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martes, 10 de febrero de 2026

INFORME: FRANCIA Y REINO UNIDO IMPLICADOS EN ASESINATO DEL HIJO DE GADAFI

Hispan TV, 06/02/2026

Francia y el Reino Unido están involucrados en el asesinato del hijo del exmandatario de Libia, quien buscaba la reunificación de su país, según informes.

Saif al-Islam Gadafi, hijo del expresidente libio Muamar Gadafi y figura central para la reunificación de Libia, fue asesinado el martes en su residencia en Zintan por desconocidos que irrumpieron en su hogar.

El equipo político de Gadafi calificó el hecho como un “asesinato cobarde y traicionero” y denunció que los atacantes desconectaron las cámaras de seguridad “en un intento desesperado por ocultar pruebas de sus crímenes”.

Según Afshin Rattansi, periodista británico y expresentador de Press TV, fuentes locales en Libia “sospechan que la inteligencia británica utilizó agentes locales para asesinar al hombre visto por muchos como el que podría reunificar Libia, 15 años después de que la OTAN (la Organización del Tratado del Atlántico Norte) bombardeara Libia hasta convertirla en un estado fallido durante su campaña para matar a Muamar Gadafi”.

Rattansi también señaló la posible participación de Francia, recordando que, según cables de WikiLeaks, París buscaba en 2011 asegurar una mayor participación en la producción petrolera del país africano, y que el expresidente francés,Nicolas Sarkozy, estaba negociando para reservar hasta un 35 % de dicha producción.

Saif al-Islam era considerado por muchos como “el candidato con mayores probabilidades de ganar cualquier elección presidencial” y de unir Libia tras años de inestabilidad, con el respaldo de tribus que inicialmente se enfrentaron a su padre en 2011.

Por su parte, el Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia (SVR, por sus siglas en inglés) indicó que el asesinato se produce mientras Francia, según se informa, ha estado preparando “golpes de Estado neocoloniales” en África y buscando oportunidades de “venganza política” en el continente.

El informe subraya que la influencia francesa en el continente está disminuyendo, ya que varios países se niegan a actuar como “títeres de la oligarquía financiera y política de los globalistas franceses”.

El Servicio de Inteligencia ruso agregó que Francia también habría buscado desestabilizar gobiernos de Burkina Faso, Malí, República Centroafricana y Madagascar, incluyendo un intento de golpe contra el presidente de Burkina Faso, Ibrahim Traoré. Según Mahamadou Sana, ministro de Seguridad de Burkina Faso, los planes incluían asesinar al jefe de Estado y atacar otras instituciones clave.

Libia enfrenta inestabilidad desde 2011, cuando Muamar Gadafi fue derrocado y asesinado durante un levantamiento respaldado por la OTAN. Tras la muerte de su padre, Saif al-Islam fue capturado en Zintan y liberado en 2017 como parte de un indulto general, residiendo allí hasta su asesinato.

miércoles, 19 de abril de 2023

LOS CAMBIOS EN LA SITUACIÓN INTERNACIONAL Y LA CRÍTICA DE LA CARACTERIZACIÓN DE RUSIA COMO PAÍS IMPERIALISTA

Ángeles Maestro

Naiz, 13/04/2023

La lucha ideológica, sobre todo en tiempos de guerra, es una necesidad acuciante. Para las y los comunistas, el término imperialismo no es ni una categoría moral, ni un insulto. Es una definición cuya aplicabilidad a un determinado Estado depende de una serie de criterios bien concretos.

1. Nada nuevo en la subordinación de la socialdemocracia a la OTAN y el debilitamiento de la conciencia antiimperialista

Uno de los hechos más llamativos de la situación política de la izquierda en el Estado español es la gran debilidad de las movilizaciones de las organizaciones obreras y populares contra la OTAN y el imperialismo euro- estadounidense. Este hecho es más llamativo aún si se contrasta con las grandes manifestaciones habidas con ocasión del Referéndum de la OTAN en 1986. A pesar del abrumador despliegue propagandístico llevado a cabo por el gobierno PSOE, casi el 40% de las personas que votaron, se pronunciaran por el NO y la mayoría, en Euskadi, Cataluña y Canarias. Ello permite comprobar los cambios abismales en la conciencia de la clase obrera, que aún mantenía el alto grado de organización y de lucha ideológica de los últimos años de la Dictadura. La Transición y las enormes consecuencias de la desaparición de la URSS, todavía no las habían destruido.

Así mismo, más recientemente, las manifestaciones contra la invasión de Iraq –de fuerte contenido antiimperialista– sacaron a millones de personas a la calle y se contaron entre las más masivas del mundo, aunque hay que recordar que dichas movilizaciones respondieron también a objetivos electorales del PSOE e IU, bien engrasados por los medios de comunicación afines.

En la actualidad, el largo proceso de destrucción ideológica, política y organizativa de la conciencia de clase y antiimperialista que refleja tanto la labor realizada por el PSOE y, sobre todo, por Unidas Podemos, como en la enorme debilidad de las organizaciones revolucionarias, se traduce en una derrota ideológica que ha permitido la expansión sin apenas resistencia del discurso imperialista.

A todo ello hay que unir la masiva propaganda de guerra llevada a cabo por todos los grandes medios de comunicación. La censura de medios rusos y el veto a opiniones diferentes se llevaron a cabo de forma coordinada por todas las corporaciones mediáticas. Respondían así, con disciplina militar – nunca mejor dicho –, a la Iniciativa de Alerta Temprana TNI, dirigida por la BBC de Londres e instaurada a partir de la pandemia Covid. El efecto sobre la conciencia antiimperialista de las masas ha sido devastador. La caracterización de Putin como el gran malvado y, por extensión, de Rusia como culpable de la guerra contra Ucrania y responsable del grave deterioro de las condiciones de vida de la gran mayoría de la población –a pesar de la relación directa de éste con las sanciones impuestas a Rusia por EE.UU y, sobre todo, por la UE– están contribuyendo decisivamente a justificar la intervención de la OTAN, el envío de armas a la Ucrania fascista y el incremento sin precedentes de los gastos militares, con repercusiones muy graves en la carestía de la vida y en el desmantelamiento de los servicios públicos.

Todas estas decisiones, incluida la desaparición práctica del derecho a la información –agravada por la creación del Foro contra la Desinformación en el marco de la Estrategia de Seguridad Nacional y dirigida por el General Ballesteros– han pasado, sin oposición relevante por parte de la izquierda institucional, incluidas las autodenominadas izquierdas independentistas, también alineadas en lo fundamental con un ninismo que en la práctica neutraliza posiciones antiimperialistas.

A este respecto, cabe concluir que, tanto los grandes sindicatos como la izquierda institucional, son instrumentos del Estado y no tienen una lógica diferente a la de los aparatos de poder de la burguesía.

La posición de otras organizaciones extraparlamentarias –anticapitalistas, anarquistas o trotskistas– tiene también un largo recorrido; parte de su caracterización de la URSS como país imperialista y que se ha centrado, desde su desaparición, en la descalificación de los gobiernos de los diferentes países que han sufrido ataques por las potencias imperialistas.

Estos colectivos vienen manteniendo discursos calificados como ni-nis, que sistemáticamente equiparan a los dirigentes de los países agredidos por la OTAN, o por potencias imperialistas, con los siguientes eslóganes: ni Bush, ni Sadam; ni OTAN, ni Milosevic; ni OTAN, ni Gadafi, etc. Estos planteamientos, que ahora se reeditan con el «ni Putin, ni OTAN» han contribuido y lo siguen haciendo, a apuntalar el discurso oficial y a justificar en la práctica las agresiones imperialistas.

II. Desde posiciones comunistas ¿tiene fundamento la caracterización de Rusia como Estado imperialista y, en consecuencia, de la guerra actual como guerra interimperialista?

2.1 Los cambios en la posición política de Rusia

Ninguna de las actitudes anteriormente citadas es nueva. Lo que sí aparece en el escenario por primera vez es el análisis que están realizando organizaciones comunistas revolucionarias con posible influencia sobre nuevas organizaciones que también se reclaman comunistas y que son referentes sobre todo en Cataluña y Euskal Herria.

Desde estas posiciones, autodefinidas como marxista-leninistas, se identifica al Estado ruso como imperialista. Por otra parte, afirmando la defensa del Derecho de Autodeterminación de las Naciones, apenas se relaciona este derecho democrático básico y central de la posición leninista, con su reclamación concreta por parte de los pueblos del Donbass, masacrados por la Ucrania fascista y que parece ser el desencadenante inmediato de la intervención militar rusa. Así mismo, se pasa por alto tanto la historia de la OTAN desde su creación como herramienta militar y política del imperialismo contra el primer estado obrero de la historia, como su decisivo papel que trasciende a la desaparición de la URSS, en la subordinación de la UE por el imperialismo de EEUU.

Tras la caída de la URSS en 1991, la OTAN se compromete con Rusia, a cambio de la disolución del Pacto de Varsovia, a no expandirse hacia el Este. Desde entonces 14 países de la órbita soviética se han integrado en la OTAN y es evidente que el cerco al país con mayores recursos naturales del mundo y su desconexión con la UE, independientemente de su carácter capitalista, se constituye en objetivo prioritario del imperialismo estadounidense.

Al mismo tiempo, y desde el final de la II Guerra Mundial, la alianza de la OTAN en Europa, primero con los restos del nazismo alemán ocupando cargos dirigentes en el ejército de la RFA y jefes de las Fuerzas Aliadas de la OTAN para Europa Central, , y actualmente con grupos nazis europeos, especialmente los de países de la órbita soviética –entre los que destacan los ucranianos– se ha constituido en la punta de lanza de la penetración del imperialismo organizando y ejecutando actos terroristas bien documentados.

La interpretación materialista de los procesos sociales requiere de análisis concretos de la realidad concreta y de su evolución. El proceso seguido por el Estado ruso desde la desaparición de la URSS, y sobre todo desde la desaparición de Yeltsin, muestra cómo, sin dejar de ser un Estado capitalista, cambia sus alianzas internas y en política exterior, en función de las amenazas «occidentales».

Los oligarcas rusos construyeron su poder económico sobre las privatizaciones a gran escala que se produjeron con el desmantelamiento de la URSS bajo la batuta del imperialismo. Valgan como referencia las palabras de un técnico estadounidense que asistió al desmantelamiento masivo de las estructuras económicas y sociales de la Unión Soviética: «Me di cuenta rápidamente de que el plan de privatizaciones de la industria rusa se iba a llevar a cabo de la noche a la mañana, con costes muy altos para centenares de miles de personas (…) se iban a fulminar decenas de miles de empleos. Pero además las fábricas que iban a cerrar proveían a la población de escuelas, hospitales, atención sanitaria y pensiones de la cuna a la tumba. Informé de todo ello a Washington y les dije que allí no iba a quedar red alguna de seguridad social. Comprendí claramente que se trataba precisamente de eso; querían eliminar todos los restos posibles del Estado para que no volviera el Partido Comunista».

Las terribles consecuencias sobre la población rusa en el aumento de la mortalidad, suicidios, alcoholismo, los analicé aqui, y curiosamente fue la Bielorrusia de Lukasenko la que revirtió las privatizaciones, oponiéndose a los mandatos del FMI.

La llegada de Putin al poder el 31 de diciembre de 1999, que no supone la modificación del carácter capitalista del Estado ruso, sí supone una disminución progresiva del poder económico y de la influencia política de los oligarcas más estrechamente ligados a «occidente». Son los que obtuvieron sus propiedades del robo masivo de empresas públicas y de recursos naturales de la URSS y fungían como cabezas de puente de la penetración del imperialismo norteamericano y de las alianzas políticas correspondientes.

Valgan como ejemplo el encarcelamiento y expropiación de potentados como Vladimir Gussinsky y Mikhail Khodorovsky. Estos, como otros oligarcas rusos, construyeron sus emporios durante las privatizaciones masivas de propiedades públicas de la URSS en la época de Yeltsin. El proceso, que ocasionó una sobremortalidad calculada en 6 millones de personas y que destruyó la sociedad de los países de la ex-URSS, fue dirigido principalmente por el viceprimer ministro de Yeltsin, Anatoli Chubais, vinculado al programa USAID, administrado por el director del Instituto de Harvard para el Desarrollo Internacional (HIIDD).

Vladimir Gussinsky, firme apoyo de Boris Yeltsin, constituyó en 1989, al amparo de la Perestroika, el emporio mediático «Media Most» –propietaria del principal canal privado de TV– junto con la empresa consultora estadounidense APCO. En 1994 creó uno de los bancos privados más grandes de Rusia, el Most Bank, y una serie de empresas constructoras. Fue fundador y presidente del Congreso Nacional Judío. Detenido en España en el año 2000 por una solicitud de extradición del Fiscal General de Rusia, fue puesto en libertad por el juez Garzón. Vendió los activos de sus empresas por 300 millones de dólares. En 2007 obtuvo la nacionalidad española y ha proseguido sus negocios mediáticos en otros países como Israel y Ucrania.

Mikhail Khodorkovsky, también asesor de Yeltsin, fue nombrado viceministro de Combustible y Energía de Rusia en marzo de 1993. Durante la época de privatizaciones masivas compró a través de su banco Menatep, la empresa petrolera estatal Yukos. En 2003, Khodorovsky era el hombre más rico de Rusia y el decimosexto en la lista Forbes, con un patrimonio de 15.000 millones de dólares. Fue arrestado por el Gobierno de Putin, acusado de fraude fiscal, malversación de fondos y lavado de dinero. Los activos de la empresa fueron congelados y transferidos a las empresas estatales rusas Rosneft y Gazprom en 2006. Fue considerado preso de conciencia por Amnistía Internacional. Actualmente vive en Londres.

Estos y otros muchos personajes que ejercían su influencia en medios de comunicación y organizaciones políticas, proclives a EE.UU, y que fueron tratadas por los medios de comunicación occidentales como víctimas de la censura política por parte de un Estado totalitario que perseguía a los demócratas, son buena expresión del giro político del gobierno ruso tras la llegada de Putin al poder. Muchos otros, como Petr Avn, que trabaja para la Royal Academy de Londres o Mikhail Friedan, vinculado a la Universidad de Yale, tienen nacionalidad israelí o ucraniana, sus intereses están vinculados a EE.UU y se posicionaron en contra de la intervención militar rusa en Ucrania.

La política rusa, interna y exterior, desde que Putin llega al poder, sin dejar de ser capitalista, nada tiene que ver con la de la Rusia de Yeltsin. Se funda en la negativa del pueblo ruso a ser convertido en una gran gasolinera en medio de la estepa e irrelevante en otros aspectos como dijo un ex asesor de Obama y economista de Harvard . Putin llega al poder cuando Rusia estaba siendo desmembrada, humillada y saqueada por el imperialismo euro-estadunidense con la colaboración decidida de «quienes tienen su mansión en Miami, su yate en la Riviera francesa y, lo que es peor, su corazón y su cabeza también alli», como dijo el presidente ruso en un reciente discurso, tratándoles de «quinta columna» de Occidente. La estupidez de las sanciones contra las propiedades de estos magnates, aplicadas por EE.UU y la UE, esperando que ejercieran presión para modificar las políticas del Gobierno ruso, solo es comparable al resto de las sanciones contra su economía, que están cayendo como un boomerang sobre occidente, al tiempo que aceleran los cambios en las alianzas estratégicas de Rusia y de otros países.

Obviar estos cambios, así como el giro en las alianzas con China y el resto de naciones del BRICS, con los países de África, Asia, Oriente Próximo y América Latina, que sin constituir, ni mucho menos, una alianza anticapitalista, sí están construyendo un bloque confrontado con el imperialismo euro-estadounidense, es un gran error de análisis para las organizaciones comunistas de países integrados en la OTAN.

2.2. ¿Es Rusia un país imperialista?

Desde planteamientos materialistas, la atribución del carácter de imperialista a un Estado, requiere de un análisis concreto y fundamentado de sus características, máxime cuando no se trata de un estudio teórico, sino de las bases sobre las cuales se erige la posición política ante una guerra de grandes dimensiones como la actual.

Esta caracterización, realizada, insisto, desde la afirmación de posiciones leninistas, no ha sido contrastada con el análisis de Lenin en «El imperialismo, fase superior del capitalismo» en el que se define con claridad los principios básicos que definen a un Estado capitalista como imperialista y que son, sin duda, bien conocidos por organizaciones marxista-leninistas. Tales criterios son:

1. La concentración de la producción y del capital y la creación de monopolios.

2. Los bancos y su nuevo papel.

3. La fusión del capital bancario con el capital industrial y la creación del capital financiero y la oligarquía financiera.

4. Importancia destacada de la exportación de capitales.

5. Grandes monopolios capitalistas internacionales se reparten el mundo.

Lenin, en base a estos principios, analizó y comparó los datos concretos que permitían caracterizar como imperialistas a las grandes potencias del momento: Alemania, Francia y Gran Bretaña. Diversos autores marxistas, como Renfey Clark, Roger Annis (2016) y Stansfield Smith (2019), han realizado importantes análisis, bien documentados, sobre las características del Estado ruso. He podido actualizar buena parte de ellos; otros son anteriores a la intensificación de las sanciones contra Rusia, que sin duda no han contribuido a deteriorar, sino todo lo contrario, a mejorar las posiciones que aquí se señalan.

1. Las grandes empresas rusas entre los grandes monopolios internacionales

Los datos de Forbes para 2022 son los siguientes: de las 10 empresas más grandes, 5 son de EE.UU, 3 de China, 1 de Arabia Saudí y 1 de Japón. Entre las 100 primeras empresas, Rusia tiene sólo 2, Gazprom y Rosneft, de propiedad estatal mayoritaria, en los puestos 49 y 81. Y en 2019 tenía 4 en los puestos 43, 47, 73 y 98.

Las ventas en 2018 de las 25 compañías rusas incluidas en el ranking de las 2.000 mayores compañías del mundo, (en 2022 se habían reducido a 23) suponían sólo el 1,45% del total.

2. Producción rusa de productos manufacturados

En 2015, China ocupó el primer lugar con el 20% de la producción mundial y EEUU el segundo con el 18%. Rusia ocupó el puesto número15, por detrás de India, Taiwán, México y Brasil, con sólo el 1% del total mundial.

3. Exportaciones rusas, fundamentalmente de materias primas

Los países imperialistas exportan fundamentalmente mercancías de alta tecnología y de gran valor añadido, mientras los países menos desarrollados exportan materias primas a los precios determinados por las grandes potencias en el mercado mundial.

Según el Banco Mundial, en el ranking general de exportaciones, China ocupa el primer lugar, seguida de EEUU Rusia tiene el puesto 17, y el 82 % de sus exportaciones son materias primas, mientras que los productos tecnológicos, incluidos los militares, sólo representaron el 8%.

4. El papel internacional de la banca rusa

El principal banco ruso ocupa el lugar 66 entre los mayores bancos del mundo. Los activos del sector bancario ruso representan sólo el 75% del PIB, cuando en los países más desarrollados suelen superar el 100% del PIB. Por otro lado, en Rusia predominan los pequeños bancos, mayoritariamente estatales, procedentes de estructuras soviéticas.

5. El papel de Rusia en la exportación de capitales

Una de las características de un país imperialista, según Lenin, es la exportación de capitales. En Rusia, la «exportación de capitales» ha adquirido la forma fundamental de fuga de capitales. Desde que en 1999 Putin accede al gobierno, hasta 2018, se calcula que la salida de capitales rusos es superior al billón de dólares. El Banco Central de Rusia calculó que la fuga de capitales en 2018, ascendió a 66.000 millones de dólares.

Por otro lado, en el ranking de las 100 mayores empresas no financieras, clasificadas por sus activos en el extranjero –elemento clave para valorar la exportación de capital financiero– figuran 20 corporaciones de EE.UU, 14 de Gran Bretaña, 12 de Francia, 11 de Alemania, 11 de Japón, 5 de Suiza,y 5 de China. Ninguna de ellas es rusa.

En la participación por países en la riqueza financiera y no financiera del mundo, EE.UU tiene el 31%; del resto, sólo China tiene más del 10%, es decir, un 16,4%; Rusia representa un exiguo 0,7%.

A partir de estos datos, la única conclusión posible es que en la exportación de capitales con fines productivos, Rusia no ocupa un papel destacado en la escena mundial y es imposible calificarla de país imperialista.

6. El papel de Rusia en la «división del mundo entre grandes potencias»

Este último aspecto, a la hora de definir las características imperialistas de un Estado, puede analizarse desde tres puntos de vista: los presupuestos militares, la exportación de armas y las bases militares en el extranjero.

Sólo en el campo militar Rusia manifiesta su poder, aunque este aspecto aislado es insuficiente, según Lenin, para tipificarla como estado imperialista. A este respecto, hay que destacar que el poderío militar de la Rusia capitalista, sobre todo en cuanto a desarrollo armamentístico, y sobre todo en lo referente a armamento nuclear, procede de la época soviética y son empresas públicas.

Hay que señalar en este aspecto, que tanto en la época de la URSS –en la que se vio obligada a participar en una descomunal carrera armamentística– como después, Rusia ha estado constantemente amenazada por el imperialismo y por la OTAN.

Sin embargo, aunque Rusia es uno de los principales países exportadores de armas del mundo, las exportaciones rusas en este campo son menos de la mitad que las de EEUU Mientras las exportaciones de armas de EE.UU se incrementaron en un 25% entre 2013 y 2017, las de Rusia se redujeron un 7,1% en el mismo periodo.

En cuanto a las bases militares en el extranjero, Rusia tiene 15, y sólo dos fuera de países de la ex-URSS, Vietnam y Siria. EEUU tiene más de 800 bases en el extranjero.

En cuanto al presupuesto militar, los datos oficiales de EEUU para 2023, arrojan la cifra de 860.000 millones de dólares. Esta cantidad asciende a más de un billón de dólares si sumamos el de todos los países de la OTAN. El presupuesto militar de Rusia para 2022 fue 61.700 millones de dólares, menos del 10% de el de EEUU y poco más del 5% del conjunto de países de la OTAN.

El análisis del Estado ruso, en los términos propuestos por Lenin, le sitúan muy por detrás de otras grandes potencias capitalistas y nada comparable a la posición de la URSS antes de su hundimiento.

Rusia es ahora un país capitalista de tercer o cuarto nivel, con la única excepción de su capacidad militar, en buena parte heredada de la época soviética y fortalecida ahora ante la evidencia de un ataque de la OTAN, que hace años se viene gestando.

3. ¿Pueden definirse las intervenciones militares rusas en otros países como imperialistas?

Siria

En 2011, la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU, dio luz verde a la destrucción de Libia. En ese momento, tanto China como Rusia, países con derecho a veto, se abstuvieron. La coalición militar inicial formada por Bélgica, Canadá, Catar, Dinamarca, España, EEUU, Francia, Italia, Noruega y Reino Unido se amplió hasta 16 países. Ni Rusia ni China formaron parte de esta coalición.

A partir de ahí, la posición de estos dos últimos países cambió radicalmente. Cuando los estados de la OTAN intentaron aplicar la misma receta en Siria, China y Rusia utilizaron su derecho a veto.

En 2015, el gobierno sirio, tras el ataque apenas encubierto de EEUU, Francia y Gran Bretaña y el apoyo de estas potencias a las facciones más brutales del ISIS, pidió formalmente ayuda militar a Rusia. El Parlamento ruso, por unanimidad, apoyó esta intervención a través de fuerzas aéreas en la base militar rusa de Tartus en el país árabe. A pesar de las victorias militares de Siria con el apoyo de Rusia sobre el Estado Islámico y sus potencias patrocinadoras, EEUU sigue ocupando en la actualidad un tercio de Siria y robando su petróleo.

En Oriente Próximo, y a partir de la victoria militar de Hezbolah sobre Israel en 2006, se empezó a articular un bloque de alianzas, el Eje de la Resistencia, que bajo planteamientos exclusivamente políticos se define por objetivos antimperialistas y antisionistas y en defensa de la soberanía de sus pueblos. Este Eje, cuyo desarrollo continúa, incluye a Hezbolah y otras fuerzas nacionalistas libanesas, la resistencia palestina, Siria, Yemen, Irán e Iraq.

¿Puede calificarse de intervención imperialista el apoyo militar de Rusia a Siria? Es evidente que no.

África

Desde las llamadas «primaveras árabes», la destrucción de Libia y los intentos de devastación de Siria, la fórmula utilizada por las potencias coloniales en diferentes países africanos ha sido la misma: provocar atentados terroristas por parte organizaciones vinculadas al Estado Islámico, desestabilizar sus gobiernos y reforzar su presencia militar para «ayudar» a sus débiles Estados.

Desde hace poco más de dos años, un número creciente de países africanos ha decidido poner punto final a esta espiral neocolonial. Malí, Burkina Faso, la República Democrática del Congo o la República Centroafricana, entre otros, han solicitado ayuda militar a Rusia y están obligando a las fuerzas militares de las potencias coloniales, Francia, Reino Unido y EEUU, a abandonar sus países.

Sin negar, por supuesto, que las empresas rusas o chinas tengan interés en acceder a las materias primas africanas, es evidente que la presencia militar de Rusia y las relaciones comerciales que este país y China están estableciendo en África, nada tienen que ver con la depredación salvaje de sus recursos, con los golpes de Estado y asesinatos de líderes africanos, llevados a cabo de forma constante, desde su «independencia», por las potencias coloniales.

¿El apoyo militar prestado por Rusia a estos países, solicitado formalmente por sus gobiernos y saludado por sus pueblos, puede calificarse de intervención imperialista? Desde el análisis concreto de la situación de estos países, y por ahora, está claro que no.

El Eje Multipolar

Sin entrar a analizar lo que supone la alianza de los BRICS, la Ruta de la Seda, la Organización de Cooperación de Shanghai u otras estructuras, una obviedad salta a la vista: todos ellos son países no socialistas, que confrontan la hegemonía política y militar del imperialismo de EEUU

Las modificaciones geopolíticas que las nuevas alianzas están suponiendo en Oriente Próximo, con la incorporación a este Eje de Irán, Turquía o Arabia Saudi, con el aislamiento y la descomposición en curso del Estado sionista, o los cambios en curso en el continente africano, están suponiendo un aislamiento sin precedentes de EE.UU y la UE.

Es evidente también que muchos de estos países están sometidos a sanciones o bloqueos, a intervenciones militares más o menos encubiertas e intentos de desestabilización por parte del imperialismo euro-estadounidense cuando no se someten a sus dictados. Estos países han decidido buscar alianzas económicas y comerciales, incluidas las compras de armamento, en el llamado Eje Multipolar que les permitan resistir los ataques del imperialismo «occidental».

Este nuevo multipolarismo, basado no en cambios políticos, y mucho menos ideológicos, sino en la soberanía e independencia de sus Estados frente al imperialismo, no permite hacer conjeturas sobre su posible intervención en apoyo de revoluciones socialistas en cualquier parte del mundo. Pero es evidente que su relativa liberación de la bota imperialista establece nuevas correlaciones de fuerzas a escala internacional que ningún comunista debiera ignorar.

En todos estos países, incluidos por supuesto Rusia y China, la lucha de clases sigue y continuará. El papel de las organizaciones comunistas no debe ser otro que apoyar las luchas de la clase obrera en los mismos y posibles revoluciones que, si son legítimas y no «revoluciones de colores» promovidas por la OTAN, tendrán una identidad también nítidamente anti-imperialista. Y al mismo tiempo, máxime desde Estados miembros de la OTAN como el nuestro, es preciso valorar el hecho trascendental de que el dominio depredador del imperialismo euro-estadounidense-–sionista se encuentra, por primera vez en mucho tiempo, con límites reales a escala internacional.

4. Ucrania y el fascismo.

Los análisis realizados en trabajos anteriores permiten identificar la intervención militar de Rusia en Ucrania contra la OTAN como una necesidad existencial e ineludible para Rusia. Aparte de que la estrategia imperial anglosajona, desde hace más de un siglo, identifica el despedazamiento de Rusia y su desconexión con el resto de Europa como condición para su dominio planetario, hay varios hechos históricos recientes que muestran los pasos dados en esa dirección contra la URSS y contra Rusia tras su hundimiento:

 • La creación de la OTAN en 1949, seis años antes de la constitución del Pacto de Varsovia e implementado tras la entrada de la RFA en la misma, incumpliendo los Acuerdos de Yalta.

 • La vulneración de los acuerdos de 1991, por los cuales, a cambio de disolver el Pacto de Varsovia, la OTAN no se expandiría hacia el Este. Es bien conocido que desde entonces 14 nuevos países incluidos en dicho Pacto se han incorporado a la OTAN.

• La Alianza de EEUU y la OTAN, desde las postrimerías de la II Guerra Mundial, con organizaciones fascistas herederas directas del entramado nazi. La Red Stay Behind, como es bien sabido, operó y opera de forma continuada, mediante acciones terroristas, tanto en los países de la Europa occidental como de la Oriental.  

• El cerco militar de la OTAN a Rusia a lo largo de todas sus fronteras, también con laboratorios de armas biológicas.

• El incumplimiento de los acuerdos de Minsk que, como se ha sabido, tenían por objetivo para la OTAN ganar tiempo para armar a Ucrania.

Dejo para el final la mención al golpe de Estado fascista de 2014 en Ucrania, dirigido por la OTAN, EEUU y la UE, a la masacre de la casa de los sindicatos de Odessa y a la matanza perpetrada desde entonces contra los pueblos de las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk en la que se ha asesinado a 14.000 personas civiles, según datos de la propia ONU.


Ante todos estos hechos, la intervención de Rusia en el Donbass, a petición de sus gobiernos autoproclamados independientes, en ejercicio de su Derecho de Autodeterminación, no puede calificarse con un mínimo de rigor histórico como de «guerra interimperialista».


El análisis de la larga alianza entre la OTAN y el fascismo, que puede consultarse aquí, y su fortalecimiento con el apoyo innegable del blanqueamiento del mismo llevado a cabo sistemáticamente por los gobiernos de la UE mediante su apoyo a los nazis ucranianos, es un elemento clave para desentrañar los mecanismos, tanto del ataque imperialista en el exterior, como al interior de nuestros países.


5. Conclusiones

El análisis concreto de la realidad de la Rusia capitalista que, como creo haber demostrado, impiden definirla como país imperialista, y sobre todo la participación del Estado español en la OTAN, el resultado devastador para los pueblos de la UE de las sanciones contra Rusia y la escalada militarista y represiva que, ensayada durante la pandemia, prepara sus mecanismos más agresivos en la proyectada Ley de Seguridad Nacional, exigen a las organizaciones comunistas adoptar posiciones anti-imperialistas nítidas. Y estas posiciones no pueden obviar, y mucho menos negar, el derecho de estos países a defender, también militarmente, su independencia y soberanía.

La valoración de la realidad de la lucha de clases en cada uno de los países del mundo no puede realizarse al margen de la comprensión del papel histórico concreto que el imperialismo euro-estadounidense lleva a cabo y de las nuevas alianzas que se están forjando frente a él que, sin ser socialistas, sí están confrontando su hegemonía.

Nuestra clase y nuestros pueblos necesitan análisis precisos que les faculten para llevar a cabo sus tareas históricas en épocas como las actuales, y mucho más en tiempos de guerra, cuando sus consecuencias sobre la clase obrera y las clases populares, empiezan a provocar movilizaciones de envergadura como la que está teniendo lugar en Francia, pero también en Gran Bretaña, Alemania, Chequia y otros países de la UE y, que sin duda, van a intensificarse.

Cuando entre organizaciones comunistas se comparten posiciones en la lucha de clases y se utilizan métodos de análisis que dicen beber de las mismas fuentes teóricas, es necesario abrir caminos de acuerdo, o al menos vías de diálogo, que nos permitan cumplir con las tareas históricas que nuestra clase nos exige.

Porque, precisamente ahora, necesitamos de toda nuestra inteligencia, de todo nuestro entusiasmo y de toda nuestra fuerza para estar a la altura de los objetivos que nos hemos marcado.

jueves, 7 de mayo de 2020

DECADENCIA DEL PERIODISMO: GALARDONAN AL NEW YORK TIMES POR SU GUERRA MEDIÁTICA CONTRA RUSIA

Denis Lukyanov
Sputnik, 07/05/2020



Muchos medios estadounidenses se destacan por su posición rusófoba y The New York Times no es una excepción. El pasado 4 de mayo, ocho artículos y vídeos del medio sobre Rusia recibieron el premio Pulitzer. Sputnik te explica por qué el periodismo rusófobo no merece ser galardonado.

Para empezar, bastaría señalar los términos claramente rusófobos que utiliza el premio para describir las obras de los periodistas del New York Times. El medio ha sido galardonado en la categoría de periodismo internacional por la información publicada sobre el "depredador régimen de Vladímir Putin". Son palabras expresadas en un contexto claramente negativo que exponen la posición sesgada que tiene el periodismo occidental hacia Rusia y su gestión política.

Dos de los materiales publicados tratan sobre los bombardeos contra los hospitales en los territorios controlados por los terroristas en Siria y otros objetos civiles en estas zonas. El Ministerio de Defensa de Rusia en reiteradas ocasiones subrayó que realiza ataques aéreos solo contra los blancos verificados y nunca ataca establecimientos médicos ni la infraestructura civil en la República Árabe Siria. En este sentido, la investigación del NYT parece ser muy sesgada.

Las pruebas presentadas por el medio parecen ser infundadas. El NYT afirma que sus periodistas pasaron semanas estudiando registros de vuelos de los aviones rusos y estos, según asevera, confirman que Rusia es responsable de los ataques contra hospitales. Sin embargo, no ha compartido todos los registros de vuelos: solo mostró algunos en su vídeo y esos no comprueban que Rusia es culpable. 

Esto hace crecer las dudas en cuanto a la veracidad de la información y no se puede excluir que las imágenes hayan sido fabricadas.

En el vídeo sobre los supuestos ataques rusos contra las zonas civiles en Siria, el NYT afirma haber analizado los registros de vuelos de los aviones militares rusos que habían sido "interceptados", según asevera el medio. Pero no es posible evaluar la fiabilidad de la fuente. Además, en el vídeo aparece una imagen de un supuesto avión ruso, pero es tan borrosa que no queda claro a qué fuerza aérea pertenece dicha aeronave militar. Pero el medio asevera que es rusa, por alguna razón.

El NYT nos ofrece fiar en sus conclusiones, pero las pruebas, por lo menos, no son concluyentes o incluso constituyen una fabricación. Un hecho que confirma que la información del NYT puede ser no veraz es la presencia en el vídeo de los Cascos Blancos, una ONG a la que acusan de haber perpetrado ataques de falsa bandera y que es financiada por gobiernos occidentales. 
The New York Times asevera que al bombardear la infraestructura civil, Rusia trata de expulsar a los habitantes de estas zonas. Sin embargo, fue Rusia quien redujo, junto con el Gobierno de Bashar Asad, la presencia de terroristas en el país y acordó su evacuación y la de sus familiares a Idlib. Asimismo, el Ministerio de Defensa ruso oficialmente confirmó que en dichas fechas la aviación rusa no había realizado operaciones en estas áreas. 

Es más, Moscú no tiene por qué bombardear blancos civiles y ataca exclusivamente las posiciones terroristas.

El contenido de otros materiales que fueron galardonados también ha sido refutado en reiteradas ocasiones. Este es el caso de los supuestos asesinos rusos en Europa como también el caso de una unidad de la inteligencia militar rusa —GRU, por sus siglas en ruso— que trata de desestabilizar la situación en el Continente Viejo al llevar a cabo operaciones en el Reino Unido, Montenegro, Bulgaria y Moldavia. 

Todas estas acusaciones fueron tachadas de mentiras por las autoridades rusas muchas veces.

El ejemplo más emblemático de la información no comprobada difundida por el NYT y otros medios occidentales fue el caso de Serguéi Skripal, exespía ruso que fue un doble agente y trabajó también para la inteligencia británica MI6. Precisamente este es el caso del que habla, entre otros, el autor del artículo al referirse a una unidad especial de la GRU que trata de desestabilizar a Europa. Este caso está lleno de incoherencias y efectivamente carece de pruebas contundentes respecto a la injerencia rusa.

El NYT también acusó a la supuesta unidad de GRU de estar involucrada en la intentona golpista en Montenegro en 2016. Rusia rechazó enérgicamente todas las acusaciones sobre su supuesta participación. Esto tiene que ver con el hecho de que desde hace años, Moscú no tiene interés estratégico en los Balcanes. 

Los medios occidentales decían en ese entonces que Rusia había tratado de evitar el ingreso de Montenegro en la OTAN, pero ese país no está ni cerca de los límites rusos. Por eso, si bien Rusia está en contra de la ampliación de la alianza en general, el ingreso de ese país en el bloque militar atlántico no tiene por qué preocupar a Moscú.

El NYT prestó especial atención a la presunta involucración rusa en los asuntos de algunos países africanos. En el foco de atención de los periodistas del medio estadounidense se encontraron tres países africanos: Libia, República Centroafricana y Madagascar. 

El medio acusa a Moscú de haberse involucrado en las elecciones en esta isla y el autor compara este caso con la supuesta injerencia rusa en las elecciones de EEUU en 2016, otro cuento de hadas inventado por los medios norteamericanos.

Como correctamente señala el autor de la nota, Madagascar es "quizás el lugar menos esperado" para la injerencia rusa en los comicios y es así: Moscú simplemente no tiene intereses en esta zona. El NYT solo menciona a una persona que teóricamente está vinculada con el presidente ruso, Vladímir Putin. Es el restaurador Evgueni Prigozhin, conocido como el chef de Putin. Pero el medio no presenta ninguna prueba sólida sobre su involucramiento en los asuntos africanos. 
Se explica que la Unión Soviética tuvo interés en África, por lo cual Vladímir Putin, quien, según el NYT, tiene nostalgia por los tiempos soviéticos, también ordena operaciones rusas en el continente. Así, el medio quiere justificar sus aseveraciones en cuanto a la presunta presencia rusa en África. Pero hay un lugar donde Rusia realmente cuenta con una presencia militar y es la República Centroafricana.

Rusia envió armas a este país y mandó sus instructores militares a la República Centroafricana. También las tropas rusas están presentes en la zona como parte de las fuerzas de paz: en abril de 2019, el presidente ruso firmó un decreto para enviar hasta 30 militares a la república para que participen en la Misión Multidimensional Integrada de Estabilización de las Naciones Unidas. Las demás cosas que dice el NYT sobre la presencia rusa en ese país resultan ser una mentira.

Finalmente, el caso de Libia. El NYT acusa al Kremlin de estar detrás de los mercenarios rusos que luchan en el campo de batalla en Libia. En particular, el medio estadounidense relata sobre la presencia de francotiradores rusos en el país africano y, además, la aparición de cazas avanzados rusos Sukhoi.

Esto último parece ser una mentira porque Moscú todavía no ha exportado sus aviones militares avanzados a ningún país africano.

En cualquier caso, si ciudadanos rusos de verdad están en Libia, esto no significa que representan los intereses de Rusia. Así lo dijo el propio presidente ruso, Vladímir Putin, en enero pasado. Esto significa que las aseveraciones de los medios como el New York Times sobre el vínculo entre los mercenarios rusos y el Kremlin son puramente ficticias.

En otras palabras, el periodismo en EEUU está en estado de decadencia. Los medios como el NYT publican sus noticias sobre Rusia sin pensar y con solo una meta: manchar la imagen del país euroasiático y sus militares. Es una parte de una gran campaña mediática contra Moscú que es fomentada por la ardiente rusofobia de algunos medios y periodistas estadounidenses y occidentales. Por ahora, no parece que esta campaña vaya a acabar pronto.

miércoles, 8 de enero de 2020

PREPARACIÓN DE UNA NUEVA GUERRA

Thierry Meyssan
Red Voltaire, 07/01/2020



La llegada a Libia de nuevo armamento y de nuevos combatientes es el preludio de una ‎nueva guerra contra la población. En realidad, la paz nunca regresó a Libia desde ‎la agresión de la OTAN contra la Yamahiriya, desatada en aplicación de la estrategia ‎estadounidense de guerra sin fin. Al pasar a una nueva etapa, los protagonistas del ‎actual enfrentamiento no resolverán nada, sólo extenderán la zona de conflicto.‎

Todos coinciden en reconocer que la dramática situación de Libia y del Sahel es consecuencia de ‎la intervención ilegal de la OTAN, desatada en 2011. Sin embargo, pocos han estudiado aquel ‎periodo tratando de entender cómo se llegó a la situación de hoy. A falta de reflexión sobre la ‎cuestión, una nueva catástrofe está hoy a punto de producirse. ‎

Es importante conservar en mente varios hechos que los medios de difusión se obstinan en ‎querer olvidar:

- La Yamahiriya Árabe Libia, nacida de un golpe de Estado que registró muy poco ‎derramamiento de sangre, no fue la llegada al poder de un dictador loco sino un acto de ‎liberación nacional ante el imperialismo británico. Fue también la expresión de una voluntad de ‎modernización que se tradujo en la abolición de la esclavitud y en un intento de reconciliación ‎entre las poblaciones árabes y las poblaciones negras de África.

- La sociedad libia está organizada en tribus, lo cual hace imposible –al menos en la situación ‎actual– instaurar allí una verdadera democracia. Muammar el-Kadhafi había organizado la ‎Yamahiriya Árabe Libia según el modelo de las comunidades imaginadas por los socialistas ‎utópicos franceses del siglo XIX, lo cual equivalía a crear una vida democrática a nivel local, ‎sin que esta se extendiese al nivel nacional. La Yamahiriya fue derrocada precisamente por ‎carecer de una política de alianzas, lo cual le impidió defenderse.

- La coalición que atacó Libia se hallaba bajo la dirección de Estados Unidos, país que durante todo ‎el conflicto ocultó a sus propios aliados el fin que realmente perseguía, para ponerlos ‎finalmente ante los hechos consumados, conforme a la política definida como leading ‎from behind, o sea «dirigir desde atrás». Después de haber clamado durante meses que ‎la OTAN no intervendría en Libia, fue finalmente ese bloque militar quien dirigió las operaciones. ‎Washington nunca trató de instalar en Libia un gobierno bajo control estadounidense, lo que ‎hizo fue propiciar el ascenso de fuerzas rivales entre sí para impedir el regreso a la paz entre ‎los libios, en aplicación de la doctrina Rumsfeld/Cebrowski [1].‎

- En Libia no hubo una revolución popular contra la Yamahiriya sino una agresión de fuerzas ‎terrestres de al-Qaeda, un regreso manipulado a la división de antaño entre las regiones de ‎Cirenaica y Tripolitania y la intervención militar externa bajo la coordinación garantizada por ‎la OTAN –con países miembros de la OTAN garantizando los ataques aéreos mientras que la tribu de los ‎misrata y las fuerzas especiales qataríes se encargaban de realizar las operaciones terrestres. ‎

A partir de aquel momento, la rivalidad entre el gobierno instaurado en Trípoli y el gobierno ‎de Bengazi hizo retroceder el país a la época anterior a 1951, cuando Libia se dividía en dos Estados separados –Tripolitania y Cirenaica–, rivalidad reinstaurada o despertada durante la ‎agresión de la OTAN. Pero en este momento, en vez reaccionar respaldando a uno u otro bando ‎contra el otro, la única posibilidad sensata de restablecer la paz sería tratar de unirlos contra a ‎los enemigos del país. ‎

Actualmente, el gobierno establecido en Trípoli cuenta con el respaldo de la ONU, Turquía ‎y Qatar, mientras que el gobierno de Bengazi tiene el apoyo de Egipto, Emiratos Árabes Unidos, ‎Francia y Rusia. Fiel a su estrategia de siempre, Estados Unidos es el único país que apoya ‎simultáneamente a los dos bandos, para que sigan matándose indefinidamente. ‎

En Ankara, el parlamento turco adoptó este 2 de enero una resolución que autoriza la intervención ‎militar turca en Libia, lo cual puede interpretarse de 3 maneras que se complementan entre sí:

- Turquía apoya a la Hermandad Musulmana, instalada en el poder en Trípoli, lo cual explica ‎simultáneamente el apoyo de Qatar –favorable a la cofradía– a ese gobierno y la oposición ‎de Egipto, de Emiratos Árabes Unidos y de Arabia Saudita.

- Turquía desarrolla sus ambiciones regionales apoyándose en los descendientes de los antiguos ‎soldados otomanos que pueblan Misurata, lo cual explica el apoyo de Ankara al gobierno de ‎Trípoli, la capital libia, cuyo control se halla desde 2011 precisamente en manos de la tribu de ‎los misrata.

- Turquía utiliza en Libia a los yihadistas que ya no puede seguir protegiendo en Idlib (Siria), de ‎donde está evacuándolos y trasladándolos a Libia, concretamente a la región de Tripolitania, para ‎lanzarlos al asalto de Bengazi. ‎

A la luz del derecho internacional, la intervención turca es legal ya que se basa en un pedido del ‎gobierno de Trípoli, legalizado por el acuerdo firmado en Skhirat (Marruecos), el 17 de diciembre ‎de 2015, y por la resolución 2259 del Consejo de Seguridad de la ONU, adoptada el 23 de ‎diciembre de 2015. Sin embargo, todas las demás intervenciones exteriores son ilegales… ‎a pesar de que el gobierno de Trípoli se compone de la Hermandad Musulmana, al-Qaeda y el ‎Emirato Islámico (Daesh). Dicho claramente, estamos viendo en Libia una inversión de los ‎papeles, con los fanáticos yihadistas en el oeste del país –y respaldados por la ONU– mientras que ‎quienes luchan contra ellos, desde el este de Libia, se hallan en la ilegalidad. ‎

Por el momento, sólo hay algunos soldados turcos del lado del gobierno de Trípoli pero hay ‎soldados egipcios, emiratíes, franceses y rusos junto al de Bengazi. El anuncio del envío oficial de ‎algunos soldados turcos más no modificará mucho ese equilibrio pero sí lo hará el traslado ‎a Libia de yihadistas exfiltrados de Siria, movimiento que puede llegar a ser del orden de cientos ‎de miles de individuos, llegando eventualmente a invertir la correlación de fuerzas. ‎

No es inútil volver a recordar, contrariamente a lo que se afirma en la “historia oficial” que ‎Occidente pretende imponer, que el llamado «Ejército Sirio Libre» no se inició –al principio de la ‎agresión externa contra Siria– con desertores sirios sino que se creó con yihadistas libios de al-‎Qaeda. Era por lo tanto previsible que esos yihadistas regresaran a su país de origen. ‎

Las milicias sirias turcomanas y los yihadistas de la Legión del Levante (Faylaq al-Sham), lo cual ‎representa unos 5 000 individuos, ya están siendo trasladados a Libia. Si se mantiene esta ‎‎“migración” de yihadistas a través de Túnez, la llegada de refuerzos para el gobierno de Al-Sarraj ‎podría durar años, hasta que termine la liberación total de la gobernación siria de Idlib. Por supuesto, esto ‎sería excelente para Siria, pero significaría una catástrofe para Libia y para el Sahel en general. ‎

Libia se vería entonces en la misma situación que enfrentó Siria: con los yihadistas respaldados ‎por Turquía arremetiendo contra las poblaciones locales respaldadas por Rusia –dos potencias ‎que ponen extremo cuidado en no enfrentarse directamente, siendo Turquía miembro de ‎la OTAN. ‎

Al instalarse en Trípoli, Turquía pasa a controlar el segundo gran flujo de migrantes hacia los países ‎de la Unión Europea. Eso pone a Ankara en condiciones de recrudecer el chantaje que ya ejerce ‎sobre la Unión Europea gracias al actual flujo de migrantes a través del territorio turco. ‎

Debido a la ausencia de fronteras físicas, los ejércitos yihadistas circularán libremente por ‎el desierto, desde Libia, por todo el conjunto del Sahel, lo cual hará a los países del G5-Sahel ‎‎(Mauritania, Mali, Burkina Fasso, Níger y Chad), todavía más dependientes de las fuerzas ‎antiterroristas francesas y del AfriCom estadounidense. Los yihadistas amenazarán Argelia pero ‎no Túnez, país que ya está en manos de la Hermandad Musulmana y que controla el tránsito de ‎yihadistas por la isla de Yerba (también llamada Jerba). ‎

Las poblaciones sunnitas del Sahel serán entonces objeto de una “purificación” y los cristianos de ‎esa región serán expulsados de allí, como antes fueron expulsados los cristianos del Oriente. ‎

Llegará un momento en que los ejércitos yihadistas cruzarán el Mediterráneo –no olvidemos que ‎las islas italianas, principalmente Lampedusa y Malta, están a 500 millas náuticas. La ‎Cuarta Flota estadounidense intervendrá inmediatamente para rechazar a los yihadistas, ‎en virtud de los Tratados del Atlántico Norte y de Maastricht, pero el caos se extenderá ‎inevitablemente a los países de Europa occidental. Será entonces cuando, por fin, los europeos ‎entenderán el gravísimo error que cometieron al embarcarse en el derrocamiento de la Yamahiriya ‎Árabe Libia. ‎

Referencias:

[1] «El proyecto militar de ‎Estados Unidos para el mundo», por Thierry Meyssan, ‎‎Red Voltaire, 22 de agosto de 2017.

viernes, 12 de abril de 2019

¿QUIÉN ESTÁ DETRÁS DE HAFTAR?

Nuevo Curso, 07/04/2019



¿Qué hay detrás del recrudecimiento de la guerra en Libia? ¿Están desconcertadas realmente, como declaran, todas las potencias ante el avance hacia Trípoli de las tropas de Haftar? ¿Es una guerra civil o un nuevo rebrote de la guerra imperialista?

¿Quién es Haftar?

Si Gadafi obtuvo una relevancia internacional desproporcionada para la importancia económica y demográfica del país fue porque desde su toma del poder exacerbó la defensa de sus propios intereses imperialistas. Uno de los frentes de este pulso se libró en Chad en una guerra intermitente de casi 10 años. Bajo las facciones chadianas en lucha, se enfrentaban en realidad Francia y Libia. Y uno de los responsables militares libios fue Haftar que, caído en desgracia tras la derrota, fue rescatado por EEUU que armó y entrenó para él un ejército particular. Su momento llegaría con la guerra imperialista en 2011.

La matrioshka de las alianzas libias

La implosión del régimen de Gadafi estuvo lejos de ser una «revolución popular». Los brotes y manifestaciones de descontento de la pequeña burguesía urbana y buena parte de los trabajadores sirvieron de señal para que distintas familias de la burguesía de estado libia abandonaran al que había sido su líder esperando hacerse con el poder. Cuando quedó claro que el régimen podía aguantar la embestida, el imperialismo francés vio la puerta abierta y orquestó una intervención militar con Gran Bretaña y EEUU, que arrastrando a Italia -antigua potencia colonizadora- si bien acabó con el régimen no podía sino servir de prólogo a un enfrentamiento militar entre las distintas facciones de la burocracia entre sí y con los «Hermanos musulmanes», silenciosamente alimentados durante décadas por Gadafi contra su vecino egipcio. Los «hermanos» con sus aires de «socialismo feudal» y su discurso tradicionalista, representan en el Máshrek la revuelta de la pequeña burguesía rural y comercial. De su seno nacieron las primeras semillas del jihadismo. En un contexto en el que sus financiadores tradicionales se separaban cada vez más, su rama palestina, Hamas, estaba canalizando fuertes flujos de financiación desde Qatar y Turquía, que se movilizaban para ayudarles a tomar el poder en Egipto. El asalto al poder en Libia significaba poder ganar una pieza fundamental en el Magreb, asegurar la retaguardia egipcia y revivificar la perspectiva de un estado islámico a lo largo de toda la costa Sur y Este del Mediterráneo.

Haftar supo consolidarse en su región natal, la Cirenaica, la provincia con élites tradicionalmente más ligadas a Egipto y más influida por las potencias aliadas, para intentar desde ahí expulsar a los islamistas del poder mediante una ofensiva militar, la «Operación Dignidad» con el sostén de Al-Sisi. Las líneas del frente libio pasaron entonces a representar no solo las viejas provincias romanas e italianas, sino las fracturas imperialistas emergentes en el mundo musulmán: de un lado Qatar y Turquía que al retroceder las milicias islamistas cerraron filas con el gobierno de Trípoli, de otro Emiratos, Arabia Saudí y Egipto solidamente con el gobierno cirenaico. Esta divisoria de alianzas se insertaba a su vez en el juego de las viejas potencias: Italia apoyaba al gobierno de su vieja capital colonial, Francia a sus amigos de la Cirenaica. EEUU seguía tras su viejo patrocinado y lo que es más sorprendente Rusia también, ya que sus enlaces gadafistas en Libia se habían encuadrado bajo el mando de Haftar.

La batalla entre Italia y Francia

Hace un año el protagonismo estaba en las muñecas mayores de la matrioshka. EEUU apoyaba a su viejo aliado Haftar con la ayuda diplomática de Francia. En mayo Macron organizaba una cumbre centrada en organizar elecciones -que pensaba ganaría Haftar- en diciembre de 2018.

Fue un duro golpe para Italia, cuyos intereses se jugaban con Gobierno de Acuerdo Nacional (GAN), liderado por Fayaz Al Sarraj, que aglutinaba a restos islamistas y facciones locales de la Tripolitania. No hay ninguna base ideológica aquí: la exportación petrolera libia se realiza desde Trípoli y controlar Trípoli es controlar lo valioso económicamente del país. Con la excusa de la asociación en la lucha contra las redes de tráfico de personas, y de forma completamente legal -dado que es el gobierno reconocido por la ONU- Italia lleva ya una larga temporada armando y financiando al gobierno tripolitano. Su primera contra-ofensiva frente a Francia fue utilizar las cumbres europeas de este verano para que los fondos europeos de «refuerzo» de las fronteras africanas fueran a parar en parte a al-Sarraj y sus aliados. Pero no paró ahí. Casi inmediatamente Italia convocó en Palermo una cumbre sobre Libia con el objetivo directo de apartar a Francia de su vieja colonia. La tensión entre ambos imperialismos europeos era tan fuerte que los propios contendientes libios les pedían bajar el tono. Rusia se hizo presente solo para mostrar que ya había puesto soldados de élite sin bandera, pero con paga, sobre el terreno en apoyo de Haftar. La cumbre fue un éxito para los italianos. Las elecciones -que posiblemente hubieran dado a Haftar el control de Trípoli- se postergaban sine die.

La ofensiva actual

Viendo que la estrategia francesa estaba en retirada, Haftar concluyó que la fase en la que Francia y EEUU le daban opciones de victoria, estaba cerrada. En Túnez, el aparato de Bruselas se había movilizado junto con el de la ONU y su secretario General, que animaban a orillarle para coincidir con la cumbre de la Liga Árabe e incluir a las monarquías del golfo en las conversaciones de manera discreta. Eso sí… la crisis argelina le daba una ventana de oportunidad única: no tener que preocuparse de que el vecino occidental socorriera al gobierno de Trípoli. Así que, según parece, el mariscal recurrió a la siguiente muñeca de la matrioshka. La actual ofensiva sobre Trípoli fue anunciada tras la reunión de Haftar con el rey Salmán de Arabia Saudí. Egipto y Emiratos la apoyan directamente.

EEUU e Italia, al parecer, fueron cogidos por sorpresa. Francia asegura que también. «Liberation» se preguntaba hoy si no había sido un error apoyar a un aguafiestas como Haftar que tampoco parece que vaya a ganar fácilmente. Rusia, con más reflejos, condenó… la respuesta en forma de bombardeos de Trípoli. Al-Jazeera, medio oficial del Qatar y parte central de su imperialismo, carga día y noche contra los cirenaicos. Duda entre relativizar la ofensiva, valorándola solo como una toma de posición ante las negociaciones y amenazar con que vendrá un baño de sangre. Anadulu, la agencia de noticias turca, recogía hoy una cumbre express de eruditos islámicos organizada en Doha (Qatar) para condenar a Haftar.

Mientras, el mariscal cirenaico rechaza una nueva mediación de la ONU mientras estrecha el cerco a Trípoli. Sus primeros mensajes han sido para calmar a los italianos garantizando que la seguridad de sus inversiones y personal estarán garantizados por un «batallón especial para cuando entre en Trípoli». A fin de cuentas, aunque Tripoli controle las exportaciones, Haftar domina ya la producción y hace meses que ambas partes colaboran y se reparten convenientemente las rentas petroleras.

Una lección para trabajadores

Lo que estamos viendo en Libia no es en realidad diferente a lo que vemos en Venezuela o Siria. No hay lado «bueno» en las batallas entre facciones de la burguesía, ninguna es ya progresiva ni inocua. Además, cuando las facciones locales de la burguesía o la pequeña burguesía consiguen encuadrarnos en sus querellas internas, tardan poco en personarse sus distintos aliados imperialistas. El pillaje, la destrucción de la producción, el deterioro y descomposición de las condiciones de vida empiezan entonces una caída en picado donde la barbarie solo trae más y más barbarie. El carrusel de monstruos y tiranos no tiene fin ni conoce mal menor. Todos son mal mayor. Y solo hay una alternativa: organizarnos por nosotros mismos, plantar las bases de nuestra emancipación y la de la Humanidad entera de esta miseria infame.

martes, 26 de junio de 2018

CÓMO LA OTAN REVENTÓ LIBIA PARA SAQUEARLA LUEGO A PLACER

Daniel Bellaco  
digitalsevilla, 26/06/2018

Era el país más rico de África y promovía una Unión Africana. Obama y Clinton decidieron destruirla matando a miles de personas y creando un estado esclavista.



El 19 de marzo de 2011, hace más de 7 años, EEUU comenzaba una nueva guerra, esta vez contra Libia. La administración de Obama lanzaba su tormenta de fuego sobre el país más rico de África, laico y que lideraba la creación de muchas instituciones africanas para hacer frente a la neocolonización occidental.

Los belicistas Barack Obama y Hillary Clinton recurrieron al AfriCom y luego a la OTAN para destruir al completo Libia y quedarse con sus ricos recursos en petróleo y gas.

En 7 meses hubo 10.000 misiones aéreas de ataque lanzando decenas de miles de bombas y misiles, las empresas de armas de EEUU volvían a crecer en bolsa.

Francia y el Reino Unido, los de siempre, apoyaron esta nueva guerra con el apoyo de bases aéreas y aviones de toda la OTAN, en especial de Italia y España.

Había que destruir y matar, y para ello, se financió a grupos hostiles islamistas y a diferentes tribus para convertir, el estado laico con mayores reservas de petróleo de África, en un yermo a merced de los islamistas, los esclavistas y las ricas compañías petroleras occidentales.

Qatar hizo su parte y mandó sus fuerzas especiales. Libia con “altos niveles de crecimiento económico y elevados indicadores de desarrollo humano” según el Banco Mundial en 2010 había sido destruida.

Antes, dos millones de migrantes trabajaban en Libia y el país laico promovía la Unión Africana, el Fondo Monetario Africano, el Banco Central Africana y el Banco Africano de Inversión.

EEUU y Francia, como demuestran los correos destapados de Hillary Clinton, bloquearon el proyecto de Gadhafi de crear una moneda africana alternativa al dólar y al franco CFA, que Francia impone a sus ex colonias.

Una vez asesinado Gadhafi se quedaron con las mayores reservas de petróleo de África y de gas natural, así como un inmenso manto de agua oculta bajo el desierto que Libia posee.

A su vez el Estado libio tenía 150.000 millones de dólares invertidos en el exterior. De los 16.000 millones de euros bloqueados en Bélgica en la Euroclear Bank, han desaparecido curiosamente 10.000 millones sin que haya habido ninguna autorización para su retirada, y este proceso se está repitiendo en bancos estadounidenses y europeos.

Libia ingresaba 47.000 millones en 2012 por la exportación de petróleo y gas. En 2017 esta cifra ha caído a 14.000 millones que se reparten las empresas multinacionales y las distintas facciones que dominan el país.

Gracias a la OTAN los libios son pobres, sin servicios esenciales, sin seguridad ni justicia y en sus cárceles se tortura a los fieles de Gadhafi.

A su vez, se ha instaurado un rico comercio de esclavos que manda miles de personas a morir al Mediterráneo.

En Tawerga, las milicias islamistas de Misurata, que asesinaron a Gadhafi, y que están respaldadas por la OTAN, emprendieron una campaña de purificación étnica, torturando, violando y matando.

Los aterrorizados 40.000 sobrevivientes huyeron de esa ciudad libia. La izquierda europea, que hace 7 años clamaba por una guerra en Libia en nombre de una supuesta agresión a los Derechos Humanos, se ha quedado muda. ¿Qué pasa? ¿A quién temen?

Los proyectos de Gadhafi de Unión entre árabes y negros en África se han ido al traste. El capital gana y saquea, los medios mienten y todos contentos. Curiosamente, el mismo año de la guerra en Libia comenzaba la guerra en Siria, la otra gran matanza, con la OTAN metida hasta las narices en ella, sobre todo los de siempre, EEUU, Reino Unido y Francia.

Las consecuencias de ambas guerras se traducen en centenares de miles de muertos, heridos, desaparecidos, desplazados, refugiados y ahogados en el Mediterráneo, pero al parecer no hay dinero para aplacar todo esto. ¿Qué curioso no?

domingo, 30 de julio de 2017

LA ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL DE LAS MIGRACIONES DENUNCIA LOS "MERCADOS DE ESCLAVOS" DE LIBIA

Huffington Post, 29/07/2017


Migrantes y refugiados son vendidos para trabajar en casas, naves y talleres clandestinos, como cebo para exigir un rescate y también, en el caso de las mujeres, como esclavas sexuales o prostitutas.

Un grupo de migrantes, retratados en la playa de Gharaboli, al este de Tripoli, tras ser rescatados el pasado 8 de julio al poco de embarcarse hacia Europa.

Escapas de tu hogar, de tu país, porque tienes sueños, porque tienes hambre, porque te persiguen (la guerra, la religión, el sexo, la política, la etnia...). Intentas llegar a una tierra más afortunada y asumes que el camino será duro y tus compañeros de viaje, la miseria, el cansancio, las mafias. Todo eso va ya de serie en la mochila de los migrantes y refugiados que se ven forzados el éxodo. Pero ahora, también, suman una nueva angustia: la de convertirse en esclavos en pleno siglo XXI.

Es lo que acaba de denunciar en un informe la Organización Internacional de Migraciones (OIM), dependiente de Naciones Unidas: que en Libia, última etapa en el continente africano de quienes llegan desde el sur buscando el Mediterráneo y, luego, Europa, se está mercadeando con carne humana, que los hombres y mujeres son expuestos, comprados y explotados.

Los migrantes, sobre todo los más jóvenes, son vendidos para trabajar en casas, naves y talleres clandestinos o abandonados en apariencia, como cebo para exigir un rescate a sus familias y también, en el caso de las mujeres y niñas, como esclavas sexuales o prostitutas. Según los trabajadores de esta organización -que han constatado esta realidad sobre el terreno-, estas personas son llevadas a plazas públicas o garajes a lo largo de todo el país, donde se muestran a los posibles compradores. Como en las picotas de hace siglos.

Su precio oscila entre los 200 y los 500 dólares (entre 171 y 429 euros, aproximadamente). Y, claro, hay categorías: se paga más por los sanos, por las mujeres hermosas y también por quien tuviera una formación y un oficio en su lugar de origen. Por ejemplo, un albañil, un azulejero, un pintor o un agricultor fuerte están mejor cotizados en este macabro mercado.

Libia está sumida en un formidable caos desde la salida del poder en 2011 de Muammar el Gadafi, prácticamente con dos gobiernos de facto -el oficial y el que manda en la capital, Trípoli-, con partes del estado que escapan al control de ambos y en las que mandan grupos rebeldes, tribales e islamistas.

Esa confusión es la que aprovechan los contrabandistas y los traficantes de personas para mover a los migrantes -subsaharianos en su inmensa mayoría- por el país; a unos los llevan finalmente hasta la costa, en busca de precarias embarcaciones con las que hacerse a la mar, y a otros los secuestran y subastan. Los que venden suelen ser ghaneses y nigerianos. Los que compran, libios.

El jefe de la OIM en Libia, Othman Belbeisi, ha explicado a través de su gabinete de comunicación que no todos los esclavos cobran por su labor. Algunos no pasan de tener un mal techo y peor comida. "Algunos logran escapar, otros están entre dos y tres meses con sus compradores y finalmente están los que malviven encerrados en áreas donde son forzados a trabajar sin descanso", detalla.

Reconoce que no disponen de cifras concretas sobre este drama, pero los testimonios y fotos recabados dan muestra de su alcance y gravedad y de que el fenómeno ha aumentado notablemente en el último año. Sí, es un crimen contra la humanidad, prácticamente desterrado del planeta -la OIM tenía constancia de episodios en Mauritania, Sudán o India, más allá de los casos conocidos de prostitución o trabajo infantil en el sureste asiático- y peleado por los abolicionistas desde el siglo XVIII, pero ahí sigue, vivo y creciendo allá donde la vida tiene precio.

UNA RUTA INFERNAL

Mohamed Abdiker, director de Operaciones en Libia de este organismo de la ONU, directamente define la situación como "desastrosa". Los esclavos sufren "malnutrición sistemática [algunos han logrado llegar a un hospital pesando apenas 35 kilos], abusos y maltratos de todo tipo, incluyendo los sexuales" e incluso algunos mueren durante su cautiverio. En Trípoli existe incluso un "cementerio de los sin nombre", saturado, donde se trata de dar sepultura a los migrantes que mueren en mitad de su ruta. ONG como Médicos Sin Fronteras (MSF) tratan de identificarlos, al menos, para que sus historias no se pierdan.

Según la OIM, más de 380.000 personas están actualmente atrapadas en Libia, en su intento de cruzar el mar. De ellas, apenas 7.000 están en centros pseudo-oficiales (la falta de una administración clara también se deja notar aquí), que en muchos casos no cumplen ni con las condiciones básicas de higiene. Los que están fuera de esos muros, muchos miles, son los que se exponen a la esclavitud y la violencia.

Es la última meta volante de una ruta durísima, la que lleva a Europa, que coincide punto por punto, tanto por tierra como por mar, con las que usaban los esclavistas de siglos pasados. En ella se enfrentan a la captación de las mafias, la falta de empleo para lograr dinero en su escapada, las detenciones arbitrarias de los distintos cuerpos policiales de los países que cruzan y sus muy limitados recursos de partida.

Luchan, también, contra el paisaje, como el desierto del Sahara, donde las ONG denuncian que puede estar muriendo tanta gente o más que el Mediterráneo, que se encuentran cada poco cuerpos tirados, en descomposición. Por allí deben cruzar en viajes que van de los tres a los seis días, en función del dinero, los medios y el clima ardiente, y es sencillo que los guías se pierdan -voluntaria o intencionadamente-, que ataquen ladrones, señores de la guerra y milicianos yihadistas, que se queden sin recursos... La gasolina que llevan sus camionetas masificadas es oro para las bandas de la zona, por ejemplo. Demasiado goloso como para no atacar.

LA HISTORIA DE S.C.

El informe sobre la venta de personas y los trabajos forzados en Libia incluye historias descorazonadoras. Una de las mejor documentadas es la de S.C., un hombre senegalés. Sus problemas empezaron al llegar a Agadez, un pueblo en el límite centro-sur del Sahara, conocido por ser uno de los centros de las rutas migratorias que recorren el continente africano hacia el norte. Más de 300.000 personas han pasado por allí en el último año, camino hacia Argelia y Libia.

Allí, los traficantes le dijeron que tenía que pagar 320 dólares para poder seguir su camino. Pagó, lo alojaron en un barracón medio destrozado y pasaron a buscarlo más tarde. Lo metieron en un camión durante dos días hasta llegar a Sabha (suroeste de Libia), uno de los puntos más peligrosos del recorrido, donde más cuerpos se encuentran. Es la encrucijada: pagas más o no sigues adelante.

S.C., sin embargo, logró sobrevivir al viaje pero no evitó ser capturado. En el último momento, el traficante que los llevaba dijo que la mafia con la que se había aliado no le había pagado y, por tanto, iba a vender a los migrantes para sacar el beneficio perdido. Así que los llevó a todos a un aparcamiento y allí estaba el mercado de esclavos, en pleno apogeo. A este joven lo compraron y lo llevaron a una primera "cárcel", dice el dossier, una vivienda particular donde más de 100 migrantes estaban atrapados como rehenes.

Una vez llegado, es cuando los secuestradores lo obligaron, como a los demás, a llamar a sus familiares y pedirles dinero para un rescate; a la vez, lo torturaban para que los suyos escuchasen su sufrimiento. Le reclamaron 480 dólares más, una cantidad que ni él ni su gente podía conseguir. Así que se lo vendieron de nuevo a otro dueño -los dos eran libios-, enviado a una vivienda mayor y donde le reclamaron 970 dólares. La cuantía subía con los días de vida. Debía pagar vía Western Union o Money Gram a un mediador de Ghana.

A base de tiempo y amenazas, su familia logró parte del dinero y él puso el resto, trabajando como intérprete para los secuestradores, con lo que se convirtió en alguien valioso, que no debía ser apaleado. Algunos migrantes, sobre todo de Nigeria, Gana y Gambia, son obligados a trabajar para los secuestradores o traficantes sexuales como guardas en las casas de secuestro o en los propios mercados, según el informe.

Según el relato de S.C., hay compañeros de cautiverio que no pudieron pagar y fueron dejados morir de hambre o asesinados a balazos. Cuando alguno fallecía, los amos iban al mercado a nutrirse de nuevos inmigrantes y refugiados. El ciclo empezaba de nuevo.

Y esto sigue pasando cada día, ahora mismo, a menos de 350 kilómetros de tierra europea.