[Por fin se desenmascara a este "periodista" corrupto, otanista y pseudo progresista, al que, por cierto, siempre se han querido arrimar los de Podemos... Ellos sabrán por qué.]
miércoles, 13 de julio de 2022
jueves, 7 de julio de 2022
NOTAS DE UNA GUERRA QUE YA NO ES NOTICIA
Oleg Yasinsky
Pressenza.com, 06/07/2022
En estos últimos meses cuesta mucho hacer análisis equilibrados y proyectar los acontecimientos, ya que hay que reconocer que con toda nuestra arrogancia y una supuesta comprensión de la lógica del absurdo ucraniano-ruso, no supimos pronosticar absolutamente nada. Negamos ver lo que temíamos tanto, como nuestra conciencia suele negar nuestra mortalidad, negamos reconocer lo inevitable de esta guerra. Estamos descubriendo lo más duro de las guerras civiles, lo que calla la literatura: las muertes más dolorosas a veces no son las de los que están más cerca, sino las de esos ex amigos, que por la locura de las circunstancias, quedaron en la trinchera de enfrente, y con quienes ya no habrá reconciliación, ni futuros chistes sobre estos tiempos de locura.
También cuesta mucho ser pacifista; odiando al odio y a la guerra, no es difícil entender que la actual carnicería en el corazón de la ex Unión Soviética no es producto de ningún odio, sino de puro cálculo político y de un profesional trabajo mediático, generoso en repartir creencias medievales y muy pobre en cualquier expresión racional. Me parece hipócrita hablar de la esperanza de paz y desear éxitos a las negociaciones, cuando el interlocutor no existe. Ucrania desde hace 8 años, es una base de la OTAN y del paramilitarismo, y siempre usó todos los acuerdos con Rusia y las repúblicas rebeldes de Donbass para acumular fuerzas, armarse, reprimir la disidencia interna y seguir provocando a sus vecinos. Si Rusia se detiene o retrocede, pierde la guerra. Si los gobiernos europeos dejan de apoyar al gobierno de Ucrania y permiten su caída, abriendo la posibilidad de la unificación política, económica y militar de los tres estados eslavos de la ex URSS, la OTAN tendrá que reconocer su derrota, lo que anularía las nuevas ambiciones imperiales de los EEUU, enterrando para siempre su sueño de destruir a China.
Estoy en Moscú y mi ex compañera de trabajo en un programa de la televisión ucraniana, que teníamos antes de la guerra, está refugiada en Alemania con su hija. Su hermano menor, de solo 19 años, fue voluntario ucraniano y murió en los combates en Mariúpol. Cuando empezó la guerra, en los primeros días, él dejó sus poemas y su guitarra y se inscribió como voluntario en un batallón nacionalista. Actuó como sentía su deber, tal como les enseñaron a los jóvenes ucranianos durante los últimos 8 años, con los lemas anti-rusos y anticomunistas. Son los batallones nacionalistas los que cometen los crímenes más atroces en esta guerra. Sus mandos políticos, bien preparados ideológicamente, son comisarios nazis a cargo de las tropas ucranianas. Cumplen ordenes de Washington y de Londres. ¿Ese muchacho era un nazi? ¿Qué podría decir a su hermana? ¿De qué le servirán mis palabras o mi silencio? Ahora ella está promoviendo en las redes sociales a los grupos nazis ucranianos que para ella son los “héroes de la patria”. Sus padres viven en Crimea, siempre se sintieron rusos y al lado del ícono ortodoxo tenían un retrato de Putin recortado de una revista.
…Y en las trincheras contrarias los soldados rusos y ucranianos escuchan las mismas canciones…
Rusia como nunca, está llena de contradicciones. Sabemos que los orígenes del gobierno de Putin no son diferentes de los del gobierno ucraniano y que después del triste desenlace del fraude llamado Perestroika, lo que más buscó Rusia fue integrarse al mundo occidental capitalista, solicitó entrar a la OTAN, aceptó roles secundarios para evitar el conflicto, se quedó callada por décadas frente a la expansión de la OTAN y su permanente trato denigrante de los medios occidentales. El punto de inflexión llegó con el golpe de estado en Ucrania, cuando Occidente llevó al poder a las fuerzas de la ultraderecha, radicalmente anti-rusas, que frente al desacuerdo masivo de la población de sus regiones orientales, fronterizas con Rusia y culturalmente mucho más cercanas a Rusia, que a Ucrania occidental que ahora mandaba, decidió empezar un operativo militar con bombardeos en las ciudades de su propio país.
Frente a eso, Rusia apoyó económica y militarmente los territorios ucranianos que se proclamaron repúblicas independientes y recuperó la península de Crimea, en donde la población siempre se sintió más rusa que ucraniana. Aunque hoy Ucrania reclame tanto la devolución de Crimea, durante los años en que formó parte del país, estuvo en un total abandono por parte del poder central y en ese momento del 2014, estaba amenazada por bandas armadas nacionalistas que prometían “enviar a Crimea los trenes de la amistad” (una expresión sarcástica que significaba el envío de matones paramilitares). También en Crimea está la base naval rusa más importante con acceso al Mediterráneo, que en ese momento, de una creciente actividad bélica de la OTAN en la región, era un factor importantísimo. Parece que en este periodo, el gobierno ruso empezó a entender que no tenía en la Unión Europea amigos ni aliados y que Rusia sola, tendría que defender sus intereses como pudiera.
Cuando el ejército ruso atacó las instalaciones militares ucranianas, el 24 de febrero, parece que en esos primeros días hubo una absurda esperanza de evitar el enfrentamiento entre las tropas… cuesta creerlo, pero parece que los dirigentes rusos, pensaban que el ejército ucraniano iba a derrotar al gobierno títere de Zelensky, declarar fuera de la ley a los grupos nazis y expulsar del país a los asesores norteamericanos y de la OTAN, lo que de inmediato pararía la operación militar rusa. La mayoría de rusos quedaron consternados con la noticia. Casi todos tienen aquí familiares o por lo menos amigos cercanos en este vecino país tan cercano a Rusia mental y culturalmente. Muchos de ellos se apuraron a escribirles a los ucranianos que estaban mal, que les dolía, que no apoyaban la guerra, que los que la decidieron estaban locos. Y como respuesta, muchos de ellos, recibieron fotos de los cadáveres de los soldados rusos mutilados e insultos anti-rusos de todo tipo. Esto hizo cambiar el ánimo de muchos.
En la primera semana de la guerra, miles de personas en Rusia salieron a protestar. Fueron detenidos cerca de 3.500 en todo el país, pero después de breves interrogatorios, los soltaban. Occidente esperaba una explosión de protestas y la represión brutal. Las protestas se promovían por todas las redes y pantallas, entrando a internet desde Rusia, desde las primeras horas de la guerra, se veía una campaña antibelicista más planeada y más financiada que nunca. El gobierno ruso aprobó leyes draconianas contra todos los que difundieran los “fake news sobre nuestro ejército”, pero jamás las aplicó. “La rigurosidad de las leyes se compensa con la no obligatoriedad de su cumplimiento”, dicen los rusos. Las brutales sanciones económicas y la aún más brutal campaña mundial contra la cultura rusa, definitivamente, unieron a la mayoría de los rusos en contra de Occidente.
El ejercito ruso sigue avanzando lentamente. Tratan de evitar los enfrentamientos urbanos, atacando solo los objetivos militares, pero las armas no tienen inteligencia ni piedad y hay muchas víctimas civiles. También mueren a diario entre 300 y 500 militares ucranianos. El ejército ucraniano, retrocediendo, responde indiscriminadamente disparando por los barrios residenciales de Donetsk y las ciudades tomadas por las tropas rusas, dejando cada día solo víctimas civiles que desde el 2014 no interesan a la prensa occidental. El valor del apoyo militar que obtuvo Ucrania de Occidente, pronto superará la cifra de todo el presupuesto militar ruso. En el hipotético caso del triunfo militar de Ucrania, esto significa una deuda impagable, con intereses millonarios hasta el final de los tiempos.
En Rusia, entre civiles y militares rondan miles de preguntas. Da la impresión que una buena parte del gobierno tiene las mismas. ¿Cómo un gobierno, que hace tan poco se sentía parte del mundo occidental, puede pretender ganar una guerra contra el sistema que decidió destruirlo? ¿El profundo cambio social que necesita Rusia puede ser apoyado por lo menos por una parte de su gobierno? ¿Si el gobierno es definitivamente incapaz, quién se haría cargo, en un pueblo de valores tan comunitarios todavía, pero sin ninguna organización social?
Hace pocos días se produjo un intercambio de prisioneros de guerra. Entre los que fueron devueltos a Ucrania, hubo varios miembros del batallón nazi Azov. Antes, varios personeros del gobierno ruso muchas veces aseguraron que TODOS los miembros de las organizaciones militares de la ultraderecha serían juzgados y a diferencia de los simples militares, ninguno de ellos sería intercambiado. Esto generó una enorme molestia en el mundo civil y militar ruso y fuertes críticas hacia el gobierno, que ya post-factum, con la acostumbrada torpeza se justificó diciendo que los combatientes de Azov intercambiados fueron investigados, que no cometieron ningún crimen contra la población civil y que además todos están en muy mal estado de salud, amputados e imposibilitados de volver al combate.
Un informe oficial dice que un 95% de los ex prisioneros militares rusos fueron torturados con electricidad por los ucranianos. En general, la torpeza y la ineptitud de la propaganda oficial rusa frente a la eficiente guerra mundial informativa, es uno de los enigmas de estos tiempos. La guerra mediática en Rusia la llevan los voluntarios, blogueros y los militares, mientras los voceros del gobierno dicen incoherencias que rápidamente se convierten en memes. Así, cuando bajo el fuego de las nuevas instalaciones de la artillería recién entregada a Ucrania por Francia, las tropas rusas tuvieron que abandonar una isla en el Mar Negro, el ministerio de defensa dijo, que Rusia lo hizo “como gesto de buena voluntad”. Si todo en Rusia se hiciera igual que la guerra mediática oficial, el país seguramente ya no existiría.
Mientas tanto, desde Ucrania, siguen llegando las noticias terribles. Las fuerzas de la inteligencia y los grupos paramilitares siguen buscando al enemigo interno. Hay miles de prisioneros, torturas y cientos de ejecuciones extraoficiales de los civiles. Los ex militantes de la izquierda, prohibida desde hace tiempo, se apresuran a denunciar a sus ex compañeros para merecer el perdón. De los programas escolares fue sacada la literatura rusa y las canciones en ruso están prohibidas legalmente en toda Ucrania, aunque el 70% del país habla ruso como idioma natal. En todo el país, siguen demoliendo todos los monumentos soviéticos y dedicados a los personajes rusos. Se aprobó una nueva ley que permite al Estado expropiar todos los bienes a las personas sospechosas por “apoyar al agresor”. En una pequeña ciudad del norte, detuvieron a toda la organización de jóvenes escritores, acusándolos de ser agentes del Kremlin, ya que escribían solo en ruso y nada patriótico.
Un amigo cercano, poeta y editor, que nunca estuvo involucrado en temas políticos, me llamó hace poco desde un tercer país: su departamento en Kiev fue allanado por los servicios de seguridad del Estado y él fue acusado de traición a la patria por representar a “una cultura enemiga” y “al mundo ruso”. Con solo lo que llevaba puesto, él subió a su automóvil y salió del país. Tuvo suerte, pudo salir ya que tenía un certificado médico de invalidez, porque los hombres hasta los 60 no pueden abandonar Ucrania. No revela más detalles, pues en Ucrania le quedan hijos y nietos. De primera mano conozco decenas de estas historias y no todas con final feliz.
Como hay tantas bajas, en el frente se necesita cada vez más carne de cañón, y las autoridades siguen cazando a jóvenes y no tan jóvenes. Ayer en una playa de Kiev, la policía entregó a un muchacho que tomaba el sol, una orden para reclutarse al ejército. Él se tiró al río y se salvó nadando.
miércoles, 6 de julio de 2022
¿POR QUÉ LOS MEDIOS OCCIDENTALES TRATAN DE ENFERMAR DE CÁNCER A VLADÍMIR PUTIN?
Samuel Cortés Hamdan
Sputnik, 06/07/2022
El panorama convulso que atraviesa el mundo en el marco de la operación militar especial que Rusia sostiene en Ucrania y las sanciones con que Estados Unidos y Europa han respondido a ella extiende sus dinámicas también al ámbito de las noticias.
En ese contexto, han sido varios los medios occidentales que aseguran que el presidente ruso, Vladímir Putin, padece una enfermedad terminal que acabará con su vida, además de especular en sus publicaciones sobre ingresos al hospital y otras vulnerabilidades derivadas de la presunta situación médica.
En mayo pasado, The New York Post aseguró con base en una supuesta grabación secreta que Putin padece cáncer de sangre, para observar un mes después en otra noticia que se agitaba de manera anormal, por lo que estaría inequívocamente enfermo de cáncer, demencia o Parkinson, según el portal estadounidense.
A inicios de junio, Newsweek aseveró que, según un reporte de inteligencia de Estados Unidos, el mandatario ruso fue atendido como paciente cancerígeno avanzado en abril.
Ese mismo junio, el diario británico The Sun sostuvo que Putin cayó enfermo tras una reunión con líderes militares, lo que lo obligó a acudir al médico en condiciones de urgencia.
Ante estas versiones, que son una muestra de la cobertura mediática que divulga información sin verificación, Sputnik conversó con un especialista en marketing digital, Abraham Moraflores, y con el politólogo Antonio Attolini, quien lleva algunos años fomentando la discusión en redes sociales para entender a qué obedecen estas dinámicas de la nube informativa.
Condenar a la muerte a Putin, Chávez, Castro
Las publicaciones de la prensa en torno a la salud del presidente Putin no es una herramienta nueva, sino que también persiguió los procesos de enfermedad de los líderes de Cuba y Venezuela, Fidel Castro y Hugo Chávez, respectivamente.
Cuestionado sobre por qué estas figuras convocan más tormentas de desinformación que otras, el politólogo Antonio Attolini opina que se trata de un juego que introduce en el ámbito político una realidad humana insoslayable como la enfermedad y la muerte.
"Esa es la renuncia a la política, no se le ha podido confrontar a quienes tienen una visión distinta de ordenar el mundo a partir de prioridades que no responden al esquema de la política liberal, occidental, capitalista tradicional, entonces ante la renuncia de poder hacer una batalla política, asumen entonces que el único campo es el biologicista, el médico y el individual particular", considera.
"Decir que Fidel Castro está enfermo y que se va a morir es una condena de la que nadie puede escapar porque ni Fidel ni nosotros ni nadie escogió eso, pero entonces esa irrenunciabilidad que tenemos de que todos nos vamos a morir es la forma en que se está tratando de apagar el fuego, la autoridad, la llama incandescente de su gran liderazgo a partir de lo que no es político, la enfermedad", abunda.
Las noticias y la opinión pública
El titular de la empresa especializada en marketing digital BWS Media Group, Abraham Moraflores, explica que parte de su negocio consiste en generar atmósferas digitales de la información.
Una noticia, dice en entrevista con Sputnik, impacta directamente en el juicio de las personas y, a la vez, permite a los medios generar dinero mediante sus apariciones multiplicadas en redes sociales y otros terrenos digitales, lo que también aumenta el impacto de la nota en la audiencia.
"Cuando una noticia sale, sobre todo en redes sociales o en algún website, muchas veces carece de comprobación, carece de fundamentación, regularmente la sociedad, las audiencias, las personas, estamos acostumbrados a ver una noticia y a no indagar en la veracidad de la noticia", reconoce el emprendedor.
"Nuestra percepción de esa noticia cambia rotundamente sin investigar previamente si la noticia es real, es verídica o no lo es", señala el especialista.
Posicionar una noticia falsa, las llamadas fake news, describe Moraflores, no es nada complicado, pues basta con generar un titular y una noticia y echarlas a andar, lo que incluso le puede generar seguimiento orgánico, no condicionado, o bien magnificarse mediante el empleo de bots.
Si bien se trata de malas prácticas carentes de ética, señala, funcionan para monetizar una propiedad digital mientras al mismo tiempo se polariza la opinión pública.
Los 'bots' y la transformación del discurso colectivo
Un bot, recuerda el empresario, es un perfil falso que se dedica a dar resonancia a ciertas noticias con la intención de fortalecer una narrativa que impacte en la opinión pública.
"Por eso es que ves muchas veces una noticia o un tema en específico, no tiene que ser una noticia, en donde hay perfiles falsos compartiendo opiniones dentro de los comentarios en redes sociales, y cuando hay un comentario que ataca directamente ese tema, se vuelcan todos los bots en contra de esa persona, de ese perfil que sí es veraz y lo atacan", apunta.
La consecuencia de esas manipulaciones, añade, es lograr que la audiencia cambie su punto de vista, sus opiniones respecto al tema.
Existen también herramientas tecnológicas que identifican tendencias temáticas, de uso, de conversación positivas o negativas, y esta información es aprovechada por agencias digitales para manipular sus flujos, pues si benefician al objetivo pueden fortalecerse, mientras que si son negativos se busca anularlos o bien participar en ellos hasta volverlos neutrales, reconoce Moraflores.
"Nadie quiere consumir información verificada"
Para Antonio Attolini, nadie quiere consumir información verificada, ya que las audiencias buscan cajas de resonancias para sus nociones prefiguradas.
El periodismo trata de encontrar soluciones a la credulidad de las personas, pero contribuyen a la desconfianza en torno suyo al tratar de defender un valor que ya no es importante, como el de la verdad, estima el politólogo. La verdad, dice, ha sido superada por la veracidad, una dinámica de narrativas en torno a la verosimilitud de una descripción noticiosa.
"Todo medio busca imponer una versión veraz de los hechos, lo que se debe de hacer es una batalla frontal entre los medios, la prensa se regula a sí misma, pero no tiene que ser atomizándose a decir: ‘ellos están mal, yo estoy bien’, sino una guerra campal por revelar que la veracidad de una narrativa en realidad responde a intereses distintos a la veracidad de otra narrativa que responde a otros intereses", expone Attolini.
En Occidente, dice, la construcción de argumentos busca imponer una veracidad que sostiene enfoques de mundos particulares, susceptibles a su vez de ser confrontados por otras perspectivas periodísticas.
Asumir que hay versiones encontradas de un mismo hecho es más honesto, estima Attolini, que tratar de convencer a las audiencias a adoptar un mismo enfoque.
Los agujeros legales y éticos de Facebook
Como espacio alternativo de acceso masivo a la información, la plataforma permite la entrada a muchos tipos de personas, sin las barreras profesionales de un medio periodístico tradicional, donde la noticia va mediada por reporteros, editores, jefe de información y otras figuras, observa Antonio Attolini.
"Facebook te permite tener, francamente, la misma autoridad noticiosa que cualquier otro medio en tanto tú sepas frasear bien un titular y posicionar una página que te dé una versión en miniatura en Facebook que haga parecer que es un link serio", señala.
Estas dinámicas, recuerda, se suman a los contubernios entre empresas con intereses definidos y campañas de publicidad que empujan contenidos en las redes para influir en las opiniones colectivas.
"¿Por qué se hace? Porque es barato, porque es fácil y porque aún existiendo varias reglamentaciones para evitar que esto sea aún más fácil y aún más barato que antes, porque lo era infinitamente más fácil y barato antes, esa posibilidad permite que generes lo que dirían los gringos una shitstorm", literalmente, una tormenta de mierda, apunta el especialista del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).
"Avientas una noticia que su virulencia y su morbosidad hace que en una plataforma con casi 3.000 millones de usuarios explote a nivel nacional", suma.
lunes, 4 de julio de 2022
EL DOCTOR VOLODIMIR Y MÍSTER ZELENSKY, LA CARA OCULTA DEL PRESIDENTE UCRANIANO
Guy Mettan
Red Voltaire, 24/06/2022
El diputado suizo y ex jefe de redacción del diario La Tribune de Genève, Guy Mettan, retrata al saltimbanqui que hoy hace el papel de presidente en Ucrania. Y nos cuenta cómo este payaso se convirtió en aliado de los banderistas y está instaurando una dictadura a la medida de esos admiradores de los nazis.
Héroe de la libertad», «Hero of Our Time», «Der Unbeugsame», «The Unlikely Ukrainian Hero Who Defied Putin and United the World», «Zelensky, l’Ukraine dans le sang» [en español, “Zelenski, Ucrania en la sangre”]. Fascinados por la «sorprendente resiliencia» del comediante milagrosamente convertido en «líder de guerra» y en «salvador de la democracia», los medios y los dirigentes de Occidente ya no saben a qué superlativo recurrir para cantar loas al presidente ucraniano.
Desde hace 3 meses, el jefe del Estado ucraniano aparece diariamente en las primeras planas de periódicos y revistas, al principio de los noticieros de televisión, inaugura por videoconferencia el Festival de Cannes, arenga a los parlamentos, felicita o amonesta a jefes de Estado y/o de gobierno diez veces más poderosos que él con un éxito y un sentido táctico que ningún actor de cine o dirigente político había mostrado nunca antes que él.
¿Cómo no quedar subyugado por el encanto de este Mr. Bean ucraniano que, después de haber conquistado al público con muecas y extravagancias –como pasearse desnudo por una tienda o imitar a un pianista haciendo música con su sexo– ha sabido cambiar en una noche sus payasadas y sus juegos de palabras escabrosos por una camiseta verde, barba de una semana y palabras graves para alentar a sus tropas ante la embestida del infame oso ruso?
Desde el 24 de febrero, Volodimir Zelenski ha demostrado ser, incuestionablemente, un artista de la política internacional, dotado de un talento excepcional. Quienes habían seguido su carrera de cómico no se sorprendieron porque ya conocían su innato sentido de la improvisación, sus dotes miméticas y su audacia a la hora de representar un papel. La manera como hizo su campaña electoral, derrotando en pocas semanas –entre el 31 de diciembre de 2018 y el 21 de abril de 2019– a adversarios tan difíciles como el ex presidente Porochenko, movilizando su equipo de producción y sus generosos donantes oligarcas, ya era prueba de la magnitud de su talento. Pero todavía le quedaba un as en la manga y está utilizándolo.
TALENTO PARA EL DOBLE JUEGO
Sin embargo, como a menudo sucede, la fachada raramente se parece a lo que hay detrás de ella. La luz de los reflectores suele esconder más de lo que muestra. Y, cuando se comprueba que la realidad es menos positiva, se ve que tanto sus realizaciones como jefe de Estado como su actuación en el papel de defensor de la democracia dejan mucho que desear.
Ese talento para el doble juego, Zelenski viene a demostrarlo desde el momento mismo de su elección. Basta recordar que resultó electo con un impactante 73,2% de los votos, habiendo prometido que acabaría con la corrupción, que conduciría a Ucrania por el camino del progreso y de la civilización y, sobre todo, que restauraría la paz con los rusoparlantes del Donbass.
Pero, en cuanto fue electo, Zelenski traicionó todas sus promesas tan descaradamente que su índice de popularidad era un magro 23% en enero de 2022, quedando incluso lejos de sus dos principales adversarios.
Ya en mayo de 2019, para contentar a los oligarcas que lo financiaron, el recién electo Zelenski emprendió un gran programa de privatización de la tierra que abarcó 40 millones de hectáreas de excelentes tierras agrícolas, afirmando que la moratoria sobre la venta de tierras haría perder miles de millones al PIB de Ucrania.
En la estela de los programas de «descomunización» y «desrusificación» iniciados después del golpe de Estado proestadounidense de febrero de 2014, Zelenski emprendió una vasta operación de privatización de los bienes del Estado, de austeridad presupuestaria, de abrogación de leyes sobre el trabajo y de desmantelamiento de los sindicatos, lo cual molestó a la mayoría de los ucranianos, que no habían comprendido lo que el candidato Zelenski consideraba «progreso», «occidentalización» y «normalización» de la economía ucraniana. En un país que en 2020 registraba un ingreso por habitante de 3 726 dólares frente a los 10 126 dólares del adversario ruso –y teniendo en cuenta que en 1991 el ingreso medio en Ucrania era superior al de Rusia– la comparación no es precisamente favorable. Es por ende comprensible que los ucranianos no aplaudieran esa enésima reforma neoliberal.
En cuanta a la «marcha hacia la civilización», esta tomó la forma de otro decreto que –el 19 de mayo de 2021– garantiza el predominio de la lengua ucraniana y prohíbe el idioma ruso en todas las esferas de la vida pública, administraciones, escuelas y comercios, para gran satisfacción de los nacionalistas y estupefacción de los rusoparlantes del sudeste del país.
UN PATROCINADOR EN FUGA
En el frente de la corrupción, el balance no es mejor. En 2015, el diario británico The Guardian estimaba que Ucrania era el país más corrupto de toda Europa. En 2021, Transparency International, una ONG occidental con sede en Berlín, clasificaba a Ucrania en el lugar 122 del ranking mundial de la corrupción –la odiada Rusia estaba en el lugar 136. Nada brillante para un país que dice ser un ejemplo de virtud frente a los bárbaros rusos. En Ucrania, la corrupción está en todas partes, en los ministerios, las administraciones, las empresas públicas, el parlamento, la policía y hasta en la Alta Corte de Justicia Anticorrupción, ¡según el Kyiv Post! Los diarios observan que en Ucrania no es raro ver a los jueces en Porsche.
El principal patrocinador de Zelenski, el oligarca Ihor Kolomoiski, residente en Ginebra donde posee lujosas oficinas con vista al lago, está lejos de ser el menos importante de los personajes que se benefician con la corrupción reinante en Ucrania. El 5 de marzo de 2021, [el secretario de Estado estadounidense] Antony Blinken –quien seguramente no podía hacer otra cosa– anunció que el Departamento de Estado de Estados Unidos había bloqueado los fondos de Kolomoiski y le prohibía pisar suelo estadounidense debido a «una implicación en un significativo acto de corrupción». Lo cierto es que se acusaba a Kolomoiski de haber malversado 5 500 millones de dólares del banco público Privatbank. Pero casualmente el buen Ihor es el principal accionista de la empresa petrolera Burisma… que daba empleo a Hunter Biden, hijo del hoy presidente de Estados Unidos Joe Biden. Hunter Biden cobraba en Burisma la “módica” suma de 50 000 dólares mensuales y hoy está sometido a investigación por el fiscal del Estado estadounidense de Delaware. Sabia precaución: la medida del Departamento de Estado impide que Kolomoiski, hoy convertido en persona no grata en Israel y al parecer refugiado en Georgia, pueda entrar en Estados Unidos para comparecer como testigo ante la justicia.
Este mismo Kolomoiski, individuo decididamente inevitable en esta Ucrania que marcha hacia «el progreso», es quien financió toda la carrera de Zelenski como actor y además está implicado en el escándalo de los Pandora Papers, revelado en la prensa en 2021. En los Pandora Papers nos enteramos de que desde 2012 la televisora ucraniana 1+1, propiedad del sulfuroso oligarca Kolomoiski, entregó a su vedette Zelenski no menos de 40 millones de dólares y de que –poco antes de ser electo presidente y con ayuda de sus más cercanos colaboradores, los dos hermanos Shefir, uno de los cuales es el autor de los guiones de Zelenski mientras que el otro es el jefe de la inteligencia ucraniana (SBU), y del productor y propietario de Kvartal 95, la empresa de producción de esos personajes– Zelenski transfirió prudentemente sumas considerables a varias cuentas offshore abiertas a nombre de su esposa mientras adquiría 3 apartamentos no declarados en Londres que le costaron 7,5 millones de dólares.
Este gusto del «servidor del pueblo» -así se llaman la serie de televisión que lo dio a conocer y su partido político– por el confort no proletario se ve confirmado por una foto que apareció brevemente en las redes sociales, antes de ser rápidamente eliminada por los fact-checkers anticomplotistas. Aquella foto mostraba a Zelenski disfrutando en un palace tropical a varias decenas de miles de dólares la noche, cuando supuestamente estaba pasando sus vacaciones de invierno en una modesta estación de ski de los Cárpatos.
Ese arte de la optimización fiscal y los asiduos encuentros con oligarcas no precisamente recomendables no parecen ser muestra de un compromiso incondicional del presidente Zelenski en contra de la corrupción. Como tampoco lo es el hecho de haber tratado de liquidar al presidente del Tribunal Constitucional Oleksandr Tupytskyi, quien evidentemente se había convertido en un estorbo para él, y haber nombrado primer ministro, luego del escándalo que forzó la salida de su predecesor Oleksyi Hontcharuk, de un tal Denys Chmynal, un desconocido cuyo mérito era dirigir una de las fábricas del hombre más rico del país, Rinat Ajmetov, dueño del famoso complejo siderúrgico Azovstal –último refugio de los heroicos combatientes de la libertad del regimiento Azov.
No está de más recordar que los elementos del regimiento Azov suelen llevar en el pecho, la espalda, el cuello y los brazos tatuajes como el Wolfsangel, emblema de la división SS Das Reich, frases de Hitler y cruces gamadas, como pudo comprobarse en los innumerables videos de esos elementos grabados cuando se rindieron en Azovstal.
REHÉN DEL REGIMIENTO AZOV
El acercamiento del amable Volodimir a los representantes más virulentos de la extrema derecha nacionalista ucraniana no es la menor de la peculiaridades del Dr. Zelenski. La prensa occidental negó con vehemencia esa complicidad afirmando que las sospechas en ese sentido eran simplemente escandalosas debido a los orígenes judíos del presidente ucraniano, súbitamente sacados a relucir. ¿Cómo podría un presidente judío simpatizar con neonazis, presentados por demás como una ínfima minoría de marginados en Ucrania? Esa prensa no puede aceptar algo que demuestre que la operación militar de Putin es realmente una «desnazificación».
Pero los hechos, como siempre, son testarudos y están lejos de ser banales.
Es cierto que, a título personal, Zelenski nunca ha sido cercano a la ideología neonazi ni a la extremas derecha nacionalista ucraniana. Sus orígenes judíos –aunque remotos y nunca mencionados antes de febrero de 2022– excluyen, claro está, que él mismo sea un antisemita. Pero su acercamiento a esos elementos no es una cuestión de afinidad sino algo vinculado a la más simple «razón de Estado» y el resultado de una sutil mezcla de pragmatismo y de instinto básico de supervivencia política e incluso física.
Hay que remontarse hasta octubre de 2019 para comprender la naturaleza de las relaciones entre Zelenski y la extrema derecha. Y hay que entender que esas formaciones de extrema derecha –aunque sólo son un 2% del electorado– representan cerca de un millón de individuos muy motivados y bien organizados repartidos en numerosas agrupaciones y movimientos, como el regimiento Azov, cofundado y financiado desde 2014 por el inevitable… Kolomoiski. Pero el regimiento Azov es sólo la más conocida de esas entidades, también están las agrupaciones Aidar, Dnipro, Safari, Svoboda, Pravy Sektor, C14 y Cuerpo Nacional.
El grupo C14 –cuyo nombre es una referencia a la cantidad de palabras de la frase del neonazi estadounidense David Lane («We must secure the existence of our people and a future for white children») [en español, “Tenemos que securizar la existencia de nuestro pueblo y un futuro para los niños blancos”]– es de los menos conocidos en el extranjero pero está entre los más temidos en Ucrania debido a su violencia racista. Todos esos grupos están en mayor o menor escala incorporados al ejército y a la Guardia Nacional ucraniana, por iniciativa de su promotor, el ex ministro del Interior Arsen Avakov, que controló totalmente el aparato de seguridad ucraniano entre 2014 y 2021. Esos son los que Zelenski denomina como «veteranos» desde el otoño de 2019.
Sólo meses después de su elección, el flamante presidente Zelenski viaja al Donbass para tratar de concretar su promesa electoral de poner en aplicación los acuerdos de Minsk, firmados por su predecesor. Las fuerzas de extrema derecha, que bombardean las ciudades de Donetsk y Lugansk desde 2014 –causando al menos 10 000 muertes–, lo reciben con la mayor frialdad porque desconfían de ese presidente “pacifista”. Esos elementos hacen campaña contra la paz bajo el eslogan «No a la capitulación». En un video de aquella visita se ve a un Zelenski totalmente pálido implorarles: «Soy el presidente de este país. Tengo 41 años. No soy un perdedor. Vengo ante ustedes a decirles que retiren las armas.». Ese video aparece en las redes sociales y Zelenski se convierte inmediatamente en blanco de una campaña de odio. Así terminan las iniciativas de paz de Zelenski y sus intentos de poner en aplicación los acuerdos de Minsk.
Poco después de aquel incidente, se logra una pequeña retirada de las fuerzas extremistas. Pero más tarde estas reinician los bombardeos.
CRUZADA NACIONALISTA
El problema no es sólo que Zelenski haya cedido al chantaje de esos elementos sino que además se unió a ellos en la cruzada nacionalista que habían iniciado. Después de la misión fracasada que acabo de describir, en noviembre de 2019 Zelenski recibió a varios cabecillas de la extrema derecha, como Yehven Taras –el jefe del C14–, mientras que su primer ministro se exhibía junto a Andryi Medvedko, un neonazi sospechoso de asesinato. También apoya al futbolista Zolzulya en contra de los aficionados españoles que acusan a este de ser un nazi por su proclamado respaldo a Stepan Bandera, el líder nacionalista que colaboró con la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial (y con la CIA después de la guerra) y que participó en el genocidio contra los judíos.
La colaboración con los radicales nacionalistas está bien consolidada. En noviembre del año pasado (2021), Zelenski nombró al ultranacionalista de Pravy Sektor (Sector Derecho) Dimitro Yarosh como consejero especial del jefe del ejército ucraniano y, desde febrero de 2022, como jefe del Ejército de Voluntarios que hace reinar el terror en la retaguardia. Simultáneamente, Zelenski nombra a Oleksander Poklad, más conocido como «El estrangulador» debido a su afición por la tortura, en el cargo de jefe del contraespionaje del SBU. En diciembre, 2 meses antes de la guerra, otro jefe de Pravy Sektor, el comandante Dimitro Kotsuybaylo, es recompensado con el título de «Héroe de Ucrania». Y una semana después, Zelenski sustituye al gobernador de la región de Odesa poniendo en su lugar a Maksym Marchenko, comandante del regimiento ultranacionalista Aidar, junto al cual desfiló el “filósofo” francés Bernard-Henri Levy.
¿Voluntad de apaciguar a la extrema derecha otorgándole cargos? ¿Coincidencia en una especie de patriotismo ultra? ¿Simple convergencia de intereses entre una derecha neoliberal atlantista y prooccidental y una extrema derecha nacionalista que sueña con arrasar Rusia y «liderear las razas blancas del mundo en una cruzada final contra los Untermenschen guiados por los semitas», como dijo el ex diputado Andryi Biletsky, jefe del Cuerpo Nacional? No se sabe… y ningún periodista se ha atrevido a preguntárselo a Zelenski.
De lo que sí no hay duda es del rumbo cada vez más autoritario, incluso criminal, del régimen ucraniano. Tanto que sus adoradores tendrían que pensarlo dos veces antes de proponer a su ídolo para el premio Nobel de la Paz ya que, mientras que los medios se empeñan en mirar para otro lado, los responsables locales y nacionales que quieren evitar una escalada del conflicto son acusados de ser agentes de Rusia o de complicidad con el enemigo y están sufriendo una verdadera campaña de intimidación, secuestros y ejecuciones.
«¡Un traidor menos en Ucrania! ¡Apareció muerto y fue juzgado por el tribunal del pueblo!» De esta manera, el consejero del ministro del Interior, Anton Gerashenko, anunció en su cuenta de Telegram la muerte de Volodimir Strok, alcalde y ex diputado de la pequeña ciudad de Kremnina. Acusado de haber colaborado con los rusos, Strok fue secuestrado, torturado y finalmente asesinado. El 7 de marzo, fue asesinado el alcalde de Gostomel por haber querido negociar un corredor humanitario con los militares rusos. El 24 de marzo, el alcalde de Kupyansk pidió a Zelenski que liberara a su hija, secuestrada por los esbirros del SBU. Al mismo tiempo, uno de los negociadores ucranianos apareció muerto después de haber sido acusado de traición por los medios nacionalistas. Hasta el día de hoy, no menos de 11 alcaldes están reportados como desaparecidos, incluso en regiones donde no han llegado los rusos.
PARTIDOS DE OPOSICIÓN PROHIBIDOS
Pero la represión no se detiene ahí. También está golpeando a los medios críticos –todos han sido cerrados– y los partidos de oposición –todos han sido disueltos.
En febrero de 2021, Zelenski cerró 3 televisoras de oposición (NewsOne, Zik y Ucrania 112) etiquetadas como prorrusas y supuestamente pertenecientes al oligarca Viktor Medvedchuk. Pero el Departamento de Estado saludó esa violación de la libertad de prensa declarando que Estados Unidos apoya los esfuerzos ucranianos por contrarrestar la influencia maligna de Rusia…
En enero de 2022, un mes antes de la guerra, le llegó el turno al canal Nash, que fue cerrado.
Y desde el inicio de la guerra, el régimen de Kiev ha emprendido una cacería de periodistas, blogueros y comentaristas de izquierda. A principios de abril, 2 televisoras de derecha –Channel 5 y Pryamiy– también fueron afectadas. Un decreto presidencial obliga ahora todos los medios audiovisuales a transmitir una sola opinión, por supuesto progubernamental… Recientemente, la cacería de brujas alcanzó al bloguero crítico más popular de Ucrania, Anatoliy Shariy, considerado el Navalni ucraniano, quien fue arrestado por las autoridades españolas el 4 de marzo a pedido de la policía política ucraniana. Son ataques contra la prensa cuando menos equivalentes a los del autócrata Putin, pero de los que nunca hemos oído hablar en los medios occidentales.
La purga ha sido todavía más severa para los partidos políticos y ha diezmado a los principales opositores de Zelenski. En la primavera de 2021, fue saqueado el domicilio de Medvedchuk, el más importante de esos opositores y señalado como cercano a Putin, y el propio Medvedchuk fue puesto bajo prisión domiciliaria. El 12 de abril, ese diputado oligarca fue internado a la fuerza en un lugar que se mantiene en secreto, se podía ver que le habían administrado drogas y fue privado de visitas, antes de ser exhibido en televisión y ser objeto de una proposición ucraniana de intercambio por los elementos atrapados en Azovstal, lo cual es una violación flagrante de las convenciones de Ginebra. Amenazados, los abogados de Medvedchuk tuvieron que renunciar a defenderlo y ahora su defensa está en manos de un letrado cercano a los servicios de Kiev.
En diciembre pasado, el ex presidente Petro Porochenko –quien estaba subiendo en los sondeos de opinión– también fue acusado de traición. El 20 de diciembre, a las 15 horas y 7 minutos, podía leerse en el sitio web oficial del SBU que Porochenko era sospechoso de haber cometido crímenes de traición y apoyo a actividades terroristas. A pesar de ser un reconocido antirruso, el ex presidente Porochenko se veía acusado de «haber hecho a Ucrania energéticamente dependiente de Rusia y de los líderes de las seudo repúblicas bajo control ruso».
El 3 de marzo pasado les tocó a los activistas de la Izquierda Lizvizia ser objeto de una intervención del SBU y decenas de ellos quedaron detenidos.
Actualmente, 11 partidos ucranianos de izquierda ya han sido prohibidos por decreto: el Partido por la Vida, Oposición de Izquierda, el Partido Socialista Progresista de Ucrania, el Partido Socialista de Ucrania, la Unión de Fuerzas de Izquierda, el partido Socialistas, el Partido Sharyi, la formación Los Nuestros, el Bloque de Oposición y el Bloque Volodimir Saldo.
Otros activistas, blogueros y defensores de los derechos humanos están siendo arrestados y torturados en Ucrania. Entre ellos están el periodista Yan Taksyur, la activista Elena Brezhnaya, el luchador de MMA Maxim Ryndovskiy y la abogada Elena Viacheslavova, cuyo padre murió incinerado en el pogromo del 2 de mayo de 2014, perpetrado en la Casa de los Sindicatos de Odesa.
Para completar la lista hay que mencionar todavía a los hombres y mujeres que los nacionalistas han desnudado y flagelado públicamente en las calle de Kiev, a los prisioneros rusos golpeados, a los que los nacionalistas les daban un balazo en una pierna antes de ejecutarlos, el soldado al que le perforaron un ojo antes de matarlo. Habría que mencionar también a los miembros de la Legión Georgiana que ejecutaron a prisioneros rusos en una localidad cerca de Kiev mientras que su jefe se jactaba de que nunca hacía prisioneros.
En el canal de televisión Ucrania 24, fue nada más y nada menos que el jefe médico del ejército ucraniano quien dijo haber dado la orden «de castrar a todos los rusos porque son subhumanos peores que las cucarachas».
Para terminar, Ucrania está recurriendo masivamente a la tecnología de reconocimiento facial de la firma Clearview para identificar a los muertos rusos y divulgar sus fotos en las redes sociales rusas ridiculizándolos.
UN ACTOR DIGNO DEL ÓSCAR
Pudiéramos seguir citando ejemplos, así de numerosos son los testimonios y los videos sobre las atrocidades perpetradas por las tropas del defensor de la democracia y de los derechos humanos que dirige los destinos de Ucrania. Pero sería fastidioso y contraproducente ante una opinión pública convencida de que esos comportamientos bárbaros son sólo cosa de los rusos.
Por eso es que ninguna ONG da muestras de alarma, el Consejo de Europa guarda silencio, la Corte Penal Internacional (CPI) no investiga y las organizaciones de defensa de la libertad de prensa se mantienen mudas. Parece que no oyeron bien lo que les dijo el amable Volodimir durante una visita a Bucha, a principios de abril:
«Si encontramos una sólida civilizada… ustedes conocen a nuestra gente, encontrarán una salida no civilizada.»
El problema de Ucrania es que su presidente, le guste o no, ha cedido su poder a los extremistas en el plano interno y a los militares de la OTAN en el plano externo para abandonarse él al placer de verse adulado por las multitudes del mundo entero. ¿No fue él mismo quien declaró a un periodista francés, el 5 de marzo, sólo 10 días después de la invasión rusa?:
«Hoy mi vida es bella. Creo que soy deseado. Yo siento que es ese el sentido más importante de mi vida: ser deseado. Sentir que uno no está trivialmente respirando, caminando y comiendo algo. ¡Uno está vivo!»
Ya se ha dicho. Zelenski es un gran actor. Como su predecesor en la interpretación del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde, en 1932 [1], Zelenski se merece el Oscar al Mejor Papel Masculino de la década.
Pero cuando tenga que enfrentar la tarea de reconstruir su país, devastado por una guerra que él pudo haber evitado en 2019, el regreso a la realidad será seguramente difícil.
Fuentes
-«The Comedian-Turned-President is Seriously in Over His Head», Olga Rudenko, The New York Times, 21 de febrero de 2022 (Opinion Guest from Kyyiv Post).
-«How Zelensky made Peace With Neo-Nazis» [en español, “El presidente hace la paz con los neonazis”] y «Zelensky’s Hardline Internal Purge», Alex Rubinstein y Max Blumenthal, Consortium News, 4 de marzo y abril de 2022.
-«Olga Baysha Interview about Ukraine’s President», Natylie Baldwin, The Grayzone, 28 de abril de 2022.
-«President of Ukraine Zelensky has visited disengaging area in Zolote today», @Liveupmap, 26 de octubre de 2019 (Visto en Twitter).
-«Qu’est-ce que le régiment Azov?», Adrien Nonjon, The Conversation, 24 de mayo de 2022.
-«Public Designation of Oligarch and Former Ukrainian Public Official Ihor Kolomoyskyy Due to Involvement in Significant Corruption», Press statement, Anthony J. Blinken, US Department of State, 5 de marzo de 2021.
-«Petro Poroshenko notified of suspicion of treason and aiding terrorism», Security Service of Ukraine (SBU), 20 de deciembre de 2021.
-«Un maire ukrainien prorusse enlevé et abattu» [en español, “Un alcalde ucraniano prorruso secuestrado y asesinado”], Michel Pralong, Le Matin, 3 de marzo de 2022,
UCRANIA INCENDIA CAMPOS DE TRIGO; LUEGO NOS DICEN QUE RUSIA QUIERE PROVOCAR UNA HAMBRUNA MUNDIAL
Insurgente, 03/07/2022
Acusan a Rusia un día sí y otro también de “jugar” con el trigo para causar una hambruna a nivel planetario. Pero resulta que existen demasiadas pruebas de que quien procura ese escenario es el Gobierno neonazi de Ucrania y los gobiernos occidentales que le apoyan.
Práctiamente todos los días escuchamos o leemos que Rusia pretende provocar una hambruna mundial. Ante la más que probable posibilidad de que la hambruna llegue finalmente a golpear a amplias capas de los habitantes del planeta Tierra (en realidad, el hambre nunca ha dejado de golpear, y lo ha hecho de manera sistemática con la mano del capitalismo y el imperialismo), hace rato que buscan al culpable: Rusia y su presidente Putin. Pero no todo es como la chusma mundial nos lo cuenta a través de sus mentiros y tergiversadores medios de (des)información.
Acusan a Rusia un día sí y otro también de “jugar” con el trigo para causar, como ha quedado dicho, una hambruna a nivel planetario. Pero resulta que existen demasiadas pruebas de que quien procura ese escenario es el Gobierno neonazi de Ucrania y los gobiernos occidentales que le apoyan.
En el vídeo que facilitamos a continuación [hacer clic sobre él] se puede observar a un helicóptero del ejército ucraniano (las dos franjas blancas en la cola les delata) prendiendo fuego a un campo de trigo que ya estaba listo para ser cosechado.



