jueves, 14 de enero de 2016

SÍ A LA MATERNIDAD, PERO SIN QUE LA NOTEMOS

Olga Rodríguez
El Diario, 13/01/2016

-Se nos exige que demos vida, sí, pero silenciosamente, sin que se note mucho, en privado, sin que condicione las dinámicas de trabajo.

-Las reacciones ante el gesto de Carolina Bescansa llevando a su bebé al Congreso demuestran cuánto camino queda aún por recorrer en las libertades de las mujeres a la hora de elegir su modelo de crianza.

-Se elogia la entrega absoluta al trabajo mientras se desprecia la productividad social de la maternidad.


Dice un proverbio africano que para criar a un niño se necesita una tribu, pero en nuestra sociedad se ha optado por concebir la paternidad como un asunto privado, individual, exclusivo de los progenitores y, sobre todo, de la progenitora. No hay una corresponsabilidad social que comprenda la crianza como un asunto comunitario. Esto condena a muchos bebés y niños a crecer en guarderías o encerrados en casa, viendo muy poco a sus padres y madres, con niñeras en muchos casos mal pagadas y explotadas, o con abuelos cansados y con achaques. Y, si la situación económica no permite pagar a una niñera, algunas madres con sueldos ínfimos terminan abandonando el mercado laboral.

Resulta llamativo que el gesto de Carolina Bescansa de acudir al Congreso con su bebé haya sido tan criticado por periodistas y políticos. El ministro del Interior cree que es "lamentable" que Bescansa fuera con su bebé. La socialista Isabel Rodríguez ha dicho que "no es cómodo ni para el bebé ni para nosotras", creyendo que sabe mejor que la propia madre qué es lo preferible para el bebé. Y Carme Chacón ha afirmado que "esto no hace falta".

Cuando era ministra de Defensa Chacón fue muy elogiada por su partido y medios afines por incorporarse rápidamente al trabajo poco después de dar a luz. Pero había un detalle: su situación era casi imposible para el resto de las mujeres. Pudo hacerlo porque vivía en un ático situado en el mismo edificio que su despacho, porque contaba con al menos una niñera y porque tenía ayuda de su pareja. No todas pueden permitirse tales comodidades.

Llama la atención que la imagen de Bescansa con un bebé en brazos genere tantas críticas y la de una ministra regresando al trabajo 42 días después de dar a luz fuera tan aplaudida. Carolina Bescansa cría sola a sus dos hijos y uno de ellos es aún lactante. Eso significa que no puede separarse de él mucho tiempo. ¿Es eso una servidumbre? Sí, pero es que criar a un bebé lo es.

Recuerdo que antes de ser madre pensaba que jamás daría de mamar. Lo encontraba molesto y esclavo. Sin embargo, para mi sorpresa, cuando tuve a mi hija la lactancia fue para mí la mejor de las opciones: la más cómoda, la que menos trabajo me daba, en comparación con tener que preparar biberones, cargar con ellos e intentar que el bebé los tomara (algo difícil con muchos bebés).

En los meses de lactancia de mi hija estuve sin ir a trabajar, con una prestación por maternidad, pero hacía otras cosas, como escribir y dar conferencias. Presenté uno de mis libros en la Feria del Libro cuando mi hija solo tenía unos meses. Mamó antes y después del acto, porque un lactante no aguanta muchas horas sin mamar, y entre medias se quedó en brazos de su padre. Si no hubiera estado su padre, y si tampoco hubieran estado mis padres, es probable que hubiera optado por tenerla en mis brazos.

Nuestra "tribu" actual es la que aplaude la disponibilidad total para trabajar de las mujeres recién estrenadas como madres. La que admira a las mujeres que tienen todas las horas del mundo, sin que nada interfiera en su productividad laboral. Tal es así, que en muchas oficinas se castiga a quienes piden un permiso de maternidad mayor o incluso a quienes se quedan embarazadas.

Se elogia la entrega absoluta al trabajo mientras se desprecia la productividad social de la maternidad. Es más, se considera que un bebé interfiere en el buen funcionamiento del trabajo, de la empresa. Y los modelos actuales de trabajo, ¿no perjudican acaso el buen funcionamiento de la crianza, de los afectos, de la conciliación con la vida?

Son demasiadas las situaciones laborales que exigen a mujeres y hombres invisibilizar por completo su maternidad y su paternidad, mantenerla alejada del trabajo, compartimentada, nunca compartida. Son millones las personas que trabajan en lugares a los que nunca podrán llevar a sus bebés. Por eso mismo es necesario que las mujeres y hombres que pueden permitírselo, con proyección pública, más aún si son políticos, den un paso al frente para reivindicar el tipo de crianza que deseen, para fomentar debates muy necesarios y, por supuesto, para reivindicar otros modelos laborales que permitan una mayor conciliación.

Desde hace siglos a las mujeres se nos ha juzgado, se nos ha dicho cómo debemos vivir, cómo tenemos que amar, cuándo podemos tener relaciones sexuales, cómo debemos actuar siendo madres.

Somos nosotras las que parimos y son muchas las mujeres que asumen buena parte de la crianza. Sin embargo, siempre están ahí esos sectores de la sociedad metiéndose en qué debemos hacer con nuestros hijos, en cómo debemos educarlos, sin que a cambio nos entreguen ni un ápice de apoyo moral o económico. Criticar y juzgar es gratis y sin embargo las consecuencias de ello pueden ser muy caras.

Las mujeres que son madres, que perpetúan la especie, se exponen a todo tipo de juicios ajenos. Se nos exige que demos vida, sí, pero silenciosamente, sin que se note mucho, sin que incordie, sin que interfiera en la vida comunitaria cotidiana, sin que influya en nuestros mundos laborales, sin que condicione las dinámicas de trabajo, sin que modifique los modos de organización laboral, sin crear espacios para los pequeños o, incluso, sin que los niños lloren en público ("¡qué maleducado!", decía recientemente un hombre sobre un pobre niño que sollozaba en alto en un vagón de tren).

Curiosamente algunos de quienes se niegan a defender otro tipo de organización en los lugares de trabajo para facilitar la conciliación con la maternidad o paternidad han sido los mismos que han criticado a Bescansa. Da que pensar. Ahí está ese discurso que no se escandaliza con la contratación de niñeras por bajísimos salarios y sin Seguridad Social, ese que dice no al aborto, no a más guarderías públicas, no a otras dinámicas laborales, sí a la maternidad pero en casa, lejos, invisible, callada, sumisa, sin que se note. Y así, miles de años de humanidad.

PILAR CERNUDA TACHA DE GUARROS A LOS PARLAMENTARIOS DE PODEMOS: "NO AGUANTO QUE HUELAN MAL"

20 Minutos. 14/01/2016

[Habrá olido la podredumbre de sus propias entrañas esta sicaria de la casta mediática...]



Un día después de la constitución de las nuevas Cortes en el Congreso de los Diputados, la periodista Pilar Cernuda acudía la mañana del jueves al programa Espejo Público de Antena 3 y se mostró muy ofendida con la situación que se vivió en la Cámara baja, especialmente con los "malos olores" que provenían, según explicó, de la zona en la que estaban situadas los parlamentarios del grupo Podemos. La tertuliana invitada al programa de Susanna Griso cargó duramente contra los nuevos diputados podemitas por lo que "vio y olió" en el Congreso en el momento en el que se debatía la elección de Carolina Bescansa de acudir con su bebé a la sesión constitutiva de las Cortes. "¡Hace falta limpieza, porque en el hemiciclo conviven muchas personas juntas!", aseguraba Cernuda, a lo que la presentadora asombrada pedía una explicación a sus palabras.

La tertuliana invitada mantenía que los representantes de Podemos no tiene unos hábitos de limpieza demasiado depurados o que el uso del desodorante o los perfumes se les resiste: "La progresía no está reñida con el baño y la limpieza" a lo que la presentadora contestaba: "Ir con traje y corbata no te asegura que seas más limpio que una persona que va con rastas".   "No acepto que me den lecciones de nada como si los demás fueran chusma. Que vayan vestidos como les dé la gana, pero no aguanto la falta de educación, la demagogia, ¡y que huelan mal!", afirmaba Cernuda.

martes, 12 de enero de 2016

MÁS QUE CHISMES: CORREOS DE CLINTON QUE REVELAN EL VERDADERO MOTIVO DE LA INTERVENCIÓN EN LIBIA EN 2011

RT, 9/01/2016




En las conversaciones desclasificadas por el Gobierno de EE.UU. se destaca la preocupación por las reservas de oro y petróleo de Gaddafi y su supuesto plan para crear una moneda que amenazaría al dólar y al euro.

El Departamento de Estado de los Estados Unidos reveló recientemente una serie de correos electrónicos del año 2011 de la actual aspirante demócrata a la Presidencia, Hillary Clinton, que permiten esclarecer los verdaderos motivos de la intervención internacional en Libia durante las protestas contra Muammar Gaddafi.

Entre las cerca de 3.000 conversaciones que el Departamento de Estado ha desclasificado hasta el día de hoy de Clinton, quien en ese entonces ocupaba el cargo de secretaria de Estado de EE.UU., se destaca un documento de febrero del 2011 enviado por el oficial del Departamento de Estado, John Godfrey , que contiene un análisis sobre cómo EE.UU. debe ayudar al desarrollo de Libia y al Gobierno tras la caída de Gaddafi.

De acuerdo con 'Foreign Policy Journal', en abril del mismo año, un correo bajo el asunto 'El cliente de Francia y el oro de Gaddafi', desvela los propósitos del presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, en Libia entre los que destacan obtener petróleo, reafirmar el poder militar francés y evitar la influencia de Gaddafi en el "África francoparlante". Igualmente se demuestra la preocupación por las cerca de 143 toneladas de oro y plata dispuestas a respaldar una nueva moneda africana que provocaría un alto grado de independencia económica especialmente en el norte del continente, subraya la publicación.

En marzo del 2015, se reveló que Clinton había utilizado una cuenta de correo electrónico privada a través de todo su mandato como secretaria de Estado, lo que es considerado una violación de la política del Departamento de Estado. Esta situación desató una serie de críticas y provocó la investigación del FBI sobre si Clinton había puesto en peligro información clasificada.

lunes, 11 de enero de 2016

EL MONSTRUO DE LIECHTENSTEIN


LA GUERRA CIVIL DE PÉREZ-REVERTE

Juan Carlos Monedero
El Confidencial, 08/01/2016

[Muy corta se queda la crítica de Monedero a este periodista pseudocrítico y criptofalangista... Pero menos da una piedra. Por mi parte recomiendo el libro de la periodista de TVE Ángela Rodicio Acabar con el personaje donde se pone a este infame plumífero en su sitio.]


España no es un país como los de nuestro entorno. En los países de nuestro entorno no podría ser Presidente alguien que manda un sms a su tesorero encarcelado diciéndole “sé fuerte”. En los países de nuestro entorno no sería pensable un libro como el que ha escrito Arturo Pérez-Reverte sobre la guerra civil. Precisamente por estar dirigido a los jóvenes. Los jóvenes españoles, en otro país, tendrían una clara referencia de la guerra civil desde la escuela. De la misma manera que tienen claro en Alemania lo que significó el nazismo y lo estudian no solamente para no repetirlo sino que lo recuerdan para elogiar a las víctimas y colocar en su panteón de héroes a los que combatieron el totalitarismo. Igual que en Italia estudian desde niños la locura del fascismo de Mussolini o en Francia aprenden a respetar a la Resistencia que luchó contra los nazis y los colaboracionistas.

En Alemania, los que atentaron contra Hitler son héroes –igual que lo son en la República Checa los que acabaron con Heydrich- mientras que en España no solamente no se conoce el nombre de los que perdieron la vida queriendo acabar con el dictador sino que se acusa de terrorista a quien atentó contra un torturador de la dictadura que asesinó a gente que luchaba para que el dictador no muriera en la cama, a menudo a través de la sangrienta trama conspirativa de repartir panfletos en la entrada de las fábricas o las universidades.

Cierto es que estos países europeos apenas recientemente están revisitando algunos lugares de la memoria, con lagunas y claroscuros mal iluminados por la reinvención de un compromiso democrático que nunca fue o por la necesidad histórica de no darle alas a los que hicieron tanto mal. Por eso es que ahora puede empezar a hablarse de la barbaridad del bombardeo de Dresde, igual que se cuestionaron las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Es ahora que se recuerdan las violaciones a mujeres alemanas por parte de los ejércitos americano y soviético (como se hizo en su día con las violaciones japonesas en China o Filipinas) o puede empezar a hablarse del escaso comportamiento humanitario de las tropas aliadas y su falta de respeto de los acuerdos de Ginebra para tiempos de guerra. De la misma manera que se levanta ahora la prohibición de editarse el Mein Kampf en Alemania (aunque se cuidan de reeditarlo con miles de notas para evitar mentiras). Pero no existen en esos países Plaza del Führer, Avenida de Mussolini, Arco de Petain ni calle de los caídos en la ocupación de Francia.

La guerra civil que cuenta Pérez Reverte a los jóvenes, junto con las excelentes ilustraciones de Fernando Vicente, es más ponderada de lo que la lectura de algunas críticas sugiere. Pero no deja de ser cierto que produce enfado que para que algunos salgan de la visión franquista de la guerra haya que buscar equilibrios impensables con el nazismo o el fascismo. De ahí que algunos hayan querido atribuir al esfuerzo –se nota- de Pérez Reverte un equitativo reparto de culpas entre los que dieron un golpe de estado en julio de 1936 levantándose contra la República e incumpliendo la Constitución de 1931 –es lo que hicieron los militares traidores que se alzaron-, y los que cogieron las armas para defender su Constitución y su orden democrático, tuviera las insuficiencias que tuviera. No se puede olvidar en ningún momento que unos atacaron y otros se defendieron. Que unos recibieron el apoyo de Hitler y de Mussolini desde antes de que el golpe se iniciara y que otros recibieron el apoyo de unas brigadas internacionales que se movilizaron porque ya veían el aliento terrible del fascismo planeando sobre Europa.

El apoyo soviético fue posterior al inicio de la guerra, infinitamente menor –Franco contaba con decenas de aviones antes del golpe-y se terminó antes. Y, en cualquier caso, fue un apoyo a un régimen democrático existente, no para derrumbar un orden político (que era la intención de la Alemania nazi y la Italia fascista). Las comparaciones suelen ser más falsas cuanto más fáciles son.

Acierta Pérez Reverte en señalar que la República estuvo atravesada por contradicciones. La II República representaba a la España más avanzada, mientras que existía otra aún rehén de la oligarquía, del caciquismo y de una iglesia reaccionaria. Si aún hoy podemos detectar ese escaso compromiso democrático, imaginemos sus contornos hace ochenta y cinco años. En un contexto, el de los años treinta, de riesgo de la democracia en toda Europa. Una de las principales fallas que encuentro en el libro tiene que ver con no insertar la guerra civil en el conflicto europeo que estaba empezando. Recientes trabajos (Casanova, Viñas, Preston) demuestran que para Hitler y Mussolini la guerra en España formaba parte de un plan más amplio de carácter europeo. Viéndolo así es difícil cualquier amabilidad con el franquismo.

Suele repetirse desde la historiografía revisionista que “en los dos bandos” hubo represión. Esta expresión no sería tolerable en los países democráticos de nuestro entorno. Nadie hablaría de los aliados y de Hitler en términos “los dos bandos”, porque unos luchaban por la democracia y otros por el fascismo. No son dos lados equiparables. Esta apreciación aparece repetida en este libro –desgraciadamente forma parte del lenguaje popular- y, supongo, es lo que ha conducido a buena parte de las críticas a este trabajo.

Cierto es que, una vez más en nombre de la ponderación, aparecen citados casos terribles que demuestran la insania de los franquistas. Junto algunos conocidos como Guernica, son citados otros de los que no hay tanta noticia, como las matanzas de Badajoz y Almería, y también se explica que en el lado republicano los casos de violencia eran “fruto del desorden y obra de elementos incontrolados”, mientras que en el lado franquista “los asesinatos eran tolerados y hasta organizados por los mandos militares, a fin de eliminar toda resistencia y amedrentar a la población”. Esto está dicho en el libro. La pregunta entonces sería ¿es suficiente?

Desde una visión democrática normalizada, las juntas vuelven a chirriar si no queda claro lo que significó el golpe de 1936.  Si para lograr que los que están inclinados a defender a Franco y al golpe se acerquen a visiones más cercanas a la verdad hay que concederles la equidistancia de los contendientes, flaco favor le hacemos a la democracia. Aunque me consta que no es la intención de este trabajo, se termina ofendiendo a los que se jugaron todo por defender la República. No son la contraparte de un mismo asunto. Hay que insistir en que las barbaridades cometidas en las filas republicanas –que las hubo, ahí está Paracuellos, y no son defendibles- fueron en los primeros meses, cuando el orden constitucional se había desbaratado por el golpe y el inicio de la guerra, en el fragor de un ansia de venganza alentada por las atrocidades que llegaban de las zonas que caían bajo la bota de los sublevados, y que se terminaron en el momento en el que el Gobierno de la República recuperó en unas semanas el control político de su zona.

La guerra civil de Pérez Reverte se ve obligado a contar, como en una suerte de yenka macabra, barbaridades o dolores a un lado y a otro –unos asesinaron a Lorca, otros a Muñoz Seca, unos maltrataban a las mujeres, otros hacían otro tanto, unos tenían problemas con Unamuno en Salamanca, otros tenían problemas con los anarquistas en Barcelona-, generando necesariamente la idea de que allí todos se volvieron locos. El golpe de Estado de 1936 y sus resultados posteriores no fueron un calentón propio de la tierra: fue la cuota parte de fascismo que vivió nuestro país, igual que el III Reich o el fascio mussoliniano. Lo contrario es una visión amable que busca fáciles digestiones casi un siglo después, repitiendo el mantra: olvidemos esos malos tiempos. Pero la pregunta sobre la salud de nuestras instituciones sigue entonces intacta ¿puede un país construir su democracia ignorando lo que realmente sucedió?

La guerra civil hay que entenderla como parte de nuestras insuficiencias –por eso hubiera sido conveniente citar en el libro que antes de la República vino la dictadura de Primo de Rivera -y entenderla como antesala de la guerra mundial (recordar que nos visitaron jerarcas nazis cuando ganó la CEDA en 1934, diciendo que en España iba a empezar a hacerse lo que estaban ya haciendo en Alemania)-. Eso daría una mirada más inclemente del franquismo. En el libro se citan los 6.000 curas fusilados (pero no se cita que la iglesia denominó "cruzada" al levantamiento) y tampoco que Franco fusiló a 120.000 españoles terminada la guerra o cuando ya estaba ganada. Franco vino matando y se despidió matando. No hubiera estado mal una referencia a los últimos asesinados por Franco en Septiembre de 1975. Y también daría luz señalar que al menos 120.000 de esos acusados de defender la legalidad vigente siguen en cunetas. ¿No habría que recordar a los jóvenes que España es, después de Camboya, el país con más fosas comunes y desaparecidos del mundo?

El libro puede civilizar a los emboscados que ven el franquismo con buenos ojos, pero creo que no termina de ayudar a acercarnos a la barbaridad que nos pasó. Decía Habermas, cuidado con esos hombres justos que dicen “la mitad de culpa para Hitler y la otra mitad para los judíos”. Hay que revisar de manera objetiva todos los errores cometidos por la izquierda durante todo el siglo XX –de lo contrario, lo hace la derecha por lo general mintiendo-, pero el lugar para hacerlo no es la equidistancia. Los crímenes de Stalin no se explican desde los crímenes de Hitler ni viceversa. Son argumentos que confunden. El libro de Pérez Reverte puede ayudar al debate. Si es así, bienvenido. Sólo tienen miedo a debatir sobre la guerra civil los que ven algún tipo de beneficio en el silencio. Es hora de convertir los monólogos en diálogos.

Quizá precisamente por esa mirada no tan amarga sobre nuestro pasado, la mirada sobre nuestra democracia de Pérez Reverte es demasiado dulce. “A la muerte del dictador, España se convirtió en una monarquía parlamentaria por decisión personal del rey Juan Carlos, padre del actual monarca y nieto del exiliado Alfonso XIII”. El que trajo la dictadura de Primo de Rivera y apoyó a Franco posteriormente.  “Juan Carlos I volvió a legalizar los partidos políticos, procuró la reconciliación nacional, liquidó el régimen franquista y devolvió a España la democracia”. Soy de los que piensan que la democracia la trajeron los que se la jugaron para traerla. No el Rey, que fue nombrado sucesor del dictador por el propio Franco en 1969. El rey, a la muerte de su mentor, nombró a Arias Navarro Presidente. De manera que el último Presidente de la dictadura fue el primer Presidente de la democracia. Luego, cuando la cosa se le iba de las manos al Rey puso a Suárez. Más tarde no dudó en dejarle caer cuando le interesó.

El CDS, partido que fundó Suárez tras la implosión de la UCD, no cosechó sino fracasos. Todos le dejaron de lado. Aunque más tarde, con Suárez ya rehén del Alzheimer y sin acordarse de que había sido Presidente, se fotografiara el Rey con él para intentar imbuirse de su fama reconstruida. Son comportamientos de doble moral. Igual que su hijo, que inaugura en París una placa a La Nueve, los republicanos españoles que fueron los primeros en entrar a liberar París en 1944 –Pérez Reverte los cita con mucho respeto-, pero no lo hace en España.

En definitiva, podríamos decir que estamos ante un libro para el país real, ese donde Esperanza Aguirre o José María Aznar no piensan hoy muy diferente de lo que pensarían en 1936. Pero es un libro que no dirige los esfuerzos a construir una democracia de alta densidad. Esa que pasa por romper con la impunidad del franquismo y con la memoria selectiva a la que nos obliga “el precio de la transición”. Por ejemplo, el hecho de que un defensor acérrimo del franquismo, un ministro de la dictadura que firmó el enterado en sentencias de muerte, la persona que justificó el asesinato de Julián Grimau o Enrique Ruano (estudiante lanzado por la guardia civil franquista por una ventana), sea uno de los firmantes de nuestra Constitución y fundara el partido que está vaciando nuestra democracia. La apuesta es, en cualquier caso, clara: sigamos debatiendo. Y el libro de Pérez Reverte nos invita a ello.

jueves, 7 de enero de 2016

ISIS ASESINÓ A LA PERIODISTA RUQIA HASSAN

Democracy Now, 06/01/2016

[¿Dónde está la condena de Reporteros Sin Fronteras? Es una pregunta retórica.]



Se informó que el Estado Islámico asesinó a la periodista que escribió sobre la vida en la ciudad siria de Raqqa, ocupada por el ISIS. Según se informó, Ruqia Hassan fue asesinada en septiembre, pero activistas afirman que el ISIS secuestró sus cuentas de las redes sociales y las utilizó para simular que estaba con vida. Un miembro del grupo activista denominado “Raqqa is Being Slaughtered Silently” (Están matando a Raqqa en silencio) dijo que, antes de su muerte, Hassan afirmó: “Estoy en Raqqa y recibí amenazas de muerte y cuando el ISIS me [arreste] y me mate estará bien porque…tengo dignidad. Es mejor que [vivir] humillada por el ISIS”. Hassan tenía 30 años de edad.

martes, 5 de enero de 2016

¿QUÉ TIENE QUE VER EE.UU. EN EL CONFLICTO ENTRE ARABIA SAUDITA E IRÁN?

RT, 05/01/2016



"Arabia Saudita deliberadamente ha provocado una crisis en las relaciones con Irán, aunque asimismo enfatizó la importancia de los acuerdos entre la comunidad internacional y Teherán sobre su programa nuclear", opina Trita Parsi, presidente del Consejo Nacional Iraní-Estadounidense, en su artículo para Reuters.

La tensión en el golfo Pérsico alcanzó un nuevo punto álgido, después de que Arabia Saudita ejecutara el pasado sábado al clérigo chiita, jeque Nimr Baqir al-Nimr. El pasado domingo manifestantes atacaron la Embajada saudita en Teherán y el Consulado en Mashhad. Como consecuencia, Arabia Saudita rompió relaciones diplomáticas con Irán.

Desde el punto de vista de Arabia Saudita

Parsi cree que las tendencias geopolíticas en la región iban en contra de los intereses de los sauditas durante más de una década. Este factor, tanto como el ascenso de Irán y la decisión de EE.UU. de celebrar las negociaciones con Teherán sobre su programa nuclear generaron más pánico. Según Parsi, detrás de la ejecución de Nimr Baqir al-Nimr probablemente se oculta la intención de los sauditas de desencadenar una crisis o, peor aún, una guerra, lo que podría cambiar la trayectoria geopolítica de la región de manera ventajosa para Riad. Así, "Arabia Saudita era consciente de que la ejecución de Al-Nimrah generaría indignación en la región y empeoraría las relaciones con Irán". Además, "el incendio del Consulado fue un pretexto para cortar los lazos diplomáticos con este país", añade.

Desde el punto de vista de EE.UU.

De acuerdo con el experto, para EE.UU., las acciones desestabilizadoras de los sauditas justifican el acuerdo nuclear firmado con Irán en 2015, una de las principales ventajas del cual (ocultado por funcionarios de la administración del presidente estadounidense Barack Obama), fue que el convenio redujo la dependencia de EE.UU. de Arabia Saudita. Así, "tras resolver la confrontación nuclear y retomar las negociaciones con Irán, EE.UU. amplió su capacidad en la región", opina Parsi.

Según él, Arabia Saudita está tratando de involucrar a EE.UU. en su hostilidad con Irán. "Pero está claro que para Washington sería mejor si interpreta un papel equilibrado entre Arabia Saudita e Irán, y no asume responsabilidades, apoyando plenamente las aventuras regionales de Arabia Saudita".