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lunes, 12 de enero de 2026

LA GENERACIÓN Z EN LA GUERRA HÍBRIDA DE LAS ÉLITES GLOBALES

Tommaso della Macchina

Introducción

Al igual que ya hicieran hace unos pocos años las élites globales anglosionistas con el feminismo, sobre todo a través del movimiento #metoo, dichas elites están usando en la actualidad a las generaciones más jóvenes, en especial la generación Z, para liderar una nueva remesa de revoluciones de color de signo reaccionario. Como en el caso del feminismo made in USA, se trata de buscar sectores desfavorecidos por el propio sistema económico y social promovido por las élites, para lanzarlos contra el conjunto general de la sociedad. De este modo, se obstaculiza el crecimiento de organizaciones basadas en la lucha de clases, que es lo que las élites quieren evitar a toda costa, pues es la única estrategia que podría atentar contra sus privilegios.

La precuela de la toma de las plazas (de Tiananmen al Euromaidán)

El precedente de las revoluciones de color modernas hay que buscarlo a finales de la década de los 80 del siglo pasado. En aquellos años previos a la implosión de la Unión Soviética, las élites del poder global occidental se dedicaron a subvertir el bloque socialista usando a las clases medias creadas por dichos sistemas políticos. Las clases medias, que por definición vienen de las clases trabajadoras, al ascender socialmente se olvidaron de la ideología revolucionaria y la lucha de clases, y fueron seducidas por la propaganda pro occidental a través de la guerra cultural por medio del cine, la TV, las modas, etc. Dichas clases acomodadas de esos países quisieron tener más dinero aún y asemejarse a esas clases medias opulentas de las series televisivas norteamericanas, aunque sea una imagen de EEUU falsa, que encubre la miseria, el racismo y la violencia inherentes al sistema norteamericano. Y ese fue el trasfondo social del que surgió la fatídica Perestroika que acabó con la URSS.

Uno de los primeros hitos en esta la labor de zapa de los poderes globales occidentales fue la instrumentalización de la protesta estudiantil en la Plaza de Tiananmen en Beijing (China) en 1989 para provocar un cambio de régimen. Según el periodista australiano Gregory Clark [1], los servicios secretos occidentales aprovecharon una protesta de jóvenes estudiantes, algo que también ocurre frecuentemente en el civilizado occidente, para desatar una violenta campaña de sabotajes, atentados y cruentos asesinatos que acabaron con cadáveres calcinados de policías y militares chinos colgados de puentes y viaductos. Estaba claro que esa violencia nada tenía que ver con la protesta estudiantil. Paralelamente, los medios occidentales se dedicaron a expandir relatos de atrocidades de la policía china contra los estudiantes hasta el punto de hablar de cientos, incluso miles, de estudiantes muertos. Sin embargo, no se mostraron imágenes de esas masacres y la fotografía que quedó en la retina del público fue la de un tanque que rodeaba a un civil para no atropellarlo cuando este le cortaba el paso. Esta era la demostración de la “Masacre de Tiananmen”, un tanque que esquiva a un peatón. Asimismo, hay un artículo del Telegraph británico de 2011 [2] que muestra el contenido (filtrado por Wikileaks) de cables de la embajada americana donde se niega el famoso derramamiento de sangre del que la prensa occidental nos habló. El cambio de régimen no ocurrió en China, sin embargo, pero sí ocurrió en la URSS, que fue liquidada por buena parte de sus aburguesadas élites, que traicionaron el socialismo, comenzando en Rusia una de las épocas más aciagas y oscuras de su historia, con pobreza, frío y guerra, en vez del paraíso democrático en que nos dijeron nuestros medios que se iba a convertir el espacio post soviético.

Imagen icónica de lo ocurrido en la Plaza de Tinanmen

Poco después, en los años 90, la estrategia se fue perfeccionando. La clave era disfrazar de justa protesta ciudadana un cambio reaccionario. Uno de los primeros intentos de pastorear a las masas de gente joven en España fueron las acampadas del movimiento por la concesión del 0,7 % del PIB a ayuda al Tercer Mundo. Fue entonces cuando se empezaron a tomar espacios públicos en nuestro país como nuevo tipo de protesta. La ayuda a los países pobres, a priori, parece una medida muy loable y solidaria, pero tenía la contraparte de que la juventud de entonces, que ya vivía unas condiciones de trabajo y vivienda muy precarias, era desviada de la lucha por mejorar su subsistencia y se dedicaba a apoyar a esas ONGs, la mayoría de la Iglesia Católica, que recibía fondos públicos por mantener a los países pobres en la órbita neocolonial del occidente cristiano.

Lo que hubo detrás de Tiananmen y nunca nos mostraron.

Pero el auge de la toma de las plazas públicas en esta estrategia de las élites de poder tuvo lugar durante las llamadas Primaveras Árabes en 2011. Así, en Egipto las protestas de las trabajadoras (pues eran la mayoría mujeres) de la industria textil en la plaza Tahrir fueron cooptadas por los Hermanos Musulmanes, quienes usaron una estrategia oclocrática para llegar al poder en ese país. Como consecuencia de estas pseudo revoluciones, los dos gobiernos más progresistas del mundo islámico (Libia y Siria, dos repúblicas laicas) desaparecieron e Israel recrudeció su limpieza étnica contra el pueblo palestino y prosiguió su expansión territorial según su proyecto del Gran Israel.

Entretanto, en España, como imitación de las primaveras árabes, estallan las protestas del 15 de mayo de 2011. Pronto, se va a llamar a ocupar las plazas públicas para protestar contra los problemas sociales derivados de la crisis económica de 2008. Aun siendo muy justas buena parte de las reivindicaciones, el 15 M fue una gran operación de pastoreo de la gente joven, los más afectados por la crisis, para reconducir a los desafectos al redil del sistema a través de propuestas pseudo revolucionarias, como Podemos, que acabaron apuntalando a un PSOE que, en 2011, parecía herido de muerte. Además, las reivindicaciones que cuestionaban el capitalismo se convirtieron de la noche a la mañana en otras totalmente inocuas, que coincidían exactamente con la política woke del Partido Demócrata de los EEUU, precisamente el artífice de las revoluciones de color, de la Primavera Árabe y del Maidán ucraniano. Es irónico que alguno de los líderes de esta izquierda woke, que se dedicó a dar pábulo al movimiento #metoo y a fomentar la discriminación positiva en favor de la mujer, acabaran siendo acusados de acoso e incluso agresión sexual.

El siguiente episodio fue el de mayor y más grave repercusión porque de él deriva el sangriento conflicto ucraniano. Ucrania, que ya había sufrido la injerencia de EE.UU. y la UE en 2005 con la Revolución Naranja, en 2014 sufre otro embate del imperialismo occidental con el llamado movimiento del Euromaidán. Así, durante el invierno de 2014, la Maidán Nezalézhnosti (Plaza de la Independencia) de Kiev se llenó de gente que acampaba para protestar contra el gobierno de turno. El germen fue un puñado de campesinos del noroeste del país (la parte que históricamente más colaboró con la invasión nazi), quienes, una vez recogidas las cosechas recibieron dinero de las fuerzas injerencistas para ir a Kiev y tomar su “maidán”, su plaza central. En muchos casos, eran personas que no habían estado nunca en la ciudad. Sin embargo, pronto se le unieron muchos jóvenes con banderas de la UE, para intentar derrocar con las protestas al presidente legítimo Yanukovic, originario del Donbass, la zona rusófona de Ucrania. Este no había consentido cortar lazos con Rusia por lo que la UE le consideraba un aliado del Kremlin. Finalmente, el caos lo sembraron una serie de misteriosos francotiradores puestos allí por los servicios secretos occidentales que empezaron a disparar a la multitud [2]. La “policía de Yanukovic” fue culpada por ello y hordas de neonazis ucranianos tomaron las calles, lo que acabó en un golpe de estado disfrazado por los medios de comunicación occidentales de “revolución popular”. Sin embargo, cuando la izquierda ucraniana intentó hacer lo mismo, acampando el 1 de mayo de ese mismo año frente al edificio de los sindicatos de Odesa, grupos de neonazis acudieron allí el día siguiente para agredir a los concentrados y perseguirlos hasta el edificio de los sindicatos que fue, finalmente, incendiado. 50 personas murieron quemadas vivas. Según nuestra prensa, fueron “choques” entre grupos extremistas rivales. De hecho, en Wikipedia esta matanza aparece bajo la denominación “enfrentamientos en Odesa en mayo de 2014” y no se cataloga de "matanza" [3]. Posteriormente, empezó un proceso de limpieza étnica en las zonas de habla rusa de Ucrania, especialmente en Donbass, donde la gente se organizó para resistir en lo que se llamó la Primavera Rusa (algo que no suscitó el interés de nuestros medios como lo hizo la Primavera Árabe). Todo esto degeneró en una guerra civil en la que la población del Donbass fue bombardeada sistemáticamente por el gobierno golpista que salió del Maidán, en un esquema que seguía el de Israel en Gaza: te bombardeo hasta que te marches y entonces te robo el territorio. Pero eso nunca ocurrió porque Rusia, tras intentar inútilmente buscar la paz durante 8 años (acuerdos de Minsk I y II), decidió intervenir militarmente en Ucrania. Y de ahí viene el actual conflicto, que puede degenerar en una guerra mundial entre superpotencias nucleares.

Participantes en el Euromaidán exhibiendo simbología nazi

Algo parecido al Maidán ucraniano ocurrió entre 2017 y 2018 en Venezuela. En esos años la oligarquía venezolana opositora al gobierno chavista reclutó a jóvenes del lumpen de las grandes ciudades para sembrar el caos en las calles con las “guarimbas”. Las “guarimbas” eran bloqueos de carreteras o avenidas de grandes ciudades donde se colocaban muchas veces hilos metálicos invisibles para decapitar a los policías motorizados. Otras veces, quienes intentaban atravesar las guarimbas recibían un disparo de un francotirador apostado en un apartamento de las zonas acomodadas de Caracas u otras ciudades. El fin último era provocar una reacción violenta del gobierno de Maduro que justificara un golpe de estado, una intervención de EEUU o simplemente más sanciones de Washington y sus lacayos. Curiosamente, en las manifestaciones anti Maduro de esa época, muchos de los participantes mostraban material para luchar contra la policía con símbolos nazis ucranianos, eslóganes en cirílico y el logotipo del puño de “Otpor” (“resistencia” en serbio) que se popularizó durante la primera revolución de color en Serbia en 2000, que dio el tiro de gracia a lo que quedaba de la Yugoslavia socialista. Está claro que las élites injerencistas se dedicaban a reciclar el material que usaban en sus revoluciones de colores. Por último, también habría que recordar que Juan Guaidó se autoproclamó presidente de Venezuela precisamente en una plaza pública. 

El símbolo del puño (nótese que siempre es el derecho)
en las distintas revoluciones de color


El proyecto piloto de Greta Thunberg y los Fridays for Future: la nueva Cruzada de los Niños

Bajo el caballo de Troya del ecologismo apocalíptico y la lucha contra el cambio climático, esa que encubre el afán del occidente colectivo de minar el desarrollo económico del Sur Global, las élites anglosionistas usaron, a partir de 2018, a menores de edad. Así, bajo el liderazgo de Greta Thunberg, una adolescente vegana estricta y en tratamiento psiquiátrico, el movimiento Fridays for Future (“Viernes por el futuro”) fomentó el absentismo escolar los viernes, supuestamente por el bien del planeta. Está claro que con semejante reclamo (tomarse un día de la semana libre) el movimiento tuvo mucho éxito entre los escolares. Los rebaños de escolares invadiendo las calles y voceando en favor la Madre Tierra fue comparado por algunos con el cuento del flautista de Hamelin, siendo el flautista, en este caso, las élites financieras occidentales que estaban detrás de las ONGs que movían a los menores, empezando por la propia Greta Thunberg. Sin embargo, algunos fueron más allá y lo compararon con la Cruzada de los Niños de 1212 [4]. En aquella época los sueños proféticos de dos niños (uno francés y otro alemán) desembocaron en la creación de una milicia infantil de toda la cristiandad que intentó llegar a Tierra Santa para convertir a los niños musulmanes. Entonces no había Prozac como ahora, pero sí religión. La cruzada, que llegó a contar con 30.000 niños, fue un fracaso pues muchos de ellos desertaron por hambre (de hecho, se dedicaban a robar comida allí por donde pasaban, con el consiguiente desorden público) o murieron de enfermedades. Por último, una minoría llegó a las costas del sur de Francia donde rezaron en la playa durante días para que el mar se abriera. Y como nada de eso ocurrió acabaron siendo pasto de mercaderes navieros que los vendieron como esclavos en los principales puertos del Mediterráneo.

Escolares alemanes participando en el Friday for Future

Aquí como en la Cruzada de los Niños lo llamativo es esa obsesión por parte de las élites de poder de usar a menores de edad. No hay que ser muy perspicaz para adivinar por qué: los niños no tienen la capacidad de raciocinio de un adulto y pueden ser manipulados para que defiendan una causa de manera acrítica y fanática. Los menores se convierten así en un ejército fiel de las élites.

La Cruzada de los Niños vista por Gustave Doré

La Generación Z: en busca de un sujeto revolucionario sin influencias izquierdistas

La Generación Z es a la que pertenecen los individuos nacidos entre mediados de los noventa y 2010, es decir, grosso modo, los veinteañeros de hoy. Dicha generación tiene un interés especial para las élites de poder. En primer lugar, nacieron en una época en que ya no existía la URSS ni su influencia. Además, en España, la Guerra Civil y la Dictadura Franquista quedaban muy lejos y la sociedad ya estaba desmovilizada y desideologizada. Por otra parte, las únicas revoluciones que han visto estos jóvenes no han sido la cubana o la sandinista, sino las revoluciones de colores montadas por la CIA, unas revoluciones de derecha dirigidas por el neoliberalismo globalista con amplia participación de grupos fascistas y alguna colaboración marginal de tontos útiles anarcotrotskistas. Estamos ante la primera generación libre del influjo de ideologías subversivas. Y esto lo sabe y lo aprovecha la élite para, por una parte, impulsar sus pseudo revoluciones, y por otra, para producir una fractura en el cuerpo social.

Este segundo aspecto es muy inquietante. Igual que las élites globalistas se infiltraron en el feminismo, tradicionalmente ligado a la izquierda, y crearon un movimiento fanatizado que buscaba criminalizar al hombre por el mero hecho de serlo y promover una guerra de sexos, ahora se busca enfrentar a jóvenes contra viejos para evitar la unidad del pueblo llano en organizaciones de clase, como lo eran los sindicatos y partidos de izquierda tradicionales. Se trata de “empoderar” (como diría el wokismo) a ciertos sectores desfavorecidos para lanzarlos contra el resto de la masa desposeída. Lo hicieron con las mujeres y los sectores LGTB, tradicionalmente discriminados por las sociedades conservadoras, y ahora lo hacen con una juventud que a pesar de su mucha cualificación trabaja en puestos precarios por sueldos de miseria, apenas tiene acceso a una vivienda digna y mucho menos puede formar una familia, algo que es ley de vida para el ser humano. Por último, saben que no van a tener la pensión de la que disfrutan sus padres [5]. Es una generación desideologizada y precarizada, es decir, una bomba atómica en manos de las élites.

Jóvenes opositores venezolanos quemando vivo a una persona en una guarimba

Un ejemplo de la capacidad destructiva de esta nueva arma de las élites saltó a la palestra hace poco más de dos años. Así en abril 2023 un joven colaborador de Yolanda Díaz, Ministra de Trabajo, y lideresa de Sumar, de nombre Helio Roque y 20 años de edad, tuvo que borrar de twitter varios mensajes injuriosos y discriminatorios contra las personas de edad avanzada a las que culpaba de la precariedad de la juventud. Siempre es más fácil culpar de tus desgracias a quien tienes el lado que a quien tienes arriba. Es lo que hace mucha gente con los inmigrantes pobres.

La responsabilidad de la izquierda amaestrada

Pero la desideologización de la generación Z no se entiende, por una parte, sin el entreguismo de la izquierda tradicional y su degeneración en izquierda woke y, por otra, por el aburguesamiento de las generaciones más veteranas. En efecto, que una masa de gente joven explotada laboralmente y sin apenas acceso a aspectos tan básicos como la vivienda acuda con sus problemas a la izquierda posmoderna y que esta le hable de las tortugas marinas o del género no binario ha llevado a que esta generación se aleje de este atajo de progres de clase media y que asocie a la izquierda con la oficialidad y el establishment. Por tanto, estos jóvenes van a acabar simpatizando con la derecha, para ellos sinónimo de rebeldía frente al aburguesamiento del wokismo y, en especial, con sectores populistas de esta derecha porque estos sí les van a hablar de trabajo, vivienda, alza de precios, etc. El problema es que esta derecha populista le va a decir que los responsables de sus problemas son los inmigrantes pobres. Y a eso se le suele llamar fascismo.

No obstante, las generaciones precedentes, especialmente los que en su juventud fueron combativos, son muy culpables de esta situación. Despreciar a los jóvenes precarizados que opinan por desconocimiento que Franco era “un rebelde” y “un antisistema” y llamarles “fascistas” no tiene sentido. No lo tiene porque estos jóvenes deberían saber que Franco era un dictador sanguinario, que el fascismo tiene una naturaleza esencialmente asesina y que fue la URSS quien lo venció, pero resulta que sus padres nunca se lo dijeron. Y además es contraproducente porque los jóvenes tienden a chocar frontalmente con la generación de sus padres y tildarlos de fascistas va a hacer que simpaticen más con el fascismo. Si la izquierda tradicional no hubiera renunciado a la lucha de clases y hubiera educado en ella a las generaciones más jóvenes ahora no tendríamos este problema. 

Violencia sin sentido y sin fronteras

En los últimos años hemos oído hablar en los medios de comunicación de la generación Z vinculada a protestas violentas. Y siempre con valoraciones elogiosas por parte de los mass media. Ello debería despertar las suspicacias de los consumidores de noticias con un mínimo de sentido crítico puesto que los medios siempre satanizan a aquellos que atentan contra el orden establecido. Nos han dicho que son jóvenes que protestan por la censura en internet, por la corrupción de los políticos, por la falta de democracia, etc. pero en muchos sitios lo que vemos son elementos armados que han disparado contra la policía, han puesto bombas y han quemado edificios con gente dentro. Lo hemos visto últimamente en Nepal, en Georgia, en México y lo que hemos visto enIrán, donde los manifestantes han hecho sus “reivindicaciones” por la noche (¿qué sentido tiene hacerlo cuando la gente duerme?) y han ido directamente a atacar a la policía y a quemar edificios históricos. Y en todos esos lugares los mismos logos y consignas, curiosamente, en inglés. Esto no es una protesta juvenil al uso. Es el mismo esquema oclocrático que ya vimos en Pekín, en Belgrado o en Kiev usado en su guerra híbrida por las élites del poder global anglosionistas.

Resultado de las "democráticas" y "pacíficas" protestas en Irán

Referencias:

[1] https://vorticeinmediaista.blogspot.com/search/label/Matanza%20de%20Tiananmen

[2] Esto no es conspiranoia sino que está recogido en el documental de Oliver Stone “Ucrania en llamas.”

[3] https://www.telegraph.co.uk/news/worldnews/wikileaks/8555142/Wikileaks-no-bloodshed-inside-Tiananmen-Square-cables-claim.html

[3] https://es.wikipedia.org/wiki/Enfrentamientos_en_Odesa_de_mayo_de_2014

[4] https://historia.nationalgeographic.com.es/a/tragica-cruzada-ninos-inocentes-edad-media_16012

[5] De hecho, una joven escritora de la generación Z, Analía Plaza, ha escrito un libro contra las pensiones de la que gozan los jubilados de este país titulado “La vida cañón: la historia de España a través de los boomers”. Seguramente las élites neoliberales estarán encantadas con el libro.

viernes, 7 de febrero de 2025

OPEN ARMS: LA TRAMPA HUMANITARIA

Oriol Sabata | 7/02/2025

Nueva Revolución

En los círculos progres todo son elogios para Open Arms y su fundador, Òscar Camps. Y es que, ¿quién podría oponerse a una labor tan encomiable como la de salvar vidas en el mar?

La ONG ha recibido varios premios y distinciones como la Creu de Sant Jordi, concedida en 2018 por la Generalitat de Catalunya, el Premio Ciudadano Europeo en 2016, otorgado por el Parlamento Europeo, o el Premio UNICEF en 2017. Además, cuenta con un amplio apoyo mediático que le ofrece gran visibilidad y buena reputación tanto a nivel nacional como internacional. Es una organización que ‘está de moda’. Por las calles de Barcelona he visto a personas vistiendo con orgullo la camiseta de Open Arms.

Sin embargo, detrás de esta historia humanitaria de salvación que tanto gusta a la opinión pública occidental no todo es tan magnífico como parece. Una parte importante de los inmigrantes que Open Arms salva en el mar Mediterráneo llegan a través de pateras fletadas por mafias. La actividad que lleva a cabo la ONG retroalimenta a estas organizaciones criminales, que se lucran mediante el tráfico de personas a través de estas rutas marítimas.

Mientras haya demanda y estas bandas puedan seguir haciendo negocio, continuarán poniendo en riesgo las vidas de miles de inmigrantes en las aguas del Mediterráneo. Es un bucle en el que la actividad de Open Arms termina fomentando el tráfico de personas y facilitando la tarea de los traficantes.

Un informe de Frontex (Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas) señala precisamente que los traficantes, conocedores de la presencia de barcos humanitarios en aguas internacionales, cada vez hacen rutas con embarcaciones más sobresaturadas de personas, con materiales de peor calidad y con menos combustible, teniendo en cuenta que los trayectos son más cortos. De esta manera, mientras las mafias abaratan los costes e incrementan sus ganancias, las rutas son más peligrosas para los inmigrantes.

Pero probablemente esta cuestión no le importe demasiado a Open Arms, que busca mantener por encima de todo su actividad. La ONG se ha convertido en un negocio. Si revisamos sus últimas cuentas publicadas en 2023, comprobamos que a través de la Fundación PROA, Open Arms dispone de un patrimonio neto que supera los 3’5 millones de euros (3.684.223 euros).

En una entrevista para Público, Òscar Camps afirmaba que mover el tipo de barcos que usa su ONG ‘cuesta 7.500 euros al día’. Solo con ese dato ya podemos hacernos una idea de las ingentes cantidades de dinero que maneja la ONG. Y es que Òscar Camps, a pesar de su fachada humanitaria, es, ante todo, un empresario. Los trabajadores de su empresa de socorrismo Pro-Activa Serveis Aquàtics SL lo saben bien. Lo denunciaron por vulnerar sus derechos laborales, acusándolo incluso de persecución sindical.

La plantilla llegó a secundar una huelga en el año 2016. En una entrevista para el programa La Zurda realizada en 2019, se recoge el testimonio de los socorristas, donde alertan sobre la explotación laboral y las precarias condiciones en las que trabajaban en el sector (horas extra que no eran remuneradas como tal, incumplimiento de la legislación de prevención de riesgos laborales, etc). Y no solo hubo problemas en Barcelona. En Menorca la empresa de Camps fue condenada en el año 2015 por el Tribunal Superior de Justicia de Baleares (TSJB) por cinco despidos improcedentes. Los trabajadores denunciaron jornadas de hasta 56 horas en vez de 40.

Hace falta un cambio de rumbo

Open Arms no es la solución. Es hora de abordar la cuestión de la inmigración con seriedad. Y esta respuesta debe venir del Estado, no de ONGs que responden a intereses personalistas y de lucro. Los gobiernos tienen una responsabilidad en este ámbito y no pueden seguir delegándola en organizaciones supuestamente humanitarias que lo único que hacen es retroalimentar la problemática. Por eso hay que implementar un nuevo modelo que permita controlar y planificar la inmigración, de manera que se cree un censo de la población real que se encuentra residiendo en el país. Hay que planificar la inmigración y los recursos necesarios que se necesitarán para garantizar la integración de estas personas en la sociedad que las acoge. Todo lo demás es demagogia barata y discurso sensacionalista. Si queremos acabar con las muertes en el mar, si queremos terminar con los guetos por falta de integración, si queremos garantizar unas condiciones materiales dignas para la clase trabajadora autóctona e inmigrante, hay que apostar por esa vía sin complejos.

martes, 4 de febrero de 2025

"ÓPERAS TRANS", PRESERVATIVOS A GAZA Y ACTIVISMO LGTB+: DE QUÉ TRATA EL GASTO DE USAID QUE TRUMP BLOQUEÓ

Perfil, 03/02/2025

[Lo que algunos ya sospechábamos: la repentina explosión de indentitarismo LGTB, feminista, etc. estaba financiado por la CIA. Luego dirá Anita Pastor y la Sexta que son "bulos de la extrema derecha". Y por cierto, los preservativos enviados a Gaza es para que no nazcan más palestinos. Eso se llama genocidio.]



De la mano de Elon Musk, el presidente estadounidense suspendió el programa de asistencia humanitaria. Con un presupuesto de 30 mil millones, dependerá del Departamento de Estado a cargo de Marco Rubio.

Donald Trump implementó su propio modelo de motosierra al gasto federal desde su regreso a la Casa Blanca. Siguiendo su marco ideológico "anti progresista" y aislacionista, el flamante presidente republicano puso en la mira a la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, en inglés), bloqueando financiamiento a programas que, según su administración, no representan los intereses de los estadounidenses.

Entre las iniciativas humanitarias afectadas se encuentran proyectos vinculados a la comunidad LGTB+, incluido el financiamiento de activistas en Serbia, de una ópera trans en Colombia o el envío de preservativos a la Franja de Gaza y Afganistán; pero también aquellos que fomentan el arte y la asistencia humanitaria en zonas de conflicto.

Las cifras de USAID, el programa de asistencia humanitaria bloqueado por Trump

Con un presupuesto de 30 mil millones de dólares para 2025, USAID se convirtió en la entidad con rango ministerial de mayor presupuesto para ayuda humanitaria a nivel mundial. El cierre de la agencia, fogoneado y anticipado por Elon Musk hace dos días, refleja el renovado impulso de Trump por reducir el tamaño del Estado y la presencia internacional del país norteamericano. El magnate republicano, por su lado, declaró este lunes que "como concepto, USAID es bueno, pero está llena de lunáticos radicales".

Uno de los primeros programas congelados por la nueva administración republicana es el financiamiento a una 'ópera trans' en Colombia por 25 mil dólares. La iniciativa, impulsada bajo la gestión de Joe Biden, buscaba promover la inclusión en el ámbito cultural y aumentar la "representación transgénero" en las artes a través de una producción operística con artistas transgénero.

"Por lo tanto, 47.000 dólares por una ópera transgénero en Colombia. Fue una grande", reveló el presidente de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, Brian Mast, en diálogo con DailyMail, uno de los medios que accedieron a los gastos de USAID. Según documentos federales citados por el medio británico, el gobierno de Biden también habría financiado un cómic trans en Perú, que habría recibido 32.000 dólares bajo el mandato del exsecretario de Estado Antony Blinken.

El giro en la política de USAID también impactó en la asistencia humanitaria, con la suspensión del envío de preservativos y material educativo sobre salud sexual a la Franja de Gaza. Anteriormente, USAID había respaldado estas iniciativas como parte de una estrategia de prevención de enfermedades de transmisión sexual en contextos de crisis humanitaria.

Otro de los sectores más golpeados por las nuevas restricciones es el de los activistas LGTB+ en países donde sus derechos están en riesgo, como Serbia. Bajo la administración Biden, USAID había destinado recursos para apoyar organizaciones que defienden a estas comunidades, pero la nueva administración considera que estos fondos deben redirigirse.

El cierre de USAID, un "nido de víboras marxistas" según Musk

La decisión de Trump de reducir el alcance de USAID se enmarca en su política de achicamiento del Estado, una visión que comparte con el magnate Elon Musk, su flamante funcionario encargado del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE, en inglés). Musk, uno de los portavoces de la ideología conservadora que sostiene el presidente en su segundo mandato, manifestó en reiteradas ocasiones su oposición a los subsidios gubernamentales y programas del estilo de USAID.

En declaraciones en X, Musk dijo que la agencia, donde trabajan cerca de 10.000 estadounidenses, es "un cesto lleno de gusanos, sin ninguna manzana"; mientras que en otra oportunidad la calificó de "un nido de víboras marxistas de la izquierda radical". Previamente, el gobierno de Trump había afirmado que los programas que la ayuda humanitaria que proporcionaban "no se correspondían" con los intereses estadounidenses.

Pero el cierre temporal, dispuesto este lunes 3 de febrero, implicó el traspaso de la dependencia al Departamento d Estado. El director interino y jefe de la diplomacia de Trump, Marco Rubio, subrayó que la agencia de cooperación #no es una ONG independiente" y tiene que actuar según los intereses del Gobierno estadounidense.

Con la reestructuración de USAID en marcha, la incertidumbre sobre el futuro de los programas internacionales de cooperación crece. La agencia, que históricamente operó con cierto grado de autonomía, enfrenta ahora una transformación que podría redefinir el rol de Estados Unidos en la asistencia global.

lunes, 25 de diciembre de 2023

LAS ONG COLONIZAN LOS DESPOJOS DE LA ANTIGUA YUGOSLAVIA

mpr21, 23/12/2023

En noviembre se cumplió el 28 aniversario de la firma del Acuerdo de Dayton, mediado por Estados Unidos, que puso fin a la guerra por poderes en Bosnia después de tres años y ocho meses. Es un evento que pocos celebran, aunque hubo muchos aplausos en Sarajevo dos días después, cuando Stuart Seldowitz, el hombre que dirigió las negociaciones junto con Washington, fue detenido acusado de someter a musulmanes estadounidenses a viles insultos.

La guerra en Bosnia –alentada, financiada, armada y prolongada en cada etapa por Estados Unidos– desgarró una república de la Yugoslavia socialista que antes era armoniosa, inclusiva y próspera. En total, 100.000 personas murieron y muchas más resultaron heridas. Croatas, musulmanes y serbios, que se consideraban amigos, vecinos y parientes, se vieron sumidos en un círculo vicioso de violencia.

Al finalizar los combates, gran parte de la industria y la infraestructura del país acabaron destruidas, muchas comunidades fueron desplazadas y divididas, y se generalizó una hostilidad étnica y religiosa que antes no existía.

Dayton impuso a Bosnia una constitución altamente discriminatoria, cuya legalidad en partes importantes fue impugnada con éxito ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

También impuso un sistema político burocrático, el más complejo del mundo. El país está dividido entre Bosnia-Herzegovina, de mayoría croata y musulmana, y la República Srpska, de mayoría serbia. Ambos tienen sus propios gobiernos y parlamentos con poderes propios. Croatas, musulmanes y serbios eligen además en Sarajevo a los diputados de la Asamblea bosnia y a los tres presidentes. Para que la legislación se apruebe a escala nacional, todos tienen que estar de acuerdo, lo que rara vez sucede.

Es un sistema que garantiza el estancamiento y las crisis políticas recurrentes. Las leyes y regulaciones rara vez se implementan y el gobierno nacional nunca ha respondido efectivamente a las necesidades de sus ciudadanos de manera tangible.

La inercia política impuesta por Dayton finalmente convenció a la República Srpska de tomar el poder político por la fuerza en varias áreas clave. Esto le permitió implementar reformas, regulaciones y leyes a escala local que probablemente no podrían implementarse a escala nacional.

Por lo tanto, la República Srpska está mucho más madura para ser miembro de la Unión Europea que el país en su conjunto o su contraparte en Bosnia -Herzegovina. Es irónico, dado que Milorad Dodik favorece a los Brics por delante de Bruselas. El último intento del gobierno de la República Srpska de tomar el asunto en sus propias manos mediante la implementación de una legislación que exige a las ONG extranjeras que operan en su territorio revelar sus fuentes de financiación y registrarse como agentes extranjeros ha resultado en un choque con Estados Unidos y la Unión Europea.

Milorad Dodik continuó sin inmutarse, puso fin a toda cooperación con las embajadas estadounidense y británica de Bosnia y amenazó abiertamente con la secesión. En la República Srpska dicen que la ley es necesaria debido a un marco legal extremadamente inadecuado que rige las actividades de las ONG en Bosnia y una falta generalizada de transparencia sobre quién o qué financia estas entidades y sus verdaderos objetivos.

Estas preocupaciones son totalmente legítimas y deben abordarse con urgencia. Sarajevo es una demostración palpable y única del debilitamiento del impacto y la influencia de las ONG occidentales en el exterior, lo que ofrece lecciones obvias y serias para los países en desarrollo de todo el mundo.

El Virey de Bosnia

En la cima de la bizantina estructura política impuesta por Dayton en Bosnia se encuentra la Oficina del Alto Representante. No tiene un mandato fijo ni es elegido por la población bosnia. Lo nombra un comité directivo del Consejo de Implementación de la Paz de 11 miembros, compuesto por representantes de los estados miembros de la OTAN, la Unión Europea, Rusia y Turquía.

Desde la creación de este cargo en 1995, los máximos representantes siempre han venido de Europa y sus suplentes de los máximos representantes americanos tienen la capacidad unilateral de ignorar los vetos presidenciales, bloquear e imponer leyes, decidir quién puede o no presentarse a un cargo, despedir a los funcionarios públicos, incluidos jueces y políticos electos, ocupar cargos sin apelación, prohibir a nadie ocupar cargos de por vida, congelar sus cuentas bancarias y mucho más.

El veterano político británico Paddy Ashdown, un experto en el tema, comentó una vez que el cargo ejerce “poderes que deberían hacer sonrojar a cualquier liberal”. Como Alto Representante desde mayo de 2002 hasta enero de 2006, fue conocido como el “Virey de Bosnia”. Ashdown despedía habitualmente a funcionarios públicos si se negaban a seguir la senda indicada por Occidente en todos los ámbitos, nacionales y extranjeros, y despidió a 58 personas en un solo día en junio de 2004.

En diciembre de ese año, defenestró al Primer Ministro de la República Srpska y a la mayoría de de los representantes serbios del gobierno nacional bosnio por negarse a apoyar la incorporación de Sarajevo en la OTAN. Los medios contemporáneos caracterizaron estos excesos autocráticos como “derrocar a los votantes para salvar la democracia”.

Bosnia hoy se parece a una colonia tradicional del sur. Pero el Alto Representante no es el único funcionario extranjero con enorme poder. Por ejemplo, el primer gobernador del banco central de Sarajevo, que, en palabras de Dayton, “no puede ser ciudadano de Bosnia-Herzegovina o de un estado vecino”, fue nombrado por el FMI. Aunque los locales ahora pueden ocupar ese cargo, todavía necesitan la aprobación occidental. Como informó el Wall Street Journal en agosto de 1998:

“Miles de diplomáticos internacionales, defensores de los derechos humanos y soldados dirigen ahora el país emergente como un cuasi protectorado, siendo la presencia estadounidense, con diferencia, la mayor. Juntos redactan leyes, brindan seguridad, determinan la política monetaria y negocian acuerdos sobre todo, desde la construcción de mezquitas hasta los colores de la bandera nacional […] Un neozelandés se sienta a la cabeza del banco central. Un antiguo policía de Los Ángeles es subjefe de la policía internacional de Bosnia”.

25 años después, poco ha cambiado. En el centro de la construcción y mantenimiento del sistema colonial “independiente” de Bosnia estaban las decenas de miles de “fuerzas de paz” de la OTAN. Después de Dayton, impusieron a la población, a punta de pistola, reformas despreciadas localmente y aprobadas por Occidente, como el cierre de la policía “socialista” de Sarajevo y los medios de comunicación que criticaban la ocupación de la OTAN.

Un funcionario extranjero describió la situación como “32.000 soldados extranjeros exigiendo que un país haga lo que quiera”. Los cascos azules de la OTAN todavía patrullan hoy las calles de Sarajevo. Sus contrapartes de “poder blando” son un gran número de ONG occidentales. Dayton asignó miles de millones de dólares estadounidenses para la reconstrucción, específicamente destinados a ser proporcionados por organizaciones extranjeras sin fines de lucro. En cuestión de meses, cientos de personas se asentaron localmente y la inundación no hizo más que intensificarse a partir de entonces.


Hoy en día hay alrededor de 25.600 en Bosnia y en la República Srpska viven más de 7.500. No está claro cuántos de estos proyectos están financiados desde el extranjero, pero probablemente sean casi todos. Las ONG extranjeras actúan en todos los ámbitos imaginables de la vida pública, política e incluso cotidiana de Bosnia. Reconstruyen sus casas y construyen otras nuevas. Brindan asesoramiento a sobrevivientes de violaciones y veteranos traumatizados. Supervisan los programas escolares y los programas profesionales. Distribuyen alimentos, medicinas y asistencia financiera a personas mayores y grupos marginados. Encabezan iniciativas de extensión comunitaria y campamentos de verano para jóvenes. Promueven la tolerancia religiosa y los derechos humanos.

Están haciendo todo lo que hizo el Estado yugoslavo, algo que el gobierno bosnio moderno no puede hacer. No hay duda de que inmediatamente después de la guerra, algunas ONG bosnias hicieron contribuciones extremadamente valiosas en áreas cruciales. Sin embargo, en ese momento, los actores de la sociedad civil local estaban profundamente preocupados por la repentina afluencia de organizaciones occidentales sin experiencia y con poco conocimiento de la cultura, la historia o la situación del país. Estaba muy extendida la impresión de que algunos estaban interesados ​​principalmente en realizar trabajos de alto perfil, bien remunerados y políticamente convenientes.

Gastar enormes sumas de dinero es un fin en sí mismo

Las potencias internacionales que financian estas ONG a veces no entienden lo que Bosnia y su gente realmente necesitan y consideran que gastar enormes sumas de dinero en el país es un fin en sí mismo. En abril de 1998 la Unión Europea creó una fundación por la democracia en Sarajevo. Entre otras ONG bosnias patrocinadoras, la Fundación Open Society expresó su consternación porque las iniciativas propuestas duplicarían el trabajo ya realizado y los proyectos ya financiados por otras entidades extranjeras.

No se aprendió ninguna lección de la debacle. Una investigación de 2011 realizada por el Institute for War and Peace Reporting (IWPR) concluyó que “a pesar de la existencia de un gran número de ONG establecidas específicamente para ayudar a quienes sufrieron en la guerra de Bosnia, con demasiada frecuencia no logran proporcionar soluciones a largo plazo a quienes las necesitan. Tantas ONG que hacen prácticamente lo mismo conducen a una superposición generalizada de servicios, lo que deja a los ciudadanos confundidos sobre dónde acceder a la ayuda y a las organizaciones sin saber exactamente a quién ayudar. La entrada masiva de dinero extranjero a las ONG bosnias también promueve inevitablemente la corrupción. Son comunes las historias de dinero de ayuda mal asignado, desviado o asignado a organizaciones que emplean a amigos, familiares y aliados de funcionarios públicos”.

IWPR menciona al jefe de la policía financiera de Sarajevo diciendo que “ni una sola” ONG en el país estaba “gastando el dinero del presupuesto de manera transparente”. Entre las numerosas investigaciones que su equipo llevó a cabo sobre las actividades de las ONG locales, siempre detectaron irregularidades:

“Cuando investigamos las transacciones financieras de algunas de estas [ONG], descubrimos que pagaban dietas a su personal por visitas de campo que nunca se llevaron a cabo. También pagaron dinero por servicios que nunca se prestaron. Ha habido casos en los que se celebraron conferencias u otros grandes eventos y las personas recibieron grandes sumas de dinero sin ninguna descripción de los servicios que se suponía que debían haber prestado”.

‘Olvídate de la estrategia de salida’

Estos problemas producen un ciclo profundamente tóxico que se perpetúa a sí mismo. Los ciudadanos se ven obligados a depender de entidades extranjeras para casi todo. Es un entorno que recuerda directamente la dependencia impuesta por los sistemas coloniales históricos.

A los bosnios no se les enseña a pescar; de hecho, a menudo ni siquiera se les da pescado. El resultado inevitable de inundar Bosnia con personal, organizaciones y estructuras extranjeras fue ampliamente reconocido por fuentes occidentales desde el principio. Un editorial de febrero de 1998 en The Economist decía que “el protectorado parece no tener límites”, citando a un asistente del entonces Alto Representante, el español Carlos Westendorp: “No sabemos lo que no podemos no hacer”.

Esto podría significar que los residentes se olviden de gobernarse a sí mismos. Los actores extranjeros dominan el gobierno de Bosnia en todos los niveles, lo que plantea preguntas preocupantes sobre cómo funcionará el Estado sin flujos continuos de ayuda externa y supervisión internacional directa. Un asesor de la Oficina se lamentó: “Nos hemos involucrado profundamente en el funcionamiento del Estado […] Ejercemos un control sin precedentes sobre los poderes legislativo y ejecutivo del gobierno. Pero no sabemos cómo saldremos de esto, cómo no perpetuaremos la cultura de dependencia de Bosnia”.

El debilitamiento de la población local al depender de ONG extranjeras fue una estrategia decidida y deliberada de los colonizadores occidentales de Sarajevo. En noviembre de ese año, un funcionario estadounidense exigió que los funcionarios bosnios hicieran “muchos más avances en materia de privatizaciones” y crearan un clima permisivo para la inversión extranjera: “Ha llegado el momento y, de hecho, ya es hora de que los gobiernos de Bosnia hagan la transición –y deberían hacerlo rápidamente– hacia una economía de mercado sostenible. Estamos dispuestos a interrumpir proyectos, programas, cualquier cosa que pueda llamar su atención”.

En otras palabras, si Sarajevo no se doblega lo suficiente a los intereses financieros occidentales, su panoplia de organizaciones sin ánimo de lucro desaparecerá, dejando al país con un gobierno nacional, una sociedad civil y una economía que apenas funcionan, un sistema sanitario y de bienestar muy reducido, y ninguno de estos sistemas tendrá los componentes esenciales, los conocimientos especializados o la experiencia para reconstruir o reemplazar lo que se ha perdido. En efecto, Bosnia volvería a su situación inmediatamente posterior a la guerra.

El fracaso de los esfuerzos para producir algo parecido a la democracia en Bosnia es enteramente intencional. Un alto diplomático estadounidense en Sarajevo afirmó una vez haber dicho a los funcionarios estadounidenses en el país y en casa que “olvidaran la estrategia de salida” porque no había ninguna. “No nos alejaremos de esto”, explicó, porque “somos el soporte vital.

Esta perspectiva continúa hoy. Los funcionarios occidentales han afirmado repetidamente que la legislación de la República Srpska disuadiría a las ONG de operar en Bosnia, en detrimento de su población. A principios de este año se esgrimieron argumentos similares cuando Georgia intentó implementar una ley idéntica. La Fundación Open Society, creada por George Soros y financiada por muchas ONG en Tbilisi, emitió una declaración advirtiendo que las entidades financiadas con fondos extranjeros huirían del país en respuesta:

“Este proyecto de ley pretende dejar indefensos a los niños y mujeres maltratados; personas con discapacidad, minorías, científicos, trabajadores y jóvenes; dejar de brindar asistencia a familias socialmente vulnerables, agricultores, mineros, desplazados internos, personas sin hogar, despedidos ilegalmente, detenidos y otras personas que luchan por sus derechos; silenciar las voces de las personas que viven en las periferias del país, que sólo pueden comunicar sus problemas a través de medios independientes”.

La impactante implicación de esta amenaza de que las ONG preferirían cesar su trabajo, que potencialmente salva vidas, e infligir un daño enorme a la sociedad, en lugar de revelar públicamente sus fuentes de financiación, aparentemente pasó desapercibida para los periodistas occidentales que citaron esta declaración en sus informes sobre la controversia. El enigma de por qué las ONG extranjeras desempeñan todas estas funciones, en lugar de los georgianos y su gobierno, también sigue sin explorarse. Al final, Tbilisi se convenció de no aprobar esta ley. Las ONG respaldadas desde el extranjero, encabezadas por diplomáticos y fundaciones occidentales, organizaron encarnizadas protestas que amenazaron con convertirse en una insurrección antes de que el gobierno diera marcha atrás.

Todavía no hay signos de tal malestar en Bosnia, pero la determinación de Dodik sólo puede considerarse inaceptable en el negocio mafioso del imperio estadounidense. Después de todo, una explotación colonial que se desvía de las reglas y no paga a tiempo el dinero de su protección corre el riesgo de fomentar comportamientos anárquicos similares en otros lugares.

La transparencia está prohibida

Los funcionarios occidentales han descrito la legislación sobre agentes extranjeros como una brutalidad gratuita y autoritaria, comparable a los excesos de Rusia. Sin embargo, está muy claro, bajo el sistema político de Bosnia impulsado desde el extranjero, que hacer cualquier cosa requiere tomar medidas decisivas, y las ONG representan un obstáculo importante para esta acción.

También permiten y fomentan la corrupción a la que la Unión Europea y Estados Unidos dicen oponerse en Sarajevo. En la denigración legalista del Consejo de Europa de la “ley de agentes extranjeros”, se la caracteriza repetidamente como antidemocrática con el argumento de que la transparencia de las instituciones y organizaciones públicas es una norma que sólo vale para los países occidentales y, por lo tanto, es ilegítima para los demás.

Aparentemente, aunque la ley no es compatible con la democracia, los dirigentes supremos no electos designados desde el extranjero, la presencia de decenas de miles de tropas de la OTAN con un pasado bélico y las instituciones públicas construidas y atendidas por personal extranjero lo son de una manera u otra. Hoy en día, en muchos círculos, la credibilidad democrática percibida de los estados a menudo depende del número de ONG que operan a nivel local y de la legislación –o la falta de legislación– que rigen sus actividades.

Sin embargo, Bosnia es una prueba viviente de que una profusión de ONG, especialmente aquellas financiadas con fondos extranjeros, no sólo es un pobre indicador de democracia, sino que obstaculiza activamente la democratización y el desarrollo. Las ONG crean burocracia entre los ciudadanos y su gobierno y obstaculizan su capacidad para gobernarse a sí mismos. Una vez creada esta burocracia, es extremadamente difícil eludirla, y mucho menos desalojarla de manera decisiva, sobre todo porque cualquier intento de regular o restringir las operaciones de las ONG encontrará una feroz resistencia por parte de los patrocinadores de esas organizaciones y un torbellino de acusaciones de autoritarismo.

Desde la perspectiva de Occidente, este es precisamente el objetivo de obligar a los gobiernos a ceder su soberanía y jurisdicción a entidades extranjeras.

jueves, 12 de enero de 2023

LOS INSTITUTOS QUE UTILIZA SOROS PARA INFLUIR EN LOS MEDIOS Y CANDIDATOS PROGRESISTAS

José María Ballester Esquivias

El Debate, 10/01/2023

[Solo quiero que añadir que cuando el autor del artículo dice "izquierda" se refiere al neoliberalismo posmoprogre, que es en lo que ha degenerado lo que antes era verdadera izquierda.]

Según The Media Research Center, sus fundaciones, agrupadas en torno a The Open Society, han dedicado más de 200 millones de dólares en EE.UU. desde 2016 a sostener medios y a progresistas​

El think tank conservador The Media Research Center ha publicado recientemente un informe, Propaganda Czar, del que se desprende, entre otros datos, que las diversas fundaciones vinculadas al magnate George Soros y agrupadas en torno The Open Society, han dedicado más de 200 millones de dólares en Estados Unidos desde 2016 a sostener a candidatos progresistas, e incluso a fiscales.

Solo en 2022, gastó más de 128 millones en candidatos demócratas en las elecciones de mitad de mandato. Incluso The New York Times admite que Soros es el principal mecenas de la política norteamericana.

Según The Media Research Center, las ramificaciones financieras de Soros se extienden en 253 entidades, que a su vez contribuyen a estructurar el lenguaje de los medios. Es el caso de The Marshall Project, que recibió 1.250.000 dólares entre 2016 y 2020. Una cantidad que utilizó masivamente para otorgar legitimidad al movimiento Black Lives Matter.

Los tentáculos de Soros se alargan hasta en las entrañas de la Administración Biden: la jurista Jennifer Daskal, actual responsable del «Comité de Gobernanza sobre Desinformación», dependiente del Departamento de Seguridad Interior, además de haber sido empleada directa del magnate –prestó sus servicios en el área de protección de datos de The Open Society Institute–, recibió 675.000 dólares para su blog Just Security.

Mas el grueso de la presencia de Soros transcurre en el ámbito de los verificadores de hechos –también conocidos como «fact checkers»– y de las agrupaciones internacionales de medios.

El billonario de ascendencia húngara regó generosamente –492.000 dólares entre 2016 y 2020– a The International Fact-Checking Network, que supervisa a un batallón de verificadores de hechos repartidos a lo largo y ancho del planeta y cuya influencia se percibe en un centenar de medios en varios idiomas.

La mayoría de las veces que la «verificación de hechos», tal y como la entienden estos promotores, se siente obligada a corregir o matizar una información, suele ser, casi en exclusiva, sobre medios conservadores.

Poynter

La operación de verificación de hechos de Poynter restringe las opiniones sobre temas como el aborto, el fenómeno transgénero, la covid o la economía marxista.

The International Fact-Checking Network es, a su vez, un proyecto del Instituto Poynter para Estudios sobre Medios, que se ha convertido en los últimos años en una poderosa herramienta de formación periodística con sesgo de izquierdas.

Entre sus participantes figura, entre otros, la Agencia France-Presse. El Poynter se ha labrado una reputación de punta de lanza de Soros para el control del periodismo progresista y se presenta a sí mismo como «líder global en periodismo» y como el «patrón oro» para apuntalar su influencia.

Aunque tanto el Poynter como el proyecto que patrocina no igualan aún a Project Syndicate, financiado por The Open Society Foundation con 1.532.105 dólares, también entre 2016 y 2020 autodenominada la «página de opinión del mundo».

Project Syndicate presume de tener una «audiencia global» que incluye a «destacados políticos, responsables políticos, académicos, líderes empresariales y activistas cívicos de seis continentes» y «más de 140 jefes de Estado», llegando a afirmar que sus columnas de opinión aparecieron 20.393 veces en 156 países solo en 2021.

Open Democracy

Más dinero recibió aún –1.633.457 dólares– en el mismo periodo Open Democracy, muy activo en la difusión de la ideología trans. FreePress, por su parte, que libra una batalla metódica y sin cuartel contra cualquier muestra de periodismo conservador, dice haber protagonizado «3.200 impactos de prensa» en 2021 en medios como Associated Press, Bloomberg, CNN, Democracy Now, The Guardian, The Los Angeles Times, MSNBC, NPR, Poynter y Wired».

martes, 6 de diciembre de 2022

NO DARÉ NADA A LOS «BANCOS DE ALIMENTOS»

Ramón Reig

El Correo de Andalucía, 02 DIC 2022

Ahora que está cerca la Navidad lo diré alto y claro: de mí no saldrá ni dinero ni productos para los llamados bancos de alimentos. Y por supuesto, nunca me apuntaría de voluntario en ellos. ¿Por qué? Porque si lo hiciera estaría llevando a cabo lo de siempre: perpetuación de la pobreza y estímulo para que las guerras siguieran adelante, en especial la de Ucrania. El cáncer no se cura con aspirinas ni las heridas del mundo se tapan con tiritas y ya no me sirve eso de menos da una piedra porque acabo de cumplir 68 años y ya cuando era niño me ponían a pedir para el Domund en el centro de la ciudad con una hucha de cerámica en forma de cabeza de negrito o de chinito y la cosa sigue sustancialmente igual o peor. Por consiguiente, alguien saca tajada de esto, alguien se dedica a vivir de la pobreza, alguien se dedica a cantar mientras otros mueren, alguien me ha estado mareando la perdiz durante décadas y a mí ya no me la dan. No tengo más remedio que seguir mis razonamientos y no contribuir a que la farsa siga adelante. La mejor forma de ayudar al desvalido es no ayudarlo de esta manera tan “civilizada”. Hay alguien que vino a encender hogueras y no a apagarlas y ese alguien va a nacer pronto, por eso lo respeto y lo expongo humildemente entre las paredes no creyentes de mi casa.

La inflación actual no se detiene con caridad sino con diplomacias, negociaciones y protestas en la calle. Los ucranianos deberían protestar contra quien ha provocado que los invadan, no sólo contra los invasores. ¿A qué ha ido Macron, presidente de Francia, a Estados Unidos? A decirle a aquel país que la víctima de la guerra de EEUU contra Rusia es Europa. Esa es la noticia principal de estos días, no los apaños de Pedro Sánchez ni la incertidumbre de un PP que pueda sustituir tales apaños, temas de los que, sin embargo, no hay que olvidarse. Ucrania se desangra y se congela por voluntad de EEUU que la ha colocado ahí como carne de cañón. Mientras, nuestro dueño y señor nos vende su gas y su petróleo a precios abusivos, con lo cual estimula la inflación y la pobreza en Europa. Mientras, desea subvencionar a empresas medioambientales y de otros sectores que operan en su territorio, con lo cual desindustrializa a Europa porque igual que se nos han ido numerosas marcas a China y a Marruecos ahora se sienten atraídas por EEUU.

Lo que se persigue es que EEUU crezca y Europa aumente su dependencia del país yanqui. Lo que se persigue es un dólar fuerte frente a un euro débil porque a EEUU jamás le gustó que tengamos nuestra moneda. Por otro lado, como el mundo se vuelve multipolar, cada vez más países externos a Europa se buscan la vida con otras monedas, Rusia no va a ser vencida, es sobre todo Europa la que acabará pagando los platos rotos y las ambiciones de un país que vive de la sangre de los demás desde que se creó aunque para eso haya tenido que derramar la suya propia. Desde luego, es una táctica eficaz pero éticamente deleznable, a la que Europa se doblega a pesar de que tiene mucha más experiencia en guerras y a que EEUU es su hijo hortera, inculto, pero listo para los negocios y dominar a los demás sin que su suelo se vea alterado y cuando lo ha sido le ha servido de excusa para el saqueo y aplicar unas soluciones que han sido peores que la enfermedad.

Hay un momento en la vida que, como el marinero en el mar, hay que saber dónde va uno, escribió el gran León Felipe quien llamó raposa a la madre de EEUU. El hecho de entregarle algo al banco de alimentos es, en el fondo, alimentar a una serie de monstruos a los que hay que dejar sin comida para que no causen más daño o para que causen el menor estropicio posible. Yo ya no estoy para obritas de caridad ni para teatros solidarios. Que me perdonen quienes piensen lo contrario, soy un radical, voy a la raíz, los problemas se resuelven agarrándolos por los cuernos. Eso es muy costoso para todos, eso sí es costoso de verdad, de ahí que prefiramos donar unos euros o un paquete de arroz y aquí paz y por ahí guerras que terminan volviéndose contra nosotros, los caritativos, mientras que otros se llenan los bolsillos a costa de nuestra caridad, vendiendo armas, gas, petróleo...

viernes, 18 de octubre de 2019

EXTINCTION REBELLION

Nuevo Curso, 16/10/2019



Después de acumular más de 1.400 detenidos, la policía británica ha prohibido a «Extinction Rebellion» manifestarse en Londres. Después de un rapidísimo ascenso a la fama en Gran Bretaña, el pasado 7 de octubre comenzó su «globalización». Los medios británicos primero y los continentales después le dieron una cobertura que no dieron jamás a manifestaciones con 500 veces más participantes. ¿Por qué? ¿Cuál es el atractivo de este grupo que se ha convertido en la primera gran exportación británica de la era post-Brexit?

De dónde sale «Extinction Rebellion»?

El famoso «Caballo de Wiltshire» vandalizado con el logo de E.R.

El apoyo periodístico no nace ahora. A finales de 2018 un grupo desconocido empezó a aparecer citado como fuente en distintos periódicos británicos. En aquel momento, si habían realizado alguna acción, no había trascendido. Pocos meses después empieza una carrera vertiginosa con coberturas favorables más allá de los tabúes morales habituales: la destrucción de patrimonio histórico o la seguridad aeroportuaria más básica. Daba igual, Emma Thompson, Radio Head, Massive Attack y hasta Bansky se sumaban. «Extinction Rebellion» eran ya los nuevos Beatles. En septiembre tiñeron de verde el Limago, el río de Zurich… sorprendentemente, conocida la cultura «de orden» de la ciudad financiera suiza, sin consecuencias.


Media docena de militantes de E.R. hacen el muerto sobre las aguas del limago que previamente han teñido de verde.

En la «expansión global», los grandes medios nacionales también calentaron el ambiente presentando el grupo como un movimiento de científicos que habían decidido pasar a la acción ante la pasividad de los políticos. Era sencillamente falso. No solo no había surgido así ni crecido sobre esa base social, sino que están muy lejos de reflejar en su mensaje el consenso de los investigadores del clima. La idea de que el cambio climático provocará la extinción de la especie humana en un par de décadas no está por ningún lado en los informes del IPCC. Bastaba preguntar para dejarlo en evidencia… y dejarles en evidencia.

¿Qué tiene de atractivo «Extinction Rebellion»?


Muerte de la sufragista Emily Davison al arrojarse al caballo del rey Jorge V en las carreras de Derby.

El discurso de la movilización no-violenta, animando a los manifestantes a provocar su detención por la policía para llamar la atención, enlaza con la vieja tradición del radicalismo británico de origen puritano que dio lugar al sufragismo, con toda su carga emocional, su violencia pasivo-agresiva y su búsqueda del martirio individual. Y para rematar, su asociación con el veganismo, un movimiento moralizante que rescata los principios benthamitas de la más rancia tradición burguesa completa un cuadro moral muy atractivo para la juventud de la pequeña burguesía.

Sumemos a todo eso, la utilidad que para canalizar angustias sociales y personales tiene todo discurso del «fin está cerca». La urgencia absoluta, el mayor peligro posible, la rebelión contra la incomprensión ajena y la ignorancia del poder… «Extinction Rebellion» es como si a Greta la hubiera diseñado «Anonymous», como si Alan Moore hubiera reescrito la historia de Ghandi cruzándola con David Bowie. Como si la (nueva) cruzada de los niños estuviera a las puertas de Jerusalem y supiera qué hacer. La cadena francesa France24 recogía las declaraciones de varios miembros que afirmaban que:

"El movimiento que ahora paraliza el centro de Londres atrae a gente a lo largo y ancho de Gran Bretaña, cientos de personas abandonan sus trabajos o sus estudios en la universidad para unirse."


Poster de Extinction Rebellion

«Extiction Rebellion» atrae además con su discurso a una buena parte del izquierdismo anglosajón, que busca convergencias e intenta guiarlo paternalmente. Esta entrevista a uno de los fundadores del movimiento permite entender por qué es atractivo también para los viejos maestros de la desilusión.

Paradójicamente, el catastrofismo apocalíptico desarma el cinismo del presentador que dice una y otra vez que nada es posible fuera del «capitalist framework», afirmando implicitamente con sorna thatcheriana que la clase obrera está derrotada para siempre. La mente izquierdista -y para qué negarlo, la oportunista- no puede combatir esa idea de fondo, pero la sortea con la urgencia impostada de la catástrofe inminente. Poco parece importar que el horizonte del milenarismo sea el de Malthus: la destrucción en masa de capacidades productivas con la miseria y el genocidio consiguientes. A falta de convicción en la posibilidad del comunismo, de la abundancia, lo sustituye con la utopía preindustrial a lo Morris, la negación de la perspectiva presente en la lucha de la clase la compensa con la exaltación del compromiso heroico de los militantes individuales y la supuesta capacidad de generar «conciencia» de sus acciones teatrales.



Jóvenes por el clima en Gran Bretaña.

Los tonos cada vez más apocalípticos de los discursos de la burguesía y el estado, el alarmismo constante, el «shock» permanente… solo expresan las angustias de una clase que disfruta una prórroga anti-histórica y anti-humana. Reflejados y ampliados en una pequeña burguesía en desesperación, buscando una revuelta en la que dar sentido a una angustia inconsecuente, esos discursos se traducen en milenarismo y catastrofismo.

No es ninguna novedad histórica. Todos los modos de producción han generado movimientos similares en su decadencia. En Roma descubrimos una popularidad creciente de la escatología desde la crisis de la República: en los cultos místicos de Isis, los cultos esotéricos -y literalmente castrantes- de Ceres y Apis e incluso en una secta judía helenizada de fuertes tendencias apocalípticas conocida como cristianismo que, convertido ya en religión oficial y obligatoria dará todavía marco mitológico a los últimos movimientos sectarios de la descomposición del esclavismo, desde los gnosticos a los priscilianistas. En la crisis de la feudalidad a partir del siglo XII no faltarán flagelantes, adamitas, joaquinistas… una lista interminable de sectas pauperizantes, castas, penitenciantes y crecientemente violentas que preludian ya el milenarismo de las Germanías valencianas o los puritanos ingleses.

Hoy al Apocalipsis se le llama extinción y a la «ciudad de dios» ecoaldea, bonito modelo productivo que no daría para alimentar más que a un séptimo de la población mundial actual. Las clases burguesas, ligadas a un sistema que ya no produce progreso, son incapaces de imaginar un futuro capitalista en el que quepa toda la especie. Así que fantasean una imposible «vuelta atrás» para elegidos impuesta por una catástrofe que la haría obligatoria. Llevan razón en una cosa, no existe ya un futuro en el que el desarrollo de la Humanidad sea compatible con el capitalismo. A la abundancia se va por otro lado, el comunismo.

domingo, 7 de octubre de 2018

ECOEMBES, UN NEGOCIO POCO ECO

Yago Álvarez, Genoveva López y Carlos Saavedra
El Salto, 30/05/2017

[Los medios nos bombardean con la necesidad de reciclar... A continuación se explica qué hay detrás de la supuesta preservación del medios ambiente.]

Ecoembes, la empresa que monopoliza el reciclaje de envases, se beneficia de un modelo de gestión poco ecológico y eficiente pero muy lucrativo.



La gestión de los envases en España está copada por una empresa: Ecoembes. Tras una imagen corporativa basada en el amor a la naturaleza y sociedades colaborativas se encuentran las multinacionales distribuidoras más grandes del planeta: Unilever, Coca Cola o Procter & Gamble, todas ellas conocidas por las numerosas denuncias que acumulan por graves daños al medio ambiente. Más de 2.200 empresas se han unido en un negocio tan opaco como lucrativo.

SIG, Sistema Integrado de Gestión, es el modelo de gestión de Ecoembes. En este sistema, una gran empresa organiza a los distintos actores que interactúan: administraciones públicas, ciudadanía y empresas de reciclaje.

La Comunidad Valenciana, gobernada por Compromís, Podemos y PSOE, ha intentado recientemente implantar un modelo mixto, añadiendo, además del SIG, el SDDR, Sistema de Depósito, Devolución y Retorno. Con este sistema, las personas pagan un poco más al comprar los envases y tras su devolución reciben una pequeña cantidad de dinero por el retorno.

La iniciativa de la Generalitat ha despertado una gran polémica por la virulencia con la que se ha opuesto Ecoembes. Las razones de la Comunidad Valenciana son claras: existen muchos envases que se quedan tirados en el monte o las calles que no llegan al contenedor amarillo y que con el SDDR serían reciclados. “Un SDDR favorece la recogida diferenciada de envases, permitiendo mejores tasas de recuperación, y abre la puerta a envases retornables, que permitirían la reutilización, con un menor coste ambiental que el reciclaje”, apunta Alberto Vizcaíno López, autor del blog productordesostenibilidad.es.

El SDDR se utilizaba en nuestro país hace años y en la actualidad está implantado en Alemania o Noruega. Sus cifras de recogida y reciclaje son mucho más altas que las nuestras. “En las encuestas que se han hecho en los últimos 40 años, existe un consenso del 85% por parte de los ciudadanos y ciudadanas, que ven con buenos ojos volver a esta práctica”, comenta Miquel Roset, director de Retorna, una organización que defiende el SDDR.

De los siete millones de envases consumidos diariamente en la Comunidad Valenciana, solamente dos acaban en la planta de reciclaje, previo paso por el ejército de contenedores amarillos distribuidos por toda su geografía. La repercusión ecológica (la mayoría de envases acaban en el fondo de los océanos) y económica (Ecoembes cobra por los siete millones de envases y no por los dos) de esta realidad ha provocado que la Conselleria de Agricultura y Medio Ambiente se haya lanzado a implantar el SDDR a partir de 2018.

Se cumpliría así con el mandato de las Cortes Valencianas, que en septiembre del pasado año votó pedir formalmente al Gobierno autonómico el impulso definitivo del modelo de retorno.

Enfrente, Ecoembes, la pléyade de marcas a sus espaldas y el poder mediático que arrastran. Pero en los cálculos y datos que ofrecen, algo falla. Las cifras que proporciona Ecoembes para la Comunidad Valenciana elevan el porcentaje de envases reciclados al 75%, frente al 25% que baraja la Administración valenciana.

Los datos de Ecoembes son dudosos, sobre todo si se tiene en cuenta que esta empresa, tras la primeras reuniones con los responsables de la Conselleria de Agricultura y Medio Ambiente de la Generalitat, prometió esfuerzos para poder doblar las cifras actuales. Las negociaciones para implantar el sistema a partir de 2018 entre todas las partes implicadas continúan.

Mientras tanto, el PP valenciano propone reforzar el actual sistema, el de Ecoembes, y Ciudadanos alega falta de información para emitir un veredicto sobre un sistema, el SDDR, que, aunque en distinto momento de desarrollo, se está pensando implantar en Baleares, Cataluña o Navarra.

El modelo de negocio de Ecoembes es claro: cuantos más envases de usar y tirar se consuman, más ingresos obtiene. “Si se implantase un SDDR que sacase del sistema integrado los envases con más interés para el reciclaje, los resultados de Ecoembes se verían seriamente afectados, tanto en lo económico como en porcentaje de material recuperado —explica Vizcaíno—. Un modelo SIG como el que tenemos actualmente, basado en un contenedor amarillo de envases ligeros, obliga a mezclar muchos tipos de residuos y materiales diferentes, dificultando su posterior recuperación”.

En el resto del Estado, el problema con las cifras de reciclaje se mantiene, no salen las cuentas: “Asturias un 13%, Madrid un 47%… Quizá alguna otra comunidad autónoma lo esté haciendo francamente bien y consiga elevar la media, pero ¿cómo llegaríamos hasta el 75%? A estas alturas ya sabemos que las estadísticas oficiales sobre residuos no coinciden con las de la industria del envase de usar y tirar”, señala Vizcaíno.

Basta con cruzar las cifras anuales que presentan las empresas de envases fabricados y puestos en el mercado en el Estado: Coca Cola, 9.000 millones; la Asociación Nacional de Empresas de Aguas de Bebida Envasadas, 4.900… De los 17.000 millones de envases de los que presume la industria a la hora de hablar de volumen de negocio a los 7.000 millones de los que dice responsabilizarse.

Un negocio redondo

Las dos flechas enroscadas que identificamos como símbolo del reciclaje es lo que se denomina el punto verde, e indica que la empresa que produce el envase ha pagado una tasa para su gestión posterior. Esa tasa se cobra a los consumidores al comprar el producto. “Pagamos dos veces. Cuando compramos un envase pagamos el punto verde, y luego pagamos la tasa de basuras municipal”, dice Alodia Pérez, responsable de Recursos Naturales y Residuos en Amigos de la Tierra.

Ecoembes reparte muchos millones de euros entre los ayuntamientos cada año, en torno a unos 500, y eso le otorga mucho poder
Sin embargo, el contenedor amarillo no lo gestiona Ecoembes, sino los ayuntamientos. Las tornas se cambian y es la empresa privada la que paga a una Administración Pública por la gestión de un servicio a la ciudadanía. “Ecoembes reparte muchos millones de euros entre los ayuntamientos cada año, en torno a unos 500, y eso le otorga mucho poder”, dice Roset.

“Lo más perverso es ver cómo Ecoembes dice que se recicla el 70% y cómo el Ministerio acepta esas cifras, al menos públicamente. Nadie está poniendo en su sitio a esta empresa. Además, amenaza con que si ponen en marcha el sistema de retorno van a ir a la bancarrota y no van a poder dar el dinero que dan a los ayuntamientos”, añade Roset.

Una vez se han recogido los contenedores amarillos, el Ayuntamiento los lleva a las plantas de gestión de residuos, generalmente públicas. Allí los residuos se separan y una vez retirados los materiales del contenedor amarillo que no deberían estar ahí, los impropios, Ecoembes paga a los ayuntamientos según el peso de lo recogido. “Ecoembes debería pagar en función del número de envases que pone en el mercado, no en función de lo que se recoge en el contenedor amarillo. Si no están bien separados, los envases pueden acabar en vertedero o en incineradora”, admite Pérez.

A las plantas de gestión de residuos se dirigen los fabricantes y allí compran los envases a Ecoembes para volver a utilizarlos. “La asociación de empresarios de PET, el material que se usa para embotellar el agua, que sí compran restos, dice que les llegan muchos impropios, pero Ecoembes es la única fuente que tienen para comprar envases de segunda mano”, añade. Ecoembes, por tanto, cobra dos veces: a la ciudadanía por el punto verde y a los fabricantes por el material separado.

Existen estudios que demuestran que el SDDR es mucho más eficaz que el SIG, sin embargo, en España ha sido imposible implantarlo hasta ahora.

El lobby que realiza Ecoembes para mantener su imperio y defender su sistema de gestión es inmenso. Ecoembes financia cátedras universitarias, periódicos, radios, organizaciones y campañas de publicidad. Patrocina la sección de medio ambiente de los periódicos de gran tirada, como El País, Público, El Mundo o eldiario.es, también la Cadena SER.

“Hablando con periodistas me han comentado que pueden hablar de cualquier cosa menos del sistema de depósito si el patrocinio lo realiza Ecoembes”, comentan en Amigos de la Tierra. “La única cátedra que se dedica al estudio de los residuos en la Universidad Politécnica de Madrid es la Cátedra Ecoembes. Recientemente ha sacado estudios con las universidades de Alcalá de Henares y Valencia sobre lo perjudicial que era el sistema de depósito, con muy poco rigor. Para calcular los costes del sistema, por ejemplo, han utilizado el precio del metro cuadrado de la calle Serrano de Madrid, que evidentemente no es significativo ni similar al metro cuadrado de los comercios al uso”, denuncia Pérez.

Una S.A. “sin ánimo de lucro”

Si hay algo que llama la atención de esta empresa es su forma jurídica. Ecoembes es una “sociedad anónima sin ánimo de lucro”. Este apellido, sumado a su monopolio del reciclaje, facilita mostrar una imagen de ONG medioambiental. Pero esa imagen se resiente cuando comprobamos quién está detrás del accionariado de esta S.A. Son más de 12.000 empresas las que están adheridas al sistema de Ecoembes, pero solo unas 60 conforman su accionariado.

El 60% del accionariado está controlado por el “grupo de envasadores”, en el que se encuentran la mayoría de las grandes compañías de alimentación y bebidas, las principales productoras de envases. Gigantes como Campofrío, Bimbo, Danone, Nestlé, L’Oréal, Procter & Gamble o Henkel se unen en este curioso accionariado sin ánimo de lucro a PepsiCo y a Coca-Cola, representada mediante la Asociación Nacional de Fabricantes de Bebidas Refrescantes.

Otro 20% lo representa el “grupo de materias primas”, en el que se encuentran las mayores asociaciones de reciclaje de materias primas, como Cicloplast, la Asociación Ecológica para el reciclado de hojalata (Ecoacero), la Federación Española del Envase de Madera (Fedemco) y productores de envases específicos como la conocida Tetra Pak, responsable de los ampliamente utilizados tetra briks, muy criticados por su difícil tratamiento para el reciclaje.

La quinta parte restante del accionariado está en manos de otro de los principales actores en la cadena de los residuos, las grandes cadenas de supermercados: Carrefour, Alcampo, Día, El Corte Inglés o la valenciana Mercadona.

La presencia de estas empresas se hace más clara al ver la composición de su junta directiva. Aunque la cara visible es la de su consejero delegado, Óscar Martín, el presidente es Ignacio González Hernández, consejero delegado de Nueva Pescanova S.L., empresa resultante de la quebrada Pescanova S.A. El secretario, Ignacio Larracoechea, es presidente de Promarca, un lobby que engloba a la mayor parte de los fabricantes líderes de sectores como la alimentación, la bebida o la perfumería, y que tiene como principal misión la de ensalzar la imagen de las marcas de los fabricantes que la conforman frente a las marcas blancas. Además, entre los consejeros de Ecoembes podemos encontrar representación de Pepsi, L’Oréal, Danone o Carrefour.

También es llamativa la retribución del “personal de alta dirección”. El selecto club de 10 personas que dirige esta sociedad sin ánimo de lucro se embolsó 1.610.000 euros en 2015, un 9% más que el año anterior, con un sueldo medio de 13.416 euros por directivo al mes.