miércoles, 4 de marzo de 2026

NOTAS PARA NO SER MANIPULADOS POR LA GUERRA CONTRA IRÁN

Augusto Zamora, ex diplomático nicaragüense

Observatorio de la crisis, 01/03/2026

1. La guerra criminal de agresión contra Irán lleva apenas dos días. Aunque llevara cuatro o seis, a menos que termine, es un plazo de tiempo demasiado corto para sacar ningún tipo de conclusiones. Toca esperar pacientemente sin dejarse arrastrar por los agoreros.

2. La República Islámica de Irán (RII) es un sistema político, económico y social, que ha tenido, tiene y tendrá su dirigencia, pero no es un sistema que dependa perentoriamente de sus dirigentes. Casi desde su fundación, la RII funciona como sistema colegiado. La muerte o asesinato de uno o más de sus dirigentes no genera ninguna parálisis. Los órganos colegiados se ponen en funcionamiento y designan o eligen a los nuevos dirigentes. Eso ocurrió en la agresión de junio de 2025. Eso ha ocurrido ahora.

3. El asesinato del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, no ha generado ninguna parálisis. Ya hay designado un sucesor provisional y, en su momento, será electo su sucesor definitivo. El martirio de Jamenei no ha provocado una ruptura política, sino, por el contraio, un poderoso sentimiento de union en una mayoría de iraníes. Asesinar a Jomenei es como si se asesinara a nuestro Papa de Roma, para hacer un símil que pueda entenderse. Millones de musulmanes han repudiado el crimen. Por demás, como afirmara hace tantos años nuestro admirado Maximilien Robespierre, nadie quiere misioneros armados.

4. La práctica totalidad de informaciones sobre la guerra de agresión proviene de fuentes sionistas, atlantistas y gringas. Agárrenlas con guantes, pinzas y mascarillas. Salvo honrosas excepciones, la mitad de ellas son mentira y la otra mitad manipulación. Los sionistas ocultan todo el daño y destrucción que les provoca Irán; los gringos nunca dicen la verdad, salvo si concuerda con sus intereses. Pasará tiempo para que podamos conocer lo que verdaderamente ha pasado.

5. Esta guerra es una guerra de resistencia. La ganará quien aguante más y con mayor sacrificio. Los nazi/sionistas son de guerras cortas y resultados rápidos, pues no tienen recursos ni medios para más.. Si no obtienen esos resultados rápidos terminan pidiendo cacao y que su monstruo protector -EEUU- les saque los misiles del fuego. A EEUU no le interesa -en principio- que la guerra se alargue. Un conflicto así arruinaría a muchos de sus aliados, es decir, a las satrapías árabes. Éstas también terminarían abogando por un fin de las hostilidades.

6. No hay escenario Hollywood en esta guerra. Desde la de junio de 2025 quedó demostrado que el stock de misiles de EEUU e Israel era limitado y complicado y lento de reponer. La revista Military Watch, en 2025, y Bloomberg ayer, han coincidido en una cosa: el stock de bombas de profundidad y de misiles de EEUU es escaso y podría agotarse en pocos días. Eso pasó ya en 2025. No elevemos las campanas al vuelo, pero dejemos anotado ese dato, que es muy relevante. Es una agresión aeronaval que depende de misiles y bombarderos. Con poca munición las guerras no se prolongan.

7. Por último (y por ahora), recuerden que la República Islámica de Irán no es Libia ni Siria. Es una potencia territorial, tecnológica, militar y sin retaguardias enemigas. Puede aguantar, como ya lo hizo en 2025. Los escenarios están abiertos. Hay para una guerra de meses, muchos meses, o para cesar los disparos y firmar otra tregua. No habrá paseo militar para EEUU. No lo ha habido desde Corea, en 1953. Sabe EEUU iniciar guerras, pero, hasta la fecha, no ha ganado ninguna. No pudo en el apogeo de su poder -1945-1975-, será difícil que gane esta contra Irán, en su decadencia. Lo dicho, paciencia y a esperar.

martes, 3 de marzo de 2026

LA ALIANZA EPSTEIN

 


IRÁN: SIN COLAPSO SISTÉMICO, SIN REBELIÓN POPULAR Y SIN INTENCIÓN PROPICIATORIA DE GUERRA MUNDIAL

Geopolítica rugiente, 03/03/2026


La visión simplista llevó a un número de formuladores e implementadores del enfoque antiiraní a creer que, con la eliminación física del último líder supremo de Irán, Alí Jameneí, se produciría automáticamente la caída del sistema de poder imperante en dicha nación y que el pueblo, por arte de magia, o por videos de Tiktok y X hechos por iraníes liberales con doble ciudadanía, adoptaría una reacción levantisca.

La obsesión por cumplir aquí y ahora los objetivos existenciales -confesos y no confesos-, por los actuales decisores de Tel Aviv y Washington, enturbia su entendimiento, específicamente, el de Trump.

Después de los sucesos del mes de enero, los organismos de seguridad iraníes plantearon disposiciones para impedir que cualquier maniobra de impulso de manifestaciones sociales o separatismos geográficos prosperaran para desunir el país y destruir al sistema.

Por ello, el sábado 28 de febrero, estaban listos para controlar las calles y contener la ofensiva de grupos separatistas, infiltrándose en los ámbitos de protesta, controlando sus comunicaciones internas y acumulando personal y equipamiento armamentístico en las áreas de los separatistas. Aparte, de que los agentes del orden se vistieron de civil y pululaban en las grandes ciudades de la nación.

El Trump de este mes de marzo es una figura que, junto con el declive de su biología personal, está acabando con su construcción de relaciones públicas e histórica de una década y está acumulando el pitorreo de los integrantes sensatos y prudentes del orden global.

Trump no se está hundiendo en el pantano globalista, se está autolesionando severa y geopolíticamente, mientras aumentan las suspicacias sobre una posible sustitución por J.D. Vance, vicepresidente, que tiene diferencias clánicas y de perspectivas con el dúo Rubio-Ratcliffe y ante quien el jefe de la diplomacia omaní procuró influir, con información veraz y una argumentación coherente, para paralizar la operación bélica.

Los primeros tres días de guerra contra Irán dejan la impresión de que el Pentágono tiene un cierto desorden respecto a un plan consistente y que, por más fuerza temible que posea, los iraníes actúan sólidamente con una administración de guerra firme y con estándares que fueron prefijados por Jameneí que había preparado la humillación histórica para los Estados Unidos y su consiguiente expulsión regional.

A pesar de que circuló, durante el primer lunes de marzo, que el centro militar estadounidense daría, entre los días 3, 4 y 5 de marzo, un golpe mortífero y de proporciones diluviales contra la fortaleza militar de Irán, achicando esencialmente su capacidad de producir daños, algunos analistas que siguen muy de cerca, y minuto a minuto, los desarrollos del panorama completo, ignoraron tal material promocional.

Por estas horas se está aceptando, aunque débilmente, que la Inteligencia Artificial, utilizada por el Pentágono para asesinar a Jamení, funcionarios militares, civiles y arrodillar a los iraníes, no fue tan exacta como absurdamente la promovieron durante el fin de semana pasado.

Quienes crean que el Pentágono y Trump reconocerán públicamente la cantidad real de bajas estadounidenses que están teniendo, ven mucho Hollywood.

Quienes crean que Israel admitirá abiertamente que Irán logró incapacitar algunas herramientas militares israelíes, leen mucho la Biblia al revés.

Quienes, en el campo iraní, dirigen la guerra -y con ellos, los otros sectores que los apoyan- tienen lo vital de lo que carece el liderazgo estadounidense: la convicción ideológica basada en lo sobrenatural y que es deshonroso y hasta una blasfemia -sostienen ellos- rendirse ante lo que ellos llaman Gran Satán.

No obstante, ello no conlleva que Ari Larijani y los grupos que hoy gestionan la guerra -por orden espiritual y ejecutiva dada por Jameneí- estén dispuestos a hacer del mundo un infierno o que el mundo entre en una tercera o centésima guerra mundial.

Y Trump tampoco quiere personalmente una guerra mundial.

En cambio, sí la quieren quienes lo impulsaron a matar a Jameneí, creyendo que con el evento de guerra mundial (o regional) ellos saldrían indemnes o tendrán un bajo costo.

Bajo este marco, Netanyahu quiere adelantar, para junio o antes, las elecciones israelíes para ser reelegido, mientras Donald seguirá lidiando para no perder las elecciones de medio término, confiando en las estimaciones que indican que los ataques iraníes disminuirán en estos días.

Pero hasta ambas elecciones, pueden suceder, o no, muchas cosas.

No todo está escrito ni tampoco todo puede evitarse. Son sucesos de alto voltaje y el ritmo de velocidad lo dictan los protagonistas y no los analistas porque, tal y como lo señalamos el 24 de septiembre de 2025, cuando dijimos que la guerra en curso podría posponerse, debido a los esfuerzos interactivos de un conjunto de actores, pero también indicamos que: A la vez, también se acepta que todo puede adelantarse en los próximos cinco meses. Desde dicho artículo al presente, pasaron los sucesos de enero y el inicio de la guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel en, exactamente, 157 días, o un poco más que cinco meses.


LA GUERRA MEDIÁTICA CONTRA IRÁN


No deja de sorprender la capacidad de nuestros "democráticos" medios de arrodillarse ante el hegemón mundial, así como de allanarle el camino para que cometa los crímenes más execrables. Primero hemos visto cómo nuestros periodistas disfrazaban de "revuelta popular" la enésima revolución de color en Irán, llevada a cabo por el Mossad y la CIA. Debe ser que no han tenido bastante con empujar al pueblo ucraniano a una guerra con Rusia tras la mascarada del Euromaidán, guerra que ya se ha cobrado casi 2 millones de combatientes muertos en el bando ucraniano, por no hablar del riesgo de confrontación nuclear, que sigue estando muy presente. Ahora, finalmente, tras varios amagos, los anglosionistas se han lanzado a hacer lo que mejor saben hacer: masacrar a bombazos a un país debilitado por las sanciones, el terrorismo y los golpes de estado dirigidos desde Washington. Y tras de ellos nuestros mass media blanqueando sus matanzas, como de costumbre.

Nada tiene de extraño que las emisoras y periódicos conservadores se alineen con Israel. La derecha patria tiene la cobarde costumbre de ponerse del lado del más fuerte y del más asesino. Antaño, saludaban a la romana y daban vivas a Franco y Hitler y deseaban la muerte a comunistas y judíos. Hoy día son lacayos del imperio gringo, que arrebató a España ese imperio patrio por el que tanto llora nuestra fachosfera (la misma que se queja de la "leyenda negra" anti hispánica esparcida por los anglosajones); pero también aplauden a los sionistas aliados de los yankees olvidando su pasado (o el de sus ancestros) furibundamente antisemita. Deber ser que los judíos son buenos cuando, usados como proxy por los EEUU, persiguen a los palestinos. Ya sabemos que España también tiene un largo pasado anti islámico además de anti judío.

Sin embargo, lo sorprendente es cómo esos medios que se dan ínfulas de izquierdistas o antifascistas hacen el juego de la manera más servil al imperio y a su perro de presa israelí. Un ejemplo palmario es la Sexta TV, una cadena de televisión infestada de NAFOs (agentes de la propaganda OTAN) y contratistas militares que practica la falsa equidistancia que nos asegura ,que la masacre en Gaza es cosa de Netanyahu o de Trump, nunca de EEUU e Israel. Además nos propone cínicamente la solución de los dos estados en Palestina cuando ya se sabe que es una tapadera que ha usado el sionismo durante décadas para perpetuar su genocidio. Por otra parte, estos días en los que Irán venga a su mártir Jameneí bombardeando Israel, Antonio G. Ferreras y sus cánidos amaestrados solo muestran cómo caen las bombas sobre Teherán censurando las imágenes de caos y pánico en la sociedad sionista (más acostumbrada a dar golpes que recibirlos). Eso por no hablar de los expertos en temas militares que unánimemente opinan que el ejército de Irán se va a derrumbar en dos días. Estos son los mismos que nos decían hace cuatro años que el ejército ruso que combate a la OTAN y al ucronazismo funcionaba con chips de lavadoras o se desplazaba en burro. Pero lo más sangrante es el caso de la televisión estatal, la que pagamos el pueblo trabajador con nuestros impuestos, a saber, TVE. Esta, especialmente en el infame canal de noticias 24 horas, se dedica a llevar a opinar como expertos a opositores iraníes de organismos pagados por las potencias agresoras y que llevan años sin pisar Irán. Alguno de ellos son partidarios de la restauración de la corrupta dinastía de los Pahlavi, que primero se alió con Hitler y luego con la CIA y el MI6 para saquear y masacrar a su propio pueblo, dinastía que nadie apoya en el Irán actual. Es vergonzoso que una cadena pública, que en teoría representa a toda la ciudadanía y que, por tanto, debería dar voz a todas las partes del conflicto, solo nos esté mostrando la versión de los agresores y sus esbirros. Y todo ello mientras que el gobierno que controla el ente público, el gobierno más progresista de nuestra historia (según ellos), dice no estar ni con Trump ni con los ayatolas. Una demostración más de que la equidistancia en un caso como el que nos ocupa es una absoluta y cómplice mentira.

jueves, 26 de febrero de 2026

UN SINDICATO DE RTVE CLAMA CONTRA LA "PREPOTENCIA Y DESPRECIO" DE JAVIER RUIZ AL EQUIPO DE 'MAÑANEROS 360' POR LO SUCEDIDO EN DIRECTO


Roberto Jiménez

El Huffpost, 24/02/2026

[Javier Ruiz, otro lacayo de la falsa izquierda y de la OTAN como Antonio G. Ferreras, cuyo espíritu crítico no va más allá de sacar algunas corruptelas del PP. Un plumífero sistémico como pocos.]

CCOO ha publicado un informe en el que señala a Javier Ruiz por cómo se dirigió al equipo técnico de 'Mañaneros 360' este lunes por el fallo en una conexión con Rosa Villacastín. Así, el presentador se mostró molesto por ver cómo no podía llevar a cabo la conexión con la periodista con normalidad por fallos de sonido.

Un error al que Javier Ruiz reaccionó con un malestar muy visible. "Tenemos todos los días una puntualidad exquisita en el error. Todos los días a esta hora tenemos una puntualidad que cada conexión que tenemos falla. Tenemos a Rosa Villacastín y no conseguimos contactar con ella. Otra vez. Hoy, otra vez. Seguimos y avanzamos", soltaba el presentador de 'Mañaneros 360'.

Unas palabras que demostraban el hartazgo de Javier Ruiz de que las conexiones por videollamada suelan tener algún que otro fallo. Algo normal teniendo en cuenta que todo depende de la tecnología y de las señales de internet.

Sin embargo, desde CCOO han querido señalar este martes lo sucedido en 'Mañaneros 360' reprochando a Javier Ruiz su tono y su queja ante el equipo del programa. "En un programa en directo como Mañaneros 360, de larga duración y alta complejidad técnica, pueden producirse incidencias técnicas, retrasos o desajustes que, sin ser deseables, forman parte inherente del trabajo en televisión en directo, y nadie que conozca este oficio puede ignorarlo", defienden.

"Lo ocurrido en antena en la emisión de Mañaneros 360 el pasado lunes 23 de febrero, a raíz de un fallo en una conexión, es lamentable e inaceptable. Es inaceptable señalar, cuestionar o desacreditar a compañeros y compañeras en directo, con un tono de reproche, a través de la propia emisión, cuando ellos y ellas no pueden responder ni explicar lo sucedido. El tono empleado por el presentador y director del espacio fue desconsiderado y desproporcionado hacia su equipo", añaden.

Pero en su carta abierta, CCOO va mucho más allá. "Esta actitud de prepotencia y desprecio hacia el trabajo colectivo no puede normalizarse y menos aún desde una posición de superioridad jerárquica. Las incidencias laborales se deben de analizar y corregir por los cauces internos, con los responsables técnicos y editoriales, y siempre en el ámbito profesional y de confianza, con el objetivo de corregir posibles errores a futuro", sentencian.

martes, 24 de febrero de 2026

EL OCCIDENTE DESORIENTADO

Pepe Escobar

Geopolítica rugiente, 24/02/2026


Ya hemos entrado en una nueva fase histórica: sin límites, sin circunloquios, sin siquiera intentar justificar nada. Irán refleja el enfrentamiento definitivo: o prevalece el imperialismo sionista estadounidense, o prevalece la multipolaridad.

Neo-Calígula, también conocido como el indiscutible campeón mundial de los aranceles, parece sorprendido de que Irán no haya capitulado.

No es de extrañar. Ninguno de los aduladores ignorantes de su asombrosamente mediocre círculo íntimo está intelectualmente preparado para explicar a Neo-Calígula, en frases cortas, los fundamentos del chiismo.

Y la cosa empeora. Lo que realmente hay sobre la mesa imperial es el retorno de la guerra total como tapadera política, que beneficia a una parte considerable de la oligarquía angloamericana/atlantista, enormemente corrupta y perversa.

Las «negociaciones» de Ginebra han sido un fracaso. La guerra contra Rusia fue el leitmotiv de la Conferencia de Seguridad de Múnich. La «armada masiva» concentrada no lejos del Golfo Pérsico camina, habla y navega como si Estados Unidos e Israel estuvieran listos para atacar Irán.

Incluso considerando una posible última oportunidad en Ginebra el viernes; incluso considerando que Irán no capitule, el escenario más plausible sigue siendo TACO.

Porque un ataque a Irán, que provocaría una respuesta devastadora, sellaría el acuerdo sobre la derrota de los republicanos en las elecciones de mitad de mandato y convertiría al neocalígulo en un pato cojo con aranceles.

Todo el drama gira en torno a la necesidad inmediata de desviar la atención de los archivos Epstein, o de los Estados Unidos de la isla Epstein chocando con el colectivo occidental Epstein. El sindicato Trump-Bibi-Epstein necesita cambiar el discurso.

En Estados Unidos impera una monstruosa burbuja especulativa; históricamente, el Imperio del Caos, el Saqueo y las Huelgas Permanentes siempre entra en guerra después de que estalle una burbuja. El Departamento de Guerras Eternas tendrá un presupuesto un 50 % mayor en 2027.

Sin embargo, las guerras deben comenzar ahora. El complejo industrial-militar, o más bien el MICIMATT, como lo definió memorablemente Ray McGovern (complejo militar-industrial-congresional-de inteligencia-mediático-académico-think tank), es la única válvula de escape para un turbo-capitalismo occidental que va a la zaga económicamente y cuya «credibilidad» está por los suelos.

El nuevo paradigma (sin reglas, caos internacional) ahora está al descubierto. Es sumamente depredador, de forma pornográfica: el espíritu de Epstein lo captura a la perfección.

Y la historia se repite, siempre como una farsa: la guerra proxy contra Rusia en Ucrania continuará. Esa es una obsesión de la «élite» europea. Y, al igual que en 1941, se trata de los inmensos recursos naturales de Rusia.

Así que Nietzsche tenía razón, como siempre, ya en 1888. Estamos viviendo los estertores de la inmersión posmodernista occidental en el nihilismo. La posverdad, en otra perla poética de (in)justicia, se refleja en Truth Social.

Desconciértame, nena

Nuestro profundo y oscuro malestar actual podría analizarse fácilmente como la conclusión lógica de un largo proceso que abarca el imperio persa, las guerras grecopersas, su impacto en la cultura griega, el helenismo, el Imperio romano, el surgimiento del cristianismo y el islam, las cruzadas, el Renacimiento, la Era de los Descubrimientos que superó el comercio intraeuroasiático, la Revolución Industrial, la Ilustración, la independencia estadounidense, la Revolución Francesa, el idealismo alemán, las revoluciones de 1848, Nietzsche, la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial.

Durante más de dos milenios, Platón y Aristóteles proporcionaron la arquitectura filosófica de esta tradición. Luego, ya en 1945, todo el edificio se derrumbó. El capitalismo liberal y la «democracia» estadounidense se impusieron como verdades incuestionables y acabaron con el espacio para un debate ideológico sustantivo.

El fin de la URSS dio lugar a la suprema tontería del «fin de la Historia» y, con ello, al fin del pensamiento crítico. Solo ahora, con el auge y el ascenso de China, Occidente se ve obligado a volver a la Historia, de la que a partir de ahora será principalmente espectador. El Occidente colectivo y fragmentado ha perdido para siempre la capacidad de situarse históricamente. Occidente se encuentra ahora bajo el dominio total del Desconcertador.

La lógica del Desconcertador se aplica, por ejemplo, al suicidio energético de la UE. El Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero (IEEFA), con sede en Ohio, estimó recientemente que Estados Unidos podría suministrar hasta el 80 % de las importaciones de GNL de la UE para 2030. Esto está relacionado con el acuerdo comercial anunciado el pasado mes de julio, por el que la UE se compromete a comprar la enorme cantidad de 750.000 millones de dólares en productos energéticos estadounidenses para 2028.

Perder el gas ruso barato y depender del GNL ridículamente caro del Imperio del Caos es la sentencia de muerte de las empresas industriales de toda la UE. Los cierres y las quiebras ya son la norma, especialmente en la antigua potencia industrial que es Alemania. Llámelo el triunfo de la desindustrialización.

Mientras tanto, los actores racionales del RIC (Rusia-India-China) invierten en una compleja construcción estratégica.

Esto se debe a una conjunción de la inteligente estrategia táctica de Rusia, una promesa utilizada como palanca, con algunos dominios del dólar estadounidense; la expansión constante del yuan internacionalizado; la India también aprovechando las relaciones con Estados Unidos mientras avanza en la arquitectura del sistema de pago BRICS; y la seguridad marítima interconectada, como en las maniobras navales de Rusia, China e Irán.

El diseño de las cinco esferas de influencia de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos ya está fracasando: Estados Unidos, Rusia, China (ambos designados como enemigos), India y Japón (vasallo de Estados Unidos).

La ESN insiste en que «la seguridad, la libertad y la prosperidad del pueblo estadounidense están directamente relacionadas con nuestra capacidad para comerciar y estar implicados en una posición de fuerza en el Indo-Pacífico».

Así que, de hecho, se trata de una amenaza de guerra, no de una oferta geoeconómica. Incluso la India puede verlo. Algo totalmente en sintonía con la necesidad imperial más urgente y desesperada de recursos naturales y control de territorios estratégicos.

El enfrentamiento definitivo

El Nuevo Gran Juego evoluciona, pero el campo de batalla clave está definido: EE. UU.-China. Todo lo demás está subordinado a ello. Neo-Calígula tiene previsto visitar China a principios de abril. Hablemos del enfrentamiento definitivo.

Neo-Calígula intentará, bajo presión, conseguir algún tipo de gran acuerdo para asegurar el dominio del dólar estadounidense. El fracaso está garantizado, ya que el Imperio del Caos sigue tratando de coaccionar a China cuando necesita urgentemente su cooperación.

Lo que realmente le importa a Pekín es internacionalizar el yuan mientras construye un corredor tras otro respaldado por oro. Y utilizar su poderío financiero con discreción, ya sea restringiendo las exportaciones de plata o vendiendo masivamente bonos del Tesoro estadounidense.

Pekín sabe muy bien que la pila de burbujas estadounidenses solo puede sostenerse mediante un control oligárquico férreo y una impresión de dinero sin fin. No hay plan B.

Ya hemos entrado en una nueva fase histórica: sin límites, sin circunloquios, sin siquiera intentar justificar nada. Esto se aplica, por ejemplo, a la piratería de los estadounidenses (y, en cierta medida, de los europeos) contra los activos navales rusos.

Irán refleja el enfrentamiento definitivo: o prevalece el imperialismo sionista estadounidense, o prevalece la multipolaridad, representada por la asociación estratégica entre Rusia y China y los BRICS.

Por lo tanto, no es de extrañar que el omnipresente campo de batalla se vuelva cada día más feroz.

UNA SOLA GUERRA

Rafael Poch 

ctxt, 23/02/2026

Lo que estamos presenciando alrededor de Irán, Ucrania y Venezuela, es, en términos generales, una misma guerra


Lo que estamos presenciando alrededor de Irán, Ucrania y Venezuela es, en términos generales, una misma y sola guerra. Su objetivo es impedir militarmente el ocaso de la hegemonía americano-occidental en el mundo, amenazada principalmente por la pujanza china. En Ucrania se trata de debilitar a Rusia, socio fundamental de China. En Venezuela, de privar a China del acceso a importantes reservas energéticas y recursos latinoamericanos. Irán es el eslabón esencial de la integración euroasiática, con sus corredores energéticos y de transporte este-oeste y norte-sur. Se quiere hacer con Irán lo que se hizo con Siria: eliminar un Estado soberano e independiente y sustituirlo por la habitual mezcla de régimen sometido y agujero negro.

En el segundo ataque que se está preparando contra Irán, Trump ha desplegado un tercio de su capacidad aeronaval. Deshacer ese carísimo despliegue sin utilizarlo ni hacer nada no es imaginable. El vicepresidente, JD Vance, visitó no hace mucho Armenia y Azerbaiyán para buscar su apoyo al ataque. En Turquía, y sobre todo en Arabia Saudí, Qatar, Bahrein y los Emiratos Árabes Unidos, hay preocupación y rechazo al riesgo de gran guerra regional planteado por Washington e Israel porque podría afectar a sus instalaciones energéticas. Mucho dependerá de la capacidad de respuesta militar iraní, del daño de respuesta que sean capaces de infligir al adversario. 

Los iraníes dicen que responderán al nivel de lo que reciban. Dicen tener mucha mayor capacidad misilística que la demostrada en la guerra de los doce días del pasado junio, cuando 45 de sus misiles traspasaron la red protectora israelí tras agotar y superar su capacidad de interceptación, en la que, además de Estados Unidos colaboraban los europeos. Se desconoce si los militares iraníes han restablecido y mejorado su defensa antiaérea desde entonces, así como el papel que en ello puedan haber jugado los rusos –demasiado ocupados en Ucrania– y, sobre todo, los chinos, siempre enemigos de desafíos demasiado explícitos. En el peor escenario, Irán puede cerrar el estrecho de Ormuz y generar una seria crisis petrolera y económica internacional. En la zona hay algunos barcos de las marinas rusa y china, lo que incrementa los riesgos.

Cuando entra en su quinto año, la guerra de Ucrania mantiene unas negociaciones más ambiguas que nunca. Que el principal factor de la guerra, Estados Unidos, se presente en ellas como “mediador” obedece únicamente al miedo de que una derrota militar de la OTAN socave el prestigio de Washington. Trump ha transferido a los europeos parte del marrón, la ayuda militar a Kiev, pero excepto en dinero, su implicación sigue siendo la misma. La CIA y el MI6 británico siguen muy activos señalando objetivos y posibilitando los ataques ucranianos. Aviones americanos y británicos continúan sobrevolando el Mar Negro y guiando artefactos ucranianos contra la retaguardia rusa cuyo conteo de víctimas civiles apenas se reporta. Los ojos y oídos militares de Kiev siguen siendo occidentales. Según un informe The New York Times, en enero, Washington continúa ayudando a Kiev a seleccionar objetivos en Rusia y ayuda en los ataques a petroleros rusos en los mares Báltico, Negro y Mediterráneo, acciones sobre las que Trump está al corriente. El presidente del Consejo de Seguridad ruso, Nikolai Pátrushev, ha amenazado con utilizar la débil marina de guerra rusa para proteger sus barcos comerciales. Rusia tiene muchos recursos nucleares pero, particularmente en el Báltico, muy poca capacidad naval.

Después del cordial encuentro Putin-Trump en Alaska del pasado agosto, Washington no ha concedido nada, ni ha lanzado la más mínima señal de distensión. Ni siquiera ha respondido a las propuestas rusas de prolongar la vigencia del acuerdo START sobre límites del armamento nuclear, y ha anunciado su demencial decisión de retomar las pruebas nucleares, lo que empujará a Rusia a medidas similares. Por todo ello, Moscú no confía en Trump ni en el éxito de las negociaciones. Sigue el juego porque no pierde nada con ello, pero es consciente de que el asunto se decide en el frente militar. Respecto a los europeos, hacen todo lo posible por torpedear la mascarada. 

“Las exigencias maximalistas de Rusia no pueden satisfacerse con una respuesta minimalista”, dice la siempre sorprendente responsable europea de exteriores, Kaja Kallas. Su catálogo de exigencias, contenido en un documento citado el 20 de febrero por Radio Free Europe defiende que Rusia retire sus tropas de Bielorrusia, Georgia, Armenia y Transnistria. Después de la guerra, Moscú deberá desarmarse al mismo nivel que Ucrania, pagar reparaciones, responder por crímenes de guerra, e incluso celebrar, en Rusia, elecciones bajo supervisión internacional. Es decir, la UE sigue soñando con la “derrota estratégica” de Rusia que barajaba al principio del conflicto, pese a que la realidad, militar y económica, no apunta en esa dirección.

La delegación rusa llegó la semana pasada a Ginebra tras un vuelo de más de seis horas a través de Turquía, el Mediterráneo e Italia, porque alemanes y polacos se negaron a conceder permiso de vuelo a su avión. El 7 de febrero, un importante asesor de la delegación negociadora rusa, el general Vladímir Alekseyev, subdirector de la inteligencia militar, fue tiroteado en su domicilio de Moscú en una acción atribuida a los servicios secretos ucranianos. Una escuadrilla de cazas F-16 pilotada por militares americanos y holandeses está ayudando a la maltrecha defensa antiaérea en Kiev, aunque fuentes estadounidenses alegan que no son militares regulares, sino gente contratada. En ese contexto, el ministro de exteriores ruso, Sergei Lavrov, apartado por el Kremlin de las actuales negociaciones, expresa diariamente su escepticismo respecto a ellas. Entre la general reprobación al cruel bombardeo ruso de infraestructuras energéticas que condena al frío a la población civil en muchas ciudades ucranianas, la justificación de esa misma práctica en la guerra de Kosovo de 1999 a cargo del infame portavoz de la OTAN Jamie Shea, el 29 de mayo de aquel año en una conferencia de prensa en Bruselas, ha sido oportunamente eliminada de la web de la Alianza. 

Todo forma parte de lo mismo, ha explicado el secretario de Estado, Marco Rubio, en la conferencia de Seguridad de Múnich: prolongar los quinientos años de dominio occidental del mundo, dijo ovacionado por los dirigentes europeos decididos a cumplir con entusiasmo su parte en esta, ya imposible, misión civilizadora.