martes, 3 de marzo de 2020

EL CORONAVIRUS: ¿UN ARMA DE GUERRA?

Amadeo Martínez Inglés
Canarias semanal, 04/02/2020

Foto usada por ciertos medios de comunicación como la Sexta de Antonio G. Ferreas para demostrar que China es un país deshumanizado  pues deja que los ancianos agonicen en la calle. Lo cierto es que si uno ve la tirada completa de fotos encuentra otras fotos en las que una joven ciclista china junto con la policía intenta socorrer al hombre que está tendido en el suelo (supuestamente infectado de coronavirus). Esa foto "casualmente" no la mostró Ferreras. De todas maneras, el supuesto fotógrafo, el chileno Héctor Retamal, que trabaja para la agencia occidental AFP y que fue expulsado de Nicaragua en 2013 (por algo sería), fue deliberadamente a fotografiar el lado más sórdido de la epidemia en China.

¿Ha sufrido China, y con ella el resto del mundo, un insidioso ataque de guerra biológica?

Estados Unidos y China están - recuerda en este artículo el coronel Amadeo Martínez Inglés - en guerra no declarada desde hace años, desde que la superpotencia asiática alcanzó un nivel de riqueza, de tecnología, de capacidad comercial y de negocio a nivel mundial que causó la alarma y el pánico incontrolado en la superpotencia norteamericana. Como apuntaba líneas atrás, esta guerra bilateral EEUU-China, de momento habría que clasificarla como de las llamadas por los propios expertos militares yanquis “de cuarta generación” o sea solapada, secreta (...).

Si, usted, amable lector/a, me formulase directamente las tres preguntas (absolutamente relacionadas entre sí) que encabezan el presente trabajo, me vería obligado, por respeto a mí mismo, a contestárselas afirmativamente. Con matices, evidentemente, porque como yo de papa de la iglesia católica no tengo nada y debido a ello mis ideas y mi parlamento nunca estarán revestidos del aura divina de la “ex cátedra”, no tendría más remedio que revestir mi respuesta con un cálculo (muy personal) sobre su certeza dando a mis tres “síes” una probabilidad  del 95% y dejando  una pequeña puerta abierta a la esperanza de que mi escandalosa presunción de que estamos ante un criminal y secreto “golpe biológico” de Estados Unidos contra China, basada, desde luego, en los profundos conocimientos adquiridos en mis cuarenta años de servicio en el Ejército español así como en los amplios estudios de capacitación profesional como diplomado de Estado Mayor  y, concretamente, en la especialidad de guerra NRBQ (guerra nuclear, radiológica, biológica, química), sea fruto más bien de un mal sueño o de algún soterrado deseo incontrolado de mi psique por querer cargarle al decadente imperio americano el sambenito de un nuevo crimen de Estado o de lesa humanidad.

Desgraciadamente, en el reciente devenir de la historia mundial nos encontramos con multitud de antecedentes que avalarían y demostrarían, con hechos probados, la barbarie del imperio yanqui y su participación, cuando no su protagonismo, en muchos y muy variados, peligrosos, cruentos y devastadores casos de violencia institucional, de ilegales acciones condenadas por el derecho internacional y de asesinatos masivos que han acabado convirtiendo a la otrora modélica democracia norteamericana en el más sangriento verdugo de la reciente historia de los siglos XX y XXI.

Y me voy a permitir rescatar algunos ejemplos de ello:

-bombas atómicas sobre Hirosima y Nagasaki (200.000 víctimas)

-devastación de Vietnam (500.00 víctimas)

-invasión de Irak (100.000 víctimas civiles y 60.000 soldados de la Guardia Republicana iraquí asesinados en el campo de batalla con armas de destrucción masiva tras las descaradas mentiras de los más altos gerifaltes estadounidenses afirmando que Sadam Hussein disponía de armas atómicas

-invasión de Afganistán (más de 200.000 víctimas) como consecuencia de la larga y cruenta confrontación con los talibanes sobre la base de una hipotética colaboración con Bin Laden que nunca se demostró.

-bombardeo de la Libia de Gadafi el 15 de abril de en 1986 (la denominada “Operación El Dorado Canyon” que no logró su defenestración pero destruyó en gran parte la infraestructura militar del país norteafricano.

 -la nueva guerra de Libia contra Gadafi auspiciada por EEUU y la OTAN que esta vez sí consiguió acabar con el “dictador de las huríes” pero que ha degenerado en una cruenta guerra civil que todavía se mantiene después de destrozar el país y dejar decenas de miles de muertos.

-invasión de Siria para satisfacer intereses económicos y políticos occidentales por medio de mercenarios y bandas instruidas y equipadas por el Ejército norteamericano, con su siniestra derivada de destrucción y muerte (más de medio millón de víctimas) tras una guerra que ya va para diez años.

-guerra larvada contra el Irán de los ayatolás acompañada de sanciones a numerosas naciones del mundo que estrangulan su economía y producen pobreza y desolación, amenazando una y otra vez con su poderosa fuerza militar

- y, por último, y sin querer ser exhaustivo con esta enumeración a bote pronto de las numerosas “hazañas” del moribundo imperio yanqui que, últimamente, oliendo el peligro del sorpasso por parte del nuevo imperio ruso-chino, está cometiendo absurdos y muy peligrosos palos de ciego tanto en el ámbito geopolítico como en el geoestratégico, económico y comercial, ahí tenemos su cantada (por ellos mismos) guerra comercial con China que han ido ampliando sin medida y sin razón a medio mundo, que ha devenido en un rotundo fracaso para EEUU y que ha podido estar, amigo lector/a, detrás del presunto ataque biológico a la gran potencia asiática que estamos tratando y que ha debido utilizar como desencadenante alguna cepa (los científicos chinos y del resto del mundo ya hablarán en su momento) del coronavirus humano (229E, OC 43, HCoV NL63, HKU1… )  o sea, algún agente “ad hoc” presuntamente nacido, construido, manipulado, “cargado” y hecho operativo en los muy secretos laboratorios de guerra biológica del Ejército estadounidense.

Pero, obviamente, no se trata, por lo menos no ha sido esa mi intención al comenzar a redactar el presente trabajo, de sacar a la luz pública con cierto regodeo malsano las vergüenzas genocidas y de lesa humanidad, que tendrían su epílogo en la ofensiva biológica del coronavirus anti chino, que esconde en sus alcantarillas institucionales el hasta hace poco venerado y en los últimos años odiado y vilipendiado pueblo estadounidense, sobre todo desde que ocupa el despacho oval de la Casa Blanca el tuitero y atípico presidente del “pelo amarillo” que si no lo echan pronto, que no lo van a hacer, puede desencadenar él solito la tercera guerra mundial, una confrontación global de “cuarta generación” (híbrida, psicológica, económica, tecnológica, comercial, cibernética, subordinada… sin descartar para nada la NRBQ  en sus tres últimas versiones), que, como le voy a explicitar a continuación y es creencia generalizada entre muchos militares, expertos y estrategas de medio mundo, ya está en pleno desarrollo por lo menos en su  primera fase o fase previa, más o menos incruenta y que, cuando menos lo esperemos, puede dar paso a su segunda tanda (guerra convencional avanzada “no nuclear”) de destrucción aún moderada y daños colaterales civiles asumibles y que ¡ojala!  se pare ahí sin que ninguno de sus protagonistas de alto nivel (el perdedor de la fase anterior, presumiblemente y a día de hoy, el estadounidense cuyas FAS se han quedado totalmente obsoletas ante los espectaculares avances de rusos y chinos en el campo de las nuevas tecnologías hipersónicas en misiles estratégicos así como en aviones de quinta y sexta generación, submarinos y drones furtivos) ose apretar el botón de su maletín atómico.

Pues bien, una vez demostrado en los párrafos anteriores la maldad que subyace en la cúpula del poder de una nación tan poderosa como los Estados Unidos de Norteamérica y que no solo sería capaz de efectuar una agresión de tipo biológico contra China como la que estoy comentando en estos momentos, con daños muy espectaculares y mediáticos, es cierto, pero reducidos y neutralizables en el corto plazo aún a costa de muy graves perjuicios económicos, materiales, políticos, sociales, morales y de credibilidad para la gran nación asiática (de momento, el Estado chino ya se ha visto en la tesitura de tener que inyectar 165.000 millones de dólares en el sistema financiero, industrial y tecnológico propio como ayuda urgente ante el desplome incontrolado de sus bolsas…), sino de desencadenar una tercera guerra mundial si viera peligrar de verdad  su liderazgo global, voy a intentar poner al lector/a al corriente de los apresurados análisis de situación y prospectivos que me han llevado a contestar afirmativamente , con cierta temeridad sin duda, las tres preguntas virtuales que yo mismo me hacía en el encabezamiento del presente artículo.

Estados Unidos y China están en guerra no declarada desde hace años, desde que la superpotencia asiática alcanzó un nivel de riqueza, de tecnología, de capacidad comercial y de negocio a nivel mundial que causó la alarma y el pánico incontrolado en la superpotencia norteamericana. Como apuntaba líneas atrás, esta guerra bilateral EEUU-China, de momento habría que clasificarla como de las llamadas por los propios expertos militares yanquis “de cuarta generación” o sea solapada, secreta, con acciones subordinadas a cargo de terceros contendientes, con multitud de frentes no convencionales y con daños irreversibles no muy cuantiosos e incluso difícilmente cuantificables. Cronológicamente estaríamos en la primera fase de esa guerra asimétrica, donde las armas de guerra convencionales y las de destrucción masiva no han hecho todavía acto de presencia. Pero este escenario de cuasi guerra, de paz armada, de guerra fría, de enfrentamiento solapado puede cambiar en cualquier momento. Veamos por qué:

En gran historiador y militar ateniense Tucícides, padre de la “historiografía científica” y de la llamada escuela de “realismo político” nos dejó una impresionante profecía a los humanos, fruto de su experiencia en la guerra del Peloponeso (siglo V a.c) :

 “Cuando una gran imperio o potencia de primer nivel se siente amenazada por otra emergente que puede arrebatarle su liderazgo, la guerra entre ambas es inevitable”

Basándose en los análisis y estudios del famoso historiador, militar e investigador griego, el profesor norteamericano  Grahan Allison, director del Centro Belfer de Ciencias y Asuntos Internacionales en la Kennedy School de Harvard (EEUU) ha publicado recientemente el libro titulado “Con destino a la guerra”, en el que se pregunta concretamente si su país, Estados Unidos, será capaz de sortear la por él denominada “Trampa de Tucícides” evitando ir a una guerra que preservara su liderazgo mundial ante el claro reto económico, militar y político de China. Y para contestarse a sí mismo y a los millones de compatriotas que presumiblemente leerían su trabajo, estudió con todo detalle cómo se solventaron históricamente en los últimos quinientos años  dieciséis casos en los que una potencia dominante, un imperio, se vio en la tesitura de ir a la guerra contra un nuevo poder emergente que le retaba claramente y aspiraba a desbancarle de su poltrona. De esos dieciséis casos, al profesor de Harvard le salieron doce positivos (hubo guerra) y cuatro negativos (el poder afincado y el emergente llegaron a acuerdos que hicieron posible la paz) lo que en términos matemáticos arroja una probabilidad del 75% de que su patria, EEUU, vaya a la guerra total con China en el corto o medio plazo.

Al historiador que suscribe, no obstante, después de analizar y estudiar a fondo las peripecias investigadoras e históricas del señor Allison, la probabilidad del 75% de que su país se decida finalmente a parar los pies a su emergente enemigo con las armas en la mano se le queda francamente corta y no tiene más remedio que elevarla al 90% ya que el profesor yanqui, con todos los respetos, ha cometido en sus apreciaciones históricas y, sobre todo estratégicas, algunos errores de bulto comprensibles ya que hablar de guerras, actuales o por venir, sin ser un militar profesional y, además, aficionado y estudioso de la historia, tiene sus riesgos. Y es que en los cuatro casos negativos en los que según Allison los dirigentes de las dos potencias contrincantes acabaron tomándose un café y dándose algún abrazo que otro, primaron unas circunstancias muy especiales que neutralizaron completamente las ansias guerreras de ambos.

Y voy a citar solo uno porque no hay tiempo para más: La guerra fría que se desató en el mundo tras la II Guerra Mundial y que duró casi toda la mitad del siglo XX no acabó en una terrorífica confrontación mundial, como hubiera asegurado el historiador Tucícides si le hubieran preguntado en los años cincuenta del pasado siglo, por la sencilla razón de que a los altos jerarcas de EEUU y la URSS durante todos esos años no les quedó más remedio que abrazar contra su voluntad la denominada estrategia MAD (Destrucción Mutua Asegurada) ya que, efectivamente, cualquiera de las dos superpotencias ganadoras de la II Guerra Mundial podía con sus armas termonucleares barrer de este mundo a toda la estructura civil enemiga pero con la contrapartida de que ésta, simplemente con el 20%  de sus propios arsenales que según todas las previsiones habrían quedado intactos, estaría en condiciones de devolver la pelota al 100% al suicida atacante. Por otra parte, el profesor yanqui también se equivoca cuando habla solo de China como enemigo a batir por Estados Unidos cuando a día de hoy, y por bastantes años, es la Rusia de Putin la primera potencia militar del planeta. El cacareado poder castrense norteamericano basado en sus monstruosos portaaviones de 100.000 toneladas y en sus misiles crucero subsónicos se ha quedado en nada con la aparición  de los nuevos misiles hipersónicas rusos tipo Samart (Satan II), Avangard y Kinzhal y los aviones furtivos Su-27, SU-35 y SU-57 de quinta y sexta generación, que han convertido a esos fastuosos barcos orgullo todavía de la Armada yanqui en pura chatarra a flote que podrían ser destruidos en su totalidad en los primeros minutos de un conflicto global.                         

Termino, amigo lector/a, haciéndome otra pregunta capciosa que puede resumir todo mi anterior parlamento:

 ¿Estamos, ante este flagrante y presunto ataque a China a través del agente coronavirus, en un nuevo apartado de la primera fase de una nueva guerra mundial de acuerdo a las enseñanzas del historiador Tucícides?

Pues, lo siento, pero tengo que contestar de nuevo que sí aunque a día de hoy estoy completamente seguro de que no será nuclear pues ahora la MAD (Destrucción Mutua Asegurada) ya no existe y uno de los dos bandos (de momento, el oriental) es capaz de poner él solito contra las cuerdas al otrora orgulloso imperio de las barras y las estrellas. Que se ha convertido, todo hay que decirlo, en algo francamente indeseable a nivel mundial.

Fdo: Amadeo Martínez Inglés
Coronel. Escritor. Historiador

CORONAVIRUS: LA PANDEMIA DE LAS CLASES DOMINANTES PARA SOMETER A LOS PUEBLOS

Manuel Dominguez Moreno
Diario 16, 28/02/2020


No es casualidad que los países más afectados sean países que, de un modo u otro, afectan a los intereses de Estados Unidos: China, Irán, Italia y Corea del Sur

Las clases dominantes están logrando generar con la propagación del coronavirus un escenario de pánico entre la población que no hace otra cosa que favorecer sus intereses de sometimiento al pueblo. Como ya ocurrió con la Gripe A en el año 2009, que también surgió en China, casualmente cuando el país asiático se estaba convirtiendo en una de las grandes económicas y que acaparaba las deslocalizaciones de las principales multinacionales de los sectores más simbólicos de Estados Unidos, se está dando la imagen de que el coronavirus es una nueva plaga de peste negra del tipo de la que devastó Europa en la Edad Media. En realidad, el coronavirus es menos agresivo y está provocando, proporcionalmente, muchas menos muertes de las que se producen en el mundo a causa de enfermedades comunes para las que hay cura y tratamiento como, por ejemplo, la gripe.

Entonces, si los expertos afirman que no hay que generar el pánico actual, ¿por qué se está propagando ese miedo? ¿A quién le interesa que el pánico se haya apoderado de la población mundial?

En primer lugar, es significativo que los países más afectados sean China, Italia, Irán y Corea del Sur. Cada cual tiene su modo de ser un peligro para Estados Unidos y sus élites.

China

El gigante asiático es actualmente el principal competidor económico de Estados Unidos y, en muchos aspectos, ya ha superado a los norteamericanos. De ahí el interés de Donald Trump en ahogar a la economía china con la guerra comercial iniciada en 2019. El American First del actual inquilino de la Casa Blanca parte, principalmente, del intento de sometimiento a China, sobre todo porque la tecnología de los asiáticos está muy por encima de la del resto del mundo. Con la guerra arancelaria no se podía limitar el crecimiento y la I+D+I china. Por esta razón, en medio de la pugna por el control del 5G y por la superación de las empresas chinas de telefonía como Huawei o Xiaomi a las americanas en volumen de ventas a un precio más competitivo y con mejores prestaciones, era necesario atacar a China desde otro flanco.

El coronavirus ha provocado el ahogamiento del consumo interno en fechas que son clave para la economía china, como el Año Nuevo, o la eliminación de eventos, como el Mobile World Congress, que son el mejor escaparate para el gigante asiático para mostrar sus enormes avances tecnológicos.

Corea del Sur

Mientras que los coreanos fueron partícipes de la cancelación del Mobile con la salida de marcas emblemáticas como LG y que tanto afectó a las empresas chinas, ahora son los que están sufriendo el pánico del coronavirus. Corea del Sur se ha convertido en las últimas décadas en otro de los máximos competidores empresariales de los Estados Unidos, no sólo en la competencia tecnológica con multinacionales que son referentes en la telefonía como Samsung (el mayor vendedor de terminales a nivel mundial) o LG, sino que en el sector de la automoción, gigantes como Hyundai están haciéndose con un nicho de mercado que afecta directamente a las grandes corporaciones norteamericanas y europeas, sobre todo en lo referido a la transición hacia automóviles híbridos o eléctricos. El pánico por el coronavirus ya ha provocado la paralización de varias fábricas.

Irán

El país persa tiene un enfoque más geopolítico que económico. El conflicto abierto entre Estados Unidos e Irán o la ruptura de los acuerdos nucleares por parte de Trump, además de la ejecución del general Soleimani y de la respuesta iraní contra una base militar que, según Trump, no tuvo consecuencias físicas para los soldados cuando, en realidad, sufrieron lesiones cerebrales.

En este aspecto, que Irán sea uno de los países con más incidencia supone un intento de favorecer a los aliados de Estados Unidos en la zona: Israel y Arabia Saudí.

Italia

El caso de Italia tampoco es casual, sobre todo porque el brote se produjo en la zona más industrializada del país transalpino, en las regiones de Lombardía, Veneto y Piamonte. La capital de ésta, Turín, es, quizá, la zona más importante del sector de la automoción de occidente, puesto que ahí se encuentra FCA (Fiat) que hace años se hizo con el control de marcas emblemáticas para los Estados Unidos como Chrysler, Jeep o Dodge. Modelos emblemáticos como el Voyager o el Grand Voyager ahora llevan en el morro del coche el símbolo de Lancia, lo que supone para muchos estadounidenses un ultraje a su historia y legado. Además, esa zona norte de Italia supone uno de los puntos clave para la economía de la Unión Europea, todo ello en el momento en que Trump está enfrentado a Europa por asuntos como, por ejemplo, la Tasa Google. El viejo continente es muy viejo y, casualmente, el coronavirus se ha empezado a propagar por el norte italiano.

Los mercados financieros y las élites

El pánico del coronavirus está afectando a todos los mercados financieros con caídas que no se conocían desde la crisis económica de 2008, una crisis provocada por las élites tras dejar caer a Lehman Brothers y que ha tenido como consecuencia el incremento de la desigualdad: los ricos son más ricos y los pobres más pobres. Además, se ha producido una acumulación de riqueza desconocida desde II Guerra Mundial.

Los grandes fondos de inversión y los bancos custodios donde se almacenan de forma anónima las riquezas de los poderosos, tanto legales como ilegales, se encuentran principalmente en Estados Unidos, a la sombra del edificio New York Stock Exchange. Es muy probable que las posiciones bajistas estén ganando mucho dinero con la caída de los parqués, porque siempre lo hacen, y, casualmente, esos bajistas están controlados por esos grandes fondos y esos bancos custodios.

Por tanto, el coronavirus es, en realidad, una herramienta que están utilizando las élites y los poderosos para generar mucho pánico entre los pueblos. Luego aparecerán como los salvadores porque las farmacéuticas han logrado desarrollar en tiempo récord una nueva vacuna pero, el miedo ya está ahí y es un modo de someter un poco más a las ciudadanías libres del mundo.

lunes, 2 de marzo de 2020

CORONAVIRUS: LA I GUERRA MUNDIAL DEL SIGLO XXI

Manuel Domínguez Moreno
Diario 16, 21/02/2020



El coronavirus no es sólo una crisis sanitaria, sino que tiene ramificaciones en la política, la economía y, por supuesto, en las relaciones diplomáticas. Todo un ataque al sostén del mundo. Una guerra en todos los aspectos.

Nada es casual y, mucho menos, cuando las élites de distinta índole tienen interés en que no lo sea. El mundo no se ha dado cuenta pero estamos siendo testigos de un conflicto silencioso que tendrá graves consecuencias en el futuro más cercano a todas las ciudadanías del mundo. Nos hallamos en la I Guerra Mundial del siglo XXI y el coronavirus es el último capítulo de la misma.

En la actualidad no veremos grandes batallas como hace un siglo, no habrá una Verdún, una Yprés, unas Árdenas o una Kaiserschlacht. Sin embargo, ahora las guerras se desatan por otros intereses, principalmente movidos por las clases dominantes que quieren acumular riqueza e influencia del tipo que sea. El mayor peligro para esas élites occidentales lleva siendo desde hace un par de décadas China y, hasta ahora, nadie ha podido evitar que se convierta en una de las economías fundamentales para el crecimiento mundial. Si China no crece por encima del 6% de PIB, occidente se arriesga a una grave recesión que, evidentemente, llevaría hacia una grave crisis social. Cuando Napoleón dijo que «Dejad que China duerma, porque cuando despierte, el mundo temblará» jamás pudo imaginar la verdad tan grande que afirmó el general corso.

En el mundo actual, en plena revolución tecnológica, China se ha convertido en la gran amenaza para occidente, principalmente para Estados Unidos y con un presidente como Donald Trump es normal que se le haya intentado parar los pies con un comportamiento violento. Primero fue la guerra de los aranceles. Posteriormente, llegó la del 5G con su veto a Huawei y la amenaza a los proveedores estadounidenses, como Google, por ejemplo, de no vender software a la empresa punta en este tipo de tecnología. En el último mes se ha producido el último ataque: el coronavirus.

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No se ha tratado de un brote casual o de una epidemia concreta, sino que ha sido un ataque muy premeditado contra China en dos frentes concretos: el consumo interno y la tecnología.

El brote del coronavirus se produjo, casualmente, en las semanas en las que el mundo chino celebra el Año Nuevo, es decir, el mayor repunte del consumo interno del país, uno de los momentos clave para la economía. La epidemia se podía haber originado en el mes de agosto o a finales de noviembre, pero no, fue casualmente en plenas celebraciones del Año Nuevo. ¡Qué cosas!

Por otro lado, la difusión mediática de lo que estaba ocurriendo en China, la exposición de que se trataba de un virus ultraletal y de propagación muy rápida y que podía llegar a todo el mundo no tenía otro fin que el de deteriorar la imagen internacional del país, además de provocar, evidentemente, una crisis económica, casualmente, en el momento en el que se está celebrando una guerra comercial entre China y Estados Unidos.

La principal consecuencia ha sido la suspensión del Mobile World Congress en Barcelona que, en medio de la crisis sanitaria, generó el pánico, casualmente, entre los competidores de los chinos, tanto norteamericanos como coreanos o europeos, empresas que están muy por detrás en avances tecnológicos. Además de las pequeñas y medianas empresas, las mayores pérdidas las tendrán las multinacionales tecnológicas como Huawei o Xiaomi. Colocar al coronavirus como excusa no es otra cosa que apuntar la culpa a los chinos cuando, en realidad, la retirada masiva de expositores fue iniciada por esos competidores que vieron la oportunidad de tener algunas pérdidas que eran claramente compensadas por lo que iban a dejar de percibir las empresas chinas.

Volviendo a las casualidades, una vez suspendido el MWC la multinacional norteamericana Apple ha decidido poner a la venta su nuevo iPhone de gama baja, cuyos comonentes están fabricados en Zhengzhou, y no se ha iniciado una alerta sanitaria. Hay que recordar la famosa frase de los teléfonos y los ordenadores de la multinacional de la manzana que ya se ha convertido en una enseña: «Diseñado en California. Ensamblado en China».

A todo esto hay que añadir cómo este coronavirus tiene una incidencia menor que la gripe común y, sin embargo, ha generado un estado de pánico a nivel mundial, algo que ya ocurrió con la gripe A. A estos fenómenos de pánico a una pandemia no son ajenas las multinacionales farmacéuticas que, en medio de este estado del miedo, logran incrementos importantes de sus ingresos para la investigación de vacunas o medicamentos, fondos que, evidentemente, ponen los diferentes Estados del mundo. ¿Dónde están las mayores farmacéuticas del mundo? En Estados Unidos.

Por otro lado, mientras el coronavirus de ha convertido en la pandemia del 2020, el mundo da la espalda a la grave epidemia de sarampión en la República Democrática del Congo, donde ya han muerto más de 6.000 personas, una cifra muy superior al coronavirus.

Esta I Guerra Mundial del siglo XXI no es más que la certificación de que la humanidad está en manos de las clases dominantes y que, en muchos casos, la clase política elegida democráticamente por el pueblo, en algunas ocasiones no es más que el fiel servidor de los intereses de las élites. Por tanto, el mundo está perdido porque está a expensas de los caprichos de un 1% de la población que controla el 75% de la riqueza y que, como no podía ser de otro modo, aspira a hacerse con todo, pasando por encima de lo que haya que pasar, incluso de la vida.

EL FORO DE DAVOS SE PREPARÓ PARA UNA ‎PANDEMIA DE CORONAVIRUS… DOS MESES ‎ANTES DE SU INICIO‎

Red Voltaire, 05/02/2020



El Foro de Davos realizó un ejercicio contra una ‎epidemia de coronavirus, en octubre de 2019 y con la participación del Johns Hopkins Center for Health Security y de la ‎Bill & Melinda Gates Foundation. ‎

El ejercicio en cuestión tuvo lugar en Nueva York, exactamente el 18 de octubre de 2019, ‎dos meses antes del inicio de la pandemia en China. ‎

El objetivo explícito del ejercicio realizado en Nueva York era planificar la respuesta de ciertas transnacionales y gobiernos ante una pandemia de coronavirus, cuando nada permitía predecir el ‎inicio de la epidemia detectada en la ciudad china de ‎Wuhan a inicios de diciembre.‎

Al menos 15 líderes mundiales participaron en el ejercicio, así como los dos responsables ‎oficiales de lucha contra las epidemias en China y Estados Unidos. ‎

A continuación, la lista de los participantes:‎
- Latoya Abbott, responsable de situaciones de riesgo del grupo hotelero estadounidense Marriott ‎International;‎
- Sofia Borges, vicepresidente de la Fundación de las Naciones Unidas;‎
- Brad Connett, presidente del grupo Henry Schein, líder mundial de la producción de material ‎médico;
- Christopher Elias, responsable de Desarrollo Global de la Bill & Melinda Gates Foundation;‎
- Tim Evans, ex director del departamento de Salud del Banco Mundial;‎
- George Gao, director del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de la República ‎Popular China;‎
- Avril Haines, ex directora adjunta de la CIA y ex miembro del Consejo de Seguridad Nacional de ‎Estados Unidos, bajo la administración Obama;
- Jane Halton, ex ministro de Salud en Australia, miembro del consejo de administración del Banco ‎de Australia y Nueva Zelanda (ANZ);‎
- Matthew Harrington, director de Edelman, la oficina de relaciones públicas más importante del ‎mundo;
- Martin Knuchel, director para situaciones de crisis de la línea aérea alemana Lufthansa;‎
- Eduardo Martinez, consejero jurídico de UPS, líder mundial de logística postal, y director de ‎UPS Foundation;‎
- Stephen Redd, director adjunto del US Center for Disease Control and Prevention;‎
- Hasti Taghi, vicepresidente del grupo de comunicación NBC Universal;‎
- Adrian Thomas, vicepresidente de la transnacional farmacéutica Johnson & Johnson;‎
- Lavan Thiru, gobernador del Banco Central de Singapur. ‎

jueves, 27 de febrero de 2020

CRÍTICAS A "HECATOMBE GRISO", "APOCALIPSIS QUINTANA" Y AL "MUERTÓMETRO" DE FERRERAS POR SU TRATAMIENTO DEL CORONA

Daniel Bellaco
Digital Sevilla, 26/02/2020



Las redes están indignadas con su "alarmismo" y su "periodismo pre-apocalíptico" en comparación con los datos de los expertos

El circo mediático parece haber acogido con alegría el coronavirus según afirman en las redes sociales. Diversos usuarios apuntan a Antonio García Ferreras, director de La Sexta, Ana Rosa Quintana, presentadora de su programa en Telecinco, y Susanna Griso, presentadora de Espejo Público, como alarmistas más que periodistas. De hecho algunos usuarios han bautizado a las dos periodistas como "Hecatombe Griso" "Apocalipsis Quintana" y han llamado "muertómetro" a la crónica de Ferreras.

Muchos han comparado su manera de dar las noticias incidiendo en la alarma con el rigor de Lorenzo Milá detallando que los médicos afirman que es como una gripe.

La propia Ana Rosa, en su programa de hoy, ha dicho: “no quiero que me regañen por alarmista” para luego afirmar “No es como la gripe normal, no”.

Entonces Esther Palomera le ha recordado que se toman medidas especiales “por el desconocimiento del virus, si lo acaba de decir la experta.” y que, le ha subrayado: “la tasa de mortalidad es del 0,7% cuando gripe normal es más alta.”

La presentadora incidía en que ella se iba a poner mascarilla y que, “no hay que ser alarmistas, vale, pero luego ves estas imágenes”.

Entonces la mayoría de la mesa, incluido Inda, le remarcó “Pero los que saben son ellos y no nosotros”, en referencia a los expertos.

Al hablarle de alarmismo, Ana Rosa se enfadó y espetó: “¡Y dale con que somos alarmistas! El debate no es si somos alarmistas o no. (…) Que la gente se informe.” para luego cargar contra las redes sociales excusando a los medios de comunicación como el suyo.

En Twitter, mucha gente tienen claro qué tipo de “más periodismo” se está realizando por parte de Antonio García Ferreras, Susanna Griso y Ana Rosa Quintana al respecto:

miércoles, 19 de febrero de 2020

CORONAVIRUS: REALIDAD Y TRATAMIENTO MEDIÁTICO

Miguel Angel Ferrer
TeleSUR, 14/02/2020



Según los más recientes y cuidadosos conteos, el número total de infectados por el germen coronavirus alcanzó la cifra de 64,627, en tanto que la cantidad de fallecimientos es de 1483. Con estos guarismos se puede calcular la tasa de letalidad del padecimiento, es decir el total de muertos con respecto al total de los infectados, la que no alcanza el 2.3 por ciento. O, dicho de otro modo, hay 2.3 fallecimientos por cada cien enfermos.

Se trata de una tasa de letalidad muy baja y que indudablemente tenderá a disminuir con el paso de los días y las semanas. Y con la caída de la tasa de letalidad también caerá el número de infectados, todo ello en razón de que la epidemia está siendo combatida con los muy eficaces recursos científicos de los que dispone la sociedad humana en China y en todo el planeta. Entre esos recursos está en primer término el cerco sanitario, la celebérrima cuarentena.

Con estos datos en la mano se puede afirmar que no hay lugar para la angustia, a pesar del sobredimensionamiento mediático prevaleciente. Recuérdese que la gran epidemia de gripe española de 1918-1919 produjo cien millones de fallecimientos. Y recuérdese igualmente que la epidemia de gripe que azotó a Estados Unidos en el reciente año 2018 produjo más de diez mil muertes, sin que la prensa yanqui y los medios de comunicación planetarios hubieran dispensado una cobertura ni de lejos semejante a la otorgada a la epidemia china.

¿Tendrá que ver esta diferenciación mediática con el hecho muy conocido de la guerra comercial desatada por Estados Unidos contra China? Porque si bien es muy pequeño el daño que en la salud del pueblo chino ha producido el nuevo germen, bautizado Covid19, en cambio ha sido muy severo el daño causado a la economía china por el distorsionado e interesado tratamiento mediático occidental de la nueva enfermedad.

Indudablemente China y el planeta tienen la capacidad para frenar y eliminar la epidemia. Y el gigante asiático sin duda se recuperará prontamente del pequeño descalabro económico. Por ahora los importante es entender que el Covid19 no constituye realmente una amenaza. Y menos una amenaza universal invencible.

Finalmente el Covid19 habrá servido para reafirmar la confianza mundial en el poder de la ciencia. Y para alertar nuevamente a la sociedad planetaria sobre el malévolo poder de los medios sujetos a las ocultas directrices de Washington y otros países imperialistas.

martes, 4 de febrero de 2020

UNIDAS PODEMOS EN EL PODER, LA MEJOR PRUEBA DEL CARÁCTER PATRIARCAL DEL FEMINISMO




Hace tiempo que Unidas Podemos o partidos similares gobiernan (en coalición o en solitario) en ayuntamientos y comunidades autónomas españolas, pero es la primera vez que llegan a lo más alto de la administración del Estado gracias a su pacto de gobierno con el PSOE. A pesar de que el PSOE ya había convertido hace años el feminismo en ideología de Estado, la llegada de Unidas Podemos al poder supondrá un redoblamiento de su agresividad: desde una nueva reforma del código penal que busca el fortalecimiento de los aparatos represivos ("sólo sí es sí" [1]), hasta la promoción de prácticas parapoliciales (autodefensa feminista).

La llegada al poder del feminismo más radical es la mejor prueba del carácter patriarcal del feminismo, pues con ello se desmorona la excusa utilizada hasta ahora, precisamente, por los propios feministas más radicales de que el feminismo institucional era un simple discurso decorativo que no profundizaba en el feminismo, que su utilidad era sólo la de maquillar y ocultar el carácter opresivo y patriarcal del Estado y del capitalismo. Y es que la llegada al poder de Unidas Podemos y sus medidas para profundizar en el feminismo servirán para hacer aún más autoritario y opresivo al Estado y al capitalismo (algo que, por otra parte, ya venía haciendo el PSOE con la puesta en marcha de la Ley Integral contra la Violencia de Género).

El aumento de la represión del Estado sobre la mayoría de los hombres, tal como propone el feminismo más radical, en nada merma el poder que una minoría (sean hombres o mujeres) ejerce sobre la mayoría de las mujeres, más bien, todo lo contrario: es ideal para perpetuar tal dominación, es ideal para perpetuar el patriarcado, la dominación del Estado (padre) sobre los ciudadanos-súbditos (hijos), una dominación de una clase minoritaria sobre otra mayoritaria que es la esencia etimológica del concepto patriarcado, no la dominación del hombre sobre la mujer sin más, como tratan de hacernos creer los feministas.

La identificación que hace todo feminismo (ya sea el liberal o el llamado socialista) entre patriarcado y dominación masculina sin más, no es sólo un inocente error conceptual, sino una estafa muy útil para perpetuar el patriarcado, pues ni aunque todos los miembros del gobierno fueran mujeres (tal y como ha hecho la podemita Irene Montero con los altos cargos del Ministerio de Igualdad) o éstas ejercieran la totalidad de los puestos directivos de las empresas, desaparecería el patriarcado, ya que mientras subsistan las relaciones de poder por las que una minoría somete a la mayoría, el modo de someter a la mayoría de las mujeres será el mismo que hasta ahora se había venido utilizando, pues el único modo de garantizar la continuidad de un sistema de dominación tan inhumano e irracional es potenciando el lado más miserable y vil del ser humano, tanto entre hombres como entre mujeres, convirtiendo las relaciones entre unos y otras (y entre individuos del mismo sexo) en una guerra de todos contra todos, en un auténtico infierno interpersonal donde rija la ley del más fuerte, todo ello muy útil para seguir justificando la existencia del viejo Leviatán hobbesiano como gestor del caos provocado. El aumento de la represión que ya sufría la mayoría de los hombres sólo servirá para ocultar la verdadera causa de la opresión que sufren la mayoría de las mujeres y perpetuarla: la irracionalidad del sistema de relaciones de producción capitalista.

No hay otra manera de solucionar la situación actual de la mayoría de las mujeres (ni tampoco la de la mayoría de los hombres) que no sea aboliendo primero las actuales relaciones de poder, que son de clase y no de sexo (no sólo el hombre burgués oprime a la mujer trabajadora, también lo hace la mujer burguesa), algo que sólo es posible a través de una revolución verdaderamente comunista, donde el Estado, herramienta fundamental del patriarcado, se empiece a desmantelar desde el primer día. Cualquier otra propuesta no es más que una estafa y una forma de perpetuar el actual modelo patriarcal, el capitalismo (como ya ocurrió en experiencias pasadas mal llamadas comunistas). De hecho, establecer como causa de la discriminación que sufren la mayoría de las mujeres el sexo y no la clase, tal y como hace hoy el feminismo más radical a través del Estado -llegando a proponer, en nombre de la liberación femenina, el apoyo estatal a la explotación realizada por mujeres-, al normalizar las relaciones de explotación de una clase sobre otra, es ideal para que la propaganda liberal pueda hacer pasar por contestarios y revolucionarios proyectos liberalizadores aún más agresivos bajo la máscara del antifeminismo y el antiestatalismo (básicamente ésta es la función de todos los youtubers antifeministas que pululan por internet), que tendrán como resultado un aumento de los niveles de opresión de la clase obrera en general y de las mujeres pertenecientes a la misma en particular. Es decir, la normalización que hace la izquierda de algo tan bárbaro como la explotación del hombre por el hombre, con sus políticas para conseguir la paridad también en este campo, es ideal para que los liberales más recalcitrantes puedan presentar, como lo más justo y coherente, el que ésta sea ejercida libremente por los más capacitados para ello, es decir, por los más fuertes y salvajes.
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[1] Actualmente no existe mejor aliado para el Estado que el feminismo, pues éste ha conseguido normalizar la represión estatal de tal modo, que una organización como Amnistía Internacional, que se dio ese nombre con el objetivo de descargar de culpa al individuo aislado frente al poder estatal que le deshumaniza (aunque ello formara parte simplemente de una batalla propagandística de occidente contra los países estalinistas), hoy no tiene el menor reparo en apoyar con el mayor fervor campañas feministas que abogan por el endurecimiento del aparato represivo estatal como la de "sólo sí es sí".