sábado, 18 de febrero de 2023

CABALLOS DE TROYA

No creo que nadie en su sano juicio, independientemente de sus inclinaciones ideológicas, pueda negar que el gran acontecimiento geopolítico de este primer cuarto de siglo XXI es el ascenso del bloque BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Suráfrica). En efecto, el antiguo “tercer mundo” liderado por China y, sobre todo, en el momento actual, por Rusia, se ha levantado y le está plantando cara a ese decadente epígono del imperialismo occidental, que es EEUU, con su unipolarismo belicoso. Sin embargo, este proceso corre paralelo a otro más sutil que ha tenido lugar en el occidente colectivo, a saber, la desaparición de la oposición de izquierda que otrora, en los 60 y 70, contribuía a la sensación de que en las “democracias occidentales” había pluralismo político y fuerzas ideológicas que confrontaban. Pues bien, después de décadas de agonía, la izquierda occidental ha demostrado que era un mero espejismo en el mejor de los casos, y en el peor, un caballo de Troya dentro del cual se ocultaban soldados, pero no soldados aqueos como en la antigüedad, sino de la OTAN. En realidad, cabría hablar de varios caballos de Troya dado que la izquierda ha tendido en los últimos tiempos a la sectorialización de sus luchas. Así, podemos señalar el caballo de Toya del ecologismo, el del feminismo y el del LGTBismo, o lo que es lo mismo: el caballo verde, el violeta y el arco iris.

De estos tres, el caballo verde, el del ecologismo, es, con mucho, el que alberga más tropa otánica. Gracias al calentamiento global y a los sermones contra las emisiones de CO2 se ha justificado el expolio y la guerra contra los países en desarrollo. No es casualidad que el ecologismo moderno de Green Peace o Greta Thunberg[1]  naciera durante los años 60-70 cuando occidente, una vez concluido su proceso de industrialización (durante el cual contaminó a espuertas sin que nadie se lo recriminara), decidió llevar su producción industrial a países empobrecidos, donde los costes de producción eran menores y los beneficios eran mayores que en el “primer mundo”. Para mantener este statu quo las potencias occidentales financiaron ONGs ecologistas que acusaban hipócritamente al tejido industrial de países como China o India de llevar al planeta a un cataclismo ecológico. Quien tenga edad suficiente recordará el pánico que se sembró en los años 80 en occidente a través de los mass media a cuenta del “agujero en la capa de ozono”, problema catastrófico del que, curiosamente, ya nadie habla porque desapareció como por arte de magia. Hoy día es el calentamiento global rebautizado muy convenientemente como “cambio climático”, que es como no decir nada porque el cambio es la esencia misma del clima, el que se usa como coartada para obstaculizar el desarrollo de las potencias emergentes. Paralelamente, en los países del occidente colectivo, este ecologismo apocalíptico está sirviendo para desindustrializar y, por ende, acabar con la clase trabajadora, dado que, sin fábricas, como es lógico, no hay obreros. Y éste es uno de los factores que ha contribuido a destruir la izquierda dado que el nexo de unión entre los de abajo era el asociacionismo sindical para mejorar las condiciones materiales en el trabajo. El resultado ha sido una sociedad de individuos-zombi atomizados que creen que el enemigo es el vecino (EEUU es un ejemplo sangrante debido a que allí además la gente tiene fácil acceso a las armas de fuego.) Pero no contentas con atacar las mentes de sus súbditos, las élites del capitalismo globalista, de corte eminentemente especulativo-financiero, también quieren atacar sus cuerpos. Y para ello están financiando una campaña de lavado de cerebro en contra de productos esenciales en la dieta humana como la carne, la leche o los cereales. Todo es por el bien del planeta, nos dicen, mientras las empresas de gusanos e insectos comestibles ya empiezan a cotizar en bolsa. De esta manera el ecologismo, que empezó defendiendo la muy loable causa de la preservación de la naturaleza, ha acabado convirtiéndose en una distopía de corte neonalthusiano que pretende alimentarnos con grillos y lombrices de tierra.

Otro caballo de Troya es el caballito violeta del feminismo. A éste se le ha dado muchísima cuerda en el último lustro. La causa de la igualdad de la mujer frente al hombre siempre fue una reivindicación del movimiento obrero y del socialismo. De hecho, la Revolución Rusa de 1917 supuso un avance sin precedentes en los derechos de las mujeres, tanto que occidente tuvo que ceder y copiar parte de ese satanizado sistema comunista que llevó a las mujeres, por ejemplo, a trabajar en las fábricas codo con codo con los hombres u obtener generosas bajas por maternidad. Sin embargo, como el occidente liberal detesta profundamente la igualdad, a partir de los años 70 empezó a usar un sistema de cuotas basadas en el principio de la discriminación positiva. De esta manera se empezó a desequilibrar la balanza de derechos entre hombres y mujeres y se fomentó una auténtica lucha de sexos. También lo ha hecho el capitalismo norteamericano con la cuestión de las minorías étnicas y sexuales; se trata de reunir sectores sociales tradicionalmente oprimidos (negros, gays, mujeres, etc.), ponerles un mazo en la mano y decirles: habéis estado oprimidos, pero os vamos a regalar un mazo para que seáis vosotros los que oprimáis a partir de ahora. De esta manera, reciben golpes de mazo colectivos de oprimidos que no están englobados en esos grupos sociales privilegiados por las políticas de discriminación positiva. En realidad, se busca dejar que asciendan ciertos elementos burgueses de esas minorías para que las democracias liberales cubran el expediente. Así, el feminismo que habla insistentemente del techo de cristal para la mujer tiene como principal objetivo que las mujeres ricas desplacen a los hombres en los consejos de administración de las grandes multinacionales aupadas al poder por las mujeres pobres, que seguirán siendo pobres. Y es que la clase es un elemento clave en la explicación de los fenómenos sociales, aunque al feminismo como ideología burguesa que es, no le guste reconocerlo.  Además, el feminismo ha contribuido a fortalecer el estado policial y represivo sacando punta al tema de la violencia. Aquí asoma de nuevo la política burguesa de discriminación positiva puesto que el estado y los mass media solo contabilizan los casos de violencia del hombre hacia la mujer y no otros tipos de violencia (del hombre contra el hombre, la mujer contra la mujer o de la mujer contra el hombre, que también existe.) Por tanto, nos han acostumbrado a la idea de que hay una violencia de primera (la del hombre contra la mujer) y otra de segunda (el resto de violencias) que tiende a ser ignorada o, en algunos casos, justificada por los medios (la mujer que mata a su cónyuge siempre ha sido maltratada previamente por éste y la que mata a sus hijos siempre lo hace porque es víctima de una depresión.) Más aún, a raíz del punto de inflexión que fue el mediático “caso de la manada”, se empezó a socavar la presunción de inocencia, se rodearon con masas linchadoras los juzgados y se intentó agredir a la defensa de los acusados. Fue un golpe oclocrático en toda regla contra al poder judicial. Incluso, la “progresista” Ministra de Igualdad, Irene Montero, llegó a pedir en el parlamento que detrás de cada mujer hubiera un policía. Todo esto junto con las pulseras electrónicas, el aumento de la videovigilancia y la censura en los medios de comunicación, las redes sociales, la música, el cine, la literatura, etc. hacen que nos estemos acercando peligrosamente a un estado fascista. Pero no de mano de la derecha sino, paradójicamente, de mano de la izquierda, de esa izquierda que hace de caballo de Troya del imperialismo yanqui.

El tercer caballo de Troya es el caballo arco iris, el de las minorías sexuales. Resulta sorprendente que el sistema capitalista burgués que, hasta hace apenas dos días, como quien dice, consideraba la homosexualidad o la transexualidad como una enfermedad mental (así aparecía hasta hace poco en el DSM, la biblia de la psiquiatría del occidente civilizado) se envuelva ahora en la bandera arco iris y se declare de la noche a la mañana gay-friendly. Sin duda tiene que ver con una estrategia de jugar a pillar fuera de juego al emergente sur global, países en los que el subdesarrollo (favorecido, por cierto, por colonialismo de las potencias occidentales) ha motivado que los derechos de las minorías sexuales estén aún en estado embrionario. De esa manera, el occidente colectivo se presenta como el culmen de la civilización y usa el asunto para presionar o controlar a los países empobrecidos como hace con el tema de las emisiones del CO2. Es curioso ver cómo RTVE en 2018 nos muestra un documental en el que los niños ucranianos disparan contra objetivos que simulan gays, lesbianas y transexuales en un campamento montado por las milicias nazis que controlan el gobierno de Kiev, pero en 2022, en plena ofensiva rusa contra el ucronazismo, el mismo medio nos asegura que en el ejército ucraniano, atestado de nazis, hay unidades formadas por miembros del colectivo LGTB. No hay que ser muy avispado para darse cuenta de que algo no cuadra y de que se está usando a dicho colectivo como arma de guerra contra Rusia, una Rusia que no se quiere someter al imperialismo occidental. Pero es que además el repentino furor occidental por lo gay-friendly está llevando al socavamiento de la lógica racional más elemental. Al dar apoyo institucional a las disparatadas teorías "queer", que hablan de una creciente lista de géneros o de que uno es del género que se sienta nada más levantarse por la mañana, se está tirando por tierra el pensamiento científico, base del progreso, la educación y la investigación. Y, además, como en los dos anteriores caballos Troya, ponerlo cuestión significa enfrentarse a la nueva Inquisición de lo políticamente correcto. O, lo que es lo mismo, al ser inatacable se convierte en un dogma. Y eso por no hablar de los atentados contra la salud que implican la hormonación o la mutilación genital, incluso en menores de edad. Éste es otro ejemplo de cómo una lucha en principio legítima, manipulada por los turbios intereses del capital global, se acaba convirtiendo en un nuevo irracionalismo que está llevando a la demencia a la sociedad de ese occidente colectivo que está en pleno proceso de descomposición interna.

En definitiva, la izquierda, una vez parcelada e infiltrada por los intereses del capital liberal financiero ha dejado de existir. ¿Por qué ha ocurrido esto? Ante todo, porque estas luchas sectoriales han perdido el marco común de la lucha de clases que era lo que hacía que la izquierda tradicional tuviera los pies en la tierra, en lo material, en lo inmediato. Al perder este referente común, las luchas sectoriales se han vuelto fácilmente manipulables, egoístas y reaccionarias, e incluso disparatadas. Tan disparatado como que ha sido la izquierda patria la que ha acabado mandando armas a un régimen neonazi como el de Ucrania, aplaudiendo a Zelensky en el parlamento o justificando las guerras imperialistas de la OTAN bajo una fachada de una falsa equidistancia (“ni OTAN, ni Putin”), como si fuera lícito situarse en el justo medio entre un poder que es nazi y otro que no lo es. Y, además, generando la paradoja de que las pocas críticas a lo que la Unión Europea y EEUU hacen un Ucrania vienen de sectores conservadores, que al menos no han perdido la capacidad de razonar. Al final resulta que los regímenes democráticos y multipartidistas de occidente no son ni tan democráticos ni tan pluralistas, sino que, más bien, los partidos representan a distintas facciones de las clases oligárquicas, es decir, que son vertientes de un mismo partido que es correa de transmisión de los intereses capitalistas. Por tanto, occidente también tiene, en el fondo, un régimen de partido único como China solo que en occidente el partido es capitalista mientras que en China es comunista. China sale ganando porque tiene una izquierda de verdad. En cambio, en occidente tenemos una izquierda que tras olvidarse de la lucha de clases y fracturarse en mil luchas sectoriales se ha convertido en un caballo de Troya de la OTAN que ha acabado allanando el camino a un nuevo fascismo.


NOTA:

[1] Es bastante llamativo cómo, justo en el momento de redactar este escrito (febrero de 2023), la iluminada Greta Thunberg y sus acólitos permanecen mudos frente la catástrofe ecológica de East Palestine (Ohio), bautizada como el Chernobyl de EEUU.  Qué poco habrían tardado en poner el grito en el cielo si la catástrofe hubiera ocurrido de China o en Rusia. 

martes, 14 de febrero de 2023

OHIO: ARRESTAN A REPORTERO QUE CUBRÍA DESCARRILAMIENTO TREN

AP

Publimetro, 13/02/2023

[Esa es la libertad de prensa en EEUU. Y la prensa patria no ha dicho ni mu. Compárese con la cansina cobertura que se le dio al despido, que no detención, de esa periodista rusa que mostró un cartel contra la guerra.]



“Ningún periodista espera ser arrestado cuando hace su trabajo”, declaró Evan Lambert luego de ser liberado

Un reportero de televisión fue arrojado al suelo, esposado y arrestado por invasión de propiedad privada cuando cubría una conferencia de prensa sobre el descarrilamiento del un tren que transportaba productos químicos tóxicos en Ohio, el pasado fin de semana.

NewsNation publicó un video del arresto del corresponsal Evan Lambert ocurrido el pasado miércoles en el gimnasio de una escuela primaria en East Palestine, donde el gobernador Mike DeWine ofrecía información actualizada sobre el accidente.

Arresto de periodista Evan Lambert en Ohio luego de cubrir la noticia del tren de químicos que descarriló (Captura de pantalla/Redes sociales)

Lambert permaneció detenido durante unas cinco horas antes de ser liberado. “Estoy bien en este momento. Ha sido un día extremadamente largo. Ningún periodista espera ser arrestado cuando hace su trabajo, y creo que es muy importante que eso no suceda en nuestro país”, declaró Lambert después de su liberación.

Al final de su conferencia de prensa, DeWine dijo que no autorizó el arresto y que los reporteros tienen todo el derecho a reportear durante las sesiones informativas. “Si a alguien se le impidió hacer eso o se le dijo que no podía hacerlo, eso estuvo mal”, dijo DeWine.

Un comunicado posterior de la oficina del gobernador señaló que DeWine no vio el incidente porque “las cámaras bloqueaban su vista”, pero escuchó una discusión al fondo del gimnasio. “Siempre se ha respetado el derecho de los medios a informar en vivo antes, durante y después de sus conferencias de prensa”, se lee en el comunicado.

El jefe del buró de NewsNation en Washington, Mike Viqueira, calificó el arresto como una exasperante violación de la Primera Enmienda. Lambert aún puede enfrentar cargos por alteración del orden público e invasión de propiedad privada, indicó el mismo medio.

Alrededor de 50 vagones de tren, entre ellos 10 que transportaban materiales peligrosos, descarrilaron el pasado viernes por la noche en los límites del poblado de East Palestine. Los investigadores federales afirman que “un problema mecánico con el eje de un vagón causó el descarrilamiento”.

LA CONSPIRACIÓN DE OHIO: ¿OCULTA BIDEN UN DESASTRE MEDIOAMBIENTAL CON LA TEORÍA DE LOS OVNIS CHINOS?

El español, 14/02/2023

[O quizá no es tan conspiranoica la teoría...]

Una teoría conspiranoica apunta que el presidente de EEUU estaría empleando la polémica con China para evitar hablar del accidente de tren.

El pasado viernes 3 de febrero, un tren que transportaba productos químicos tóxicos descarriló en Estados Unidos. El accidente se produjo en East Palestine, una localidad en la frontera de Ohio y Pensilvania de unos 5.000 habitantes, originando un incendio que afectó a numerosos vagones.

Para reducir el riesgo de explosión, las autoridades locales liberaron, días después y de forma controlada, material tóxico presente en el tren, que pertenece a la empresa ferroviaria Norfolk Southern. 

Las autoridades advirtieron de que la quema controlada crearía una columna de fosgeno y cloruro de hidrógeno en toda la región. El fosgeno es un gas muy tóxico que puede provocar vómitos y problemas respiratorios, y que se utilizó como arma en la Primera Guerra Mundial.

Además, The Washington Post informó que en cinco de los cerca de 50 vagones se transportaba cloruro de vinilo, un carcinógeno que se ha relacionado con un mayor riesgo de padecer cáncer de hígado, y un producto peligroso e inodoro que se usa en el país para la fabricación de plásticos.

Pese a que no hubo ningún muerto en el accidente, la catástrofe ha servido para dos denuncias. La primera, los defensores de la salud pública consideran que existe la posibilidad de que se produzcan muchos más descarrilamientos así en Estados Unidos. No en vano, y según una estimación que publica The Guardian, 25 millones de estadounidenses viven en una zona de explosión de un tren petrolero, y si el descarrilamiento se hubiera producido a unos pocos kilómetros más al este, el centro de la ciudad de Pittsburgh hubiese ardido, poniendo a decenas de miles de residentes en peligro.

La segunda denuncia es que el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, estaría utilizando la reciente polémica de los globos espía y los OVNIS chinos para tapar la supuesta catástrofe medioambiental de Ohio. Las mentes conspiranoicas no han tardado demasiado en encontrar una correlación entre ambos eventos. Mientras que en las noticias y en los telediarios la polémica diplomática entre China y EEUU es protagonista, el suceso del tren apenas ha tenido eco en los medios. 

Al globo espía chino derribado el 4 de febrero, el viernes se unió un nuevo objeto volador no identificado. Y otro el sábado. Y otro el domingo. Tres en los últimos tres días. "¿Son alienígenas?", preguntaron al general Glen D. VanHerck: "No he descartado nada", respondió. 

Sin embargo, la Casa Blanca aclaró este lunes que "no hay indicios de alienígenas o de actividad extraterrestre" en los tres objetos voladores que han sido derribados en los últimos días en los territorios de Estados Unidos y Canadá.

"No hay indicios de alienígenas o de actividad extraterrestre en estos recientes derribos. Quería asegurarme de que el pueblo estadounidense lo supiera y es importante que lo digamos desde aquí", manifestó la portavoz de la Casa Blanca, Karine Jean-Pierre, en su rueda de prensa diaria.

"¿Y si lo de arriba es para tapar lo de abajo?", se pregunta un usuario un Twitter días después del descarrilamiento. Pese a que el accidente tuvo lugar hace 10 días en suelo estadounidense, las teorías han comenzado a cocinarse en las últimas horas. 

Tampoco ha ayudado la detención del periodista Evan Lambert, corresponsal para la cadena de televisión estadounidense NewsNation. Un vídeo muestra cómo Lambert es empujado al suelo y arrestado por las autoridades de East Palestine mientras cubría una conferencia de prensa con motivo del descarrilamiento. 

El vídeo, viral en redes sociales, también ha servido como ingrediente extra para las teorías conspiranoicas que ven en el accidente de Ohio un secreto a voces. "Creemos que Evan Lambert simplemente estaba haciendo su trabajo... Dejaremos que la gente saque sus propias conclusiones sobre cómo manejaron este incidente los agentes implicados", declaró la empresa.

El "Chernóbil de Ohio"

Las impactantes imágenes del accidente no han pasado desapercibidas para los usuarios, que se preguntan por qué Estados Unidos no está hablando de ello. Algunos, incluso, han considerado el suceso como la versión americana de Chernóbil por la cantidad de toneladas de contenido tóxico vertidas en la región. 

"Rihanna, OVNIS, China, Canadá", bromeaba un usuario, en tono serio, alegando que Estados Unidos estaba evitando que las imágenes llegaran a los medios hablando, en cambio, de la situación con China o del espectáculo de la Superbowl de Rihanna. 

Tensión diplomática

Estados Unidos ha negado este lunes de forma categórica las acusaciones de China de que globos estadounidenses sobrevolaron al menos diez veces su territorio durante el último año. "No es verdad. No lo hemos hecho. No es para nada cierto", señaló el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Kirby, en la cadena MSNBC.

La tensión entre Pekín y Washington desde que se abatiera el globo chino es máxima, pero Kirby aseguró hoy que el diálogo entre ambas potencias sigue abierto.

"Todavía tenemos relaciones diplomáticas con China, todavía tenemos embajada ahí. No es como si todas las comunicaciones entre nosotros y el Partido Comunista chino se hubieran cerrado (...) Tenemos la capacidad de comunicarnos directamente con los líderes chinos", concluyó.

viernes, 10 de febrero de 2023

ASÍ ELIMINÓ ESTADOS UNIDOS LOS GASODUCTOS NORD STREAM

[Seymour Hersh, el legendario periodista de investigación norteamericano que destapó la matanza de My Lai en Vietnam y fue galardonado con el premio Pullitzer, cuenta con pelos y señales cómo la OTAN atentó contra el Nord Stream.]

Seymour Hersh

ctxt, 08/02/2023


La Administración Biden cumplió sus amenazas: un grupo de buzos de la Marina aprovechó unas maniobras de la OTAN en el Báltico para colocar explosivos en los oleoductos y la Armada noruega los hizo detonar tres meses después lanzando una boya sonar

El Centro de Buceo y Salvamento de la Marina de EE.UU. se encuentra en un lugar tan desconocido como su nombre: en lo que una vez fue un camino rural de Panama City, una ciudad turística en auge situada en el noroeste de Florida, 112 kilómetros al sur de la frontera con Alabama. El edificio que alberga el centro es tan anodino como su ubicación: una monótona estructura de hormigón posterior a la II Guerra Mundial con el aspecto de un instituto de formación profesional de la zona oeste de Chicago. Al otro lado de lo que ahora es una carretera de cuatro carriles hay una lavandería automática y una escuela de danza.

El centro lleva décadas formando a buceadores de aguas profundas altamente cualificados que, asignados a unidades militares estadounidenses por todo el mundo, son capaces de realizar inmersiones técnicas para hacer tanto lo bueno –utilizar explosivos C4 para limpiar puertos y playas de escombros y artefactos sin detonar– como lo malo, es decir volar plataformas petrolíferas extranjeras, obstruir válvulas de centrales eléctricas submarinas o destruir esclusas en canales de navegación cruciales. El centro de Panama City, que cuenta con la segunda piscina cubierta más grande del país, era el lugar perfecto para reclutar a los mejores, y más taciturnos, graduados de la escuela de buceo que el verano pasado cumplieron con éxito la misión que se les había autorizado a realizar a 260 pies (79,2 metros) bajo la superficie del mar Báltico.

El pasado mes de junio, los buzos de la Armada, que operaban al amparo de un ejercicio de la OTAN ampliamente publicitado y conocido como BALTOPS 22, colocaron los explosivos que, al ser activados por control remoto tres meses después, destruyeron tres de los cuatro gasoductos Nord Stream, según una fuente con conocimiento directo de la planificación de la operación.

Dos de los gasoductos, conocidos colectivamente como Nord Stream 1, llevaban más de una década suministrando gas natural ruso a Alemania y gran parte de Europa Occidental. El segundo par de gasoductos, denominados Nord Stream 2, se habían construido pero aún no estaban operativos. A medida que las tropas rusas se concentraban en la frontera ucraniana y se avecinaba la guerra más sangrienta en Europa desde 1945, el presidente Joseph Biden consideró que los gasoductos eran un vehículo para que Vladimir Putin utilizara el gas natural como arma para sus ambiciones políticas y territoriales.

Cuando se le pidió un comentario sobre esta historia, Adrienne Watson, portavoz de la Casa Blanca, dijo en un correo electrónico: “Esto es falso y una completa ficción”. Tammy Thorp, portavoz de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), escribió de forma similar: “Esta afirmación es total y absolutamente falsa”.

La decisión de Biden de sabotear los oleoductos se produjo después de más de nueve meses de debate altamente secreto de ida y vuelta dentro de la comunidad de Seguridad Nacional de Washington sobre la mejor manera de lograr ese objetivo. Durante gran parte de ese tiempo, la cuestión no era si había que llevar a cabo la misión, sino cómo hacerlo sin dejar ninguna pista abierta sobre quién era el responsable.

Había una razón burocrática vital para confiar en los graduados de la exigente escuela de submarinismo del centro de Panama City. Los buzos eran sólo de la Marina, y no miembros del Mando de las Fuerzas Especiales de Estados Unidos, cuyas operaciones encubiertas deben ser comunicadas al Congreso e informadas con antelación a los líderes del Senado y la Cámara de Representantes, la llamada Banda de los Ocho. La Administración Biden hizo todo lo posible para evitar filtraciones, ya que la planificación se llevó a cabo a finales de 2021 y en los primeros meses de 2022.

El presidente Biden y su equipo de política exterior –el consejero de Seguridad Nacional Jake Sullivan, el secretario de Estado Tony Blinken y Victoria Nuland, la subsecretaria de Estado para Política Exterior– habían manifestado de forma clara y coherente su hostilidad hacia los dos gasoductos, que discurrían en paralelo a lo largo de 750 millas bajo el mar Báltico desde dos puertos diferentes en el noreste de Rusia, cerca de la frontera con Estonia, pasando cerca de la isla danesa de Bornholm antes de desembocar en el norte de Alemania.

Esa ruta directa, que evitaba tener que pasar por Ucrania, había sido una bendición para la economía alemana, que disfrutaba de abundante gas natural ruso barato, suficiente para hacer funcionar sus fábricas y calentar sus hogares, al tiempo que permitía a los distribuidores alemanes vender el gas sobrante, con beneficios, por toda Europa Occidental. Cualquier acción que pudiera atribuirse a la administración estadounidense violarían las promesas de Estados Unidos de minimizar el conflicto directo con Rusia. El secreto era esencial.

Desde el principio, Washington y sus socios antirrusos de la OTAN consideraron que el Nord Stream 1 era una amenaza para el dominio de Occidente. El holding que lo sustenta, Nord Stream AG [cuyo presidente es el excanciller alemán Gerhard Schroeder, amigo personal de Putin], se constituyó en Suiza en 2005 en asociación con Gazprom, una empresa rusa que cotiza en bolsa y que produce enormes beneficios a sus accionistas, dominada por oligarcas conocidos por ser esclavos de Putin.

Gazprom controlaba el 51% de la empresa, mientras que cuatro empresas energéticas europeas –una en Francia, otra en los Países Bajos y dos en Alemania– compartían el 49% restante de las acciones y tenían derecho a controlar las ventas posteriores del gas natural barato a distribuidores locales en Alemania y Europa Occidental. Los beneficios de Gazprom se repartieron con el gobierno ruso, y se calcula que los ingresos estatales por gas y petróleo ascendieron en algunos años hasta el 45% del presupuesto anual de Rusia.

Los temores políticos de Estados Unidos eran fundados: Putin dispondría ahora de una importante fuente de ingresos adicional y muy necesaria, y Alemania y el resto de Europa Occidental se volverían adictos al gas natural de bajo coste suministrado por Rusia, disminuyendo al mismo tiempo la dependencia europea de Estados Unidos. De hecho, eso es exactamente lo que ocurrió. Muchos alemanes vieron el Nord Stream 1 como parte del cumplimiento de la famosa teoría de la Ostpolitik del excanciller Willy Brandt, que permitiría a la Alemania de posguerra rehabilitarse a sí misma y a otras naciones europeas destruidas en la Segunda Guerra Mundial mediante, entre otras iniciativas, la utilización del gas ruso barato para alimentar un mercado y una economía comercial prósperos en Europa Occidental.

Nord Stream 1 ya era suficientemente peligroso, en opinión de la OTAN y Washington, pero Nord Stream 2, cuya construcción finalizó en septiembre de 2021, duplicaría, si lo aprobaban los reguladores alemanes, la cantidad de gas barato a disposición de Alemania y Europa Occidental. El segundo gasoducto también proporcionaría gas suficiente para cubrir más del 50% del consumo anual de Alemania. Las tensiones entre Rusia y la OTAN no cesaban de aumentar, respaldadas por la agresiva política exterior de la Administración Biden.

La oposición al Nord Stream 2 estalló en vísperas de la toma de posesión de Biden, en enero de 2021, cuando los republicanos del Senado, encabezados por Ted Cruz, de Texas, plantearon repetidamente la amenaza política del gas natural ruso barato durante la audiencia de confirmación de Antony Blinken como secretario de Estado. Para entonces, un Senado unificado había aprobado con éxito una ley que, como dijo Cruz a Blinken, “detuvo [el gasoducto] en seco”. El Gobierno alemán, presidido entonces por Angela Merkel, ejercería una enorme presión política y económica para poner en marcha el segundo oleoducto.

¿Se enfrentaría Biden a los alemanes? Blinken dijo que sí, pero añadió que no había hablado de los puntos de vista concretos del presidente entrante. “Conozco su firme convicción de que el Nord Stream 2 es una mala idea”, dijo. “Sé que nos haría utilizar todas las herramientas persuasivas que tenemos para convencer a nuestros amigos y socios, incluida Alemania, de que no sigan adelante con él”.

Unos meses después, cuando la construcción del segundo gasoducto estaba a punto de concluir, Biden se acobardó. En mayo, en un giro sorprendente, la Administración renunció a imponer sanciones a Nord Stream AG, y un funcionario del Departamento de Estado admitió que intentar detener el gasoducto mediante sanciones y diplomacia “siempre había sido una posibilidad remota”. Entre bastidores, funcionarios de la Administración habrían instado al presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, que por entonces se enfrentaba a la amenaza de una invasión rusa, a que no criticara la medida.

Las consecuencias fueron inmediatas. Los republicanos del Senado, liderados por Cruz, anunciaron un bloqueo inmediato de todos los candidatos de Biden en política exterior y retrasaron la aprobación de la ley anual de defensa durante meses, hasta bien entrado el otoño. Más tarde, Politico describió el cambio de rumbo de Biden sobre el segundo oleoducto ruso como “la única decisión, posiblemente más que la caótica retirada militar de Afganistán, que ha puesto en peligro la agenda de Biden”.

La Administración se tambaleaba, a pesar de obtener un respiro en la crisis a mediados de noviembre, cuando los reguladores energéticos alemanes suspendieron la aprobación del segundo gasoducto Nord Stream. Los precios del gas natural se dispararon un 8% en pocos días, en medio del temor creciente en Alemania y Europa de que la suspensión del gasoducto y la posibilidad cada vez mayor de una guerra entre Rusia y Ucrania provocaran un invierno frío muy poco deseado. Washington no tenía clara la postura del recién nombrado canciller alemán, Olaf Scholz. Meses antes, tras la caída de Afganistán, Scholz había apoyado públicamente el llamamiento del presidente francés Emmanuel Macron a una política exterior europea más autónoma, en un discurso en Praga, sugiriendo claramente una menor dependencia de Washington y sus veleidades.

Durante todo ese tiempo, las tropas rusas se habían ido posicionando de forma constante y ominosa en las fronteras de Ucrania, y a finales de diciembre más de 100.000 soldados estaban en posición de atacar desde Bielorrusia y Crimea. La alarma crecía en Washington; Blinken calculó que ese despliegue de tropas podría “duplicarse en poco tiempo”.

La atención de la Administración volvió a centrarse en Nord Stream. Mientras Europa siguiera dependiendo de los gasoductos para obtener gas natural barato, Washington temía que países como Alemania se mostraran reacios a suministrar a Ucrania el dinero y las armas que necesitaba para derrotar a Rusia.

Fue en este momento de inquietud cuando Biden autorizó a Jake Sullivan a reunir un grupo interagencias para idear un plan.

Todas las opciones debían estar sobre la mesa. Pero sólo una prevalecería.

Planificación

En diciembre de 2021, dos meses antes de que los primeros tanques rusos entraran en Ucrania, Jake Sullivan convocó una reunión de un grupo de trabajo recién formado –hombres y mujeres del Estado Mayor Conjunto, la CIA y los Departamentos de Estado y del Tesoro– y pidió recomendaciones sobre cómo responder a la inminente invasión de Putin.

Sería la primera de una serie de reuniones ultrasecretas, en una sala segura de la última planta del Old Executive Office Building, adyacente a la Casa Blanca, que era también la sede del President’s Foreign Intelligence Advisory Board (PFIAB). Hubo la habitual charla de idas y venidas que acabó desembocando en una pregunta preliminar crucial: ¿la recomendación que debía remitir el grupo al presidente sería reversible –como otra ronda de sanciones y restricciones monetarias– o irreversible –es decir, acciones cinéticas [eufemismo que implica una guerra activa], que no podrían deshacerse?

Lo que quedó claro para los participantes, según la fuente con conocimiento directo del proceso, es que Sullivan pretendía que el grupo presentara un plan para la destrucción de los dos gasoductos Nord Stream, y que estaba cumpliendo los deseos del presidente.

Durante las siguientes reuniones, los participantes debatieron las opciones de ataque. La Marina propuso utilizar un submarino recién estrenado para atacar directamente el oleoducto. La Fuerza Aérea discutió la posibilidad de lanzar bombas con espoletas retardadas que pudieran detonarse a distancia. La CIA argumentó que, se hiciera lo que se hiciera, tendría que ser encubierto. Todos los implicados comprendieron lo que estaba en juego. “Esto no es cosa de niños”, dijo la fuente. Si se podía rastrear el ataque hasta Estados Unidos, “era un acto de guerra”.

En aquel momento, la CIA estaba dirigida por William Burns, un exembajador en Rusia de modales suaves que había sido subsecretario de Estado en la Administración Obama. Burns autorizó rápidamente un grupo de trabajo de la Agencia entre cuyos miembros ad hoc figuraba –por casualidad– alguien que conocía las capacidades de los buzos de aguas profundas de la Marina en Panama City. Durante las semanas siguientes, los miembros del grupo de trabajo de la CIA comenzaron a elaborar un plan para una operación encubierta que utilizaría buzos de profundidad para provocar una explosión a lo largo del oleoducto.

El precedente de 1971

Ya se había hecho antes algo parecido. En 1971, la inteligencia estadounidense se enteró por fuentes aún no reveladas de que dos importantes unidades de la Armada rusa se comunicaban a través de un cable submarino enterrado en el Mar de Okhotsk, en la costa del Lejano Oriente ruso. El cable enlazaba un mando regional de la Marina con el cuartel general en Vladivostok.

Un equipo cuidadosamente seleccionado de agentes de la CIA y de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) se reunió en algún lugar de la zona de Washington, con el máximo secreto, y elaboró un plan, utilizando buzos de la Marina, submarinos modificados y un vehículo de rescate submarino profundo, que tuvo éxito, después de mucho ensayo y error, en la localización del cable ruso. Los buzos colocaron en el cable un sofisticado dispositivo de escucha que interceptó con éxito el tráfico ruso y lo registró con un sistema de grabación.

La NSA se enteró de que altos oficiales de la marina rusa, convencidos de la seguridad de su enlace de comunicaciones, charlaban con sus compañeros sin cifrar. El dispositivo de grabación y su cinta tenían que ser sustituidos mensualmente y el proyecto siguió adelante alegremente durante una década hasta que se vio comprometido por un técnico civil de la NSA, de 44 años, llamado Ronald Pelton, que hablaba ruso con fluidez. Pelton fue delatado por un desertor ruso en 1985 y condenado a prisión. Los rusos sólo le pagaron 5.000 dólares por sus revelaciones sobre la operación, además de 35.000 dólares por otros datos operativos rusos que proporcionó y que nunca se hicieron públicos.

Aquel éxito submarino, cuyo nombre en clave era Ivy Bells, fue innovador y arriesgado, y ofreció a Estados Unidos valiosísimos datos de inteligencia sobre las intenciones y la planificación de la Armada rusa.

Aun así, el grupo interagencias se mostró inicialmente escéptico ante el entusiasmo de la CIA por un ataque encubierto en alta mar. Había demasiadas preguntas sin respuesta. Las aguas del Mar Báltico estaban fuertemente patrulladas por la marina rusa, y no había plataformas petrolíferas que pudieran servir de cobertura para una operación de buceo. ¿Tendrían que ir los submarinistas a Estonia, justo al otro lado de la frontera de los muelles rusos de carga de gas natural, para entrenarse para la misión? “Eso sería una cagada”, le dijeron a la Agencia.

A lo largo de “todas estas maquinaciones”, dijo la fuente, “algunos trabajadores de la CIA y del Departamento de Estado decían: ‘No hagáis esto. Es estúpido y será una pesadilla política si sale a la luz’”.

Sin embargo, a principios de 2022, el grupo de trabajo de la CIA informó al grupo interagencias de Sullivan: “Tenemos una manera de volar los oleoductos”.

Lo que vino después fue asombroso. El 7 de febrero, menos de tres semanas antes de la aparentemente inevitable invasión rusa de Ucrania, Biden se reunió en su despacho de la Casa Blanca con el canciller alemán Olaf Scholz, quien, tras algunos titubeos, militaba ahora firmemente en el equipo estadounidense. En la rueda de prensa posterior, Biden afirmó desafiante: “Si Rusia invade... ya no habrá Nord Stream 2. Le pondremos fin”.

Veinte días antes, la subsecretaria Nuland había transmitido básicamente el mismo mensaje en una reunión informativa del Departamento de Estado, con escasa cobertura de prensa. “Quiero ser muy clara con ustedes hoy”, dijo en respuesta a una pregunta. “Si Rusia invade Ucrania, de un modo u otro Nord Stream 2 no seguirá adelante”.

Varios de los que participaron en la planificación de la misión del oleoducto estaban consternados por lo que consideraban referencias indirectas al ataque.

“Era como poner una bomba atómica sobre el terreno en Tokio y decir a los japoneses ‘vamos a detonarla’”, dijo la fuente. “El plan era que las opciones se ejecutaran después de la invasión y no se anunciaran públicamente. Biden simplemente no lo entendió o lo ignoró”.

La indiscreción de Biden y Nuland, si es que fue eso, pudo haber frustrado a algunos de los planificadores. Pero también creó una oportunidad. Según la fuente, algunos altos cargos de la CIA concluyeron que volar el oleoducto “ya no podía considerarse una opción encubierta porque el presidente acababa de anunciar que sabíamos cómo hacerlo”.

El plan de volar Nord Stream 1 y 2 pasó repentinamente de ser una operación encubierta que requería informar al Congreso a considerarse una operación de inteligencia altamente secreta con apoyo militar estadounidense. Según la ley, explicó la fuente, “ya no había obligación legal de informar de la operación al Congreso. Todo lo que tenían que hacer ahora era simplemente llevarla a cabo, pero seguía teniendo que ser secreta. Los rusos mantienen una vigilancia superlativa del Mar Báltico”.

Los miembros del grupo de trabajo de la Agencia no tenían contacto directo con la Casa Blanca, y estaban ansiosos por saber si el presidente hablaba en serio, es decir, si la misión estaba en marcha. La fuente cuenta: “[El exembajador] Bill Burns vuelve y dice: ‘Hacedlo’”.

La operación

Noruega era el lugar perfecto para ser la base de la misión.

En los últimos años de crisis Este-Oeste, el ejército estadounidense ha ampliado enormemente su presencia dentro de Noruega, cuya frontera occidental recorre 2.250 kilómetros a lo largo del océano Atlántico norte y se funde por encima del Círculo Polar Ártico con Rusia. El Pentágono ha creado puestos de trabajo y contratos muy bien remunerados, en medio de cierta controversia local, invirtiendo cientos de millones de dólares para modernizar y ampliar las instalaciones de la Armada y la Fuerza Aérea estadounidenses en Noruega. Las nuevas obras incluían, sobre todo, un avanzado radar de apertura sintética en el norte, capaz de penetrar profundamente en Rusia, y que entró en funcionamiento justo cuando la Inteligencia estadounidense perdía el acceso a una serie de emplazamientos de escucha de largo alcance dentro de China.

Una base de submarinos estadounidenses recién renovada, que llevaba años en construcción, entró en funcionamiento y ahora más submarinos norteamericanos pueden colaborar estrechamente con sus colegas noruegos para vigilar y espiar un importante reducto nuclear ruso situado a unos 400 kilómetros al este, en la península de Kola. Estados Unidos también ha ampliado una base aérea noruega en el norte y ha entregado a las fuerzas aéreas noruegas una flota de aviones de patrulla P8 Poseidon fabricados por Boeing para reforzar su espionaje de largo alcance sobre todo lo relacionado con Rusia.

A cambio, el Gobierno noruego enfureció a los progresistas y a algunos moderados de su Parlamento el pasado mes de noviembre al aprobar el Acuerdo Complementario de Cooperación en materia de Defensa (SDCA). Según el nuevo convenio, el sistema judicial estadounidense tendría jurisdicción en determinadas “zonas acordadas” del norte sobre los soldados estadounidenses acusados de delitos fuera de la base, así como sobre aquellos ciudadanos noruegos acusados o sospechosos de interferir en el trabajo en la base.

Noruega fue uno de los signatarios originales del Tratado de la OTAN en 1949, en los primeros días de la Guerra Fría. En la actualidad, el comandante supremo de la OTAN es Jens Stoltenberg, un anticomunista convencido, que fue primer ministro de Noruega durante ocho años antes de acceder a su alto cargo en la OTAN, con respaldo estadounidense, en 2014. Era un partidario de la línea dura en todo lo relacionado con Putin y Rusia y había cooperado con la comunidad de inteligencia estadounidense desde la guerra de Vietnam. Desde entonces se confía plenamente en él. “Es el guante que se ajusta a la mano estadounidense”, afirma la fuente.

De vuelta a Washington, los planificadores sabían que tenían que ir a Noruega. “Odian a los rusos, y la armada noruega está llena de excelentes marineros y buceadores que tienen generaciones de experiencia en la muy rentable exploración de petróleo y gas en alta mar”, explica la fuente. También se podía confiar en ellos para mantener la misión en secreto. (Es posible que los noruegos también tuvieran otros intereses. La destrucción de Nord Stream –si los estadounidenses lo conseguían– permitiría a Noruega vender una cantidad mucho mayor de su propio gas natural a Europa).

En algún momento de marzo, algunos miembros del equipo volaron a Noruega para reunirse con el Servicio Secreto y la Marina noruegos. Una de las preguntas clave era qué punto exacto del Mar Báltico era el mejor para colocar los explosivos. Nord Stream 1 y 2, cada uno con dos conjuntos de tuberías, estaban separados en gran parte del trayecto por poco más de un kilómetro y medio en su recorrido hacia el puerto de Greifswald, en el extremo noreste de Alemania.

La Armada noruega no tardó en encontrar el lugar adecuado, en unas aguas poco profundas del Báltico, a pocas millas de la isla danesa de Bornholm. Allí, los dos oleoductos estaban separados por más de una milla de distancia, en un fondo marino de sólo 79,2 metros de profundidad. Los buzos, que operaban desde un cazaminas noruego clase Alta, se sumergirían con una mezcla de oxígeno, nitrógeno y helio que salía de sus tanques y colocarían cargas de C4 en los cuatro conductos con cubiertas protectoras de hormigón. Sería un trabajo tedioso, lento y peligroso, pero las aguas de Bornholm tenían otra ventaja: no había grandes corrientes, que habrían dificultado mucho la tarea de buceo.

Después de investigar un poco, los estadounidenses se decidieron.

En este punto, volvió a entrar en juego el oscuro grupo de buceo de profundidad de la Marina en Panama City. La escuela de aguas profundas, cuyos exalumnos participaron en Ivy Bells, son vistas como un lugar rural aislado poco atractivo para los graduados de élite de la Academia Naval de Annapolis, que normalmente buscan la gloria de ser destinados como Seals, piloto de caza o submarinista. Si uno debe convertirse en un “zapato negro” –es decir, un miembro del poco apetecible comando de buques de superficie– siempre habrá al menos un hueco en un destructor, crucero o buque anfibio. La menos glamurosa de todas es la guerra de minas. Sus buceadores nunca aparecen en las películas de Hollywood ni en las portadas de las revistas populares.

“Los buzos más cualificados para el buceo profundo forman una comunidad muy cerrada; los mejores fueron reclutados para la operación y se les dijo que estuvieran preparados para ser llamados por la CIA a Washington”, explica la fuente.

Los noruegos y los estadounidenses tenían la ubicación y los agentes, pero había otra preocupación: cualquier actividad submarina inusual en las aguas de Bornholm podría llamar la atención de las armadas sueca o danesa, que podrían informar de ello.

Dinamarca también es uno de los signatarios originales de la OTAN y es conocida en los grupos de Inteligencia por sus especiales vínculos con el Reino Unido. Suecia había solicitado su ingreso en la OTAN y había demostrado gran habilidad en el manejo de sus sistemas de sensores magnéticos y de sonido submarino que rastreaban con éxito los submarinos rusos que de vez en cuando aparecían en aguas remotas del archipiélago sueco y se veían obligados a salir a la superficie.

Los noruegos se unieron a los estadounidenses para insistir en que algunos altos funcionarios de Dinamarca y Suecia debían ser informados en términos generales sobre la posible actividad submarina en la zona. De ese modo, algún superior podría intervenir y elaborar un informe fuera de la cadena de mando, blindando así la operación del oleoducto. “Lo que se les decía y lo que sabían era deliberadamente diferente”, me dijo la fuente. (La embajada noruega, a la que se pidió un comentario sobre esta historia, no ha respondido).

Los noruegos fueron clave para resolver otros obstáculos. Se sabía que la armada rusa poseía tecnología de vigilancia capaz de detectar y activar minas submarinas. Los artefactos explosivos estadounidenses debían camuflarse para que el sistema ruso los viera como parte del fondo natural, lo que requería adaptarse a la salinidad específica del agua. Los noruegos tenían una solución.

Los noruegos también tenían una solución para la cuestión crucial de cuándo debía tener lugar la operación. Cada mes de junio, desde hace 21 años, la Sexta Flota norteamericana, cuyo buque insignia tiene su base en Gaeta (Italia), al sur de Roma, patrocina un gran ejercicio de la OTAN en el Mar Báltico en el que participan decenas de barcos aliados de toda la región. El ejercicio de ese año, que se iba a celebrar en junio, fue bautizado como Operaciones Bálticas 22, o BALTOPS 22. Los noruegos propusieron que ésta sería la tapadera ideal para plantar las minas.

Los estadounidenses aportaron un elemento vital: convencieron a los planificadores de la Sexta Flota para que añadieran al programa un ejercicio de investigación y desarrollo. El ejercicio, según hizo público la Marina, implicaba a la Sexta Flota en colaboración con los “centros de investigación y guerra” de la Marina. El evento en el mar se celebraría frente a la costa de la isla de Bornholm y en él participarían equipos de buceadores de la OTAN sembrando minas, y los equipos competidores utilizarían la última tecnología submarina para encontrarlas y destruirlas.

Se trataba tanto de un ejercicio útil como de una ingeniosa tapadera. Los chicos de Panama City harían lo suyo y los explosivos C4 se colocarían al final de los BALTOPS22, con un temporizador de 48 horas. Los estadounidenses y noruegos ya habrían abandonado el lugar antes de la primera explosión.

Los días corrían en la cuenta atrás. “El reloj avanzaba y nos acercábamos a la hora de la misión”, recuerda la fuente.

Y entonces… Washington se lo pensó mejor. Las bombas seguirían colocándose durante los BALTOPS22, pero a la Casa Blanca le preocupaba que el plazo de dos días para la detonación estuviera demasiado cerca del final del ejercicio y pareciera obvio que Estados Unidos había participado en la operación.

En su lugar, la Casa Blanca hizo una nueva petición: “¿Pueden los muchachos que están sobre el terreno idear alguna forma de volar los gasoductos más tarde, cuando se les ordene?”.

Algunos miembros del equipo de planificación estaban enfadados y frustrados por la aparente indecisión del presidente. Los buzos de Panama City habían practicado repetidamente la colocación del C4 en las tuberías, como harían durante los BALTOPS, pero ahora el equipo de Noruega tenía que idear una forma de dar a Biden lo que quería: la posibilidad de emitir una orden de ejecución con éxito en el momento que él eligiera.

La Inmaculada Concepción

Encargarse de un cambio arbitrario y de última hora era algo que la CIA estaba acostumbrada a gestionar. Pero la decisión también agudizó las preocupaciones que algunos compartían sobre la necesidad, y la legalidad, de toda la operación.

Las órdenes secretas del presidente también evocaron el dilema de la CIA en los días de la guerra de Vietnam, cuando el presidente Lyndon Johnson, enfrentado al creciente sentimiento contra la guerra, ordenó a la Agencia que violara sus estatutos –que le prohibían específicamente operar dentro de Estados Unidos– espiando a los líderes antibélicos para determinar si estaban siendo controlados por la Rusia comunista.

La Agencia acabó accediendo, y a lo largo de la década de 1970 quedó claro hasta dónde estaba dispuesta a llegar. Tras los escándalos del Watergate, los periódicos revelaron que la Agencia espió a ciudadanos estadounidenses, participó en el asesinato de líderes extranjeros y socavó al gobierno socialista de Salvador Allende.

Aquellas revelaciones condujeron a una espectacular serie de comisiones de investigación a mediados de los años setenta en el Senado, dirigidas por Frank Church, de Idaho, que dejaron claro que Richard Helms, director de la Agencia en aquel momento, asumió que tenía la obligación de hacer lo que el presidente quería, incluso si eso significaba violar la ley.

En un testimonio inédito a puerta cerrada, Helms explicó con pesar que “cuando actúas bajo órdenes secretas de un presidente es como si tuvieras una Concepción Inmaculada. “Tanto si está bien que la tengas como si está mal, [la CIA] trabaja bajo reglas y normas básicas diferentes a las de cualquier otra parte del Gobierno”. En esencia, estaba diciendo a los senadores que él, como jefe de la CIA, entendía que había estado trabajando para la Corona, y no para la Constitución.

Los estadounidenses que trabajaban en Noruega seguían la misma dinámica y empezaron a lidiar disciplinadamente con el nuevo problema: cómo detonar a distancia los explosivos C4 por orden de Biden. Era una tarea mucho más exigente de lo que pensaban en Washington. El equipo de Noruega no podía saber cuándo pulsaría el botón el presidente. ¿Sería en unas semanas, en unos meses, o en medio año o más?

El C4 fijado a los gasoductos se activaría mediante una boya de sonar lanzada por un avión con poca antelación, pero el procedimiento requería la tecnología más avanzada de procesamiento de señales. Una vez instalados, los dispositivos de temporización retardada fijados a cualquiera de los cuatro oleoductos podrían activarse accidentalmente por la compleja mezcla de ruidos del fondo del mar Báltico, muy transitado, procedentes de barcos cercanos y lejanos; perforaciones submarinas; fenómenos sísmicos, olas e incluso criaturas marinas. Para evitarlo, la boya de sonar, una vez en su lugar, emitiría una secuencia de sonidos tonales de baja frecuencia únicos –muy parecidos a los emitidos por una flauta o un piano– que serían reconocidos por el temporizador y, tras unas horas de retardo preestablecidas, activarían los explosivos. (“Se necesita una señal lo bastante robusta para que ninguna otra señal pueda enviar accidentalmente un impulso que detone los explosivos”, me explica el Dr. Theodore Postol, profesor emérito de Ciencia, Tecnología y Política de seguridad nacional del MIT. Postol, que ha sido asesor científico del jefe de Operaciones Navales del Pentágono, señaló que el problema al que se enfrentaba el grupo en Noruega debido al retraso de Biden era una cuestión de azar: “Cuanto más tiempo estén los explosivos en el agua, mayor será el riesgo de que una señal aleatoria active las bombas”).

El 26 de septiembre de 2022, un avión de vigilancia P8 de la Marina noruega realizó un vuelo aparentemente rutinario y lanzó una boya de sonar. La señal se propagó bajo el agua, inicialmente al Nord Stream 2 y luego al Nord Stream 1. Pocas horas después, se activaron los explosivos C4 de alta potencia y tres de las cuatro tuberías quedaron fuera de servicio. A los pocos minutos, los charcos de gas metano que quedaban en los gasoductos destruidos podían verse esparciéndose por la superficie del agua, y el mundo se enteró de que había ocurrido algo irreversible.

Las repercusiones

Inmediatamente después del atentado contra el oleoducto, los medios de comunicación estadounidenses lo trataron como un misterio sin resolver. Rusia fue citada repetidamente como probable culpable, tras las calculadas filtraciones de la Casa Blanca, pero sin establecer nunca un motivo claro para semejante acto de autosabotaje, más allá del castigo a Europa. Unos meses más tarde, cuando se supo que las autoridades rusas habían buscado discretamente estimaciones del coste de reparación de los oleoductos, el New York Times resumió la noticia como “complicadas teorías sobre quién estaba detrás” del ataque. Ningún gran periódico estadounidense profundizó en las amenazas contra los oleoductos formuladas previamente por Biden y la subsecretaria de Estado Nuland.

Aunque nunca quedó claro por qué Rusia querría destruir su propio y lucrativo oleoducto, el secretario de Estado Blinken ofreció una justificación reveladora de la acción ordenada por el presidente.

Preguntado en una conferencia de prensa el pasado septiembre sobre las consecuencias del empeoramiento de la crisis energética en Europa Occidental, Blinken describió el momento como potencialmente bueno: 

“Es una oportunidad única para eliminar de una vez por todas la dependencia de la energía rusa y, por lo tanto, quitarle a Vladimir Putin el arma de la energía como medio para avanzar en sus designios imperiales. Eso es muy importante y ofrece una tremenda oportunidad estratégica para los años venideros, pero mientras tanto estamos decididos a hacer todo lo posible para asegurarnos de que las consecuencias de todo esto no las sufran los ciudadanos de nuestros países ni, para el caso, de todo el mundo”.

Más recientemente, Victoria Nuland expresó su satisfacción por la desaparición del más reciente de los oleoductos. En una comparecencia ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado a finales de enero, dijo al senador Ted Cruz: “Al igual que usted, me complace mucho, y creo que a la Administración también, saber que el Nord Stream 2 es ahora, como a usted le gusta decir, un trozo de metal en el fondo del mar”.

La fuente utiliza una expresión mucho más coloquial para calificar la decisión de Biden de sabotear más de 1.500 millas de oleoducto ruso-europeo cuando se acercaba el invierno. “Bueno”, dijo, hablando del presidente, “tengo que admitir que el tipo tiene un par de pelotas. Dijo que iba a hacerlo, y lo hizo”.

Cuando le pregunté por qué creía que los rusos no habían respondido, dijo cínicamente: “Quizá esperan tener la capacidad de hacer lo mismo que hizo Estados Unidos”.

“Es una bonita historia de primera página”, concluye la fuente. “Detrás había una operación encubierta que colocó a expertos sobre el terreno y equipamiento que funcionó con comunicaciones cifradas”

“El único fallo fue la decisión de hacerlo”.

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Este artículo se publicó originalmente en inglés en Substrack.


jueves, 9 de febrero de 2023

EMERGE EL SUBMARINO AMARILLO DE LA OTAN


Después de 8 años de que el gobierno neonazi que salió del golpe de estado del Euromaidán de Kiev masacrara a la población civil del este y sur de Ucrania, además de un año de intervención militar rusa en defensa de estas regiones, emerge en mi ciudad el submarino amarillo del ninismo. "Ni OTAN ni Putin", nos dicen. Y yo les pregunto: ¿dónde estabais durante estos 8 años? ¿Por qué no empapelasteis la ciudad con el cartelito de "No a la guerra" durante todo este tiempo? ¿Será esta plataforma antimilitarista heredera de aquellos objetores de conciencia que hacían en 1999 campañas de deserción al "ejército de Milosevic" pero no al de la OTAN "por ser éste profesional"? ¿Por qué se dice "ni OTAN ni Milosevic" o "ni OTAN ni Putin" pero no "ni EEUU ni Sadam", sino en este último caso, solo "No a la guerra"? ¿A qué se debe ese ninismo tan selectivo? Y por cierto, ahora que sabemos que el ejército ucraniano es una picadora de carne y que es de leva forzosa y el ruso está profesionalizado (al menos en gran parte) ¿se va a hacer una campaña para que los soldados deserten del ejército ucronazi?

Obviamente, todo lo anterior son preguntas retóricas que no esperan respuesta porque la realidad las ha ido contestando una a una con el tiempo. Ahora que, después de un año de intervención rusa, el ejército ucronazi se está quedando sin hombres (ya van cerca de 200.000 bajas) y sin munición, y las tropas de Moscú junto con las milicias populares del Donbass no dejan de avanzar, aparece el caballito de Troya de la OTAN en los países lacayos de EEUU mendigando una paz que ya es tan imposible como oportunista. Tampoco es casualidad que cuando se convocan manifestaciones antiimperialistas por parte de plataformas anti OTAN se contraprograme por esas fechas una serie de manifestaciones paniguadas con la vieja plantilla "Ni OTAN ni X" (siendo X el dirigente del país de turno que molesta a EEUU... solo que esta vez es Rusia, la mayor potencia nuclear del globo.) Es mucho más honesto convocar una manifestación contra la ruina de los trabajadores europeos por el efecto de las sanciones a la energía rusa o contra la deriva hacia una posible guerra nuclear que enarbolar nuevamente la bandera de la falsa equidistancia que siempre acaba degenerando en apoyo al imperio criminal de las élites globalistas que dirigen Washington. Por mí os podéis quitar la careta. Ya no me engañáis.





EL PERIODISTA Y GANADOR DEL PULITZER SEYMOUR HERSH ACUSA A EEUU DE ESTAR TRAS EL SABOTAJE AL NORD STREAM

Nius Diario, 08/2023

Hersh ha explicado en su página web que los responsables del supuesto sabotaje son buzos de la Marina estadounidense

Así, ha acusado a las autoridades noruegas de activar dichas cargas meses después

El periodista y ganador de un premio Pulitzer Seymour Hersh ha acusado este miércoles a la Marina de Estados Unidos de estar detrás de las explosiones de los gasoductos submarinos Nord Stream 1 y 2 explosiones registradas en los gasoductos Nord Stream 1 y Nord Stream 2 en septiembre de 2022.

Hersh ha explicado en su página web que los responsables del supuesto sabotaje son buzos de la Marina estadounidense, que habrían colocado explosivos durante las maniobras 'Baltops 22' de la OTAN.

Así, ha acusado a las autoridades noruegas de activar dichas cargas meses después. "Tres meses después destruyeron tres de los cuatro ramales del gasoducto", ha indicado en su página web.

Según el periodista, el 26 de septiembre, un avión de la Marina noruega lanzó una boya hidroacústica que detonó los artefactos explosivos. Así, ha explicado que la decisión de hacerlos estallar se tomó nueve meses después de un "debate secreto" por parte de las agencias de seguridad nacional estadounidense.

Hersh, que ganó el Pulitzer en 1970 por su trabajo sobre la masacre de My Lai a manos de una unidad militar del Ejército de Estados Unidos durante la Guerra de Vietnam, ha aseverado que, no obstante, la Casa Blanca tachó estas acusaciones de "falsas" y "totalmente ficticias".

El pasado 26 de septiembre, Nord Stream 2 AG, operadora del gasoducto homónimo ruso, anunció una fuga de gas por causas desconocidas en una de las dos tuberías de la infraestructura cerca de la isla danesa de Bornholm.

Posteriormente, las autoridades informaban de que dos ramales del gasoducto paralelo Nord Stream 1 también habían sufrido daños. Alemania, Dinamarca y Suecia no descartaron un acto de sabotaje tan solo ocho meses después del inicio de la invasión rusa de Ucrania.

El Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia catalogó las explosiones de ataques terroristas y el 30 de septiembre desveló que tenía pruebas que apuntaban a la implicación de países occidentales.

jueves, 2 de febrero de 2023

UN IMPERIO EN PÁNICO PROPONE A RUSIA UNA ‘OFERTA QUE NO PUEDE RECHAZAR’

Pepe Escobar

Observatorio de la crisis, 31/01/2023

Lo que se ha ofrecido, en términos bastante confusos, es de hecho una partición de Ucrania, incluida una zona desmilitarizada, a cambio que el Estado Mayor ruso cancele su aún desconocida ofensiva de 2023, que podría ser tan devastadora como para cortar el acceso de Kiev a la Mar Negro y/o cortar el suministro de armas de la OTAN a través de la frontera polaca.

Al darse cuenta que la guerra de la OTAN con Rusia probablemente terminará siendo desfavorable para el Imperio, Estados Unidos están tanteando una oferta de salida del conflicto. Pero, ¿por qué Moscú debería tomar en serio propuestas indirectas, especialmente en vísperas de un nuevo avance militar y mientras se encuentra en el asiento del ganador?

Los que están detrás del Trono son siempre más peligrosos cuando tienen la espalda contra la pared.

Su poder se está desvaneciendo con rapidez: en el aspecto militar, a través de un paulatina humillación de la OTAN en Ucrania; financieramente la mayor parte del Sur Global se muestra dispuesto a no tener nada que ver con la moneda de un gigante en bancarrota; políticamente, la mayoría global está dando pasos decisivos para dejar de obedecer a una minoría rapaz y desacreditada.

Así que ahora los que están detrás del Trono están conspirando para al menos tratar de detener el desastre que se avecina en el frente militar.

Tal como confirmó una fuente de alto nivel del establishment estadounidense, los altos mandos de OTAN recibieron una nueva directiva de Anthony Blinken respecto de la marcha del conflicto en Ucrania.  

El secretario de Estado habría recibido la instrucción de transmitir la nueva directiva, una especie de mensaje al Kremlin, a través de los principales medios publicado de inmediato por el Washington Post. No debemos de olvidar que en términos de poder real, Blinken, no es más que un emisario de los neoconservadores y neoliberales straussianos que son los que realmente dirigen la política exterior de Estados Unidos.

En la división del trabajo de élite de los principales medios de comunicación estadounidenses, el New York Times está muy cerca del Departamento de Estado y el Washington Post muy pero muy cerca de la CIA. En este caso, la directiva era demasiado importante y necesitaba ser transmitida en la capital imperial, por tanto se publicó como un artículo de opinión (y de pago).

La novedad es que, por primera vez desde el comienzo de la Operación Militar Especial (SMO) de Rusia en Ucrania, los estadounidenses están proponiendo una variación de su clásico » una oferta que no se puede rechazar», un ofrecimiento que en este caso incluye algunas concesiones que podrían satisfacer los imperativos de seguridad de Rusia.

Crucialmente, la oferta de EE. UU. pasa por alto por completo a Kiev, certificando una vez más que esta es una guerra contra Rusia dirigida por el Imperio y sus secuaces de la OTAN, con los ucranianos como meros intermediarios desechables.

‘Por favor, no pases a la ofensiva’

El corresponsal de la vieja escuela del Washington Post en Moscú, John Helmer, ha brindado un servicio importante, ofreciendo el texto completo de la oferta de Blinken , y por supuesto pregonando nociones fantasiosas como «las armas estadounidenses ayudaran a pulverizar la fuerza de invasión de Putin» y una explicación digna de vergüenza: “en otras palabras, Rusia no debería estar lista para descansar, reagruparse y atacar”.

El mensaje de Washington puede, a primera vista, dar la impresión que EE. UU. admitiría, como un hecho consumado, el control ruso sobre Crimea, Donbass, Zaporozhie y Kherson, “el puente terrestre que conecta Crimea y Rusia”.

Ucrania tendría un estado desmilitarizado, y el despliegue de misiles HIMARS y de los tanques Leopard y Abrams se limitarían al oeste de Ucrania, como un elemento «disuasivo contra nuevos ataques rusos».

Lo que se ha ofrecido, en términos bastante confusos, es de hecho una partición de Ucrania, incluida una zona desmilitarizada, a cambio que el Estado Mayor ruso cancele su aún desconocida ofensiva de 2023, que podría ser tan devastadora como para cortar el acceso de Kiev a la Mar Negro y/o cortar el suministro de armas de la OTAN a través de la frontera polaca.

La oferta de Estados Unidos se define a sí misma como el camino hacia una “paz justa y duradera que defienda la integridad territorial de Ucrania”. Bueno, en realidad no será la Ucrania que todavía conocemos, pero Kiev podría retener las tierras occidentales que Polonia se muere por engullir.

También se desentierra la posibilidad de un acuerdo directo entre Washington y Moscú sobre “un eventual equilibrio militar de posguerra”, incluida la no membresía de Ucrania en la OTAN. En cuanto a la propia Ucrania, los estadounidenses parecen creer que será una “economía fuerte y no corrupta con membresía en la Unión Europea”.

Todo lo que queda de valor en Ucrania ya ha sido tragado no solo por su oligarquía corrupta, sino, sobre todo, por inversores y especuladores del tipo BlackRock. De hecho detrás de la propuesta están los buitres corporativos que no pueden darse el lujo de perder los puertos de exportación de granos de Ucrania, así como el acuerdo comercial refrendado con la Unión Europea antes de la guerra. ¡Están aterrorizados!, la ofensiva rusa pueda capturar Odessa, el principal puerto marítimo y centro de transporte del Mar Negro, escenario que dejaría a Ucrania sin salida al mar.

No hay evidencia alguna que el presidente, Vladimir Putin, y el Consejo de Seguridad de Rusia, incluido su secretario Nikolai Patrushev y el vicepresidente Dimitri Medvedev, tengan motivos para creer algo que venga del establishment estadounidense, especialmente cuando se conoce a través de meros emisarios como Blinken y el Washington Post . . . Después de todo, el alto mando de las fuerzas armadas rusas (la Stavka) considera que los estadounidenses son » no son capaces de cumplir con un acuerdo», a pesar que la oferta este por escrito.

La propuesta publicada por el Washington Post  habla como un gambito desesperado que muestra “algunas zanahorias a Moscú” con la esperanza de retrasar o incluso cancelar la ofensiva planificada para los próximos meses.

De hecho los operativos de inteligencia de la vieja escuela, que no están en deuda con la galaxia neoconservadora straussiana, apuestan a que la táctica estadounidense es una maniobra de «ambigüedad estratégica», por tanto los rusos continuarán con la desmilitarización, desnazificación y deselectrificación, y se «detendrán» en cualquier momento y en cualquier lugar que consideren oportuno al este del Dnieper. O más allá.

Lo que realmente quiere el Estado Profundo

Las ambiciones de Washington en esta guerra de la OTAN contra Rusia van mucho más allá de Ucrania. Y ni siquiera estamos hablando de prevenir una unión euroasiática Rusia-China-Alemania o una “pesadilla” de desunión entre países competidores de occidente ; en este caso se trata de problemas más prosaicos en el campo de batalla de Ucrania.

Las «recomendaciones» (militares, económicas, políticas, diplomáticas) se detallaron en un documento de Estrategia del Atlantic Council a fines del año pasado. Con el titulo «Escenario de guerra 1: la guerra continúa en su ritmo actual», se detalla completamente la estrategia neoconservadora de Strauss.

El documento recomienda : desde “reunir transferencias de apoyo y asistencia militar a Kiev suficientes para permitirle ganar” hasta “aumentar la letalidad de la asistencia militar incluyendo aviones de combate que permitirían a Ucrania controlar su espacio aéreo y atacar a las fuerzas rusas, y tecnología de misiles con alcance suficiente para llegar al territorio ruso”.

Desde entrenar al ejército ucraniano «para usar armas occidentales, guerra electrónica y capacidades cibernéticas ofensivas y defensivas, y para integrar sin problemas nuevos reclutas en el servicio» hasta reforzar «las defensas en las líneas del frente, en la región de Donbass», incluido el «entrenamiento de combate» centrándose en la guerra irregular”.

Además de “imponer sanciones secundarias a todas las entidades que hacen negocios con el Kremlin”, el Atlantic Council propone la Madre de Todos los Saqueos: “Confiscar los $300 mil millones que el estado ruso tiene en cuentas en el extranjero (en Estados Unidos y en  los países de la UE) y usar el dinero incautado para financiar la reconstrucción”.

La reorganización de la Operación militar especial, con Putin, el Jefe del Estado Mayor General Valery Gerasimov y el General Armagedón está descarrilando todos estos elaborados planes.

Los straussianos ahora están sumidos en medio de un oscuro sentimiento de pánico. Incluso la número dos de Blinken, la belicista rusofóbica Victoria Nuland, ha admitido ante el Senado que no habrá tanques Abrams en el campo de batalla antes de la primavera (siendo realistas, sólo en 2024). También prometió “reducir las sanciones” si Moscú “vuelve a las negociaciones”. Unas negociaciones que fueron frustradas por los propios estadounidenses en Estambul en la primavera de 2022.

Nuland también llamó a los rusos a “retirar sus tropas”. Bueno, eso al menos ofrece un alivio cómico en comparación con el pánico que emana de la «oferta que no puedes rechazar» de Blinken. Estén atentos a un probable “niet” como respuesta de Rusia.