domingo, 10 de noviembre de 2019

EL EMPERADOR DEL CLIMA VA DESNUDO: DESMONTANDO LA EMERGENCIA CLIMÁTICA.

Bruno Cossío
La Razón Comunista, 02/11/2019



En este principio de siglo, en torno al cambio climático parecen arremolinarse todas las ciencias naturales del mismo modo que las ciencias sociales lo hacen alrededor de las cuestiones de género. Han pasado 30 años desde que por primera vez se diera la voz de alarma, y la cuestión del clima pasara de ser una cuestión de interés científico a mezclarse con la política y convertirse en un negocio más. En medio del juego de intereses y de un alarmismo que no se corresponde con lo que cualquiera observa en su realidad cotidiana, el debate, la duda o la simple y llana información objetiva acerca del tema, parecen estar fuera de la agenda. En estos tiempos se hace urgente poner en perspectiva el alarmismo climático: lo que se sabe, lo que se ignora, lo que se duda y lo que se yerra. En lo político, pero también en lo científico.

Una breve presentación

A Al Gore el hecho de no ser científico no le impidió recibir un premio Nobel por engendrar una película sobre el clima que se equivocaba en todo, así que el hecho de que yo tampoco lo sea no debería ser un problema a la hora de escribir este artículo... Siempre he tenido una curiosidad voraz por los temas medioambientales, al principio con honesta y terrible preocupación, y con el paso de los años, después de décadas escuchando predicciones fallidas y esperando catástrofes que nunca llegaron, orientando esa curiosidad al cuestionamiento constante de todo aquello que se nos presenta como científicamente probado, especialmente en aquellos temas que se nos exige no dudar. Como superviviente al apocalipsis del agujero de ozono, a la lluvia ácida, a tres fechas límite para frenar el calentamiento global y a la extinción de las abejas, me he ganado el derecho a opinar algo con cierto criterio.

El cambio climático ha sido una preocupación del ser humano desde que el hombre es hombre. Seguramente entre las primeras cosas que nos planteamos estaban el sol, el viento, la lluvia, el frío... Inevitablemente, como sucedía con todo lo que no comprendíamos, se explicó a través de mitos y supersticiones y se intentó controlar a través de rituales: desde la danza de la lluvia hasta el sacrificio de niños. En innumerables sociedades el mal clima era visto como castigo de los dioses por nuestros pecados, que podían ser pagados con algún tipo de sacrificio.

Irónicamente, la teoría del cambio climático actual que conocemos todos (las temperaturas de la Tierra se están elevando de manera catastrófica por culpa del CO2 que emiten las actividades humanas) no deja de ser una nueva edición de estos mitos. Y, como veremos en el siguiente apartado, parece que nuestra especie siempre ha sido incapaz de aceptar, aunque sólo sea como una posibilidad más, que el clima cambia de manera natural, que siempre lo hará, y lo que haga o deje de hacer el hombre quizá no es tan importante.

Repasemos la teoría de manera sencilla: la Tierra se está calentando desde hace un siglo y medio y buena parte de ese calentamiento (y todo el producido desde 1950) se debe a la emisión de gases de efecto invernadero, fundamentalmente el CO2, lo que podría llevar a cambios catastróficos para la vida en el planeta y para la civilización. Esto es ciencia asentada e indiscutible y el debate está cerrado.

Ahora bien, seguramente nunca oigamos las preguntas pertinentes y obvias ante estas afirmaciones: ¿Es normal que cambie el clima?¿Cuánto han subido las temperaturas?¿Hay precedentes de temperaturas iguales o superiores a las actuales?¿Qué causó los cambios climáticos del pasado?¿Cuál es la temperatura ideal para la Tierra?¿Cómo sabemos con seguridad que este calentamiento lo provoca el CO2?¿Es malo el CO2?¿Cuánto CO2 producimos y cuánto hay en la atmósfera?¿Cuál es el nivel de CO2 deseable o normal?¿Se puede hacer algo?¿Es grave? A todas estas preguntas pretendo responder a lo largo de las siguientes páginas.

Un siglo apocalíptico

Corrían los años 70 cuando los medios de comunicación de masas comenzaron a dar voz a una preocupación creciente en la comunidad científica: algo anómalo estaba sucediendo con las temperaturas del planeta. Periódicos como el New York Times, el Washington Post y la revista Time [1] empezaron a hablar en términos preocupantes y hasta catastróficos. Un grupo de científicos reunidos en la Univesidad de Brown remitió a la Casa Blanca una carta [2] exponiendo el peligro inminente al que se enfrentaba la humanidad: se hablaba de un cambio climático abrupto que dañaría las cosechas y que provocaría fenómenos meteorológicos extremos. Aunque muchos creían en las causas naturales de este acontecimiento, algunos, como el Doctor Rasool de la NASA, comenzaron incluso a señalar el posible papel del hombre en esta alteración catastrófica del clima del planeta, y señaló a la quema de combustibles fósiles como causa principal [3].

Aunque pueda sorprender a muchos, no estoy hablando del calentamiento global, hoy llamado cambio climático, omnipresente hoy en todos los medios de comunicación, universidades y programas electorales, sino de la que en los años 70 llamaban la inminente Nueva Edad de Hielo. Así es: en aquel entonces, los científicos y los medios estadounidenses parecían convencidos de que la Tierra se enfriaba a un ritmo acelerado desde 1940. El Doctor Rasool, antes mencionado, hablaba de una caída de 6 grados de las temperaturas para 2021 provocada por las partículas de polvo emitidas por la quema de carbón y petróleo, que bloquearían la luz del sol. Algunos científicos comenzaron incluso a proponer soluciones como espolvorear carbón sobre el hielo para frenar el avance observado de los casquetes polares año tras año, observación también corroborada por científicos de la Unión Soviética [4].

Diez años después del punto álgido del temor a la nueva edad de hielo, de nuevo el clima volvía a convertirse en preocupación apocalíptica para la humanidad. De nuevo, peligro de quedarnos sin cosechas, fenómenos meteorológicos extremos y la causa, de nuevo, la quema de combustibles fósiles, pero esta vez por las emisiones de CO2 que, al tratarse de un gas que retiene brevemente la energía que absorbe, provocaría un efecto invernadero cada vez mayor. No era nueva esta teoría. En los calurosos años 30, los medios estadounidenses hablaban del derretimiento catastrófico de los glaciares que inundaría en cuestión de un par de décadas las ciudades costeras [5]. Esto no pasó, pero eso no ha impedido que se retome la predicción. Ambos periodos, el miedo al frío y el miedo al calor, están de sobra documentados en los medios de la época.


Unos registros insuficientes y deficientes

Después de esta introducción, sin duda lo primero que cabe plantearse es cómo es posible que sólo en el espacio de 10 años se pasara de hablar de una nueva glaciación a un calentamiento peligroso del planeta. El clima no es algo sobre lo que podamos sacar conclusiones con sólo unas décadas de estudio, puesto que se trata de una media de temperaturas, precipitaciones y otras variables meteorológicas medidas a lo largo de varias décadas y cuyo cambio se produce a largo plazo. No es cuestión de si este año hizo mucho calor y el pasado hizo mucho frío, sino de las tendencias observadas en un lugar a lo largo de muchos años. Los llamados científicos climáticos (realmente físicos o geólogos) basan sus afirmaciones en un periodo que, como mucho, abarca desde 1870 hasta hoy. Pocas conclusiones se pueden sacar en un espacio de tiempo tan corto, sobre la normalidad o anormalidad de ciertos cambios o sobre su beneficio o perjuicio.

Pero hay un problema añadido y es la escasez de registros en gran parte del planeta hasta mediados del siglo XX: sólo EEUU, tiene un buen registro de las temperaturas desde hace más de un siglo que cubre todo su territorio [6], por lo que esos gráficos aterradores que nos muestran sobre el calentamiento del último siglo no dejan de ser reconstrucciones y estimaciones, reconstruidos una y otra vez sobre observaciones muy incompletas ¿Son fiables estos modelos? El Centro Nacional de Estudios Atmosféricos estableció, en tiempos del miedo a otra glaciación, que las temperaturas de la Tierra entre 1940 y 1970 habían caído 0,4 grados, por debajo de los valores de 1900 [7]. La Academia Nacional de Ciencias de EEUU hablaba de un enfriamiento aún mayor en 1975 [8]. Sin embargo, las últimas reconstrucciones de la NASA eliminan por completo este periodo de enfriamiento. Y es más: mientras las reconstrucciones que hizo la NASA en el año 2000 hablaban de un calentamiento de medio grado entre 1885 y 1998, las reconstrucciones de 2019  triplican el calentamiento para este periodo. Cada pocos años, la NASA y otras agencias entregadas a la causa del cambio climático elaboran nuevas gráficas y la tendencia general es la de enfriar cada vez más el pasado y calentar cada vez más el presente. Si no se puede medir la temperatura de cada año con precisión, difícilmente van a ser fiables los modelos predictivos que se deben ajustas a ellas.


Ilustración 1: Comparación entre las temperaturas globales estimadas por el Centro Nacional de Investigaciones Atmosféricas en 1974 y la NASA en 2017 para el mismo periodo. Elaborada por Tony Heller


Otra fuente de datos que tenemos son las mediciones satelitales de temperatura [9], pero éstas sólo se remontan a 1979 y, de nuevo, discrepan bastante unas de otras dependiendo de los modelos que usen. Como sea, estas muestran un calentamiento mucho más modesto que el esperado por los modelos. Existen también mediciones recientes basadas en el estudio de los anillos de los árboles, que corroboran un calentamiento previo a 1940, el enfriamiento de 1940 a 1970 y un calentamiento posterior [10]. En cualquier caso, parece razonable por las múltiples fuentes que tenemos asumir que durante el último siglo y medio el planeta se ha calentado, aunque su cuantificación exacta resulte casi imposible.

¿Qué es una anomalía más para el clima?

Como ya he dicho, es prácticamente seguro que el planeta se ha calentado los últimos 150 años, con oscilaciones mayores o menores. Esto es algo sostenido por prácticamente todos los científicos. La cuestión ahora es si es normal que el planeta se caliente, si es habitual que se caliente en la medida que lo ha hecho y si es peligroso de alguna manera para la vida o para la civilización. Para esto debemos recurrir a lo que llamamos registros paleoclimáticos.

Los registros paleoclimáticos son mediciones indirectas de la temperatura en distintas zonas del planeta mediante infinidad de fuentes: desde el estudio de isótopos depositados en sedimentos hasta el estudio de los anillos en los fósiles de ciertos árboles. Cuando se estudian los últimos 550 millones de años, nos encontramos con temperaturas medias hasta 12 ó 15 grados superiores a las actuales en algunos periodos y, de manera mucho más reciente, periodos glaciares con temperaturas en torno a 5 ó 6 grados menores que las actuales. La cuantificación de la temperatura varía de unas fuentes a otras, pero en lo que parecen coincidir es en que, a pesar de estar en una pausa “cálida” entre glaciaciones, la Tierra se encuentra actualmente en uno de los periodos fríos de esos últimos 550 millones de años. Lo anómalo del clima, visto esto, sería que fuese estable.



Pero hablamos de cambios lentos, que casi siempre se han producido a lo largo de centenares de miles de años como poco ¿Qué hay de tiempos más recientes? Tenemos cientos de estudios y miles de evidencias de etapas más cálidas que la actual en los últimos 8000 años y muy especialmente del último milenio. Es más: de acuerdo con la mayoría de registros paleoclimáticos, de ese periodo de 8000 años sólo los 300 años previos al siglo XX fueron más fríos que éste. Tenemos evidencias arqueológicas de que tanto en época de los romanos como en el medievo, los viñedos se extendían hasta el norte de Inglaterra y el sur de Escocia, algo que el frío hace imposible en la actualidad. Es común encontrar bajo glaciares en retroceso restos de bosques de pocos cientos o miles de años, señal inequívoca de que durante cierto tiempo, en épocas recientes, las temperaturas fueron más cálidas que en la actualidad [11]. Los árboles crecían en mayores latitudes y alturas de lo que hoy permiten las bajas temperaturas [12]. La extensión del hielo marino del Océano Ártico es alta, cuando se compara con la que se estima que ha tenido los últimos 10.000 años, y también refleja menor extensión del hielo hace un milenio [13]. Existe actualmente un interés notorio por parte de algunos “científicos climáticos” por negar o relativizar estos periodos cálidos relativamente recientes, a pesar de la cantidad de evidencias que señalan su existencia. La página CO2 Science recopila en su llamado The Medieval Warm Period Project [14] una colección de estudios realizados en todo el planeta que prueban la existencia de esta etapa cálida reciente.

Como he dicho, entre este periodo cálido medieval y el periodo cálido actual hubo una etapa de enfriamiento conocida como la Pequeña Edad de Hielo y que tocó a su fin en 1850, por lo que un ascenso de las temperaturas no sólo era esperable sino deseable, si tenemos en cuenta las dificultades para las cosechas que supuso este periodo de inviernos especialmente duros. La vida en el planeta, los cultivos y, por tanto, la civilización humana, suelen beneficiarse más de los climas cálidos que de los fríos. Basta comparar la biodiversidad de los trópicos con la de la Antártida.

El malo de la película: el dióxido de carbono o CO2

Que el calentamiento del planeta no sea ni mucho menos inédito no quiere decir, claro está, que toda la teoría sea errónea. Así que hablemos del protagonista de esta historia: un gas llamado dióxido de carbono.

Es común escuchar a la mayoría de la gente relacionar contaminación con clima, o incluso basura con clima, en medio de la confusión y la alarma que rodea al asunto. Considerar el dióxido de carbono un contaminante es incluso más absurdo que considerar como tal el oxígeno. Es un gas que no sólo es inocuo para el ser humano sino esencial para la vida y no sólo eso: es realmente escaso y actualmente se encuentra casi en mínimos si lo comparamos con las variaciones que ha sufrido en los últimos 550 millones de años. Esto es bastante lógico: el CO2, mediante reacciones químicas en los océanos, procesos geológicos y mediante el enterramiento de materia orgánica para formar carbón y petróleo, ha ido reduciendo su presencia en la atmósfera, hasta ser hoy un minúsculo 0,04% de ésta. Quemar carbón y petróleo significa la devolución de una parte de ese CO2 ya enterrado a la atmósfera y se asume de manera general que el aumento de CO2 atmosférico de los últimos 100 años (de ser un 0,03% a ser un 0,04%) es debido a estas actividades, a pesar de que representan menos de un 5% de las emisiones anuales de CO2 de todo el planeta

Qué efectos tiene esto? El único demostrado y evidente es el del aumento de la masa vegetal del planeta Tierra. La mayoría de plantas que conocemos surgieron en épocas de mayores niveles de CO2, por lo que a día de hoy, en una atmósfera pobre en CO2, se calcula que no alcanzan el 30% de su desarrollo potencial. Más masa vegetal significa mas alimento disponible, tanto para otros organismos como para la humanidad. El CO2 es, ante todo, un fertilizante[15]. Esto difícilmente será asumido nunca por el movimiento ecologista, cuya cosmovisión es incapaz de apartarse de la idea del ser humano como destructor de un supuesto equilibrio natural, que por definición sería óptimo.

La otra cualidad del CO2 es la de ser es la de ser, en teoría, un gas de efecto invernadero. Sin embargo, es muy importante subrayar el siguiente dato que es desconocido para la gran mayoría de la población: no existe a día de hoy ninguna evidencia experimental de que el CO2 atmosférico provoque calentamiento, y mucho menos éste ha podido ser cuantificado. Ni siquiera el efecto invernadero y su magnitud han sido probados, sino que se trata de hipótesis más o menos aceptadas. No se puede demostrar el efecto invernadero del CO2 porque la atmósfera no es replicable en un laboratorio. Primero, porque la atmósfera es un sistema abierto, no un espacio cerrado por un cristal, por lo que los gases pueden comportarse de manera muy diferente. Segundo, porque la atmósfera está interactuando constantemente con la hidrosfera, la biosfera y la geosfera y el resultado de aumentar el CO2 es imprevisible.

Supongamos que es cierto que aumentar la cantidad de CO2 atmosférico provoque un calentamiento extra de la atmósfera. Ese aumento de temperatura podría provocar, a su vez, un aumento del vapor de agua. En esta retroalimentación se basan los modelos climáticos actuales, ya que el CO2 en sí tendría un efecto invernadero muy pobre si lo comparamos con el mucho más abundante vapor de agua. Sería, por tanto, el aumento del vapor de agua causado por el pequeño calentamiento consecuencia del CO2 lo que provocaría un verdadero aumento de la temperatura.

Pero este aumento del vapor de agua podría provocar una mayor cantidad de nubes bajas y, por tanto, bloquear mayor cantidad de energía solar y hacer descender las temperaturas. La única manera de demostrar la hipótesis, dado que no puede replicarse dentro de un laboratorio todo el sistema climático de la Tierra, es a través de modelos predictivos que expliquen tanto los cambios del pasado como lo que vaya a suceder en el futuro. Esto sigue estando muy lejos de suceder.

¿De dónde sale entonces esta aparente seguridad total en que el CO2 provoca aumento de las temperaturas? Pues del estudio del hielo de la Antártida, donde se han registrado, capa a capa, cientos de miles de años de temperaturas y niveles de CO2. En estos registros son bien visibles las cuatro últimas glaciaciones, cada una con un periodo interglaciar como el que vivimos actualmente. Y con una correlación casi perfecta, los niveles de CO2. La hipótesis del CO2 como controlador del clima nace de esta correlación, pero hay un problema: el CO2 varía siempre cientos de años después de la temperatura, nunca antes. Es más, cuando la última glaciación comenzó y las temperaturas habían caído ya 6 grados, el CO2 seguía a niveles de un periodo cálido o interglaciar. Es más probable asumir que las variaciones del CO2 responden a que éste es un gas que se disuelve en los océanos cuando más fríos están y se libera cuando se calientan.

El clima siempre ha estado variando, pero el CO2 no lo ha acompañado necesariamente. De hecho, en los últimos 550 millones de años encontramos glaciaciones con niveles de CO2 diez veces mayores que los actuales. Y, en la Edad Media, teníamos temperaturas superiores a las actuales con niveles de CO2 menores. Las causas de los cambios climáticos de la Tierra han sido muchas. Entre ellas: irregularidades de la órbita de la Tierra, variación de la actividad solar, salinidad de los océanos, disposición de los continentes a la hora de permitir el flujo de las corrientes oceánicas, polvo atmosférico, nubosidad, erupciones volcánicas, cantidad de luz reflejada por el hielo en los polos... y probablemente muchas más. La mayoría de estos cambios, pasados y presentes, siguen sin explicar, porque nuestro conocimiento del clima es aún minúsculo.

30 años de fracasos

La imagen de un oso polar famélico o bien flotando sobre un trozo de hielo a la deriva se ha convertido en la imagen icónica a la hora de hablar del cambio climático. La segunda resulta absurda en cuanto a que los osos polares son grandes nadadores (por algo se llaman ursus maritimus) mientras que la primera, que dio la vuelta al mundo, se trató de un bulo difundido por National Geographic, por el cuál tuvo que pedir disculpas, reconociendo que probablemente el oso estaba enfermo y que no podía culparse al cambio climático de su situación[16]. De hecho, no hay ninguna evidencia de que la población de osos polares esté descendiendo, sino todo lo contrario, desde que su caza fue prohibida en la mayoría de países, hacia 1970. Es curioso que personas y organizaciones que dicen hablar en nombre de la ciencia no se molesten en buscar un dato tan simple como es el estado de las poblaciones de osos polares.

Pero el historial de falsedades y malas predicciones sólo comienza aquí. Una de las más conocidas es la del aumento cada vez más rápido del nivel del mar debido a la fusión del hielo continental en la Antártida y Groenlandia. Puntualicemos que, desde el final de la última glaciación, el nivel del mar está aumentando, por lo que hablamos de una aceleración de ese aumento. A pesar de los gráficos que elabora la NASA (una vez más, contradiciendo sus propios datos de hace varias décadas), a lo ancho y largo de todo el planeta los mareómetros no muestran ninguna aceleración inusual en el nivel del mar. De hecho, es difícil hablar de cuánto aumenta el nivel del mar porque, dependiendo de dónde sea medido, puede estar subiendo o bajando. Y es que el mar no es lo único que varía su nivel: también los continentes se elevan o se hunden, por lo que es imposible saber qué se mueve con respecto a qué. Es más: la revista Nature publicaba un estudio en el que se aseguraba que, según los satélites, la tierra ha ganado superficie al mar en los últimos 30 años [17]. 30 años era el plazo que dieron algunos científicos de renombre como James Hansen para que la parte baja de Manhattan estuviera ya sumergida bajo el océano. Lo dijo en 1988.




Ilustración 2: Temperaturas de Nuuk, Groenlandia. Fuente: NASA/GISS

Tampoco, siguiendo con lo que acabamos de hablar, está teniendo lugar ningún calentamiento anómalo o derretimiento catastrófico de los glaciares en Groenlandia o Islandia. Las temperaturas actuales en ambos territorios no son diferentes de las alcanzadas en los años 30, antes de comenzar un enfriamiento hasta mediados de los años 70, mientras los niveles de CO2 no paraban de aumentar.

Otro mito muy extendido y sin ninguna evidencia empírica es la de el aumento de la frecuencia de los fenómenos meteorológicos extremos, refiriéndose especialmente a huracanes, tornados o sequías. Se ha vuelto ya habitual, especialmente en la atemorizada sociedad estadounidense, culpar al cambio climático de cada huracán que golpea zonas habitadas, como si éstos fuesen un fenómeno antes inexistente. La verdad es que el número de huracanes está en tendencia decreciente desde que hay registros, igual que el número de tornados, y no hay evidencias de un aumento de las sequías por culpa del CO2. Esto está reconocido incluso en el último informe del IPCC, el organismo de las Naciones Unidad para el Cambio Climático [18].

Otro fenómeno habitual que se ha convertido en castigo por nuestros pecados de carbono es el de los incendios. Para qué culpar a la administración del mal mantenimiento de los montes o de la falta de medios cuando uno puede culpar al cambio climático de los incendios. De nuevo, una afirmación sin fundamento. La propia NASA señala una tendencia decreciente en la superficie quemada en la Tierra los últimos 20 años.



Ilustración 3: Área global quemada. Fuente: NASA.

Tampoco ha muerto la Gran Barrera de Coral, que se está recuperando después de su blanqueamiento hace unos años, un fenómeno cíclico y en absoluto inédito.

La nieve fue otro de los fenómenos cuyo fin fue anunciado por los llamados científicos climáticos. El Doctor David Viner, de la Universidad de East Anglia  centro neurálgico de la ciencia climática – aseguraba en el año 2000 que en pocos años la nieve sería algo raro de ver: “Nuestros hijos no sabrán lo que es la nieve” [19]. Sin embargo, esta primavera cientos de renos murieron en el archipiélago de Svalbard, en el Ártico, porque el exceso de nieve y hielo los habían privado de alimentos [20]. Por supuesto, la culpa fue atribuida sin el más mínimo estudio al cambio climático. Mientras escribo estas líneas, EEUU sufre tormentas de nieve a lo largo del país en pleno octubre y unas temperaturas muy por debajo de lo normal, récords históricos en muchos puntos. Probablemente ya haya artículos culpando al cambio climático.

Los Grandes Lagos de Norteamérica también fueron objeto de varios estudios alarmistas que aseguraban que estaban secándose por culpa del cambio climático [21]. Entonces llegó 2014 y los lagos se llenaron hasta niveles históricos. El diagnóstico fue que el cambio climático estaba provocando grandes cambios en los niveles de agua [22]. Los niveles bajos y los altos, cubriendo todo el espectro de futuras situaciones que pudieran darse. Esto de atribuir la observación al cambio climático, aunque sea opuesto a lo predicho anteriormente, es una práctica muy común.

Y cómo dejar fuera de este recorrido por los grandes éxitos de la ciencia climática el informe del IPCC de 2001 en el que vaticinaban, que para el año 2020, las playas del Mediterráneo de España habrían desaparecido bajo el Mediterráneo desbordado, mientras los habitantes del norte de la península se pasearían en camiseta entre paisajes salpicados de palmeras [23]. Los informes anuales de la AEMET, mientras tanto, muestran que las temperaturas medias de España permanecen prácticamente constantes desde 1995.

La lista puede continuar con decenas de predicciones fallidas, como la hecha por Al Gore – supuestamente asesorado por científicos – de que para el año 2013 el Ártico no tendría hielo durante los veranos, pero al final todo se reduce a dos ideas principales: la primera, nuestra total ignorancia acerca del clima y sobre todos los procesos asociados a él; la segunda, la evidente tendencia al alarmismo que no sólo daña la credibilidad de quienes elaboran estas predicciones sin fundamento, sino la de la ciencia como institución y como método.

Consenso (o sin él)

Quienes cuestionan la teoría del cambio climático antropogénico han sido calificados como negacionistas – equiparándolos a quienes niegan el Holocausto – y han sido acusados muchas veces de no ser verdaderos científicos, de estar a sueldo de petroleras y otras industrias energéticas, de pertenecer a la extrema derecha y de pecar de conspiranoicos. Es curioso que quienes hacen esta última acusación sostengan que los miles de científicos que no están de acuerdo con la susodicha teoría estén todos a sueldo de empresas petroleras. Demasiadas molestias se toma una industria que no ha dejado de ganar dinero ni en medio de la histeria climática.

Habremos escuchado infinidad de veces el mismo argumento para validar la actual hipótesis sobre el cambio climático provocado por el hombre de que “la ciencia está asentada”, o bien “el 97% de los científicos está de acuerdo con esta teoría”. Esto es lo que se conoce como falacia de autoridad. La ciencia no es una religión en la que ciertos conocimientos son incuestionables, sino todo lo contrario: se basa justamente en que toda teoría es refutable. Tampoco es una democracia. Aparte de que ese dato del 97% es absurdo (está basado en un estudio de Tim Cook que es totalmente insostenible), el conocimiento científico no es algo que sea válido porque lo defienda mucha gente. Los avances en la ciencia siempre han significado la ruptura de lo generalmente aceptado.

Miles de científicos, geólogos y físicos de todo el mundo, llevan años denunciando los errores de esta teoría, el mal hacer científico de sus defensores, su alarmismo injustificado o incluso proponiendo hipótesis alternativas. Tenemos entre ellos a los 31.000 firmantes del manifiesto “The Petition Project” [24], dirigido al gobierno de EEUU, pero también a los 90 científicos italianos que dirigieron recientemente una carta similar al gobierno de su nación [25], a los 500 que han enviado recientemente una carta similar a las Naciones Unidas en respuesta al histerismo promovido por l producto de mercadotecnia Greta Thunberg [26] o a los 49 antiguos científicos y astronautas de la NASA que se dirigieron en términos similares a la afamada agencia [27]: todos concuerdan en que no hay evidencia científica de que los llamados gases invernadero hayan causado o vayan a causar un calentamiento catastrófico del planeta. Algunos los que sostienen esta afirmación son auténticas eminencias: el fallecido Bill Gray, que desarrolló en los años 60 el moderno sistema de detección de huracanes de EEUU y que dejó de recibir fondos públicos para investigar tras comunicar al entonces vicepresidente Al Gore su posición en contra de las teorías que vinculaban cambio climático y CO2. Otro es el premio Nobel de Física Ivar Giaever, que renunció como miembro de la Sociedad Americana de Física en protesta por sus posturas acerca del cambio climático, que considera propia de una religión y no de la ciencia. De igual manera se declaran escépticos grandes científicos como Antonio Zichichi, ex presidente de la Sociedad Europea de Física; Claude Allegre, ex ministro francés de educación y doctorado en física; Reid Bryson, geólogo y meteorólogo considerado el padre de la climatología científica moderna. La lista es larga y comprende desde quienes consideran que el cambio climático provocado por el hombre existe pero no es alarmante hasta quienes plantean su inexistencia y lo atribuyen a puras causas naturales. Lo cierto es que, a día de hoy, no existe evidencia científica de ésta relación y los modelos basados en ésta siguen prediciendo un calentamiento mucho mayor del observado.

No hay alternativa

Incluso aunque finalmente se demostrara que, efectivamente, el CO2 está provocando un calentamiento del planeta y decidiéramos que esto va a ser perjudicial para nuestra especie, no es realista con nuestro actual nivel de desarrollo tecnológico simplemente dejar de emitir CO2. Las mal llamadas energías renovables, aparte de necesitar grandes cantidades de materiales muy escasos y contaminantes, son incapaces a día de hoy de satisfacer la demanda (sólo producen electricidad cuando sopla el viento o cuando luce el sol) y son altamente ineficientes (la poca electricidad que producen es muy cara y la convertirían en un bien de lujo)

La energía nuclear es la mejor alternativa a los combustibles fósiles a la hora de producir electricidad, pero su implantación no sólo está frenada por diversos grupos de presión ecologistas, sino que conllevaría muchas décadas y una fuerte inversión inicial convertirla en la principal fuente energética del mundo. Además, los vehículos siguen dependiendo de los derivados del petróleo para funcionar y el coche eléctrico, al menos en su nivel actual de desarrollo, no es viable como medio de transporte para las masas y mucho menos es ecológico. Las cantidades de cobalto, litio, cobre y tierras raras necesarias para fabricarlo son, a día de hoy, inasumibles, como advierte el director de Ciencias de la Tierra del Museo de Historia Natural de South Kensington [28].

En Asia y en África se proyectan hoy cientos de centrales de carbón, por lo que cerrar unas pocas decenas en Europa o Estados Unidos no marcará ninguna diferencia. Evidentemente, el resto de países del mundo tienen derecho a buscar su vía al desarrollo y para ello buscarán una fuente de energía disponible, estable y barata. Tienen el derecho y el deber de hacerlo para sacar a cientos de millones de sus habitantes de la pobreza.

Cui prodest

La pregunta que surge tras recopilar toda esta serie de datos es evidente: ¿Por qué todo este alarmismo?¿Hay algo de cierto?¿Es una equivocación?¿Una conspiración?

No puedo afirmar lo que no puedo demostrar, pero puedo hablar de lo que intuyo por cómo funciona la sociedad capitalista en su conjunto. La teoría del calentamiento global (el término “cambio climático” fue posterior) resurgió en un momento muy conveniente para las élites estadounidense y europea: los años 80, en plena implantación del neoliberalismo en medio de grandes huelgas y una fuerte represión. En este contexto, en el que las fábricas y las minas cerraban en los países desarrollados para establecerse en países con mano de obra más barata, el calentamiento global se convirtió en una excelente arma ideológica en manos de los gobiernos impopulares, un argumento en apariencia progresista pero que no dejaba de ser pura doctrina de shock: o nuestros planes o el apocalipsis. No es casualidad que fuese Margaret Thatcher la madrina política de esta teoría, la primera lideresa prominente en llevar la cuestión a la ONU y llamar a la acción de todos los países miembros [29]. Una teoría científica que demonizaba el carbón era idónea para la mujer que aplastó con mano de hierro a los mineros del carbón. La lucha contra el cambio climático era y es perfectamente funcional a la globalización neoliberal y a la deslocalización industrial.

Surgía además en una época en la que había quedado patente que la dependencia del petróleo podía ser un problema muy grave para Occidente, por lo que buscar alternativas era más un imperativo económico que ecológico. No es casualidad que, ante el éxito del fracking, EEUU haya decidido abandonar la senda de la lucha contra el cambio climático.

Es, además, una excelente forma de neocolonialismo: intentar penalizar y evitar que países en vías de desarrollo se electrifiquen, como ha intentado recientemente el FMI al negarse a dar fondos para centrales de carbón en África.

Por otro lado, los impuestos indirectos al carbono y las subvenciones a lo “eco”, las energías renovables y otros agujeros de dinero público se están convirtiendo en una forma más de saqueo de la riqueza de los trabajadores para traspasar cada vez más a las grandes empresas. Las petroleras, al contrario de lo que sostienen algunos, no están perdiendo dinero con esto, porque todo al final lo paga el usuario. El negocio montado en torno al cambio climático es ya de proporciones demasiado grandes para admitir dudas o incertidumbres.

También es probable que haya influido a la hora de inflar esta burbuja de pánico el que todas las grandes potencias se beneficien de alguna manera del negocio del cambio climático. Son países que exportan gas, paneles solares, molinos de viento... Todos pueden encontrar una parcela en la que sacar beneficios temporalmente.

Sin embargo, lo que sin duda ha sido definitivo ha sido que la ciencia, como cualquier institución, es fácilmente corruptible. Cuando alguien elabora una teoría que puede beneficiar a cierto grupo de poder, dicho grupo de poder financia más investigaciones en ese sentido. Más financiación conlleva más estudios, una apariencia de cada vez mayor consenso y la atención de los medios. Los medios, que además son muy propensos a comprar la historia más catastrófica posible, alarman con la situación, lo que lleva a más financiación para estudiar dicha teoría. Y llega un punto en el que la sobreexposición mediática es tal y la cantidad de dinero en juego es tan grande que muy pocos eligen explorar alternativas y casi todos quieren participar del tema. El biólogo que quiere estudiar las arañas de un pueblo de México ya no pide financiación para estudiar las arañas de un pueblo de México, sino que propone estudiar los efectos del cambio climático en las arañas de un pueblo de México. Y quien disiente y compromete los fondos de las universidades se convierte rápidamente en un paria. Esto es lo que le sucedió al anteriormente mencionado Bill Gray pero también al físico Peter Ridd, de la Universidad James Cook, que fue expulsado (y luego indemnizado de manera millonaria por sentencia judicial) por señalar que quienes sostenían que la Gran Barrera de Coral estaba muriendo por culpa del cambio climático lo hacían sin base científica, malgastando millones de dólares que el gobierno destinaba a investigaciones que fueran en esa dirección [30]. En la ciencia, como en las películas, las historias sobre catástrofes reciben siempre más atención. Y qué mejor negocio hay para el capitalismo que una catástrofe.

Conclusiones

Después de más de 30 años de predicciones erróneas, posponiendo una y otra vez el fin del mundo,la ciencia del cambio climático tal y como está funcionando no puede ser tomada en serio en cuanto a ciencia. En el mejor de los casos, se trata de una teoría muy incompleta sobre un tema que nos sigue siendo desconocido. En el peor, se trata de una hipótesis totalmente fallida que, si no fuera por su exceso de financiación y su sobreexposición mediática, habría sido descartada para seguir otras líneas de investigación. En cualquier caso, está claro que es una ciencia cuyos modelos no deberían usarse para hacer política y, sin embargo, es justamente a lo que ésta se reduce. Es surrealista que se declare una emergencia por algo que apenas está cambiando nuestro modo de vida, más allá de tener que pagar más por todo.

La ciencia es corruptible porque necesita de dinero, y son quienes tienen dinero quienes tienen la facilidad de ponerla a su servicio ¿Interesa vender el diésel? El diésel es mejor que la gasolina ¿Ya no interesa? El diésel es peor que la gasolina. Es por cuestiones como ésta que se  requiere de la vigilancia constante no sólo por parte de otros científicos cuyo desacuerdo debe ser respetado, sino de quienes no lo somos, en la medida que seamos capaces de cuestionar, para no caer ni en el escepticismo total con respecto a la ciencia ni en la credulidad acrítica de quien asume todo lo que nos aseguran los medios que viene avalado por “los cientificos”, porque ambos caminos nos llevan a la negación de la verdad y el conocimiento, al relativismo y al oscurantismo. Sería deseable fomentar el pensamiento científico y crítico para que quien hace la ciencia no sea un sacerdote en posesión de una verdad que no tengamos más remedio que creer.

Es habitual escuchar cosas como que, aunque los modelos climáticos no funcionen, deberíamos reducir las emisiones de CO2 “por si acaso”, como si las políticas para mitigarlo no fuesen un golpe durísimo para las ya maltrechas economías de la mayoría de trabajadores, que sin duda son los que acabarán pagando el grueso de estas medidas de un modo u otro. Mientras el cambio climático provocado por el hombre no sea demostrado y cuantificado, y mientras no haya ninguna alteración grave y notoria del clima, lo verdaderamente científico sería asumir que el clima cambia de manera natural como siempre lo ha hecho y lo seguirá haciendo, independientemente de lo importantes que nos creamos. No se puede partir de la veracidad de la hipótesis de su origen humano, aunque sea por precaución, y exigir a otros que demuestren que no es cierta. Sería como exigir a la ciencia demostrar que Dios no existe. O en este caso, es como exigir a la ciencia demostrar que Dios no existe y a la vez advertir de que es mejor no intentarlo, por si acaso existe y se enfada.


REFERENCIAS:

[1]        TIME (24-06-1974), Another Ice Age? https://web.archive.org/web/20060812025725/http://time-proxy.yaga.com/time/archive/printout/0,23657,944914,00.html

[2]        REEVES, Robert W. (10-2005), Scientific, environmental, and political context leading to concept of a climate diagnostics workshop. Denver, Colorado https://www.cpc.ncep.noaa.gov/products/outreach/CDPW40/CD&PW_reeves_denver.pdf

[3]        COHN, Victor (09-07-1971), US Scientist sees new ice age coming. The Washinton Post https://web.archive.org/web/20160805020812/http://pqasb.pqarchiver.com/washingtonpost_historical/doc/148085303.html

[4]        SULLIVAN, Walter (18-07-1970), US and Soviet press studies of a colder Arctic. The New York Times https://www.nytimes.com/1970/07/18/archives/us-and-soviet-press-studies-of-a-colder-arctic-us-and-soviet-press.html

[5]        Jefferson City Post-Tribune (02-05-1932) Melting glaciers would flood Earth's big cities https://www.newspapers.com/clip/3444060/jefferson_city_posttribune/

[6]        NOAA, Station counts from 1891 to 1920 ftp://ftp.ncdc.noaa.gov/pub/data/ghcn/daily/figures/station-counts-1891-1920-temp.png

[7]        THE DES MOINES REGISTER (21-07-1974), World is getting colder – if you can believe it https://www.newspapers.com/image/338868191/?terms=the%2Bdecline%2Bof%2Bprevailing%2Btemperatures%2Bsince%2Babout 

[8]        DOUGLAS, John H. (01-03-1975), Climate change: chilling possibilities. Science News, vol. 107. https://www.sciencenews.org/wp-content/uploads/2008/10/8983.pdf 

[9]        Global temperature report, The University of Alabama in Huntsville https://www.nsstc.uah.edu/climate/ 

[10]        XING et al. (11-01-2016), The extratropical northern hemisphere temperature reconstruction during the last millennium based on a novel method. Plos One https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4709040/ 

[11]        Poppick, L. (20-09-2013) Ancient Forest Thaws From Melting Glacial Tomb. Recuperado de https://www.livescience.com/39819-ancient-forest-thaws.html 

[12]        Ganyushkin et al. (15-03-2018) Palaeoclimate, glacier and treeline reconstruction based on geomorphic evidences in the Mongun-Taiga massif (south-eastern Russian Altai) during the Late Pleistocene and Holocene . Quaternary International,Volume 470, Part A https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1040618217305529

[13]        Stein et al. (27-02-2017) Holocene variability in sea ice cover, primary production, and Pacific-Water inflow and climate change in the Chukchi and East Siberian Seas (Arctic Ocean). Journal of Quaternary Science, volumen 32, número 3 https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1002/jqs.2929

[14]        CO2 Science. The Medieval Warm Period Project http://www.co2science.org/data/mwp/mwpp.php

[15]        NASA  (27-03-2019), Carbon Dioxide Fertilization Greening Earth, Study Finds. Recuperado 14 octubre, 2019, de  https://www.nasa.gov/feature/goddard/2016/carbon-dioxide-fertilization-greening-earth/

[16]        MITTERMIER, C. (2019) Starving polar bear photographer recalls what wennt wrong. National Geographic. Recuperado de https://www.nationalgeographic.com/magazine/2018/08/explore-through-the-lens-starving-polar-bear-photo/ 

[17]        DONCHYTS et al. (25-08-2016) Earth's surface water change in the last 30 years. Nature Climate Change, nº6 https://www.nature.com/articles/nclimate3111

[18]        The Daily Caller. UN's new report shows there's 'little basis' for a favorite claim of climate activists https://dailycaller.com/2018/10/08/un-climate-report-global-warming/?utm_source=Twitter&utm_medium=Social&utm_campaign=thedcenergy

[19]        The Independent. Snowfalls are now just a thing of the past (20-03-2000) https://www.independent.co.uk/environment/snowfalls-are-now-just-a-thing-of-the-past-724017.html 

[20]        La Vanguardia (31-07-2019) 200 renos mueren en el Ártico por culpa de una inesperada capa de hielo https://www.lavanguardia.com/natural/cambio-climatico/20190730/463791041334/renos-muertos-artico-noruega-crisis-climatica.html

[21]        National Geographic (20-12-2012) Warming Lakes. Climate change and variability drive low water levels on the Great Lakes https://blog.nationalgeographic.org/2012/11/20/warming-lakes-climate-change-and-variability-drive-low-water-levels-on-the-great-lakes/

[22]        The Scientific American. Climate Change sends Great Lakes water level seesawing https://www.scientificamerican.com/article/climate-change-sends-great-lakes-water-levels-seesawing/

[23]        REGO, P. (25-02-2001) El Mediterráneo sin playas. El Mundo https://www.elmundo.es/cronica/2001/CR280/CR280-13.html

[24]        The Petition Project http://www.petitionproject.org/ 

[25]        L'Opinione della Libertà (19-06-2019) Clima, una petizione controcorrente http://www.opinione.it/cultura/2019/06/19/redazione_riscaldamento-globale-antropico-clima-inquinamento-uberto-crescenti-antonino-zichichi

[26]        La Tribuna del País Vasco (28-09-2019) “No hay ninguna emergencia climática” https://latribunadelpaisvasco.com/art/11658/no-hay-ninguna-emergencia-climatica 

[27]        FREEMAN, D. (04-11-2012) NASA global warming stance blasted by 49 astronauts, scientists who once worked at agency https://www.huffpost.com/entry/nasa-global-warming-letter-astronauts_n_1418017

[28]        Natural History Museum (05-06-2019) Leading scientists set out resource challenge of meeting net zero emissions in the UK by 2050 https://www.nhm.ac.uk/press-office/press-releases/leading-scientists-set-out-resource-challenge-of-meeting-net-zer.html 

[29]        VIDAL, J. (09-04-2013) Margaret Thatcher: an unlikely green hero? The Guardian https://www.theguardian.com/environment/blog/2013/apr/09/margaret-thatcher-green-hero

[30]        SMEE, B. (06-09-2017) Peter Ridd awarded $1.2m in unfair dismissal case against James Cook University. The Guardian https://www.theguardian.com/australia-news/2019/sep/06/peter-ridd-awarded-12m-in-unfair-dismissal-case-against-james-cook-university 



miércoles, 6 de noviembre de 2019

¿SON VIOLENTOS LOS HOMBRES?

Nuevo curso, 04/11/2019



Los asesinatos de mujeres por sus parejas y exparejas son una manifestación del carácter anti-humano de las relaciones sociales capitalistas bajo las que vivimos. Pero aunque los números anuales que muestran las estadísticas son 60 veces menores que los suicidios y 10 veces menos que los accidentes mortales de trabajo, hace años vivimos una «celebración» constante por el estado y los medios que se niega a suicidas y accidentados. El sesgo, obviamente no es inocente, ha sido instrumental en la implantación del feminismo como ideología de estado y la normalización de la división de las luchas en función del sexo de los trabajadores. Pero ¿hay algo de razón? ¿No nos dice la experiencia que es verdad que «los hombres son violentos»?

Feminismo no es la defensa de la igualdad entre hombres y mujeres -algo que los marxistas defendieron con más profundidad antes y necesariamente contra el primer feminismo político– sino vender la existencia de un sujeto histórico y político interclasista, «las mujeres», que trasciende a las clases sociales con intereses propios, diferenciados y por encima de la lucha de clases.

El problema del feminismo es que para vender la existencia de «las mujeres» como un sujeto político con lazos e intereses comunes más fuertes que los intereses violentamente contradictorios derivados de la división en clases, solo tiene dos opciones: la invención de las mujeres como una «cuasi-clase» -la teoría del patriarcado– o la «biologización» de las razones de la discriminación: hombres y mujeres, condicionados por sus diferencias anatómicas y hormonales, serían esencialmente diferentes en su comportamiento social al punto de producir un eterno y ahistórico conflicto. De ahí las absurdas y constantes referencias a «la testosterona» que abundan en los artículos de opinión y las críticas culturales y que molestan incluso a las feministas que frente al «biologicismo» defienden el concepto de «género».

El feminismo, en su forma de ideología de estado ha hecho una mezcla inconsecuente entre los dos. No puntúa como «violencia de género» los crímenes de odio contra homosexuales -donde la víctima lo es por su género, no por su sexo-, ni los crímenes de acoso de mujeres contra hombres que llevan los «roles de género» dominantes a una forma patológica. Y aun cuando parece entender, reivindicar incluso, la diferencia entre sexo y género, la práctica en la maquinaria mediático-educativa apunta sin embargo hacia una culpabilización de los niños varones en tanto que tales. ¿Por qué? Porque el concepto mismo de «género», es decir, los papeles y valores asociados culturalmente al sexo físico, se vuelve en contra del discurso oficial a poco que lo pongamos a trabajar.


El líder musculoso y el burócrata redondito

Desde los esclavistas de la Antiguedad a los señores del feudalismo, las clases dominantes occidentales materializaron la explotación de forma directa, mediante exacciones cuyo argumento era la violencia física. El modelo espartano del hombre libre y social -idealizado luego por Platón en «La República»- no era otro que el del miembro de la clase dominante que sacrifica todo en pos de la continuación sin revueltas de la explotación de los esclavos vencidos, es un soldado a tiempo completo de una guerra de clases constante. El rey o el noble medieval obtenían rentas de los campesinos del mismo modo que cualquier mafioso de barrio: vendiendo «protección»… ante todo, de sí mismo. Este ejercicio físico de la explotación requería del esclavista o del noble llevar pesadas armaduras, manejar armas de muchos kilos y sobre todo, mantener un régimen de terror constante prácticamente por sí solo, con la escasa ayuda de su familia y los otros nobles que vivían en su más estrecha proximidad, durmiendo incluso en su cámara (los «camaradas»). ¿Cómo no iba a ser el ideal de masculinidad de los miembros de la clase dirigente violento, muscular, juvenil? ¿Cómo no iba a exaltar la juventud y la impulsividad? ¿Cómo no iba a celebrarlo y transmitirlo con deportes, competiciones y combates más o menos ritualizados?

No, la «violencia de los hombres» no tiene nada que ver con ninguna «esencia» de lo «viril», no tiene otra naturaleza que su origen histórico y su imposición social. Mientras en Europa Esparta y Atenas sembraban los valores de las clases dirigentes mediterráneas y europeas que perdurarían siglos, en China la clase explotadora tomaba la forma de una burocracia estatal meritocrática. Los militares eran una clase inferior supeditada al mandarinato y sus necesidades físicas no dieron forma a la estética ni los valores dominantes. Al revés, éstos enfatizaban el ingenio y el conocimiento –como vemos todavía en la literatura popular medieval china– promovían un modelo de belleza masculina «redondito» que consideraba la musculación «cosa de pobres» y no promocionó otros «deportes» ni combates ritualizados más allá de los juegos de tablero.

La aparición de la burguesía proteica

La burguesía, a diferencia de las clases explotadoras anteriores, organiza la explotación por medios fundamentalmente económicos, es decir, bajo la apariencia de un libre intercambio generalizado. La fuerza física no está entre las virtudes necesarias para la primera afirmación del burgués en tanto que tal. Y por eso los copistas medievales -monjes hijos de la nobleza- se burlan de ellos representándolos como caracoles y enfrentándolos en sus miniaturas a caballeros lanzados. Es el comienzo de la resistencia feudal anticapitalista -la esencia de lo reaccionario- que creará los patrones estéticos del antisemitismo gráfico: el «judío», es decir, el burgués «ajeno», es representado «mezquino», débil, flaco.

Pero en el siglo XIV ocurre algo que transformará la visión del mundo de la burguesía. En 1378 en Florencia, la ciudad más burguesa de aquella época infantil de nuestra clase dominante, los trabajadores se levantan por primera vez. El «susto» será un bajo continuo permanente en la obra del primer teórico político de la burguesía europea: Maquiavelo, admirador de ese mismo Cosme de Medici que será el primer burgués en representarse bajo la apariencia caballeresca y musculada de un noble triunfante. La necesidad de reprimir a los explotados aun antes de implantar su dominio social, habían devuelto a la frágil burguesía a la exaltación de lo proteico y violento.

¿Por qué no eran violentas las mujeres?

Por qué no eran violentas las mujeres? O dicho de otro modo, ¿Por qué las mujeres hubieron de esperar -en el Mediterráneo y China- a la revolución burguesa para poder «ser violentas» y honradas por ello? Porque el patriarcado realmente existente, no el fantaseado a necesidad, era una parte central del conjunto de relaciones de producción en el modo de producción esclavista. Implicaba una forma de propiedad material sobre el conjunto de la unidad productiva -esclavos, descendencia, cónyuge. Se puede argumentar que las relaciones patriarcales se mantuvieron, transformándose, bajo el feudalismo e incluso que sobrevivieron con éste en regiones agrarias aisladas y atrasadas, pero como sistema social global, murió con ellas. Las Agustinas de Aragón, las Manuelas Malasañas, las Marionne republicanas, las literarias Carmen y las burguesas revolucionarias, lo atestiguan. Aunque es una estirpe que continuará ligada al revolucionarismo de la pequeña burguesía y por tanto brillará en las expresiones de la contrarrevolución del siglo XX -de Maria Pasquinelli a Ulrike Meinhof- la «mujer armada», la «mujer violenta», -también la «mujer deseante»- fueron proscritas de la buena sociedad y la mitología burguesas en la misma medida y en el mismo momento en que lo fue la épica revolucionaria: cuando el proletariado se personó en las revoluciones de 1848 con destellos de su propio programa histórico.

Masculinidad, feminidad y violencia

Lo que normaliza, ahora y en los últimos ocho mil años, la violencia en la sociedad, lo que la legitima e integra en el ideal moral de cada época de una forma particular, no es su «naturalidad» ni nada que esté escrito en nuestros genes o nuestras hormonas. Mirado en conjunto, formamos de hecho una especie sorprendentemente cooperativa y poco violenta que en ningún momento del último medio millón de años ha visto en cuestión su demografía por la violencia espontánea. Sin embargo, si que hay una constante histórica: todos los sistemas de explotación han exaltado la violencia y los atributos ligados a ella porque necesitaban de ella para mantener la explotación. Todos, en sus fases terminales, han sufrido una violencia crónica. No, los varones no son más violentos que las mujeres ni lo son per se. No sufrimos la violencia de la masculinidad ni de un inexistente patriarcado, sufrimos la violencia terminal de un sistema en decadencia.

viernes, 18 de octubre de 2019

EXTINCTION REBELLION

Nuevo Curso, 16/10/2019



Después de acumular más de 1.400 detenidos, la policía británica ha prohibido a «Extinction Rebellion» manifestarse en Londres. Después de un rapidísimo ascenso a la fama en Gran Bretaña, el pasado 7 de octubre comenzó su «globalización». Los medios británicos primero y los continentales después le dieron una cobertura que no dieron jamás a manifestaciones con 500 veces más participantes. ¿Por qué? ¿Cuál es el atractivo de este grupo que se ha convertido en la primera gran exportación británica de la era post-Brexit?

De dónde sale «Extinction Rebellion»?

El famoso «Caballo de Wiltshire» vandalizado con el logo de E.R.

El apoyo periodístico no nace ahora. A finales de 2018 un grupo desconocido empezó a aparecer citado como fuente en distintos periódicos británicos. En aquel momento, si habían realizado alguna acción, no había trascendido. Pocos meses después empieza una carrera vertiginosa con coberturas favorables más allá de los tabúes morales habituales: la destrucción de patrimonio histórico o la seguridad aeroportuaria más básica. Daba igual, Emma Thompson, Radio Head, Massive Attack y hasta Bansky se sumaban. «Extinction Rebellion» eran ya los nuevos Beatles. En septiembre tiñeron de verde el Limago, el río de Zurich… sorprendentemente, conocida la cultura «de orden» de la ciudad financiera suiza, sin consecuencias.


Media docena de militantes de E.R. hacen el muerto sobre las aguas del limago que previamente han teñido de verde.

En la «expansión global», los grandes medios nacionales también calentaron el ambiente presentando el grupo como un movimiento de científicos que habían decidido pasar a la acción ante la pasividad de los políticos. Era sencillamente falso. No solo no había surgido así ni crecido sobre esa base social, sino que están muy lejos de reflejar en su mensaje el consenso de los investigadores del clima. La idea de que el cambio climático provocará la extinción de la especie humana en un par de décadas no está por ningún lado en los informes del IPCC. Bastaba preguntar para dejarlo en evidencia… y dejarles en evidencia.

¿Qué tiene de atractivo «Extinction Rebellion»?


Muerte de la sufragista Emily Davison al arrojarse al caballo del rey Jorge V en las carreras de Derby.

El discurso de la movilización no-violenta, animando a los manifestantes a provocar su detención por la policía para llamar la atención, enlaza con la vieja tradición del radicalismo británico de origen puritano que dio lugar al sufragismo, con toda su carga emocional, su violencia pasivo-agresiva y su búsqueda del martirio individual. Y para rematar, su asociación con el veganismo, un movimiento moralizante que rescata los principios benthamitas de la más rancia tradición burguesa completa un cuadro moral muy atractivo para la juventud de la pequeña burguesía.

Sumemos a todo eso, la utilidad que para canalizar angustias sociales y personales tiene todo discurso del «fin está cerca». La urgencia absoluta, el mayor peligro posible, la rebelión contra la incomprensión ajena y la ignorancia del poder… «Extinction Rebellion» es como si a Greta la hubiera diseñado «Anonymous», como si Alan Moore hubiera reescrito la historia de Ghandi cruzándola con David Bowie. Como si la (nueva) cruzada de los niños estuviera a las puertas de Jerusalem y supiera qué hacer. La cadena francesa France24 recogía las declaraciones de varios miembros que afirmaban que:

"El movimiento que ahora paraliza el centro de Londres atrae a gente a lo largo y ancho de Gran Bretaña, cientos de personas abandonan sus trabajos o sus estudios en la universidad para unirse."


Poster de Extinction Rebellion

«Extiction Rebellion» atrae además con su discurso a una buena parte del izquierdismo anglosajón, que busca convergencias e intenta guiarlo paternalmente. Esta entrevista a uno de los fundadores del movimiento permite entender por qué es atractivo también para los viejos maestros de la desilusión.

Paradójicamente, el catastrofismo apocalíptico desarma el cinismo del presentador que dice una y otra vez que nada es posible fuera del «capitalist framework», afirmando implicitamente con sorna thatcheriana que la clase obrera está derrotada para siempre. La mente izquierdista -y para qué negarlo, la oportunista- no puede combatir esa idea de fondo, pero la sortea con la urgencia impostada de la catástrofe inminente. Poco parece importar que el horizonte del milenarismo sea el de Malthus: la destrucción en masa de capacidades productivas con la miseria y el genocidio consiguientes. A falta de convicción en la posibilidad del comunismo, de la abundancia, lo sustituye con la utopía preindustrial a lo Morris, la negación de la perspectiva presente en la lucha de la clase la compensa con la exaltación del compromiso heroico de los militantes individuales y la supuesta capacidad de generar «conciencia» de sus acciones teatrales.



Jóvenes por el clima en Gran Bretaña.

Los tonos cada vez más apocalípticos de los discursos de la burguesía y el estado, el alarmismo constante, el «shock» permanente… solo expresan las angustias de una clase que disfruta una prórroga anti-histórica y anti-humana. Reflejados y ampliados en una pequeña burguesía en desesperación, buscando una revuelta en la que dar sentido a una angustia inconsecuente, esos discursos se traducen en milenarismo y catastrofismo.

No es ninguna novedad histórica. Todos los modos de producción han generado movimientos similares en su decadencia. En Roma descubrimos una popularidad creciente de la escatología desde la crisis de la República: en los cultos místicos de Isis, los cultos esotéricos -y literalmente castrantes- de Ceres y Apis e incluso en una secta judía helenizada de fuertes tendencias apocalípticas conocida como cristianismo que, convertido ya en religión oficial y obligatoria dará todavía marco mitológico a los últimos movimientos sectarios de la descomposición del esclavismo, desde los gnosticos a los priscilianistas. En la crisis de la feudalidad a partir del siglo XII no faltarán flagelantes, adamitas, joaquinistas… una lista interminable de sectas pauperizantes, castas, penitenciantes y crecientemente violentas que preludian ya el milenarismo de las Germanías valencianas o los puritanos ingleses.

Hoy al Apocalipsis se le llama extinción y a la «ciudad de dios» ecoaldea, bonito modelo productivo que no daría para alimentar más que a un séptimo de la población mundial actual. Las clases burguesas, ligadas a un sistema que ya no produce progreso, son incapaces de imaginar un futuro capitalista en el que quepa toda la especie. Así que fantasean una imposible «vuelta atrás» para elegidos impuesta por una catástrofe que la haría obligatoria. Llevan razón en una cosa, no existe ya un futuro en el que el desarrollo de la Humanidad sea compatible con el capitalismo. A la abundancia se va por otro lado, el comunismo.

martes, 1 de octubre de 2019

COLOMBIA RECONOCE HABER ENGAÑADO A LA ONU CON FOTOS FALSAS EN LAS QUE ACUSA A VENEZUELA DE ACTIVIDADES ILEGALES

Granma, 30/09/2019

El jueves pasado el presidente de Colombia, Iván Duque, entregó al secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, un informe sobre la supuesta presencia de rebeldes del ELN en Venezuela que incluye al menos tres fotos con datos falsos, según informó El Colombiano y corroboró la AFP



Ministro de defensa ofreció disculpas por tres fotos erróneas publicadas en informe de Duque a la ONU. Fotomontaje. Foto: Revista Semana

La agencia de noticias AFP y El Colombiano confimaron que tomaron al menos cuatro de las fotografías que fueron usadas en el dosier que entregó el presidente de Colombia, Iván Duque, al secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, el pasado jueves en el marco de la Asamblea General de la ONU.

Según el mandatario, las imágenes constituían pruebas claves que demostrarían los nexos de grupos ilegales colombianos con el gobierno venezolano liderado por Nicolás Maduro, señala el diario digital Semana.

Sin embargo, una nota publicada por la agencia AFP revela que un funcionario del Ministerio de Defensa de Colombia los contactó para ofrecer disculpas por utilizar fotos que no corresponden a los hechos señalados en el informe.

“La portavoz del ministerio de Defensa se disculpó este viernes con AFP vía telefónica y reconoció que en total hay al menos tres fotografías de la agencia en el dosier, que no se ha hecho público en su totalidad”, señala la nota.

Precisa que se trata de una foto tomada en el Catatumbo, la otra en Chocó de una guerrillera del Eln sentada con una pañoleta en su cara, y la otra de disidentes de las Farc en Guaviare. Todas son del 2018.

De acuerdo con el vocero del gobierno, se anexará un documento aclaratorio al dosier facilitado a la ONU con las acusaciones falsas.

IVAN DUQUE SE DEFIENDE TRAS METER LA PATA

El presidente Iván Duque se refirió al dosier que le entregó a Naciones Unidas sobre los nexos de grupos ilegales colombianos con el gobierno venezolano. Y lo hizo tras los cuestionamientos que despertó luego de publicar apartes de ese documento, en los que aparecen fotos falsas, según las verificaciones que han hecho el periódico El Colombiano y la agencia AFP.

En la foto a la que se refirió Duque se ve a un grupo de personas vestidas con ropas de camuflaje, agarrados de la mano de niños. Abajo se lee: “Penetración del ELN en escuelas rurales del estado Táchira (Venezuela) con fines de adoctrinamiento. Abril 2018”. Esta misma imagen la publicó El Colombiano en junio de 2015, en una nota titulada “Con piñatas y regalos llevan a los niños a la guerra”. El diario ha dicho que la imagen le fue suministrada por el Ejército como el registro de una situación ocurrida en Cauca, territorio colombiano.

En una entrevista este viernes, Duque contestó al respecto, y mantuvo la tesis de que la imagen muestra territorio venezolano. “Esa foto está en una página del dosier que yo circulé en las redes sociales. Esa página, si uno la mira con detenimiento, hace una precisión, y dice que las fotos de esa página tienen distintas fuentes. Una de esas es una fundación que durante años ha denunciado en Venezuela la presencia de grupos armados ilegales colombianos. En un reporte de la fundación de abril de 2018, la fundación ubica la foto. ¿Por qué la foto está ahí? Porque es una foto de contexto, y el dosier tiene tanto fotografías de contexto como propias de la inteligencia colombiana. Surgió una controversia porque un medio dijo que en Colombia la había recibido en 2015. La fundación se pronunció y dijo que esa foto venía del año 2013 de denuncias que se habían hecho de presencia del ELN en distintas escuelas de estados de Venezuela”.

Sin embargo, este viernes, El Colombiano presentó información adicional sobre el asunto. Publicó otras fotos que le llegaron en el mismo paquete de la imagen en cuestión. En una de esas se ven los dibujos que los niños hacían, a petición del ELN, en medio de esas dinámicas de reclutamiento. Entre las pinturas aparecen mapas de Colombia, lo que hace suponer que los niños son colombianos, corroborando las declaraciones provenientes del periódico.

MADURO RESPONDE A DUQUE CON FIRMEZA

El mandatario de Venezuela, Nicolás Maduro, calificó este viernes de "imbécil" al presidente Iván Duque, por haber entregado datos falsos a la ONU como prueba de supuestos vínculos entre su gobierno y la guerrilla colombiana.

"El imbécil de Porky, el imbécil de Iván Duque fue y presentó un documento y las fotos todas son falsas, como tienen que ser, porque la guerrilla es un fenómeno colombiano de setenta años", dijo Maduro en un acto transmitido por la televisión gubernamental, destaca AFP como parte de su seguimiento de la noticia.

"Es allá, Iván Duque, que tienes a tu país en guerra, tu estado fallido, ocho millones de desplazados", añadió el mandatario, que acusa al gobernante colombiano de promover un conflicto armado entre los dos países con el objetivo de derrocarlo.

"Iván Duque en verdad da penita", dijo Maduro, quien llamó al jefe de Estado colombiano "el rey de los falsos positivos".

Colombia lidera junto a Estados Unidos la presión internacional para que el sucesor de Hugo Chávez abandone el poder y que en su reemplazo asuma el opositor Juan Guaidó, reconocido como presidente interino de Venezuela por medio centenar de países, incluyendo Colombia.

DUQUE METE A CUBA EN EL MISMO SACO DE ACUSACIONES Y MENTIRAS

El partido FARC, surgido de la desmovilización de la antigua guerrilla, rechazó este domingo la afirmación que hizo el presidente colombiano, Iván Duque, de que Cuba debe preguntarse si prefiere tener una relación el país suramericano o con los criminales, aludiendo al Ejército de Liberación Nacional (ELN).

"El Gobierno de Cuba ha sido fundamental para la construcción de la paz de Colombia y del mundo. Gracias a la cooperación de esta nación y de los demás países garantes y acompañantes, se pudo firmar el Acuerdo de la Habana", afirmó la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC) en un comunicado, en el que tachó de "temerarias y amenazantes" las declaraciones del mandatario.

El presidente de Colombia, Iván Duque, instó este viernes al Gobierno cubano a extraditar a líderes del Ejército de Liberación Nacional (ELN), pues consideran que de no hacerlo, quedaría claro que La Habana "prefiere" una relación con "los criminales" que con Bogotá, reporta la agencia EFE.

Según la agencia, el mandatario colombiano respondió de esta forma a la pregunta acerca de si estaría dispuesto a romper relaciones con la isla, en caso de que no acceda a la extradición de 10 negociadores del grupo guerrillero que permanecen en Cuba, al ser abordado por la prensa al arrancar una visita a Miami, EE.UU., tras haber participado en la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), en Nueva York.

El gobierno del expresidente de Colombia, Juan Manuel Santos, había iniciado las gestiones necesarias para que los diálogos con el ELN se desarrollaran en territorio ecuatoriano. Sin embargo, tras el asesinato de tres periodistas ecuatorianos, Quito anunció su retiro como país garante de las conversaciones y ordenó que la mesa fuera reinstalada por fuera de su territorio.

Entonces, entró Cuba como garante. 

Ya con Duque en el Gobierno colombiano, se entró en un periodo de evaluación en las negociaciones con el ELN, pero el 19 de enero de este año el mandatario dio por terminado el proceso de diálogo de paz, luego de que el grupo guerrillero aceptara la autoría del mortal atentado perpetrado en una escuela de cadetes, detalla la agencia rusa RT.

EL PAÍS DENUNCIA QUE EL PAÍS PUBLICÓ INFORMACIÓN FALSA SOBRE VENEZUELA, LO SABÍA Y NO RECTIFICÓ

Valentino Arteaga
Digital Sevilla, 30/09/2019



Esta mañana el diario El País, el más leído de España, reconoció tras meses de vomitivo silencio cómo participó en la operación mediática internacional que acompañó a la autoproclamación de Juan Guaidó como presidente de Venezuela.

En un artículo publicado dentro de la sección del defensor del lector, el medio reconoce que El País (es decir, ellos) "publicó que el régimen chavista quemó camiones de ayuda humanitaria y nunca lo rectificó pese a demostrarse que no era cierto".

El periodista detalla como el medio dedicó nada menos que tres páginas a comentar esta noticia.

Sin embargo, poco después el periódico The New York Times publicó un exhaustivo reportaje titulado "¿Quién fue el responsable del incendio de la ayuda humanitaria para Venezuela?", en el que se demostraba con numeroso material gráfico que fue el trapo incendiado de un cóctel Molotov lanzado por un opositor el que originó las llamas.

Por esas mismas fechas el diario del Grupo PRISA y otros medios que siguen la misma línea editorial impuesta desde Washington publicaron otras noticias falsas, como una que llevaron a portada y resultó ser una "Fake News" del tamaño de una autopista de seis carriles.