martes, 24 de febrero de 2026

EL OCCIDENTE DESORIENTADO

Pepe Escobar

Geopolítica rugiente, 24/02/2026


Ya hemos entrado en una nueva fase histórica: sin límites, sin circunloquios, sin siquiera intentar justificar nada. Irán refleja el enfrentamiento definitivo: o prevalece el imperialismo sionista estadounidense, o prevalece la multipolaridad.

Neo-Calígula, también conocido como el indiscutible campeón mundial de los aranceles, parece sorprendido de que Irán no haya capitulado.

No es de extrañar. Ninguno de los aduladores ignorantes de su asombrosamente mediocre círculo íntimo está intelectualmente preparado para explicar a Neo-Calígula, en frases cortas, los fundamentos del chiismo.

Y la cosa empeora. Lo que realmente hay sobre la mesa imperial es el retorno de la guerra total como tapadera política, que beneficia a una parte considerable de la oligarquía angloamericana/atlantista, enormemente corrupta y perversa.

Las «negociaciones» de Ginebra han sido un fracaso. La guerra contra Rusia fue el leitmotiv de la Conferencia de Seguridad de Múnich. La «armada masiva» concentrada no lejos del Golfo Pérsico camina, habla y navega como si Estados Unidos e Israel estuvieran listos para atacar Irán.

Incluso considerando una posible última oportunidad en Ginebra el viernes; incluso considerando que Irán no capitule, el escenario más plausible sigue siendo TACO.

Porque un ataque a Irán, que provocaría una respuesta devastadora, sellaría el acuerdo sobre la derrota de los republicanos en las elecciones de mitad de mandato y convertiría al neocalígulo en un pato cojo con aranceles.

Todo el drama gira en torno a la necesidad inmediata de desviar la atención de los archivos Epstein, o de los Estados Unidos de la isla Epstein chocando con el colectivo occidental Epstein. El sindicato Trump-Bibi-Epstein necesita cambiar el discurso.

En Estados Unidos impera una monstruosa burbuja especulativa; históricamente, el Imperio del Caos, el Saqueo y las Huelgas Permanentes siempre entra en guerra después de que estalle una burbuja. El Departamento de Guerras Eternas tendrá un presupuesto un 50 % mayor en 2027.

Sin embargo, las guerras deben comenzar ahora. El complejo industrial-militar, o más bien el MICIMATT, como lo definió memorablemente Ray McGovern (complejo militar-industrial-congresional-de inteligencia-mediático-académico-think tank), es la única válvula de escape para un turbo-capitalismo occidental que va a la zaga económicamente y cuya «credibilidad» está por los suelos.

El nuevo paradigma (sin reglas, caos internacional) ahora está al descubierto. Es sumamente depredador, de forma pornográfica: el espíritu de Epstein lo captura a la perfección.

Y la historia se repite, siempre como una farsa: la guerra proxy contra Rusia en Ucrania continuará. Esa es una obsesión de la «élite» europea. Y, al igual que en 1941, se trata de los inmensos recursos naturales de Rusia.

Así que Nietzsche tenía razón, como siempre, ya en 1888. Estamos viviendo los estertores de la inmersión posmodernista occidental en el nihilismo. La posverdad, en otra perla poética de (in)justicia, se refleja en Truth Social.

Desconciértame, nena

Nuestro profundo y oscuro malestar actual podría analizarse fácilmente como la conclusión lógica de un largo proceso que abarca el imperio persa, las guerras grecopersas, su impacto en la cultura griega, el helenismo, el Imperio romano, el surgimiento del cristianismo y el islam, las cruzadas, el Renacimiento, la Era de los Descubrimientos que superó el comercio intraeuroasiático, la Revolución Industrial, la Ilustración, la independencia estadounidense, la Revolución Francesa, el idealismo alemán, las revoluciones de 1848, Nietzsche, la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial.

Durante más de dos milenios, Platón y Aristóteles proporcionaron la arquitectura filosófica de esta tradición. Luego, ya en 1945, todo el edificio se derrumbó. El capitalismo liberal y la «democracia» estadounidense se impusieron como verdades incuestionables y acabaron con el espacio para un debate ideológico sustantivo.

El fin de la URSS dio lugar a la suprema tontería del «fin de la Historia» y, con ello, al fin del pensamiento crítico. Solo ahora, con el auge y el ascenso de China, Occidente se ve obligado a volver a la Historia, de la que a partir de ahora será principalmente espectador. El Occidente colectivo y fragmentado ha perdido para siempre la capacidad de situarse históricamente. Occidente se encuentra ahora bajo el dominio total del Desconcertador.

La lógica del Desconcertador se aplica, por ejemplo, al suicidio energético de la UE. El Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero (IEEFA), con sede en Ohio, estimó recientemente que Estados Unidos podría suministrar hasta el 80 % de las importaciones de GNL de la UE para 2030. Esto está relacionado con el acuerdo comercial anunciado el pasado mes de julio, por el que la UE se compromete a comprar la enorme cantidad de 750.000 millones de dólares en productos energéticos estadounidenses para 2028.

Perder el gas ruso barato y depender del GNL ridículamente caro del Imperio del Caos es la sentencia de muerte de las empresas industriales de toda la UE. Los cierres y las quiebras ya son la norma, especialmente en la antigua potencia industrial que es Alemania. Llámelo el triunfo de la desindustrialización.

Mientras tanto, los actores racionales del RIC (Rusia-India-China) invierten en una compleja construcción estratégica.

Esto se debe a una conjunción de la inteligente estrategia táctica de Rusia, una promesa utilizada como palanca, con algunos dominios del dólar estadounidense; la expansión constante del yuan internacionalizado; la India también aprovechando las relaciones con Estados Unidos mientras avanza en la arquitectura del sistema de pago BRICS; y la seguridad marítima interconectada, como en las maniobras navales de Rusia, China e Irán.

El diseño de las cinco esferas de influencia de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos ya está fracasando: Estados Unidos, Rusia, China (ambos designados como enemigos), India y Japón (vasallo de Estados Unidos).

La ESN insiste en que «la seguridad, la libertad y la prosperidad del pueblo estadounidense están directamente relacionadas con nuestra capacidad para comerciar y estar implicados en una posición de fuerza en el Indo-Pacífico».

Así que, de hecho, se trata de una amenaza de guerra, no de una oferta geoeconómica. Incluso la India puede verlo. Algo totalmente en sintonía con la necesidad imperial más urgente y desesperada de recursos naturales y control de territorios estratégicos.

El enfrentamiento definitivo

El Nuevo Gran Juego evoluciona, pero el campo de batalla clave está definido: EE. UU.-China. Todo lo demás está subordinado a ello. Neo-Calígula tiene previsto visitar China a principios de abril. Hablemos del enfrentamiento definitivo.

Neo-Calígula intentará, bajo presión, conseguir algún tipo de gran acuerdo para asegurar el dominio del dólar estadounidense. El fracaso está garantizado, ya que el Imperio del Caos sigue tratando de coaccionar a China cuando necesita urgentemente su cooperación.

Lo que realmente le importa a Pekín es internacionalizar el yuan mientras construye un corredor tras otro respaldado por oro. Y utilizar su poderío financiero con discreción, ya sea restringiendo las exportaciones de plata o vendiendo masivamente bonos del Tesoro estadounidense.

Pekín sabe muy bien que la pila de burbujas estadounidenses solo puede sostenerse mediante un control oligárquico férreo y una impresión de dinero sin fin. No hay plan B.

Ya hemos entrado en una nueva fase histórica: sin límites, sin circunloquios, sin siquiera intentar justificar nada. Esto se aplica, por ejemplo, a la piratería de los estadounidenses (y, en cierta medida, de los europeos) contra los activos navales rusos.

Irán refleja el enfrentamiento definitivo: o prevalece el imperialismo sionista estadounidense, o prevalece la multipolaridad, representada por la asociación estratégica entre Rusia y China y los BRICS.

Por lo tanto, no es de extrañar que el omnipresente campo de batalla se vuelva cada día más feroz.


UNA SOLA GUERRA

Rafael Poch 

ctxt, 23/02/2026

Lo que estamos presenciando alrededor de Irán, Ucrania y Venezuela, es, en términos generales, una misma guerra


Lo que estamos presenciando alrededor de Irán, Ucrania y Venezuela es, en términos generales, una misma y sola guerra. Su objetivo es impedir militarmente el ocaso de la hegemonía americano-occidental en el mundo, amenazada principalmente por la pujanza china. En Ucrania se trata de debilitar a Rusia, socio fundamental de China. En Venezuela, de privar a China del acceso a importantes reservas energéticas y recursos latinoamericanos. Irán es el eslabón esencial de la integración euroasiática, con sus corredores energéticos y de transporte este-oeste y norte-sur. Se quiere hacer con Irán lo que se hizo con Siria: eliminar un Estado soberano e independiente y sustituirlo por la habitual mezcla de régimen sometido y agujero negro.

En el segundo ataque que se está preparando contra Irán, Trump ha desplegado un tercio de su capacidad aeronaval. Deshacer ese carísimo despliegue sin utilizarlo ni hacer nada no es imaginable. El vicepresidente, JD Vance, visitó no hace mucho Armenia y Azerbaiyán para buscar su apoyo al ataque. En Turquía, y sobre todo en Arabia Saudí, Qatar, Bahrein y los Emiratos Árabes Unidos, hay preocupación y rechazo al riesgo de gran guerra regional planteado por Washington e Israel porque podría afectar a sus instalaciones energéticas. Mucho dependerá de la capacidad de respuesta militar iraní, del daño de respuesta que sean capaces de infligir al adversario. 

Los iraníes dicen que responderán al nivel de lo que reciban. Dicen tener mucha mayor capacidad misilística que la demostrada en la guerra de los doce días del pasado junio, cuando 45 de sus misiles traspasaron la red protectora israelí tras agotar y superar su capacidad de interceptación, en la que, además de Estados Unidos colaboraban los europeos. Se desconoce si los militares iraníes han restablecido y mejorado su defensa antiaérea desde entonces, así como el papel que en ello puedan haber jugado los rusos –demasiado ocupados en Ucrania– y, sobre todo, los chinos, siempre enemigos de desafíos demasiado explícitos. En el peor escenario, Irán puede cerrar el estrecho de Ormuz y generar una seria crisis petrolera y económica internacional. En la zona hay algunos barcos de las marinas rusa y china, lo que incrementa los riesgos.

Cuando entra en su quinto año, la guerra de Ucrania mantiene unas negociaciones más ambiguas que nunca. Que el principal factor de la guerra, Estados Unidos, se presente en ellas como “mediador” obedece únicamente al miedo de que una derrota militar de la OTAN socave el prestigio de Washington. Trump ha transferido a los europeos parte del marrón, la ayuda militar a Kiev, pero excepto en dinero, su implicación sigue siendo la misma. La CIA y el MI6 británico siguen muy activos señalando objetivos y posibilitando los ataques ucranianos. Aviones americanos y británicos continúan sobrevolando el Mar Negro y guiando artefactos ucranianos contra la retaguardia rusa cuyo conteo de víctimas civiles apenas se reporta. Los ojos y oídos militares de Kiev siguen siendo occidentales. Según un informe The New York Times, en enero, Washington continúa ayudando a Kiev a seleccionar objetivos en Rusia y ayuda en los ataques a petroleros rusos en los mares Báltico, Negro y Mediterráneo, acciones sobre las que Trump está al corriente. El presidente del Consejo de Seguridad ruso, Nikolai Pátrushev, ha amenazado con utilizar la débil marina de guerra rusa para proteger sus barcos comerciales. Rusia tiene muchos recursos nucleares pero, particularmente en el Báltico, muy poca capacidad naval.

Después del cordial encuentro Putin-Trump en Alaska del pasado agosto, Washington no ha concedido nada, ni ha lanzado la más mínima señal de distensión. Ni siquiera ha respondido a las propuestas rusas de prolongar la vigencia del acuerdo START sobre límites del armamento nuclear, y ha anunciado su demencial decisión de retomar las pruebas nucleares, lo que empujará a Rusia a medidas similares. Por todo ello, Moscú no confía en Trump ni en el éxito de las negociaciones. Sigue el juego porque no pierde nada con ello, pero es consciente de que el asunto se decide en el frente militar. Respecto a los europeos, hacen todo lo posible por torpedear la mascarada. 

“Las exigencias maximalistas de Rusia no pueden satisfacerse con una respuesta minimalista”, dice la siempre sorprendente responsable europea de exteriores, Kaja Kallas. Su catálogo de exigencias, contenido en un documento citado el 20 de febrero por Radio Free Europe defiende que Rusia retire sus tropas de Bielorrusia, Georgia, Armenia y Transnistria. Después de la guerra, Moscú deberá desarmarse al mismo nivel que Ucrania, pagar reparaciones, responder por crímenes de guerra, e incluso celebrar, en Rusia, elecciones bajo supervisión internacional. Es decir, la UE sigue soñando con la “derrota estratégica” de Rusia que barajaba al principio del conflicto, pese a que la realidad, militar y económica, no apunta en esa dirección.

La delegación rusa llegó la semana pasada a Ginebra tras un vuelo de más de seis horas a través de Turquía, el Mediterráneo e Italia, porque alemanes y polacos se negaron a conceder permiso de vuelo a su avión. El 7 de febrero, un importante asesor de la delegación negociadora rusa, el general Vladímir Alekseyev, subdirector de la inteligencia militar, fue tiroteado en su domicilio de Moscú en una acción atribuida a los servicios secretos ucranianos. Una escuadrilla de cazas F-16 pilotada por militares americanos y holandeses está ayudando a la maltrecha defensa antiaérea en Kiev, aunque fuentes estadounidenses alegan que no son militares regulares, sino gente contratada. En ese contexto, el ministro de exteriores ruso, Sergei Lavrov, apartado por el Kremlin de las actuales negociaciones, expresa diariamente su escepticismo respecto a ellas. Entre la general reprobación al cruel bombardeo ruso de infraestructuras energéticas que condena al frío a la población civil en muchas ciudades ucranianas, la justificación de esa misma práctica en la guerra de Kosovo de 1999 a cargo del infame portavoz de la OTAN Jamie Shea, el 29 de mayo de aquel año en una conferencia de prensa en Bruselas, ha sido oportunamente eliminada de la web de la Alianza. 

Todo forma parte de lo mismo, ha explicado el secretario de Estado, Marco Rubio, en la conferencia de Seguridad de Múnich: prolongar los quinientos años de dominio occidental del mundo, dijo ovacionado por los dirigentes europeos decididos a cumplir con entusiasmo su parte en esta, ya imposible, misión civilizadora.

viernes, 13 de febrero de 2026

POR QUÉ RUSIA Y CHINA DEBERÍAN INTENSIFICAR LA DEFENSA DE CUBA

Finian Cunningham, periodista experto en geopolítica 

Observatorio de la crisis, 10/02/2026

¿Cuánta agresión permitirán Moscú y Pekín que el régimen psicópata estadounidense cometa antes de que sea demasiado tarde?

El régimen de Trump ha intensificado el embargo ilegal estadounidense a Cuba, que lleva décadas en vigor, hasta convertirlo en una guerra económica abierta. La nación caribeña de 11 millones de habitantes, en plena recuperación del huracán Irma hace apenas tres meses, enfrenta una crisis existencial debido al bloqueo de combustible tras el anuncio de Trump de la suspensión total de los envíos de petróleo.

Sin embargo, el matón estadounidense ha declarado perversamente que Cuba es una “amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos”, dándose así licencia para imponer sufrimiento genocida.

Washington suspendió todos los envíos desde Venezuela tras el secuestro del presidente venezolano, Nicolás Maduro, en enero. Caracas había sido un recurso vital para el aliado socialista en la recepción de suministros petroleros. Ahora, Trump ha ordenado a todos los países que cesen los envíos de combustible a Cuba bajo pena de sanciones económicas y la incautación de buques.

La situación en Cuba es crítica. El presidente Miguel Díaz-Canel ha ordenado un racionamiento de emergencia ante los apagones continuos que sufre el país. «No permitir que entre ni una sola gota de combustible a nuestro país afectará el transporte, la producción de alimentos, el turismo, la educación infantil y el sistema de salud», declaró.

Rusia y China han condenado la agresión estadounidense contra Cuba. Moscú ha prometido continuar el suministro de petróleo crudo a pesar de la amenaza de sanciones estadounidenses. China también ha expresado su solidaridad con el suministro de ayuda alimentaria y tecnología solar para impulsar la creciente red cubana de fuentes de energía renovable.

Pero Rusia y China deberían hacer más para defender a un aliado en necesidad, bajo el principio de que un ataque a uno de nosotros es un ataque a todos.

El tiempo apremia. El régimen de Trump tiene a Cuba en la mira para un cambio de régimen. El ataque a Venezuela y la continua agresión contra Irán con impunidad parecen haber envalentonado a Washington para aumentar la presión sobre La Habana.

Trump y sus secuaces, como el Secretario de Estado Marco Rubio, hijo de emigrantes cubanos, están salivando ante la perspectiva de poner a Cuba de rodillas y destruir finalmente la revolución que ha desafiado la implacable hostilidad estadounidense durante más de 65 años.

En 1959, la revolución cubana liderada por Fidel Castro y el Che Guevara transformó al empobrecido país, de una dictadura respaldada por Estados Unidos, en un faro de esperanza para el mundo, demostrando que el socialismo era una liberación viable de la pobreza, la miseria y la degradación propias del capitalismo estadounidense. Cuba se convirtió en la «amenaza de un buen ejemplo» en el supuesto patio trasero de Washington.

Durante más de seis décadas, Estados Unidos ha impuesto un embargo económico ilegal a Cuba, en flagrante violación del derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas. Cada año, durante los últimos 30 años, la Asamblea General de las Naciones Unidas ha votado por abrumadora mayoría exigiendo a Estados Unidos que ponga fin a su agresión económica.

Además del estrangulamiento económico, Estados Unidos ha librado una campaña de terrorismo de Estado y operaciones psicológicas para un cambio de régimen. Ron Ridenour relata en Killing Democracy cómo la CIA llevó a cabo innumerables intentos de asesinato contra Fidel Castro y otros actos de agresión, como el atentado con bomba contra un avión civil en 1976, en el que murieron las 73 personas a bordo. La CIA también atacó la isla con armas biológicas para destruir la agricultura cubana.

El pueblo cubano también se vio amenazado de aniquilación nuclear durante la crisis de los misiles de 1962, cuando Cuba intentó defenderse instalando armas nucleares de la Unión Soviética. Los estadounidenses no lo toleraron, a pesar de que Estados Unidos se atribuye el derecho a colocar sus misiles en las fronteras de otras naciones.

Cuando la Unión Soviética se derrumbó en 1991, Cuba sufrió una crisis económica debido a la pérdida de comercio. La isla necesitó años de innovación e improvisación para recuperarse, lo que logró con el apoyo constante de Rusia y China, así como con el vital suministro de petróleo de la Venezuela socialista durante los últimos 25 años.

La suspensión del suministro de petróleo venezolano por parte de Trump ha sumido a Cuba en una grave crisis. Esto se suma al azote del huracán Melissa en octubre pasado.

En un acto de repugnante hipocresía, la administración Trump anunció la semana pasada una propuesta de 6 millones de dólares en «ayuda humanitaria», aparentemente debido a los daños causados por el huracán. La Habana condenó lo que calificó de guerra económica estadounidense, que causa sufrimiento a toda la población y luego arroja «latas de sopa para ayudar a unos pocos».

Hay indicios de que Rusia está intensificando su asistencia militar a Cuba. Un cargamento de un Ilyushin IL-76 aterrizó el 1 de febrero en la base aérea de San Antonio de Los Baños, a 50 kilómetros de La Habana. Se cree que el cargamento incluía sistemas de defensa aérea.

Una maniobra rusa similar ocurrió en octubre pasado en Venezuela, cuando un avión de carga IL-76 aterrizó en medio de crecientes tensiones con Estados Unidos. Esto se interpretó como un apoyo ruso a Caracas. Resultó que las defensas rusas eran deficientes cuando comandos estadounidenses irrumpieron en Caracas el 3 de enero para secuestrar al presidente Maduro y a su esposa. Se especula que los venezolanos no estaban suficientemente entrenados para operar las armas rusas.

Moscú debe garantizar que no se cometa el mismo error en Cuba. Los dos aliados históricos firmaron un acuerdo renovado de cooperación militar en marzo de 2025. El mes pasado, el 21 de enero, el ministro del Interior ruso, Vladímir Aleksándovich Kolokoltsev, acompañado por una delegación de militares rusos, se reunió con los líderes cubanos en La Habana.

Rusia y China deberían actuar con decisión para que Washington sepa que debe desvincularse de Cuba. Se necesitan más entregas de IL-76.

¿Por qué no enviar a los petroleros cargueros acompañados de buques de guerra rusos y chinos a la libertad de navegación conforme al derecho internacional?

China debería lanzar una advertencia vendiendo más bonos del Tesoro estadounidense y dejando saber a Washington que su economía corre el riesgo de sufrir una liquidación de dólares.

Algunos advertirán que tales medidas podrían llevar a Washington a una guerra total. Quizás. Pero ¿cuál es la alternativa? ¿Más agresividad de las hienas estadounidenses mientras acechan a la manada, eliminando a los miembros más débiles uno por uno?

Cuba ha sido durante mucho tiempo una valiente inspiración para el socialismo y un desarrollo más humano. Rusia y China le deben a Cuba una solidaridad activa y deben defender su llamado a un mundo multipolar, libre de la hegemonía estadounidense. Es hora de actuar.

Se trata de una cuestión de solidaridad moral y humanitaria con una nación que sufre la brutal agresión de un imperio despiadado. Más aún, si Cuba cae, será solo cuestión de tiempo antes de que el imperio estadounidense intensifique sus ataques contra Rusia y China. Siria, Ucrania, Venezuela, Taiwán, Irán, Cuba… ¿Cuánta agresión permitirán Moscú y Pekín al régimen psicópata estadounidense antes de que sea demasiado tarde.

VENEZUELA: LAS COSAS NO SON CÓMO EMPIEZAN, SINO CÓMO TERMINAN

Augusto Zamora R.

El 19 Digital, 04/01/2026

El 1 de mayo de 2003, un ufano presidente George W. Bush, en un discurso televisado a bordo del portaaviones USS Abraham Lincoln, frente a las costas de California, anunciaba que “las principales operaciones de combate en Irak han finalizado. En la batalla de Irak, Estados Unidos y nuestros aliados han prevalecido”. Detrás de Bush se podía leer una gran pancarta que decía “Misión cumplida”. La ilegal invasión de Iraq había comenzado el 20 de marzo. Bush proclamó la victoria cuarenta días después. En Iraq se decía otra cosa. Que la guerra apenas había comenzado, como efectivamente así fue. Se sucedieron ocho largos y sangrientos años de guerra hasta que, en diciembre de 2011, las últimas tropas estadounidenses abandonaban, derrotadas, Iraq. Medio millón de iraquíes habían perecido de forma violenta, mientras EEUU perdía 4.500 soldados. La guerra no había concluido en mayo de 2003. Había comenzado.

El presidente Bush hizo, en aquel discurso, otra afirmación: “Tenemos una ardua labor por delante en Irak. Estamos poniendo orden en zonas de ese país que siguen siendo peligrosas”. Se refería a lo siguiente: gobernar Iraq como una neocolonia, con las tropas yanquis paseándose por el país como si fuera parque de atracciones. No pudieron. Al final, tuvieron que tragar y entregar el poder a la mayoría chiita, aliada de Irán, y, luego, llegar a compromisos con los iraquíes, muy lejos de lo que pensaban en 2003.

Peor les fue en Afganistán. EE.UU invadió el país en 2001 para derrocar a los talibanes, acusados de terroristas, para retirarse a la desesperada en 2021 dejándole el poder a… los talibanes. En 2025, buscaron negociar con ellos la entrega de una base aérea, a lo que, como podrán imaginarse, el gobierno talibán se negó tajantemente.

La operación terrorista ordenada por Donald Trump contra Venezuela, con el secuestro del presidente Nicolás Maduro, y su eufórico discurso cantando victoria, dando por terminado el episodio y hablando de que gobernarán directamente Venezuela, tiene ecos de déjà vu, de situación vivida, no una, sino muchas veces. Trump hoy, como Bush en 2003, confunde lo inmediato del acto con las consecuencias del mismo. El éxito espurio de una operación comando es una cosa. La cascada de sucesos que el secuestro del presidente venezolano está y seguirá desencadenando es otra. Porque el secuestro de un presidente no es un hecho baladí. Es abrir una caja de truenos que, a su vez, servirá de desencadenante de hechos posteriores que es prematuro -e imposible- imaginar. Si en 2001 alguien hubiera afirmado que, en 2021, los talibanes volverían a entrar triunfantes en Kabul, las burlas habrían sido masivas. Si en 2003 se hubiera dicho que, en 2011, EEUU se retiraría de Iraq sin haber alcanzado sus objetivos, la reacción habría sido similar. Las cosas, bien lo sabemos, no son cómo empiezan, sino cómo terminan.

Los jefes de Estado son, de entrada, personas internacionalmente protegidas, según lo establece la Convención sobre la prevención y el castigo de delitos contra personas internacionalmente protegidas, inclusive los agentes diplomáticos, adoptada por NNUU el 14 de diciembre de 1973. La ONU considera que “los delitos contra los agentes diplomáticos y otras personas internacionalmente protegidas al poner en peligro la seguridad de esas personas crean una seria amenaza para el mantenimiento de relaciones internacionales normales, que son necesarias para la cooperación entre los Estados”. Según el artículo 2 de dicha Convención,“Serán calificados por cada Estado parte como delitos en su legislación interna, cuando se realicen intencionalmente: a) la comisión de un homicidio, secuestro u otro atentado contra la integridad física o la libertad de una persona internacionalmente protegida”. EE.UU, por tanto, ha perpetrado el secuestro de una persona internacionalmente protegida, lo que constituye un delito internacional. Desde esta perspectiva, los tribunales de EE.UU carecen totalmente de jurisdicción para juzgar a una persona protegida internacionalmente que ha sido objeto de secuestro, figura delictiva en todas las legislaciones del mundo, incluyendo a EE.UU.

Por otra parte, se aplica aquí la antigua y fundamental máxima jurídica de que “nadie puede obtener beneficio de su propio dolo”, es decir, que nadie -persona o Estado-, puede prevalerse de un acto doloso o ilícito como base para obtener ventajas o derechos en un proceso judicial. Los tribunales estadounidenses, en tal sentido, no podrían, si respetaran los fundamentos esenciales del Derecho, juzgar en forma alguna al presidente venezolano. Esto no detendrá a los jueces gringos, pero permitirá constatar, una vez más, que, en EE.UU, no impera el Derecho, sino la barbarie y sólo la barbarie. Como recoge el diario The Washington Post, “La captura de Maduro por parte de Estados Unidos puede ser ilegal; eso probablemente no importará en los tribunales”. Detrás de su rostro de ‘civilizados’ se encuentra el esclavista, el genocida y el pistolero, los tres pilares sobre los que se fue construyendo ese engendro que se hace llamar EE.UU.

Secuestrar a un presidente es un acto de guerra; pero, peor aún, es legitimar con hechos cualquier tipo de arbitrariedad derivada de la fuerza bruta. Es retrotraer al mundo la era del imperialismo salvaje del siglo XIX, cuando los supuestamente civilizados europeos se sentían autorizados, en nombre de su superioridad civilizacional, a asesinar, esclavizar, expoliar, destruir y saquear a los pueblos considerados bárbaros y salvajes. Si Trump puede secuestrar a un jefe de Estado, cualquier otro gobierno se sentirá autorizado, si puede, a ordenar el secuestro de Trump o de cualquier otro presidente.

Otra cuestión debemos tener clara. La política del gobierno estadounidense no obedece únicamente a su histórica vocación de violencia, intervención y uso de la fuerza. Aunque su pulsión violenta les impulsa a actuar casi mecánicamente como pistoleros, esa política sigue las pautas establecidas durante las guerras mundiales, sobre todo en la Segunda Guerra Mundial, cuando Washington exigió a los gobiernos del continente un alineamiento sin fisuras con EEUU. Todos los gobiernos se alinearon, excepto el argentino, bajo la presidencia de Juan Domingo Perón, que rehusó declarar la guerra al Eje, por su simpatía hacia el fascismo. El punto no es ése. La rebeldía de Perón llevó a EEUU a promover la desestabilización del gobierno argentino, a tal punto que, en 1945, el embajador gringo, Spruille Braden, instigador de la sangrienta Guerra del Chaco, encabezaba las manifestaciones contra Perón. En octubre de 1945, un golpe de estado derrocó a Perón, que tuvo que ser liberado por los golpistas a causa de una enorme presión popular. Perón ganó las elecciones de 1946 usando el eslogan “Braden o Perón”. Hoy, en Venezuela, pueden parafrasear el eslogan, bajo el lema “Trump o Maduro”.

Trump afirma que EE.UU necesita el petróleo y los recursos venezolanos porque, según él, ‘pertenecen’ a EE.UU. En realidad, lo que Trump quiere es controlar los recursos de todo el continente como parte esencial de la preparación de EE.UU de la guerra que viene contra China y Rusia. Como ya señaláramos en De Ucrania al Mar de la China, desde 2017, durante su primer periodo presidencial, Trump diseñó una estrategia militar que repetía, en lo sustantivo, la adoptada por EE.UU en la II Guerra Mundial. Como se recordará, EE.UU batalló a muerte contra Japón de 1941 a 1944 y no entró de lleno en el escenario bélico europeo hasta junio de 1944, cuando, ya vencido Japón, consideró que podía apuntarse a la guerra contra la Alemania nazi. Para 1944, el Ejército Rojo ya había demolido al ejército nazi, de forma que la participación directa de EE.UU en el escenario europeo tuvo más relevancia en Hollywood que en la guerra misma.

No será posible entender la atroz agresión que sufre Venezuela y el propio secuestro del presidente Maduro y de su esposa si se le aísla del escenario mundial y de la lucha, soterrada e implacable, por el cambio sistémico en curso. Es esa lucha lo que explica la beligerancia de Trump en favor de candidatos derechistas ‘trumpistas’ en el continente americano y en la misma Europa. EE.UU no está pretendiendo devolver la región a lo que era hace un siglo. EE.UU quiere gobiernos alineados y serviles en los países americanos y europeos que bailen a su compás, sin vacilación ninguna, para cuando se inicie el enfrentamiento mundial, particularmente por el dominio del océano Pacífico. Aunque el petróleo esté de por medio, nadie en Venezuela se oponía a inversiones estadounidenses en el sector de hidrocarburos. Todo lo contrario, las cortapisas a una relación comercial mutuamente beneficiosa provenían del gobierno estadounidense. En febrero de 2024, Trump anunció que revocaría la licencia que “el corrupto Joe Biden concedió” a Venezuela, en 2022, para que la multinacional Chevron operara en el país.

El petróleo es más cortina de humo que realidad. De siempre se han hecho mejores negocios en la paz que en la guerra. Durante los veinte años que duró la invasión de Afganistán, ninguna empresa de EE.UU pudo extraer beneficios del país. Fue, todo, un desastre militar, político y, sobre todo, económico. El estudio realizado, al respecto, por la Universidad Brown, en 2019, concluyó que la guerra de Afganistán costó a EE.UU la friolera de 978.000 millones de dólares. Haciendo comparaciones, el PIB de Chile, en 2025, fue de 340.000 millones de dólares. El de Suecia, de 640.000 millones.

La visión estratégica de EE.UU explica, también, el aparente menosprecio de Trump hacia los países atlantistas europeos. Trump los desprecia porque, en su mayoría, se han negado a seguir las directrices dadas desde 2017, de rearmarse comprando armamento estadounidense y de multiplicar por tres el gasto militar, hasta alcanzar el 5% del PIB. Trump, contrario a lo que predican los bobos de turno, no quiere a la OTAN débil. La quiere archi-militarizada con armamento gringo que, además de inyectar centenares de miles de millones de dólares a las arcas de EE.UU -que necesita perentoriamente para financiar el rearme contra China-,conforme una amenaza militar suficiente para amedrentar a Rusia. Y quiere a Rusia amedrentada para que, en caso de guerra con China, Rusia no pueda brindar apoyo suficiente a China. Sin apoyo ruso, EEUU podría soñar con derrotar a China y, una vez derrotada China, pasarían a ocuparse de Rusia.

También explica su aparente interés en la paz entre Rusia y Ucrania. En realidad, Trump ofrece un caramelo para distraer a Rusia y así dar tiempo a que los europeos atlantistas se rearmen. No es un esquema de paz lo que Trump está moviendo en Ucrania, sino de guerra. De la guerra sistémica que sostienen aquellos (China, Rusia, India, Irán…) que quieren instaurar un nuevo orden mundial contra los que (EE.UU y sus títeres europeos) se afanan por impedirlo y prolongar cuanto puedan su hegemonía decadente. Eso aclara el apoyo o el silencio cómplice de la casta política europea hacia la operación terrorista de EEUU en Venezuela. Son zorros del mismo piñal unidos en los mismos objetivos.

No hay, en el mundo actual, conflictos aislados unos de otros. Estamos en un sistema de vasos comunicantes donde todos los grandes frentes de conflicto -Ucrania, Gaza, Irán, Asia-Pacífico, África, hoy Venezuela-, están intercomunicados y unos influyen en los otros. Lo que ha movido a EE.UU contra Venezuela está relacionado con la pretensión gringa de apoderarse de Groenlandia. EEUU quiere una Groenlandia yanqui para hacer allí un símil de Taiwán y cerrar a Rusia el acceso al océano Atlántico. Y así…

Es la versión geopolítica del efecto mariposa (“un pequeño cambio ahora puede dar lugar a un cambio gigantesco e impredecible en el futuro”). Pueden ser conflictos localizados en una geografía determinada, pero que forman parte del conflicto global, cuyo escenario principal -no se engañe nadie- es el control del Pacífico. Allí, en el ‘arco del triunfo’ que va de la península coreana a India -que referimos en Política y geopolítica para rebeldes, irreverentes y escépticos-, está el corazón de la economía mundial, la mitad de la población y las cuatro mayores potencias globales.

El acto criminal contra Venezuela tiene otras secuelas, las inmediatas. Una de ellas es recordarnos, de golpe, que el imperialismo depredatorio y violento no ha muerto. Está vivo y coleando, esperando únicamente que nos durmamos para asaltarnos. También sirve para recordar que la lucha antiimperialista acabará sólo cuando los sistemas imperialistas hayan sido derrotados. No es posible saber qué derroteros seguirá la agresión contra Venezuela. Lo que debemos tener claro es que, mientras el enemigo está despierto, estamos obligados a permanecer en vigilia. Hoy es Venezuela, mañana cualquiera. De fondo, el planeta entero.

Una inédita versión global de lucha entre opresores y oprimidos. Entre oligarquías y pueblos. Entre un mundo unipolar, en manos criminales, y el mundo multipolar, que queremos en manos de la humanidad. Venezuela es el nuevo capítulo, no el último. Habrá otros. Irán, Egipto, Indonesia, África Central… Y no hay que llamarse a engaño. La acción criminal contra Venezuela acelerará el choque global. Si Trump enseña los dientes otros tendrán que apurarse con los misiles.

Sin dar espacio al desaliento, toca estar alertas y preparados. Se han perdido, se pierden y se perderán batallas, pero, al final, la victoria será nuestra. Hagan números y verán que salen las cuentas.


martes, 10 de febrero de 2026

‘¡EL PETRÓLEO ES EL VERDADERO ALMA DEL COMBATE NAVAL!’

mpr21, 10/02/2026

Las raíces de la actual crisis entre las potencias occidentales, principalmente Estados Unidos y Reino Unido, e Irán son tan profundas y tan antiguas como cualquiera de los vastos campos petrolíferos de Oriente Medio.

Lo que atrajo la atención de los capitalistas hacia el petróleo persa fueron las obras del geólogo y arqueólogo francés Jacques de Morgan. En un artículo de 1892 informó sobre la abundancia de yacimientos en el oeste de Irán y la posibilidad de establecer una industria petrolera muy rentable en la región.

Se desató la codicia. En 1901 un capitalista británico, William Knox D’Arcy, sobornó al Sha con 5.000 libras esterlinas para firmar un contrato que le otorgaba los derechos exclusivos para la prospección petrolífera durante 60 años en una vasta extensión de un millón de kilómetros cuadrados, las tres cuartas partes del país, y que, además, alcanzaba también al gas, el asfalto y las ceras minerales.

Para completar el expolio, el Sha recibió además un mordida de 20.000 libras esterlinas en efectivo, más otras 20.000 más en acciones.

Luego D’Arcy, que jamás puso un pie en suelo persa, contrató al ingeniero George Bernard Reynolds para las perforaciones y empezaron a sondear, hasta consumir por completo el capital de D’Arcy, que pidió un préstamo al Almirantazgo británico. Inicialmente se lo denegaron, aunque Persia tenía un enorme valor estratégico para el Imperio británico, ya que era la ruta de paso hacia la India.

El Almirantazgo recurrio a uno de sus espías más legendarios, Sidney Reilly, que inspiró la leyenda 007, para convencer a D’Arcy de vender la mayor parte de su concesión a una petrolera, Burmah Oil, actual Castrol, que buscaba petróleo en Birmania.

D’Arcy y Burmah Oil firmaron el acuerdo en Londres en 1905, compartiendo la concesión con el nombre de Anglo Persian Oil Company, una multinacional actualmente conocida como BP (British Petroleum).

Con la inyección de capital de Burmah Oil, la exploración pudo continuar con dificultades y gastos cada vez mayores. D’Arcy decidió vender la mayoría de sus acciones a Burmah Oil, que logró así la mayoría de Anglo Persian Oil Company.

Hasta 1908 no localizaron el campo petrolífero más grande jamás descubierto en Abadan, cerca de la costa del Golfo Pérsico. La construcción de la refinería no se completó hasta 1912 y durante sus primeros 50 años de historia fue la mayor refinería del mundo.

Sin embargo, al año siguiente la empresa vuelve a encontrarse al borde de la quiebra. Esta vez la rescató Winston Churchill, Primer Lord del Almirantazgo, que es el título que se le otorga al jefe de la Marina de Guerra británica.

El mundo estaba en vísperas de la Primera Guerra Mundial y los motores de los barcos debían funcionar con petróleo porque su éxito en los combates navales dependía de la velocidad, la eficacia y la maniobrabilidad. Churchill impuso el cambio en los motores de los buques de la Armada. El petróleo debía sustituir al carbón. En 1913 amenazó a la Cámara de los Comunes afirmando: “No tenemos la potencia necesaria para impulsar estos barcos a 25 nudos excepto mediante el uso de fueloil”.

“Si no podemos conseguir petróleo, no podemos conseguir maíz, no podemos conseguir algodón y no podemos conseguir mil y un productos necesarios para la preservación de las energías económicas de Gran Bretaña”, añadió.

La Cámara de los Comunes aprobó una contribución de dos millones de libras y rescató a la empresa petrolera de la quiebra: compró la mitad de las acciones y firmó un contrato para comprar 40 millones de barriles de petróleo durante los siguientes 20 años. Asociada al gobierno, la Anglo Persian Oil Company se convirtió en el verdadero poder en la sombra.

Además de hacer la transición de los buques de la Royal Navy al petróleo, el submarino también se encontraba en sus primeros días en vísperasa de la Primera Guerra Mundial. En 1914 un memorando enviado al Primer Ministro decía: “El submarino es el próximo tipo de buque de guerra para luchar, pero para alcanzar esa consumación debemos perfeccionar el motor de aceite y almacenar aceite”.

Junto a Churchill estaba John Arbuthnot Fisher, que se relevó con él en el mismo cargo, y también desempeñó un papel decisivo en la transición de la Armada al fueloil. Antes de fallecer en 1920 publicó un libro en el que escribió: “¡El petróleo es el verdadero alma del combate naval!”

Así comenzó el expolio del petróleo iraní. En 1919-1920 las importaciones asacendieron a casi 15 millones de dólares. En 1920 los beneficios de la Anglo Persian Oil Company se habían multiplicado por cien desde la venta de las acciones en 1914. Persia ocuppaba el quinto lugar en el mundo en producción de petróleo, con más de 12 millones de barriles al año.

La concesión petrolera estipulaba que sólo el 16 por cien de los beneficios de las ventas acababan en las manos del gobierno persa. En palabras de Stephen Kinzer, corresponsal del New York Times, “desde la década de 1920 hasta la de 1940, el nivel de vida de Gran Bretaña estuvo respaldado por el petróleo de Irán. Los automóviles, camiones y autobuses británicos circulaban con petróleo iraní barato. Las fábricas de toda Gran Bretaña funcionaban con petróleo de Irán”.

Desde el comienzo, en Persia el saqueo de los yacimientos levantaron oleadas de protestas populares, estimulando los movimientos nacionalistas. En 1949 Reino Unido ofreció un acuerdo petrolero suplementario para apaciguar las movilizaciones, pero no satisfizo a los nacionalistas ni a los islamistas, ya que no les otorgaba el derecho a auditar las cuentas de la petrolera.

El 7 de marzo de 1951, el primer ministro Haj Haj Ali Razmara fue ejecutado por el Fadayan-e Islam, un movimiento islámico integrado en el Frente Nacional que, en 1950, llevó a Mohammad Mossaddeq al gobierno con los dos ejes clave que siempre han formado parte de los movimientos nacionalistas iraníes: la lucha contra el sionismo y el control sobre los recursos del petróleo.

A partir de aquí, la historia parece de plena actualidad. El gobierno de Londres reaccionó imponiendo un embargo a gran escala sobre el petróleo iraní y una congelación de los activos iraníes en libras esterlinas. A los iraníes nada de eso no les pilla de sorpresa. El Consejo de Seguridad de la ONU y el Tribunal Internacional de Justicia se pusieron del lado de Irán en los juicios que emprendió el propio gobierno británico.

Los diplomáticos de Teherán fueron expulsados, el embargo fracasó y en 1951 Churchill, que había vuelto al cargo de Primer Ministro, comenzó a preparar el golpe de Estado. Pero Reino Unido ya no era una potencia capaz de imponer su hegemonía y tuvo que recurrió a Estados Unidos para que hiciera el trabajo sucio. La Operación Ajax (Operación Boot para el MI6) fue una de las primeras tareas de la CIA, que entonces era una central de inteligencia que comenzaba a enseñar sus sucias zarpas.

El petróleo iraní reanudó sus suministros y en 1954 la Anglo-Iranian Oil Company cambió su nombre por el actual, BP (British Petroleum). Pero Estados Unidos quiso cobrarse su aportación al golpe de Estado. La petrolera se vio obligada a compartir su posición con un consorcio de la competencia. En Londres se constituyó un holding denominado Iranian Oil Participants. Ninguna de las empresas tenía su sede en Oriente Medio, a pesr de lo cual llegó a dominar la industria petrolera mundial hasta la crisis de 1973. El cartel controlaba alrededor del 85 por cien de las reservas mundiales conocidas de petróleo.

Hay pocas cosas nuevas que contar. La historia del petróleo se repite. Reynolds, el descubridor del yacimiento de Abadan, murió en Sevilla en 1925. Estaba a medio camino de Venezuela, donde buscaba nuevos pozos de petróleo…


INFORME: FRANCIA Y REINO UNIDO IMPLICADOS EN ASESINATO DEL HIJO DE GADAFI

Hispan TV, 06/02/2026

Francia y el Reino Unido están involucrados en el asesinato del hijo del exmandatario de Libia, quien buscaba la reunificación de su país, según informes.

Saif al-Islam Gadafi, hijo del expresidente libio Muamar Gadafi y figura central para la reunificación de Libia, fue asesinado el martes en su residencia en Zintan por desconocidos que irrumpieron en su hogar.

El equipo político de Gadafi calificó el hecho como un “asesinato cobarde y traicionero” y denunció que los atacantes desconectaron las cámaras de seguridad “en un intento desesperado por ocultar pruebas de sus crímenes”.

Según Afshin Rattansi, periodista británico y expresentador de Press TV, fuentes locales en Libia “sospechan que la inteligencia británica utilizó agentes locales para asesinar al hombre visto por muchos como el que podría reunificar Libia, 15 años después de que la OTAN (la Organización del Tratado del Atlántico Norte) bombardeara Libia hasta convertirla en un estado fallido durante su campaña para matar a Muamar Gadafi”.

Rattansi también señaló la posible participación de Francia, recordando que, según cables de WikiLeaks, París buscaba en 2011 asegurar una mayor participación en la producción petrolera del país africano, y que el expresidente francés,Nicolas Sarkozy, estaba negociando para reservar hasta un 35 % de dicha producción.

Saif al-Islam era considerado por muchos como “el candidato con mayores probabilidades de ganar cualquier elección presidencial” y de unir Libia tras años de inestabilidad, con el respaldo de tribus que inicialmente se enfrentaron a su padre en 2011.

Por su parte, el Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia (SVR, por sus siglas en inglés) indicó que el asesinato se produce mientras Francia, según se informa, ha estado preparando “golpes de Estado neocoloniales” en África y buscando oportunidades de “venganza política” en el continente.

El informe subraya que la influencia francesa en el continente está disminuyendo, ya que varios países se niegan a actuar como “títeres de la oligarquía financiera y política de los globalistas franceses”.

El Servicio de Inteligencia ruso agregó que Francia también habría buscado desestabilizar gobiernos de Burkina Faso, Malí, República Centroafricana y Madagascar, incluyendo un intento de golpe contra el presidente de Burkina Faso, Ibrahim Traoré. Según Mahamadou Sana, ministro de Seguridad de Burkina Faso, los planes incluían asesinar al jefe de Estado y atacar otras instituciones clave.

Libia enfrenta inestabilidad desde 2011, cuando Muamar Gadafi fue derrocado y asesinado durante un levantamiento respaldado por la OTAN. Tras la muerte de su padre, Saif al-Islam fue capturado en Zintan y liberado en 2017 como parte de un indulto general, residiendo allí hasta su asesinato.

lunes, 9 de febrero de 2026

CHOMSKY, EPSTEIN Y EL LÍMITE MORAL QUE NO SE PUEDE CRUZAR

Javier F. Ferrero

Spanish Revolution, 04/02/2026

[Asistimos a la caída de un mito para la izquierda: Noam Chomsky. El intelectual norteamericano ha servido de luz y guía para la disidencia de occidente (inspiró incluso la creación de este blog) hasta que nos hemos dado cuenta algunos que no era más que disidencia controlada. Y es que al margen del escabroso tema de ser amigo y quizá cómplice de un pedófilo, Epstein era un agente del Mossad, con conexiones con el estado profundo americano, y un contumaz sionazi. No es muy creíble que alguien tan inteligente e informado como Chomsky no supiera todo esto. Ahora se explica su sentimiento anti soviético, anti ruso, anti serbio y anti chino y que no se mojara nunca por Venezuela ni por Cuba. (Por cierto, el padre de Chomsky era judío ucraniano, como Trotsky y como Zelensky, y por cierto sionista).  También es muy sospechosa su amistad con Gene Sharp, el apóstol de las revoluciones de colores. En definitiva, Chomsky ha sido un trosko y un medias tintas de manual. Como aquí Alba Rico o Carlos Taibo. Al final todas las caretas caen.]

Cuando el prestigio intelectual se sienta a la mesa del poder depredador y decide mirar hacia otro lado

Durante décadas, el nombre de Noam Chomsky ha sido sinónimo de crítica radical al imperialismo, a la hipocresía de las élites y a los crímenes cometidos desde el poder. Precisamente por eso, las revelaciones contenidas en los nuevos archivos de Jeffrey Epstein resultan tan devastadoras. No por una sospecha penal, que no existe, sino por algo más incómodo y profundo: la constatación de una relación sostenida y voluntaria con un depredador sexual condenado. Y por la ausencia de una explicación ética mínimamente aceptable.

La reacción más contundente no ha llegado de la derecha ni de los enemigos históricos de Chomsky, sino de alguien que lo conoce de cerca. Vijay Prashad, historiador marxista, intelectual del Sur Global y colaborador estrecho de Chomsky durante años, ha roto el silencio con un texto que no busca salvar reputaciones. Busca marcar un límite. “No hay defensa posible para esto, ningún contexto puede explicar esta atrocidad”, escribe Prashad, que recuerda además haber sido víctima de violencia sexual en su infancia. No habla desde la abstracción. Habla desde la herida.

Los documentos publicados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos el 31 de enero de 2026 confirman que la relación entre Chomsky y Epstein no fue puntual ni superficial. Continuó después de la condena de 2008, cuando Epstein se declaró culpable de solicitar prostitución a una menor y cumplió apenas 13 meses de cárcel, y se mantuvo hasta febrero de 2019, solo cinco meses antes de que se presentaran los cargos federales por tráfico sexual. En ese contexto, Chomsky no solo no se distanció, sino que ofreció consejo.

Cuando el poder se disfraza de contexto

Los correos electrónicos son claros. Epstein presumió ante socios de haber recibido orientación de Chomsky sobre cómo afrontar el “linchamiento mediático”. El mensaje atribuido al lingüista, firmado como “Noam”, aconsejaba ignorar las acusaciones, minimizar el escándalo y relativizar lo ocurrido apelando a una supuesta “histeria” en torno al abuso de mujeres. Un argumento que no solo es moralmente obsceno, sino históricamente alineado con la cultura de la impunidad.

Epstein no era un desconocido excéntrico. Era, como recuerda Prashad, un hombre de extrema derecha, sionista, acumulador de influencias, alguien que se movía entre criminales de guerra, millonarios y operadores políticos. Alguien que utilizaba su agenda social como mecanismo de blindaje.

La pregunta no es si Chomsky conocía todos los detalles de la red de explotación. La pregunta es otra, mucho más incómoda: ¿qué tipo de ética permite mantener una relación cercana con un pedófilo condenado y tratarlo como una víctima del ruido mediático? ¿Qué tipo de jerarquía moral coloca la reputación de un hombre poderoso por encima de las más de 30 víctimas menores de edad a las que el propio Departamento de Justicia ocultó el acuerdo de culpabilidad de 2008?

Prashad lo dice sin rodeos. Le resulta incomprensible que alguien que se negó a reunirse con Henry Kissinger se sentara, sin embargo, con Ehud Barak por mediación de Epstein. La coherencia política se rompe cuando el poder cambia de rostro, pero no de naturaleza.

La izquierda ante su propio espejo

Este caso no es un ajuste de cuentas personal ni un ejercicio de cancelación. Es una prueba para la izquierda intelectual. No todo se explica con contexto, trayectoria o legado. Hay líneas que no se pueden cruzar sin consecuencias políticas y morales. Y cuando se cruzan, el silencio no es neutral. Es complicidad.

La situación personal de Chomsky (un ictus en 2024, su incapacidad actual para hablar o escribir) añade complejidad, pero no borra los hechos. Los correos existen. Las fechas están ahí. El consejo fue dado en 2019, once años después de la primera condena de Epstein y en pleno conocimiento público de su historial. El suicidio del financiero en agosto de ese mismo año y la condena a 20 años de prisión de Ghislaine Maxwell no hacen sino subrayar la magnitud del encubrimiento sistémico.

Este escándalo no invalida décadas de análisis brillante sobre el imperialismo estadounidense. Pero sí obliga a una revisión incómoda: el poder también seduce a quienes dicen combatirlo, y la fama intelectual no inmuniza contra el error moral. Cuando la crítica al sistema convive con la indulgencia hacia uno de sus monstruos, algo se ha roto.

No hay contexto que salve eso. Y pretender lo contrario solo refuerza la impunidad que permitió a Epstein actuar durante años, protegido por jueces, fiscales, millonarios y amistades respetables. El problema no es que el monstruo existiera, sino que tantos decidieran sentarse con él como si nada.