miércoles, 6 de julio de 2022

¿POR QUÉ LOS MEDIOS OCCIDENTALES TRATAN DE ENFERMAR DE CÁNCER A VLADÍMIR PUTIN?

Samuel Cortés Hamdan

Sputnik, 06/07/2022


El panorama convulso que atraviesa el mundo en el marco de la operación militar especial que Rusia sostiene en Ucrania y las sanciones con que Estados Unidos y Europa han respondido a ella extiende sus dinámicas también al ámbito de las noticias.

En ese contexto, han sido varios los medios occidentales que aseguran que el presidente ruso, Vladímir Putin, padece una enfermedad terminal que acabará con su vida, además de especular en sus publicaciones sobre ingresos al hospital y otras vulnerabilidades derivadas de la presunta situación médica.

En mayo pasado, The New York Post aseguró con base en una supuesta grabación secreta que Putin padece cáncer de sangre, para observar un mes después en otra noticia que se agitaba de manera anormal, por lo que estaría inequívocamente enfermo de cáncer, demencia o Parkinson, según el portal estadounidense.

A inicios de junio, Newsweek aseveró que, según un reporte de inteligencia de Estados Unidos, el mandatario ruso fue atendido como paciente cancerígeno avanzado en abril.

Ese mismo junio, el diario británico The Sun sostuvo que Putin cayó enfermo tras una reunión con líderes militares, lo que lo obligó a acudir al médico en condiciones de urgencia.

Ante estas versiones, que son una muestra de la cobertura mediática que divulga información sin verificación, Sputnik conversó con un especialista en marketing digital, Abraham Moraflores, y con el politólogo Antonio Attolini, quien lleva algunos años fomentando la discusión en redes sociales para entender a qué obedecen estas dinámicas de la nube informativa.

Condenar a la muerte a Putin, Chávez, Castro

Las publicaciones de la prensa en torno a la salud del presidente Putin no es una herramienta nueva, sino que también persiguió los procesos de enfermedad de los líderes de Cuba y Venezuela, Fidel Castro y Hugo Chávez, respectivamente.

Cuestionado sobre por qué estas figuras convocan más tormentas de desinformación que otras, el politólogo Antonio Attolini opina que se trata de un juego que introduce en el ámbito político una realidad humana insoslayable como la enfermedad y la muerte.

"Esa es la renuncia a la política, no se le ha podido confrontar a quienes tienen una visión distinta de ordenar el mundo a partir de prioridades que no responden al esquema de la política liberal, occidental, capitalista tradicional, entonces ante la renuncia de poder hacer una batalla política, asumen entonces que el único campo es el biologicista, el médico y el individual particular", considera.

"Decir que Fidel Castro está enfermo y que se va a morir es una condena de la que nadie puede escapar porque ni Fidel ni nosotros ni nadie escogió eso, pero entonces esa irrenunciabilidad que tenemos de que todos nos vamos a morir es la forma en que se está tratando de apagar el fuego, la autoridad, la llama incandescente de su gran liderazgo a partir de lo que no es político, la enfermedad", abunda.

Las noticias y la opinión pública

El titular de la empresa especializada en marketing digital BWS Media Group, Abraham Moraflores, explica que parte de su negocio consiste en generar atmósferas digitales de la información.

Una noticia, dice en entrevista con Sputnik, impacta directamente en el juicio de las personas y, a la vez, permite a los medios generar dinero mediante sus apariciones multiplicadas en redes sociales y otros terrenos digitales, lo que también aumenta el impacto de la nota en la audiencia.

"Cuando una noticia sale, sobre todo en redes sociales o en algún website, muchas veces carece de comprobación, carece de fundamentación, regularmente la sociedad, las audiencias, las personas, estamos acostumbrados a ver una noticia y a no indagar en la veracidad de la noticia", reconoce el emprendedor.

"Nuestra percepción de esa noticia cambia rotundamente sin investigar previamente si la noticia es real, es verídica o no lo es", señala el especialista.

Posicionar una noticia falsa, las llamadas fake news, describe Moraflores, no es nada complicado, pues basta con generar un titular y una noticia y echarlas a andar, lo que incluso le puede generar seguimiento orgánico, no condicionado, o bien magnificarse mediante el empleo de bots.

Si bien se trata de malas prácticas carentes de ética, señala, funcionan para monetizar una propiedad digital mientras al mismo tiempo se polariza la opinión pública.

Los 'bots' y la transformación del discurso colectivo

Un bot, recuerda el empresario, es un perfil falso que se dedica a dar resonancia a ciertas noticias con la intención de fortalecer una narrativa que impacte en la opinión pública.

"Por eso es que ves muchas veces una noticia o un tema en específico, no tiene que ser una noticia, en donde hay perfiles falsos compartiendo opiniones dentro de los comentarios en redes sociales, y cuando hay un comentario que ataca directamente ese tema, se vuelcan todos los bots en contra de esa persona, de ese perfil que sí es veraz y lo atacan", apunta.

La consecuencia de esas manipulaciones, añade, es lograr que la audiencia cambie su punto de vista, sus opiniones respecto al tema.

Existen también herramientas tecnológicas que identifican tendencias temáticas, de uso, de conversación positivas o negativas, y esta información es aprovechada por agencias digitales para manipular sus flujos, pues si benefician al objetivo pueden fortalecerse, mientras que si son negativos se busca anularlos o bien participar en ellos hasta volverlos neutrales, reconoce Moraflores.

"Nadie quiere consumir información verificada"

Para Antonio Attolini, nadie quiere consumir información verificada, ya que las audiencias buscan cajas de resonancias para sus nociones prefiguradas.

El periodismo trata de encontrar soluciones a la credulidad de las personas, pero contribuyen a la desconfianza en torno suyo al tratar de defender un valor que ya no es importante, como el de la verdad, estima el politólogo. La verdad, dice, ha sido superada por la veracidad, una dinámica de narrativas en torno a la verosimilitud de una descripción noticiosa.

"Todo medio busca imponer una versión veraz de los hechos, lo que se debe de hacer es una batalla frontal entre los medios, la prensa se regula a sí misma, pero no tiene que ser atomizándose a decir: ‘ellos están mal, yo estoy bien’, sino una guerra campal por revelar que la veracidad de una narrativa en realidad responde a intereses distintos a la veracidad de otra narrativa que responde a otros intereses", expone Attolini.

En Occidente, dice, la construcción de argumentos busca imponer una veracidad que sostiene enfoques de mundos particulares, susceptibles a su vez de ser confrontados por otras perspectivas periodísticas.

Asumir que hay versiones encontradas de un mismo hecho es más honesto, estima Attolini, que tratar de convencer a las audiencias a adoptar un mismo enfoque.

Los agujeros legales y éticos de Facebook

Como espacio alternativo de acceso masivo a la información, la plataforma permite la entrada a muchos tipos de personas, sin las barreras profesionales de un medio periodístico tradicional, donde la noticia va mediada por reporteros, editores, jefe de información y otras figuras, observa Antonio Attolini.

"Facebook te permite tener, francamente, la misma autoridad noticiosa que cualquier otro medio en tanto tú sepas frasear bien un titular y posicionar una página que te dé una versión en miniatura en Facebook que haga parecer que es un link serio", señala.

Estas dinámicas, recuerda, se suman a los contubernios entre empresas con intereses definidos y campañas de publicidad que empujan contenidos en las redes para influir en las opiniones colectivas.

"¿Por qué se hace? Porque es barato, porque es fácil y porque aún existiendo varias reglamentaciones para evitar que esto sea aún más fácil y aún más barato que antes, porque lo era infinitamente más fácil y barato antes, esa posibilidad permite que generes lo que dirían los gringos una shitstorm", literalmente, una tormenta de mierda, apunta el especialista del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).

"Avientas una noticia que su virulencia y su morbosidad hace que en una plataforma con casi 3.000 millones de usuarios explote a nivel nacional", suma.

lunes, 4 de julio de 2022

EL DOCTOR VOLODIMIR Y MÍSTER ZELENSKY, ‎LA CARA OCULTA DEL PRESIDENTE UCRANIANO

Guy Mettan

Red Voltaire, 24/06/2022

El diputado suizo y ex jefe de redacción del diario La Tribune de Genève, Guy ‎Mettan, retrata al saltimbanqui que hoy hace el papel de presidente en Ucrania. Y ‎nos cuenta cómo este payaso se convirtió en aliado de los banderistas y está ‎instaurando una dictadura a la medida de esos admiradores de los nazis.‎

Zelensky condecorando a un neonazi

Héroe de la libertad», «Hero of Our Time», «Der Unbeugsame», «The ‎Unlikely Ukrainian Hero Who Defied Putin and United the World», «Zelensky, l’Ukraine dans le ‎sang» [en español, “Zelenski, Ucrania en la sangre”]. Fascinados por la «sorprendente ‎resiliencia» del comediante milagrosamente convertido en «líder de guerra» y en «salvador de ‎la democracia», los medios y los dirigentes de Occidente ya no saben a qué superlativo recurrir ‎para cantar loas al presidente ucraniano. ‎

Desde hace 3 meses, el jefe del Estado ucraniano aparece diariamente en las primeras planas de ‎periódicos y revistas, al principio de los noticieros de televisión, inaugura por videoconferencia el ‎Festival de Cannes, arenga a los parlamentos, felicita o amonesta a jefes de Estado y/o de ‎gobierno diez veces más poderosos que él con un éxito y un sentido táctico que ningún actor de ‎cine o dirigente político había mostrado nunca antes que él. ‎

‎¿Cómo no quedar subyugado por el encanto de este Mr. Bean ucraniano que, después de haber ‎conquistado al público con muecas y extravagancias –como pasearse desnudo por una tienda o ‎imitar a un pianista haciendo música con su sexo– ha sabido cambiar en una noche sus payasadas ‎y sus juegos de palabras escabrosos por una camiseta verde, barba de una semana y palabras ‎graves para alentar a sus tropas ante la embestida del infame oso ruso?‎

Desde el 24 de febrero, Volodimir Zelenski ha demostrado ser, incuestionablemente, un artista de ‎la política internacional, dotado de un talento excepcional. Quienes habían seguido su carrera de ‎cómico no se sorprendieron porque ya conocían su innato sentido de la improvisación, sus dotes ‎miméticas y su audacia a la hora de representar un papel. La manera como hizo su campaña ‎electoral, derrotando en pocas semanas –entre el 31 de diciembre de 2018 y el 21 de abril ‎de 2019– a adversarios tan difíciles como el ex presidente Porochenko, movilizando su equipo de ‎producción y sus generosos donantes oligarcas, ya era prueba de la magnitud de su talento. Pero ‎todavía le quedaba un as en la manga y está utilizándolo. ‎

TALENTO PARA EL DOBLE JUEGO

Sin embargo, como a menudo sucede, la fachada raramente se parece a lo que hay detrás ‎de ella. La luz de los reflectores suele esconder más de lo que muestra. Y, cuando se comprueba ‎que la realidad es menos positiva, se ve que tanto sus realizaciones como jefe de Estado como ‎su actuación en el papel de defensor de la democracia dejan mucho que desear.‎

Ese talento para el doble juego, Zelenski viene a demostrarlo desde el momento mismo de su ‎elección. Basta recordar que resultó electo con un impactante 73,2% de los votos, habiendo ‎prometido que acabaría con la corrupción, que conduciría a Ucrania por el camino del progreso y ‎de la civilización y, sobre todo, que restauraría la paz con los rusoparlantes del Donbass. ‎

Pero, en cuanto fue electo, Zelenski traicionó todas sus promesas tan descaradamente que su ‎índice de popularidad era un magro 23% en enero de 2022, quedando incluso lejos de sus dos ‎principales adversarios. ‎

Ya en mayo de 2019, para contentar a los oligarcas que lo financiaron, el recién electo Zelenski ‎emprendió un gran programa de privatización de la tierra que abarcó 40 millones de hectáreas de ‎excelentes tierras agrícolas, afirmando que la moratoria sobre la venta de tierras haría perder ‎miles de millones al PIB de Ucrania. ‎

En la estela de los programas de «descomunización» y «desrusificación» iniciados después del ‎golpe de Estado proestadounidense de febrero de 2014, Zelenski emprendió una vasta operación ‎de privatización de los bienes del Estado, de austeridad presupuestaria, de abrogación de leyes ‎sobre el trabajo y de desmantelamiento de los sindicatos, lo cual molestó a la mayoría de ‎los ucranianos, que no habían comprendido lo que el candidato Zelenski consideraba ‎‎«progreso», «occidentalización» y «normalización» de la economía ucraniana. En un país que ‎en 2020 registraba un ingreso por habitante de 3 726 dólares frente a los 10 126 dólares del ‎adversario ruso –y teniendo en cuenta que en 1991 el ingreso medio en Ucrania era superior al de Rusia– la ‎comparación no es precisamente favorable. Es por ende comprensible que los ucranianos ‎no aplaudieran esa enésima reforma neoliberal. ‎

En cuanta a la «marcha hacia la civilización», esta tomó la forma de otro decreto que –el 19 de ‎mayo de 2021– garantiza el predominio de la lengua ucraniana y prohíbe el idioma ruso en todas ‎las esferas de la vida pública, administraciones, escuelas y comercios, para gran satisfacción de los ‎nacionalistas y estupefacción de los rusoparlantes del sudeste del país. ‎

UN PATROCINADOR EN FUGA

‎En el frente de la corrupción, el balance no es mejor. En 2015, el diario británico The Guardian ‎estimaba que Ucrania era el país más corrupto de toda Europa. En 2021, Transparency ‎International, una ONG occidental con sede en Berlín, clasificaba a Ucrania en el lugar 122 del ‎ranking mundial de la corrupción –la odiada Rusia estaba en el lugar 136. Nada brillante para un ‎país que dice ser un ejemplo de virtud frente a los bárbaros rusos. En Ucrania, la corrupción está ‎en todas partes, en los ministerios, las administraciones, las empresas públicas, el parlamento, la ‎policía y hasta en la Alta Corte de Justicia Anticorrupción, ¡según el Kyiv Post! Los diarios ‎observan que en Ucrania no es raro ver a los jueces en Porsche. ‎

El principal patrocinador de Zelenski, el oligarca Ihor Kolomoiski, residente en Ginebra donde ‎posee lujosas oficinas con vista al lago, está lejos de ser el menos importante de los personajes ‎que se benefician con la corrupción reinante en Ucrania. El 5 de marzo de 2021, [el secretario ‎de Estado estadounidense] Antony Blinken –quien seguramente no podía hacer otra cosa– ‎anunció que el Departamento de Estado de Estados Unidos había bloqueado los fondos de ‎Kolomoiski y le prohibía pisar suelo estadounidense debido a «una implicación en un significativo ‎acto de corrupción». Lo cierto es que se acusaba a Kolomoiski de haber malversado ‎‎5 500 millones de dólares del banco público Privatbank. Pero casualmente el buen Ihor es el ‎principal accionista de la empresa petrolera Burisma… que daba empleo a Hunter Biden, hijo del ‎hoy presidente de Estados Unidos Joe Biden. Hunter Biden cobraba en Burisma la “módica” suma ‎de 50 000 dólares mensuales y hoy está sometido a investigación por el fiscal del Estado ‎estadounidense de Delaware. Sabia precaución: la medida del Departamento de Estado impide ‎que Kolomoiski, hoy convertido en persona no grata en Israel y al parecer refugiado en Georgia, ‎pueda entrar en Estados Unidos para comparecer como testigo ante la justicia. ‎

Este mismo Kolomoiski, individuo decididamente inevitable en esta Ucrania que marcha hacia ‎‎«el progreso», es quien financió toda la carrera de Zelenski como actor y además está implicado ‎en el escándalo de los Pandora Papers, revelado en la prensa en 2021. En los Pandora Papers ‎nos enteramos de que desde 2012 la televisora ucraniana 1+1, propiedad del sulfuroso oligarca ‎Kolomoiski, entregó a su vedette Zelenski no menos de 40 millones de dólares y de que –poco ‎antes de ser electo presidente y con ayuda de sus más cercanos colaboradores, los dos hermanos ‎Shefir, uno de los cuales es el autor de los guiones de Zelenski mientras que el otro es el jefe de la ‎inteligencia ucraniana (SBU), y del productor y propietario de Kvartal 95, la empresa de ‎producción de esos personajes– Zelenski transfirió prudentemente sumas considerables a varias ‎cuentas offshore abiertas a nombre de su esposa mientras adquiría 3 apartamentos ‎no declarados en Londres que le costaron 7,5 millones de dólares. ‎

Este gusto del «servidor del pueblo» -así se llaman la serie de televisión que lo dio a conocer y ‎su partido político– por el confort no proletario se ve confirmado por una foto que apareció ‎brevemente en las redes sociales, antes de ser rápidamente eliminada por los fact-checkers ‎anticomplotistas. Aquella foto mostraba a Zelenski disfrutando en un palace tropical a varias ‎decenas de miles de dólares la noche, cuando supuestamente estaba pasando sus vacaciones de ‎invierno en una modesta estación de ski de los Cárpatos. ‎

Ese arte de la optimización fiscal y los asiduos encuentros con oligarcas no precisamente ‎recomendables no parecen ser muestra de un compromiso incondicional del presidente Zelenski ‎en contra de la corrupción. Como tampoco lo es el hecho de haber tratado de liquidar al ‎presidente del Tribunal Constitucional Oleksandr Tupytskyi, quien evidentemente se había ‎convertido en un estorbo para él, y haber nombrado primer ministro, luego del escándalo que ‎forzó la salida de su predecesor Oleksyi Hontcharuk, de un tal Denys Chmynal, un desconocido cuyo mérito era dirigir una de las fábricas del hombre más rico ‎del país, Rinat Ajmetov, dueño del famoso complejo siderúrgico Azovstal –último refugio de los ‎heroicos combatientes de la libertad del regimiento Azov.

‎No está de más recordar que los elementos del regimiento Azov suelen llevar en el pecho, la ‎espalda, el cuello y los brazos tatuajes como el Wolfsangel, emblema de la división SS ‎‎Das Reich, frases de Hitler y cruces gamadas, como pudo comprobarse en los innumerables ‎videos de esos elementos grabados cuando se rindieron en Azovstal. ‎

REHÉN DEL REGIMIENTO AZOV

‎El acercamiento del amable Volodimir a los representantes más virulentos de la extrema derecha ‎nacionalista ucraniana no es la menor de la peculiaridades del Dr. Zelenski. La prensa occidental ‎negó con vehemencia esa complicidad afirmando que las sospechas en ese sentido eran ‎simplemente escandalosas debido a los orígenes judíos del presidente ucraniano, súbitamente ‎sacados a relucir. ¿Cómo podría un presidente judío simpatizar con neonazis, presentados ‎por demás como una ínfima minoría de marginados en Ucrania? Esa prensa no puede aceptar ‎algo que demuestre que la operación militar de Putin es realmente una «desnazificación». ‎

Pero los hechos, como siempre, son testarudos y están lejos de ser banales. ‎

Es cierto que, a título personal, Zelenski nunca ha sido cercano a la ideología neonazi ni a la ‎extremas derecha nacionalista ucraniana. Sus orígenes judíos –aunque remotos y ‎nunca mencionados antes de febrero de 2022– excluyen, claro está, que él mismo sea un ‎antisemita. Pero su acercamiento a esos elementos no es una cuestión de afinidad sino algo ‎vinculado a la más simple «razón de Estado» y el resultado de una sutil mezcla de pragmatismo y ‎de instinto básico de supervivencia política e incluso física. ‎

Hay que remontarse hasta octubre de 2019 para comprender la naturaleza de las relaciones entre ‎Zelenski y la extrema derecha. Y hay que entender que esas formaciones de extrema derecha –‎aunque sólo son un 2% del electorado– representan cerca de un millón de individuos muy ‎motivados y bien organizados repartidos en numerosas agrupaciones y movimientos, como el ‎regimiento Azov, cofundado y financiado desde 2014 por el inevitable… Kolomoiski. Pero el ‎regimiento Azov es sólo la más conocida de esas entidades, también están las agrupaciones Aidar, ‎Dnipro, Safari, Svoboda, Pravy Sektor, C14 y Cuerpo Nacional. ‎

El grupo C14 –cuyo nombre es una referencia a la cantidad de palabras de la frase del neonazi ‎estadounidense David Lane («We must secure the existence of our people and a future for white ‎children») [en español, “Tenemos que securizar la existencia de nuestro pueblo y un futuro para ‎los niños blancos”]– es de los menos conocidos en el extranjero pero está entre los más temidos ‎en Ucrania debido a su violencia racista. Todos esos grupos están en mayor o menor escala ‎incorporados al ejército y a la Guardia Nacional ucraniana, por iniciativa de su promotor, el ‎ex ministro del Interior Arsen Avakov, que controló totalmente el aparato de seguridad ucraniano ‎entre 2014 y 2021. Esos son los que Zelenski denomina como «veteranos» desde el otoño ‎de 2019.‎

Sólo meses después de su elección, el flamante presidente Zelenski viaja al Donbass para tratar de ‎concretar su promesa electoral de poner en aplicación los acuerdos de Minsk, firmados por su ‎predecesor. Las fuerzas de extrema derecha, que bombardean las ciudades de Donetsk y Lugansk ‎desde 2014 –causando al menos 10 000 muertes–, lo reciben con la mayor frialdad porque ‎desconfían de ese presidente “pacifista”. Esos elementos hacen campaña contra la paz bajo el ‎eslogan «No a la capitulación». En un video de aquella visita se ve a un Zelenski totalmente ‎pálido implorarles: «Soy el presidente de este país. Tengo 41 años. No soy un perdedor. Vengo ‎ante ustedes a decirles que retiren las armas.». Ese video aparece en las redes sociales y Zelenski ‎se convierte inmediatamente en blanco de una campaña de odio. Así terminan las iniciativas de ‎paz de Zelenski y sus intentos de poner en aplicación los acuerdos de Minsk. ‎

Poco después de aquel incidente, se logra una pequeña retirada de las fuerzas extremistas. Pero ‎más tarde estas reinician los bombardeos. ‎

CRUZADA NACIONALISTA

‎El problema no es sólo que Zelenski haya cedido al chantaje de esos elementos sino que además ‎se unió a ellos en la cruzada nacionalista que habían iniciado. Después de la misión fracasada que ‎acabo de describir, en noviembre de 2019 Zelenski recibió a varios cabecillas de la extrema ‎derecha, como Yehven Taras –el jefe del C14–, mientras que su primer ministro se exhibía junto ‎a Andryi Medvedko, un neonazi sospechoso de asesinato. También apoya al futbolista Zolzulya ‎en contra de los aficionados españoles que acusan a este de ser un nazi por su proclamado ‎respaldo a Stepan Bandera, el líder nacionalista que colaboró con la Alemania nazi durante la ‎Segunda Guerra Mundial (y con la CIA después de la guerra) y que participó en el genocidio ‎contra los judíos. ‎

La colaboración con los radicales nacionalistas está bien consolidada. En noviembre del año ‎pasado (2021), Zelenski nombró al ultranacionalista de Pravy Sektor (Sector Derecho) Dimitro ‎Yarosh como consejero especial del jefe del ejército ucraniano y, desde febrero de 2022, como jefe del ‎Ejército de Voluntarios que hace reinar el terror en la retaguardia. Simultáneamente, Zelenski ‎nombra a Oleksander Poklad, más conocido como «El estrangulador» debido a su afición por la ‎tortura, en el cargo de jefe del contraespionaje del SBU. En diciembre, 2 meses antes de la ‎guerra, otro jefe de Pravy Sektor, el comandante Dimitro Kotsuybaylo, es recompensado con el ‎título de «Héroe de Ucrania». Y una semana después, Zelenski sustituye al gobernador de la ‎región de Odesa poniendo en su lugar a Maksym Marchenko, comandante del regimiento ‎ultranacionalista Aidar, junto al cual desfiló el “filósofo” francés Bernard-Henri Levy.‎

‎¿Voluntad de apaciguar a la extrema derecha otorgándole cargos? ¿Coincidencia en una especie ‎de patriotismo ultra? ¿Simple convergencia de intereses entre una derecha neoliberal atlantista y ‎prooccidental y una extrema derecha nacionalista que sueña con arrasar Rusia y «liderear las ‎razas blancas del mundo en una cruzada final contra los Untermenschen guiados por los ‎semitas», como dijo el ex diputado Andryi Biletsky, jefe del Cuerpo Nacional? No se sabe… y ‎ningún periodista se ha atrevido a preguntárselo a Zelenski. ‎

De lo que sí no hay duda es del rumbo cada vez más autoritario, incluso criminal, del régimen ‎ucraniano. Tanto que sus adoradores tendrían que pensarlo dos veces antes de proponer a su ‎ídolo para el premio Nobel de la Paz ya que, mientras que los medios se empeñan en mirar para ‎otro lado, los responsables locales y nacionales que quieren evitar una escalada del conflicto son ‎acusados de ser agentes de Rusia o de complicidad con el enemigo y están sufriendo una ‎verdadera campaña de intimidación, secuestros y ejecuciones.‎

‎«¡Un traidor menos en Ucrania! ¡Apareció muerto y fue juzgado por el tribunal del pueblo!» De ‎esta manera, el consejero del ministro del Interior, Anton Gerashenko, anunció en su cuenta de ‎Telegram la muerte de Volodimir Strok, alcalde y ex diputado de la pequeña ciudad de Kremnina. ‎Acusado de haber colaborado con los rusos, Strok fue secuestrado, torturado y finalmente ‎asesinado. El 7 de marzo, fue asesinado el alcalde de Gostomel por haber querido negociar un ‎corredor humanitario con los militares rusos. El 24 de marzo, el alcalde de Kupyansk pidió a ‎Zelenski que liberara a su hija, secuestrada por los esbirros del SBU. Al mismo tiempo, uno de los ‎negociadores ucranianos apareció muerto después de haber sido acusado de traición por los ‎medios nacionalistas. Hasta el día de hoy, no menos de 11 alcaldes están reportados como ‎desaparecidos, incluso en regiones donde no han llegado los rusos. ‎

PARTIDOS DE OPOSICIÓN PROHIBIDOS

‎Pero la represión no se detiene ahí. También está golpeando a los medios críticos –todos han sido ‎cerrados– y los partidos de oposición –todos han sido disueltos. ‎

En febrero de 2021, Zelenski cerró 3 televisoras de oposición (NewsOne, Zik y Ucrania 112) ‎etiquetadas como prorrusas y supuestamente pertenecientes al oligarca Viktor Medvedchuk. Pero ‎el Departamento de Estado saludó esa violación de la libertad de prensa declarando que ‎Estados Unidos apoya los esfuerzos ucranianos por contrarrestar la influencia maligna de Rusia… ‎

En enero de 2022, un mes antes de la guerra, le llegó el turno al canal Nash, que fue cerrado. ‎

Y desde el inicio de la guerra, el régimen de Kiev ha emprendido una cacería de periodistas, ‎blogueros y comentaristas de izquierda. A principios de abril, 2 televisoras de derecha –‎Channel 5 y Pryamiy– también fueron afectadas. Un decreto presidencial obliga ahora todos los ‎medios audiovisuales a transmitir una sola opinión, por supuesto progubernamental… ‎Recientemente, la cacería de brujas alcanzó al bloguero crítico más popular de Ucrania, Anatoliy ‎Shariy, considerado el Navalni ucraniano, quien fue arrestado por las autoridades españolas el 4 ‎de marzo a pedido de la policía política ucraniana. Son ataques contra la prensa cuando menos ‎equivalentes a los del autócrata Putin, pero de los que nunca hemos oído hablar en los medios ‎occidentales. ‎

La purga ha sido todavía más severa para los partidos políticos y ha diezmado a los principales ‎opositores de Zelenski. En la primavera de 2021, fue saqueado el domicilio de Medvedchuk, el ‎más importante de esos opositores y señalado como cercano a Putin, y el propio Medvedchuk ‎fue puesto bajo prisión domiciliaria. El 12 de abril, ese diputado oligarca fue internado a la fuerza ‎en un lugar que se mantiene en secreto, se podía ver que le habían administrado drogas y fue ‎privado de visitas, antes de ser exhibido en televisión y ser objeto de una proposición ucraniana de ‎intercambio por los elementos atrapados en Azovstal, lo cual es una violación flagrante de las ‎convenciones de Ginebra. Amenazados, los abogados de Medvedchuk tuvieron que renunciar a ‎defenderlo y ahora su defensa está en manos de un letrado cercano a los servicios de Kiev. ‎

En diciembre pasado, el ex presidente Petro Porochenko –quien estaba subiendo en los sondeos ‎de opinión– también ‎fue acusado de traición. El 20 de diciembre, a las 15 horas y 7 minutos, podía leerse ‎en el sitio web oficial del SBU que Porochenko era sospechoso de haber cometido crímenes de ‎traición y apoyo a actividades terroristas. A pesar de ser un reconocido antirruso, el ‎ex presidente Porochenko se veía acusado de «haber hecho a Ucrania energéticamente ‎dependiente de Rusia y de los líderes de las seudo repúblicas bajo control ruso». ‎

El 3 de marzo pasado les tocó a los activistas de la Izquierda Lizvizia ser objeto de una intervención ‎del SBU y decenas de ellos quedaron detenidos. ‎

Actualmente, 11 partidos ucranianos de izquierda ya han sido prohibidos por decreto: el Partido ‎por la Vida, Oposición de Izquierda, el Partido Socialista Progresista de Ucrania, el Partido ‎Socialista de Ucrania, la Unión de Fuerzas de Izquierda, el partido Socialistas, el Partido Sharyi, la ‎formación Los Nuestros, el Bloque de Oposición y el Bloque Volodimir Saldo. ‎

Otros activistas, blogueros y defensores de los derechos humanos están siendo arrestados y ‎torturados en Ucrania. Entre ellos están el periodista Yan Taksyur, la activista Elena Brezhnaya, el ‎luchador de MMA Maxim Ryndovskiy y la abogada Elena Viacheslavova, cuyo padre murió ‎incinerado en el pogromo del 2 de mayo de 2014, perpetrado en la Casa de los Sindicatos de ‎Odesa. ‎

Para completar la lista hay que mencionar todavía a los hombres y mujeres que los nacionalistas ‎han desnudado y flagelado públicamente en las calle de Kiev, a los prisioneros rusos golpeados, a los que los nacionalistas les daban un balazo en una pierna antes de ejecutarlos, el soldado ‎al que le perforaron un ojo antes de matarlo. Habría que mencionar también a los miembros de ‎la Legión Georgiana que ejecutaron a prisioneros rusos en una localidad cerca de Kiev mientras ‎que su jefe se jactaba de que nunca hacía prisioneros. ‎

En el canal de televisión Ucrania 24, fue nada más y nada menos que el jefe médico del ejército ‎ucraniano quien dijo haber dado la orden «de castrar a todos los rusos porque son subhumanos ‎peores que las cucarachas». ‎

Para terminar, Ucrania está recurriendo masivamente a la tecnología de reconocimiento facial de ‎la firma Clearview para identificar a los muertos rusos y divulgar sus fotos en las redes sociales ‎rusas ridiculizándolos. ‎

‎UN ACTOR DIGNO DEL ÓSCAR

‎Pudiéramos seguir citando ejemplos, así de numerosos son los testimonios y los videos sobre las ‎atrocidades perpetradas por las tropas del defensor de la democracia y de los derechos humanos ‎que dirige los destinos de Ucrania. Pero sería fastidioso y contraproducente ante una opinión ‎pública convencida de que esos comportamientos bárbaros son sólo cosa de los rusos. ‎

Por eso es que ninguna ONG da muestras de alarma, el Consejo de Europa guarda silencio, la ‎Corte Penal Internacional (CPI) no investiga y las organizaciones de defensa de la libertad ‎de prensa se mantienen mudas. Parece que no oyeron bien lo que les dijo el amable Volodimir ‎durante una visita a Bucha, a principios de abril: ‎

‎«Si encontramos una sólida civilizada… ustedes conocen a nuestra gente, encontrarán ‎una salida no civilizada.»‎

El problema de Ucrania es que su presidente, le guste o no, ha cedido su poder a los extremistas ‎en el plano interno y a los militares de la OTAN en el plano externo para abandonarse él al placer ‎de verse adulado por las multitudes del mundo entero. ¿No fue él mismo quien declaró a un ‎periodista francés, el 5 de marzo, sólo 10 días después de la invasión rusa?: ‎

‎«Hoy mi vida es bella. Creo que soy deseado. Yo siento que es ese el sentido más ‎importante de mi vida: ser deseado. Sentir que uno no está trivialmente respirando, ‎caminando y comiendo algo. ¡Uno está vivo!»‎

Ya se ha dicho. Zelenski es un gran actor. Como su predecesor en la interpretación del Dr. Jeckyll ‎y Mr. Hyde, en 1932 [1], Zelenski se merece el Oscar al Mejor Papel Masculino de la década. ‎

Pero cuando tenga que enfrentar la tarea de reconstruir su país, devastado por una guerra que ‎él pudo haber evitado en 2019, el regreso a la realidad será seguramente difícil. ‎

‎‎‎Fuentes‎

-«The Comedian-Turned-President is Seriously in Over His Head», Olga ‎Rudenko, The New York Times, 21 de febrero de 2022 (Opinion Guest from Kyyiv Post).‎

-«How Zelensky made Peace With Neo-Nazis» [en español, “El presidente hace la paz con los ‎neonazis”] y «Zelensky’s Hardline Internal Purge», Alex Rubinstein y ‎Max Blumenthal, Consortium News, 4 de marzo y abril de 2022.

-«Olga Baysha Interview about Ukraine’s President», Natylie ‎Baldwin, The Grayzone, 28 de abril de 2022.‎

-«President of Ukraine Zelensky has visited disengaging area in Zolote today», @Liveupmap, 26 de ‎octubre de 2019 (Visto en Twitter).

-«Qu’est-ce que le régiment Azov?», Adrien ‎Nonjon, The Conversation, 24 de mayo de 2022.‎

-«Public Designation of Oligarch and Former Ukrainian Public Official Ihor Kolomoyskyy Due to ‎Involvement in Significant Corruption», Press statement, Anthony J. Blinken, US Department of State, 5 de marzo ‎de 2021.‎

-«Petro Poroshenko notified of suspicion of treason and aiding terrorism», Security Service of Ukraine (SBU), 20 de deciembre de 2021.‎

-«Un maire ukrainien prorusse enlevé et abattu» [en español, “Un alcalde ucraniano ‎prorruso secuestrado y asesinado”], Michel Pralong, Le Matin, 3 de marzo de 2022,

UCRANIA INCENDIA CAMPOS DE TRIGO; LUEGO NOS DICEN QUE RUSIA QUIERE PROVOCAR UNA HAMBRUNA MUNDIAL

Insurgente, 03/07/2022

Acusan a Rusia un día sí y otro también de “jugar” con el trigo para causar una hambruna a nivel planetario. Pero resulta que existen demasiadas pruebas de que quien procura ese escenario es el Gobierno neonazi de Ucrania y los gobiernos occidentales que le apoyan.

Práctiamente todos los días escuchamos o leemos que Rusia pretende provocar una hambruna mundial. Ante la más que probable posibilidad de que la hambruna llegue finalmente a golpear a amplias capas de los habitantes del planeta Tierra (en realidad, el hambre nunca ha dejado de golpear, y lo ha hecho de manera sistemática con la mano del capitalismo y el imperialismo), hace rato que buscan al culpable: Rusia y su presidente Putin. Pero no todo es como la chusma mundial nos lo cuenta a través de sus mentiros y tergiversadores medios de (des)información.

Acusan a Rusia un día sí y otro también de “jugar” con el trigo para causar, como ha quedado dicho, una hambruna a nivel planetario. Pero resulta que existen demasiadas pruebas de que quien procura ese escenario es el Gobierno neonazi de Ucrania y los gobiernos occidentales que le apoyan.

En el vídeo que facilitamos a continuación  [hacer clic sobre él] se puede observar a un helicóptero del ejército ucraniano (las dos franjas blancas en la cola les delata) prendiendo fuego a un campo de trigo que ya estaba listo para ser cosechado.



jueves, 30 de junio de 2022

UNA BANDERA RUSA EN LA PLAZA MAYOR DE BURGOS

[ Y con la catedral de fondo... ¡Qué bella estampa! El responsable de esta osadía es Eugenio Dorao, presidente y miembro fundador de la Plataforma Europea de Amigos de Rusia, con sede en Burgos. ¡Qué lección de dignidad y valentía! Спасибо, Евгений!]




EXOFICIAL DE INTELIGENCIA DE EEUU: LA DERROTA EN UCRANIA PODRÍA SIGNIFICAR EL FIN DE LA OTAN

Sputnik / La Haine

29/06/2022

La decisión de la OTAN de apostar su credibilidad apoyando a Kiev en la guerra subsidiaria contra Moscú tras su humillación en Afganistán resulta imprudente y fatídica

El analista crítico de política exterior estadounidense Scott Ritter señaló que, lejos de lograr el objetivo declarado por el Pentágono de "debilitar" a Rusia, la guerra subsidiaria de Washington en Ucrania está desarmando gradualmente a los ejércitos de los Estados miembros de la OTAN.

Siguiendo ese razonamiento, la victoria rusa sobre Ucrania supondría el fin de la alianza de la OTAN liderada por EEUU tal como la conocemos hoy, según el exinspector de armas de la ONU. Scott Ritter, un exoficial de inteligencia del Cuerpo de Marines de EEUU que fue uno de los principales críticos de la invasión de Irak en 2003, fue entrevistado por el canal de YouTube The Left Lens sobre la operación militar especial rusa para desmilitarizar y desnazificar Ucrania.

Afirmó que la decisión de la OTAN de apostar su credibilidad apoyando a Kiev en la guerra subsidiaria contra Moscú tras su "humillación" en Afganistán resulta imprudente y fatídica.

"La OTAN y EEUU se enfrentan a un tipo de derrota moral y física a manos de Rusia que probablemente significará el fin de la OTAN", dijo al presentador Danny Haiphong. "No creo que la OTAN sobreviva a esto", agregó. "Creo que la gente ha olvidado que justo en agosto del año pasado, la OTAN sufrió una enorme humillación: la retirada derrotada de Afganistán", señaló. 

Rusia advirtió en los meses anteriores al conflicto que no toleraría los planes de la OTAN de continuar su expansión hacia el este tras la Guerra Fría para incluir a Ucrania, lo que habría permitido a EEUU posicionar misiles a sólo 300 millas de Moscú. Ahora, Suecia y Finlandia, que comparten una larga frontera con Rusia, también han solicitado la adhesión, sin someter la cuestión a un referéndum público.

Ritter remarcó que las fuerzas rusas estaán destruyendo las armas enviadas por los miembros de la OTAN para prolongar la guerra en Ucrania y que Kiev estaba ahora pidiendo más armamento, incluso más de lo que la mayoría de los ejércitos europeos occidentales poseen.

"Para cuando Rusia termine esto, tendrá un Ejército que será el más experimentado en combate del mundo, enfrentándose a las fuerzas de la OTAN que están mal entrenadas, mal dirigidas y, adivinen qué, ahora mal equipadas porque regalaron todas sus armas", concluyó.

martes, 28 de junio de 2022

MELILLA: UNA MATANZA “BIEN RESUELTA”

ctxt, 25/06/2022


Las cifras son provisionales porque hay muchos heridos graves, pero al menos una treintena de seres humanos murieron en la madrugada del 24 al 25 de este mes tratando de saltar la valla que separa Nador de Melilla. A la espera de la investigación que reclaman las ONGs españolas y marroquíes, no sabemos cómo murieron, pero las imágenes de heridos y detenidos amontonados en un solar, rodeados por policías del país vecino, que solo se acercan a sus cuerpos inermes para propinarles un golpe adicional, producen un escalofrío moral. Hay asimismo imágenes, en el lado español, de “devoluciones en caliente”, violentas e ilegales, y de golpes propinados por la policía marroquí a los pocos que habían conseguido cruzar la frontera. No hay duda, en definitiva, acerca de la inhumanidad, el desprecio por la vida y la complicidad de las respectivas fuerzas de seguridad; ni de su responsabilidad criminal.

Las cifras y las imágenes son escandalosas. Pero no menos lo son las declaraciones del presidente Pedro Sánchez, quien ha elogiado a la policía marroquí por su “extraordinaria actuación” y ha calificado la operación de “bien resuelta”. Ni una palabra sobre las víctimas o sus familias: ni la menor alusión a una investigación; ni una sombra de luto por la pérdida de vidas humanas. La violencia de las imágenes –que son las de un matadero o un lager nazi– queda cínicamente absorbida en esta descripción administrativa (una “operación bien resuelta”) que deshumaniza aún más a esos cientos de seres humanos que buscaban una vida mejor en Europa y a los que una valla, la represión y la muerte han convertido en una plaga de langostas felizmente combatida y vencida. Las declaraciones de Pedro Sánchez, y las políticas subyacentes, se alinean sin la menor diferencia con las de la ultraderecha racista y xenófoba cuyo fantasma agita el PSOE en campaña cuando se trata de pedir nuestro voto.

Pero estas declaraciones, de una insensibilidad pavorosa, son, por así decirlo, de obediencia debida. Eso es lo peor. Está hablando el “hombre de Estado” que hace apenas tres meses entregó al pueblo saharaui y erosionó las relaciones con Argelia, abandonando además el marco establecido por las Naciones Unidas, para contentar a Marruecos. Ahora sabemos de qué se trataba. La cuestión de qué ganaba España con ese disparate histórico quedó terriblemente clara la noche pasada: 30 humanos muertos a los que se ha impedido para siempre entrar en nuestro país. Marruecos defenderá nuestras fronteras sin reparar en medios ni en muertos y Pedro Sánchez se lo agradecerá, tal y como está acordado. El Gobierno más progresista de la historia ha abandonado al pueblo saharaui a cambio de que Marruecos mate migrantes en su lugar. Ha sacrificado –es decir– vidas y principios al mismo tiempo y de una sola vez.

En el muro de Berlín murieron 140 personas en veintiséis años. En un solo día han muerto al menos 37, según la organización Caminando Fronteras, en esa valla melillense que mandó levantar Aznar y que Zapatero erizó de pinchos. Solo en el año 2021, en la llamada “frontera sur”, por mar y por tierra, murieron casi 2.000 personas. Las políticas migratorias españolas, pactadas con Europa, forman parte de eso que un teólogo llamó “un genocidio estructural”. Los humanos tienen que “asaltar” vallas porque hay vallas. No lo olvidemos. Mientras no se derribe esa valla y no se modifiquen nuestras políticas de acogida, los españoles y europeos no estaremos a salvo de nosotros mismos. Mientras no aceptemos que los subsaharianos son también ucranianos, y normalicemos la gestión de las fronteras, necesitaremos sicarios que maten por nosotros; y nunca mataremos lo bastante como para que dejen de entrar humanos en peligro ni para que los bárbaros, que ya están dentro, no lleguen al gobierno. De hecho, las políticas migratorias de la ultraderecha ya están en él; con ellas puede llegar muy pronto la ultraderecha misma.