jueves, 7 de mayo de 2026

HANTAVIRUS: LA MISTERIOSA ENFERMEDAD DE LA GUERRA DE COREA QUE ACABÓ CON LA VIDA DE 250 SOLDADOS


Ana Martínez
La Razón, 07/05/2026

[¿Y si el Hantavirus hubiera aparecido como un arma de guerra?]



En los tres años que duró la guerra, más de 3.000 soldados de las trincheras se infectaron de una enfermedad desconocida.

La Guerra de Corea fue un conflicto que dividió al país por el paralelo 38 en dos zonas durante 3 años. Los bandos comunistas y capitalistas se enfrentaron desde el 1950 hasta el 1953, dando como resultado un empate técnico.

Durante el conflicto los soldados de Estados Unidos empezaron a sufrir una serie de síntomas comunes, fiebre alta, dolor de cabeza, vómitos, hemorragias y por último fallos en los riñones, provocando que no funcionen. Nadie sabía qué estaba pasando pero describían la enfermedad como una que empezaba fuerte, se expandía velozmente y cuyo final no podían adivinar.

A lo largo de esos años más de 3.000 soldados de la ONU la sufrieron, llegando a perder la vida 250. Se la denominó fiebre hemorrágica coreana, y no fue hasta muchos años después que se descubrió lo que era. Los soldados que la contraían, habitaban trincheras en el paralelo 38 con muy malas condiciones, con barro, mucho polvo y roedores por la zona.

Las enfermeras destinadas a tratarlos describían la situación horrorizadas, soldados en perfecto estado que de repente se ponían muy mal, llegando algunos a sufrir sangrados por los ojos o la nariz. Una teniente, escribió sobre lo inquietante que era la situación, veían a los soldados casi muertos y al día siguiente se encontraban perfectamente.

Se estudió durante meses si el problema estaba en los alimentos, en el agua o en la salud por la guerra. Sin embargo, nadie se fijó en los pequeños roedoresque correteaban todo el día por las trincheras, dejando sus excrementos por todas partes.

Poco a poco se comenzaron a centrar en una serie de patrones a primera vista, los afectados solían coincidir en que rondaban mucho la tierra, ya sea por trabajos manuales como la excavación de las trincheras o el propio transporte de la tierra, señalaban que había una actividad mayor de la enfermedad en las zonas más alteradas por la guerra.

Pese al final de la guerra, la fiebre hemorrágica coreana persistió en varios soldados incluso desarrollándose una vez habían llegado a casa. De hecho, se comenzó a expandir a más países que afirmaban sufrir los mismos síntomas, pero todavía no se descubría su origen.

No fue hasta 1976 que por fin salió a la luz el núcleo del problema, los roedores. Ho-Wang Lee, médico, epidemiólogo y virólogo que había vivido de cerca la guerra fue el principal responsable del descubrimiento. Mientras que todo el mundo lo había dejado ya en el pasado, él había dedicado todos esos años a investigar, para ello se dedicó a investigar el tejido de los ratones que atrapaba por el río Hantaan.

En esos tejidos encontró la solución, un virus desconocido que aisló en el tejido pulmonar del Apodemus Agrarius, un roedor pequeño que se caracteriza por una línea negra a lo largo de su dorsal. Lo llamó Hantaan por ese río que le había hecho conseguir el hallazgo.

En los años que estuvo la investigación en marcha, al principio las medidas sanitarias y de limpieza no eran las adecuadas, lo que provocaba que de vez en cuando los investigadores se pusieran enfermos. Cuando el diagnóstico salió a la luz todo comenzó a cuadrar, la existencia de roedores rondando siempre coincidía. Aun muchos años más tarde, se trata de una enfermedad que aunque conozcamos no tiene una cura definitiva.

CÁUCASO Y ASIA CENTRAL: HIDROCARBUROS, LOGÍSTICA Y PODER

Jorge Cachinero

ABC Blogs, 05/05/2026

La desaparición de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en 1991 permitió el surgimiento de dos grupos de países independientes en el entorno de la sucesora de la URSS, la Federación de Rusia, en el sur del Cáucaso y en Asia Central.

Los países de Occidente descubrieron entonces que dichas regiones poseían volúmenes inmensos de hidrocarburos y estaban magníficamente situadas para actuar como conectores logísticos entre el norte y el sur y el este y el oeste, respectivamente, de Eurasia.

No obstante, aquellos sueños y planes occidentales de convertirse en influyentes en esas dos áreas y de beneficiarse de los negocios asociados al petróleo, al gas y al transporte de mercancías nunca llegaron a hacerse realidad.

Georgia realizó un trayecto repleto de dificultades y amenazas existenciales durante todos esos años para integrarse en Occidente, pero acabó siendo el primer país de Europa en suspender sus negociaciones para adherirse a la Unión Europea (UE).

La presencia diplomática o de instituciones del denominado poder blando de origen occidental es desproporcionadamente grande en el sur del Cáucaso y en Asia Central.

La asistencia humanitaria es el eufemismo que se utiliza con frecuencia para disfrazar la penetración de numerosos países en aquellas áreas del antiguo mundo soviético o, previamente, del imperio ruso.

La generosidad con la que The British Council otorga becas para llegar y ser popular entre las nuevas generaciones caucásicas o centroasiáticas resulta llamativa.

Armenia es un caso opuesto al de Georgia, ya que sigue permitiendo las operaciones de innumerables organizaciones no gubernamentales occidentales de asistencia humanitaria en su territorio.

El número de empleados en la embajada de Estados Unidos (EE. UU.) en Ereván oscila entre 500 y 3.000, mientras que en la de Rusia no supera los 100.

Un caso cómico fue el ofrecimiento del gobierno del Reino Unido, que en 2020 propuso al ejecutivo de Kirguistán reconstruir el edificio de su parlamento en Biskek, proyecto rechazado por la brecha obvia de Inteligencia que representaría para la seguridad kirguís.

Los países del sur del Cáucaso y de Asia Central aprendieron a transitar del coqueteo a la madurez en sus relaciones con Occidente durante estos 35 años tras el colapso de la Unión Soviética.

Rusia es un socio económico crítico de las naciones del sur del Cáucaso, ya que es protagonista del 35,5% del comercio exterior de Armenia y es clave en el de Azerbaiyán, a pesar de que Italia es un gran comprador de petróleo y gas azerí.

La UE y Turquía son los principales socios comerciales de Georgia, aunque China está incrementando sus inversiones en proyectos ferroviarios y portuarios.

China superó a Rusia como principal socio comercial de los países de Asia Central (Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán) a principios de 2026, gracias a su Iniciativa de la Franja y la Ruta, a los gasoductos y a la importación de energía y recursos.

A pesar de ello, Rusia se ha convertido en el primer exportador de petróleo a China a través del oleoducto Power of Siberia 1 (PoS1) y del PoS2, este último en construcción.

Los hechos en los mercados están imponiendo un duopolio comercial en Asia Central entre China y Rusia, aunque ambas sigan estrategias distintas.

Los países de Asia Central que mejor van económicamente son Kazajistán, Turkmenistán y Uzbekistán, ya que son suministradores de hidrocarburos y han construido grandes infraestructuras de transporte.

Kirguistán y Tayikistán, en cambio, son importadores netos de petróleo y gas y, por lo tanto, sus perspectivas económicas no son comparables a las de sus vecinos regionales.

Rusia comparte pasado y proximidad, es decir, historia y geografía, con los países del sur del Cáucaso y de Asia Central, aunque se equivocaría si tomara dicha posición privilegiada de partida como algo asegurado de por vida.

El foco de Moscú en esas regiones es la interlocución con sus clases dirigentes, mientras que algunos países occidentales prefieren invertir en las generaciones más jóvenes en la esperanza de que, en el futuro, se enfrenten a aquellas.

Sin embargo, Rusia continúa siendo un socio vital para la seguridad y la prosperidad económica de las naciones caucásicas y centroasiáticas, ya que desempeña un papel de estabilidad frente a la multiplicidad de riesgos que les amenazan.

martes, 5 de mayo de 2026

LA ESTRATEGIA DE CHINA EN ORIENTE MEDIO: «PACIENCIA CALCULADA»

Imran Khalid

Naiz, 02/05/2026

Las estruendosas denuncias que caracterizaron las reacciones chinas en guerras anteriores están ausentes. Este cambio, desde la histórica satisfacción por el mal ajeno hasta la perplejidad actual, refleja una China demasiado integrada en el orden global como para encontrar consuelo en el caos.

La actual volatilidad en Oriente Medio ha vuelto a someter la arquitectura de seguridad global a una enorme presión. A pesar de un frágil alto el fuego, las rutas marítimas del estrecho de Ormuz siguen siendo un cementerio para la actividad comercial. A finales de abril de 2026, los datos de seguimiento de buques mostraban una paralización casi total, con menos de cinco barcos transitando la vía marítima diariamente. Con la confianza diplomática entre las grandes potencias en mínimos históricos, la comunidad internacional está presenciando un período de profunda incertidumbre geopolítica.

Tradicionalmente, estas intervenciones de EEUU han provocado una dura denuncia de Beijing. Pero a medida que el conflicto alcanza un punto crítico, China ha demostrado una postura de paciencia estratégica que señala una evolución significativa en sus ambiciones globales a largo plazo.

Alternativa fiable 

La respuesta de Beijing ha sido mesurada. La principal razón de esta contención es el reconocimiento lúcido de la interdependencia económica. China sigue siendo el mayor importador mundial de petróleo crudo, y el bloqueo del estrecho de Ormuz amenaza su motor industrial. A diferencia de Rusia, que a menudo busca beneficiarse de la inestabilidad geopolítica, China opera como una potencia defensora del statu quo que requiere mercados funcionales y reglas de juego estables para sostener su crecimiento. 

El discurso actual de Beijing sugiere que EEUU está llevando al mundo de vuelta a la «ley de la selva». Esto no es solo una crítica moral; es una preocupación pragmática: una hegemonía impredecible es perjudicial para los negocios. Cuando la política de EEUU oscila entre bloqueos navales y repentinos acuerdos de paz basados en la rendición, socava el mundo globalizado que China ha sabido aprovechar para consolidar su poderío. Beijing no se apresura a llenar el vacío militar con sus propias flotas navales. Se posiciona como la alternativa fiable a un Washington volátil.

Esta continuidad se fundamenta en tecnologías de vanguardia. Mientras el mundo se distrae con la dinámica realidad del conflicto con Irán, China redobla sus esfuerzos en los sectores que, según cree, definirán el próximo siglo. Su dominio en energías renovables ya no es simple tendencia, sino monopolio estratégico. En el primer trimestre de 2026, las exportaciones chinas de los «Tres Nuevos Productos» –vehículos eléctricos, baterías de iones de litio y paneles solares– alcanzaron niveles récord. China controla ahora más del 80% de la cadena de suministro solar global y más del 60% del mercado mundial de baterías para vehículos, con gigantes como CATL y BYD ampliando su ventaja.

Crédito y continuidad 

A medida que la crisis energética desencadena una búsqueda global de alternativas, China se ha convertido en la potencia indispensable. Al dominar las cadenas de suministro de energía eólica, solar y almacenamiento de baterías, ofrece a otras naciones un camino hacia la independencia energética basado en equipos y crédito chinos, en lugar de la protección militar estadounidense.  

Esta influencia se hace sentir cada vez más en el sector financiero. Durante décadas, EEUU ha disfrutado del privilegio desmesurado de ser la moneda de reserva mundial. Sin embargo, el Banco Mundial y el Banco Europeo de Inversiones están encontrando una sólida demanda de deuda no emitida en dólares. Beijing tiene la clara ambición de convertir el renminbi en una moneda de reserva global. Al expandir su mercado de bonos, crea una red de seguridad para inversores globales que creen que los activos de EEUU son cada vez más arriesgados por  la volatilidad política interna. 

En marzo de 2026, Pekín hizo una oferta directa para garantizar la seguridad eléctrica y energética de Taiwán a cambio de una «reunificación pacífica», un intento de capitalizar la vulnerabilidad de la isla, ya que sus suministros de GNL (Gas Natural Licuado) están estrangulados por el bloqueo del Ormuz. La oferta puso de relieve la estrategia de Beijing: proporcionar infraestructura para la supervivencia mientras EEUU proporciona la volatilidad del conflicto.  

Beijing aprovecha este momento histórico para consolidarse como actor global responsable, mientras fortalece discretamente su poderío militar. Xi Jinping apuesta a que, en un mundo cansado del caos, la potencia que aporte recursos, crédito y continuidad acabará imponiéndose.