sábado, 9 de febrero de 2019

EL CONTROL IDEOLÓGICO EN LAS SOCIEDADES DEMOCRÁTICAS

Jean Bricmont



La ideología es especialmente importante en las sociedades democráticas, en las que puede convertirse en la forma principal de control social. La ideología dominante es muchísimo más poderosa en los Estados Unidos, con su libertad de expresión, de lo que llegó a ser en la Unión Soviética, donde el obvio monopolio de la expresión política, reforzado por la represión, propició un escepticismo generalizado. En sociedades más autocráticas, se mantiene a la gente en el lugar que se quiera mediante el temor. En una sociedad donde la gente es libre de manifestarse y de votar, el control de «corazones y mentes» necesita ser mucho más profundo y más constante.

En nuestras sociedades, el reforzamiento de la ideología dominante está en manos de lo que se ha dado en llamar el 'clero secular', por analogía con el clero religioso de las sociedades tradicionales. Ese clero tradicional se presentaba como el intermediario entre lo humano y lo divino y legitimaba el poder de los estratos sociales dominantes mediante la apropiada interpretación de la voluntad divina. Al hacerlo, se aseguraba su propia posición social privilegiada bajo la protección del poder temporal.

Con la Ilustración y las revoluciones democráticas en Europa, el papel de la religión como justificadora del poder se ha ido desdibujando. Las declaraciones de Lord Salisbury invocando la democracia que citábamos anteriormente tienen una resonancia más contemporánea que las de la Santa Alianza invocando la religión. Aun alguien tan ostentosamente religioso como George W. Bush no justifica sus guerras principalmente en nombre de la religión sino en nombre de la democracia y los derechos humanos. Merece la pena destacar que a sus partidarios en Europa a menudo les resulta embarazosa su faceta religiosa, prefiriendo que se ciña estrictamente al discurso por los derechos humanos.

El actual 'clero secular' está constituido por los creadores de opinión, los filósofos mediáticos y una gran variedad de académicos y periodistas. Son ellos quienes en gran medida monopolizan el debate público, conduciéndolo en determinadas direcciones y fijando los límites de lo que puede decirse, pero aparentando siempre que se trata de un libre intercambio de ideas. Uno de los mecanismos de reforzamiento ideológico más comunes consiste en centrar el debate en los medios empleados para conseguir los fines supuestamente altruistas que defienden quienes están en el poder, en lugar de preguntarse si los fines tienen derecho a hacerlo. Para poner un ejemplo reciente: se planteará si los Estados Unidos tienen suficientes medios e inteligencia para imponer la democracia en Oriente Medio o, eventualmente, si el precio a pagar (la guerra) no es demasiado alto. Tales discusiones no harán otra cosa que reforzar la idea de que las intenciones proclamadas (liberar a los pueblos, propagar la democracia) son el verdadero propósito, mientras que las consecuencias menos nobles, como el control del petróleo o el fortalecimiento de la hegemonía estadounidense (globalmente) e israelí (localmente) no son más que efectos colaterales de una generosa empresa.

Para quienes detentan el poder, es muy importante centrar el debate público dentro de los estrechos límites de si los medios y las tácticas son o no efectivas, soslayando el cuestionamiento de la naturaleza y la legitimidad de los fines y las estrategias. En una sociedad autocrática tales debates no estarían permitidos. En nuestras sociedades son, sin lugar a dudas, de gran utilidad. La izquierda «respetable» juega un papel fundamental en este proceso de legitimación al centrar el debate en el primer tipo de cuestiones (medios y efectividad) y marginando al segundo (la naturaleza y la legitimidad de los fines). Por el contrario, podemos anticipar que cualquier análisis de poderes pretéritos o antagónicos, como el Imperio Romano, Napoleón o la Unión Soviética, incluirá una visión crítica de sus mecanismos de legitimación sin conceder valor alguno a sus declaraciones de principios. Es solo cuando se habla de nuestras sociedades actuales que tal interpretación es considerada banal.

Otro mecanismo ideológico utilizado frecuentemente por la izquierda respetable es la denuncia ritual de los sistemas de adoctrinamiento «totalitarios», casi siempre con la religiosa referencia a Orwell, y enfatizando particularmente aquellos rasgos característicos diferentes a los nuestros. Esto fomenta la noción de que los mecanismos para el control y la manipulación de las mentes pueden encontrarse en cualquier parte, excepto en nuestras sociedades.

Por otra parte, cuando los críticos con este sistema, como los comunistas en el pasado, sostienen que no se diferencia de los sistemas totalitarios, son fácilmente refutados pues la simple libertad para manifestar esas críticas supuestamente demuestra que son diferentes. Ese tipo de crítica solo contribuye a dificultar la comprensión de cómo el control ideológico funciona aquí y ahora, dando la impresión de que los únicos mecanismos de adoctrinamiento son aquellos que no se encuentran en nuestras sociedades.

Es importante destacar que ideología no equivale a mentira. Los miembros del 'clero secular' frecuentemente creen en lo que dicen. Es más, esa interiorización de la ideología es esencial para que logren ser eficaces. Esto se confirma al contrastar su discurso con el de aquellos que simplemente defienden una ideología en la que no creen.

Cuando se trata de individuos que poseen un poder real, sea político o económico, la cuestión es algo más complicada, pero aun así la hipocresía del cinismo generalizado no es plausible. La ideología tiene la ventaja de permitir a la gente vivir en un confort mental en el que pueden evitar hacerse demasiadas preguntas. Esto significa que criticar la falta de sinceridad de quienes están en el poder o de los integrantes del 'clero secular' debe hacerse con precisión: el problema no es que estén mintiendo o que estén ocultando sus verdaderos fines, sino que espontáneamente adoptan una visión sesgada del mundo y de la historia que les permite aprovecharse de su situación de privilegio con absoluta consciencia. Es este un fenómeno que puede observarse en la vida cotidiana: las proclamas altruistas y la adhesión a determinados valores van a menudo acompañados de un análisis de la realidad que hace posible identificar los intereses personales con los imperativos morales. La genuina sinceridad no es simplemente una cuestión de creer en lo que uno dice, sino preguntarse honestamente si las acciones que uno emprende sirven realmente a los nobles fines que supuestamente nos guían. Desafortunadamente, no hay nada nuevo en todo esto y aquellos que critican la actual organización social, de un modo u otro, tienen mucho en común con Blaise Pascal o Jonathan Swift cuando criticaban la injusticia y la hipocresía de las sociedades en las que vivían.

Por muy banal que pueda parecer esto, no deja de ser importante pues implica que las representaciones ideológicas del mundo, al no ser simples mentiras, pueden tener consecuencias imprevistas y, a veces, cuando son defendidas con el suficiente fanatismo, llegar a ser perjudiciales para los mismos poderes a los que supuestamente legitiman. Todavía es prematuro decir si el ataque estadounidense a Iraq es un ejemplo de esa situación, pero tanto la invasión alemana a la Unión Soviética en 1941, como la obstinada guerra de EEUU en Vietnam, ambas con la idéntica finalidad de «liberar a los pueblos del comunismo», son ejemplos claros de la búsqueda de fines ideológicos que han acabado en desastre.

Imperialismo humanitario:
El uso de los Derechos Humanos para vender la guerra (2005)

lunes, 4 de febrero de 2019

"DEJEN EN PAZ AL PUEBLO VENEZOLANO": ROGER WATERS LANZA UN GRITO CONTRA EE.UU.

RT, 04/02/2019

El exlíder de Pink Floyd ha instado a los internautas a protestar frente a la misión diplomática estadounidense ante la ONU.



El músico y activista británico Roger Waters ha pedido a EE.UU. que "deje en paz al pueblo venezolano" y ha instado a los internautas a protestar frente a la misión diplomática estadounidense ante la ONU, según se expresó este lunes a través de su página oficial de Twitter.

"Detengan esta última locura del Gobierno de EE.UU., dejen en paz al pueblo venezolano", reza el mensaje de Waters, que subraya que en Venezuela existe una democracia real. Asimismo, el exlíder de Pink Floyd criticó a Washington por intentar destruir el país sudamericano con el objeto de que "el 1% pueda saquear su petróleo".

Waters concluye su publicación, en la que utiliza el 'hashtag' #STOPTRUMPSCOUPINVENEZUELA ('Detén el golpe de Estado de Trump en Venezuela', en inglés), con un rotundo "EE.UU., ¡fuera las manos de Venezuela!". El mensaje viene acompañado de un cartel en el que se insta a realizar una "manifestación de emergencia" este lunes a las 15:00 (hora local) frente a la misión diplomática de EE.UU. ante las Naciones Unidas, en Nueva York.

El 3 de febrero el presidente de EE.UU., Donald Trump, declaró que la intervención militar en Venezuela era una "opción" para resolver la situación que afronta la nación latinoamericana. Asimismo, reveló que su homólogo venezolano, Nicolás Maduro, solicitó reunirse con él pero lo rechazó argumentando que ya existe "un caballero joven y enérgico [y] otras personas" que han mostrado realmente "la democracia en acción".

Por su parte, el canciller de Venezuela, Jorge Arreaza, dijo que las recientes declaraciones del inquilino de la Casa Blanca confirman que "Trump está al frente del golpe de Estado […] violando la Carta de Naciones Unidas".

“MÁS PERIODISMO” EN ATRESMEDIA: MASAJE A GUAIDÓ EN ANTENA 3 E INTERROGATORIO A MADURO EN LA SEXTA

Valentino Arteaga
Digital Sevilla, 04/02/2019

Ahora ya Trump es ·bueno" para nuestros medios.


Ayer asistimos a un nuevo ejemplo de ética periodística en la televisión de nuestro país, concretamente un ejemplo de falta absoluta de dicha ética. El grupo Atresmedia ofrecía la pasada noche las dos caras de la moneda del conflicto político y social que en estos momentos vive Venezuela, y no lo hacía con un amplio reportaje hablando con expertos y dando contexto al asunto, ni tampoco ofertando un debate serio con los diferentes puntos de vista de esta compleja crisis política.

Decidía dar los dos puntos de vista de la historia por separado, en sus dos cadenas generalistas. Así mientras que en Antena 3 noticias ofrecían una entrevista en exclusiva al opositor Juan Guaidó, en La Sexta emitían el interrogatorio al que fue sometido Nicolás Maduro por el “súper periodista” Jordi Évole.

De la entrevista realizada por Antena 3 poco hay que comentar. Para que entendáis al nivel de pelotismo al que se llegó, en un momento dado Guaidó se aparta el micrófono y tose un poco, algo que utilizó Antena 3 para decir que se estaba “dejando hasta la voz” luchando por echar al tirano Maduro del poder.

Pero la entrevista de La Sexta fue todavía más grave, porque al fin y al cabo el que pone el informativo de Antena 3 ya sabe que es lo que se va a encontrar, una dosis diaria de manipulación descarada a favor de las derechas. El problema de La Sexta, y muy especialmente de Salvados, es que bajo un disfraz de cadena progre, incluso de cadena comprometida con la información y con el periodismo, se esconde una manipulación y unos intereses todavía más malintencionados que los de su cadena hermana.

Évole se mostró en todo momento muy incisivo pero cada vez que Maduro hablaba desmontaba la caricatura que desde hace años los medios de comunicación en España han creado en torno a su persona. Évole, que va de periodista imparcial, daba por sentado el punto de vista marcado desde Washington, como si esa fuera la verdad absoluta y se sorprendía al escuchar las respuestas de Maduro.

En concreto, Évole insistía una y otra vez en trasladar la responsabilidad de la crisis política que atraviesa el país a Maduro, asumiendo que el líder chavista tiene la obligación de aceptar lo que diga Estados Unidos para evitar la guerra. Para ello, Évole centró su entrevista en las declaraciones de Mújica, que afirmó que como mal menor hay que aceptar el chantaje de Estados Unidos, al ser un agresor insuperable, para evitar la guerra.

¿Os imagináis alguna otra situación en la que un periodista entreviste al líder de cualquier país del mundo y le diga que tiene que ir contra su constitución y contra las leyes internacionales y aceptar lo que decida Donald Trump y su gente sobre el futuro de su país y de sus recursos?

Como punto positivo la entrevista se emitió con solo un corte publicitario, algo que es de agradecer y que no es muy habitual ver en televisión. Sin embargo, el hecho de sacar al jefe de prensa recordando el tiempo que llevaban traslada al espectador una sensación de excepcionalidad, cuando esto ocurre en cualquier entrevista. Pero vamos, este ejemplo de manipulación queda totalmente empequeñecido por el contenido y el tono de toda la entrevista, que más que entrevista fue un interrogatorio.

Aun así Maduro respondió claramente a todas las preguntas y descartó aceptar la imposición del Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. “No aceptamos ultimátums de nadie, es como que yo le dijera a la Unión Europea: ‘Les doy siete días para reconocer la república de Cataluña'”, aseveró el mandatario subrayando que no tiene por qué acatar lo que dicten fuerzas extranjeras.

miércoles, 30 de enero de 2019

SIGUE LA SANGRÍA: LOS ‘CUATRO GRANDES’ DE LA PRENSA NO ALCANZAN LA DIFUSIÓN DE EL PAÍS HACE 10 AÑOS

Rubén Arranz
Vozpópuli, 30/01/2019

[Se lo merecen por manipuladores a sueldo de las multinacionales y los bancos.]



Las cuatro grandes cabeceras generalistas difundieron en 2018, de media, 366.000 ejemplares diarios. Diez años antes, sólo El País contaba con 431.000 lectores diarios. El papel pierde poco a poco audiencia e influencia…

El sector de la prensa escrita mantiene su particular viaje hacia ninguna parte. El ejercicio 2018, al igual que nos anteriores, fue malo para el negocio y las cuatro principales cabeceras madrileñas -El País, El Mundo, ABC y La Razón- vieron reducida su difusión en 55.000 ejemplares. Entre todas, tuvieron 366.000 lectores de media, es decir, 65.000 menos de los que registraba sólo El País hace una década.

Durante los últimos 12 meses, el rotativo generalista de Prisa tuvo una difusión media de 137.552 ejemplares (175.042 en 2017), frente a los 89.580 que registró el de Unidad Editorial (97.162), los 74.271 del diario monárquico (79.893) y los 65.135 de La Razón (70.018).

Los dos diarios grandes diarios generalistas que se editan en Barcelona también cayeron ostensiblemente. La Vanguardia, en 9.466 ejemplares (96.345 de media, en 2018), mientras que El Periódico de Catalunya, en 11.915 (60.870), según datos de la Oficina para la Justificación de la Difusión (OJD), adelantados por El Español.

Hay que recordar que el diario del conde de Godó se encuentra inmerso en el proceso de integración de sus dos redacciones, de papel y de digital, y espera comenzar a cobrar por los contenidos de su web en el medio plazo, con el objetivo de abrir una nueva vía de ingresos. Por su parte, El Periódico está en venta y en las próximas semanas podría cambiar de manos. De momento, Jaume Roures y Javier Moll mantienen sus ofertas por el Grupo Zeta.

Venta de ejemplares

Otro de los datos que ayuda a comprender la magnitud de la crisis de la prensa es el de su venta al número. En un país de 46 millones de habitantes, los cuatro grandes periódicos tan sólo 'colocan' 233.445 ejemplares diarios, lo que deja clara su pérdida de audiencia y de influencia. El dato fue en 2018 el 10% inferior al del año anterior.

El País vendió 85.594 de media, cada día, en 2018 (97.774 en 2017), mientras que El Mundo, 56.091 (62.952), ABC, 52.161 (56.910) y La Razón, 39.599 (42.878). Por su parte, El Periódico tuvo una media de 32.818 ejemplares diarios (37.544), mientras que La Vanguardia, 22.070 (26.329).

Según los datos de la consultora i2P, la inversión publicitaria en los periódicos de papel cayó el 7,9% el año pasado, mientras que la que obtuvieron los medios digitales mejoró el 10,4%.

Los principales editores notaron esta crisis en sus cuentas. RCS MediaGroup, la matriz italiana deUnidad Editorial, reconoce en su informe de gestión más reciente que el descenso de la difusión de sus cabeceras generó un efecto negativo de 8,4 millones de euros en sus cuentas, con respecto a los 9 primeros meses de 2017.

En un país de 46 millones de habitantes, los cuatro grandes periódicos tan sólo venden 233.445 ejemplares diarios

La división de prensa del Grupo Prisa también ofreció señales de debilidad durante este período, en el que sus ingresos, de 144,9 millones de euros, fueron un 8% inferiores a los del año anterior (157,4 millones).

La facturación publicitaria se mantuvo constante, pero la procedente de la circulación de ejemplares cayó el 13,3% (8 millones), mientras que la que el grupo obtuvo a través de las promociones, el 17,7%. 

La tercera compañía cotizada que ha ofrecido datos económicos sobre su actividad en los nueve primeros meses de 2018 es Vocento, que todavía tiene una gran dependencia del negocio del papel. Sus pérdidas se redujeron el 70,8% en este espacio de tiempo, pero sus ingresos descendieron el 3,6%. Los relativos a la venta de ejemplares, el 4,3% (5 millones), mientras que los publicitarios, el 2,9%.

lunes, 28 de enero de 2019

CARTA ABIERTA A LOS ESTADOS UNIDOS: DEJEN DE INTERFERIR EN LA POLÍTICA INTERNA DE VENEZUELA

Noam Chomsky Y 70 firmantes más
ctxt, 26/01/2019

Un grupo de 71 intelectuales, entre ellos Noam Chomsky, pide a la administración de Trump que deje de apoyar a quienes buscan derrocar a Maduro por vías no democráticas



El gobierno de los Estados Unidos debe dejar de interferir en la política interna de Venezuela, especialmente con el objetivo de derrocar al gobierno del país. Las acciones de la administración Trump y sus aliados regionales empeorarán casi seguro la situación en Venezuela, lo que llevará a un sufrimiento humano innecesario, violencia e inestabilidad.

La polarización política en Venezuela no es nueva; el país lleva mucho tiempo dividido por las diferencias raciales y socioeconómicas. Pero la polarización se ha profundizado en los últimos años. Esto se debe, en parte, al apoyo de los Estados Unidos a una estrategia de la oposición para destituir al gobierno de Nicolás Maduro por medios extraelectorales. Si bien la oposición está dividida respecto a esta estrategia, los EE.UU. han apoyado a los partidarios de la línea dura en su objetivo de derrocar al gobierno de Maduro mediante protestas a menudo violentas, un golpe de Estado militar u otras vías que eluden las urnas.

Bajo la administración de Trump, la retórica agresiva contra el gobierno venezolano se disparó a un nivel más extremo y amenazador, con sus representantes hablando de “acción militar” y condenando a Venezuela, junto con Cuba y Nicaragua, como parte de una “troika de tiranía”. Los problemas derivados de las políticas del gobierno venezolano han empeorado por las sanciones económicas de Estados Unidos, que serían ilegales bajo los parámetros de la Organización de Estados Americanos y las Naciones Unidas, así como de la legislación de los Estados Unidos y otros tratados y convenciones internacionales. Estas sanciones han reducido los medios por los cuales el gobierno venezolano podría haber escapado de la recesión económica, y a la vez han causado una dramática caída en la producción de petróleo y han agravado la crisis económica, causando la muerte de muchas personas que no pudieron acceder a medicamentos que hubieran podido salvar sus vidas. Mientras tanto, los gobiernos de EE.UU. y sus aliados continúan culpando únicamente al gobierno de Venezuela por el daño económico, incluso el causado por las sanciones estadounidenses.

Ahora EE.UU. y sus aliados, incluido el secretario general de la OEA, Luis Almagro, y el presidente de extrema derecha de Brasil, Jair Bolsonaro, han empujado a Venezuela al precipicio. Al reconocer al presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó como el nuevo presidente de Venezuela –algo ilegal según la Carta de la OEA– la administración Trump ha acelerado drásticamente la crisis política de Venezuela con la esperanza de dividir a los militares venezolanos y polarizar aún más a la población, obligándola a elegir un bando. El obvio y a veces explícito objetivo es expulsar a Maduro a través de un golpe de Estado.

La realidad es que, a pesar de la hiperinflación, la escasez y una profunda depresión, Venezuela sigue siendo un país políticamente polarizado. Los Estados Unidos y sus aliados deben dejar de alentar la violencia presionando por un cambio de régimen violento y fuera de la legalidad. Si la administración Trump y sus aliados continúan su curso imprudente en Venezuela, el resultado más probable será el derramamiento de sangre, el caos y la inestabilidad. Estados Unidos debería haber aprendido algo de sus iniciativas de “cambio de régimen” en Irak, Siria, Libia y su larga y violenta historia de patrocinio de “cambios de régimen” en América Latina.

Ninguna de las partes en Venezuela puede simplemente vencer a la otra. El ejército, por ejemplo, tiene al menos 235.000 efectivos de primera línea, y hay al menos 1,6 millones en las milicias. Muchas de estas personas lucharán, no solo sobre la base de la creencia en la soberanía nacional que se mantiene ampliamente en América Latina, frente a lo que parece ser una intervención liderada por Estados Unidos, sino también para protegerse de una posible represión si la oposición derroca al gobierno por la fuerza.

En semejante situación, la única solución es un acuerdo negociado, como sucedió en el pasado en países latinoamericanos cuando las sociedades políticamente polarizadas no pudieron resolver sus diferencias a través de las elecciones. Ha habido esfuerzos con potencial, tales como los liderados por el Vaticano en el otoño de 2016,  pero no recibieron apoyo de Washington y sus aliados, concentrados en el cambio de régimen. Esta estrategia debe cambiar para que exista una solución viable a la crisis actual en Venezuela.

Por el bien del pueblo venezolano, la región y por el principio de la soberanía nacional, estos actores internacionales deben apoyar las negociaciones entre el gobierno venezolano y sus oponentes que permitirán que el país salga finalmente de su crisis política y económica.

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Firmantes

Noam Chomsky, Profesor Emérito, MIT y Profesor Laureate, Universidad de Arizona

Laura Carlsen, Directora, Programa de las Américas, Centro de Política Internacional

Greg Grandin, profesor de Historia, Universidad de Nueva York

Miguel Tinker Salas, profesor de Historia de América Latina y Estudios Chicano / a Latino / a en Pomona College

Sujatha Fernandes, profesora de Economía Política y Sociología, Universidad de Sydney

Steve Ellner, editor gerente asociado de Perspectivas de América Latina

Alfred de Zayas, exexperto independiente de la ONU sobre la promoción de un orden internacional democrático y equitativo y único relator de la ONU que visitó Venezuela en 21 años

Boots Riley, escritor / director de Sorry to Bother You, músico

John Pilger, periodista y cineasta

Mark Weisbrot, codirector del Centro de Investigación Económica y Política

Jared Abbott, PhD Candidate, Departamento de Gobierno, Universidad de Harvard

Dr. Tim Anderson, director, Centro de Estudios Contra Hegemónicos

Elisabeth Armstrong, profesora del estudio de mujeres y género, Smith College

Alexander Aviña, PhD, profesor asociado de Historia, Universidad Estatal de Arizona

Marc Becker, profesor de Historia, universidad estatal de Truman

Medea Benjamin, cofundadora de CODEPINK

Phyllis Bennis, Directora de Programas, New Internationalism, Institute for Policy Studies

Dr. Robert E. Birt, profesor de Filosofía, Bowie State University

Aviva Chomsky, profesor de Historia, Universidad Estatal de Salem

James Cohen, Universidad de París 3 Sorbonne Nouvelle

Guadalupe Correa-Cabrera, Profesora Asociada, Universidad George Mason

Benjamin Dangl, PhD, editor de Hacia la libertad

Dr. Francisco Dominguez, Facultad de Ciencias Sociales y Profesionales, Universidad de Middlesex, Reino Unido

Alex Dupuy, John E. Andrus Profesor de Sociología Emérito, Universidad de Wesleyan

Jodie Evans, Cofundadora, CODEPINK

Vanessa Freije, profesora asistente de Estudios Internacionales, Universidad de Washington

Gavin Fridell, Cátedra de Investigación de Canadá y Profesor Asociado en Estudios de Desarrollo Internacional, St. Mary’s University

Evelyn González, Consejera, Montgomery College

Jeffrey L. Gould, Profesor Rudy de Historia, Universidad de Indiana

Bret Gustafson, profesor asociado de Antropología, Universidad de Washington en St. Louis

Peter Hallward, profesor de Filosofía, Universidad de Kingston

John L. Hammond, profesor de Sociología, CUNY

Mark Healey, profesor asociado de Historia, Universidad de Connecticut

Gabriel Hetland, profesor asistente de Estudios Latinos de América Latina, el Caribe y los Estados Unidos, Universidad de Albany

Forrest Hylton, Profesor Asociado de Historia, Universidad Nacional de Colombia-Medellín

Daniel James, Bernardo Mendel Cátedra de Historia Latinoamericana

Chuck Kaufman, Co-Coordinador Nacional de la Alianza por la Justicia Global

Daniel Kovalik, profesor adjunto de Derecho, Universidad de Pittsburgh

Winnie Lem, profesora, Estudios de Desarrollo Internacional, Universidad de Trent

Dr. Gilberto López y Rivas, profesor investigador, Universidad Nacional de Antropología e Historia, Morelos, México

Mary Ann Mahony, profesora de Historia, Universidad Estatal de Connecticut Central

Jorge Mancini, Vicepresidente de la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA)

Luís Martin-Cabrera, profesor asociado de Literatura y Estudios Latinoamericanos, Universidad de California San Diego

Teresa A. Meade, Florence B. Sherwood Profesora de Historia y Cultura, Union College

Frederick Mills, profesor de Filosofía, Bowie State University

Stephen Morris, profesor de ciencias políticas y relaciones internacionales, Middle State State University

Liisa L. North, profesora emérita, Universidad de York

Paul Ortiz, profesor asociado de Historia, Universidad de Florida

Christian Parenti, profesor asociado, Departamento de Economía, John Jay College CUNY

Nicole Phillips, profesora de Derecho en la Universidad de la Fundación, Dra. Aristide Faculté des Sciences Juridiques et Politiques y profesora adjunta de derecho en la Facultad de Derecho de la Universidad de California en Hastings

Beatrice Pita, profesora del Departamento de Literatura de la Universidad de California en San Diego

Margaret Power, profesora de Historia, Instituto de Tecnología de Illinois

Vijay Prashad, Editor, El TriContinental

Eleanora Quijada Cervoni FHEA, facilitadora de educación del personal y mentora de EFS, Centro de Educación Superior, Aprendizaje y Enseñanza en la Universidad Nacional de Australia

Walter Riley, abogado y activista

William I. Robinson, profesor de Sociología, Universidad de California, Santa Bárbara

Mary Roldan, Dorothy Epstein Profesora de Historia Latinoamericana, Hunter College / CUNY Graduate Center

Karin Rosemblatt, profesora de Historia, Universidad de Maryland

Emir Sader, profesor de Sociología, Universidad del Estado de Río de Janeiro

Rosaura Sánchez, profesora de Literatura Latinoamericana y Literatura Chicana, Universidad de California, San Diego

TM Scruggs Jr., profesor emérito, Universidad de Iowa

Victor Silverman, profesor de Historia, Pomona College

Brad Simpson, profesor asociado de Historia, Universidad de Connecticut

Jeb Sprague, profesor de la Universidad de Virginia

Christy Thornton, profesora asistente de Historia, Johns Hopkins University

Sinclair S. Thomson, profesor asociado de Historia, Universidad de Nueva York

Steven Topik, profesor de Historia, Universidad de California, Irvine

Stephen Volk, profesor de Historia emérito, Oberlin College

Kirsten Weld, John. L. Loeb profesor Asociado de Ciencias Sociales, Departamento de Historia, Universidad de Harvard

Kevin Young, profesor asistente de historia, Universidad de Massachusetts Amherst

Patricio Zamorano, investigador de estudios latinoamericanos; Director Ejecutivo, InfoAmericas

domingo, 27 de enero de 2019

ESTADOS UNIDOS CREA CONDICIONES PARA ‎INVADIR VENEZUELA

Thierry Meyssan
Red Voltaire, 25/01/2019

Estados Unidos tiene para la Cuenca del Caribe un proyecto que el Pentágono expuso ‎en 2001. Ese plan es tan destructivo y sanguinario que Washington no puede reconocer ‎su existencia, así que tiene que inventar una narrativa aceptable. Eso es lo que estamos ‎viendo en Venezuela. Pero, ¡cuidado!, las apariencias esconden cada vez más la ‎realidad, durante las manifestaciones prosigue la preparación de la guerra.

Creación del conflicto
Durante los últimos meses, Estados Unidos ha logrado convencer a una cuarta parte de los países ‎miembros de la ONU –entre ellos 19 países de las Américas– para que no reconozcan el ‎resultado de la elección presidencial realizada en Venezuela en mayo de 2018. Por consiguiente, ‎esos países tampoco reconocen la legitimidad del segundo mandato del presidente Maduro. ‎

En una entrevista concedida al Sunday Telegraph y publicada el 21 de diciembre de 2018, el ‎ministro británico de Defensa, Gavin Wiliamson, declaraba que Londres está negociando la ‎instalación de una base militar permanente en Guyana para retomar la política imperial británica ‎anterior a la crisis de Suez. Aquel mismo día, un diputado guyanés hacía caer sorpresivamente el ‎gobierno de su país y, de inmediato, se refugiaba en Canadá. ‎

Al día siguiente, la transnacional petrolera estadounidense ExxonMobil afirma que un barco que ‎había alquilado para realizar trabajos de prospección dentro de la zona en litigio entre Guyana y ‎Venezuela había sido expulsado de aquellas aguas por la marina de guerra venezolana. ‎La expedición contaba con una autorización concedida por el gobierno guyanés saliente, que ‎administra de facto la zona en litigio. Inmediatamente, el Departamento de Estado, y después ‎el Grupo de Lima, denuncian el incidente como un peligro que Venezuela hace correr a la ‎seguridad regional. ‎

Pero el 9 de enero, el presidente Maduro revela grabaciones de audio y video que demuestran que ‎ExxonMobil y el Departamento de Estado mintieron deliberadamente para crear una situación de ‎conflicto y empujar los países latinoamericanos a entrar en guerra entre sí. Los países miembros ‎del Grupo de Lima reconocen entonces la manipulación, con excepción de Paraguay y Canadá. ‎

El 5 de enero, la Asamblea Nacional de Venezuela elige su nuevo presidente, Juan Guaidó, y ‎se niega a reconocer la legalidad del segundo mandato del presidente de la República, Nicolás ‎Maduro. Según la Asamblea Nacional, la situación es similar al caso previsto en el artículo 233 de ‎la Constitución. Según ese artículo, cuando un presidente de la República se ve impedido de ‎ejercer sus funciones –por enfermedad–, el presidente de la Asamblea Nacional lo reemplaza ‎automáticamente. Como puede verse, esto no tiene nada que ver con la situación actual. ‎

El 23 de enero, los opositores a la Revolución Bolivariana y sus partidarios realizan ‎simultáneamente una serie de marchas en Caracas. Juan Guaidó se autoproclama entonces ‎presidente interino del ejecutivo. Estados Unidos, Canadá, Reino Unido e Israel lo reconocen ‎de inmediato como nuevo presidente de Venezuela. España que ya participó antes en varias ‎intentonas golpista contra Hugo Chávez, empuja la Unión Europea a sumarse a la nueva ‎maniobra.‎

La lógica de los acontecimientos conduce Venezuela a romper las relaciones diplomáticas con ‎Estados Unidos y a cerrar su embajada en Washington. Afirmando que el presidente Nicolás ‎no tiene derecho a romper relaciones con Estados Unidos, Washington mantiene su embajada ‎en Caracas y sigue aportando leña al fuego. ‎
La aplicación de un esquema ya utilizado
Contrariamente a lo que creen los venezolanos, el objetivo de Estados Unidos no es derrocar al ‎presidente Maduro sino aplicar en la Cuenca del Caribe la doctrina Rumsfeld-Cebrowski de ‎destrucción de las estructuras estatales en los países de la región. Eso exige, ciertamente, la ‎eliminación de Nicolás Maduro, pero también la de Juan Guaidó. ‎

Este esquema ya fue utilizado antes para convertir los incidentes internos que tenían lugar en Siria ‎en 2011 en una agresión externa perpetrada por todo un ejército de mercenarios, en 2014. En ‎el caso de Venezuela, la Organización de Estados Americanos (OEA) –cuyo secretario general ‎ya reconoció a Juan Guaidó como presidente– asume el papel que hizo la Liga Árabe‎ en el ‎caso de Siria. El papel de los Amigos de Siria lo asume el Grupo de Lima, que ‎se encarga de coordinar las posiciones diplomáticas de los aliados de Washington. Y Juan ‎Guaidó hace el papel del jefe de la oposición siria Burhan Ghalioun. ‎

En el caso de Siria, Burham Galioun, quien desde hace mucho tiempo colaboraba con la NED ‎estadounidense, fue reemplazado por otro personajillo, que a su vez fue reemplazado por otro, ‎luego por otro y por otro más, tantas veces que ya nadie recuerda su nombre. Juan Guaidó será ‎rápidamente desechado de la misma manera. ‎

Pero el esquema sirio funcionó sólo en parte, en primer lugar porque Rusia y China se opusieron ‎reiteradamente en el Consejo de Seguridad de la ONU. En segundo lugar, porque el pueblo sirio ‎apoyó a la República Árabe Siria y dio pruebas de excepcional resistencia. Y, finalmente, porque ‎Rusia logró respaldar y equipar al Ejército Árabe Sirio ante los mercenarios extranjeros y la OTAN. ‎Sabiendo que el Pentágono ya no podrá seguir utilizando a los yihadistas para debilitar el ‎Estado sirio, Washington va a poner ahora el caso sirio en manos del Departamento del Tesoro, ‎que hará todo lo posible por impedir la reconstrucción del país y del Estado. ‎

En los próximos meses, el autoproclamado presidente interino Guaidó tratará de crear una ‎administración paralela 
- para apoderarse del dinero del petróleo en varios litigios; 
- para “resolver” el diferendo territorial con Guyana; 
- para negociar la cuestión de los refugiados; 
- para cooperar con Washington y hacer encarcelar en Estados Unidos a los dirigentes ‎venezolanos con diversos pretextos.‎

Si tenemos en cuenta la experiencia adquirida durante los 8 últimos años en el Gran Medio ‎Oriente, no debemos comparar lo que sucede en Venezuela con lo sucedido en Chile en 1973. ‎El mundo postsoviético ya no es el de la guerra fría. ‎

En aquella época, Estados Unidos trataba de controlar todas las Américas y cerrar el paso a ‎toda forma de influencia soviética. Quería explotar las riquezas naturales de aquella parte del ‎mundo con el menor control posible de los gobiernos nacionales y con el menor costo posible. ‎

Pero hoy, por el contrario, Estados Unidos se obstina en ver el mundo como unipolar. Ya ‎no tiene amigos ni enemigos. Según la visión estadounidense una población está integrada a la ‎economía globalizada o vive en territorios que contienen recursos naturales, recursos que ‎Estados Unidos no explotará necesariamente pero que siempre quiere controlar. Y como esos ‎recursos no pueden estar simultáneamente bajo el control de los Estados-naciones donde ‎se encuentran y del Pentágono, Washington aspira a impedir el funcionamiento de las estructuras ‎estatales de esos países. ‎


Este mapa proviene de un Powerpoint que Thomas P. M. Bennet, asistente del almirante ‎estadounidense Arthur Cebrowski, presentó en una conferencia realizada en el Pentágono, ‎en 2003. La parte rosada abarca todos los países cuyas estructuras estatales deben ser ‎destruidas. Este proyecto no tiene nada que ver con la guerra fría ni con la explotación de ‎los recursos naturales. Después de haber destruido el “Gran Medio Oriente”, los estrategas ‎estadounidenses se preparan para destruir la “Cuenca del Caribe”.
Cegar a los actores
Es posible que Juan Guaidó crea realmente que puede resolver la crisis y servir a su país ‎autoproclamándose presidente interino. En realidad es lo contrario. Su autoproclamación creará ‎una situación que será asimilada a una guerra civil. Guiadó, o sus sucesores, pedirán ayuda a ‎Brasil, Guyana y Colombia, que desplegarán fuerzas “de paz” con apoyo de Israel, Reino Unido ‎y Estados Unidos. La violencia continuará hasta que ciudades enteras estén en ruinas. ‎

No importa que el gobierno de Venezuela sea bolivariano o liberal, que sus relaciones con ‎Estados Unidos sean buenas o no. El objetivo no es lograr un “cambio de régimen” sino debilitar ‎el Estado lo más posible. Ese proceso comienza en Venezuela pero se extenderá de inmediato ‎a otros países de la región, como Nicaragua, hasta que no quede verdadero poder político en el ‎conjunto de esa región. ‎

Esta situación es muy clara para numerosos árabes, cuyos países ya cayeron en esa trampa. ‎Pero, por el momento, los latinoamericanos no parecen verla con claridad. ‎

Por supuesto, también es posible que los venezolanos tomen conciencia de la manipulación, dejen ‎de lado sus divisiones y salven el país.