jueves, 18 de julio de 2024

LA HISTÓRICA OLA DE FRÍO POLAR PONE A ARGENTINA EN ALERTA ROJA

mpr21, 11/07/2024



El Servicio Meteorológico argentino ha emitido una alerta roja por temperaturas extremas en gran parte del país para este jueves 11 de julio. El organismo anticipó mínimas bajo cero para dos terceras parte del país.

La NASA ha publicado unas impactantes imágenes satelitales de la Patagonia argentina y chilena completamente cubiertas de nieve y los rebaños de ganado pueden morir, como ya advertimos en una entrada anterior. Las regiones centrales de Argentina, poco habituadas a las olas de frío tan extendida en el tiempo, presentaron temperaturas bajo cero.

La ciudad de Buenos Aires podría tener marcas negativas de temperatura de los últimos 13 años, según el organismo meteorológico (*), que ha emitido una serie de recomendaciones para enfrentar esta histórica ola de frío polar.

La alerta roja se extiende para todas las provincias del centro del país. El sur de Santa Fe amanecerá con mínimas históricas de hasta -5ºC y máximas de 12ºC. En Córdoba podría haber nevadas en las cumbres más altas y zonas aledañas, con temperaturas que oscilarán entre -3ºC y 13ºC.

Las bajas temperaturas, advirtió el instituto meteorológico, pueden tener un efecto extremo en la salud y pueden afectar a todas las personas, incluso a las que gozan de buena salud.

En San Luis la temperatura descenderá esta la mañana hasta -7ºC. Los mismos índices se repiten en Catamarca, La Rioja y San Juan. Cerca de la cordillera la mínima podría llegar hasta -12ºC. En el norte Tucumán y Salta el tiempo variará entre -3ºC y 12ºC.

En las provincias cordilleranas del sur y patagónicas los valores favorecerán la acumulación de nieve. Mendoza y Neuquén tendrán una máxima al mediodía de 12ºC y mínimas de hasta -5ºC. En tanto, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego no serán las provincias más gélidas dado que la mínima girará en torno a los -2ºC y aunque la máxima de apenas será de 8ºC.

En el sur del distrito bonaerense y de Mendoza, Neuquén, norte de Santa Fe, San Luis y San Juan, La Rioja, Catamarca, Tucumán, Corrientes, Chaco y Formosa también hay un aviso nivel naranja por el fenómeno polar. Este tipo de situaciones tiene un “efecto moderado a alto en la salud”, y pueden ser “muy peligrosas” para la salud.

El organismo meteorológico recomienda que ante la presencia de temperaturas extremas de frío las personas tienen que evitar exponerse por tiempo prolongado en exteriores y, de salir, abrigarse con muchas capas de ropa liviana; generar más calor corporal mediante el movimiento; y mantener la casa calefactada de forma segura.

(*) https://www.meteored.com.ar/noticias/prediccion/hasta-cuando-seguira-frio-extremo-argentina-ola-polar-alerta-buenos-aires-tiempo-clima-pronostico.html


viernes, 12 de julio de 2024

CÓMO LA CIA Y SUS FILIALES DE INTELIGENCIA DESTRUYERON LOS PAÍSES SOCIALISTAS DEL ESTE DE EUROPA

 Berlín Confidencial, 11/12/2022

Décadas de intensa propaganda sobre el fin del período socialista en el Este de Europa, adornadas con los dogmas de todos conocidos (“ansias de libertad” de sus ciudadanos, “anquilosamiento” de su economía y el carácter “opresivo” de sus sistemas políticos), han servido no solo para elaborar una gran mentira sino para ocultar lo que realmente se diseñó en la “guerra caliente” del Occidente anticomunista contra el socialismo; y que terminó con las ya conocidas contrarrevoluciones, de 1989, y el fin de la URSS, en 1991. La realidad fue mucho más compleja que ese escenario propagandístico anticomunista,  tantas veces difundido por think-tanks de extrema derecha, y sus papagayos mediáticos, acerca del «fracaso del comunismo». Entre bastidores, los países occidentales, tras el final de la II Guerra Mundial, fueron trabajando pacientemente el desmoronamiento del socialismo. Lo explico, pormenorizadamente, a continuación.

Fue en los años de la conocida como “guerra fría” (iniciada por los países de la OTAN, en 1946, con el famoso discurso de Winston Churchill en Fulton, EEUU, sobre el «telón de acero») cuando operaciones secretas y otros métodos subversivos se implementaron en los Estados Unidos para destruir a su enemigo principal: la URSS, así como a sus aliados socialistas, fundamentalmente, de Europa. Esas actividades se planificaron y desarrollaron no solo en los cuarteles generales de los servicios de inteligencia estadounidenses, sino también en los europeos (británicos y alemanes occidentales).

Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, la tensión en las relaciones internacionales aumentó de forma considerable, especialmente en las relaciones entre los antiguos aliados de la coalición anti-Hitler. Después de salir de una guerra sangrienta con pérdidas mínimas, los Estados Unidos de América, relegando a un segundo plano a la otrora poderosa e imperial Gran Bretaña, se encaminaron hacia el establecimiento del dominio global. Esto contribuyó a la división del mundo en dos bloques antagónicos: el socialista, encabezado por una URSS exhausta, que se estaba recuperando activamente de las enormes pérdidas y la devastación de la guerra; y el capitalista, donde Estados Unidos jugó el papel principal.

La aparición de armas nucleares en los Estados Unidos y, sobre todo, en la URSS condujo a un escenario donde nuevos métodos de «guerra no caliente» permitían un enfoque altamente disuasorio entre las dos mayores potencias militares del mundo. En estas condiciones, Estados Unidos comenzó a aplicar una nueva estrategia consistente en actividades subversivas encubiertas, operaciones paramilitares (también encubiertas), apoyadas en la diplomacia. Desde los primeros años de la Guerra Fría, Estados Unidos comenzó a utilizar en su política exterior herramientas de carácter militar y no militar, que incluían: lucha clandestina, sabotaje y subversión; involucrando a diversos grupos criminales, así como al uso y manipulación de protestas masivas civiles.

Fue durante esos años que Estados Unidos desarrolló y adoptó iniciativas estratégicas de política exterior a largo plazo destinadas a desestabilizar la situación política interna en la URSS y los países del bloque socialista, a través de operaciones encubiertas (trabajo clandestino subversivo, guerra psicológica, apoyo a diversos grupos de «resistencia» interior). A través de los esfuerzos de los asesores de la administración presidencial de Harry Truman, en particular, del conocido diplomático estadounidense George F. Kennan (un ferviente partidario de contener la “expansión soviética”), se estableció un enfoque estratégico en la política exterior de los EEUU destinado a desestabilizar la situación interna en los países socialistas. Así, en un memorándum fechado en 1948, propuso comenzar a implementar operaciones encubiertas en estados hostiles a través de grupos clandestinos de resistencia, en apoyo de elementos anticomunistas.

En el mismo año de 1948, el Consejo de Seguridad Nacional de EEUU adoptó las Directivas Nº. 10/2 y 20/1, que hablaban de planes para preparar y realizar una amplia gama de actividades subversivas en el extranjero. Según la primera directiva (10/2), «operaciones encubiertas» significaba lo siguiente: «Todas aquellas actividades realizadas o aprobadas por el gobierno de los EEUU contra estados o grupos extranjeros hostiles o en apoyo de estados o grupos extranjeros amigos. Sin embargo, estas actividades se planifican y llevan a cabo de tal manera que su fuente no se revele externamente – el gobierno de los EEUU-, y si se expone, el gobierno de los EEUU puede negar plausiblemente toda responsabilidad por ello hasta el final. […] Operaciones encubiertas son también propaganda, guerra económica, acciones directas preventivas (incluido el sabotaje) y la destrucción de objetivos; actuaciones subversivas contra estados extranjeros, incluida la ayuda a movimientos clandestinos de resistencia, guerrillas y grupos de liberación de emigrados, el apoyo a grupos anticomunistas en países en peligro del mundo libre”.

La siguiente directiva del Consejo de Seguridad Nacional-58 preveía la asistencia de ayuda en los países de Europa del Este socialista, no solo a los grupos antisoviéticos sino también a elementos del establishment político socialista: “Debemos aumentar de todas las formas posibles toda la asistencia y el apoyo posibles a los líderes y grupos pro-occidentales en estos países». Esta directiva es de suma importancia para entender lo que vino después (la compra de agentes de influencia situados en los más altos puestos de la nomenklatura comunista de esos países; particularmente, en la URSS).

El mecanismo de las operaciones encubiertas para derrocar a regímenes políticos con tendencias izquierdistas, o “contener” a partidos políticos comunistas en países occidentales de Europa que tenían posibilidades de gobernar, fue probado por Estados Unidos ya en 1947-1949. Así, en 1947, lo hicieron en Francia (con la expulsión de los comunistas del poder –que habían ganado las elecciones en 1946- y las huelgas que forzaron la caída del gobierno de coalición comunista), en 1948 en Italia (mediante una cruenta campaña de intimidación y asesinatos por encargo, que la CIA encomendó a la mafia siciliana y norteamericana, así como a elementos de la iglesia vaticana). Más tarde, EEUU, a través de la red Gladio de la OTAN, lo probó con éxito en Grecia, en 1967, durante el golpe de los Coroneles, que causó miles de muertos. La CIA logró sacar del poder a los comunistas de Occidente que tenían posibilidades de gobierno, gobernaban en coalición y gozaban de amplia popularidad, con el subsiguiente fortalecimiento de la presencia estadounidense en esos países. La creación de la Operación Gladio fue fundamental para conseguir este fin.

El 30 de septiembre de 1950, el presidente de los EEUU, Harry Truman, aprobó la nueva directiva secreta del Consejo de Seguridad Nacional NSC 68, adoptada unos meses antes, que durante mucho tiempo se convirtió en la base de operaciones encubiertas contra la URSS y los países del bloque socialista. Uno de los principales objetivos de los Estados Unidos era lograr cambios fundamentales dentro del sistema soviético. Para esto se propuso lo siguiente: «Necesitamos librar una guerra psicológica abierta para causar una traición masiva a los soviéticos y destruir otros planes del Kremlin, fortalecer medidas y operaciones positivas y oportunas por medios encubiertos en el campo de la guerra económica, política y psicológica para causar y apoyar disturbios y levantamientos en países satélites seleccionados estratégicamente y que sean importantes”.

Las directivas antes mencionadas, cuyo objetivo final era el colapso de la URSS y, en consecuencia, el colapso de todo el bloque socialista, supusieron la implementación de operaciones encubiertas que, en realidad, se equipararon con operaciones de sabotaje, subversivas y de combate realizadas tanto por instituciones político-militares oficiales de EEUU como no oficiales; instituciones, estas últimas, asociadas con el gobierno de EEUU (lo que hoy serían sus fachadas golpistas, la NED o Fundación Nacional para la Democracia, la USAID de «ayuda al desarrollo» y una selva de poderosas organizaciones estadounidenses creadas para el cambio de régimen en otros países, tales como Freedom House, McArthur Foundation, Open Society de Soros, etc).

A mediados de la década de 1950, el Consejo de Seguridad Nacional de los Estados Unidos señaló que, en las condiciones de inestabilidad emergente en el continente europeo, las posibilidades de influencia estadounidense en el desarrollo de los acontecimientos en Europa del Este para debilitar la influencia soviética habían aumentado. Al mismo tiempo, se enfatizó que los Estados Unidos deben influir no solo en las masas, sino también en los gobiernos socialistas y obligarlos a ajustar sus políticas. Esto implicó un enfoque individualizado, diferenciado por países. La búsqueda de eslabones débiles en la cadena de influencia soviética se convirtió en una tarea urgente para la CIA. Entre las áreas clave a largo plazo para el trabajo subversivo, los estadounidenses destacaron a la RDA (República Democrática alemana), Hungría, Checoslovaquia y Polonia.

Los ataques masivos de propaganda y sabotaje contra el bloque socialista y su pilar, la Unión Soviética, fueron planeados y llevados a cabo casi simultáneamente por los estadounidenses y sus aliados occidentales desde diferentes frentes. Como lo demuestran los documentos de archivo desclasificados, la Casa Blanca abordó a fondo el tema de socavar las posiciones de la URSS en Europa del Este. En junio de 1953, especialistas del NSC (Consejo de Seguridad Nacional) de EEUU presentaron un informe titulado «Objetivos y acciones de Estados Unidos en la explotación de disturbios en países satélites de la URSS».

Dicho informe, analizó las opciones estadounidenses en el contexto de intensificar la guerra psicológica contra los gobiernos comunistas, incluidas propuestas específicas para crear «focos de resistencia». La implementación de las metas y objetivos de este documento incluyó varias fases. La segunda fase preveía la organización y apoyo de actividades subversivas y de sabotaje utilizando grupos clandestinos de combate. Primero, era necesario preparar, entrenar y suministrar organizaciones clandestinas capaces de realizar ofensivas terroristas a gran escala u hostilidades prolongadas. Además, se recomendó crear grupos de “resistencia” que cooperaran entre sí, en países socialistas del Este y nacionalistas no rusos de la Unión Soviética. El documento de 1953, fue la base de la política exterior estadounidense en la organización de levantamientos «populares» en Europa del Este, demostrando que Washington poseía un potencial ampliamente destructivo en el desarrollo de operaciones subversivas complejas.

En junio de 1953, una ola de protestas, instrumentalizadas desde Bonn, EEUU y Reino Unido, a través de sus servicios de inteligencia, se extendió por muchas ciudades de la RDA. En su capital, Berlín, Dresde, Görlitz, Magdeburgo y algunas otras ciudades, se produjeron enfrentamientos armados con las fuerzas policiales y luego con unidades del ejército soviético. De estos sucesos, ya ofrecí una amplia panorámica general de los mismos en esta entrada. Los acontecimientos en la RDA, en junio de 1953, están lejos de ser el “movimiento espontáneo obrero” que la propaganda del Oeste ha estado difundiendo durante décadas. Después de una diíficil situación económica en la RDA, y unas impopulares medidas de ajuste por parte del gobierno socialista, lo que eran protestas legítimas se tornaron en un intento de golpe de Estado de Occidente a través de sus agentes desestabilizadores; aprovechando una coyuntura que le era favorable para subvertir el orden socialista.

Después del ensayo disruptivo de Occidente contra la RDA, Estados Unidos, a través de estructuras antisoviéticas controladas, emprendió una serie de esfuerzos en Hungría. En julio de 1956, como parte de las medidas para «concentrar» todas las fuerzas antisoviéticas, se celebró una reunión del Consejo del NTS (Narodny Trudovy Soyuz; partido de extrema derecha en el exilio formado por un grupo de emigrados rusos anticomunistas) en Kiedrich am Rhein (RFA). En esta ciudad, se analizó la situación en la URSS y los países socialistas de Europa del Este (principalmente en Polonia y Hungría), después del infame 20º Congreso del PCUS (donde Jruschov hizo una condena general del «estalinismo»). Se tomó una decisión para el futuro próximo: intensificar el apoyo a la oposición anticomunista interna en el bloque soviético para lanzar levantamientos populares. La siguiente intentona golpista, tras el fracaso de las fuerzas contrarrevolucionarias occidentales en la RDA, fue Hungría (ver entrada).

Sin embargo, en Hungría, en 1956, a pesar de todos los planes y la retórica beligerante de Washington, Estados Unidos, al no contar con amplios recursos operativos sobre el terreno, no pudo brindar asistencia oportuna y eficaz a los insurrectos de Hungría, que la esperaban como agua de mayo. El liderazgo estadounidense no se atrevió a entrar en una confrontación abierta con la URSS. La disposición de la dirección soviética de utilizar la fuerza militar jugó un papel decisivo para detener la amenaza contrarrevolucionaria húngara. Una reacción pasiva de la URSS en los acontecimientos de 1956 podría haber conducido a una reorientación de Hungría y a una ruptura de la unidad en todo el bloque socialista, lo que en esas condiciones habría provocado una peligrosa reacción en cadena (efecto dominó) y entusiasmo en las filas de las fuerzas anticomunistas de otros países. Los levantamientos de Berlín-RDA y Hungría, inspirados bajo la influencia de Occidente, fueron aplastados; demostrando la incapacidad de la CIA  para confrontar abiertamente a las poderosas fuerzas militares y agencias de inteligencia de la URSS.

Los pasos destructivos de la política exterior de los Estados Unidos, en el ámbito internacional, complicaron enormemente las ya tensas relaciones con la Unión Soviética. La injerencia de las administraciones estadounidenses en los asuntos internos de los países del bloque socialista y sus aliados pudo haber llevado el enfrentamiento secreto al nivel de un potencial conflicto nuclear, que casi se da por hecho en  las crisis de Berlín y Cuba, ambas a de principios de los años 60. Según la posición de Estados Unidos, la Unión Soviética debería dejar de intentar eliminar el sistema capitalista en otros países, destruir la influencia estadounidense en la zona de sus intereses y dejar de apoyar a las fuerzas antioccidentales. La URSS, lo cierto es que actuó desde posiciones similares en relación con sus propios intereses. En la confrontación cada vez más intensa con el imperialismo estadounidense, era de fundamental importancia para Moscú garantizar no solo su propia seguridad, sino también la estabilidad dentro del bloque socialista, que se convirtió en uno de los principales objetivos de los Estados Unidos.

Cualquier intento de los estadounidenses de provocar la desestabilización en Europa del Este llevaba a la posibilidad de alterar el frágil equilibrio de poder en Europa, que era una especie de amortiguador entre Moscú y Washington, y en el que las poderosas fuerzas militares de los dos bloques opuestos, incluida la nuclear, se concentraron. En este sentido, el apoyo de Washington a las aspiraciones contrarrevolucionarias de los países socialistas provocó un deterioro de las relaciones bilaterales. En parte, una excepción fueron los eventos en Hungría en 1956, que no se extrapolaron a otras vías de interacción soviético-estadounidense. Toda la atención de los principales estados occidentales se centró en el Este. Luego, la URSS y los Estados Unidos, debido a la coincidencia de intereses en la situación emergente en el Oriente Medio, pudieron combinar esfuerzos diplomáticos para resolver la aguda crisis de Suez, hablando en realidad como un frente único respecto de la agresión anglo-francés-israelí contra Egipto.

La siguiente etapa se relaciona con las actividades de la administración del presidente Lyndon B. Johnson, quien en la primavera de 1964 planteó la idea de «construir puentes subversivos», lo que implicaba fortalecer las actividades de política exterior en Europa del Este mediante la expansión de operaciones de agitación y guerra psicológica. En este sentido, los acontecimientos de Checoslovaquia, de 1968, se convirtieron en otra prueba de fuego para la URSS; y deben considerarse en línea con la estrategia de política exterior estadounidense, que consistió en contrarrestar y tratar de minimizar la influencia soviética en Europa del Este. Los hechos de la llamada Primavera de Praga se convirtieron en un eslabón más de la cadena para mejorar la tecnología de los golpes de Estado, o cambios de régimen.

Una carta política de la Embajada de la URSS en los Estados Unidos, sobre las principales direcciones de la propaganda estadounidense en relación con los eventos de 1968, en Checoslovaquia, contenía la siguiente información: «La propaganda estadounidense sigue de cerca e inmediatamente recoge cualquier manifestación de vacilaciones, puntos de vista y opiniones reformistas de derecha. evaluaciones en los discursos de figuras destacadas y de la prensa de Checoslovaquia; así como de las actividades de elementos «liberales» en el liderazgo checoslovaco. Actualmente se están dirigiendo esfuerzos significativos para incitar entre los ciudadanos de Checoslovaquia, la URSS y otros países socialistas una campaña de demandas por la retirada de las tropas de «ocupación», incitando a la población checoslovaca a la «resistencia pasiva»». Ver entrada sobre la contrarrevolución de 1968, en Praga. Fue durante este período que aparecieron nuevas tendencias en la práctica de realizar sabotajes ideológicos contra el campo socialista. Según la contrainteligencia soviética, para unir en una plataforma anticomunista y antisoviética a todas las fuerzas y tendencias hostiles, independientemente de sus diferencias en orientación política, desde principios de 1968 se formó una «organización de resistencia» común.

En 1974, tuvo lugar en La Habana (Cuba) una reunión de delegaciones de los organismos de seguridad del Estado de los países socialistas. En el transcurso de uno de sus discursos, el jefe de contrainteligencia de la República Checoslovaca, V. Molnar, citando como ejemplo los hechos contrarrevolucionarios en Checoslovaquia (1968), expresó una idea clave. Llamó la atención de los presentes sobre el hecho de que el verdadero peligro para el orden constitucional se produce cuando las élites en el poder entran en contacto con los contrarrevolucionarios de dentro de sus países.

En esta situación, sólo el poder militar podía nivelar bruscamente las decisiones antiestatales y el sabotaje promovido desde arriba. Decía Molnar: «Una cosa es la lucha clandestina de individuos o formaciones grupales que han entrado en cooperación con el enemigo. Y otra muy distinta cuando hay un cambio en las posiciones de los líderes del partido y del estado alejándolos de la vía socialista de desarrollo”. V. Molnar, también enfatizó lo siguiente: “El enemigo busca fuerza dentro de nuestros estados y encuentra a quienes cooperen con él, socaven el poder y combatan el sistema socialista. Pero les quiero advertir que el verdadero peligro vendrá cuando representantes de las estructuras de poder se acerquen al enemigo. Los motivos pueden ser diferentes. Este puede ser el deseo de encontrar garantías para fortalecer el poder personal, la débil convicción en la cosmovisión socialista, la falta de preparación científica».

Las acciones decisivas de la URSS para reprimir las acciones contrarrevolucionarias, en el marco del concepto de internacionalismo socialista adoptado durante este período (en Occidente se llama «doctrina Brezhnev», o «soberanía limitada»); y la falta de voluntad de Estados Unidos para ir a una seria confrontación entre bloques en Europa, teniendo en cuenta las dificultades militares en Vietnam, permitió evitar el comienzo de una guerra sangrienta. Es decir, las medidas quirúrgicas implantadas por Moscú para cortar el injerencismo occidental contra los países socialistas fueron el único antídoto fiable, no solo para evitar una guerra abierta con los imperialistas sino para eliminar los elementos reaccionarios en el poder socialista que estaban bajo la influencia de EEUU. Además, la posición de las potencias occidentales también tuvo un impacto: Occidente estaba convencido de la disposición de la URSS a usar la fuerza para defender sus intereses en relación con este statu quo. La determinación de la URSS de intervenir en los asuntos checoslovacos se hizo tan pronto como el liderazgo de la Unión Soviética consideró que el desarrollo de la situación podría dañar su seguridad.

Existe un consenso mediante el cual, a pesar de la dura lucha internacional entre bastidores y la oposición de Moscú a la injerencia total de EEUU en los asuntos internos de la URSS y sus aliados, las dos superpotencias lograron equilibrarse al borde de la guerra, encontrando acuerdos mutuamente aceptables en temas clave, como el mantenimiento de la estabilidad estratégica. Sin embargo, este análisis es discutible, puesto que la URSS y sus socios socialistas empezaron a capitular por entregas, tanto con la Ostpolitik, promovida astutamente por Occidente (en realidad, se trataba de ir minando del Este socialista mediante la política del acercamiento), como por los llamados Acuerdos de Helsinki, de 1973-1975. Dichos acuerdos, supusieron el punto de partida (o uno de ellos) de la caída al precipicio del socialismo en Europa, reconociendo unos «Derechos Humanos» hechos a la medida de Occidente, lo que, en la práctica, equivalía a dar carta blanca a «disidentes» que estaban bajo patrocinio exterior.

Albania, que ya había abandonado el Pacto de Varsovia, en 1968, advirtió del peligro de ir cediendo a las propuestas capciosas de Occidente y se negó a firmar el Acuerdo, con estas palabras de su líder, Enver Hoxha, probablemente de las pocas verdades que dijo en su vida: «Todos los estados satélites de los soviéticos (con la posible excepción de los búlgaros) quieren romper las cadenas del Tratado de Varsovia, pero no pueden. Entonces, su única esperanza es la que el documento de Helsinki les permite, eso es, fortalecer su amistad con los Estados Unidos de América y el Occidente, para buscar inversionistas de ellos en forma de créditos e importaciones de su tecnología sin restricciones, para permitirle a la iglesia ocupar su antiguo lugar, para profundizar la degeneración moral, para incrementar el anti-sovietismo, y el Tratado de Varsovia permanecerá como un cascarón vacío».

Estados Unidos, nunca abandonó los esfuerzos para implementar estrategias con las que debilitar a la URSS y destruir la influencia comunista. Esto se hizo patente en todas las Administraciones estadounidenses, desde el fin de la II Guerra mundial; pero, especial y decisivamente, alcanzó su climax con la llegada al poder en la Casa Blanca de Ronald Reagan, en los años 80. El período que precedió al colapso de la URSS, y de todo el sistema socialista, está indisolublemente asociado a Ronald Reagan, cuyo único objetivo fue asfixiar económicamente y arrodillar políticamente a la URSS, hasta provocar su desaparición. Como señaló en sus memorias el diplomático ruso, Anatoly Dobrynin, quien durante varias décadas fue el embajador de la Unión Soviética en Washington, «en 1982, se mantuvo una tensión significativa en las relaciones soviético-estadounidenses, lo que inevitablemente afectó la situación internacional. Declarada por Reagan, en junio, la ‘cruzada contra el comunismo’, encontró su expresión concreta en la fuerte intensificación de la propaganda antisoviética, la realización de una serie prácticamente incesante de campañas ideológicas utilizando la desinformación abierta y la realización de una guerra económica contra la URSS”.

El reservorio de las operaciones encubiertas, acumulado desde los primeros años de la Guerra Fría, debía ejecutarse plenamente. Los datos desclasificados del Servicio de Inteligencia Exterior de la Federación Rusa contienen información sobre el conocimiento de los principales líderes estatales de la Unión Soviética sobre planes específicos de gran alcance de Washington, en este período histórico: «Con la llegada de R. Reagan a la presidencia de los EEUU, en 1981, la inteligencia comenzó a recibir cada vez más información de probables, pero muy concretos, planes para la destrucción de la URSS y la liquidación del sistema de países de la comunidad socialista”. Surgen, entonces, preguntas inquietantes: ¿por qué no actuaron en consecuencia los órganos de poder, sobre todo militares y especiales, de la URSS para cortar esa penetración exterior? ¿Esos servicios de inteligencia soviéticos no disponían de información sobre los movimientos clandestinos de elementos externos dentro de la nomenklatura soviética o de la inacción del liderazgo soviético ante aquellos?

Una de las direcciones clave en el trabajo de deconstrucción socialista se asignó tradicionalmente a la organización de golpes de Estado en los países socialistas. La Directiva NSS N.° 32 (NSDD-32), adoptada en marzo de 1982, como las anteriores directivas anticomunistas, siguió la estela del objetivo clave a largo plazo de aplastar el dominio soviético en Europa del Este, con el enfoque puesto en fortalecer a las fuerzas internas opositoras. Entre los objetivos inmediatos estaban: debilitar el sistema soviético, así como fomentar la liberalización a largo plazo y las tendencias nacionalistas dentro de la Unión Soviética y países satélites. La CIA esperaba que, en esta etapa histórica, fuera posible socavar decisivamente el poder soviético a través de operaciones complejas de varios niveles y ataques precisos en lugares vulnerables. Se asignó un papel importante a la hora de provocar tensiones entre la Unión Soviética y los países capitalistas cooperantes, así como efectuar presión internacional a gran escala, incluida la imposición de sanciones económicas.

En la década de 1980, Estados Unidos amplió, por tanto, la gama de medidas subversivas contra la URSS, aumentando el apoyo a las fuerzas nacionalistas antisoviéticas y brindando asistencia a la clandestinidad antigubernamental en Europa del Este para derrocar a los «regímenes comunistas». Según la inteligencia soviética, en abril de 1982, el presidente estadounidense R. Reagan aprobó un nuevo plan estratégico para destruir la unidad de los países socialistas, en particular, la RDA, Hungría, Bulgaria y Checoslovaquia para su mayor integración en el «mundo libre». Para brindar apoyo material y control sobre los grupos clandestinos bajo el auspicio de la CIA, en 1983, además de la franquicia “humanitaria” de inteligencia, USAID, se creó la Fundación Nacional para la Democracia (NED), financiada por el Congreso de EEUU, que incluía algunas de las funciones de los servicios secretos utilizados para el cambio de régimen. La NED fue creada como una organización paralela a la CIA, a través de la cual se podrían llevar a cabo proyectos subversivos bajo el pretexto de «promover la democracia». Este trabajo surtió sus frutos.

Según la inteligencia soviética, a mediados de 1986, en los países antes mencionados, a excepción de Bulgaria, se habían creado formaciones de oposición antigubernamental organizada. En la RDA, fue particularmente perceptible e intensa la injerencia exterior a principios de los años 80, con la creación de grupos “pacifistas-ecologistas” (a imagen de los Verdes de la RFA, que aprovecharon varias visitas a la RDA para introducir propaganda anticomunista) y de organizaciones de mujeres (la conocida como Unabhängige Frauen o Mujeres «independientes»). En 1989, todos se agruparían, junto a la iglesia evangélica de la RDA, en el grupo opositor contrarrevolucionario Neues Forum, monitoreado activamente desde la RFA.

A finales de la década de 1980, la situación político-militar en el mundo se caracterizó por el debilitamiento total de las posiciones internacionales de la URSS y la desorganización dentro del bloque socialista. La política exterior agresiva de los Estados Unidos, la debilidad, la indecisión y la falta de voluntad de los líderes del estado soviético para resistir la presión cada vez mayor de Washington; en definitiva, la calculada traición política de los principales líderes soviéticos, durante la Perestroika, llevó a consecuencias desastrosas de todos conocidas. Los jefes del KGB informaron constantemente de que Occidente estaba estudiando detenidamente los acontecimientos que tenían lugar en Europa del Este, y en la propia URSS, tratando de intervenir activamente en la situación y, con la ayuda de sus agentes políticos sobre el terreno, encaminar las movilizaciones en la dirección que deseaba Occidente. Es decir, había que impedir que la reforma de los sistemas socialistas se hiciera para seguir conservándolos como tales. En 1989, se estableció en los Estados Unidos el Centro para la Observación del Progreso de la Perestroika, que incluía a representantes de la CIA, la DIA (Agencia de Inteligencia de Defensa) y la Dirección de Inteligencia e Investigación del Departamento de Estado.

Por ejemplo, G. Hyde, miembro de la Cámara de Representantes de los EEUU, y miembro del subcomité de inteligencia, habló abiertamente sobre las acciones subversivas activas de la CIA en Polonia que, supuestamente, intensificarían la reacción en cadena dentro de todo el bloque socialista: «En Polonia, hicimos todo lo que se hace en países donde queremos desestabilizar al gobierno comunista y aumentar la resistencia contra él. Las acciones dirigidas hacia el exterior desde Polonia inspiraron una resistencia similar en otros países comunistas de Europa». En Polonia, precisamente, además del sindicato anticomunista polaco «Solidaridad», legalizado inesperadamente en 1980, grupos de militantes anticomunistas radicales operaron en estrecha colaboración con dicho “pseudosindicato” (tales como los destacamentos de asalto de la «revolución», la «Confederación de Polonia Independiente» (KNP), «Polonia Libre», etc.). El programa del KNP, como se desprende del informe de la Oficina del Fiscal General de la República Popular de Polonia, de 6 de febrero de 1981, correspondía completamente a los objetivos de organizaciones extranjeras terroristas y de sabotaje, entre las que destacaba Polonia Libre.

Una de las organizaciones criminales polacas anticomunistas, Polonia Libre, estaba liderada por un ex ciudadano polaco que había sido cómplice de los nazis en la II Guerra Mundial y que huyó al extranjero después de la guerra. Gracias a los esfuerzos de otro grupo llamado KOS-KOR, apoyado desde el extranjero por la CIA y el MI6 británico, se formaron «sociedades de conferencias» ilegales en las ciudades polacas más grandes, que recibieron el sobrenombre de «universidades volátiles». Durante esos “seminarios”, los estudiantes recibieron habilidades básicas de trabajo clandestino y conspirativo. Se creó una «reserva revolucionaria», que en el momento del levantamiento llenaría las filas de terroristas. Esto recuerda el trabajo centrado en la red del centro CANVAS, que se especializa en enseñar tecnologías de las «revoluciones de color» a muchas organizaciones (fundamentalmente, ONG), para preparar una oposición destructiva sobre el terreno.

A diferencia de los hechos de 1953 (Berlín-RDA), 1956 (Hungría) y 1968 (Praga), la Unión Soviética, en la crisis polaca, evitó entrar con un contingente armado a gran escala, ya que los métodos militares-administrativos en Polonia, supuestamente, se creía que solo podían tener un efecto limitado. Las autoridades soviéticas consideraron, erróneamente, que las autoridades polacas podían llegar a un compromiso con los anticomunistas, lo que supuso una capitulación gradual del régimen del general Jaruzelsky. Las concesiones de los líderes polacos, su entreguismo y el reconocimiento de la necesidad de ampliar aún más el diálogo con la oposición, llevaron al debilitamiento de la disciplina comunista, a la liquidación del gobierno socialista y a la reorientación del estado polaco hacia el capitalismo.

Los acontecimientos de Polonia, a principios de la década de 1980, inspirados y apoyados por las fuerzas contrarrevolucionarias internas de la oposición, fueron utilizados por Washington como pretexto para intensificar aún más las tensiones en las relaciones con la URSS y sus aliados. Después de que los líderes polacos, en una situación difícil, introdujeran la ley marcial, con el apoyo de la URSS, la administración Reagan emitió una dura condena y, de acuerdo con planes de largo alcance, comenzó a ejercer una presión cada vez mayor sobre Moscú. De las memorias del embajador soviético Dobrynin en Washington, se desprende que los días 24 y 25 de diciembre de 1980 se intercambiaron mensajes bastante duros a través de un cable directo entre Reagan (quien se negó a reconocer los acontecimientos en Polonia como «asuntos internos» y amenazó a Moscú con sanciones si ayudaba en la “represión de Polonia”), mientras Brezhnev pidió al presidente norteamericano que dejara de interferir en los asuntos polacos.

Tras el inicio de la perestroika, la estrategia de política exterior de la URSS en relación con los países del bloque socialista sufrió cambios irreversibles. Como resultado de las actividades de la nueva dirección del estado soviético, la unidad socialista con los países de Europa del Este se fue debilitando rápidamente. En los países de Europa del Este los líderes “comunistas” empezaron a revisionar los hechos contrarrevolucionarios del pasado (Hungría y Checoslovaquia, fundamentalmente) inspirados y apoyados por Occidente. La intensificación del sabotaje y las medidas subversivas en las zonas estratégicas de influencia soviética, la introducción de varias restricciones en forma de sanciones y la carrera armamentística lanzada por la administración Reagan tuvieron como objetivo el debilitamiento total de la Unión Soviética hasta su destrucción final.

Según las memorias del embajador A. Dobrynin, en 1983, las relaciones ruso-estadounidenses estaban en su punto más bajo desde el comienzo de la Guerra Fría, la tensión en el mundo en general aumentó debido al deseo de la administración Reagan de lograr la victoria sobre la URSS y un cambio general en el equilibrio de fuerzas en el ámbito internacional a favor de EEUU. A finales de la década de 1980, hay un colapso final de los regímenes comunistas en países clave de Europa del Este. Los planes para la «liberalización» y la «democratización» de los antiguos países socialistas se implementaron con éxito. Washington logró su objetivo principal: la separación completa de los estados de Europa del Este de la URSS y la reorientación geoeconómica y geopolítica de la región.

Las acciones contrarrevolucionarias en los países socialistas de Europa del Este, cuando en los años 50-60 había líderes fuertes y con capacidad de decisión en el poder de la Unión Soviética, fueron destruidas y la CIA no logró sus objetivos estratégicos finales. Sin embargo, con el tiempo, la estrategia entreguista de la URSS dio un resultado: las élites gobernantes de los países del bloque socialista comenzaron a desviarse cada vez más de los principios fundamentales de la unidad socialista en favor de la cooperación con Occidente. Todo ello dio lugar a que, con el tiempo, los “comunistas” que simpatizaban con el pensamiento «liberal-democrático» de la sociedad occidental, llegaran al poder. Como resultado, en la RDA, Checoslovaquia, Hungría, Bulgaria y Rumanía se produjo el desmantelamiento del sistema comunista y el papel de liderazgo del partido comunista fue minado con la plena colaboración del aparato de poder de los gestores de la «Perestroika».

En el caso de la RDA, en el que voy a detenerme brevemente, el presidente de la URSS, Mijail Gorbachov, forzó la caída de su presidente, Erich Honecker, después de pactar la liquidación del estado socialista alemán con los agentes golpistas del politburó del SED; entre otros y, principalmente, Gregor Gysi, secretario general del Partido Socialista Unificado, SED, quien prometió a Gorbachov deshacerse de la RDA; Günther Schabowski (el que se encargó de anunciar la apertura del “Muro” de Berlín) y Hans Modrow (último presidente de la RDA). Todos ellos, fueron ayudados por el prominente miembro de la inteligencia de la “Stasi”, Markus Wolf, importantes intelectuales de la RDA, como Christa Wolf, y varios jefes de distrito del SED. Toda la operativa de demolición de la RDA se hizo en coordinación con Alemania Federal, con un papel preponderante del entonces Ministro de Exteriores de este país, el ex nazi, Hans Dietrich Genscher, y una sección del KGB soviético, llamada “Luch” (que estaba maniobrando en la RDA para difundir la “perestroika” entre miembros del SED).

La CIA y el BND organizaron el posterior asalto a la sede del MfS-“Stasi”, en Berlín, para robar la mayor parte de sus archivos, en la llamada Operación Rosenholz. El objetivo del asalto (que los medios occidentales publicitaron como “espontáneo” por parte de grupos de ciudadanos de la RDA) fue incautar todos aquellos documentos que comprometían a los servicios de inteligencia de Occidente en operaciones terroristas, no solo contra la RDA, sino en el marco de la red Gladio; de las que el HVA (servicio exterior de espionaje de la RDA) tenía conocimiento (con nombres y apellidos) y dejó reflejado en sus archivos. El MfS («Stasi») sabía, particularmente, del manejo del terrorismo de la Fracción del Ejército Rojo (RAF) por la agencia de inteligencia de Alemania Federal (el BND), así como de otras implicaciones terroristas de este servicio secreto, de la CIA y de la inteligencia exterior británica, MI6. Una cantidad indeterminada de los archivos del MfS fueron llevados a EEUU y allí se desdibujaron sus huellas.

Por tanto, volviendo a la URSS, la posición de la dirección soviética en aquellos momentos críticos de finales de los años 80, encabezada por Mijail Gorbachov, desempeñó un papel importante sobre la no injerencia de Moscú en los procesos golpistas que provocaron un cambio de régimen en los países socialistas, lo que significó una señal de entusiasmo para Occidente: la URSS rechazó la «doctrina Brezhnev» y el gradual abandono de su propia influencia en Europa del Este. Así, los planes político-militares de largo plazo desarrollados y adoptados por Estados Unidos, en las primeras etapas de la mal llamada Guerra Fría, marcaron el proceso de transformación gradual del tipo de “guerra”, pasando de la “guerra caliente” a un aumento sistemático del sabotaje y las actividades subversivas (operaciones encubiertas), para cambiar los regímenes políticos legítimos del Este socialista europeo; como una herramienta eficaz para la implementación de tareas de política exterior en el escenario mundial.

La historia ha demostrado que el fin de la Guerra Fría y la transición a un nuevo modelo de relaciones internacionales no llevaron a la desaparición de esta táctica. Por el contrario, el potencial acumulado de entonces está siendo utilizado activamente hoy por los estadounidenses en la implementación de la estrategia «híbrida» de confrontación, especialmente en la organización de golpes de Estado («revoluciones de color»). La experiencia de las operaciones de las agencias occidentales llevadas a cabo en la RDA, Hungría, Checoslovaquia y Polonia se convirtieron en un campo de pruebas para que Washington probara tecnologías políticas destructivas. Los intentos de llevar a cabo por la fuerza un golpe de estado en los países de Europa del Este socialista fueron presagios de futuras «revoluciones de terciopelo» o de «colores», de todos conocidas.

La determinación soviética de aniquilar las revueltas en la RDA, Hungría, y luego Checoslovaquia, es la que faltó para aplastar la algarada anticomunista-clerical de Polonia, en 1980, y sofocar los levantamientos golpistas de 1989 en el Este socialista. Sin embargo, en este último caso, hay que decir que ya no había margen de maniobra posible, puesto que la URSS de la Perestroika se había entregado totalmente a Occidente y los líderes “comunistas” del Pacto de Varsovia habían abandonado su ideología y la dirección de sus países bajo la influencia de Gorbachov y «su» «Perestroika». Los ciudadanos de esos países abrazaron incondicionalmente el capitalismo, entre una mezcla de resignación y mediatización por la enorme propaganda que Occidente estaba desplegando en aquellos momentos (la caída en dominó del socialismo).

Tras el desplome en bloque de los países socialistas, en 1989, y la URSS, en 1991, la actividad subversiva y de cambio de regímenes no solo no fue detenida por Occidente sino que se incrementó provocativamente con agresiones militares directas (Yugoslavia, Afganistán o Irak), o bien utilizando, a través de sus servicios secretos, a proxies terroristas islamistas mediante la modalidad de Gladio B, con los que ha realizado brutales atentados de falsa bandera en toda Europa. El penúltimo intento de derrocar gobiernos en Oriente Medio, “hostiles” a Washington, fueron las llamadas «primaveras árabes»; fructificando en la Libia del asesinado coronel Gadafi, país que fue arrasado por la OTAN para llevar al poder a un régimen esclavista gobernado por AlQaeda. Mientras, en Siria, el intento de expulsar a Assad del poder por EEUU fracasó gracias a la ayuda ruso-iraní al pueblo sirio; a pesar de que EEUU creó un ingente grupo de terroristas, previamente entrenados y armados por la CIA y el Pentágono en la base de la OTAN de Incirlik (Turquía).

EEUU, actualmente, sigue ocupando ilegalmente Siria con tropas militares y robando sus recursos petrolíferos con ayuda de los kurdos. Pero esto no parece importarle demasiado a sus aliados de Europa; los que hoy, con la agresiva y expansionista OTAN, ladran contra la justa y legítima intervención de Rusia en Ucrania para acabar con el régimen fascista ucronazi.

Sobre un artículo de

Nikita Danyuk,  Primer Director Adjunto del Instituto de Estudios Estratégicos y Pronósticos, Universidad RUD (Moscú)

martes, 9 de julio de 2024

SAHRA WAGENKNECHT, LÍDER DEL ALEMÁN BSW: "ES INCORRECTO LLAMAR NAZIS A QUIENES POR DESESPERACIÓN VOTAN A LA ULTRADERECHA"

Pacual Serrano

Público, 07/07/2024

Entre los resultados de todos los partidos de las elecciones europeas del pasado 9 de junio hubo uno que, por proceder de Alemania, pasó desapercibido en España. Se trata del partido alemán Alianza Sahra Wagenknecht por la Razón y la Justicia (BSW por sus siglas en alemán), fundado cinco meses antes de los comicios como una escisión de La Izquierda (Die Linke) a la que ha superado con más del doble de votos. BSW obtuvo un 6,20% de las papeletas y 6 diputados frente al 2,70% de Die Linke y sus 3 diputados.

BSW nació el pasado enero a partir de una asociación creada en septiembre por la diputada Sahra Wagenknecht, tras abandonar la dirección de Die Linke. Doctora en Ciencias Económicas, Wagenknecht fue miembro del Parlamento Europeo desde julio de 2004 hasta julio de 2009, y desde 2009 es miembro del Bundestag alemán.

Sahra Wagenknecht plasmó en su libro, recién traducido en España, Los engreídos. Mi contraprograma en favor del civismo y de la cohesión social (Lolabooks), el ideario de su partido, toda una enmienda a lo que ella considera la deriva por la que ha discurrido la actual izquierda europea y parte también de la latinoamericana.

Para Wagenknecht y su nuevo partido, la izquierda europea actual ha adoptado unas posiciones alejadas de los sectores populares y trabajadores, centrándose en reclamar luchas identitarias que fragmentan a la población en lugar de cohesionarla hacia reivindicaciones sociales universales. Sus críticas también se dirigen contra los discursos medioambientales mayoritarios que castigan a los sectores más humildes con tasas e impuestos ecológicos, mientras no afectan a las personas de mayor poder adquisitivo que pueden asumir todos esos gastos y que en ocasiones incluso disfrutan de ayudas públicas ecológicas.

Sahra Wagenknecht suscita reacciones encontradas. Unos la acusan de adoptar el discurso de la ultraderecha, negacionista y xenófobo. Lo que algunos descalifican con la denominación de "rojipardo". Otros, en cambio, ven en ella una nueva esperanza para la izquierda que recupera los valores tradicionales de justicia social, de ahí su relativo éxito en las elecciones europeas.

Se han celebrado elecciones al Parlamento Europeo y, tal y como muchos preveían, se ha disparado el apoyo a la ultraderecha y caído el voto a la izquierda, especialmente al Grupo Verde y The Left. Usted anunció esto, creó un nuevo partido y se salió de Die Linke. Su partido ha tenido más del doble de votos que Die Linke. Pero vayamos por partes. ¿Por qué ha perdido votos la izquierda?

Hoy en día, quien quiere expresar su descontento contra la política imperante no suele votar por la izquierda, sino por la derecha y en lugar de preguntarse por las razones de esto, a los votantes a menudo se les suele insultar y calificar de estúpidos o de nazis. Sin embargo, hasta ahora, los partidos de derecha aparentemente han sido más capaces de abordar los problemas de las personas que se sienten abandonadas y amenazadas por los cambios que están teniendo lugar en su mundo.

Está claro que el enfoque y la actitud de algunos sectores de la izquierda son percibidos por muchos ciudadanos como arrogantes y engreídos. Además, los partidos de izquierda, cuando participan en los gobiernos, a menudo no logran mejorar las condiciones de vida de la mayoría más pobre de la población. Creo que las fuerzas de izquierda pierden cuando se distancian de las necesidades e intereses de la mayoría trabajadora. El partido de izquierda en Alemania [Die Linke] hace política pensando en activistas con formación académica en las grandes ciudades y no se están dando cuenta de que están despreciando a sus antiguos votantes y simpatizantes.

Además, Die Linke no tiene una posición clara sobre la guerra en Ucrania. Nosotros, la BSW, rechazamos el suministro de armas a zonas de guerra y pedimos la vuelta a la diplomacia y a la distensión. Algunos en la izquierda, sin embargo, apoyan las entregas de armas e incluso han tratado de desautorizar el apoyo a las conversaciones de paz o la participación en manifestaciones por la paz calificándolos como de derecha. Por supuesto, todas estas actitudes favorecen a la derecha.

En su libro 'Los engreídos' analiza lo que llama el "liberalismo de izquierdas". ¿Lo puede explicar brevemente?

En la clase media académica de las grandes ciudades nos encontramos con un entorno liberal de izquierda que tiende a ver sus propios privilegios y hábitos de consumo como virtudes morales. La gente compra en tiendas naturistas, valora el lenguaje políticamente correcto, está comprometida con la protección del clima, los refugiados y la diversidad y mira con arrogancia a las personas que nunca han podido ir a la universidad, viven en entornos de ciudades pequeñas o rurales y tienen que luchar mucho más duro para mantener la poca riqueza que tienen.

En realidad, ese "liberalismo de izquierda" no es ni de izquierda ni liberal, ya que consolida la desigualdad social y promueve una intolerante "cultura de la cancelación".

Usted señala dos grandes problemas en la izquierda: estar al servicio de una élite universitaria urbana, tal y como ha afirmado ahora, y centrarse en las políticas y reivindicaciones identitarias. ¿Puede explicarlo?

En particular, los entornos privilegiados viven cada vez más en su propia burbuja y comprenden cada vez menos las necesidades de las personas menos favorecidas. Con sus políticas identitarias, no garantizan la igualdad de derechos y oportunidades de avance, sino que dividen a la sociedad a través de políticas clientelistas para minorías seleccionadas.

En lugar de debates objetivos sobre la solución de importantes problemas sociales, experimentamos prohibiciones del pensamiento y del lenguaje. La moralización reemplaza al razonamiento. Cualquiera que piense o hable diferente, tenga un estilo de vida diferente o, por ejemplo, aborde los problemas asociados con la inmigración descontrolada, rápidamente es tildado de nazi, racista o campesino. No es casual que aquellos que se ven obligados a trabajar por bajos salarios vean la inmigración de manera diferente que quienes ganan más y están contentos con contratar a una niñera o a un fontanero baratos.

Le acusan de muchas cosas, así que comenzaré con una cuestión previa, ¿usted y su nuevo partido son de izquierda?

La pregunta es qué se entiende por izquierda. Hoy en día, mucha gente asocia esto con debates distantes, políticas de identidad y paternalismo en lo que respecta a cuestiones alimentarias y lingüísticas. Para mí, la política de izquierda significa comprometerse principalmente con aquellos que no provienen de una familia rica y tienen que ganarse la vida trabajando duro. En términos de política exterior, para mí la izquierda significa abogar por la paz, la solución diplomática a los conflictos y el desarme global.

Entonces, ¿puede explicarme mejor cuáles son esos valores que, en su opinión, ha perdido el discurso de la izquierda, y usted está intentando recuperar en su proyecto?

Términos que tradicionalmente se asocian con la izquierda, como progreso, cambio, reforma o revolución, ya no se asocian con la esperanza de una sociedad mejor, sino que se perciben como una amenaza. Esto sucede porque la mayoría de las "reformas" de las últimas décadas no han traído ninguna mejora a la gente, sino más bien un deterioro social.

También vivimos en un mundo de agitación, guerras y catástrofes en el que muchas personas anhelan más seguridad y estabilidad. Esto incluye seguridad social, un empleo seguro, precios estables, pero también paz y protección contra la violencia y el crimen crecientes. La gente quiere vivir en un entorno seguro y estable, pero la migración descontrolada ha provocado que los barrios cambien rápidamente en muchos lugares.

El "cambio de época" [hace referencia al discurso de Scholz del 27 de febrero de 2022 tras la invasión rusa a Ucrania] del semáforo [la coalición del gobierno federal se conoce como Ampel (semáforo) en referencia a los colores asociados a los tres partidos coaligados: rojo SPD, amarillo FDP y verde] está agravando un rumbo que lleva a Alemania al declive y al borde del desastre.

Creo que hacemos bien en recoger el deseo de seguridad y estabilidad de muchas personas y combinarlo con las tradicionales reivindicaciones de izquierdas de paz y justicia social.

Su éxito electoral, creo que lo podemos llamar así, ¿muestra el camino para la izquierda europea y la forma de frenar a la ultraderecha?

En mi opinión, la forma en que muchos llevan a cabo la "lucha contra la ultraderecha" ha contribuido significativamente al fortalecimiento de esta ultraderecha. Creo que es incorrecto renunciar a valores sólo porque también están aceptados por la derecha o insultar abiertamente y calificar de nazis a las personas que por desesperación votan por un partido de ultraderecha.

Los partidos de derecha avanzan electoralmente cuando pueden presentarse con éxito como fuerzas que hacen política contra "el establishment" y "los de arriba", lo que normalmente no tiene nada que ver con la realidad. El AfD en Alemania hace política para quienes ganan más y para los refugiados fiscales, no para la mayoría trabajadora.

Leyendo lo que dice la prensa española sobre usted aparecen algunas acusaciones que, en cambio, no deduzco de la lectura de su libro. Me gustaría que respondiera a esas acusaciones. Una de ellas es la de xenofobia por su posición ante la emigración. ¿Puede explicar su posición ante la emigración y en qué medida es diferente o no a la de la ultraderecha?

Alemania ha acogido a muchos refugiados en un corto período de tiempo, primero de Siria y otras zonas de guerra en Medio Oriente, y ahora de Ucrania. También hay inmigrantes de países de Europa del Este, entre otros. Muchos municipios se ven irremediablemente desbordados ante la acogida y atención de tanta gente.

Opinamos que la inmigración debe controlarse y limitarse, porque de lo contrario la integración no podrá tener éxito. Rechazamos la exigencia de fronteras abiertas porque no es factible. Especialmente si se quiere preservar el derecho básico de asilo, hay que diferenciar entre las personas que realmente están siendo perseguidas en su país de origen y las muchas personas que sólo esperan una vida mejor. La inmigración no puede resolver los problemas sociales del mundo. En algunos casos, incluso empeoran cuando robamos especialistas capacitados procedentes de los países pobres. Esto no tiene nada que ver con la xenofobia, sino con la razón y el realismo.

También le acusan de antivacunas. Su libro se publicó originalmente en 2021, aunque es ahora cuando se publicó en español. ¿Cuál es su posición en estos momentos sobre la pandemia de covid y esa acusación?

No tengo nada en contra de las vacunas clásicas que realmente conducen a la inmunidad. Pero eso nunca fue el caso con las vacunas contra la covid: incluso aquellos que estaban vacunados podían infectar a otros, y muchos enfermaron de covid a pesar de estar vacunados. Además, se trataba de vacunas nuevas, cuyos riesgos no pudieron investigarse adecuadamente en tan poco tiempo.

Posteriormente siento que los acontecimientos han confirmado mi posición, pero en aquel momento la reacción fue muy hostil, se desató una verdadera histeria. Quien no se vacunaba contra la covid era difamado y excluido de la vida pública y, a veces, incluso de la vida profesional. No hay justificación para esto y es necesario abordar esta injusticia.

También es necesario aclarar los dudosos acuerdos comerciales sobre mascarillas y vacunas. No puede ser que las empresas farmacéuticas se beneficien de miles de millones de dólares sacados de los bolsillos de los contribuyentes. Tampoco debe volver a suceder que las familias se queden en la estacada. En Alemania, escuelas y guarderías estuvieron cerradas durante muchos meses, con graves consecuencias para niños y jóvenes.

También señala que el discurso medioambientalista de la izquierda está afectando negativamente a los sectores populares. ¿Puede explicarlo? ¿Debemos abandonar la lucha medioambiental?

No debemos abandonarla, pero tenemos que actuar sobre los responsables en lugar de simplemente actuar sobre los precios. La calefacción y el combustible deben seguir siendo asequibles, al igual que los alimentos. El discurso ecológico, tal como lo lideran algunos Verdes, es profundamente hipócrita. Hacen que la gente se sienta culpable por comer carne o conducir un coche con motor de combustión, pero al mismo tiempo construyen terminales de GNL (Gas Natural Licuado) en reservas naturales para importar a gran escala gas sucio de fracking de EE.UU.

Los Verdes, en particular, defienden una política de confrontación de bloques que conduce a una nueva carrera armamentista que devora billones de dólares: ¡eso es una auténtica locura! Si queremos evitar la catástrofe climática, debemos volver a una política de distensión y diplomacia, porque los problemas globales sólo pueden resolverse mediante la cooperación global.

¿Cree que en otros países europeos, por ejemplo en España, la izquierda debería abordar una evolución como la suya? ¿Cómo deberían hacer?

No puedo juzgar eso desde la distancia. Me alegra que otros aprendan de nuestras experiencias, pero probablemente no exista una fórmula mágica para el éxito político. Las situaciones problemáticas difieren de un país a otro y la estrategia respectiva debe adaptarse a las condiciones sociales y políticas del lugar.

EL MISIL QUE DAÑÓ UN HOSPITAL INFANTIL EN KIEV ERA UN NASSAMS DE LA OTAN

A veces los móviles pueden ser muy útiles. Sobre todo cuando filman lo que no deben. Resulta que el misil que impactó ayer cerca del hospital infantil de kiev no es ruso sino de fabricación occidental y es usado por la OTAN. A pesar de que los medios de comunicación del occidente colectivo han culpado a Rusia del ataque, la filmacionón realizada por un ciudadano anónimo en Kiev con su móvil confirma que el misil era un NASAMS, uno de esos que hemos pagado los contribuyentes de la UE al régimen nazi de Zelenski para que mate rusos y también ucranianos y así culpar a Rusia y justificar la guerra. Abajo vemos la comparación entre la imagen del misil cayendo sobre Kiev y una imagen de internet de esta arma.


Y aquí tenemos otra imagen del misil sacado de la entrada de Wikipedia en la que se analiza sus características:


Ahora veamos un KH-101, el cual, según la prensa otánica, fue el causante del impacto (la imagen es de un sitio web norteamericano de temas militares):


Como se ve el misil ruso es más grueso que el que atacó el hospital y no tiene esos alerones sobresalientes en la base y en la mitad del cuerpo del misil.

Por supuesto, Rusia ha negado que el misil sea suyo y ha presentado pruebas de ello en la ONU, pero la mayoría de medios de comunicación, al menos en España, han hecho oídos sordos. Habría que hacer una excepción, no obstante: TVE. En efecto, la TV pública española ha difundido la versión rusa mientras cadenas televisivas, supuestamente más de izquierda como la Sexta, se han dedicado a repetir el antiguo eslogan franquista de "Rusia es culpable" y han ocultado a su audiencia las explicaciones del Kremlin. Lo de la Sexta, vocera de la OTAN como es, no es sorprendente pero sí lo de RTVE. ¿Significa que en el bando otánico hay división de opiniones sobre si seguir con la guerra o negociar para parar la sangría? El tiempo lo dirá. De todas formas, queda por contestar la pregunta de si este incidente ha sido fortuito y fruto de un fallo de la defensa aérea ucraniana o ha sido deliberado para promover una mayor escalada bélica ahora que se está celebrando en EEUU la cumbre anual de la OTAN. Recordemos los ataques con artillería sobre los civiles de Sarajevo en los años 90 justo antes de la visita de delegaciones diplomáticas, ataques perpetrados por los bosnios musulmanes sobre su propio pueblo para forzar la intervención de la OTAN en el antigua Yugoslavia.

lunes, 1 de julio de 2024

LAS ISLAS MALVINAS SE OFRECEN A EXTRAER PETRÓLEO A 240 KMS DEL ARCHIPIÉLAGO

El Economista, 30/06/2024

[El petróleo se acaba. Y además es malísismo extraerlo. Firmado: la anglosfera]



Las islas Malvinas han abierto por primera vez la puerta a la exploración petrolera en sus aguas, medida que podría suponer un auge económico para sus habitantes, según revela este domingo el periódico británico 'Sunday Telegraph

El consejo que gobierna el territorio ha preguntado a los isleños si respaldan el plan para extraer hasta 500 millones de barriles de petróleo del campo Sea Lion, a 240 kilómetros al norte de las islas.

Según el rotativo, Navitas Petroleum, una empresa israelí, compró la mayoría de los derechos del campo, lo que significa que la mayor parte de las ganancias irían a sus accionistas en Israel y EEUU.

Sin embargo, los isleños podrían beneficiarse de millones de libras en regalías, transformando así la economía de las islas, que actualmente depende de la cría de ovejas y de la pesca.

El rotativo estima que la explotación del campo podría ser difícil políticamente para el Reino Unido debido a la emisión de carbono.

El Partido Laborista, que se perfila como ganador de las elecciones británicas de este 4 de julio, ha resaltado como objetivo acelerar la transición energética y ha prometido prohibir toda nueva exploración de petróleo y gas en aguas británicas.

Esta prohibición, no obstante, no afectaría a las Malvinas, ya que es la administración local la que tiene voz y voto sobre los derechos de perforación en las aguas circundantes.

El petróleo de Sea Lion sería procesado por un buque flotante de producción, almacenamiento y descarga, con camiones cisterna que Llevarían el petróleo para venderlo en los mercados energéticos mundiales, informa el periódico.

La soberanía de las Malvinas, que están a unos 600 kilómetros de la costa patagónica argentina, es reclamada por Argentina desde 1833 y la junta militar que gobernaba el país suramericano en 1982 inició una guerra con el Reino Unido por su posesión, pero terminó con la victoria de las fuerzas británicas.