lunes, 8 de julio de 2013

¿ANUNCIA LA CAÍDA DE MORSI EL FUTURO DE LA HERMANDAD MUSULMANA?

Thierry Meyssan
Red Voltaire, 08/07/2013

Aunque sorprendido por la rapidez de los acontecimientos, Thierry Meyssan celebra la destitución del gobierno de la Hermandad Musulmana, que anticipaba hace un año. Mientras la prensa atlantista respaldaba a Mohamed Mursi e injuriaba a Bachar al-Assad, Meyssan expresaba la opinión opuesta y denunciaba la «primavera árabe» como una manipulación. El pueblo egipcio acaba de dar su veredicto.

De los 84 millones de egipcios, 33 millones salieron a las calles para festejar el golpe de Estado militar.

Al cabo de 5 días de manifestaciones multitudinarias que exigían la partida del presidente Morsi, el ejército egipcio destituyó al mandatario y designó al presidente de la Corte Constitucional para asumir la jefatura del Estado hasta la convocación de nuevas elecciones.

Para entender la importancia del acontecimiento se hace necesario resituarlo en su contexto.

Una ola de agitación política se extendió por una parte del continente africano, y posteriormente por el mundo árabe, a partir de la mitad de diciembre de 2010. Túnez y Egipto eran los países más sacudidos. El fenómeno se explica primeramente por causas de fondo: un cambio generacional y una crisis alimentaria. Si bien el aspecto demográfico escapa al control humano, el aspecto económico fue ampliamente provocado con pleno conocimiento de causa, primero en 2007-2008 y después en 2010.

En Túnez y Egipto, Estados Unidos había preparado el «cambio de guardia» con nuevos líderes listos a prestar servicio reemplazando a los ya devaluados. El Departamento de Estado había formado jóvenes «revolucionarios» como reemplazo del poder establecido. Así que cuando Washington comprobó que sus aliados se quedaban sin alternativas ante la calle, les ordenó dejar el lugar a la oposición ya prefabricada. No fue la calle sino Estados Unidos quien expulsó del poder a Ben Ali y al general Hosni Mubarak. Y fue también Estados Unidos quien los reemplazó por la Hermandad Musulmana. Esto último parece menos evidente en la medida en que se organizaron elecciones, tanto en Túnez como en Egipto. Pero la realización de elecciones no siempre es prueba de sinceridad y democracia. Un estudio minucioso demuestra que todo estaba arreglado.

No cabe duda de que Washington había previsto los acontecimientos y que incluso los guió, aunque algo parecido haya podido suceder en otros países, como en Senegal o Costa de Marfil.

Y precisamente se producen entonces disturbios en Costa de Marfil, en ocasión de la elección presidencial. Pero esos hechos nada tienen que ver en la imaginación colectiva con la llamada «primavera árabe» y se terminan con una intervención militar francesa bajo mandato de la ONU.

Ya instalada la inestabilidad en Túnez y Egipto, Francia y Reino Unido dieron inicio al movimiento de desestabilización contra Libia y Siria, conforme a lo previsto en el Tratado de Lancaster House. Aunque realmente se produjeron en esos últimos países algunas micro-manifestaciones en demanda de democracia, lo cierto es que los medios de prensa occidentales se encargaron de exagerar su envergadura mientras que fuerzas especiales occidentales se ocupaban de organizar disturbios con el respaldo de cabecillas takfiristas.

Recurriendo a constantes manipulaciones, la operación de Costa de Marfil fue excluida de la «primavera árabe» (no hay árabes en ese país, donde un tercio de la población es musulmana) mientras que Libia y Siria sí eran incluidas en ella (cuando en realidad se trata de operaciones de carácter colonial). Ese verdadero acto de prestidigitación se concretó de manera relativamente fácil en la medida en que también se registraban manifestaciones en Yemen y Bahréin, donde las condiciones estructurales son muy diferentes. Al principio, los comentaristas occidentales les encajaron la etiqueta de «primavera árabe», pero después se arreglaron para excluirlas de ella porque las situaciones son muy poco comparables.

En definitiva, lo que caracteriza a la «primavera árabe» (Túnez, Egipto, Libia y Siria) no es la inestabilidad ni la cultura sino la solución preconcebida por las potencias occidentales: el acceso de la Hermandad Musulmana al poder.

Esta organización secreta, supuestamente antiimperialista, siempre ha estado bajo el control político de Londres. Estaba representada en el equipo de Hillary Clinton a través de la señora Huma Abedin, la esposa del dimitente congresista sionista Anthony Weiner. La madre Huma Abedin –Saleha Abedin– dirige la rama femenina mundial de la Hermandad Musulmana. Por su parte, Qatar ha garantizado el financiamiento de las operaciones, ¡más de 15 000 millones de dólares al año!, y la cobertura mediática de la cofradía, de la que se ha hecho cargo el canal Al-Jazzera desde fines de 2005. Para terminar, Turquía ha puesto el know how político proporcionando una serie de consejeros en comunicación.

Hillary Clinton con la "hermana musulmana" Saleha Abedin

La Hermandad Musulmana es en el islam lo mismo que los trotskistas en Occidente: un grupo de golpistas que trabajan para intereses extranjeros en nombre de un ideal que siempre se pospone. Después de haberse embarcado en innumerables tentativas golpistas en la mayoría de los países árabes a lo largo de todo el siglo XX, la Hermandad Musulmana fue la primera sorprendida ante su propia «victoria» de 2011. El problema es que, fuera de las instrucciones de los anglosajones, la cofradía no disponía en realidad de ningún programa de gobierno. Y se aferró a las consignas islamistas: «La solución es el Corán», «No necesitamos constitución, tenemos la charia» y otras por el estilo.

En Egipto, al igual que en Túnez y Libia, el gobierno de la Hermandad Musulmana abrió la economía nacional al capitalismo liberal. Confirmó además su complicidad con Israel a costa de los palestinos. Y trató de imponer, en nombre del Corán, un orden moral que nunca ha existido en ese libro.

Las privatizaciones de la economía egipcia al mejor estilo de la señora Thatcher debían alcanzar su punto culminante con la venta del Canal de Suez, joya del país y esencial fuente de sus ingresos, que sería vendido a Qatar. Ante la resistencia de la sociedad egipcia, Doha financió un movimiento separatista en la región del Canal, siguiendo el modelo ya establecido por Estados Unidos en Centroamérica cuando fomentó en Colombia el movimiento separatista que dio lugar a la independencia de Panamá.

Pero la sociedad no soportó ese tratamiento sin anestesia. Como escribí hace 3 semanas en esta misma columna, los egipcios abrieron los ojos al ver la sublevación de los turcos contra el Hermano Erdogan. Y la sociedad egipcia se rebeló, lanzando incluso un ultimátum al presidente Morsi. Después de verificar telefónicamente, con el secretario estadounidense de Defensa Chuck Hagel, que Estados Unidos no tenía intenciones de tratar de salvar al agente Morsi, el general al-Sisi anunció su destitución.

Este último punto merece una explicación: En lo que fue su penúltimo discurso a la nación, Mohamed Morsi se presentó como un «sabio». El hombre es ingeniero espacial, hizo carrera en Estados Unidos, obtuvo la nacionalidad estadounidense, trabajó en la NASA y dispone de una acreditación estadounidense de acceso a información clasificada. Sin embargo, si bien el Pentágono abandonó a Morsi, el que sí lo respaldó –hasta el momento de su arresto– fue el Departamento de Estado, a través de la embajadora estadounidense en El Cairo, de los voceros Patrick Ventrell y Jan Psaki, e incluso del propio secretario de Estado John Kerry. Esta incoherencia ilustra la confusión que reina en Washington: por un lado, el sentido común implica que no es posible intervenir, mientras que por el otro lado sus vínculos con la Hermandad Musulmana son tan estrechos que dejan a Washington sin solución de repuesto.

La caída de Morsi marca el fin del predominio de la Hermandad Musulmana en el mundo árabe, sobre todo teniendo en cuenta que el ejército anunció su destitución rodeándose de las fuerzas vivas de la sociedad, incluyendo a los «sabios» de la universidad al-Azhar.

El fracaso de Morsi es un duro golpe para Occidente y sus aliados, Qatar y Turquía. Ahora podemos preguntarnos con toda lógica si no marca el fin de la «primavera árabe» y deja entrever además la posibilidad de nuevos virajes en Túnez, en Libia y, por supuesto, en Siria.

domingo, 7 de julio de 2013

EL PRECIO DE LA VERDAD

Thierry Meyssan
Red Voltaire, 01/07/2013

Mientras la prensa internacional presenta las informaciones de Edward Snowden como revelaciones sobre el programa PRISM y finge descubrir lo que todo el mundo sabe desde hace tiempo, Thierry Meyssan se interesa más bien en el sentido de este acto de rebelión. Y otorga por ello mucha más importancia al caso del general Cartwright, también acusado de espionaje.

Ex comandante de las fuerzas nucleares de Estados Unidos, ex jefe del Estado Mayor Conjunto, ex consejero militar del presidente Obama, el general Cartwright está siendo acusado de espionaje. Se le imputa haber entregado al New York Times información sobre la guerra secreta contra Irán para evitar así una guerra inútil.

¿Qué son los funcionarios estadounidenses, civiles o militares, que se exponen a un mínimo de 30 años de cárcel por haber revelado a la prensa secretos de Estado de su país? ¿Son «denunciantes» que ejercen un contrapoder dentro de un sistema democrático o se trata de «miembros de la resistencia contra la opresión» dentro una dictadura militaro-policiaca? La respuesta no depende de nuestras propias opiniones políticas sino de la naturaleza misma del Estado estadounidense. Y esa respuesta cambia por completo si nos centramos en el caso de Bradley Manning, el joven soldado izquierdista de Wikileaks, o si incluimos el caso del general Cartwright, consejero militar del presidente Obama, sometido a investigación desde el jueves 27 de junio de 2013 bajo la acusación de espionaje.

Se impone aquí un regreso atrás en el tiempo para entender cómo funciona el paso del «espionaje» a favor de una potencia extranjera a la «deslealtad» hacia la organización criminal en la que uno ha trabajado.

Peor que la censura: la criminalización de las fuentes

El presidente de Estados Unidos y Premio Nobel de la Paz Woodrow Wilson trató de poner en manos del ejecutivo estadounidense el poder de censurar la prensa cuando están en juego la «seguridad nacional» o la «reputación del gobierno». En su discurso sobre el Estado de la Unión correspondiente al 7 de diciembre de 1915, Wilson declaró: «Hay ciudadanos de Estados Unidos … que han vertido el veneno de la deslealtad en las arterias mismas de nuestra vida nacional, que han tratado de arrastrar al desprecio de la autoridad y de la buena reputación de nuestro gobierno … de destruir nuestras industrias … y de denostar sobre nuestra política en beneficio de intrigas extranjeras … Carecemos de leyes federales adecuadas … Os exhorto a no hacer menos que salvar el honor y el respeto de la nación por sí misma. Esas criaturas de la pasión, de la deslealtad y de la anarquía deben ser aplastadas.» [1]

A pesar de ese discurso, el Congreso no siguió de inmediato la exhortación del presidente Wilson. Como consecuencia de la entrada en guerra de Estados Unidos, el Congreso votó la Espionage Act, que retomaba los elementos fundamentales de la Official Secrets Act británica. Ya no se trata de censurar la prensa sino de cortarle el acceso a la información, prohibiendo a los depositarios de los secretos del Estado revelar lo que saben. Ese dispositivo legal permite a los anglosajones presentarse como «defensores de la libertad de expresión», cuando en realidad son los peores violadores del derecho democrático a la información, derecho que sin embargo defienden las Constituciones de los países escandinavos.

El silencio, más eficaz que el secreto

Los anglosajones viven así mucho menos informados que los extranjeros sobre lo que sucede en sus propios países. Por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos, el Reino Unido y Canadá lograron mantener en secreto –en su propio territorio– el Proyecto Manhattan, destinado a la concepción de la bomba atómica, a pesar de que 130 000 personas trabajaron en ese proyecto durante 4 años y de que los servicios secretos extranjeros lo habían penetrado ampliamente. ¿Por qué pudieron mantenerlo en secreto? Porque Washington no estaba preparando aquella arma para la guerra que estaba librando en aquel momento sino para la siguiente, o sea para la guerra contra la Unión Soviética. Como ya lo han demostrado los historiadores rusos, en Japón se pospuso la capitulación hasta que se concretó la destrucción de Hiroshima y Nagasaki, como advertencia dirigida a la URSS. Si los estadounidenses hubiesen sabido que su país disponía de aquella arma, sus dirigentes habrían tenido que utilizarla para acabar con Alemania y no para amenazar al aliado soviético a costa de los japoneses. En realidad, la guerra fría comenzó antes del fin de la Segunda Guerra Mundial [2].

En materia de secreto, es importante señalar que Stalin y Hitler tuvieron conocimiento sobre la existencia del Proyecto Manhattan desde el momento mismo de su inicio, porque ambos tenían agentes donde había que tenerlos. Truman, sin embargo, en su calidad de vicepresidente de Estados Unidos, no fue informado hasta el último momento, o sea después del fallecimiento del presidente Roosevelt.

La verdadera utilidad de la Espionage Act

En todo caso, el espionaje ocupa un lugar secundario en la Espionage Act, como queda demostrado por su forma de aplicación.

En tiempo de guerra, la Espionage Act sirve más bien para castigar las opiniones disidentes. Por ejemplo, en 1919, la Corte Suprema determinó –al pronunciarse sobre los casos Schrenck contra Estados Unidos y Abrams contra Estados Unidos– que el hecho de llamar a la insumisión o a la no intervención en contra de la Revolución Rusa se incluía entre los comportamientos penados por la Espionage Act.

En tiempo de paz, esa misma ley sirve para impedir que los funcionarios hagan público un sistema de fraudes o crímenes cometidos por el Estado, incluso aunque revelen hechos de los que el público ya tenía conocimiento previo pero que no han podido comprobarse hasta el momento de las revelaciones impugnadas.

Bajo la administración Obama ya se ha recurrido a la Espionage Act en 8 ocasiones, lo cual es todo un record en tiempo de paz. No abordaremos en este trabajo el caso de John Kiriakou, el oficial de la CIA que reveló el arresto de Abu Zoubeida y las torturas a las que este fue sometido. Lejos de ser un héroe, Kiriakou es en realidad un agente provocador de la propia CIA cuya misión consiste en hacer creer a la opinión pública la leyenda de las supuestas confesiones arrancadas a Zoubeida, para justificar a posteriori la «lucha contra el terrorismo» [3].

Tampoco abordaremos el caso de Shamal Leibowitz, en la medida en que sus revelaciones nunca se dieron a conocer a la opinión pública. Nos quedan así 6 casos profundamente instructivos sobre el sistema militaro-policiaco estadounidense.

Stephen Jin-Woo Kim confirmó a Fox News que Corea del Norte estaba preparando un ensayo nuclear, a pesar de las amenazas de Estados Unidos contra Pyongyang, una confirmación que en nada perjudicaba a Estados Unidos, aparte de subrayar su incapacidad para imponer obediencia a Corea del Norte. Esa información ya había sido divulgada, en otro contexto, por el célebre periodista estadounidense Bob Woodward sin provocar ningún tipo de reacción.

Thomas Andrew Drake reveló a un miembro de la Comisión de la Cámara de Representantes encargada de los servicios de inteligencia el despilfarro del programa Trailblazer. O sea, se le reprochó haber informado a los parlamentarios encargados de vigilar a las agencias de inteligencia que la NSA (National Security Agency) estaba tirando secretamente por la ventana miles de millones de dólares. El objetivo del programa Trailblazer era buscar la manera de implantar virus informáticos en cualquier computadora o teléfono móvil. Algo que nunca prosperó.

En ese mismo campo, Edward Snowden, empleado de la firma jurídica Booz Allen Hamilton, hizo públicos diversos documentos de la NSA que demostran el espionaje estadounidense contra China… y también contra los invitados al G20 organizado en Reino Unido. Lo más importante es que demostró la envergadura del sistema militar de escuchas de las comunicaciones telefónicas y a través de Internet, escuchas a las que nadie escapa, ni siquiera el presidente de Estados Unidos. Ahora la clase política estadounidense describe a Snowden como «un traidor a eliminar», únicamente porque sus documentos impiden que la NSA pueda seguir negando ante el Congreso la realización de una serie de actividades de todos conocidas desde hace mucho tiempo.

Bradley Manning, un simple soldado, transmitió a Wikileaks los videos de dos crímenes cometidos por el ejército estadounidense, 500 000 informes de inteligencia de las bases militares estadounidenses en Irak y 250 000 cables sobre los datos de inteligencia recogidos por los diplomáticos estadounidenses durante sus conversaciones con políticos extranjeros. Nada de especialmente importante, pero se trata de una documentación que da al público una idea de los burdos chismes que recoge el Departamento de Estado y que sirven de base a la «diplomacia» de Estados Unidos.

Jeffrey Alexander Sterling es un empleado de la CIA que reveló al New York Times la «Operación Merlin». Pero más sorprendente resulta el caso del general James Cartwright, ex número 2 de las fuerzas armadas de Estados Unidos, ya que fue jefe adjunto del Estado Mayor Conjunto, y también consejero del presidente, tan cercano a este último que en Washington llegaron a llamarlo «el general de Obama». Ahora resulta que este militar de alto rango reveló el año pasado al New York Times la «Operación Juegos Olímpicos» y acaba de abrirse una investigación en su contra, según CNN.

Sterling y Cartwright no creen en el mito israelí sobre «la bomba atómica de los ayatolas». Así que trataron de contrarrestar los intentos israelíes de arrastrar Estados Unidos a la guerra contra Irán. La «Operación Merlin» consistía en hacer llegar a Irán información falsa sobre la fabricación de la bomba atómica. En realidad se trataba de una provocación para que Irán emprendiera un programa nuclear de carácter militar, lo cual justificaría a posteriori la acusación israelí [4]. En cuanto a la «Operación Juegos Olímpicos», esta consistía en introducir los virus informáticos Stuxnet y Flame en los ordenadores de la central iraní de Natanz para provocar problemas en el funcionamiento de esa instalación, específicamente en las centrifugas [5]. El objetivo era, por lo tanto, sabotear el programa nuclear civil iraní. Así que esas revelaciones no perjudicaron los intereses de Estados Unidos sino las ambiciones de Israel.

Una forma de resistencia

Cierta oposición de salón nos presenta a las personas encausadas bajo la Espionage Act como «denunciantes» (whistleblower), como si Estados Unidos fuese hoy una verdadera democracia en la que es posible denunciar ante la ciudadanía los pocos errores que hay que corregir.

Lo que en realidad nos demuestran estos ejemplos es que, en Estados Unidos, desde el simple soldado (Bradley Manning) hasta el número 2 de las fuerzas armadas (el general Cartwright), existen hombres que tratan de luchar como pueden contra un sistema dictatorial cuando se dan cuenta de que forman parte del mecanismo. Ante un sistema monstruoso, lo justo es catalogarlos entre los ejemplos más conocidos de una forma de resistencia, como el almirante Canaris o el conde Stauffenberg.

Notas:
         
[1] “There are citizens of the United States ... who have poured the poison of disloyalty into the very arteries of our national life; who have sought to bring the authority and good name of our Government into contempt ... to destroy our industries ... and to debase our politics to the uses of foreign intrigue... [W]e are without adequate federal laws... I am urging you to do nothing less than save the honor and self-respect of the nation. Such creatures of passion, disloyalty, and anarchy must be crushed out.”

[2] «La Segunda Guerra Mundial podía haber terminado en 1943», «Si no fuera por la toma de Berlín...» y «La Conferencia de Yalta ofrecía una oportunidad que no fue aprovechada», entrevista de Viktor Litovkine con Valentin Faline, Ria-Novosti/Red Voltaire, 30 de marzo, 1º y 12 de abril de 2005.

[3] «Abu Zubeida, el hombre que “delató a al-Qaeda”» y «La tortura que nos ocultan: Lee Hamilton, John Brennan y Abu Zubeida», por Kevin Ryan, Red Voltaire, 19 de enero y 2 de marzo de 2013.

[4] State of War: The Secret History of the CIA and the Bush Administration, por James Risen, Free Press, 2006.

[5] «Obama Order Sped Up Wave of Cyberattacks Against Iran» por David E. Sanger, The New York Times, 1º de junio de 2012. «Did America’s Cyber Attack on Iran Make Us More Vulnerable?» por Marc Ambinder, The Atlantic, 5 de junio de 2012. «The rewards (and risks) of cyber war»,por Steve Call, The New Yorker, 7 de junio de 2012. «U.S., Israel developed Flame computer virus to slow Iranian nuclear efforts, officials say», por Ellen Nakashima, Greg Miller y Julie Tate, The Washington Post, 19 de junio de 2012.

sábado, 6 de julio de 2013

EGIPTO: ¿HACIA UNA GUERRA CIVIL?

Carlos Tena
El Blog de Carlos Tena, 05/07/2013


En Febrero de 2013 se palpaba en Egipto la amenaza de una nueva intervención de las FFAA, muy parecida a la de 2011, cuando varios generales del ejército aceptaban la renuncia del hasta entonces presidente, el militar Hosni Mubarak, favorito para el régimen de Israel.

Mubarak depuesto, detenido y juzgado

Tel Aviv bendecía a un personaje que prometió mano dura contra los movimientos antisionistas de la región y que había mostrado el servilismo y obediencia debida, durante casi 30 años, a la Casa Blanca.

Aquellos uniformados son los mismos jefes militares que estos días deponen a Morsi y a su grupo principal de apoyo, la Hermandad Musulmana, mientras en la oposición se mezclan las alegrías de quienes fueron fieles a Mubarak, las dudas de los movimientos progresistas de izquierda, la incredulidad de los liberales y el escepticismo de una inmensa mayoría apolítica por definición, desideologizada y conservadora, en la que conviven las diferentes creencias religiosas, musulmanas y cristianas.

La historia del movimiento de la Hermandad 
Musulmana está repleta de sospechas.

Ya en la primavera de este año 2013 los sables resonaban en cuarteles y edificios castrenses, ante la desesperación de millones de ciudadanos/as decepcionados por unas elecciones repletas de anomalías, desinformación, violencia y represión.

La corresponsal de El País, Ana Carbajosa, mentía de forma tan infantil en sus crónicas, que algunos lectores creyeron que los comicios fueron libres.

La  singular reportera, cumpliendo las normas de la casa Prisa, eludía informar de lo importante: que en unas ¡¡ primeras elecciones “democráticas” !! la participación en la primera vuelta (23 y 24 de mayo de 2012) fue del 44% del electorado; que de 51.000.000 de posibles votantes, sólo ejercieron su derecho 24 millones. Es decir, más de 50% del electorado se negó a votar. Morsi obtuvo en la segunda vuelta poco más de 13 millones de votos, mientras Shafik quedaba en 12 millones 350 mil. Las denuncias por irregularidades y sospechas de pucherazo se mantuvieron durante semanas.

Tras las alharacas occidentales sobre el florecimiento y reinado de la primavera, el tira y afloja entre los dos campos sociales y políticos (religiosos, ¿por qué no?), oficial y opositor, tuvo como telón de fondo sombrío el aumento de la delincuencia,  empeoramiento de la economía y aumento del analfabetismo, mientras era notorio el nerviosismo de la cúpula militar.

Mohamed Badie, máximo líder de los 
Hermanos Musulmanes fue detenido.

La orden de arresto ejecutada contra los líderes de los Hermanos Musulmanes, más la brutal represión que el ejército ha ejercido hoy contra militantes del partido, que intentaron en vano el asalto a un cuartel, han generado otro escenario más tétrico aún: la posibilidad de una guerra civil.

Tal contingencia no fue siquiera apuntada por los/as analistas y expertos/as “primaverales”, más interesados en sembrar las redes con mensajes de alegría y jolgorio ante las primeras elecciones presidenciales que tenían lugar en el país, tras el derrocamiento de Mubarak.

Ninguno de ellos/as tuvo la inteligencia y perspicacia de prever lo que hoy sucede en la tierra de los faraones, cuando lo más lógico en un diseño como el elegido para la “democratización” de Egipto, hecho a medida de los paises de la UE y EE.UU., fabricado en los medios por editorialistas tan penosos como serviles al neoliberalismo, era saber que, tras aquel teatro electoral, el ruido de los sables haría ensordecer a los partidarios de Morsi.

Los diseñadores de la moda primaveral

No estamos en la Honduras de 2005, cuando la izquierda de Manuel Zelaya triunfaba tras más de cien años de dictaduras y regímenes asesinos, para ser derrocada violentamente en 2009 por ideólogos de la misma familia de los que crearon la pantomima primaveral.

No estamos en el Paraguay de Federico Franco, cuando Fernando Lugo fue derrocado mediante un golpe institucional ilegítimo e irregular en forma y fondo, por hermanos siameses de quienes sostienen las dictaduras de Arabia Saudita, Qatar, Emiratos Árabes, Kuwait, Marruecos, Jordania y otras monarquías de la región.

No estamos en Venezuela, donde un golpista confeso como Henrique Capriles fue el detonante de la muerte de siete ciudadanos, se autodenominó ganador de unas elecciones verificadas y legitimadas por cientos de observadores internacionales, que no tuvieron la menor duda en señalar a Maduro como ganador, mientras Obama o Rajoy se negaban a reconocer la legalidad de los resultados, violando todas las normas internacionales que deben velar por el respeto y la no injerencia.

El escenario es Egipto, tras una primavera sacada de la manga por astutos comunicadores e imperios mediáticos, para dar una pátina de credibilidad democrática a quienes sostuvieron a Franco, Videla, Pinochet, Stroessner o Ríos Montt y hoy matarían cien veces a Gadaffi, Ahmadineyad o Al Assad, mientras financian el terror en Siria, Pakistán y Afganistán y sostienen a emires, príncipes y sátrapas del más variado pelaje.

Mubarak fue derrocado después de tres decenios de régimen dictatorial, protegido y amparado por presidentes como Ronald Reagan, George Bush (padre), Bill Clinton, George W.Bush (hijo) y Barak Obama hasta 2011. Hoy, el criminal de guerra, el asesino de Ben Laden, evacúa la embajada de su país en El Cairo, temiendo el estallido de una guerra entre hermanos, sean o no musulmanes.

Morsi ha sido depuesto por los mismos generales que detuvieron al dictador. El Islam político ha sido la víctima de una estrategia urdida por la Casa Blanca y Bruselas, previa consulta a Netanyahu. Que nadie se llame a engaño ni se rasgue las vestiduras creyendo que ha caído un sistema legítimo, un estado de derecho.

Que de aquellos barros pestilentes de la primavera a lo Corte Inglés, vinieron estos lodos sangrientos.

viernes, 5 de julio de 2013

FRANCIA TAMBIÉN ESPÍA MASIVAMENTE A SU POBLACIÓN

Librered,  05/04/2013



La Dirección General de Seguridad Exterior de Francia (DGSE) ha estado ilegalmente espiando a sus ciudadanos, tanto en Francia como en el extranjero según ha revelado, este jueves, el diario francés, Le Monde.

De acuerdo con este diario galo, la DGSE espía las llamadas telefónicas, los correos electrónicos, los SMS, los fax y recolecta datos privados de los principales servidores del Internet como Google, Facebook, Yahoo, Apple o Microsoft, entre otros.

“Los correos electrónicos, mensajes de texto, registros telefónicos, el acceso a Facebook y Twitter se almacenan durante años” añade.

Según este diario, la DGSE interceptaba todas las señales de los ordenadores y los teléfonos dentro de Francia y entre este país y otras naciones, para crear un mapa de “quién está hablando con quién”.

Asimismo, agrega, que este centro cuenta con una mega procesadora capaz de calcular a decenas de millones de informaciones en pocos segundos.

Con fecha anterior fue desvelado el centro de escuchas de la inteligencia británica (GCHQ, por sus siglas en inglés) ha tenido acceso, secretamente, a la red de cables que transportan llamadas telefónicas y el tráfico del Internet, y ha compartido los datos con su socio estadounidense.

Cabe recordar que el extécnico de inteligencia de EEUU, Edward Snowden, filtró el 6 de junio una serie de documentos que sacaron a la luz un programa electrónico de vigilancia de la Casa Blanca, conocido como PRISM, y que permite a la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU (NSA, por sus siglas en inglés) acceder a conversaciones privadas mantenidas en Facebook, Google, Skype y otros servicios online.

Hispan TV

jueves, 4 de julio de 2013

LOS LAZOS ENTRE EL EJÉRCITO EGIPCIO Y EE.UU.: ¿"MATAN" LAS ESPERANZAS DE CAMBIO?

RT, 04/07/2013


Tras el derrocamiento del presidente Morsi y la suspensión de la Constitución, el analista Alfredo Embid, cree que la hoja de ruta de los militares es poco "esperanzadora" debido a sus lazos con EE.UU.

"La hoja de ruta militar no es muy esperanzadora, puesto que el Ejército egipcio está directamente ligado al Ejército de EE.UU. No olvidemos que el Ejército egipcio es el segundo país que recibe más ayuda de EE.UU. después de Israel, participa en las maniobras con EE.UU. Sus jefes tienen una estrecha relación con los norteamericanos, con la CIA y con sus proyectos de remodelación de Oriente Medio", opina Alfredo Embid.

Refiriéndose a los acontecimientos de 2011, cuando fue derrocado Hosni Mubarak, el analista afirma que los Hermanos Musulmanes "secuestraron" la revolución protagonizada por el pueblo egipcio. 

"La primera revolución en 2011, que fue secuestrada por los Hermanos Musulmanes, que en ningún momento estuvieron a la cabeza de esta rebelión, sino negociando con Mubarak que los toleraba y que, de hecho, les había dado en algunos momentos incluso representación parlamentaria. El pueblo egipcio ha sido engañado por los Hermanos Musulmanes, aliados de Occidente y especialmente de EE.UU.”, comenta Embid a RT. 

Comparando la actual situación en Egipto con Túnez, el analista opina que "Tunez y Egipto son dos ejemplos paralelos, donde ha accedido al poder elementos de la Hermandad Musulmana que no estuvieron en la revuelta" y que "se sumaron al final de forma oportunista apoyados por los EE.UU.” 

"Hoy en día la estrategia del 'divide y vencerás' sigue siendo cierta, pero hay que sustituir 'vencerás' por 'no necesariamente vencer, sino tener licencia para robar los recursos', evidentemente", concluye el analista.

miércoles, 3 de julio de 2013

LA TROIKA EXIGE A GRECIA UN SALARIO MÍNIMO DE 350 EUROS Y CUESTIONA EL DERECHO A LA HUELGA

Librered, 03/07/2013



En Grecia, pocos días después de la remodelación del gobierno de coalición, los representantes de la llamada Troika piden a los ministros que sigan adelante con la reducción del salario mínimo y con el  abaratamiento en los despidos.

Los representantes de la Troika, conformada por el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Comisión Europea (CE) y el Banco Central Europeo (BCE), han vuelto a Atenas, capital griega, para presionar en la imposición de  nuevas medidas neoliberales en el país. En su encuentro con el ministro de Finanzas griego, la delegación le ha pedido que el salario mínimo sea reducido de los 586 a los 350 euros.

El proyecto de la Troika es crear los llamados “mini trabajos”, es decir trabajos con salario de 350 euros sin seguros sociales ni derechos laborales, con el pretexto de que solo así el país conseguirá ser “competitivo”. Además, se prevé que los patronos puedan despedir más fácilmente a un trabajador sin pagarle ninguna indemnización o con una indemnización mínima.

Movimientos sociales, partidos de izquierda y sindicatos sostienen que las exigencias de la Troika van a crear en Grecia un medievo laboral, en un momento en que el desempleo alcanza el 30 por ciento.

Otra de las polémicas exigencias de la delegación es la aprobación de una ley contra las huelgas, que autorizará a los empresarios a privar de sus derechos laborales a aquellos trabajadores que realicen paros.

Hispan TV

martes, 2 de julio de 2013

EL PUEBLO EGIPCIO GANA LAS CALLES Y DEBILITA CADA VEZ MÁS AL GOBIERNO DE MURSI

Librered, 2/07/ 2013

En medio de masivas movilizaciones en las calles que exigen la dimisión del Presidente egipcio, cinco ministros del Gobierno renunciaron este lunes, hecho que debilitó aún más al Ejecutivo de Mohamed Mursi.


Según la agencia de noticias Mena, las dimisiones de los ministros de Turismo, Medio Ambiente, Comunicaciones, Servicios Públicos y Asuntos Parlamentarios se produjeron “en solidaridad con los manifestantes contrarios al Presidente”.

A la ola de renuncias, que incluye al gobernador de Ismailiya, Hassan el Hawi (uno de los 16 gobernadores designados a hace apenas tres semanas por Mursi), se sumó poco después la del exjefe del Estado Mayor Sami Anan, quien dimitió como consejero del presidente, según informó EFE citando fuentes militares.

Paralelamente, miles de manifestantes se siguen concentrados en plaza Tahrir de El Cairo, en el segundo día consecutivo de protestas organizadas por el movimiento de los Rebeldes para exigir la renuncia de Mursi.

Intervención del Ejército

El jefe del ejército egipcio, Abdelfatá al Sisi, ha dado un ultimátum de 48 horas a las fuerzas políticas para que solucionen y satisfagan las exigencias del pueblo -entre ellas la dimisión del Presidente-. En caso contrario, anunciarán una serie de medidas de intervención para salir del estancamiento.

El líder militar advirtió en el texto, transmitido por la televisión estatal y reproducido parcialmente por la agencia Europa Press, que las Fuerzas Armadas “no tolerarán ni perdonarán a ningún actor que evite cumplir con sus responsabilidades”.

“La seguridad nacional está en grave riesgo a causa de los acontecimientos que están teniendo lugar en el país y es el Ejército el que, en base a sus responsabilidades, hará frente a la situación para evitar estos riesgos”, subrayó Sisi.

Luego, recalcó que, en caso de que las demandas de la población no se vean satisfechas en el período indicado, será tarea del Ejército anunciar una “hoja de ruta” para el futuro, en la que participarán todas las facciones políticas del país, incluyendo la juventud egipcia.