2026.

[4] «Definición de la agresión», Red Voltaire, 14 de diciembre de 1974.

[5] “How Iran’s strikes on US bases could offer a preview for the Asia-Pacific”, Amber Wang, South China Morning Post, 11 de marzo de 2026.



miércoles, 11 de marzo de 2026

PEPE ESCOBAR: EL BLOQUEO DE ORMUZ PUEDE QUEBRAR A OCCIDENTE. PERO NO A CHINA

Pepe Escobar

Observatorio de la crisis, 10/03/2026

Vayamos al grano: el BRICS está en coma profundo. Lo desbarató, al menos temporalmente, India, que casualmente será la anfitriona de la cumbre del BRICS a finales de este año. ¡Menudo momento!

India ha traicionado, consecutivamente, a Rusia e Irán, miembros plenos del BRICS. Al consolidar su alianza con el Sindicato de Epstein, Nueva Delhi ha demostrado, sin lugar a dudas, no solo que no es confiable; más aún, toda su altiva retórica de «liderar el Sur Global» se ha derrumbado, para siempre.

Los BRICS tendrán que ser completamente renovados: incluso el Gran Maestro Serguéi Lavrov tendrá que llegar a esta ineludible conclusión. El triángulo original de Primakov, «RIC», muere una vez más. Incluso si India no es expulsada de los BRICS —podría ser suspendida—, «RIC» necesariamente tendrá que traducirse como Rusia-Irán-China, o incluso «RIIC» (Rusia-Irán-Indonesia-China).

En cuanto a nuestra posición en el Gran Tablero de Ajedrez, el profesor Michael Hudson lo sintetiza: «La gran ficción facilitadora ha desaparecido. Estados Unidos no está protegiendo al mundo de los ataques de Rusia, China e Irán. Su objetivo a largo plazo de controlar el comercio mundial de petróleo requiere terrorismo constante y una guerra permanente en Oriente Medio».

Pase lo que pase a continuación, el terrorismo en curso en Asia Occidental continuará, como el Sindicato Epstein, por impotencia pervertida y pura rabia, desatando una Lluvia Negra sobre la población civil (cursiva mía) de Teherán porque los iraníes se negaron a aceptar un cambio de régimen.

Además, el quid de la cuestión, al menos hasta mediados de siglo, está más claro que nunca. O prevalece el sistema excepcionalista de caos internacional, o será reemplazado por la igualdad impulsada por el Sur Global, con China a la cabeza.  

Este es un análisis en dos partes sobre la interacción clave de los BRICS en relación con la guerra contra Irán. En este punto, nos centraremos en China. A continuación, nos centraremos en Rusia e India.

¡No disparen! ¡Soy de propiedad china!

Las especulaciones despistadas del MICIMATT (complejo militar-industrial-congresional-de inteligencia-medios de comunicación-academia-think tank) acerca de que la inteligencia estadounidense “sugiere” que China se está preparando para ayudar a Irán son, una vez más, evidencia de cómo la sofisticación china evade los insignificantes “análisis” que emanan de Barbaria.

En primer lugar, la energía. China e Irán firmaron un acuerdo de 25 años, de 400.000 millones de dólares y beneficio mutuo, que básicamente vincula la inversión en energía e infraestructura.

A efectos prácticos, el estrecho de Ormuz está bloqueado debido a la retirada frenética de los seguros por parte de Occidente. No porque Teherán lo haya bloqueado.

China recibe el 90% de las exportaciones totales de crudo iraní, lo que representa el 12% de las importaciones chinas. La clave es que China aún tiene acceso a las exportaciones iraníes, así como a las de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Qatar e Irak: esto se debe a la sólida alianza estratégica entre Teherán y Pekín, lo que significa que los petroleros con destino a China pueden cruzar el estrecho de Ormuz.

Pekín y Teherán negociaron un paso seguro bilateral, vigente desde el viernes pasado, en lo que, a efectos prácticos, constituye un corredor marítimo crucial, cerrado multilateralmente. No es de extrañar que cada vez más petroleros lleven en sus transpondedores la palabra mágica «De propiedad china». Ese es su pasaporte diplomático naval.

Traducción: y esto supone un gran cambio: el fin de la hegemonía talasocrática del Imperio del Caos.

La «libertad de navegación» en determinados corredores de conectividad marítima ahora significa «un acuerdo con China». De propiedad china, sí; pero no europea, japonesa ni siquiera surcoreana.

Lo que Teherán recibe, con creces, es ayuda china de alta tecnología para la guerra contra el Sindicato Epstein. Y eso comenzó incluso antes de la guerra.

El barco de inteligencia chino Liaowang-1, un buque de rastreo espacial y SIGINT (inteligencia de señales) de última generación, ha estado navegando durante semanas cerca de la costa de Omán, proporcionando a Irán información electromagnética en tiempo real sobre los movimientos navales y aéreos del Sindicato Epstein.

Esto explica en gran medida la precisión milimétrica de la mayoría de los ataques iraníes.

El Liaowang-1, escoltado por destructores Tipo 055 y Tipo 052D, lleva al menos cinco domos de radar y antenas de alta ganancia, que rastrean con precisión al menos 1200 objetivos aéreos y de misiles simultáneamente mediante algoritmos de redes neuronales profundas. El alcance de sus sensores es de aproximadamente 6000 kilómetros.

Lo bueno es que esos sensores pueden rastrear tanto un satélite chino como una aerolínea estadounidense.

China está ayudando a su socio estratégico sin disparar un solo tiro, simplemente navegando una plataforma de vigilancia con procesamiento de redes neuronales en aguas internacionales.

Así que sí: China está grabando la guerra, en vivo, 24 horas al día, 7 días a la semana.

Como complemento del Liaowang-1, más de 300 satélites Jilin-1 registran literalmente todo, constituyendo una enorme base de datos ISR del Imperio del Caos en acción.

No habrá confirmación oficial ni de Teherán ni de Pekín. Pero la información china real, transmitida por Beidou, fue sin duda crucial para que Teherán destruyera por completo la infraestructura de la Quinta Flota estadounidense en Bahréin: un centro integral de radar, inteligencia y bases de datos, y la columna vertebral de la hegemonía estadounidense en Asia Occidental.

Este capítulo de la guerra, abordado desde el principio, revela cómo Teherán fue a la yugular cuando se trató de aplastar el juego de poder diseñado imperialmente para controlar los puntos estratégicos de estrangulamiento y el tránsito de energía, que Estados Unidos negaba  a China el acceso a ellos.

Aunque parezca sorprendente, lo que estamos viendo, en tiempo real, es a Irán negando al Imperio del Caos cuellos de botella marítimos, puertos y corredores de conectividad naval clave. Por el momento, se trata del Golfo Pérsico y el Estrecho de Ormuz. Pronto, con la ayuda de los hutíes yemeníes, también podría suceder en Bab-al-Mandeb.

Esto supone un cambio radical que beneficia no sólo a China sino también a Rusia, que necesita mantener abiertas sus rutas de exportación marítimas.

Si tienes dinero, ve al este.

Ahora sigamos el rastro del dinero. China posee 760.000 millones de dólares en bonos del Tesoro estadounidense. Pekín ha ordenado a todo su sistema bancario que venda sus tesoros como si no hubiera un mañana y, al mismo tiempo, acapare oro.

China e Irán ya comercian en yuanes. A partir de ahora, el laboratorio BRICS, que experimenta con sistemas de pago alternativos, debe alcanzar la velocidad de escape. Esto implica que se están probando todos los mecanismos, desde BRICS Pay hasta The Unit.

Además, está el éxodo de capitales. Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Catar y Kuwait ya están «revisando» todos los acuerdos, dudosos o no, que han cerrado con Washington. En conjunto, controlan nada menos que 2 billones de dólares en inversiones estadounidenses: bonos del Tesoro, participaciones en empresas tecnológicas de Silicon Valley, bienes raíces, etc.

Un tsunami de dinero comienza a invadir el este de Asia. El destino favorito, por ahora, es Tailandia, no Hong Kong. Eso llegará, y una vez más, beneficiará enormemente a China, ya que Hong Kong es uno de los nodos clave del Área de la Gran Bahía, junto con Shenzhen y Cantón.

Las reservas estratégicas y comerciales de crudo de China alcanzan para un máximo de cuatro meses. Además, se pueden incrementar las importaciones de crudo y gas natural, por vía marítima y por gasoductos, desde Rusia, Kazajistán y Myanmar.

Así pues, una combinación de suficientes reservas estratégicas; diversas fuentes de suministro; y un cambio de la demanda del petróleo a la electricidad se califican una vez más como resiliencia china. El bloqueo de Ormuz puede quebrar a Occidente. Pero no quebrará a China.

martes, 10 de marzo de 2026

ESTADOS UNIDOS NEGOCIA CON RUSIA LA REAPERTURA DEL GASODUCTO NORDSTREAM

mpr21, 09/03/2026

Estados Unidos negocia con Rusia la reapertura del gasoducto NordStream, asegura el Berliner Zeitung (*). El gas ruso podría reagresar a la Unión Europea, pero bajo el control de Estados Unidos. La reapertura reduciría los costes energéticos en Europa.

En la actualidad, Estados Unidos está explotando la paranoia rusófoba para tomar el control de Europa. Las empresas energéticas estadounidenses están interesadas en rentabilizar la dependencia de la Unión Europea del gas.

La estrategia de Estados Unidos es cada vez más evidente: intenta controlar los recursos de los que depende el crecimiento de China. Es el núcleo de la gran estrategia de Washington contra Pekín. Restablecer cierto nivel de exportaciones de gas ruso a la Unión Europea equivale a privar a China de estos recursos y un acercamiento con Rusia puede ayudar a Estados Unidos a lograr sus objetivos con respecto a China.

Hay otros factores a considerar, como extender la cooperación energética conjunta a otros yacimientos y difundir los efectos positivos de esta colaboración al sector de los minerales críticos.

Estados Unidos podría así lograr tres objetivos: 1) la Unión Europea se convertiría en un mercado más atractivo para las exportaciones estadounidenses de lo que es hoy, gracias a su recuperación, supervisada por Estados Unidos y apoyada por Rusia, mediante la reanudación de ciertas exportaciones de gas a bajo coste; 2) estos recursos quedarían entonces inaccesibles para China; y 3) las empresas estadounidenses seguirían beneficiándose de ellos.

Las preocupaciones de los países de Europa central y oriental, como Polonia y los países bálticos, con respecto al NordStream y una posible nueva alianza entre Rusia y Alemania en su contra también se disiparían, ya que son las mascotas de Estados Unidos en Europa y, por lo tanto, confiarían en que Estados Unidos mantenga el control sobre el gasoducto.

El acuerdo formaría parte de la “nueva distensión” entre Rusia y Estados Unidos. Es lo que el especulador Stephen P. Lynch ha estado intentando lograr desde que se reveló a finales de 2024 que intentaba discretamente adquirir NordStream.

La influencia de Estados Unidos sobre la Unión Europea podría aprovecharse para superar la resistencia al plan, mientras que la disposición de Rusia a negociar y sus exigencias de que se levanten todas las sanciones podrían contribuir a asegurar el acuerdo.

La reapertura del NordStream podría paliar la crisis energética mundial y ayudaría a salvar la economía de la Unión Europea del colapso.

(*) https://www.berliner-zeitung.de/politik-gesellschaft/geopolitik/geheime-verhandlungen-kommt-nord-stream-unter-us-kontrolle-zurueck-li.10018586