lunes, 10 de diciembre de 2018

HACIA UNA CRISIS DE RÉGIMEN EN FRANCIA

Rafael Poch
ctxt, 05/11/2018



Si el fuego prende finalmente en las 'banlieues', entonces sí que estaremos en la estela de las grandes insurrecciones sociales francesas que tanto oxígeno han proporcionado a la libertad y el progreso social en Europa desde 1789

En junio de 2017, cuando Macron ganó las presidenciales, pronostiqué una crisis de régimen en Francia. Desde que llegué a ese país, en 2014, hasta mi despido como corresponsal en París hace un año, nunca cesó de rondarme la impresión de materia inflamable a la espera de chispa. Muchos observadores franceses de la izquierda respondían en positivo a mis preguntas en esa dirección, pero, seguramente llevados por el miedo que todo intelectual tiene a ser acusado de tomar sus deseos por realidad, no pasaban del, “sí, es posible que ocurra algo”.

Llegaron las protestas contra las leyes laborales de Hollande (Macron era entonces consejero del presidente, luego ministro de Economía) y la nuit debout el particular movimiento cívico-juvenil de la Place de la République de París que no cuajó como 15-M francés. Más tarde, ya con Macron de presidente, nuevas protestas contra la reforma laboral a partir de otoño de 2017. En ambos casos, la impresión era la misma: el descontento en Francia era general, pero pasivo. La gente que salía a la calle era la de siempre; la izquierda política (es decir lo que queda a la izquierda del Partido Socialista), militantes, algunos estudiantes y bachilleres (que en Francia son un factor político) y algunos sindicatos pequeños más la CGT, la única gran central sindical aún no descafeinada. No había relación entre descontento y movilización. Y aún más importante: los más desfavorecidos, los barrios periféricos urbanos, dormitorios de la Francia desempleada y de origen emigrante, brillaban por su ausencia. “¿Dónde están las banlieues?”, nos preguntábamos.

En la victoria presidencial de Macron las cosas no cuadraban. Había una sensación de producto precocinado por los poderes fácticos en la sombra, un fast food político más propio de la otra orilla del Atlántico que de Francia. Una victoria que se impuso sobre la sospechosa eliminación, vía el kompromat del Penelopegate, el inocente escándalo de la mujer del candidato de la derecha tradicional, François Fillon, quizá demasiado gaullista y demasiado poco antirruso para algunos (para acertar en estas materias es siempre aconsejable pensar mal). Y la victoria de Macron planteaba tanto una crisis de legitimidad –muy poca gente le votó por convencimiento, la mayoría para eludir a Le Pen y con una abstención récord– como una crisis de representatividad: la victoria explosionó la divisoria izquierda/derecha, dejó fuera de juego a los partidos tradicionales y logró un dominio de las élites en la Asamblea Nacional sin precedentes y sin la menor correspondencia con la realidad de la sociedad francesa.

Si a eso se le sumaba la personalidad del presidente, un jovencito tecnócrata triunfador hecho a sí mismo y apadrinado por los poderes fácticos –el medio del que salen los reaccionarios más peligrosos– el cóctel resultaba explosivo. Pero un cóctel Molotov (o “Molokotov”, como decía la abuela de un amigo cuando Franco) es algo que no se enciende si no hay chispa. Los chalecos amarillos son la chispa.

Ahora en la calle se ven caras nuevas. No es la izquierda política, es la gente normal, la mayoría perjudicada por la macronía y ofendida por la impertinente incontinencia verbal de este “presidente de los ricos”. Gente que está más allá de la política, que no vota, o que vota al Frente Nacional, o a la France Insoumise. Una revuelta social de los de abajo, de la Francia mayoritaria que ha visto su vida deteriorarse en los últimos 20 o 30 años, pero… mayoritariamente blanca.

Siguen ausentes los barrios periféricos de origen emigrante. Si eso cambia, si el fuego provocado por esta chispa prende finalmente en las banlieues, entonces sí que estaremos en la estela de las grandes insurrecciones sociales francesas que tanto oxígeno han proporcionado a la libertad y el progreso social en Europa desde 1789.

Hay que estar bien atento a Francia. Las reivindicaciones se han ido ampliando. En su última expresión ofrecen un catálogo bastante completo de un radical rechazo a la austeridad, la privatización y la creciente desigualdad social. Los políticos se quejan de que es muy difícil negociar con esto (y ahí está la gracia y la fuerza del asunto):

–Más justicia fiscal.

–Salario mínimo de 1300 euros netos.

–Favorecer al pequeño comercio de los pueblos y los centros urbanos, cesar la construcción de grandes centros comerciales alrededor de las grandes ciudades que matan el pequeño comercio.

–Más aparcamientos gratuitos en los centros de las ciudades.

–Un plan de aislamiento de viviendas para hacer ecología mediante el ahorro de las economías domésticas.

–Más impuestos a las grandes empresas.

–Mismo sistema de seguridad social para todos.

–No a la reforma de las pensiones. Ninguna pensión por debajo de los 1.200 euros.

–Salarios indexados a la inflación.

–Salario máximo de 15.000 euros.

–Proteger la industria nacional. No a las deslocalizaciones.

–Limitar los contratos temporales.

–Promoción industrial del automóvil de hidrógeno (más ecológico que el eléctrico).

–Fin de la política de austeridad. Cese del pago de los intereses ilegítimos de la deuda y combate al fraude fiscal.

–Que los peticionarios de asilo sean bien tratados y que se actúe contra las causas de las emigraciones forzadas.

–Limitación de precios de los alquileres.

–Prohibición de la venta de bienes de la nación (presas, aeropuertos….).

–25 alumnos por clase como máximo.

–Favorecer el transporte ferroviario de mercancías.

–Tasar el fuel marítimo y el keroseno.

Claro que faltan muchas cosas. Tal como está comportándose el complejo mediático francés ante esta crisis, no tardará en aparecer alguna reivindicación fundamental para democratizar y desmonopolizar medios de comunicación que hoy están en un 80% en manos de grandes corporaciones bastardas y multimillonarios lógicamente hostiles a los intereses de la mayoría social.

Pero, si se negocia esto, o algo parecido a esto, podemos echar el telón sobre la política de austeridad europea: la suma de una Francia en pie, más un Reino Unido fuera de la UE, más el fin del merkelato, dejará a la agenda austeritaria de la derecha alemana fuera de combate en la UE.

Si por el contrario no se negocia y se opta por la represión, o por dejar que el movimiento se pudra, habrá que ver cuál es la reacción social, y, en cualquier caso, no se habrán remediado otras futuras chispas, pues la presencia de materia inflamable ya no es una hipótesis, sino un hecho constatado. En cualquier caso todo el régimen de la V República podría verse sometido a una seria prueba. Hay que estar bien atento a Francia, pues el cambio en la UE depende de ella.

sábado, 8 de diciembre de 2018

NO ES VENEZUELA, NI CUBA, NI COREA DEL NORTE, NI SIRIA...

...es Francia, ese país tan civilizado de la Unión Europea que va dando lecciones de derechos humanos cuando su policía practica detenciones masivas de "peligrosos" ...escolares.


viernes, 7 de diciembre de 2018

MORGAN FREEMAN FUE VÍCTIMA DE UN MONTAJE

La Vanguardia, 06/12/2018


[Esta noticia da la razón a lo publicado en este blog sobre el feminismo y sobre el movimiento #metoo. Apuesto a que detrás de ésta vendrán muchas más.]

La Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano revela que la acusación de acoso sexual contra el actor fue fruto de un reportaje manipulado



Hace seis meses, el actor Morgan Freeman, de 80 años, fue acusado de acoso sexual. Él lo negó, pero la noticia corrió como la pólvora. La ola se mantuvo aunque no apareció ni una sola prueba ni se abrió proceso judicial alguno en su contra. Ahora la web de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano publica que todo fue fruto de un reportaje manipulado por la periodista de la CNN Chloe Melas, que fabricó evidencias para acusar a Freeman, según el periodista mexicano Tomoo Terada.

El 24 de mayo la página web en español de la cadena estadounidense difundió una información de la redactora de Espectáculos Chloe Melas y la subdirectora An Phung en la que 16 personas, 14 de ellas anónimas, aseguraban que habían sido víctimas o testigos de comentarios de acoso sexual o de tocamientos sin consentimiento por parte de Freeman. Las únicas presuntas fuentes identificadas eran la propia Melas, que se incluía como “víctima”, y la productora Tyra Martin, quien de inmediato dijo que sus declaraciones habían sido distorsionadas.


El actor se declaró desolado: “Cualquiera que me conoce o ha trabajado conmigo sabe que no soy alguien que intencionadamente ofendería o haría sentir incómodo a nadie”, y que le parecía lamentable que le metieran en el mismo ­saco que a los agresores sexuales ­señalados por #MeToo. A consecuencia de las acusaciones, Visa canceló su contrato de publicidad con el actor, que aún sigue intentando limpiar su reputación.

martes, 4 de diciembre de 2018

LOS CHALECOS AMARILLOS Y LAS “LECCIONES DE LA HISTORIA”

Gérard Noiriel






En un artículo de opinión publicado por el diario Le Monde (el 20 de noviembre de 2018) el sociólogo Pierre Merle escribe que “el movimiento de los «chalecos amarillos» recuerda a las jacqueries (1) del Antiguo Régimen y de los periodos revolucionarios”. Y se pregunta: “¿se pueden comprender todavía las lecciones de la historia?”.

Yo también estoy convencido de que poner en perspectiva este movimiento social nos puede ayudar a comprender. Es la razón por la que no me parece pertinente el término “jacquerie” (utilizado por otros comentaristas y sobre todo por Eric Zemmour, el historiador de Le Figaro recientemente consagrado por [la emisora de radio pública francesa] France Culture en el programa de Alain Finkielkraut que ilustra perfectamente el título de su libro sobre “la derrota del pensamiento”). En mi libro Histoire populaire de la France señalé que todos los movimientos sociales desde la Edad Media habían sido objeto de una intensa lucha entre los dominantes y los dominados a propósito de la definición y la representación del pueblo en lucha. La palabra “jacquerie” sirvió para designar los levantamientos de esos campesinos a quienes las élites apodaban “jacques”, término despectivo que volvemos a encontrar en la expresión [francesa] “faire le jacques” (comportarse como un campesino bruto y estúpido).

El primer gran movimiento social calificado de “jacquerie” tuvo lugar a mediados del siglo XIV, cuando los campesinos de la Isla de Francia se levantaron contra sus señores. La fuente principal que durante siglos alimentó la mirada peyorativa sobre los levantamientos campesinos de esta época es el relato de Jean Froissart, el historiador de los poderosos de su tiempo, escrito a lo largo de la década de 1360 y publicado en sus famosas Crónicas. Así es cómo Froissart presenta la lucha de estos campesinos: “Entonces se reunieron y se marcharon, sin otro consejo y sin armadura alguna aparte de barras de hierro y cuchillos, a casa de un caballero de vivía cerca de ahí. Destrozaron la casa y mataron al caballero, a la dama, a los niños, grandes y pequeños, y prendieron fuego a la casa […]. Estas malas gentes reunidas sin jefe y sin armaduras robaban y quemaban todo, y mataban sin piedad y sin compasión, como perros rabiosos. Y habían hecho a uno de ellos rey, como se dice de Clermont a Beauvoisis, y eligieron al peor de los malos; llamaba a este rey Jacques Bonhomme [palurdo]”.

Este desprecio de clase que presentaba al jefe de los jacques como “el peor de los malos” queda invalidado por los archivos que demuestran que los campesinos en lucha eligieron como portavoz principal a Guillaume Carle “que tenía conocimientos y hablaba bien”. En la misma época un tejedor, Pierre de Coninck, dirigió la lucha de los artesanos de Flandres. Se le describe así en Les Annales de Gand : “Pequeño de cuerpo y de pobre linaje, tenía tantas palabras y sabía hablar tan bien que era una maravilla. Y por eso los tejedores, los batanes y los esquiladores le creían y querían tanto que no podía decir o mandar algo que no hicieran”.

Se trata de una constante en la historia de los movimientos populares. Para que su lucha no fuera estigmatizada los rebeldes siempre eligieron unos líderes “respetables” y capaces de decir en voz bien alta lo que el pueblo piensa en voz baja. Otros ejemplos más tardíos confirman la importancia del lenguaje en la interpretación de las luchas populares. Por ejemplo, las élites llamaron al levantamiento que agitó todo el Périgord a principios del siglo XVI el levantamiento de los “croquants” [palurdos], término que los campesinos y artesanos rechazaron presentándose a sí mismos como personas de lo “común, del pueblo”. Este fue uno de los puntos de partida de los usos populares del término “commune” que fue retomado en 1870-71 en París por los “Communards” (2).

Los comentaristas que han utilizado la palabra “jacquerie” para hablar del movimiento de los “chalecos amarillos” han querido destacar un hecho indiscutible: el carácter espontáneo y no organizado de este conflicto social. Aunque la palabra sea inapropiada, es cierto que a pesar de todo existen puntos en común entre todas las grandes revueltas populares que se han sucedido a lo largo del tiempo. Basándome en los múltiples reportajes difundidos por los medios sobre los chalecos amarillos he constatado varios elementos que ilustran esta permanencia.

El principal concierne al objetivo inicial de las reivindicaciones: el rechazo de los nuevos impuestos sobre el carburante. Las luchas antifiscales han desempeñado un papel extremadamente importante en la historia popular de Francia. Incluso pienso que el pueblo francés se ha construido gracias al impuesto y contra él. Por consiguiente, el hecho de que el movimiento de los chalecos amarillos haya estado motivado por el rechazo de los nuevos impuestos sobre el carburante no tiene nada de sorprendente. Este tipo de luchas antifiscales siempre ha llegado a su paroxismo cuando el pueblo ha tenido la sensación de que debía pagar sin obtener nada a cambio. Bajo el Antiguo Régimen el rechazo del diezmo estuvo unido frecuentemente al descrédito que tenían los curas que ya no cumplían su misión religiosa y cuando los señores ya no garantizaban la protección de los campesinos a menudo estos se negaron a pagar nuevas cargas. No es casual, por lo tanto, que el movimiento de los chalecos amarillos se haya seguido particularmente en aquellas regiones en las que es más manifiesta la disminución de los servicios públicos. La sensación, muy compartida, de que el impuesto sirve para enriquecer a la pequeña casta de los superricos alimenta en las clases populares un profundo sentimiento de injusticia.

Por consiguiente, es cierto que estos factores económicos constituyen una de las causas esenciales del movimiento. Con todo, hay que evitar reducir las aspiraciones del pueblo a unas reivindicaciones únicamente materiales. Una de las desigualdades más importantes que penalizan a las clases populares concierne a su relación con el lenguaje público. Las élites dedican su tiempo a interpretar en su propio lenguaje lo que dicen los dominados haciendo como si siempre se tratara de una formulación directa y transparente de su experiencia vivida. Pero la realidad es más compleja. Basándome en los análisis de Pierre Bourdieu he demostrado en mi libro que la Reforma protestante había proporcionado a las clases populares un nuevo lenguaje religioso para nombrar unos sufrimientos que eran multiformes. Los campesinos y artesanos del siglo XVI decían “me duele la fe en vez de decir me duele todo”. Hoy los chalecos amarillos gritan “me duele el impuesto en vez de decir me duele todo”. Evidentemente, no se trata de negar el hecho de que las cuestiones económicas son absolutamente esenciales porque desempeñan un papel determinante en la vida cotidiana de las clases dominadas. Sin embargo, basta con escuchar los testimonios de los chalecos amarillos para constatar la frecuencia de las declaraciones que expresan un malestar general. En uno de los reportajes difundidos por [el canal de televisión francés que emite noticias 24 horas al día] BFM-TV el 17 de noviembre el periodista quería a toda costa hacer decir a la persona a la que estaba entrevistando que luchaba contra los impuestos, pero este militante repetía sin cesar “Estamos hartos, hartos, hartos, hartos de todo”.

Que te “duela todo” también significa sufrir en la dignidad y por eso la denuncia del desprecio de los poderosos vuelve a aparecer casi siempre en las grandes luchas populares y la de los chalecos amarillos no hace sino confirmar la regla. Se han oído muchas declaraciones que expresaban un sentimiento de humillación, el cual alimenta el enorme resentimiento popular respecto a Emmanuel Macron. “Para él no somos más que mierda”. El presidente de la República ve así volver en bumerán el etnocentrismo de clase que analicé en mi libro.

No obstante, estas similitudes entre unas luchas sociales de diferentes épocas ocultan profundas diferencias. Me voy a detener un momento en ellas porque permiten comprender qué es lo específico del movimiento de los chalecos amarillos. La primera diferencia con las “jacqueries” medievales radica en el hecho de que la gran mayoría de las personas que participaron en los bloqueos del sábado pasado [17 de noviembre de 2018] no pertenecen a los medios más desfavorecidos de la sociedad. Provienen de medios modestos y de la pequeña clase media que posee al menos un coche, mientras que “la gran jacquerie” de 1358 fue un arrebato desesperado de los mendigos que estaban a punto de morir de hambre en un contexto marcado por la Guerra de los Cien Años y la peste negra.

La segunda diferencia y, en mi opinión, la más importante concierne a la coordinación de la acción. ¿Cómo logran unos individuos relacionarse entre sí para participar en una lucha colectiva? Es una pregunta trivial, sin duda demasiado banal como para que los comentaristas la tomen en serio. Y, sin embargo, es fundamental. Que yo sepa, nadie ha insistido en lo que es verdaderamente novedoso de los chalecos amarillos, a saber, la dimensión desde el primer momento nacional de un movimiento espontáneo. En efecto, se trata de una protesta que se desarrolló simultáneamente en todo el territorio francés (incluidos las provincias y territorios franceses de ultramar), aunque con una representación local muy débil. El día de acción reunió en total a menos de 300.000 personas, una cifra modesta comparada con las grandes manifestaciones populares. Pero este total es la suma de miles de acciones grupusculares repartidas en todo el territorio.

Esta característica del movimiento está estrechamente relacionada con los medios utilizados para coordinar la acción de los actores de la lucha. No son las organizaciones políticas y sindicales quienes lo garantizaron con sus propios medios, sino las “redes sociales”. Así, las nuevas tecnologías permiten volver a entroncar con las antiguas formas de “acción directa”, pero a una escala mucho más vasta puesto que relacionan a individuos que no se conocen. Facebook, twitter y los smartphones difunden mensajes inmediatos (SMS) sustituyendo así la correspondencia escrita, sobre todo los panfletos y la prensa militante que hasta ahora eran los principales medios de los que disponían las organizaciones para coordinar la acción colectiva; la naturaleza instantánea de los intercambios restituye en parte la espontaneidad de las interacciones cara a cara de antes.

Con todo, las redes sociales por sí solas nunca habrían podido proporcionar semejante magnitud al movimiento de los chalecos amarillos. Los periodistas destacan constantemente estas “redes sociales” para ocultar el papel que ellos mismos desempeñan en la construcción de la acción pública. Más precisamente, lo que ha dado a este movimiento su dimensión de inmediato nacional ha sido la complementariedad entre las redes sociales y las cadenas de información continua. Su popularización es en gran parte producto de la intensa “propaganda” orquestada por los grandes medios los días previos. Los grandes medios se hicieron cargo inmediatamente de este acontecimiento (que había partido de la base, primero en el seno de pequeñas redes vía facebook) y anunciaron su importancia antes incluso de que se produjera. Las cadenas de información continua siguieron desde que comenzó el día de acción del 17 de noviembre, minuto a minuto, “en directo” (término que se ha convertido ahora en sinónimo de comunicación a distancia de acontecimientos que se están produciendo). Los periodistas que hoy en día encarnan el grado sumo del populismo (en el verdadero sentido del término), como Eric Brunet que hace estragos a la vez en BFM-TV y en [la emisora de radio privada franco-monegasca] RMC, no dudaron en lucir públicamente un chaleco amarillo transformándose así en portavoz autodesignado del pueblo en lucha. Esa es la razón por la que la cadena presentó este conflicto social como “un movimiento inédito de la mayoría silenciosa”.

Sería muy instructivo un estudio que comparara cómo trataron los medios de comunicación la lucha de los ferroviarios la pasada primavera y la de los chalecos amarillos. No se siguió de forma continua ninguna de las jornadas de acción de los ferroviarios y se acribilló a los telespectadores con testimonios de usuarios indignados con los huelguistas, mientras que se ha oído muy poco a conductores indignados con quienes bloqueaban las carreteras.

Estoy convencido de que el tratamiento mediático dado al movimiento de los chalecos amarillos ilustra una de las facetas de la nueva forma de democracia en la que hemos entrado y que Bernard Manin denomina la “democracia del público” (cf su libro Principe du gouvernement représentatif, 1995). Igual que los electores se pronuncian en función de la oferta política del momento (y cada vez menos por fidelidad a un partido político), los movimientos sociales estallan hoy en función de una coyuntura y de una actualidad precisas. Puede que con la perspectiva que nos ofrece el paso del tiempo nos demos cuenta de que la era de los partidos políticos y de los sindicatos correspondió a un periodo limitado de nuestra historia, la época en la que las relaciones a distancia se materializaban por medio de la comunicación escrita. Antes de la Revolución Francesa estalló una cantidad increíble de revueltas populares en el reino de Francia, pero siempre eran localizadas porque la forma de relación que permitía coordinar la acción de los individuos en lucha se basaba en relaciones directas: la palabra, el conocimiento mutuo, etc. El Estado real siempre lograba reprimir estos levantamientos porque controlaba los medios de acción a distancia. La comunicación escrita, monopolizada por los “agentes del rey”, permitía desplazar a las tropas de un lugar a otro para masacrar a los sublevados.

En esa perspectiva se puede considerar la Revolución Francesa un momento absolutamente particular ya que la antigua tradición de las revueltas locales se pudo combinar entonces con la nueva práctica de contestación transmitida y coordinada por la escritura (véase los cuadernos de quejas) (3).

La integración de las clases populares en el seno del Estado republicano y el nacimiento del movimiento obrero industrial hicieron disminuir las revueltas locales y violentas, aunque nunca hayan desaparecido totalmente (véase el levantamiento del “Midi Rojo” en 1907) (4). La politización de las resistencias populares permitió una dirección, una disciplina, una educación de los militantes, pero la contrapartida fue la delegación del poder a beneficio de los líderes de los partidos y los sindicatos. Los movimientos sociales que se sucedieron entre las décadas de 1880 y 1980 abandonaron la esperanza de una toma de poder por la fuerza, pero a menudo lograron que los dominantes cedieran gracias a unas huelgas con ocupación de las fábricas y gracias grandes manifestaciones que culminaron durante unas “marchas sobre París” (“de la Bastilla a Nation”).

Una de las preguntas que nadie ha planteado aún a propósito de los chalecos amarillos es por qué unas cadenas privadas, cuyo capital pertenece a un puñado de millonarios, fomentan hoy este tipo de movimiento popular. La comparación con los siglos precedentes lleva a una conclusión evidente. Vivimos en un mundo mucho más pacífico que antes. Aunque la jornada de los chalecos amarillos provocara víctimas, estas no fueron fusiladas por las fuerzas del orden. Son el resultado de los accidentes provocados por los conflictos que opusieron al pueblo bloqueador y al pueblo bloqueado.

Esta pacificación de las relaciones de poder permite a los medios dominantes utilizar sin riesgos el registro de la violencia para movilizar las emociones de su público porque la razón principal de su apoyo al movimiento no es político sino económico: generar audiencia mostrando un espectáculo. Desde primeras horas de la mañana BFM-TV señaló unos “incidentes”, después repitió machaconamente el drama de esta mujer atropellada por una conductora que se negaba a ser bloqueada. Una ventaja añadida para estas cadenas a las que se suele reprochar su obsesión por los sucesos, los crímenes y los escándalos sexuales: apoyando al movimiento de los chalecos amarillos han querido demostrar que no descuidaban en absoluto las cuestiones “sociales”.

Más allá de estos retos económicos, evidentemente a la clase dominante le interesa privilegiar un movimiento que se presenta como hostil a los sindicatos y los partidos. Es cierto que entre los chalecos amarillos existe este rechazo. Aunque sin duda no fue intencionado, la elección del color amarillo (en vez del rojo) y de la Marsellesa (en vez de la Internacional) recuerda desafortunadamente la traición de los “amarillos”, término que durante mucho tiempo designó a los sindicatos a sueldo de la patronal. No obstante, este rechazo de la “recuperación” política también se puede inscribir en la prolongación de las luchas que las clases populares llevaron a cabo desde la Revolución Francesa para defender una concepción de la ciudadanía basada en la acción directa. Los chalecos amarillos que bloquean las carreteras rechazando toda forma de recuperación de los partidos políticos asumen así confusamente la tradición de los sans-culottes (5) en 1792-93, de los ciudadanos-combatientes de febrero de 1948, de los Communards de 1870-71 y de los anarcosindicalistas de la Belle Epoque.

La utilización de esta ciudadanía popular siempre ha sido lo que ha permitido la irrupción en el espacio público de portavoces que estaban destinados socialmente a permanecer en el sombra. El movimiento de los chalecos amarillos ha hecho surgir gran cantidad de portavoces de este tipo. Lo que sorprende es la diversidad de sus perfiles y, sobre todo, la gran cantidad de mujeres, mientras que antes lo más frecuente era que la función de portavoz estuviera reservada a los hombres. La facilidad con la que estos líderes populares se expresan hoy ante las cámaras es una consecuencia de una doble democratización: el aumento del nivel escolar y la penetración de las técnicas de comunicación audiovisual en todas las capas de la sociedad. Hoy las élites niegan completamente este competencia, lo que refuerza la sensación de “desprecio” en el seno del pueblo. Aunque los obreros todavía representan el 20 % de la población activa, ninguno de ellos está hoy presente en la Cámara de los Diputados. Hay que tener en mente esta discriminación generalizada para comprender la magnitud del rechazo popular de la política politiquera.

Pero este tipo de análisis ni siquiera se les pasa por la cabeza a los “profesionales de la palabra pública” que son los periodistas de las cadenas de información continua. Al difundir de forma continua las palabras de los manifestantes que afirman su negativa a ser “recuperados” por los sindicatos y los partidos, prosiguen su propia lucha para apartar los cuerpos intermedios y para instalarse ellos mismos como portavoces legítimos de los movimientos populares. En este sentido avalan la política liberal de Emmanuel Macron cuyo objetivo es también desacreditar las estructuras colectivas de las que se han dotado las clases populares a lo largo del tiempo.

Dado el papel crucial que desempeñan actualmente los grandes medios en la popularización de un conflicto social, quienes los dirigen saben bien que podrán decretar el fin del recreo en cuanto lo consideren necesario, es decir, en cuanto la audiencia les exija que cambien de caballo para seguir estando en la vanguardia de la “actualidad”. En efecto, este movimiento está abocado al fracaso porque quienes lo animan están privados de toda tradición de lucha autónoma, de toda experiencia militante. Si el movimiento gana fuerza, chocará cada vez más con la oposición del pueblo que no quiere ser bloqueado y estos conflictos estarán presentes de forma continua en todas las pantallas, lo que permitirá al gobierno reprimir los abusos con el apoyo de la “opinión pública”. La ausencia de un marco político capaz de definir una estrategia colectiva y de nombrar el descontento popular en el lenguaje de la lucha de clases es otro signo de debilidad porque deja la puerta abierta a todas las derivas. A pesar de los historiadores (o de los sociólogos) que idealizan la “cultura popular”, el pueblo siempre está atravesado por unas tendencias contradictorias y unos juegos internos de dominación. Durante esta jornada de los chalecos amarillos se oyeron palabras xenófobas, racistas, sexistas y homófobas. Es cierto que eran muy minoritarias, pero basta que los medios se apropien de ellas (como hicieron desde el día siguiente) para que todo el movimiento esté desacreditado.

Sin embargo, la historia demuestra que una lucha popular nunca es completamente vana, ni siquiera cuando es reprimida. El movimiento de los chalecos amarillos sitúa a los sindicatos y partidos de izquierda frente a sus responsabilidades. ¿Cómo adaptarse a la nueva realidad que constituye la “democracia del público” para procurar que este tipo de conflicto social (que es de prever que se reproducirá frecuentemente) se integre en una lucha más vasta contra las desigualdades y la explotación? Esta es una de las grandes preguntas a la que tendrán que responder.

Notas de la traductora:

(1) Las jacqueries es el nombre con el que se conocen los levantamientos de los campesinos franceses contra sus señores en 1358, de donde pasó a designar los levantamientos campesinos en general. Como explica más adelante el autor, el nombre proviene del nombre de pila “Jacques” (Santiago, en castellano) con el que los nobles llamaban desdeñosamente a todos los campesinos. (N. de la t.).

(2) El término “commun” en francés tiene el sentido de lo que en nuestra lengua sería “pueblo”. El término “commune”, a su vez, tiene el sentido de “conjunto del pueblo”. Proviene de la palabra latina communia, “ reunión de personas que tiene una vida en común”. Es el nombre que adoptó la llamada Comuna de París (“Commune de Paris”) en 1870-71, cuyos miembros se llamaban “Communards” .

(3) Los Cuadernos de Quejas (“cahiers de doléances”) eran los registros en los que las asambleas que elegían a los diputados para los Estados Generales franceses escribían sus deseos y quejas. Su uso se remonta al siglo XIV. Los más conocidos son los de 1789.

(4) Se refiere a l levantamiento de los viticultores de Languedoc y los Pirineos Orientales (el “ Midi ” francés)en 1907 motivad o por una grave crisis vitícola en esta zona que se arrastraba desde principios de siglo . El movimiento fue reprimido por el gobierno de Clemenceau. Destacó la fraternización del 17 Destacamento de Infantería con los manifestantes en Béziers. La revuelta cesó el 29 de junio de 1907 tras la aprobación de la ley que regula la elaboración de los vinos franceses, todavía en vigor .

(5) Se llamaba así a los revolucionarios del inicio de la Revolución Francesa. La expresión hace referencia a que en vez de llevar el culotte , el pantalón corto que vestían los aristócratas, llevaban los pantalones largos que solía usar la gente del pueblo y los artesanos. Los sans-culottes formaron la mayor parte del ejército revolucionario durante la Revolución Francesa.

Fuente: http://noiriel.wordpress.com/2018/11/21/les-gilets-jaunes-et-les-lecons-de-lhistoire/?fbclid=IwAR0lynJPdevIx-skx-4JOuhV3hmsYRwaLRGPZYHJbrIIMEK9qHk6LYerIeU

lunes, 3 de diciembre de 2018

¿ESTÁN ALGUNOS MEDIOS Y SUSANA DÍAZ PROMOCIONANDO A VOX MIENTRAS OCULTAN LOS PROBLEMAS DE ANDALUCÍA?

Daniel Bellaco
Sevilla Digital, 28/11/2018


El partido de ultraderecha VOX está todo el día en los medios ganando una promoción impagable. Ferreras, Ana Rosa, Pepa Bueno o Susanna Griso, ricos referentes mediáticos, no preguntan casi nunca de los problemas de Andalucía en sus entrevistas pero insisten en temas nacionales y sobre todo en el supuesto escaño que conseguirían estos fachas. Su monotema es pactos postelectorales y VOX, justo lo mismo que dice Susana Díaz. ¿Es simple coincidencia?

Es increíble que no se hable en esta prensa de la corrupción, del enchufismo, el paro, la explotación laboral de empresarios subvencionados, la privatización de la sanidad o de los comedores de escuelas y hospitales que se dan constructoras y grandes multinacionales. ¿No importa todo esto?

Parece que solo interesa alarmar y por tanto promocionar que este partido de descerebrados vaya a sacar un escaño según las encuestas pagadas por los medios de comunicación. Los hay de todos los colores, incluso medios que tienen una línea distinta a nivel nacional aquí en Andalucía apoyan a la “Ángela Channing” de la política, como llamó Teresa Rodríguez a Susana Díaz.

Y es que la estrategia de señora Díaz, alias Cersei Lannister según la candidata de Adelante Andalucía, de dar bombo a VOX  por parte del PSOE-A coincide con la de algunos medios a los que se paga 600 millones de euros de dinero de los andaluces. ¿La casualidad? ¿Hay que darle bombo a la ultraderecha? ¿Es esa la consigna?

Por otra parte, si escuchas la SER (Grupo PRISA) u ONDA CERO (del Grupo Atresmedia – La Sexta), por poner algunos ejemplos, verás que todo está inundado de publicidad de la Junta, a saco, incluso en campaña electoral. Algunos grupos mediáticos llevan décadas recibiendo auténticas millonadas. Luego se preguntan algunos por qué ha ganado siempre la organización PSOE-A, no se dan cuenta, que pena.

Quizás es más sencillo de lo que ciertos periodistas creen pero no caen, a pesar de las pruebas. El hecho de que unos grupos mediáticos reciban ingentes cantidades de publicidad institucional ¿Tiene esto algo que ver con su olvido de ciertos problemas? ¿Es este el principal motivo, además de otras vías del clientelismo y de enchufismo por el que ha ganado esta organización de poder tanto tiempo? El control mediático en Andalucía se asemeja al de Franco con el NODO, de hecho llevan ya más tiempo que el dictador controlando el poder, son sus herederos, los nuevos señoritos.

En otro orden de cosas, o no, la cuñada de Ferreras trabaja para la organización de Susana Díaz. Beatriz Talegón la acusó de filtrar imágenes a su cuñado Ferreras del Comité Federal donde se estaba dando el golpe por los susánidas. ¿Es cierto eso? Estaría muy feo.

Aquella conjura mediática de tanta prensa del IBEX que se cuadró con el susanismo para dar el golpe a Pedro Sánchez y encumbrar a Mariano Rajoy ¿Tiene ahora otra derivada? ¿La pela por la pela? ¿Da igual todo? Los 600 millones de Susana Díaz han hecho ricos a muchos directivos de medios de comunicación y ese flujo parece que no se puede parar. Es casi la dueña de los medios, los financia como si no hubiera un mañana. ¿Se apoya a la ultraderecha mientras se censura la realidad? Ahora todo en la campaña andaluza gira en torno a VOX y desde luego no se habla mucho de lo que sucede aquí.

Lo que pasa es que el partido de la señora Díaz, esa organización manchada por infinidad de casos de corrupción y enchufismo masivo, está viendo que las encuestas van por un lado y la realidad por otro. Podrían perder ante Adelante Andalucía, a pesar del bombo mediático a VOX y Ciudadanos. ¿Qué sería de tanto político profesional? ¿Irían a la cola del paro? Pero si no tienen experiencia laboral en la privada ¿Montarán un colmaito, acabarán en una multinacional sanitaria o en el IBEX? Hagan apuestas.

¿Y qué pasará con los medios que reciben su paguita multimillonaria desde hace décadas? ¿Van a tener que mirarse al espejo y analizar si hacen periodismo o son simples cortesanos del poder?

Si el régimen se derrumba ¿Qué pasará con algunos mercenarios mediáticos? ¿Tendrán que cambiar de chaqueta? ¿Será eso un problema para ellos?

Y lo más grave ¿Qué haremos con esos supuestos diputados de la extrema derecha? ¿Se los llevarán a su casa para ponerlos en la vitrina del salón? Al fin y al cabo son su logro, su rico trofeo, el producto de su trabajo ‘bien pagao’. ¿Más periodismo?

viernes, 30 de noviembre de 2018

A PROPÓSITO DEL 8 DE MARZO: FEMINISMO, INTERCLASISMO Y SUPREMACISMO

[Este texto lo escribí por encargo para una revista anarquista pero no llegaron a publicarlo así que lo publico ahora, meses más tarde, en mi blog.]

“El deber de protestar contra la opresión nacional y de combatirla, que corresponde al partido de clase del proletariado, no encuentra su fundamento en ningún «derecho de las naciones» particular, así como tampoco la igualdad política y social de los sexos no emana de ningún “derecho de la mujer” al que hace referencia el movimiento burgués de emancipación de las mujeres. Estos deberes no pueden deducirse más que de una oposición generalizada al sistema de clases, a todas las formas de desigualdad social y a todo poder de dominación. En una palabra, se deducen del principio fundamental del socialismo.”
La cuestión nacional, Rosa Luxemburg.


Comienzo este texto citando a Rosa Luxemburg, una de las mentes más lúcidas de la izquierda europea. Curiosamente, a pesar de su crítica desde su perspectiva marxista a las reivindicaciones nacionalistas y feministas como un contrasentido y un absurdo, Rosa Luxemburg ha sido tildada por gran parte de la izquierda actual como “pionera del feminismo”. Como podemos leer en la cita, nada está más lejos de la realidad; debe ser que esa izquierda usa para defender sus tesis autoras que jamás ha leído.

Para empezar habría que decir que ya desde sus orígenes el término “feminista” es contradictorio con los fines de la izquierda y el socialismo en tanto que es excluyente de la mitad (o casi) de la población. “Feminismo” es tan excluyente como los términos “catalanismo” o “vasquismo”, empleados por los nacionalistas “de izquierda” de nuestra piel de toro para pedir derechos especiales, es decir, privilegios, para sus feudos. Y estos privilegios son incompatibles con la idea de igualdad que defiende (o debería) la izquierda. De hecho, el término fue popularizado por el movimiento sufragista que defendía la justa causa del voto femenino, pero que era de clase burguesa y de naturaleza conservadora y defendía la no tan justa causa de la guerra. Así, las feministas británicas hicieron una campaña muy activa para mandar mujeres al frente durante la Primera Guerra Mundial. Recuerdo que una vez oí de boca de una feminista el eslogan “la guerra es un crimen contra la mujer”. Pues según atestigua el siguiente cartel, no es así, sino que más bien es un crimen contra la humanidad en el que las feministas británicas quisieron participar.


Las chicas también son guerreras

Detalles como éste dejan al descubierto el carácter interclasista de la lucha feminista como ya advirtiera Rosa Luxemburg. Según ésta, tanto el nacionalismo como el feminismo eran un mecanismo fomentado por la burguesía para desbaratar la lucha de clases y por ende neutralizar a la izquierda. Ella creía que la opresión nacional, racial o de género se debe combatir desde el propio movimiento obrero para que nunca abandonara una perspectiva de clase, sin la cual las luchas parciales tomarían un cariz cada vez más reaccionario y al final debilitarían a la izquierda convirtiéndola en un títere de la burguesía. Luxemburg no se equivocó y hoy tenemos una izquierda débil, llámese Unidos Podemos, CNT o CGT, que defiende valores que no le son propios. Baste citar cómo la festividad del 8 de marzo, antes Día Internacional de la Mujer Trabajadora, ha devenido en Día de la Mujer, a secas; un día en el que las mujeres de las organizaciones supuestamente de izquierda han celebrado lo mismo que las banqueras, empresarias y ejecutivas de multinacionales. A la celebración se unieron los partidos políticos más reaccionarios así como los medios corporativos, evidenciándose el carácter inocuo de la supuesta protesta.


Las políticas de acción afirmativa hacen Goliats de antiguos David.


Pero el feminismo no se conformó con hacer tabula rasa con las diferencias socio-económicas sino que además comenzó a pedir “derechos especiales” para las mujeres. Así, las luchas sectoriales de los años 70 en los EE.UU dieron pie a la generalización de las políticas de “acción afirmativa”, o como decimos en Europa, menos eufemísticamente, de “discriminación positiva”, especialmente bajo las administraciones del Partido Demócrata (un partido de la élite liberal, que no izquierdista) pero también bajo las más conservadoras y ultraliberales del Partido Republicano. Aquí habría que decir que por muy nobles que nos parezcan las causas defendidas por estos movimientos por los derechos civiles, la sectorialización de la lucha social en los EE.UU. fue consecuencia de la derrota de la clase trabajadora americana que, tras dos guerras mundiales (durante las cuales el movimiento obrero, de tradición antimilitarista, fue perseguido como en la peor de las dictaduras) y el terror macartista de la Guerra Fría, había sido literalmente pulverizada por la burguesía. Y, por otra parte, también hay que indicar que esta política de dar privilegios a sectores que antes estaban oprimidos no es más que, como dice el refrán castizo “desnudar a un santo para vestir a otro”. El dibujante El Roto recogía muy bien el concepto en una viñeta donde Dios le decía a un triunfante David que acababa de matar a Goliat: “Has vencido David, a partir de ahora tú serás Goliat”. En realidad, esta política de salvar a unos oprimidos y usar a éstos para hundir más al resto lo único que ha creado es desunión y fragmentación en el pueblo llano así como agravios comparativos pues dichos privilegios han sido concedidos en detrimento de nuevos sectores de discriminados, los amplios sectores sociales oprimidos que no encajan en el perfil de los beneficiarios de la “acción afirmativa”. Y ni siquiera para los beneficiarios de esta política la felicidad ha sido completa puesto que la “discriminación positiva” (expresión que parece salida de la neolengua orwelliana) ha dado argumentos racionales a los sectores sociales tradicionalmente racistas, machistas y homófobos, con lo que ha contribuido a alimentar estos sentimientos reaccionarios. Y todo ello ha sido observado con verdadera fruición desde sus áticos de lujo por las élites financieras, a las que si hay algo que realmente moleste es la igualdad y que los de abajo se organicen. En este sentido, la estrategia que ha usado la burguesía financiera es calcada de la que usó la burguesía industrial en el mundo del trabajo con la jerarquización y división de la fuerza laboral a través de la imposición de categorías.

Paralelamente a la potenciación de la fragmentación de las luchas de los oprimidos, el feminismo en los últimos 20 años se ha recubierto de una retórica supremacista y satanizadora de todo lo masculino. A ello han contribuido las políticas de la pseudoizquierda liberal (léase, en España, el PSOE y nuestros nacionalistas septentrionales, aunque el PP tampoco le ha hecho ascos) y los grandes medios de masas. Estos últimos han estado llevando de manera exhaustiva el recuento de mujeres muertas a manos de hombres en el ámbito doméstico pero han silenciado otros tipos de muertes en dicho ámbito (de hombres a manos de sus esposas o de hombres homosexuales a manos de sus esposos o de mujeres homosexuales a manos de sus esposas o de hijos e hijas manos de sus madres). Ya se sabe que lo que no sale en la TV no existe. Con ello se ha contribuido a crear un siniestro retrato robot del hombre propio de un violador, pederasta y asesino. De esto se ha impregnado la publicidad donde hemos pasado de los anuncios del posfranquismo que denigraban a las mujeres a anuncios que denigran al hombre ya que a cargo de la censura publicitaria está el Instituto de la Mujer, que obviamente censura todo aquello que atenta contra la dignidad de la mujer pero no contra la del hombre. ¿Por qué no se crea un órgano igualitario que retire todo anuncio que atente contra cualquier ser humano sea hombre o mujer? Pues porque como ya he dicho si hay algo que odia el régimen burgués en el que vivimos es la igualdad.



Hillary Clinton, una de las principales valedoras de las políticas liberales de “acción afirmativa” feministas en los últimos tiempos y también una de las artífices del bombardeo imperialista de Libia y del asesinato y descuartizamiento de Muamar El Gadafi. También financia el régimen integrista y feminicida de Qatar a través de la Fundación Clinton.

Y con ello vemos cómo el feminismo separado del movimiento obrero y de la perspectiva de clase, según predijo Rosa Luxemburg, ha partido de la lógica y justa reivindicación de reclamar la igualdad entre los dos géneros a fomentar la desigualdad sobre una base supremacista, como una suerte de nacionalismo femenino. Es sintomático cómo, hace unos años, una psicóloga de empresa (de esas que desde los departamentos de RRHH lavan el cerebro a los trabajadores para que se dejen explotar aún más) en el muy progre periódico 20 minutos escribía en un artículo que, literalmente, la “igualdad es otra máscara más del machismo”. Y ya desde hace también unos años no hay más que meterse en cualquier blog feminista para leer que el feminismo lo que busca no es, como se decía antaño, la igualdad de sexos, sino “la vuelta al matriarcado de los tiempos prehistóricos”, donde todo estaba regido por los valores femeninos, que, por supuesto, eran superiores a los masculinos y hacían del mundo un paraíso terrenal. Es bastante revelador que en esto el feminismo coincida con el ideal social de los movimientos reaccionarios, y en especial de las religiones, típicamente situado en la línea del tiempo en un glorioso pasado remoto. Está claro que de algo situado en una época de la que nada ha quedado escrito y de la muy poco se sabe se puede fantasear a la manera romántica todo lo que se quiera. Sin embargo, permitidme que no me fíe de la supuesta bondad de ese periodo ya que soy persona progresista y como tal creo que el ser humano evoluciona de un pasado marcado por la animalidad y la brutalidad hacia un futuro que ha de conquistar a través de su paulatina humanización. En eso precisamente, en buscar un sociedad ideal en el futuro, se basa el socialismo (sea marxista o libertario.)

Y los efectos de esta desigualdad llevan años siendo patentes. Hace tiempo que tenemos leyes que castigan con más dureza ciertos delitos si han sido cometidos por hombres, con lo cual los contenidos más progresistas de esa constitución burguesa y monárquica nuestra, los que tienen que ver con la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, se han quedado en papel mojado y nadie, a derecha, izquierda o centro, se atreve a discutirlo. Y nadie se atreve a discutirlo porque junto a ese supremacismo se ha instalado en el movimiento feminista un mecanismo inquisidor que fomenta el silencio a través de la autocensura. Y es que nadie, mujer u hombre, se atreve a discrepar del credo feminista que ya es parte de la ideología dominante del régimen burgués, so pena de ser tildado de “machista” o incluso de “fascista”. Esto es muy parecido a lo que hacen nuestros nacionalistas “de izquierda” con el término “españolista”, si bien en el caso de los nacionalismos del norte de España la discriminación ni siquiera es “positiva” ya que tienen su base en zonas que han sido las de mayor renta per cápita del país durante siglos.

Y así llegamos al 8 de marzo de 2018 en el que se monta por parte de los dos grandes sindicatos del régimen, UGT y CCOO, una huelga parcial feminista, a la que los hombres solo pueden acudir como “acompañantes” (¿Pero cómo exactamente? ¿Como una mascota?) y a la que los medios le dan cobertura durante días y días y nadie sospecha que el sistema esté cooptando al feminismo para mayor gloria de la explotación de clase. ¿Me podría explicar alguien qué clase de huelga o acto subversivo es promocionado desde los medios de formación de masas e incluso secundado por partidos de derechas? Contestaré yo: una huelga que es no existe promovida por una izquierda que no tampoco existe porque ha sido fagocitada por dentro por la ideología liberal de las élites.


 Cartel llamando a la participación en el Día de la Mujer con la imagen de la profesora Laura Nuño, psicóloga feminista y a día de hoy dimitida subdirectora del Instituto de la Universidad Juan Carlos I que amañó un máster para Cristina Cifuentes (PP). Fue colaboradora el Prof. Manuel Tamayo Saenz, también profesor de la Juan Carlos I y protagonista del “tamayazo”, un caso de corrupción y transfuguismo que dio la llave de gobierno de la comunidad de Madrid al PP. Ésta es una de las consecuencias de la pérdida de la perspectiva de clase del movimiento feminista antes aludida.

martes, 6 de noviembre de 2018

ACUSACIÓN A KAVANAUGH POR VIOLACIÓN ES FALSA

ABC Noticias / EFE, 03/11/2018

Una de las múltiples acusaciones fue retractada por la mujer, y aseguró que nunca lo ha conocido en persona



Washington.- Una mujer que acusó al magistrado del Tribunal Supremo de Estados Unidos, Brett Kavanaugh de haberla violado reconoció que mintió para evitar la confirmación del juez ya que estaba "furiosa", según informó el Comité Judicial del Senado.

La mujer, Judy Munro-Leighton, reivindicó la autoría de una carta anónima que recibió en septiembre la senadora demócrata Kamala Harris, miembro del Comité, acusando a Kavanaugh y a otro hombre de haberla violado "varias veces cada uno" en un vehículo.

La carta iba firmada bajo el seudónimo "Jane Doe" y Kavanaugh negó en ese momento las acusaciones que contenía, que por poco específicas no recibieron demasiada atención de los senadores.

A principios de octubre, Munro-Leighton se puso en contacto con el Comité con un correo electrónico en el que reivindicó la autoría de la carta a Harris, mantuvo lo que en ella estaba escrito y aseguró que "tenía mucho miedo" de que sus datos salieran a la luz. La identidad de Munro-Leighton, de hecho, no trascendió a la opinión pública entonces.

Tras varios intentos a lo largo de octubre para corroborar su denuncia, los investigadores del Comité pudieron contar con la mujer este jueves, cuando reconoció que ella no era en realidad "Jane Doe" y que, de hecho, no conocía a Kavanaugh personalmente.

La mujer dijo que "solo quería llamar la atención" y que era una "táctica" para evitar la confirmación de juez nominado por el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

La carta de "Jane Doe" y la irrupción de Munro-Leighton coincidió en el momento en el que el Senado valoraba la confirmación de Kavanaugh y en el que varias mujeres hicieron público que, supuestamente, el juez las había agredido sexualmente décadas atrás.

Una de ellas, de hecho, Christine Blasey Ford, llegó a comparecer ante el Comité para explicar su historia.

El presidente del Comité Judicial, el republicano Charles Grassley, puso en conocimiento del Fiscal general de EU, Jeff Sessions, y del director del FBI, Christopher Wray, el caso de Munro-Leighton para que actúen a su "consideración" ante los actos "potencialmente ilegales" de la mujer.

"Estos actos no son solo injustos, son potencialmente ilegales. Es ilegal hacer declaraciones falsas, ficticias o fraudulentas a investigadores del Congreso. Es ilegal obstruir investigaciones del Congreso", dijo Grassley.

Kavanaugh fue finalmente confirmado por el Senado de EU el 6 de octubre y ese mismo día asumió la posición de juez del Supremo.

Al respecto, el Presidente Trump reprochó las acusaciones falsas de la mujer.

"Una perversa acusadora del juez Kavanaugh acaba de admitir que estaba mintiendo, su historia estaba totalmente hecha, y falsa! ¿Se imaginan si no se hubiera convertido en juez de la Corte Suprema por sus asquerosas declaraciones falsas? ¿Y los otros? ¿Dónde están los demócratas en esto?", escribió en su cuenta de Twitter.