Puede uno, en estos tiempos inciertos, pasar días, incluso semanas, sin leer o escuchar noticias mundiales y darse cuenta que nada sustantivo ha cambiado. La guerra en Ucrania sigue tal cual, sin nada memorioso que reseñar. En la guerra de agresión contra Irán ocurre otro tanto, aunque, en tiempo, es de meses. Asia/Pacífico es otro cuadro detenido en el tiempo, éste, por décadas. La Europa atlantista sigue inmersa en el círculo vicioso de la rusofobia, los delirios belicistas y la bancarrota de empresas, mientras los políticos hablan con si estuvieran en el siglo XIX (la mayoría lo están, tampoco hay que engañarse).
Como en casi todo, hay una explicación, pero ésta rara vez aparece en los análisis o en los simulacros de análisis tan en boga hoy, donde se han multiplicado como conejos los mariscales de campo del micrófono y los almirantes de la especulación labiodental.
En el mundo los grandes escenarios parecen detenidos porque los titanes se están preparando para una gran guerra y no tienen interés alguno que escenarios menores puedan precipitar el conflicto antes de estar preparados. El único escenario que no se detiene un milisegundo es el de la carrera armamentista, con China y Rusia a la cabeza en cuanto innovación de artefactos y sistemas de armas. EEUU, el anterior adalid del armamentismo, se ha quedado colgado de una brocha -en la que sí, por supuesto, cómo podría ser de otra manera-, siguen encabezando el gasto militar mundial en cifras, que no en efectividad. EEUU gasta un borbotón de miles de millones de dólares en guerras que nunca gana, en bases militares que sirven de nada y en financiar contratos oscuros de decenas de miles de millones que no se traducen en nada que asuste de verdad. Ni siquiera ha podido desarrollar misiles hipersónicos, en lo que Rusia y China van por la segunda o tercera generación.
Rusia fabrica, hoy, más misiles que el resto del planeta junto, que va almacenando pacientemente, salvo el porcentaje mínimo que dedica a Ucrania. China construye buques de guerra como si de lanchas a motor se tratara, además de sacar cada año modelos de nuevos aviones de guerra (y qué aviones) para reducir cada año más la asimetría aérea con EEUU. La de buques la lleva ganada de calle y, en estas lunas, posee la mayor marina de guerra del mundo.
¿Y EEUU? Mal, gracias a Dios, en nombre de la humanidad. Con dificultades puede fabricar un buque de guerra al año, por doce de China y cuatro de Rusia. Sus más modernos aviones salen mal parados cada vez que los mete en zona de guerra, y ya ni en hangares los tiene seguros, pues hasta ellos llegan los misiles iraníes. Piensen, quienes duden de estas aseveraciones, que los hutíes yemenitas derribaron varios aviones y drones gringos y que los iraníes hicieron otro tanto, además de machacarle las bases en el Golfo Pérsico. Aun así, el rey desnudo sigue disponiendo de recursos poderosos, así que conviene seguir teniéndolo en cuenta.
Decíamos que están los titanes preparándose para la guerra y esta afirmación se basa en el simple dato de que nadie se mete, con tanto empeño, en fabricar y acumular tal cantidad de sistemas de armas si no es para usarlos. ¿Las razones? Desde el principio de las civilizaciones armadas (¿alguna no lo ha sido?), todo poder emergente lo primero que hace -si puede- es echar de la vecindad al poder existente, se trate de asirios, babilonios, medos, egipcios, griegos, romanos, francos, españoles, franceses o ingleses. China quiere a EEUU fuera del Sudeste Asiático, lo que incluye el retorno de Taiwán a la obediencia china. Rusia quiere a la OTAN fuera de Ucrania y, más adelante, de los países bálticos, de Moldavia y de Finlandia. Irán quiere a EEUU fuera del golfo Pérsico. Nosotros, hispanos de América, lo queremos fuera de nuestras vidas y con ellos también a las oligarquías vendepatrias y sus lacayos y centollos. Como pueden ver, hay un huevo de países y gente que quiere a EEUU lo más lejos posible, como al ébola o la sífilis.
Así que no se quiebren más la cabeza, porque el fondo del asunto, de todos los mencionados, se resume en una frase: Yanquis go home. Como los yanquis o gringos son sordos y su caspa dirigente medio tonta o -para ser más exactos-, tonta y media, intentarán quedarse en todas partes y la única manera civilizada de sacarlos, siguiendo el ejemplo de asirios y etcétera (no vamos a repetir la lista), es a palos o, más modernamente, a misilazo limpio. Eso es lo que viene, en torno a los años 30, año más, año menos.
Si quieren más señas, además de las armadas, fíjense en las nuevas rutas comerciales. Ya está cerrado, parcialmente, Ormuz. Bab el-Mandeb puede ser cerrado uno de estos días. EEUU está listo para cerrar el estrecho de Malaca y Australia -sierva de EEUU-, los estrechos indonesios. China quedaría bloqueada por el sur. Aquí aparece el novedoso corredor marítimo ruso del Ártico, más conocido como Ruta Marítima del Norte. Puede comunicar todo el Sudeste asiático con Europa, obviando los estrechos señalados. Irán y Rusia están construyendo el Corredor Internacional Norte-Sur, que comunicará India e Irán con Rusia y Asia Central, por rutas terrestres y marítimas. Es decir, están preparadas o preparándose las rutas comerciales alternativas a las tradicionales marítimas, que pueden ser bloqueadas por los barcos de la OTAN.
En esas carreras andamos y, por eso, los conflictos menores parecen congelados. No se arruinan las fiestas grandes gastando más energía que la necesaria en las pequeñas. Toca, únicamente, esperar, por ahora sentados. Mañana, quién sabe. Será según donde cada uno se encuentre. ¡Ah! El ente sionista. No merece más que una línea. Es un forúnculo de EEUU y se irá con ellos. Al infierno, seguro. Los demás, a un Nuremberg de nuevo cuño. Y poco más.
Perdón por los errores. Esto ha sido a vuelapluma. Casi hipersónica.
