martes, 2 de diciembre de 2014

VIKTOR ORBAN, PRIMER MINISTRO HÚNGARO Y NUEVO ROSTRO DEL ENEMIGO SEGÚN WASHINGTON

F. William Engdahl
Red Voltaire, 27/11/2014

La negativa del primer ministro húngaro Viktor Orban y de su partido, Fidesz, a unirse a la nueva guerra fría que Estados Unidos y Europa han iniciado contra Rusia –negativa que concretó primeramente al aceptar que el gasoducto paneuropeo South Stream pase por Hungría y que reafirmó con su enérgica política hacia los bancos y las compañías extranjeras del sector energético– ha puesto a sonar todas las alarmas en las capitales occidentales. Para F. William Engdahl, la cuestión que ahora se impone es la siguiente: ¿Será Hungría el próximo blanco de un intento de cambio de régimen financiado por Estados Unidos y la Unión Europea?


Serguei Lavrov, ministro ruso de Relaciones 
Exteriores (a la izquierda), y Viktor Orban, 
primer ministro de Hungría (a la derecha), 
durante un encuentro en Budapest.

Hace algún tiempo que Hungría y su primer ministro nacionalista y populista Viktor Orban están en el colimador de las élites políticas de Washington. Pero, ¿cuál es el pecado del señor Orban? Simplemente no haber bajado la cabeza ante los dictados, a menudo destructivos, de la Comisión Europea y tratar de definir una identidad nacional húngara. Pero el más grave de sus pecados es sin dudas su creciente acercamiento a Rusia y su desconfianza hacia Washington, que se han materializado en un acuerdo concluido con Gazprom para que pase por Hungría el gasoducto South Stream, que debe conectar a Rusia con los países de la Unión Europea.

El propio Orban ha recorrido un largo camino político desde 1998, el año en que se convirtió en primer ministro de Hungría, uno de los dos más jóvenes que han resultado electos para ese cargo en ese país. En aquel entonces, y a pesar de la oposición de Rusia, Viktor Orban supervisó la entrada de Hungría en la OTAN –al mismo tiempo que las de Polonia y la República Checa– y en la Unión Europea.

Durante aquel mandato de primer ministro, en una época en que la Unión Europea era mucho más próspera que ahora, Orban redujo los impuestos, abolió el pago de inscripción en la universidad para los alumnos aventajados, aumentó las ayudas financieras a las madres y atrajo a los industriales alemanes con una fuerza de trabajo barata. Entre sus «consejeros» estadounidenses figuraba James Denton, vinculado a Freedom House, una ONG de Washington implicada en las revoluciones de colores [1]. Orban era entonces el niño mimado de los neoconservadores de Washington. En 2001 recibió el «Premio de la Libertad» [2] del neoconservador American Enterprise Institute [3].

En 2012, después de haber pasado 6 años en la oposición, Orban logró regresar. Y lo hizo con una importante mayoría obtenida con el Partido Húngaro de Unión Civica (conocido como Fidesz). De hecho, el Fidesz tenía el 68% de los escaños del parlamento, lo cual le garantizaba la mayoría necesaria para modificar la Constitución y adoptar nuevas leyes, y no dudó en hacerlo. Irónicamente, viendo la paja en el ojo ajeno e ignorando la viga en su propio ojo, la administración Obama y el Parlamento Europeo criticaron a Orban afirmando que había dotado al Fidesz de un poder excesivo. Daniel Cohn-Bendit y los Verdes europeos acusaron a Orban de tener como modelo la Venezuela del presidente Hugo Chávez [4].

El verdadero problema era que Orban no seguía el manual de la Unión Europea para políticos obedientes. Y Bruselas comenzó a demonizar al Fidesz y a Orban, presentando al primero como la versión húngara del Partido Rusia Unida y al propio Orban como el Putin magiar. Eso era en 2012.

Ahora la situación se hace realmente preocupante para los atlantistas y la Unión Europea ya que Orban está haciendo caso omiso ante las exigencias europeas para que interrumpa la construcción del gran gasoducto ruso South Stream.


Mapa del proyecto de gasoducto ruso South Stream,
 destinado a hacer llegar el gas natural ruso 
hasta Europa a través del Mar Negro.

El gasoducto ruso South Stream y el gasoducto germano-ruso North Stream garantizarían a los países de la Unión Europea el abastecimiento de gas sin tener que pasar por el conflictivo territorio de Ucrania, algo a lo cual Washington se opone con todas sus fuerzas… por razones evidentes.

En enero de 2014, el gobierno del señor Orban anunció un acuerdo financiero por valor de 10 000 millones de euros con la Sociedad Nacional Energía Nuclear de Rusia para renovar la única central nuclear de Hungría, en la región de Paks, instalación de tecnología rusa y construida en tiempos de la Unión Soviética [5].

Ese anuncio llamó la atención en Washington. Lo mismo sucedió durante el verano de 2014, cuando Orban criticó a Estados Unidos observando que ese país había fracasado en resolver la crisis financiera mundial… provocada precisamente los propios bancos estadounidenses. En esa ocasión Orban elogió además a China, Turquía y Rusia, considerándolos como modelos más positivos. En términos bastante cercanos de los que yo mismo he utilizado a menudo, Orban declaró que las democracias occidentales

«corren el peligro, en los próximos años, de resultar incapaces de conservar su competitividad y parecen condenadas a la decadencia si no logran transformarse profundamente.» [6].

No contento con lo anterior, Orban logró además liberar a Hungría de varias décadas de catastrófica tutela del Fondo Monetario Internacional (FMI). En agosto de 2013, el ministro húngaro de Economía declaró que, mediante una «política monetaria disciplinada», había logrado pagar los 2 200 millones de dólares que Hungría le debía al FMI. ¡Fin de las privatizaciones impuestas y de las condiciones exorbitantes que exige el FMI! El presidente del Banco Central húngaro exigió entonces al FMI el cierre de todas sus oficinas en Budapest. Además, al igual que en Islandia, el Fiscal General de Hungría emprendió acciones legales contra los tres primeros ministros de los gobiernos anteriores por haber hundido la nación en un nivel de endeudamiento de proporciones criminales, precedente que no podía dejar de provocar sudores fríos en varias capitales, así como en Washington y en Wall Street [7].

Pero la más fuerte de todas las alarmas fue la que comenzó a sonar cuando Orban y el Fidesz dieron, al mismo tiempo que sus vecinos austriacos, luz verde a la construcción del gasoducto ruso South Stream sin tener en cuenta las protestas de la Unión Europea, que afirmaba que ese proyecto iba en contra de sus leyes. «Es lebe die österreichisch-ungarische Energiemonarchie!» (¡Viva la soberanía energética austro-húngara!), proclamó Orban en un encuentro con Horst Seehofer, ministro-presidente de Baviera, el 6 de noviembre en Munich [8].

Eso fue suficiente para que las élites estadounidenses dieran de inmediato la alerta. El New York Times, celoso sostén del establishment, publicó en primera plana un editorial titulado «El peligroso deslizamiento de Hungría», donde podía leerse:

«El gobierno del primer ministro húngaro Viktor Orban se desliza hacia el autoritarismo y desafía los valores fundamentales de la Unión Europea, y todo el mundo se lo permite.»

En los siguientes términos revelaba el New York Times la verdadera razón del pánico reinante en Washington y Wall Street:

«Una vez más Hungría ha dado prueba de su desprecio por la Unión Europea al adoptar, el pasado lunes, una ley que autoriza el paso del gasoducto ruso South Stream a través del territorio húngaro. Esta nueva ley es una violación flagrante de la orden impartida en septiembre pasado por la Unión Europea a todos sus miembros de rechazar la construcción de South Stream y de las sanciones económicas impuestas por la Unión Europea y Estados Unidos en contra de Rusia como consecuencia de sus acciones en Ucrania. En vez de protestar tímidamente contra esas medidas antidemocráticas, la Unión Europea haría mejor ordenando también sanciones contra Hungría. Y Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, debería utilizar su poder para obligar al señor Navracsics a dimitir.» [9]

[El húngaro] Tibor Navracsics acaba de ser nombrado comisario europeo a cargo de Educación, Cultura, Juventud y Deportes y todavía estamos buscando qué vínculo puede tener esa función con la construcción de gasoductos.

Y ahora no habrá que asombrarse cuando veamos a la National Endowment for Democracy [10] y las serviciales ONGs financiadas por Estados Unidos hallar una buena excusa para organizar manifestaciones contra el partido Fidesz y el primer ministro húngaro Viktor Orban para castigarlos por el imperdonable crimen que han cometido: tratar de liberar a Hungría de la situación demente que Estados Unidos ha creado en Ucrania.

NOTAS:

[1] «Freedom House: cuando la liberdad no es más que un pretexto», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 3 de enero de 2005.

[2] "Orbán Address at Receiving Freedom Award", American Enterprise Institute, 1º de mayo de 2001.

[3] «El Instituto Norteamericano de la Empresa», Red Voltaire, 13 de marzo de 2004.

[4] "Hongrie: Daniel Cohn-Bendit compare Viktor Orban à Chavez et Castro", RTBF.be, 18 de enero de 2011.

[5] "Strange Bedfellows: Hungary Leans Toward Russia", Brent Ranalli, The Globalist, 10 de marzo de 2014.

[6] "Prime Minister Viktor Orbán’s Speech at the 25th Bálványos Summer Free University and Student Camp", Sitio web del gobierno húngaro, 30 de julio de 2014.

[7] "Hungary Sheds Bankers’ Shackles", Ronald L. Ray, AFP, 23 de agosto de 2013.

[8] "Seehofer receives controversial Hungarian State Chief", Britan Today, 6 de noviembre de 2014.

[9] “Hungary’s Dangerous Slide”, Equipo editorial, The New York Times, 5 de noviembre de 2014.

[10] «La NED, vitrina legal de la CIA», por Thierry Meyssan, Оdnako (Rusia), Red Voltaire, 11 de octubre de 2010.

lunes, 1 de diciembre de 2014

EL REY JUAN CARLOS CONDECORÓ A 56 REPRESORES DE LA DICTADURA ARGENTINA

Librered, 01/12/2014



Durante la última dictadura cívico-militar en Argentina (1976-1983), el rey emérito de España, Juan Carlos, otorgó 56 condecoraciones a integrantes de la Junta Militar de ese país, reveló el diario digital Público.

De acuerdo con los documentos a los que tuvo acceso el diario, 43 de estos integrantes eran militares con diversos grados de responsabilidad en la represión. En tanto, los 13 restantes eran civiles, en su mayoría miembros del cuerpo diplomático de Jorge Videla.

A la fecha, ninguna de las condecoraciones ha sido revocada, y con ello España se convierte en el país que más distinciones entregó a la dictadura argentina.

El portal refiere que en noviembre de 1978, el propio Juan Carlos entregó al exgeneral Videla el Collar de la Orden de Isabel la Católica, una distinción que resalta “aquellos comportamientos extraordinarios de carácter civil, realizados por personas españolas y extranjeras, que redunden en beneficio de la nación o que contribuyan, de modo relevante, a favorecer las relaciones de amistad y cooperación de la nación Española con el resto de la comunidad internacional”.

Para esa fecha también fueron condecorados otros siete miembros de la dictadura. Meses antes, el rey emérito había otorgado a Videla la “Gran Cruz de la Orden del Mérito Militar con Distintivo Blanco”.

También en noviembre de 1977, el monarca español otorgó en Madrid al Capitán de Navío Lorenzo de Montmollín, exjefe de Inteligencia Naval, la “Orden al Mérito Naval de Primera Clase”.

La investigación sugiere que la concesión de las medallas no siempre era publicada en el Boletín Oficial del Estado.

En octubre pasado, Público también reveló documentos en los que se muestra que el ex rey de España, banqueros de ese país y el gobierno del presidente español Adolfo Suárez firmaron acuerdos económicos millonarios con la dictadura militar de Videla.

Los expedientes refieren que durante los primeros años de la Junta Militar de Argentina, el entonces rey Juan Carlos facilitó los acuerdos entre Madrid y Buenos Aires.

En ese período, el comercio global pasó de $14,7 millones en 1961 a $450,8 millones en 1977, lo que representa un crecimiento promedio anual de 23,8%.

De acuerdo con un informe confidencial, Juan Carlos sentía beneplácito por el cambio en Argentina y el Gobierno de facto de Videla, por lo que expresó que los banqueros, inversores e industriales tendrían toda la disposición “para concurrir al encauzamiento y solución de los problemas que pudieran plantearse y/o proponerse”.

AVN

"ZAS EN TODA LA BOCA" DE RAMÓN ESPINAR A JOSÉ CARLOS DÍEZ

Paco Bello
Iniciativa Debate, 30/11/2014

Hay momentos mágicos en televisión, y este diálogo entre Ramón Espinar, investigador y miembro de Juventud sin Futuro, y José Carlos Díez, economista reputado y pitoniso con el tarot de los pitufos, es uno de ellos.

Como Ramón ya dice casi todo lo importante, no añadiré más a esta introducción, pero… ¡José Carlos, José Carlos!, oye, disculpa, pero ¿te has planteado que quizá el que no lo has entendido eres tú?, ¿o es algo que te da igual si logras generar confusión?


Ahora, para que Ramón no pierda la forma, hay que seguir poniéndole como esparrin, y uno por uno, al resto de los chicos del oráculo de Viena: Daniel Lacalle, Juan Ramón Rallo, etc., y ya puestos, al “tapado, simpático y entrañable” Gay de Liébana y al resto de embaucadores ambiguos que han logrado hacerse pasar para alguna gente por economistas cercanos y casi progresistas. A ver si así, una vez desenmascarados, conseguimos que en los medios tenga cabida algún economista de verdad de izquierdas (de esos que creen que la economía debe estar al servicio del pueblo, y no al contrario), que también los hay.

domingo, 30 de noviembre de 2014

NACE EN PORTUGAL "JUNTOS PODEMOS", UN MOVIMIENTO INSPIRADO EN EL PODEMOS ESPAÑOL

La Voz de Galicia, 27/11/2014

Serán los propios ciudadanos los que decidan si este movimiento desemboca en la constitución de un nuevo partido a través de una asamblea ciudadana



Un nuevo movimiento ciudadano que persigue una democracia más justa fue presentado este jueves en Lisboa bajo el nombre de Juntos Podemos y, aunque no mantiene una afiliación directa con el partido español Podemos, sí se inspira en su actividad. «No somos una franquicia de Podemos», dijo a la prensa Paula Gil, una de las encargadas de presentar este nuevo movimiento, que mantiene una «colaboración estrecha» con el partido español y quiere «aprender» de su experiencia.

Los impulsores de Juntos Podemos defienden que no se sienten representados por las actuales fuerzas políticas y por ello buscan dar voz a los ciudadanos, para decidir «en conjunto» cómo es la democracia en la que quieren vivir. Serán los propios ciudadanos los que decidan si este movimiento desembocará en la constitución de un nuevo partido político, puesto que el destino de Juntos Podemos se resolverá en una asamblea ciudadana los próximos 13 y 14 de diciembre. «Si las personas que participen deciden que constituirse como partido es una forma concreta para la acción, entonces se hará, pero si prefieren utilizar otros medios de acción el resultado será diferente», explicó otra de las portavoces, Rita Merêncio.

La presentación de Juntos Podemos se produce apenas seis días después de la visita a Lisboa del líder del español Podemos, Pablo Iglesias, que participó en un mitin organizado por el marxista Bloque de Izquierda (BE, por su siglas en portugués).

Pero la idea de crear este movimiento se originó en una conferencia el pasado julio -a la que también acudieron algunos representantes de Podemos-, si bien los últimos escándalos surgidos en Portugal reforzaron la necesidad de lanzar el proyecto. «Asistimos a esta sucesión de acontecimientos extremadamente nefastos y tóxicos para la democracia y decidimos que era necesario devolver la voz a los ciudadanos», afirmó la tercera portavoz del movimiento, Joana Amaral Dias.

El desplome del Banco Espírito Santo (BES), la trama de corrupción ligada a la concesión de visados especiales a extranjeros y la reciente detención y encarcelamiento del ex primer ministro José Sócrates, sospechoso de fraude fiscal, blanqueo de capitales y corrupción, fueron algunos de los casos mencionados por la portavoz. La corrupción es precisamente una de las principales preocupaciones de los que conforman este nuevo movimiento, que eligió presentarse ante los medios frente a las dependencias del Consejo de Prevención de la Corrupción.

Amaral Dias adelantó que la asamblea de diciembre contará con la participación de conferenciantes nacionales e internacionales, así como de otros movimientos y asociaciones civiles, entre los que se incluyen representantes de Podemos. «Con la asamblea se inicia un proceso democrático para construir un sujeto político, donde todos los ciudadanos, las organizaciones de la sociedad civil e incluso los partidos políticos puedan decidir lo que quieren», explicó Amaral.

CANCILLER SIRIO A RT: "EL TERRORISMO ES UN INSTRUMENTO EN MANOS DE OCCIDENTE"

RT, 30/11/2014



La prioridad para Siria es hacer frente al terrorismo, que es “simplemente un instrumento en manos de la coalición internacional y los países vecinos”, señaló en una entrevista a RT en inglés el ministro de Asuntos Exteriores sirio, Walid al Muallem.

“Si a los sirios los hubieran dejado en paz habrían solucionado ellos mismos sus propios problemas internos. Tanto la injerencia externa como la regional en los asuntos de Siria impidieron un acuerdo político. Es precisamente esta intervención lo que ayudó a fortalecer el terrorismo dirigido contra Siria”, dijo a RT el canciller sirio.

Muallem informó que el problema de Siria es una “conspiración de sus países vecinos” y nombró a “Turquía, Arabia Saudita, Catar, Jordania y algunos Estados de fuera de la región” como participantes en esta conspiración.

“Mientras continúa la interferencia externa Siria el terrorismo está desgarrando [el país]”, afirmó, y explicó que la interferencia exterior “se refleja en las acciones de la coalición internacional y en el flujo de terroristas que cruzan” las fronteras sirias.

“Los ataques aéreos no bastan para derrotar al Estado Islámico”

Durante la entrevista el canciller sirio subrayó en repetidas ocasiones el peligro que representa el Estado Islámico (EI) tanto para Siria como para otros países de la región.

En este contexto sostuvo que el violento grupo se hace “cada día más fuerte, pese a los ataques aéreos de la coalición”.

“Los que piensan que la coalición conseguirá acabar con el EI solo con ataques aéreos se equivoca totalmente”, cree Muallem.

Para el canciller la razón del aumento del número de terroristas “es simple: Turquía, un aliado de EE.UU., no cumple con las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU relativas a los canales de abastecimiento a los terroristas […] Según los datos de la ONU, cada mes a través de la frontera entre Turquía y Siria entran [a Siria] mil terroristas de 80 países”, dijo.

“Planes maliciosos de EE.UU.”

En cuanto a EE.UU. y sus intentos de combatir el terrorismo, como suelen anunciar desde Washington, el político sirio dijo que las intenciones de la parte estadounidense “hacen dudar”.

“Si EE.UU. fuera sincero en sus intenciones de luchar contra el terrorismo, habrían llamado al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para obtener la autoridad internacional para esta lucha, y no habría excluido de este proceso a importantes países de la región, como Siria, que ha estado luchando contra el Estado Islámico en tierra y desde el aire. No habría excluido de esta lucha a Irán y a Rusia”, explicó Muallem, que también dijo que “siempre persisten los planes maliciosos” de los estadounidenses.

“Además, EE.UU. está tratando de influir en la voluntad del pueblo sirio”, liderando un lucha “obscena” contra el presidente Al Assad, constató.

sábado, 22 de noviembre de 2014

EL CONFLICTO QUE OCCIDENTE HA PROVOCADO EN UCRANIA

Rafael Poch
La Vanguardia, 20/11/2014

Víktor Yushchenko pone flores en la estatua de Bandera


No son las fracturas y diversidades regionales de Ucrania, sino la geopolítica lo que explica el actual conflicto. Veinticinco años de incumplimiento del espíritu que acabó con la guerra fría y el avasallamiento hacia Rusia practicado desde entonces, provocaron una reacción defensiva e irreversible de Moscú que se presenta como ofensiva y esquizofrénica. Esa reacción supone un precedente de desafío intolerable para Occidente y es lo que suscita y motiva las sanciones contra Moscú, cuyo efecto va a ser, a la vez, dañino y estimulante de cambios para el sistema ruso. En esta partida Rusia no tiene marcha atrás sin arriesgarse a un derrumbe de su régimen de consecuencias incalculables. La torpe política exterior alemana, cuyo papel en los Balcanes ya fue nefasto hace una década, tiene una gran responsabilidad.

I) Pueblos hermanos

Se dice que rusos y ucranianos son “pueblos hermanos”, y es verdad. Siglos de vida en común, dos lenguas bien parecidas y una geografía sin obstáculos físicos, de llanuras surcadas por ríos mansos, que complica y difumina todo concepto de frontera. Al mismo tiempo, el parentesco fraternal no es incompatible con fuertes diferencias de carácter. Cuando una abuela dice sobre sus nietos, “¡Qué diferentes son, parece mentira que sean hermanos!” está formulando un tópico familiar de los más recurrentes. Veamos algunas de esas diferencias.

Como tantos otros países, Ucrania contiene una considerable diversidad regional entre el Oeste y el Este. Simplificando: cuanto más hacia Rusia, más ruso se habla, mayor influencia del cristianismo oriental adscrito al Patriarcado (ortodoxo) de Moscú y menos perceptible se hacen las diferencias fraternales. Cuanto más al Oeste mas fuerte es la identidad nacional ucraniana, el carácter mixto (oriental-occidental) del cristianismo, etc., etc.

A lo largo de su historia, Ucrania vivió varios procesos de integración, bien en la órbita rusa, bien en la polaca. Al colisionar con el poder superior ruso, el nacionalismo burgués ucraniano se vio condenado a colocarse bajo patronazgo extranjero. En el siglo XX sus efímeros gobiernos se afirmaron bajo la protección militar alemana (el del atamán Skoropadski) o polaca (Petliura). El nacionalismo popular ucraniano fue más antipolaco y antijudío que anti ruso. Políticamente fue frecuentemente socialista o social-revolucionario y al final, en un contexto de grandes convulsiones como los de la guerra civil rusa, tuvo que decantarse entre blancos y rojos en beneficio de los segundos.

El espacio ucraniano ha sido frecuente campo de batalla. En el siglo XVII conoció la revuelta de Bogdan Jmenitski contra la unión polaco-lituana, en el XVIII el zar Pedro I se impuso a los suecos en Poltava, y en el siglo XX fue uno de los principales escenarios bélicos tanto de la guerra civil rusa como de la Segunda Guerra Mundial.

El periodo 1917-1922 contiene en Ucrania un sinfín de conflictos. Parte de los nacionalistas ucranianos lucharon junto con los alemanes y austro-húngaros y otra parte contra ellos. La población ucraniana pro rusa se dividió en su lucha a favor de una Rusia unida, unos con los rojos y otros con los blancos. Otras fuerzas, como la del ejército campesino de Nestor Majno, con un gran componente social libertario y nacional ucraniano, lucharon tanto contra los rojos como contra los blancos.

Para comprender el actual mapa de Ucrania es ineludible hablar de tres regiones. En primer lugar Galitzia, zona occidental de claro dominio de la lengua ucraniana, con influencia católica mestiza (greco-católicos o “uniatas”), que en su mayoría nunca formó parte del resto de Ucrania ni estuvo sometida a Rusia hasta Stalin en los años cuarenta, después de dos siglos de  sometimiento a regímenes polacos o austro-húngaros opresivos. De Galitzia partió en el siglo XIX el más fuerte impulso nacionalista. Ya en la época postsoviética desde allí se ha irradiado hacia el resto del país la ideología nacionalista más fuerte, con su particular narrativa histórica sobre la URSS: la revolución bolchevique como asunto “ruso” o “judío” (ignorando la larga lista de ucranianos presente en la dirección bolchevique), la mortífera hambruna de los años treinta con varios millones de muertos como “genocidio comunista-ruso contra el pueblo ucraniano” (ignorando que la misma hambruna de esos años devastó igualmente zonas rusas en el Don, Kubán,Volga, etc. y que esas mismas hambrunas eran crónicas en la época zarista), todo ello aspectos de la nueva historia adecuada a la nueva estatalidad adquirida en 1991 que debía enmendar la historia oficial soviética, igualmente repleta de omisiones y manipulaciones.

Desde sus orígenes a principios de siglo XX, las organizaciones armadas del nacionalismo ucraniano en Galitzia (que entonces actuaban contra el dominio polaco) estuvieron financiadas y teledirigidas por el Abwehr, el espionaje alemán. Durante la Segunda Guerra Mundial los invasores alemanes fueron recibidos como libertadores por muchos ucranianos occidentales que habían sufrido la cruda represión estalinista y las hambrunas. Una vez más, la invasión hitleriana dividió a los ucranianos en dos bandos; el mayoritario que luchó con el ejército soviético contra el fascismo, y el minoritario de nacionalistas de Ucrania Occidental que fue utilizado por los nazis como fuerza de choque, creó una división SS específica y actuó frecuentemente de una forma aún más cruel que sus amos contra judíos y comunistas, empuñando la bandera de la liberación nacional ucraniana.

La Iglesia Católica Ucraniana da misa 
para la Dicvisión de las SS Galitzia

Hay que decir que los ucranianos occidentales no fueron los únicos “colaboracionistas”: también los rusos del ejército de Vlasov, tártaros, chechenos, cosacos, etc. tuvieron representantes en el ejército alemán.

A los colaboracionistas de Ucrania Occidental, cuya relación con los nazis no fue fluida e incluyó episodios de enfrentamientos armados, se les conoce como “banderovski” por el nombre de su principal líder, Stepan Bandera. Con la victoria soviética y la incorporación definitiva de Galitzia a la URSS en 1945, los banderovski mantuvieron una guerrilla muy brava contra el NKVD de Stalin, recibiendo apoyo de la CIA en armas y lanzamiento de paracaidistas. Su cuartel general en Europa estaba en Munich, donde Bandera fue eliminado por un agente de Stalin en 1959…

Esta corriente, con la que en la época de la Perestroika solo se identificaba un sector minoritario del nacionalismo ucraniano, es reconocida hoy por un sector mucho más amplio como símbolo de la liberación nacional, o por lo menos como inspiradora de su principal ideología y narrativa nacionalista.

En el sur y el Este de Ucrania, la llamada Novorossia, siempre se rechazó con toda claridad cualquier glorificación de los fascistas banderovski. Se trata de un arco que va desde Járkov, en el norte, hasta la región de Odesa en el sur-oeste, mayoritariamente ruso parlante y con gran población que se define como “rusa”. Ese arco no formó parte de Ucrania hasta la guerra civil de los años veinte (era la parte más industrial y a los bolcheviques les interesaba tener una base obrera en el gran universo campesino que era Ucrania), conserva una fuerte memoria soviética de la Segunda Guerra Mundial, y, al mismo tiempo, desde la nueva independencia de 1991 tendía hacia una cierta lenta ucrainización, o, por lo menos, a acentuar sus diferencias sutiles y difusas con Rusia. A grandes rasgos, Novorossia (la “Rusia nueva”) fue objeto de la reconquista imperial rusa en los siglos XVII y XVIII.

Mención especial merece la península de Crimea, tierra ancestral rusa, poblada por rusos y rusoparlante en un 80%, por donde llegó el primer cristianismo a la Rus de Kiev (¿el primer estado ruso fue ucraniano, o es el primer estado ucraniano se llamaba Rusia?, eh aquí un interesante objeto de disputa entre besugos), reconquistada por Catalina II a los tártaros del janato Crimea -el último vestigio de la Horda de Oro heredero del imperio de Chingiz Jan, para entonces un satélite del Imperio Otomano. Crimea fue escenario de glorias militares rusas y soviéticas, tanto durante la guerra de Crimea del XIX (todos contra Rusia) como durante la Segunda Guerra Mundial, con heroicas batallas en Sebastopol, Kerch y Odesa. La caprichosa entrega de Crimea a Ucrania por Jruschov en 1954, desgajándola de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia (RSFSR) en una época en la que las diferencias entre repúblicas era completamente irrelevante, tuvo un carácter simbólico. A partir de la disolución de la URSS eso se convirtió en un problema.

Otra diferencia entre rusos y ucranianos tiene que ver con su tradición política, con las formas, símbolos y héroes en los que unos y otros se sienten identificados. Aquí el contraste entre los hermanos es importante. Ucrania fue un país situado geográficamente en el límite y la confluencia de grandes imperios (turcos, polacos, rusos). Su propio nombre, “U-kraine”, significa algo así como “junto al límite”, “en la frontera”, un espacio al que la autoridad imperial de unos y otros, y sus relaciones de servidumbre, apenas llegan o se perciben como algo lejano y difuminado. Esa posición determinó cierta holgura y libertad, un “arréglatelas tu mismo como puedas y sin gobierno” que asociamos al espíritu de frontera del “Far West”.

Los héroes de esa tradición política son líderes cosacos “libres” que luchan; ahora contra los turcos, ahora contra los polacos o contra los rusos, absorbiendo rasgos de unos y otros (Maidán -plaza- es una palabra turca). Todo eso es muy diferente de la tradición rusa, que es una galería llena de cuadros de grandes zares y caudillos absolutistas tanto más grandes cuanto más Estado e Imperio construyen.

Esa diferencia ha influido en la diferente evolución que ha tenido la formación de los estados postcomunistas pese a su común régimen oligárquico.

Mientras en Rusia tras una época turbulenta se ha recuperado la “vertical de poder” con su vector tradicional autocrático con considerable facilidad (eso es lo que representa Putin), en Ucrania el Estado ha sido mucho más débil. Eso ha hecho que la sociedad haya sido mucho más suelta, incontrolada e independiente hacia el poder que en Rusia, lo que ha tenido ciertas ventajas para la autonomía social y también serios inconvenientes para estabilizar un gobierno efectivo independiente de intereses externos…

Dicho todo esto y situados ya un poco ante el mapa, hay que decir que por más que esas semejanzas y diferencias sean importantes para comprender el universo ruso-ucraniano y para entender la diversidad interna de Ucrania, apenas aportan una explicación concreta a lo que tenemos hoy encima de la mesa: una verdadera fractura que explota en una guerra civil. ¿Cómo ha podido podrirse tanto la situación para que los hermanos se tiroteen y bombardeen?

Para comprender eso, no hay más remedio que fijarse en los regímenes políticos -igualmente emparentados- de Rusia y Ucrania.

II) Privatización y regímenes

En los años noventa, Rusia y Ucrania sufrieron el mismo proceso de saqueo de su economía, sus recursos, su patrimonio material nacional, a manos del mismo estrato administrativo-burocrático-oligárquico del antiguo régimen comunistoide, la Estadocracia (Cheskov). Eso que se conoce como “privatización” dio lugar al mismo tipo de sistema de capitalismo oligárquico. La diferencia con Rusia ha sido “el factor Putin”.

Si en Rusia con el cambio de siglo acabó emergiendo un poder político que restableció la vertical de poder y sometió a los magnates de la privatización a unas reglas de juego en las que era obligatorio reconocer la primacía del Estado, en Ucrania eso no ocurrió. Después de los años noventa, la política ucraniana continuó siendo la lucha entre, fundamentalmente, dos grupos de magnates. Unos vinculados industrialmente a Rusia y por tanto que tendían geopolíticamente hacia ella, y otros mucho más en la órbita occidental.

Esos grupos apenas  se diferenciaban internamente en su programa socio-económico, maltrataban exactamente igual la aparición de cualquier manifestación social o de izquierda, y mantenían una cruda lucha subterránea por el poder. Ambos grupos se disputaron ese poder y alternaron en él, con incidentes pero sin llegar a un enfrentamiento abierto y militar como el de octubre de 1993 en Moscú.

Cada uno de los dos bandos de este sistema clánico-oligárquico con fuertes anclajes en la descrita diversidad regional ucraniana, era demasiado débil para imponerse definitivamente a sus adversarios. Esa debilidad hizo que cada uno de ellos aumentara la conexión y dependencia clientelista hacia el elemento geopolítico exterior. Los intereses de los grandes vecinos se mezclaron cada vez más en una amalgama, junto con los intereses económicos, industriales e ideologicos, “orientales” u “occidentales”  de cada bando. Sobre esa lógica de poder actuaron tanto subvenciones rusas al suministro de gas, como la compra y financiación de ONG, medios de comunicación e instituciones con los 5000 millones de $ reconocidos por la señora Nuland, vicesecretaria de Estado norteamericana, o por su vector correspondiente alemán, polaco y europeo en general.

Diferencia fundamental entre esos dos vectores externos era que si Moscú era desde el principio consciente de la diversidad interna de Ucrania y de la imposibilidad de imponer por completo sus intereses allá sin romper el país, en Washington, Bruselas y Berlín se buscaba, cada vez más, una victoria total y definitiva, ignorando los peligros de una fractura.

Ese sentido común acerca de la necesidad de cierto equilibrio interno había regido la política ucraniana de los dos bandos oligárquicos enfrentados desde 1991 hasta 2014. Siempre que uno u otro bando llegaba al poder en Kiev, ambos gobernando sobre el mismo fondo de corrupción y parasitismo (muy superior al de Rusia), había conciencia de que el país sería ingobernable y se rompería si se ignoraban por completo los intereses del otro. La propia población, socialmente muy descontenta con el poder tanto en el Este como en el Oeste del país, dependía de la apertura y el acceso a los grandes vecinos orientales y occidentales. De los 45 millones de ucranianos, unos seis millones respondieron a la pobreza emigrando a trabajar en el extranjero, unos 3 millones hacia Rusia (ucranianos de Novorossia) y otros tres hacia Polonia y la Unión Europea, mayormente ucranianos occidentales.

III) La revuelta del Maidán y su secuestro.

En este contexto de debilidad del poder ucraniano que acentúa el recurso de los dos grupos oligárquicos enfrentados a padrinazgos geopolíticos exteriores, apareció la provocativa y desestabilizadora oferta de la Unión Europea de un acuerdo de “Asociación oriental” con Ucrania. Hay que decir que a diferencia de la Unión Aduanera propuesta por Moscú, esa oferta europea se planteó desde el principio como excluyente, no compatible y no negociable con cualquier interés ucraniano vinculado a Rusia. Dada la permeabilidad existente entre los mercados ruso y ucraniano, abrir el segundo a la UE significaba perjudicar directamente la economía rusa. En materia de seguridad, la Unión Europea dejaba claro en aquel tratado que Ucrania debía ponerse en sintonía con “Europa” en su política exterior y de seguridad, fundamentalmente adversa a la de Moscú.

Mientras Moscú y Kíev pedían a la Unión Europea una negociación a tres bandas para solucionar el entuerto, la canciller Merkel se negó rotundamente a admitir a Rusia en cualquier negociación con Ucrania. Eso hizo que la jugada de la adhesión a “Europa” se convirtiera en una bomba desestabilizadora que transformaba equilibrios y diferencias, territoriales y de intereses, hasta ahora gobernables en una verdadera fractura.

Esa circunstancia, unida a las improvisadas contraofertas y fuertes presiones de Moscú, alimentó las más que razonables vacilaciones del Presidente Viktor Yanukovich. El no de Yanukovich al tratado con la UE hizo estallar el descontento social contra la corrupción, la oligarquía, contra el gobierno inefectivo, opaco y socialmente injusto, aspectos que el polo popular occidentalista ucraniano asocia con el modelo ruso.

El primer Maidán fue un movimiento surgido de un impulso genuinamente popular que expresaba elementales deseos de regeneración democrática, civil y nacional. Pero a diferencia de, digamos, el 15-M, tenía detrás a uno de los dos bandos oligárquicos y a los socios exteriores americanos y europeos (particularmente polacos y alemanes), con apoyo de medios de comunicación locales e internacionales, por lo que desde el principio estaba bien cargado de ambigüedad social y geopolítica.

El gobierno de Yanukovich respondió  a ese desafío con gran inseguridad, represión y juego sucio: movilizando bandas de lumpen que apalizaban a activistas, etc., lo que aún indignó más a la gente.

Por si solo, el sujeto que formaba la infantería de este Maidan (la intelligentsia creativa, los grandes y pequeños hombres de negocios del sector servicios, estudiantes, profesiones liberales y funcionarios apoyados por los clanes oligárquicos “alternativos”), no era capaz de tomar el poder y tumbar al desprestigiado régimen -por otra parte electo y completamente legítimo desde el punto de vista formal. Para derribarlo se necesitaba una fuerza de choque, disciplinada, y dispuesta a jugarse el físico. Una caballería pesada. Esa fuerza fue la extrema derecha armada con la ideología nacionalista de tradición banderovski, apoyada por los oligarcas y los padrinos geopolíticos occidentales. Si la trama subterránea de complicidades, financiación, asesoramientos y adiestramiento de servicios secretos occidentales (americanos, polacos y alemanes) apenas ha trascendido, cuarenta políticos occidentales de primera fila, entre ellos primeras figuras de Estados Unidos y los ministros de exteriores de Alemania, Polonia, países bálticos, etc. pasaron por la plaza de Kiev repartiendo solidaridades y pastelitos. Fue ese segundo Maidán el que ejecutó el cambio de régimen en las jornadas de febrero en un contexto de batallas campales con incendio y toma de sedes ministeriales en medio de una masacre indiscriminada de manifestantes y policías (en total un centenar, además de más de una decena de policías) a cargo de tiradores de precisión el 20 de febrero, lo que precipitó la caída del gobierno y la huida del presidente.

El único estudio académico sobre aquella masacre, obra del profesor Ivan Katchanovski, de la School of Political Studies de la Universidad de Otawa concluye lo siguiente:

“The evidence indicates that an alliance of elements of the Maidan opposition and the far right was involved in the mass killing of both protesters and the police, while the involvement of the special police units in killings of some of the protesters cannot be entirely ruled out based on publicly available evidence. The new government that came to power largely as a result of the massacre falsified its investigation, while the Ukrainian media helped to misrepresent the mass killing of the protesters and the  police. The evidence indicates that the far right played a key role in the violent overthrow of the government in Ukraine.”

Obviamente si todo eso hubiera ocurrido con los vectores y escenarios invertidos -un gobierno favorable a los intereses occidentales, en México o Canadá, con políticos rusos, chinos y venezolanos de primera fila repartiendo pastelitos entre los manifestantes- no se habría celebrado como progreso democrático, sino como escandaloso y sangriento golpe de estado, terrorismo y demás…

El cambio de régimen en Kiev precipitó la revuelta del Este de Ucrania con padrinazgo ruso. Primero en Crimea, donde las declaración de soberanía y el posterior ingreso del territorio en Rusia, fue fácil por el amplio apoyo de la población y la presencia de la flota rusa, y luego en las regiones de Lugansk y Donetsk, con movimientos menores en todo el arco de Novorossia. Todas esas regiones, temerosas de las primeras disposiciones de un gobierno con participación de banderovski en materia de lengua, etc., y ante la evidencia de que sus derechos e intereses iban a ser atropellados, pidieron federalismo en pequeños antimaidanes prorusos, sin el menor apoyo de oligarcas locales (todos se pasaron a Kiev), que expresaban el mismo genuino descontento social y temor popular que el de Kíev desde un vector identitario y geopolítico distinto. La respuesta del nuevo gobierno de Kiev fue el envío del ejército en misión antiterrorista -lo que el presidente Yanukovich no se había atrevido a hacer- y que dio paso a la militarización y al actual escenario de guerra civil con 3700 muertos y decenas, sino centenares de miles de refugiados y desplazados. El horizonte más optimista sería una congelación del conflicto, y la creación de nuevos limbos jurídicos como ha ocurrido en Abjazia o en Transnistria.

Una vez más: si cambiamos las fichas, toda esta utilización de aviación y artillería contra ciudades habría sido valorado en Occidente como intolerable crimen contra la humanidad, etc., etc.

Dicho esto, se impone la evidencia de que todo lo que hubo y hay de genuinamente popular y liberador, tanto en el primer Maidán de Kiev como en la revuelta de Novorossia, importa muy poco a fin de cuentas en este conflicto en el que lo determinante es su dimensión geopolítica. Nada se entiende sin poner el zoom de nuestra observación en posición de gran angular.

IV) El Imperio del caos y la “arquitectura de la seguridad europea”.

La propaganda occidental achaca el conflicto de Ucrania a la maldad de Putin, al nuevo expansionismo ruso y propone cronologías tan descaradas como la película que comienza con la invasión rusa de Crimea. (Lamentablemente esa versión se lee también en órganos alternativos españoles manifiestamente desinteresados por la política internacional: 

Vamos a explicar que Rusia no ha desencadenado este conflicto y  que su actitud ha sido claramente defensiva y reactiva. Antes déjenme aclarar un aspecto:

El régimen oligárquico ruso tiene intereses correspondientes (aunque mucho más legítimos, desde el punto de vista de la historia y de la geografía) a los occidentales por: 1- Mantener su control y acceso a buena parte de los recursos naturales e industriales de Ucrania, 2- Ampliar su influencia geopolítica y 3- Por consolidar el régimen autocrático de Putin y la unión autoritaria de burócratas y magnates que lo sustenta, con medidas de tanta carga patriótica como el regreso de Crimea a Rusia.

Desde ese punto de vista, tal como afirma el profesor Mijaíl Buzgalin, la recuperación de Crimea es tan progresista como el intento de los militares de Argentina por hacerse con las Islas Malvinas ante Inglaterra.  

Todo esto hay que tenerlo en cuenta -sobre todo a efectos de la imprevisible evolución interna de Rusia en los próximos años- pero es bastante secundario e irrelevante al lado del hecho principal: por primera vez en un cuarto de siglo una gran potencia regional,  como es Rusia ahora,  le ha parado los pies a la superpotencia hegemónica del conglomerado imperial Estados Unidos-OTAN-Unión Europea. Es este desafío que crea un precedente, lo que es visto como intolerable y es contestado con sanciones y escenarios de nueva guerra fría.

La situación lanza señales a la correlación de fuerzas global y a la recomposición de las alianzas del mundo multipolar en formación. El siempre interesante Pepe Escobar se lanza a la piscina y ya anuncia un eje euroasiático Pekín-Moscú-Berlín para dentro de 20 o 30 años. Personalmente soy bastante escéptico no ya en este tipo de construcciones, sino sobre algo mucho más básico: sobre la mera posibilidad de pronosticar cualquier cosa de esa envergadura a 20 años vista en el actual mundo revuelto. Por eso, antes que perderse en inciertas proyecciones futuras más vale repasar la película que ha conducido hasta el conflicto ucraniano.

Durante la Perestroika, el pacto que Gorbachov acabó ofreciendo a Occidente fue el de cancelar la guerra fría a cambio de una arquitectura europea de seguridad integrada. Esa fue la oferta implícita de Moscú a Alemania y así fue entendida y aceptada por todos los actores. A nivel contractual todo eso quedó reflejado en la Carta de París de la OSCE para una nueva Europa, firmada en el Elíseo en noviembre de 1990, es decir aún en vida de la URSS. Las implicaciones de tal esquema eran enormes. La integración soviética en Europa habría dado lugar a un gran conglomerado político-económico, con un gran mercado, una enorme potencia energética y cierto eje político París-Berlín-Moscú. Por mal que se jugase, aquella partida acababa con la hegemonía de Estados Unidos en Europa, a todas luces innecesaria una vez disuelto el enemigo. Todo esto no funcionó por varias razones.

Sin duda Washington lo percibió enseguida como una amenaza a sus intereses generales y actuó en consecuencia. Gorbachov pecó también de ingenuidad al no amarrar aquellos pactos en acuerdos y contratos sólidos, confiándose en acuerdos entre caballeros. Pero en Moscú sucedieron también cosas que facilitaron mucho que este escenario fracasara.

En agosto de 1991 se produjo el golpe de estado de quienes consideraron que se había ido demasiado lejos. El golpe fracasó, porque sus autores no dispararon contra la gente, como luego haría en octubre de 1993 Boris Yeltsin con el aplauso de Occidente, y sobre todo porque la estadocracia ya estaba muy metida en la perspectiva de una entrada en el mercado global con privatización etc. Con todo, el proyecto de Gorbachov para Europa, lo que llamaba la “Casa común europea”, podría haber sobrevivido a aquello. Pero en diciembre la emancipación y degeneración de la estadocracia rusa liderada por Yeltsin, disolvió la URSS. Ya sin Gorbachov siguieron diez años de juerga en la que las energías de los dirigentes de Moscú se centraron en el saqueo del patrimonio nacional (privatización), renunciando a toda política exterior autónoma. Eso hizo que Occidente le perdiera por completo el respeto a Rusia y se convenciera de que podía tratar con ella como con un vasallo. En cualquier caso, Rusia ya no daba miedo: recordemos que era la época en la que 5000 guerrilleros chechenos batían al ejército ruso en el Cáucaso del Norte.

En ese contexto las actitudes cambiaron radicalmente. Si Rusia era tan débil podía hacerse con ella cualquier cosa. Un conocido estratega americano -hoy asustado por lo que se ha visto en Ucrania y partidario de la “finlandización”- propuso en aquella época desmembrar Rusia en cuatro o cinco estados, con una república de Extremo Oriente, otra siberiana, una Rusia europea, una confederación caucásica, etc., etc.

Esa fiesta se acabó cuando, una vez concluido el asalto al supermercado, en Moscú decidieron poner orden. Putin ha sido eso: el restablecedor de un orden elemental.

En 2001, mientras los americanos se deshacían de algunos de los acuerdos de desarme más importante de la guerra fría (PRO- ABM) y descafeinaban otros, y mientras tras la caída de Milosevic en una de esas revoluciones de colores el Washington Post editorializaba anunciando que la siguiente jugada sería en Bielorusia y Ucrania, Putin propuso su colaboración a Bush en el esfuerzo “antiterrorista” posterior al 11-S. Cedió acceso a Afganistán por la puerta trasera de Asia Central ex soviética y cooperó en logística e inteligencia todo lo que pudo. Todo eso no sirvió para nada. En Europa las cosas siguieron igual.

Mientras las bombas calientes de la OTAN caían sobre Yugoslavia, Javier Solana venía a Moscú a mediados de los noventa a convencer a los rusos de que la ampliación hacia el Este del bloque occidental, rompiendo todas las promesas, no tenía nada que ver con seguridad ni confrontación: “ya no estamos en los pulsos militares de la guerra fría”, decía. Evidentemente nadie le tomaba en serio. Fue así como, a partir de mediados de los noventa, se decide ampliar la OTAN.

En la primera etapa ingresaron, en 1999, Republica Checa, Polonia y Hungría. En la segunda, (2004) Bulgaria, Estonia, Letonia, Lituania, Rumanía, Eslovaquía y Eslovenia. Este proceso se hizo paralelamente a las intervenciones en Yugoslavia (1995 Bosnia, 1999 Kósovo), cuya lectura externa era anular el único espacio no sometido a la nueva disciplina continental tras la guerra fría, y entre sucesivas advertencias rusas sobre “líneas rojas” (avances del bloque que serían considerados inadmisibles en Moscú) que fueron ignoradas. En la cumbre de abril de 2008 en Bucarest la OTAN se plantea el ingreso de Ucrania y Georgia, con la oposición de Francia y Alemania. Sigue en agosto el ataque de Georgia a Osetia del Sur y la respuesta militar rusa. Pese a aquella señal la OTAN sigue sin renunciar a la integración de ambos países y prosigue su ampliación, en 2009, con Albania y Croacia.

A lo largo de todo el proceso, la Unión Europea ha sido un claro actor y comparsa de esta expansión, sugiriendo siempre que el ingreso en la OTAN es antesala al ingreso en la UE. En mayo de 2008 se da un paso cualitativo con la “Asociación Oriental”, un acuerdo económico diseñado para excluir a Rusia de su entorno más vital, cuyo rechazo desencadenará el cambio de régimen en Kiev.

A lo largo de 25 años, mientras se le iba avasallando, Moscú no ha dejado de insistir en el esquema de Gorbachov: reclamando un esquema de seguridad continental integrado. Entre 2008 y 2013 seguí esa situación desde la Conferencia de Seguridad de Munich, el foro atlantista más importante al que se invita a Rusia. El discurso ruso siempre fue muy claro en ese foro. (http://blogs.lavanguardia.com/berlin-poch/munich-el-occidente-autista)

En 2007 Putin denunció directamente el juego sin reglas en el que se había convertido el intervencionismo occidental. Dijo, “el hermano lobo no pide permiso a nadie y come donde quiere”, o algo así. En 2008 advirtió que “si Ucrania ingresa en la OTAN dejará de existir” porque se partirá. En 2009 el Presidente Dmitri Medvedev propuso celebrar en Berlín, “una cumbre paneuropea, abierta a Estados Unidos (fíjense en el detalle) para “preparar un acuerdo sobre seguridad europea jurídicamente vinculante” que ponga fin a las actuales tensiones. En lugar de globalizar la OTAN, usurpando el papel de la ONU, Europa debe  recrear la Organización de Seguridad y Cooperación en Europa (aquella OSCE de la Carta de París de 1990), dijo. Todo eso se ha venido repitiendo hasta la saciedad pero nunca fue motivo de titular de prensa o de telediario en Europa Occidental. En la visión que se nos ofrecía, el “problema de Rusia” no era su exclusión, manifiesta y provocadora, del sistema europeo, sino la esquizofrenia de sus “percepciones de amenaza”, se nos decía en los raros momentos en que alguien se interesaba.


Con Ucrania toda esta arrolladora serie acumulada a lo largo de 25 años ha explotado y los motivos son claros. El alineamiento euroatlántico de Ucrania (en eso consistía el cambio de régimen inducido por Occidente en Kiev) significaba una amenaza directa a Rusia:

A- Se truncaba el proyecto de un gran mercado integrado y con ello un aspecto crucial de la consolidación de Rusia en su espacio.

B- La red de oleoductos y gaseoductos por las que Rusia exporta energía y genera el grueso de su ingreso -las venas de Rusia- pasan en una gran parte por Ucrania. Su privatización las ponía en manos de multinacionales americanas.

C- En las bases de Crimea (Sebastopol ciudad de glorias militares rusas y soviéticas), se habrían abierto bases de la OTAN.

D- Los 20 millones de rusos y rusófilos de Ucrania, se quedaban en una situación probablemente parecida a la de los rusos de Letonia: ciudadanos de segunda.

E- Naturalmente, todo eso se habría vivido en Rusia como una derrota enorme, una especie de 1905, y, por supuesto el régimen de Putin se habría tambaleado.

Así que la reacción rusa estaba cantada. Y solo a un imbécil le pudo sorprender: el mismo imbécil que ha estado sembrando el caos desde el fin de la guerra fría entre Afganistán, Irak, Libia, Siria, Yemen, Irak de nuevo, etc.: Ese imbécil peligroso es el Imperio del Caos.

Veamos ahora lo que tenemos sobre la mesa y lo que se vislumbra.

V) Conclusiones

1-Por ahora se constata el fracaso de Kiev en el intento de vencer militarmente a Novorossia. También la definitiva orientación hacia occidente del Estado ucraniano de Kíev, antes bicéfalo. El cambio de régimen se ha reducido a un cambio de figuras oligárquicas. Todo lo que podía haber de social y popular en el Maidán se ha perdido por el camino.

2- Partición irreversible de Ucrania y definitiva separación de Crimea de ese Estado, lo que, teóricamente, complica e impide que Ucrania entre en la OTAN (los documentos de la Alianza, exigen entrar sin pleitos territoriales).

3- Eso significa para Moscú la pérdida de Ucrania -menos parte de Novorossia- a cambio de ganar Crimea. Una victoria rusa más que relativa. Sin embargo lo que cuenta y determina sanciones occidentales, es el desafío y el precedente de respuesta que se ha establecido desde Moscú.

4-Depende como –en condiciones de fuerte desgobierno en Kiev con mas peso de los proamericanos de Yatseniuk y Parubi y menos de los alemanes Poroshenko/Klichkó- posibilidad de ampliar el ámbito separatista en Ucrania. (Poroshenko ha perdido mucho en las últimas elecciones, con solo un 40% de participación en Odesa, y alta participación en las elecciones separatistas del Este). Moscú no está interesado en tal ampliación que hoy equivaldría a meterse en un avispero.

5-Sobre las regiones rebeldes de Lugansk y Donetsk: dudas europeas e interés alemán en un alto el fuego y una congelación de la situación. Pésima gestión de Merkel de ese dubitativo interés alemán, mientras los medios de comunicación alemanes se suman a la personalización-denigración (“Putin”) y caricaturización del conflicto, ignorando sus verdaderos motivos, igual que el resto de los medios europeos.

6- Rusia ha acabado en Crimea con el monopolio americano-occidental a destruir el derecho internacional: “Cuando me acorralan, yo también me apunto a ese juego sin normas”, es el mensaje que lanza Moscú. Rusia afirma el principio de no consentir más intromisión en su territorio (la celebre “defensa de la taigá” practicada por el oso polar que no se siente a gusto en latitudes cálidas, la alegoría evocada por Putin en el foro de Valdai, el 24 de octubre aquí en inglés: http://www.voltairenet.org/article185864.html. En cualquier caso, clara voluntad de Moscú de no ceder posiciones.

7-Probable efecto múltiple, dañino y estimulante de cambios productivos y de línea política, de las sanciones occidentales contra Rusia. A este respecto hay que tener en cuenta que a lo largo del siglo XX, Rusia siempre estuvo sometida a sanciones. Que a diferencia de entonces, ahora está inserta en la red de la economía mundial y que por tanto puede sufrir más. Que Rusia es un país grande y muy autosuficiente y que el castigo podría contribuir a que modifique sustancialmente su modelo económico en dirección hacia algún tipo de nueva y exótica síntesis rusa, revitalizando su complejo industrial-militar, corrigiendo su política monetaria e incrementando el estatismo de su economía.

8- Abundancia de expertos americanos, desde halcones como Henry Kissinger y Zbigniew Brzezinski, hasta el ex embajador  John Matlock, partidarios de la “finlandización” de Ucrania, es decir de tener en cuenta los intereses de seguridad de Moscú configurando un estatuto de neutralidad geopolítica para Ucrania.

9- Europa en recesión (también algo tocada por las sanciones de respuesta rusa) y dividida sobre su apuesta geoestratégica fundamental: reformar o no la jugada tradicional de Estados Unidos por separar a la Unión Europea de Rusia, utilizando para ello a Inglaterra, Suecia, Polonia, Rumania y los países bálticos. Hay reticencias ante ese escenario, en Italia, Hungría, Chequia, y Eslovaquia, más abiertos hacia Moscú, con la torpe y fundamental Alemania pensando y con Francia ausente.

10- El precedente del desafío al Imperio del Caos, le da a Rusia cierta posición de liderazgo moral en todo ese mundo emergente “no occidental”, BRIC´s etc.

11-Improbabilidad de un bloque chino-ruso.

12-Probable consecuencia de toda la partida. La apuesta de Putin sigue siendo la de Gorbachov: la Casa común europea. En la hipótesis más optimista, el resultado del conflicto de Ucrania podría retrasar unos cuantos años más la integración de Rusia en un esquema europeo de seguridad. En la más pesimista, la guerra de Ucrania consolida y anticipa el escenario de un conflicto global de grandes proporciones.

viernes, 21 de noviembre de 2014

RESPUESTA A LA MANIPULACIÓN EN "ACTUALIDADES.ES", "ELECONOMISTA.ES" Y "EL SIGLO"

Vicenç Navarro
www.vnavarro.org, 21/11/2014

Vicenç Navarro manipulado 
por los mass "mierda"

Durante los años de mi largo exilio viví en varios países (Suecia, Reino Unido y EEUU), y pasé temporadas de mi vida asesorando a muchos gobiernos e impartiendo docencia en muchos otros países. Cuando pude integrarme de nuevo a España, me sorprendió ver la escasísima cultura democrática existente, tanto en las instituciones y debates políticos como en las prácticas mediáticas. En lugar de debates había un intercambio de insultos con una gran pobreza argumentativa. Y en los medios de información, la manipulación era constante. En ningún otro país he encontrado tan extensa insensibilidad democrática, en la que parece no haber límites en la destrucción del adversario. Ni que decir tiene que hay excepciones, y que la mayor parte de estas prácticas las realizan las derechas, herederas de las que dominaron el aparato dictatorial del Estado español. Pero, supongo que por contagio, tales prácticas aparecen con excesiva frecuencia entre algunas izquierdas también.

Cuando volví del exilio y me reincorporé de nuevo a la vida académica española, tuve que cambiar mis planes y añadir, como una responsabilidad más (además de realizar investigación y docencia), el intentar popularizar las áreas de conocimiento en las que trabajo, que son las políticas públicas, una mezcla de economía y ciencias políticas y sociales. En este proceso publico con gran frecuencia, presentando, por lo general, críticas a la sabiduría convencional que domina los mayores medios de información del país. Como era de esperar, recibo bastantes críticas, que serían bien recibidas si no fuera porque están, por lo general, acompañadas de insultos, sarcasmos y mala leche.

También decidí, al integrarme a España y Catalunya de nuevo, ayudar a las fuerzas políticas y movimientos sociales, incluyendo sindicatos, que me lo pidieron, asesorándoles en las áreas que creía podía ayudarles. Y el abanico de instituciones es amplio. Desde el Instituto de la Mujer del gobierno de CiU en un estudio de la prostitución en Catalunya, hasta el gobierno Tripartito en el tema sanitario, incluyendo el gobierno español durante la época presidida por el Sr. Felipe González, ayudando también a la candidatura del Sr. Josep Borrell. Durante los últimos años de la administración Zapatero, y más tarde durante el gobierno del PP, he sido muy crítico con las políticas de austeridad que se han impuesto a la población y que han dañado en gran medida el bienestar y la calidad de vida de las clases populares. Desde el inicio indiqué que, tal como ha ocurrido, dichas políticas harían un daño enorme sin que resolvieran el problema de fondo que tiene la economía española. También he criticado al gobierno del PP por su enorme insensibilidad hacia el carácter plurinacional del Estado español.

Recientemente, la dirección de Podemos me pidió que, con mi amigo Juan Torres, les asesoráramos en el desarrollo de sus propuestas económicas, invitación que acepté, pues simpatizo con su deseo de transformación del sistema político, que creo necesita cambios. Amigos y colegas míos me alertaron de que ello aumentaría mucho el nivel de hostilidad, y lo he podido ver en los pocos días que hace que se conoce que Juan Torres y yo estamos asesorándoles, preparándoles su programa económico. Ello no me ha sorprendido, pero lo que sí me ha cogido por sorpresa es que el grado de manipulación de algunos medios ha llegado a unos niveles que no había visto antes.

Se me ha presentado, casi única y exclusivamente, como asesor de Fidel Castro y de su gobierno, reduciendo todo mi currículum vitae a este dato, indicando además que he presentado el Estado de Bienestar cubano como el mejor del mundo. Un caso representativo es el de actualidades.es y elEconomista.es. Ambos ponen en titulares que “Vicenç Navarro, gurú económico de Podemos, asesoró a Fidel Castro en la Revolución”. El objetivo de esta manera de describirme es indicar que Podemos está copiando el modelo revolucionario cubano, y como prueba de ello me presentan a mí como asesor de ellos y de Fidel Castro, ¡todo un récord en la manipulación! He asesorado a muchísimos gobiernos, tanto en América Latina como en Europa, sin que se cite a ninguno de ellos. Fui, por ejemplo, asesor del gobierno de Unidad Popular del Presidente Allende en Chile, y fui asesor de la Sra. Clinton en el gobierno federal de EEUU, en la Casa Blanca, en la reforma sanitaria. He sido también asesor del gobierno sueco, así como del Parlamento Europeo, datos que, naturalmente, tales rotativos no han comunicado a sus lectores. De haberlo hecho no habrían alcanzado el objetivo que deseaban.

Es más, me alegra poder haber ayudado a la Revolución Cubana en sus primeros años, ayudándoles en sus reformas sanitarias, indicando también, en una entrevista hecha por estudiantes de la UPF, que Cuba tiene hoy el Estado del Bienestar más desarrollado “entre los países pobres de igual nivel de desarrollo”, frase que no aparece en la cita de tales rotativos. Y en la misma entrevista también indico que yo sería el primero en oponerme a la aplicación del sistema político cubano a España por su carencia de democracia representativa, criticando además tanto al gobierno federal de los EEUU como al gobierno de la derecha española por su hostilidad hacia el gobierno cubano, que dificulta la apertura de aquel Estado. Naturalmente que esta parte de la entrevista tampoco aparece en tales revistas. Y también aplaudía en mi entrevista la solidaridad mostrada por el gobierno cubano en su envío de ayuda a otros países, tal como aplaudió el Presidente Mandela de Sudáfrica, agradecido por el apoyo que Cuba ofreció para la liberación de Sudáfrica. Y más recientemente, la ayuda prestada por Cuba a los países con Ébola, hecho también aplaudido por el Ministro de Asuntos Exteriores de EEUU, el Sr. John Kerry. Ni que decir tiene que tales revistas no citan nada de ello.

Por último, lamento también que en una revista como El Siglo, que leo siempre con interés, su corresponsal haya escogido definirme también como consejero del gobierno cubano, mostrando con ello que incluso revistas más respetables que las anteriores se contaminan también de este tipo de comportamientos, que alcanzan niveles patológicos cuando se trata de Podemos. Agradecería a las personas demócratas en este país que protestaran frente a tanta canallada, la única manera de definir tales prácticas mediáticas en nuestro país.